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Ante el grave deterioro de la situación sobre el terreno en Ucrania —con intercambios de fuego de artillería de una intensidad sin precedentes en los últimos años y el anuncio de nuevos ejercicios rusos con misiles con capacidad nuclear—, el Gobierno alemán ha enviado este viernes al Kremlin un firme mensaje disuasorio en la sesión inaugural de la Conferencia de Seguridad de Múnich, un foro que reúne cada año en la capital bávara a decenas de líderes y ministros de Exteriores y Defensa. De forma inusual, este año Moscú ha decidido no enviar una delegación, lo que muchos observadores han interpretado como una señal extremadamente negativa.

“El escenario de un corte total de intercambios económicos entre Rusia y Alemania y la UE no es poca cosa”, ha dicho la ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, refiriéndose a las sanciones por una eventual agresión rusa contra Ucrania con una terminología más dura de la habitual mención occidental a las “graves consecuencias económicas”. “Alemania está lista para pagar un alto precio económico”, advirtió la responsable de la diplomacia alemana, quien calificó de “exigencias de la Guerra Fría” los requerimientos de Moscú en un documento publicado antes de la conferencia. “La amenaza rusa es inaceptable”, zanjó.

La ministra compareció en el foro en una sesión en la que también intervino el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, quien quiso subrayar la determinación de la Administración de Biden en reavivar los vínculos con aliados y socios después del turbulento periodo de Trump. Blinken advirtió de que Rusia “no parece estar en el camino de la diplomacia”, que pese a sus anuncios de repliegue “lo que se ve sobre el terreno es lo contrario, nuevas tropas acumulándose, incluidas brigadas de élite que formarían parte de cualquier escenario de agresión”. El representante de EE UU ante la OSCE ha elevado este viernes a entre 169.000 y 190.000 el número de soldados rusos desplegados.

Alemania llega a la cita tras haber encontrado una línea más clara en el conflicto con Rusia después de varias semanas de indefinición que le costaron las críticas y la desconfianza de los aliados occidentales. El perfil bajo inicial del nuevo canciller, Olaf Scholz, ha dejado paso en los últimos días a una actitud mucho más proactiva con visitas a Estados Unidos, Ucrania y Rusia en un intento de volver a situar a Berlín en primera línea de los esfuerzos diplomáticos para evitar el conflicto. Esta semana, en su encuentro con Vladímir Putin en el Kremlin, el canciller se mostró firme y mencionó el polémico gasoducto Nord Stream 2, algo que se había negado a hacer en visitas previas como la que mantuvo con Joe Biden.

La evolución de la posición alemana —marcada por ciertas divergencias en política exterior entre los socios de la coalición gubernamental— no llega sin embargo a tocar la negativa a suministrar armas a Ucrania. Durante la sesión en Múnich, el alcalde de Kiev, Vitaly Klitschko, reclamó explícitamente el suministro de armamento para defenderse de una eventual agresión rusa. Baerbock argumentó que por razones históricas, por la legislación nacional vigente y por las circunstancias negociadoras, Berlín considera oportuno no alterar su negativa en ese apartado. La ministra señaló que es parte del juego de la Alianza que los socios desempeñen distintos papeles, y reivindicó el de Alemania como principal soporte financiero para Ucrania. “También es importante evitar el riesgo de una desestabilización interna por la vía económica”, señaló.

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En la primera jornada de la conferencia, también intervino el secretario general de la ONU, António Guterres, quien advirtió de que una guerra en Ucrania sería “catastrófica” pero se mostró todavía confiado en que la diplomacia pueda resolver el conflicto. “Sigo pensando que no ocurrirá”, señaló, y lanzó una petición a Rusia: “Ha llegado el momento de desescalar seriamente”. El mandatario aseguró estar “profundamente preocupado” por la situación en las fronteras de Ucrania y por la inestabilidad en la escena internacional. “Suelen preguntarme si estamos en una nueva Guerra Fría”, dijo. “Mi respuesta es que la amenaza a la seguridad global es ahora mayor y más compleja”. Los “canales secundarios” de comunicación que existían hace décadas “ya no existen y la mayoría de personas que sabían usarlos ya no están con nosotros”, añadió.

Por otra parte, la vicepresidenta de EE UU, Kamala Harris, que intervendrá este sábado en el foro, se reunió con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg y con los líderes de los países bálticos. “Seguimos abiertos a la diplomacia. Le toca a Rusia demostrar la seriedad de sus intenciones negociadoras”, dijo Harris, informa la agencia Reuters.

La ausencia de una delegación rusa en Múnich es interpretada como una pésima señal no solo porque su presencia ha sido constante en las últimas décadas, sino porque repetidamente Moscú ha aprovechado a fondo el escenario bávaro para defender sus puntos de vista. Es célebre la intervención del propio Vladímir Putin en la edición de 2007, con un discurso que puso sobre la mesa la mirada geopolítica que orientaría muchas de las decisiones llevadas a cabo en los últimos años.

