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El conflicto de Malí se ha recrudecido en el último mes en un contexto de retirada de las tropas francesas de la Operación Barkhane y reorganización de los grupos yihadistas que operan en esta zona, especialmente la rama local de Estado Islámico (EI). Los constantes ataques contra el Ejército y los enfrentamientos entre los propios grupos armados, que han causado decenas de muertos según Naciones Unidas en uno de los meses más sangrientos de un conflicto que dura ya una década, pero la tendencia más preocupante es el incremento de la violencia contra la población civil por todos los bandos. La organización Human Rights Watch asegura que el Ejército de Malí, que ya opera con el apoyo de instructores rusos, es responsable de al menos 71 víctimas civiles en el presente año, extremo que el Gobierno militar maliense niega. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha llamado a Malí y sus socios internacionales a respetar sus “obligaciones internacionales” durante las operaciones antiterroristas.

La retirada de la Operación Barkhane de Malí, acelerada por el desacuerdo entre las autoridades de Bamako y el presidente francés, Emmanuel Macron, está en marcha. Las bases galas de Kidal, Tessalit y Tombuctú ya han sido traspasadas a las Fuerzas Armadas malienses y lo mismo ocurrirá en las próximas semanas con las bases de Gossi, Gao y Ménaka. Además, Barkhane ha visto limitada su capacidad de intervención aérea ante las trabas puestas por el Ejecutivo maliense.

Frente a esta reducción de la operatividad de Barkhane, la rama local de Estado Islámico ha pasado por un proceso de reorganización interna e intensificación de su actividad. Tras la muerte de su histórico líder Abu Walid al Saharaui a consecuencia de un ataque aéreo francés en agosto de 2021 y el fallecimiento de su número dos por causas naturales, el poder ha sido asumido por dirigentes jóvenes y muy violentos procedentes de las comunidades peul y árabe. Desde el pasado 21 de marzo esta rama local, antes llamada Estado Islámico del Gran Sahara (EIGS), pasó a llamarse Provincia del Estado Islámico en el Sahel, lo que le da una mayor autonomía y apunta a una mayor relevancia en el seno de la organización terrorista.

Estado Islámico es el responsable de los brutales ataques contra los pueblos de Tamalat e Insinane del 8 y 9 de marzo, en el que según diferentes fuentes fueron masacrados decenas de civiles de la etnia tuareg a los que acusaba de complicidad con el Movimiento de Salvación de Azawad (MSA), un grupo armado tuareg con el que mantiene frecuentes choques. Ambos grupos se enfrentan desde hace tres semanas en la región de Ménaka, provocando también miles de desplazados. EI reclamó la autoría de la muerte de 250 combatientes y civiles, mientras que fuentes del MSA elevaron la cifra de fallecidos a 400. Una semana más tarde, los yihadistas asumieron el ataque contra el puesto militar maliense de Tessit del pasado 14 de marzo, en el que fueron asesinados 33 soldados y 14 resultaron heridos, según informó el Estado Mayor del Ejército.

Además de Malí, Burkina Faso y Níger han sido escenario también de recientes ataques yihadistas. En este último país, un doble atentado cometido el 14 de marzo contra un autobús y un camión provocó la muerte de 21 civiles mientras que el pasado día 24 fueron asesinados seis militares en el pueblo de Kolmane de la conflictiva región de Tillabéri. En Burkina, la ciudad de Djibo, en el norte del país, está bajo el constante asedio de la rama local de Al Qaeda.

El Estado Islámico no es el único grupo terrorista que opera en la zona. El pasado 4 de marzo, el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), vinculado a Al Qaeda, atacó el cuartel maliense de Mondoro y asesinó a 27 soldados, según un recuento gubernamental. En el comunicado en el que se atribuye esta acción, JNIM aseguró que se trataba de una venganza por la masacre de civiles cometida supuestamente por el Ejército maliense cerca de Diabaly, donde unos 35 sospechosos de colaboración con grupos yihadistas que estaban presos en un cuartel militar fueron ejecutados de manera sumaria y sus cuerpos quemados.

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Instructores rusos

Un reciente informe de Human Rights Watch (HRW) destaca que estas ejecuciones, torturas y detenciones arbitrarias de civiles se habían intensificado en Malí en los últimos meses, cometidas por todos los bandos. Varios testigos aseguraron a esta organización que algunos de los crímenes descritos se habían cometido en presencia de instructores militares rusos que los países occidentales señalan como paramilitares del Grupo Wagner, en una evolución similar a la que vivió la República Centroafricana, donde Naciones Unidas denunció graves delitos contra civiles atribuidos a mercenarios de Rusia en 2018. El Gobierno maliense niega tanto las ejecuciones extrajudiciales, que califica de fake news para desacreditar a sus Fuerzas Armadas, como la presencia de paramilitares.

El informe de HRW señala que desde diciembre de 2021 tiene constancia del asesinato de 107 civiles, la mayoría ejecutados tras su detención, entre los que hay jefes de pueblo, comerciantes, líderes religiosos e incluso niños. De ellos, 71 implican a las fuerzas de seguridad malienses y 36 a grupos armados no estatales, sobre todo yihadistas. “Constatamos un crecimiento dramático del número de civiles, entre ellos sospechosos, asesinados por el Ejército maliense y por grupos islamistas armados”, aseguró Corinne Dufka, directora de HRW para el Sahel. “Este desprecio total por la vida humana, que se expresa en evidentes crímenes de guerra, tendría que ser objeto de investigación y las personas implicadas tendrían que ser castigadas por ello”, añadió.

Los incidentes se produjeron entre diciembre de 2021 y comienzos de marzo de 2022 en las regiones de Segou y Mopti, en el centro del país, y Koulikoro, en torno a la capital, Bamako. Uno de los más graves tuvo lugar a principios de marzo. En los días previos, el Ejército detuvo a decenas de civiles, casi todos de la etnia peul, supuestamente por complicidad con grupos yihadistas en diferentes pueblos próximos a Niono y los trasladó al cuartel militar de Diabaly. La noche del 1 de marzo, 35 de ellos fueron sacados de allí a la fuerza y sus cuerpos aparecieron quemados el día 3 cerca del pueblo de Danguere Wotoro, a 11 kilómetros de Diabaly. Muchos de ellos tenían las manos atadas a la espalda y los ojos vendados.

El alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, expresó a través de su cuenta de Twitter el pasado 13 de marzo su “firme condena” ante “los recientes abusos cometidos en el centro de Malí” después de que aparecieran las primeras informaciones sobre la muerte de estos 35 civiles. Asimismo, mostró el respaldo de la Unión Europea a la investigación abierta por Naciones Unidas para esclarecer los hechos.

“Hay un empeoramiento de la situación en los últimos meses”, asegura Ornella Moderan, experta en el Sahel del Instituto de Estudios de Seguridad (ISS), “y es difícil investigar porque la información circula poco y mal, hay una atmósfera de silencio”. Asegura que ha tenido acceso a informes sobre abusos y violaciones de derechos humanos y que la investigación de HRW no le ha sorprendido. “Es difícil asegurar la participación de elementos extranjeros en todo ello, pero está claro que la intensidad de ejecuciones extrajudiciales no se había visto hasta ahora en este conflicto. Todo ello en los últimos tres o cuatro meses”. Es decir, coincide tanto en el tiempo como con la zona geográfica de despliegue de los uniformados rusos, mercenarios, según Francia y Estados Unidos, e instructores del Ejército, según el Gobierno maliense. “El riesgo de tener actores fantasma sobre el terreno que no tienen personalidad jurídica es que será difícil pedirles que rindan cuentas”, añade.

Bamako ha abierto pese a todo investigaciones y recoge información para averiguar quiénes eran los responsables de los crímenes denunciados por HRW. Prácticamente ninguna investigación anunciada sobre abusos y violaciones de derechos humanos cometidos por fuerzas de seguridad en Malí ha llegado a ninguna conclusión.

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Hay un aire de optimismo en la campaña de Marine Le Pen, líder del Reagrupamiento Nacional (RN) y candidata por tercera vez a la presidencia de Francia. “Las cosas van mejor”, dice al teléfono Louis Aliot, alcalde de Perpiñán, expareja de Le Pen y vicepresidente del RN. “Pienso que hay una verdadera oportunidad y es posible ganar esta elección”, añade el dirigente del partido heredero del Frente Nacional, la fuerza histórica de la ultraderecha francesa fundado por el padre de la candidata, el patriarca Jean-Marie.

Le Pen (Neuilly-sur-Seine, 53 años) se está imponiendo en el pulso con Éric Zemmour, el popular tertuliano que en otoño irrumpió en la arena electoral e intentó disputarle el liderazgo de la extrema derecha. Y ya sueña con batir al actual presidente, Emmanuel Macron.

Antes de que Zemmour entrase en campaña, se daba por hecho que en 2022 se repetiría el duelo de 2017: Macron contra Le Pen. Todo cambió en unas semanas. Con su descaro retórico, su erudición de barra de bar y las andanadas contra musulmanes y extranjeros que le han llevado varias veces ante los tribunales, el tertuliano desestabilizó a la jefa del RN. Y trastocó las previsiones.

Zemmour captó a algunos dirigentes del partido y a la figura más preciada: Marion Maréchal, sobrina de Marine y nieta favorita de Jean-Marie. Además, quería romper el dique que, con mayor o menor éxito, ha separado durante décadas a la derecha tradicional de Los Republicanos (LR) —el partido hermano en Francia del PP español— de la extrema derecha.

En noviembre y diciembre de 2021, Zemmour igualó o superó a Le Pen en los sondeos. Parecía un candidato en condiciones de clasificarse para la segunda vuelta y disputarle la victoria al centrista Macron.

Pero, como tantas veces en la carrera de Marine Le Pen, se le dio por liquidada antes de tiempo. Ahora, cuando falta poco más de una semana para la primera vuelta de las elecciones, el 10 de abril, los sondeos son unánimes: en la extrema derecha, Le Pen derrotará a Zemmour. La segunda vuelta, en la que participan los dos candidatos más votados, se celebra el 27 de abril.

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El último sondeo del instituto Ifop, que publica uno al día, sitúa la intención de voto para Le Pen en un 21%, 10 puntos más que Zemmour. La candidata del RN queda así en una confortable segunda posición que la clasificaría de nuevo, como en 2017, para la segunda vuelta. Macron encabeza las intenciones de voto con un 27,5%.

Un margen mucho más estrecho

En 2017, Macron ganó con un 66% de votos. Le Pen sacó un 34%, Ahora el margen sería mucho más estrecho. Según Ifop, el presidente sacaría un 53%; su rival en la extrema derecha, un 47%. Otro sondeo, instituto Elabe, estrechaba el martes aún más el margen y contemplaba una victoria de Le Pen.

“Poco a poco nos aproximamos al margen de error”, celebra Aliot. En su opinión, la clave para ganar en la segunda vuelta es la participación: “Cuanto más importante sea la participación, más importante el resultado de Marine Le Pen. Porque tenemos un electorado de clase popular, de clase media más bien baja, y esta gente solo va a votar cuando hay algo en juego y piensa que podemos ganar”.

Aliot ganó en 2020 la alcaldía de Perpiñán —la mayor ciudad gobernada por el RN— con una estrategia parecida a la de Le Pen: suavizar los ángulos más antipáticos del discurso, presentarse como un gestor pragmático más que un ideólogo y apoyarse en el rechazo a la administración saliente para aglutinar votos de otras tendencias políticas.

Le Pen llevaba años embarcada en el llamado proceso de desdiabolización. Se trataba de limpiar la imagen de su partido, asociado al racismo, la xenofobia y al antisemitismo. Expulsó a su padre. Rebautizó el partido. Decía que ella no era ni de izquierdas ni de derechas y usaba el discurso populista de “los de abajo” contra “los de arriba”. Como el Partido Comunista durante décadas, el FN y después el RN se presentaban como el “primer partido obrero” de Francia.

La propia candidata, que en 2017 demostró su incompetencia en el debate televisado ante Macron, se ha esforzado estos años en prepararse mejor y en aparecer como una política fiable, y amable.

Pero la desdiabolización dejó libre el terreno de la vieja extrema derecha. Y lo ocupó Zemmour, hijo de judíos argelinos que reivindica la figura de Philippe Pétain, el líder de la Francia que colaboró con los nazis, y promueve la teoría racista de la gran sustitución de los europeos blancos por africanos y árabes.

Después de vivir su momento de gloria, Zemmour se desinfla. “Ha hecho una campaña muy agresiva, muy violenta: la gente vio que no tenía el porte de un presidente de la República”, juzga el alcalde de Perpiñán.

La radicalidad de Zemmour, por contraste, permite a Le Pen parecer más moderada, aunque sus ideas sobre la inmigración no sean tan distintas. “Durante estos cinco años ha trabajado mucho”, dice Aliot. “Está serena, nada inquieta. Los franceses perciben esta solidez”.

Las provocaciones y salidas de tono, que al entrar en campaña atrajeron los focos sobre el tertuliano, le han acabado perjudicando. La invasión rusa de Ucrania lo deja en mala posición. No solo por su entusiasta admiración por Vladímir Putin. También Le Pen era admiradora del presidente ruso, y más que eso: lo visitó durante la campaña 2017, y en una campaña anterior se financió con el préstamo de un banco ruso.

Ambos, sin embargo, no reaccionaron igual tras la invasión del 24 de febrero. Le Pen defendió la acogida en Francia de los refugiados ucranios. Zemmour mantuvo su discurso de siempre. “Prefiero que estén Polonia”, dijo. “No está bien arrancar a la gente tan lejos de su país, y desestabilizar Francia, que ya está sumergida por la inmigración”.

Quizá creía demostrar coherencia ideológica. Quizá, como señala Brice Teinturier, del instituto demoscópico Ipsos, era una muestra de “rigidez”, de su incapacidad para salirse de sus teorías. Y esta es otra ventaja de Le Pen: ella se ha adaptado a las inquietudes del electorado. Ha dejado la inmigración en un segundo plano; ahora habla sobre todo de economía.

“Hemos centrado nuestro argumentario en el poder adquisitivo”, defiende Aliot, “y hoy es esto lo que preocupa a los franceses: cómo llegar a fin de mes con el aumento de los precios de la alimentación y de la energía”.

La batalla interna en la extrema derecha revela una corriente de fondo de esta campaña: los temas del bolsillo se imponen a los temas de la identidad. Le Pen tomó nota pronto de ello; Zemmour, no.

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Ante polémica Corponariño ordenó la suspensión de uso de pólvora para ahuyentar garzas

Indicaron que para la intervención de las garzas, se requiere el desarrollo de acciones de manejo ambiental. Alcaldía dijo que era una especie invasora.

Noticias Nariño.

Ante la polémica que se desató en el municipio de Pupiales por el manejo ambiental para ahuyentar las garzas del parque Simón Bolívar, la Corporación Regional Autónoma de Nariño se pronunció al respecto.

Indicaron que por medio de redes sociales, la comunidad y organizaciones animalistas y ambientales; dieron sobre actividades relacionadas a procesos de «ahuyentamiento con pólvora», realizadas por la Alcaldía.

“Una vez verificado el tema, se procede a requerir a la Administración Municipal para que suspender dicha labor”, dijo la entidad.

Así mismo, expresaron que ante tal situación se programó una visita por parte de personal técnico adscrito a la corporación y la Administración Municipal para evaluar la situación.

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Al respecto se señala que la intervención de esta especie, se constituye en un proceso que requiere el desarrollo de una serie de acciones de manejo ambiental.

“Todas las actuaciones deben estar enmarcadas en acciones encaminadas a la protección de la fauna y flora, y a la participación interinstitucional y comunitaria. Para atender lo presentado en el municipio de Pupiales, se debe dar cumplimiento el marco legal vigente en la materia”, recalcaron.

Por ello, convocaron a la institucionalidad y comunidad, al desarrollo de actuaciones que propendan por la protección de la fauna y flora.

“Así mismo, reiteramos necesidad del fortalecimiento y compromiso comunitario en los asuntos ambientales del departamento”, finalizaron.

Cabe destacar que frente a este hecho, la Alcaldía dijo que esta medida se adoptó, porque estaría afectando de manera negativa la salubridad y salud pública por la generación de excrementos y plumas «que son vectores de enfermedades respiratorias».