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El presidente ruso, Vladímir Putin, ha advertido este lunes de que el envío de tropas de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO) a Kazajistán es un aviso a los participantes en futuras protestas en su propio país. “Las acciones tomadas por la CSTO han mostrado claramente que no permitiremos desestabilizar la situación en nuestro hogar y que tampoco permitiremos que ocurra ese escenario al que llaman revolución de color”, ha declarado el mandatario durante una videoconferencia con los líderes de esa alianza militar. La presencia de los 2.500 militares extranjeros podría ser breve, según avanzó por su parte el presidente kazajo, Kasim-Yomart Tokáyev, quien aseguró que la situación ya está bajo control.

La CSTO la forman Rusia, Bielorrusia, Armenia y las repúblicas centroasiáticas de Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán. El presidente ruso ha destacado “la altísima interacción y la voluntad” de sus socios para intervenir de forma urgente después de que Tokáyev solicitara su apoyo el pasado miércoles. Las protestas, iniciadas por el repentino encarecimiento del gas licuado de petróleo que se usa allí en muchos automóviles, se extendieron rápidamente por todo el país y se convirtieron en una revuelta contra el régimen. Cuando Tokáyev pidió ayuda, ya había decenas de muertos y algunos edificios de la Administración habían ardido.

“Esto es el resultado de la gran confianza que hemos desarrollado entre nosotros a lo largo de años de trabajo conjunto”, ha agregado Putin. El mandatario ruso se ha mostrado proclive a reforzar los mecanismos de la CSTO, organización que ha efectuado su primera intervención desde su creación en 1992. “Necesitamos pensar en mejorar los procedimientos para tomar decisiones sobre el uso de fuerzas conjuntas. Las medidas se adoptaron pronto, pero deben ser uniformes, y esto mejoraría la calidad de nuestro trabajo”, ha subrayado el mandatario ruso.

Tokáyev activó el artículo cuarto de la CSTO, que prevé el apoyo de los aliados en caso de agresión externa contra algunos de sus miembros. El presidente de Kazajistán ha insistido estos últimos días que en las protestas participaron bandas coordinadas “desde el extranjero” con miles de “terroristas”, muchos procedentes de Oriente Próximo, según su versión.

No obstante, la situación de Asia central está aún lejos de ser tranquila para el Kremlin. El presidente de Tayikistán, Emomali Rahmon, ha advertido a sus socios durante su intervención de la creciente presencia de yihadistas en zonas fronterizas con Afganistán. “Son más de 40 campamentos y centros de entrenamiento de terroristas en las provincias del noreste de Afganistán que limitan con las fronteras del sur de la OTSC. Sus fuerzas cuentan con más de 6.000 combatientes”, ha señalado el líder tayiko.

Moscú ha respaldado internacionalmente a los talibanes desde que tomaron Kabul el pasado agosto. El nuevo Gobierno afgano prometió que no habría movimientos de extremistas hacia sus socios de Asia central, pero el presidente de Tayikistán ha advertido este lunes de que junto a sus fronteras hay movimientos del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), Al Qaeda y otras organizaciones terroristas.

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“Hasta ahora no se ha implementado la decisión de la CSTO de crear una lista única de organizaciones reconocidas como terroristas. Además, nos preocupa especialmente que no se haya adoptado un plan interestatal para fortalecer la frontera entre Tayikistán y Afganistán”, ha dicho Rahmon a sus socios. Tras la videoconferencia, el Kremlin ha asegurado en un comunicado que habrá “encuentros a todos los niveles” para abordar esta cuestión.

Por su parte, el presidente de Bielorrusia, Aleksandr Lukashenko, ha afirmado que lo vivido en Kazajistán esta semana es similar a lo que sucedió en su país tras las elecciones de 2020, cuando las manifestaciones contra el fraude electoral fueron duramente reprimidas. “Un análisis de los acontecimientos en Kazajstán muestra la presencia de un factor externo, un escenario reconocible. No hay necesidad de irse muy lejos para hacer analogías: Yugoslavia, Irak, Libia, Siria, Ucrania o Afganistán. No hace mucho tiempo, Bielorrusia experimentó un ataque combinado similar”, ha sostenido Lukashenko.

No obstante, el mandatario bielorruso también ha insinuado que las protestas de Kazajistán han podido ser promovidas desde dentro. “Detrás de todos los factores externos, uno debe ver los internos. Esta es una lección que aprendimos en Bielorrusia. Si no entendemos esto, si solo culpamos al factor externo, estos eventos pueden volver a repetirse”, ha dicho Lukashenko.

Precisamente esta crisis ha provocado un terremoto en las altas esferas de Kazajistán. El hasta ahora jefe de la inteligencia de Kazajistán, Karim Masimov, ha sido detenido bajo la acusación de cometer alta traición al Estado, y Tokáyev ha asumido el control del Consejo de Seguridad (responsable de todas las fuerzas de seguridad del país) tras relevar del cargo al expresidente Nursultán Nazarbáyev.

El histórico mandatario, que dirigió las riendas del país durante tres décadas hasta delegar sus funciones en su delfín Tokáyev en 2019, ha permanecido en silencio durante toda la crisis. Mientras se desarrollaba la videoconferencia, las agencias de prensa rusas han preguntado al portavoz de Putin si el líder ruso ha hablado con Nazarbáyev. “La coordinación ha requerido un contacto constante con el presidente Tokáyev”, ha respondido el portavoz de Putin, Dmitri Peskov, a quien le han insistido que aclarara si Putin y Nazarbáyev habían mantenido algún tipo de comunicación. “No tengo esa información”, ha agregado.

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