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El segundo viernes del Gobierno de Gabriel Boric estuvo marcado por la violencia en el centro de Santiago. Decenas de jóvenes encapuchados se enfrentaron con la policía y atacaron los negocios del sector de la Plaza Italia, epicentro de las revueltas de 2019 que dieron origen al proceso constituyente y de donde salieron buena parte de los votantes del actual presidente. La aciaga jornada ocurrió días después de que La Moneda enviase al Congreso un proyecto de ley para indultar a los presos relacionados con el estallido social. Los vecinos y comerciantes de la zona, hastiados tras casi dos años y medio de disturbios, exigen mayor orden público, uno de los grandes desafíos que enfrenta la nueva Administración de izquierda.

La manifestación para exigir la renuncia del director de Carabineros, Ricardo Yáñez, y la liberación de los presos de la revuelta arrancó a las 17.00 horas, un ritual que se cumple cada viernes. En cosa de minutos un grupo de niñas con los rostros cubiertos encendieron un basurero fuera del metro más próximo a la Plaza Italia, que se vio obligado a suspender las operaciones, y varios jóvenes prendieron fuego a cajas, bidones y bolsas en medio de la Alameda, la principal arteria vial capitalina. Unos golpeaban a los coches que se interponían en el camino y otros aporreaban fierros contra los paraderos de buses al son de “¡Liberar, liberar, a los presos por luchar!”.

Valezca Garcés, de 65 años, era una de las que gritaba. “Voy a venir hasta que liberen a los presos, aprueben el quinto retiro [del 10% de sus ahorros para la jubilación] y le den a los mapuches lo que quieren, que ellos llevan más tiempo que nosotros luchando”. Su candidato presidencial era el comunista Daniel Jadue, que perdió en las primarias de la izquierda ante Boric. Rechaza que el nuevo mandatario haya dicho que “las actividades delictuales que se realizan los viernes no se pueden seguir permitiendo”. “No somos delincuentes, somos pobladores”, sostuvo Garcés. Consultada sobre los actos vandálicos, argumentó que “la violencia es parte del ADN de la revolución”.

Otra pareja de manifestantes, ella de 42 y él de 38, también apoyaban a Jadue. “Boric no era nuestro candidato, era para salir del paso”, apuntó la mujer, a quien le gustaría que el nuevo Gobierno fuese a las poblaciones “donde los niños pasan hambre y los abuelitos no tienen una pensión digna para vivir”. El centenar de personas reunidas eran principalmente jóvenes -que no querían hablar con la prensa-, pero también había niños y adultos mayores.

Los ánimos de la protesta ya estaban encendidos por el disparo de un policía contra un joven que quedó herido en una manifestación estudiantil horas antes. Según información preliminar citada por el diario La Tercera, una veintena de personas atacaron al agente, que este sábado quedó en libertad a la espera de que la Fiscalía investigue lo ocurrido. La portavoz del Gobierno, Camila Vallejo, calificó el enfrentamiento “de suma gravedad”. “Como Gobierno debemos resguardar el orden público, pero siempre apegado a la protección de los derechos humanos”. El viernes anterior, en el marco de una detención a un manifestante de 65 años, el alcalde Jadue criticó la “represión policial”. “¡A no decepcionar al pueblo!”, advirtió en Twitter al Ejecutivo.

Sobre las 19.00 horas de este viernes, la fachada del icónico restaurante Antigua Fuente apenas se podía ver. Un grupo de delincuentes intentaba incendiar el local con una fogata fuera de la fachada completamente cubierta de placas metálicas y protegida por una reja gruesa. Agentes de Carabineros apagaron las llamas y sacaron del recinto a cuatro trabajadores, incluido el dueño y presidente de la Asociación Gremial Barrio Plaza Italia, Carlos Siri, de 55 años. “Hoy para mi es un dia negro”, decía a este periódico horas antes al interior su local. “Lo normal sería que trataran de vandalizar el restaurante de nuevo”.

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Siri acabó la noche en el hospital por inhalar los humos tóxicos. “Tuvimos que llamar a Carabineros cuatro o cinco veces porque cada vez que se iban, volvían a atacarnos”, ha explicado este sábado en una conversación telefónica desde su casa.

Carlos Siri, dueño del restaurante Antigua Fuente, antes del ataque de este viernes 25 de marzo, Santiago.
Carlos Siri, dueño del restaurante Antigua Fuente, antes del ataque de este viernes 25 de marzo, Santiago.A.L.

El local reconocido por sus sándwiches desde hace más de medio siglo ha sido un foco recurrente de los ataques de los viernes. Antes del estallido atendían entre 600 y 700 clientes diarios. Ahora, en un día normal, 250. Y los viernes es una sorpresa cada vez que entra alguien. En la manzana en que está ubicado el restaurante y que desemboca en la Plaza Italia había 18 negocios antes de las revueltas. Hoy solo sobreviven dos. “Somos la única ampolleta encendida en medio del campo, entonces todos vienen a atacarnos. Creen que estamos en contra de los cambios, pero esto no es una sede política, es un restaurante”, añadió este viernes Claudio Siri, de 42 años, primo y socio de Carlos.

El Gobierno no ha hecho declaraciones públicas sobre los disturbios en Plaza Italia y Lastarria, otro barrio aledaño. Fuentes de la Presidencia Regional Metropolitana derivaron a este periódico a hablar con Carabineros sobre el tema. Representantes de la institución informaron que la jornada acabó con siete detenidos y ocho agentes lesionados.

La semana había arrancado con buen pie para los emprendedores. El ministro de Economía, Nicolás Grau, había participado de la primera reunión de trabajo con representantes de asociaciones de restauración del centro de la capital y les había pedido perdón en nombre del Estado por los actos de violencia que han sufrido. Además, se había comprometido, junto a la alcaldesa de Santiago, Irací Hassler, a desarrollar un plan para resguardar la seguridad, aunque sin entrar en detalles.

Cuando el ministro abordó los temas del encuentro en una entrevista, dijo que “obviamente” no iría con su familia a cenar al barrio los viernes por la noche, sacando ronchas en el vecindario. Grau se refirió en particular al bohemio sector de Lastarria, donde también se produjeron actos vandálicos que incluyeron el destrozo de vidrios, bombas molotov y fuegos artificiales.

La actitud de los dueños de las pequeñas empresas y de los vecinos del barrio empeoró el mismo lunes de la reunión de Grau, cuando el ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Giorgio Jackson, anunció la suma urgencia al proyecto de amnistía de delitos cometidos “con motivo u ocasión de los desórdenes públicos del estallido social” iniciados en octubre del año 2019.

Luz Galarce, profesora de 52 años y miembro de Santiago se Levanta, una organización que reúne 33 agrupaciones vecinales y gremios de pequeñas empresas, rechaza la propuesta. “Antes de eso deberían aplicar medidas para detener la violencia”, plantea por teléfono. “Muchos vecinos se han ido. Yo temo por mi integridad y la de mi hija, de 14 años, que sufre de ataques de pánico”, agrega. “Con los indultos no podemos estar tranquilos. Cuando salgan a la calle ¿adivina a dónde van a ir? A Plaza Italia”, sostiene Siri, quien está buscando un local en el sector oriente de la capital para trasladar su sandwichería.

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El papa Francisco, este viernes en la basílica de San Pedro.
El papa Francisco, este viernes en la basílica de San Pedro.Gregorio Borgia (AP)

En el Vaticano hay ceremonias tan excepcionales que llegan solo cada cierto tiempo. El papa Francisco, que nunca ha ocultado sus desvelos por la invasión rusa de Ucrania y ha ofrecido en numerosas ocasiones la mediación de la Santa Sede para alcanzar una solución pacífica al conflicto, ha llevado a cabo este viernes una de esas liturgias extraordinarias con una llamada a filas a todos los fieles y obispos del mundo para invocar el fin de la guerra, cuando se ha cumplido un mes de la ofensiva rusa. Bergoglio ha reunido en una misa en la basílica de San Pedro a los embajadores de Rusia y Ucrania ante la Santa Sede y ha encomendado a ambos países a la Virgen en una ceremonia pública en la que ha pedido que se acaben los rencores: “Necesitamos el espíritu del amor, que disuelve el odio, apaga el rencor, extingue la codicia y nos despierta de la indiferencia”, ha lanzado.

Este gesto solemne de la diplomacia espiritual que la Iglesia ha llevado a cabo en contadas ocasiones se conoce en el lenguaje religioso como “consagración al corazón inmaculado de María” y obedece a una profecía muy valorada en la Santa Sede relacionada con los conocidos como los misterios de Fátima. “Hemos perdido la senda de la paz. Hemos olvidado la lección de las tragedias del siglo pasado, el sacrificio de millones de caídos en las guerras mundiales. Hemos desatendido los compromisos asumidos como comunidad de naciones y estamos traicionando los sueños de paz de los pueblos y las esperanzas de los jóvenes. Nos hemos enfermado de avidez, nos hemos encerrado en intereses nacionalistas, nos hemos dejado endurecer por la indiferencia y paralizar por el egoísmo”, ha clamado el pontífice argentino.

La importancia de este evento singular para el catolicismo, en el día que la Iglesia celebra la Anunciación, una de las fiestas más importantes para los cristianos, trasciende el ámbito religioso y puede leerse también en clave política y diplomática. Andrii Yurash, el embajador de Ucrania ante la Santa Sede y su homólogo ruso, Alexander Avdeev, acudieron a la ceremonia, aunque ocuparon lugares separados en la basílica.

Desde el inicio de la invasión rusa el pasado 24 de febrero el Papa ha condenado la “agresión injustificada” y ha denunciado las “atrocidades” cometidas por Moscú. Aunque se ha alzado en un tono inusual de denuncia, lo ha hecho de manera implícita y no ha mencionado directamente a Rusia, en un intento por mantener los frágiles puentes con la Iglesia ortodoxa, que ha justificado la agresión armada. El Pontífice ha pronunciado por primera vez las palabras “Rusia” y “pueblo Ruso” este viernes, dentro de la oración.

En un gesto universal, Francisco se ha dirigido directamente a todos los fieles y ha pedido unidad a los más de 5.000 obispos del mundo para reclamar el fin de la guerra en Ucrania. La consagración se ha replicado de manera coordinada en miles de iglesias de todo el mundo y el Vaticano ha traducido la oración oficial del evento a más de una treintena de idiomas.

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La consagración al inmaculado corazón de María está relacionada con los llamados misterios de Fátima, las supuestas revelaciones que la Virgen entregó a tres jóvenes pastores en la localidad portuguesa de Fátima en 1917. Según esta creencia, la Virgen exigió la consagración de Rusia, donde aquel año empezaba la revolución que desembocaría en su etapa soviética, o de lo contrario el país “difundiría sus errores por el mundo promoviendo guerras y persiguiendo a la Iglesia”. En el pasado, otros pontífices han llevado a cabo actos de consagración similares, en 1942, 1952 o el último en 1984.

Bergoglio ha activado varios canales diplomáticos, aunque los esfuerzos han sido vanos. Él mismo visitó en persona el 25 de febrero al embajador ruso ante la Santa Sede para pedir un alto el fuego. También ha enviado a Ucrania, Polonia y Hungría a dos de sus cardenales insignia, Konrad Krajewski, limosnero, y Michael Czerny, que se encarga de temas relacionados con migrantes y refugiados, para llevar ayuda humanitaria, gestionar corredores seguros para los refugiados y pedir la paz. Hace unos días, Francisco llamó por teléfono por segunda vez desde el inicio de la invasión al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, y le aseguró que está haciendo todo lo posible para detener la guerra. “La mediación de la Santa Sede para terminar con este sufrimiento humano sería muy apreciada”, señaló el mandatario ucranio.

Zelenski repitió la invitación al pontífice para viajar a Kiev que ya propuso hace unas semanas el alcalde de la ciudad, Vitali Klitschko. Aunque el Vaticano ha asegurado que por el momento no hay ningún viaje planeado, no es la primera vez que Francisco visita un país en guerra abierta, ya fue a Bangui, la capital de la República Centroafricana en 2015, devastada por tres años de guerra civil. En aquella ocasión viajó escoltado por cascos azules de la ONU y las partes enfrentadas habían establecido una tregua. El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, que desempeña funciones similares a las de un ministro de Interior y de Exteriores en el mundo civil, ha repetido que el “camino principal” es “detener la guerra” y después comenzar las negociaciones.

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Italia ha sido uno de los principales socios de Rusia en Europa y un aliado estratégico del presidente Vladímir Putin en cuestiones comerciales. Solo hace cuatro años, el Gobierno de la Liga y el Movimiento 5 Estrellas estrechó todavía más esos vínculos. Por eso, cada vez que el foco de la guerra pasa por el país transalpino, vuelven a verse las costuras de aquella relación. El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, compareció este martes por videoconferencia en la Cámara de Diputados italiana. Agradeció el apoyo italiano, pero pidió que las sanciones y la oposición a Rusia sean todavía más contundentes.

La comparecencia de Zelenski en el Palacio de Montecitorio —una hora antes había llamado al papa Francisco, que también le mostró su apoyo— es un paso más en la gira telemática del líder ucranio por los parlamentos internacionales. Lo hizo con toda solemnidad, ante todos los senadores y diputados del Parlamento y el propio presidente del Consejo de Ministros, Mario Draghi. Todos ellos condenaron “netamente el ataque ruso”. El aplauso en pie de los miembros de ambas cámaras duró varios minutos y no dejó lugar a dudas. Draghi fue rotundo en su intervención, en la que atacó directamente “la arrogancia del Gobierno ruso” y llegó a proclamar que “Italia quiere a Ucrania en la Unión Europea”. Zelenski hablaba precedido por cierta polémica en algunos sectores de la parte escindida del Movimiento 5 Estrellas (M5S), que montó su propio grupo político, y el lunes reclamaba escuchar también la versión del bando ruso. Pero este martes el apoyo fue unánime.

Zelenski tuvo un tono menos beligerante que ante el Parlamento alemán. Pero advirtió a los italianos de lo que puede suceder si no se aumenta la presión sobre Putin, comparando la destrucción de lugares como Mariupol con lo que supondría para ciudades italianas como Génova, del mismo tamaño. Además, recordó que ya han muerto 117 niños desde el comienzo de la invasión. “Hay que hacer todo lo posible para garantizar la paz. Es una guerra organizada durante años por una sola persona, ganando dinero del gas y usándolo para la guerra. Quiere controlar vuestras vidas y vuestra política, destruir vuestros valores democráticos. Ucrania es la puerta para el Ejército ruso a Europa. Y ellos quieren entrar en Europa, pero la barbarie no debe entrar. […] La invasión dura ya 27 días, casi un mes. Así que necesitamos más sanciones y otras presiones hasta que llegue la paz”, lanzó a través de la pantalla.

Veto a las vacaciones de los rusos en Italia

El presidente ucranio pidió redoblar los esfuerzos para aislar a Putin, también cerrando la puerta a ciudadanos rusos que pasan las vacaciones en Italia. “Sabéis quién ordena combatir y quién ha llevado la guerra a Ucrania. Todos utilizan Italia para sus vacaciones. No tenéis que acoger a estas personas. Hay que bloquear y congelar sus bienes. Sus cuentas, yates, hasta el más pequeño. Congelar todos los activos de los que tienen fuerza de decisión en Rusia. Hay que apoyar las sanciones y el embargo contra todos ellos. Ninguna excepción para ningún banco ruso. Hay que parar los asesinatos y la guerra rusa”, insistió. La situación, recordó, es extrema. Y comparable a lo que hicieron los nazis, lanzó. “Hay tropas del Ejército ruso que torturan, violan y raptan a los niños. Nos están robando. Eso es lo que hicieron los nazis cuando ocuparon otros países”.

Italia siempre ha tenido una elevada promiscuidad con Rusia. Desde los tiempos en los que el Partido Comunista Italiano era el más importante de Europa, pasando por la intensa amistad de Silvio Berlusconi con Putin, a los flirteos del Ejecutivo populista que formó el Movimiento 5 Estrellas con La Liga en 2018. La imagen de los camiones rusos entrando en Bérgamo en plena pandemia para prestar ayuda sanitaria y logística mostraron la última postal de una sintonía que se ha traducido en los últimos años en un suculento intercambio comercial —7.000 millones de euros de exportaciones a Rusia y 12.600 millones de importaciones— y que ahora coloca en una situación incómoda a muchos de los incondicionales de Putin.

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La situación, sin embargo, ha cambiado en las últimas semanas y Rusia ha colocado a Italia en la lista negra de países. No han gustado las declaraciones, los actos ni las medidas contra los oligarcas dentro de las fronteras italianas. “Si el Gobierno italiano sigue a Francia a la hora de declarar una guerra financiera y económica total a Rusia al aprobar nuevas sanciones, habrá las correspondientes consecuencias irreversibles”, amenazó Alexéi Paramonov, excónsul ruso en Milán, y hoy director del departamento europeo del Ministerio ruso de Asuntos Exteriores. Paramonov recordó también a Italia la ayuda que había recibido durante la pandemia y acusó al ministro de Defensa italiano, Lorenzo Guerini, de ser “un halcón y uno de los principales inspiradores de la campaña antirrusa del Gobierno italiano”.

Draghi fue muy claro en su intervención y dejó atrás cualquier titubeo del país en esta cuestión. “La arrogancia del Gobierno ruso ha chocado con la dignidad del pueblo ucranio, que frena las ansias expansionistas de Moscú e impone costes altísimos al invasor. La resistencia de Mariupol y otras ciudades a las que se asoma la ferocidad de Putin es heroica. Hoy Ucrania defiende nuestra paz, nuestra libertad, nuestra seguridad. Un orden multilateral basado en reglas y derechos que hemos construido con mucha fatiga desde después de la guerra. Italia le es profundamente grata. Italia no volverá la espalda a Ucrania. El Gobierno y el Parlamento están en primera fila del apoyo a Ucrania”, aseguró Draghi.

Italia debe ahora encontrar una solución al problema energético. Se trata de uno de los países de Europa occidental con mayor dependencia, ya que casi la mitad de su suministro (46%) procede de Rusia. En los últimos años, Roma ha intensificado considerablemente su relación energética con Moscú, a pesar de su cercanía con otros proveedores como Argelia, Túnez o Libia, que suministran este hidrocarburo a Italia a través de gasoductos que no están totalmente cargados como el TransMed o el GreenStream. Como recordó el propio Draghi, hace 10 años el país transalpino importaba solo cerca del 27% de su gas de Rusia.

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El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en su discurso de este domingo ante el Parlamento israelí.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en su discurso de este domingo ante el Parlamento israelí.KNESSET (Europa Press)

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, quien se precia de su ascendencia judía, ha comparado este domingo la invasión rusa de Ucrania con el Holocausto judío en una intervención virtual ante los diputados de la Kneset, el Parlamento de Israel. “Escuchad qué dice el Kremlin, es la misma terminología que los nazis usaron contra vosotros. Es una tragedia. Entonces querían destruir Europa y no os quisieron dejar con vida (a los judíos). Ahora nos toca a nosotros. Entonces lo llamaron la solución final”.

Enfundado en la camiseta militar verde olivo con la que ya se ha dirigido a otras Cámaras legislativas, Zelenski ha reclamado ayuda militar a Israel con una nada velada crítica a su equidistancia en el conflicto. “Podemos preguntar por qué no hemos recibido armas de Israel, por qué no ha impuesto fuertes sanciones a Rusia”, ha inquirido ante los 122 parlamentarios que han seguido sus palabras vía Zoom, en una Kneset de 120 escaños. “Ha sido vuestra decisión y tendréis que convivir con sus conciencias”, les advirtió. “Todo el mundo sabe que vuestros sistemas de defensa [como el escudo antimisiles Cúpula de Hierro] son los mejores”, ha precisado. “Podríais ayudar a nuestro pueblo, salvar vidas de ucranios judíos”, ha recriminado a su audiencia.

“El Ejército ruso está destruyendo Ucrania mientras el mundo entero mira”, ha enfatizado Zelenski, para quien “la indiferencia y el cálculo de intereses matan. No se puede mediar entre el bien y el mal”, ha apostillado. Su discurso, de algo menos de media hora de duración, ha sido transmitido en directo por televisión y proyectado también en una pantalla gigante en la plaza Habima de Tel Aviv, ágora de grandes concentraciones políticas en Israel, ante centenares de personas que enarbolaban banderas ucranias e israelíes. Con estudiada formalidad, la Embajada de Rusia había protestado pocas horas antes contra su alocución parlamentaria al reclamar a Israel una actitud más equilibrada en el conflicto.

El primer ministro israelí, Naftali Bennett, ha seguido la intervención ante la Cámara legislativa, que acaba de finalizar su primer periodo de sesiones del año. El gobernante ultraconservador israelí ha sido uno de los pocos líderes internacionales en ser recibido en el Kremlin por el presidente ruso, Vladímir Putin, tras el estallido de las hostilidades. El pasado día 5 hizo visible en Moscú su papel mediador entre ambas partes en el conflicto, aunque sus asesores precisan que no ha planteado propuestas concretas de acuerdo y se ha limitado a ejercer como mensajero o intermediario de confianza entre Kiev y Moscú. En contra de sus creencias, el religioso Bennett viajó en pleno sabbat, el día sagrado judío que prohíbe expresamente los desplazamientos en avión, amparado en la dispensa que otorga la ley judaica a quienes participan en una misión para salvar vidas.

La discreción ha caracterizado hasta ahora sus sucesivos contactos telefónicos tanto con Putin como con Zelenski. Bennett se ha ausentado de reuniones del Gabinete y de actos oficiales para atender las llamadas urgentes de ambos líderes. Tras ser recibido en el Kremlin, donde mantuvo una entrevista de tres horas de duración, el primer ministro israelí prosiguió viaje a Berlín para informar en persona al canciller alemán, Olaf Scholz, quien ya le había visitado a comienzos de mes en Jerusalén. Bennett ha establecido también un canal de contacto con el presidente francés, Emmanuel Macron, y ha dado cuenta de sus gestiones a la Administración del presidente de EE UU, Joe Biden, su principal aliado.

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“Aunque la oportunidad no es muy clara, tenemos la obligación moral de hacer el esfuerzo, ya que contamos con acceso a ambas partes”, se ha limitado a justificar su actitud en público el primer ministro israelí. No es una amenaza existencial, sino una disputa territorial, viene a ser su mensaje, traducido a términos bien conocidos en Oriente Próximo. Esta es la tesis que hacen circular en la prensa hebrea los asesores mediáticos de Bennett: Ucrania podrá seguir siendo un Estado independiente con su propio Gobierno solo si acepta “sacrificios territoriales”, según destaca en Twitter el analista diplomático Barak Ravid.

En apenas nueve meses en el cargo, tras haber apeado al conservador Benjamín Netanyahu, quien llevaba 12 años en el poder, el prácticamente desconocido Bennett ha encontrado una vía para ganar presencia en la escena internacional. El dilema de Israel ante el conflicto de Ucrania se ha plasmado en una retórica de equidistancia, en la que Bennett, quien adopta un perfil de neutralidad, y se reparte los papeles con el ministro de Exteriores y socio clave del Gobierno, el centrista Yair Lapid, quien sí ha condenado expresamente la invasión rusa. El Gobierno israelí, sin embargo, no se ha sumado a las sanciones económicas impuestas a Moscú por los países occidentales y sigue manteniendo las conexiones desde Tel Aviv con los aeropuertos rusos, que han sido utilizadas por oligarcas próximos a Putin como Roman Abramóvich.

La presencia militar rusa en Siria, donde la aviación israelí lanza ataques periódicos contra fuerzas proiraníes, ha llevado a Bennett a transitar por la senda de la ambivalencia diplomática y evitar tanto las sanciones a Rusia como el envío de armamento a Ucrania. Moscú, que controla el espacio aéreo sirio desde su intervención militar en favor del presidente Bachar el Asad en 2015, ha seguido permitiendo los ataques de la aviación israelí contra objetivos de las milicias proiraníes en el vecino país árabe, como el que este mismo mes causó la muerte de dos guardianes de la revolución de Irán cerca de Damasco.

Concentración para seguir el discurso del presidente de Ucrania, Volodímir, Zelenski, el domingo en Tel Aviv.
Concentración para seguir el discurso del presidente de Ucrania, Volodímir, Zelenski, el domingo en Tel Aviv.JACK GUEZ (AFP)

Diáspora soviética en el Estado judío

El jefe del Gobierno israelí acudió a Moscú a su cita con Putin acompañado por el ministro de Vivienda, Zeev Elkin, de origen ruso. Más de un millón de israelíes, un 15% de la población, proceden de la diáspora que emigró al Estado judío tras la descomposición de la Unión Soviética. La evolución de la guerra se sigue muy cerca en el Estado hebreo y, pese a la neutralidad oficial, la opinión pública se muestra abiertamente favorable a ayudar a Ucrania. La situación de los cerca de 200.000 judíos que viven en el país de Europa oriental en guerra es una las principales preocupaciones del Gobierno israelí. Por ello, ha enviado una gran cantidad de ayuda humanitaria, en particular un hospital de campaña para atender a un centenar de pacientes al día, asistidos por unos 80 médicos y sanitarios.

Las restricciones que el Ministerio del Interior israelí impuso inicialmente a la entrada de los refugiados ucranios levantó ampollas entre la población judía, que hunde sus raíces en el éxodo masivo derivado del Holocausto. Israel ha permitido el paso hasta el momento a 3.500 ucranios judíos, que gozan del derecho a inmigrar y establecerse en el país, y a 10.000 no judíos. A este grupo se le llegó a obligar a abonar una fianza a fin de garantizar su retorno a Ucrania, se le fijó un cupo inicial, que ahora ha quedado circunscrito a quienes cuenten con familiares y amigos que, en principio, se hagan cargo de su manutención y gastos.

Los refugiados no judíos deben solicitar autorización previa su entrada al país para que se les permita abordar un avión con destino a Tel Aviv. Cerca de un 10% de las peticiones han sido rechazadas. Como advierte en la prensa hebrea Sahi Cohen, director de Alianza de Israel, ONG que atiende a los ucranios, “el Gobierno israelí está siguiendo una política de erigir alambradas para impedir la entrada de los refugiados”. Lo ha recordado el mismo Zelenski en su discurso a la Kneset al reclamar visados para todos los refugiados de Ucrania.

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Kiev se ha instalado en algo parecido a una tierra de nadie dentro de la guerra que comenzó hace 25 días en Ucrania. Las tropas rusas no han accedido al corazón de la capital ni han llevado a cabo incursiones o bombardeos intensos, aunque sí se producen intensos combates en las localidades de sus alrededores. Pero los cientos de miles de habitantes que todavía siguen viviendo en Kiev no tienen ni un solo día de calma. Este domingo ha vuelto a haber un ataque en un barrio residencial sin que se hayan producido víctimas mortales y al caer la noche, el fuego antiaéreo ha retumbado en toda la ciudad. Se calcula que aproximadamente la mitad de los tres millones de personas que vivían en la principal urbe del país la han abandonado desde que comenzó la invasión de las tropas del Kremlin el pasado 24 de febrero.

Los controles militares, las barricadas y los bloques de hormigón con los que se trata de frenar la posible incursión rusa en la capital forman ya parte de la nueva fisonomía. El tráfico es escaso y las aceras están desiertas casi a cualquier hora del día, pero a veces se forman atascos en los puntos en los que militares o policías requieren a los conductores que se identifiquen o que abran el maletero del coche para comprobar qué es lo que transportan. Hay miles de personas entre civiles y uniformados pendientes de la seguridad de la ciudad, pero los carros de combate rusos no se han acercado al centro.

Sin embargo, a las dos de la tarde del domingo una explosión se escuchó a varios kilómetros de distancia tras sacudir una zona residencial a medio camino entre el centro de Kiev y la localidad de Irpin, escenario desde hace días de intensos combates. Varios coches han ardido junto a un cráter horadado junto a un edificio de viviendas de 10 plantas. Los alrededores han quedado alfombrados de cristales que sonaban al crujir bajo el calzado, conforme los vecinos se iban acercando a contemplar lo ocurrido. No era la primera vez en los últimos días que caía un proyectil en esta zona.

Cientos de ventanas y las fachadas de varios bloques habían quedado dañadas. Las autoridades no han informado de víctimas mortales, pero sí se han registrado cinco heridos. Como ha ocurrido en los ataques que han tenido lugar en los últimos días, hasta la escena se ha desplazado con rapidez el alcalde de la capital, el antiguo campeón de boxeo Vitali Klichko. Junto a las ambulancias, que han trasladado a dos de los heridos al hospital, han llegado también camiones de bomberos para apagar el incendio. Es una ceremonia que se repite desde que, el segundo día de la guerra, Rusia atacó por vez primera en la capital un edificio donde viven civiles en una acción que se ha repetido en varias ocasiones desde entonces.

Eugeni, de 33 años, contempla lo ocurrido este domingo en su edificio a cierta distancia en compañía de una vecina de avanzada edad de la que se está haciendo cargo. Esperan a que la zona deje de estar acordonada por las fuerzas de seguridad para volver a casa pese a los destrozos. De fondo se escucha el trabajo para acabar de retirar los cristales del que fue su colegio, a unas decenas de metros del edificio donde habita. Contempla la escena con nostalgia. “Esta es mi ciudad y pienso regresar a mi casa”, cuenta decidido Eugeni señalando hacia la fachada dañada de su bloque. Con los ojos llorosos, pese a su determinación, explica que su mujer embarazada de seis meses se ha tenido que marchar lejos de Kiev. Ambos esperan un niño que será su primer hijo.

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Decenas de periodistas de todo el mundo han acudido hasta el lugar de la explosión para tomar imágenes o realizar conexiones en directo. Uno de los militares que custodia la zona se queja de lo que él entiende que son mirones. “La gente aquí vive bajo presión porque llevamos recibiendo cohetes de los rusos desde hace un mes. Vivimos bajo un peligro muy grande”, cuenta Anton, de 32 años, otro vecino, que se expresa en español. “La gente que vive aquí son completamente civiles. Aquí no hay ningún objetivo militar, como dice la Federación rusa que está bombardeando, y sí mucha gente que vive aquí, mujeres con niños, personas que no quieren dejar su ciudad natal. Cada noche, muchos han de refugiarse en los sótanos”, añade mientras de fondo se escuchan las detonaciones y suenan las alarmas que alertan ante un posible ataque aéreo.

Fuera del cordón de seguridad se ha instalado una carpa de la Cruz Roja donde son atendidos algunos vecinos. Diana, una voluntaria de 21 años cuenta que muchas son personas mayores a las que han de escuchar y a las que ofrecen un té y un café. “A muchas les cuesta abandonar su casa” incluso en días con ataques como este porque es “donde han vivido toda su vida”, comenta la joven voluntaria.

Mientras, lejos del lugar del ataque del domingo, la plaza que se abre delante de la catedral de Santa Sofía, en el centro, una alfombra de un millón y medio de tulipanes recuerda a los caídos en la guerra. La explanada se ha convertido en lugar de peregrinación para algunos kievitas que acuden a contemplar la escena o a fotografiarla con su móvil.

Un millón y medio de tulipanes forman una alfombra en honor de los caídos en la guerra delante de la catedral de Santa Sofía de Kiev.
Un millón y medio de tulipanes forman una alfombra en honor de los caídos en la guerra delante de la catedral de Santa Sofía de Kiev.Luis de Vega

A unos 700 kilómetros de esa plaza, en el sur del país, se ha registrado el segundo ataque con misiles hipersónicos, de acuerdo a la información rusa. Ha sido en Konstantinovka, una ciudad de 70.000 habitantes, donde el proyectil lanzado desde Crimea y capaz de burlar las defensas antiaéreas, habría destruido “un gran almacén de combustible”, según el Kremlin. “Desde esa base se efectuaban los principales suministros de combustible para vehículos blindados ucranios en áreas de combate en el sur de Ucrania”, ha asegurado el Ministerio de Defensa ruso.

Ucrania ha denunciado este domingo otra matanza de civiles que asegura se produjo el 11 de marzo en Kreminna, una ciudad de 23.000 habitantes de Lugansk. Serhii Haidai, comandante del óblast de Lugansk —zona controlada por las tropas ucranias en esta región contestada por los separatistas prorrusos—, ha denunciado este domingo en su Telegram el Ejército ruso mató a 56 personas en una residencia de ancianos. “Lo hicieron de forma deliberada y cínica”, ha afirmado. Haidai ha añadido que no han podido recuperar los cadáveres, y que 15 supervivientes fueron trasladados a un geriátrico en la zona ya ocupada por Rusia de Svatove.

La Defensora del Pueblo ucrania, Ludmila Denisova, ha calificado el ataque de “genocidio”, y ha pedido que se establezca un Tribunal Militar Especial. “Por cada crimen de este tipo, por cada vida inocente quitada, el liderazgo del Estado agresor debe rendir cuentas con toda la severidad del derecho penal internacional”, ha afirmado en un mensaje de Telegram.

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Vladímir Putin se ha dado un baño de masas en defensa de la guerra contra Ucrania. Con motivo del aniversario de la anexión de Crimea en 2014 tras un referéndum ilegal, y bajo el lema “Por Rusia, por un mundo/paz sin nazismo (Mir significa ambas palabras), el Kremlin ha organizado un concierto en el estadio de la final del Mundial de 2018 donde se han podido ver las gradas repletas hasta la bandera. Allí, en un atrio alejado del resto de los participantes por varios metros de distancia y coreado por el público, el mandatario resaltó que su ofensiva es una misión “libertadora”.

Decenas de miles de seguidores han arropado al mandatario en un recinto que cuenta con un aforo de 81.300 personas, y miles más veían el concierto-mitin en una carpa en el exterior del estadio a tenor de las imágenes. Según las autoridades, más de 200.000 espectadores siguieron el acto en directo. “El objetivo principal de la operación militar en Donbás y Ucrania ha sido liberar a la población del genocidio”, afirmó Putin sobre la ofensiva emprendida por las fuerzas armadas rusas desde la frontera bielorrusa al mar Negro y que ha puesto bajo asedio tanto la capital, Kiev, como la mayor ciudad rusoparlante del país, Járkov.

La retransmisión quedó abruptamente interrumpida durante la intervención en directo de Putin. Según su portavoz, Dmitri Peskov, un error técnico provocó que en pleno discurso desapareciese el mandatario y se repitiesen momentos previos de la actuación. Un corresponsal del diario Nóvaya Gazeta que fue testigo directo del acto afirmó que Putin “acabó tranquilamente con sus ideas y abandonó el escenario”.

“No hay mayor amor que dar el alma por los amigos”, afirmó el presidente ruso, quien subrayó que sus militares “se cubren unos a otros en Ucrania”. “No habíamos tenido esta unidad desde hace mucho tiempo”, puntualizó ante el público. La cifra total de víctimas rusas en Ucrania es desconocida. El único dato publicado hasta ahora por el Ministerio de Defensa se remonta al 2 de marzo, cuando reveló 498 fallecidos en sus filas. Putin citó a un célebre almirante ruso, Fiodor Ushakov, al afirmar que “todas las tormentas van a mayor gloria de Rusia”. “Así fue, así es hoy, y así será siempre”, puntualizó.

En el acto no faltaron ni banderas ni el símbolo de los defensores de la guerra, la “zeta”, que se hizo viral antes de comenzar la invasión por aparecer pintada en los tanques y camiones desplegados por los rusos en la frontera junto a Ucrania. El distintivo para diferenciar a amigos de enemigos fue uno de los indicios de la inminencia del ataque que más virales se hicieron en las redes sociales. Posteriormente fue adoptado por las autoridades y por los medios estatales rusos como un símbolo para promocionar el lema “por la victoria” (Za pobedu, en ruso) y el apoyo a Putin (”za presidenta”).

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Hoy, es un símbolo controvertido que divide a los rusos y una de las formas de propaganda más utilizadas por el Kremlin en este conflicto: desde camisetas a la venta en las tiendas de los canales estatales a filas de niños que forman “zetas” en las escuelas.

Ambiente en el estadio de Loujniki de Moscú, este viernes.
Ambiente en el estadio de Loujniki de Moscú, este viernes.Reuters

“Escoria y traidores”

Putin hizo otras polémicas declaraciones este miércoles en las que diferenció entre quienes apoyan al Kremlin, al que identificó con Rusia, y quienes traicionan al país. Durante una videoconferencia en la que se abordaban nuevas medidas frente a la crisis desatada por las sanciones, el presidente dijo que el pueblo ruso “será siempre capaz de distinguir a los patriotas de verdad de la escoria y los traidores, y simplemente los escupirá como un insecto en su boca, los escupirá en la acera”.

El mandatario vaticinó una “autodesintoxicación natural y necesaria de la sociedad” que, en su opinión, reforzará a su país “ante cualquier desafío que se presente”. Un día después, su portavoz, Dmitri Peskov, puntualizó que esta supuesta limpieza no solo se refería a empresarios “que ganan dinero aquí en nuestro país, pero viven allí”, como dijo Putin, sino también a todos los rusos que rechazan lo que está sucediendo. “Alguien que renuncia a su puesto de trabajo, alguien que abandona el servicio activo, alguien que deja el país y se muda a otro Estado. Así es como sucede esta purificación. Alguien que infringe la ley y es castigado de acuerdo a las decisiones judiciales”, señaló el portavoz en referencia también a los manifestantes.

Putin ha participado por segundo año consecutivo en el concierto-mitin del estadio Luzhnikí. En 2021 ofreció otro discurso ante miles de personas pese a las restricciones por la pandemia contra el coronavirus. Aquel evento de masas fue una excepción, pues otras manifestaciones, como las protestas surgidas tras la detención del opositor Alexéi Navalni, no habían sido autorizadas con el pretexto de la pandemia.

En el concierto han participado cantantes como Grígori Leps y Liubé, y algunos grupos de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk, los territorios separatistas de Ucrania que el Kremlin reconoció para justificar su casus belli contra Kiev. ”Yo crecí en la URSS, mi vida está en la URSS. Cohetes, el mejor ballet, las chicas más guapas del planeta y la victoria en la Segunda Guerra Mundial”, cantaba una de las bandas a coro con el público, mientras que otros grupos interpretaban viejas canciones bélicas. “¡Adelante, Rusia! ¡Fuente de fuerza!”, era otra de las canciones coreadas.

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Las Cuadras basuras pasto Centro Emas
Los horarios en los que la comunidad deberá sacar las bolsas de basura a partir de las siete de la noche de lunes a sábado.

La Campaña se denomina “Todos Aliados por Las Cuadras”, busca reducir el problema de basuras en zona comercial de Pasto.

Noticias Pasto.

En diversos sectores de la ciudad de Pasto el problema de basuras continua, es por esto que la Empresa de Emas by Veolia con el fin de minimizar este problema, diseñó una estrategia que busca hacer pedagogía frente al sistema de recolección de desechos en la Ciudad.

El sector de Las Cuadras, es uno de los afectados: se sacan frecuentemente grandes cantidades de desechos, sin tener en cuenta horarios del servicio por ejemplo.

Así que, allí se adelanta la campaña “Todos Aliados por Las Cuadras”.

Para reducir el mal manejo de residuos en este sector, la estrategia recuerda a los dueños de establecimientos comerciales y comunidad los horarios establecidos para recoger las basuras.

Los horarios en los que la comunidad deberá sacar las bolsas de basura a partir de las siete de la noche de lunes a sábado.

Las cuadras es una zona comercial de la ciudad, es por esto que la empresa Emas, hace la recolección de residuos diariamente en jornada nocturna para evitar tráfico vehicular durante el día.

Hacen un llamado a la comunidad pastusa para mantener el orden respetando los horarios, y a conservar limpios los espacios de la ciudad.

Esta semana vuelve la ciclovía nocturna a Pasto.

Otras denuncias:

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Como un David frente al Goliat que constituye el segundo Ejército del mundo, Ucrania ha logrado detener el avance de las tropas rusas. La resistencia ucrania ―“firme y bien coordinada,”según la ha definido el Ministerio de Defensa británico en su último informe― retiene en sus manos la mayor parte del territorio del país. Los avances de las tropas rusas de los últimos días, añade el texto elaborado por el espionaje británico, son “mínimos”. La invasión rusa está “estancada” y Moscú sigue sufriendo numerosas bajas. Sin embargo, el precio que paga Ucrania es cada vez más alto. En la madrugada del jueves, el servicio de emergencia de Ucrania informó de otro ataque sobre un edificio residencial en Kiev. En Chernihiv (norte) murieron 53 civiles solo este miércoles, según el gobernador de la región, Viacheslav Chaus. En Mariupol, asediada desde hace 13 días, Rusia bombardeó un teatro donde se refugiaban “cientos de civiles”, entre ellos muchos niños, según las autoridades ucranias.

El escaso avance de las tropas rusas ha forzado a Rusia a enviar más refuerzos al frente pasadas tres semanas del inicio de la guerra contra Ucrania. La pérdida de tropas y la resistencia ucrania han obligado al Kremlin a movilizar más combatientes pese al masivo despliegue con el que rodeó el país desde noviembre del pasado año, una operación a la que destinó, según los informes de inteligencia occidentales, más de la mitad de sus fuerzas armadas. Pese a ello, ahora ha llegado el turno de mover al terreno soldados de territorios ocupados en Georgia, mercenarios de Oriente Próximo y más reservas del lejano este de Rusia.

La información ha sido confirmada públicamente por personas próximas al Kremlin. “Nuestros muchachos van a Ucrania para acabar con los nazis que están aterrorizando a su gente”, escribió el pasado 15 de marzo en su canal de Telegram el expresidente de la autoproclamada República de Osetia del Sur, Eduard Kokoiti. El exmandatario del territorio reclamado por Georgia y que dio lugar a la guerra de 2008 acompañó su mensaje con imágenes de militares de la 4.ª Base de la Guardia Nacional en camino a Ucrania. “Están muy motivados, he hablado con muchos. ¡Van a vengar a nuestros hermanos! ¡Hay familiares y amigos de los que murieron en Ucrania!”, dijo Kokoiti.

Un informe del Ministerio de Defensa británico del mismo día apuntaba a que el Kremlin “está recolocando fuerzas de lugares tan lejanos como el Distrito Militar Este (en Siberia), Armenia y la Flota del Pacífico. Además, pretende utilizar aún más fuerzas irregulares de compañías militares privadas, Siria y otros mercenarios”.

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Tras ralentizar su ofensiva en el interior de Ucrania, Londres cree que Rusia “pretende utilizar estas fuerzas para mantener el territorio capturado y liberar su ejército para relanzar las operaciones paradas”. Además, considera que la “pérdida continua de personal dificultará a Rusia asegurar el territorio ocupado”.

El presidente ruso, Vladímir Putin, aprobó en una reunión del Consejo de Seguridad celebrada el pasado 11 de marzo que se reclutase a extranjeros para reforzar las operaciones en Ucrania, y el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, reconoció que su ejército barajaba enviar más de 16.000 mercenarios procedentes de Oriente Próximo.

El envío de tropas de otras regiones del mundo también podría ser un intento del Kremlin de reducir el impacto de las muertes en la sociedad rusa. “Serguéi Kuzhuguetóvich (Shoigú) habló principalmente de voluntarios de Oriente Próximo, Siria y otros países. No se habló de nuestros ciudadanos”, recalcó entonces el portavoz de Putin, Dmitri Peskov. “Eso no se ha comentado”, aclaró al preguntarle la prensa si el Kremlin también contemplaba movilizar voluntarios rusos para una campaña cuya motivación, según ha insistido Moscú todo este tiempo, era luchar contra un supuesto genocidio de la población que considera “prorrusa”.

7.000 bajas rusas

Estados Unidos calcula que 7.000 soldados rusos han muerto en Ucrania, según información de The New York Times. Entre 14.000 y 21.000 podrían estar heridos, de un total de 150.000 militares rusos que participan en la guerra. Eso podría significar que la mayoría de sus unidades de combate están bajo mínimos, incapaces de llevar a cabo acciones de combate.

Ucrania ha alertado, sin embargo, de que para seguir conteniendo a las tropas rusas, precisa de más armas. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha pedido más apoyo internacional con sanciones y armamento, incluidos sistemas de defensa aérea, armas y municiones para hacer frente al Ejército ruso. Sigue insistiendo además en reclamar el cierre del espacio aéreo de Ucrania, una medida descartada por la OTAN, que teme una confrontación militar directa con Rusia. “¿Cuántas personas más tiene que matar para que los líderes occidentales digan ‘sí’ a una zona de exclusión aérea o a darnos los aviones de combate que tanto necesitamos?”, deploró el mandatario este miércoles en su habitual discurso nocturno en la televisión de Ucrania.

Cientos de miles de civiles ucranios siguen, mientras tanto, atrapados en ciudades sometidas al hostigamiento de las tropas rusas. La vice primera ministra de Ucrania, Iryna Vereshchuk, ha afirmado este jueves que espera que se puedan abrir nueve corredores humanitarios para evacuar a la población de las ciudades sitiadas y sometidas a constantes bombardeos. Vereshchuk ha dicho que se prevé que una de las localidades en las que las autoridades esperan abrir un camino seguro para sacar a civiles es Mariupol, una urbe del sureste de Ucrania con salida al mar de Azov que contaba con unos 400.000 habitantes antes de la guerra.

Mariupol, precisamente, sufrió el miércoles uno de los peores ataques con el bombardeo de un teatro donde se refugiaban “cientos de civiles”, según las autoridades ucranias, y que tenía pintados dos grandes letreros en el suelo fuera del edificio donde se podía leer en ruso la palabra “Niños” escrita con grandes caracteres, ha revelado la empresa de satélites Maxar Technologies. La situación en la ciudad, que por primera vez esta semana pudo evacuar a unos 20.000 civiles, desde que comenzó el cerco de las tropas rusas hace más de dos semanas, ha sido descrita como “apocalíptica” por la Cruz Roja. Los residentes no tienen agua, electricidad ni calefacción y ya hace días que las autoridades locales informaron de que la escasa comida que quedaba se estaba agotando del todo.

Esta ciudad, convertida en el icono de los ataques a civiles en Ucrania, es clave para el Kremlin, pues es la última gran localidad en manos de Kiev con salida al mar de Azov y su captura permitiría a Moscú crear un corredor desde la región del Donbás, donde se encuentran las entidades separatistas prorrusas de Donetsk y Lugansk, hasta la península de Crimea, anexionada por Rusia en 2014 de forma ilegal tras un referéndum que la comunidad internacional no reconoce

Moscú sigue, mientras tanto, negando los ataques a civiles, a pesar de que las pruebas en su contra se acumulan. No solo en cuanto a los objetivos a los que se dirigen estos ataques -hospitales, escuelas, zonas residenciales- sino también en cuanto a los medios que utiliza, y entre las que se ha denunciado ya, por parte de Naciones Unidas y de organizaciones como Amnistía Internacional- el uso de armas que no permiten discriminar entre blancos militares y civiles, como las llamadas “bombas tontas” (sin sistema de guida inteligente) y municiones de racimo.

El miércoles, una delegación del Tribunal Penal Internacional (TPI), encabezada por su fiscal jefe, Karim Khan, viajó a Ucrania para investigar sobre el terreno la posible comisión de posibles crímenes de guerra y contra la humanidad en el país. Kahn declaró, ya en el país, que “los ataques deliberados contra civiles constituyen un crimen que perseguiremos”. La investigación del TPI se produce a instancias de 40 países miembros, una iniciativa hasta ahora inédita. Ni Ucrania ni Rusia son signatarios del Estatuto de Roma, la convención fundacional del TPI, por lo que en principio, quedan fuera de la jurisdicción de esta corte. Sin embargo, Kiev ha facultado al tribunal para que investigue los posibles crímenes cometidos desde 2014, con la anexión rusa de Crimea. El TPI sí podría perseguir a título individual al presidente ruso, Vladímir Putin, y a la cúpula del poder del Kremlin- de considerar que hay indicios suficientes para ello- lo que impediría al mandatario pisar ninguno de los 130 Estados que forman parte del Tribunal, a riesgo de ser detenido.

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