Por: Fernando Dorado. Para
quienes no conocen la estructura del Estado colombiano es difícil
comprender lo importante que es acceder a la presidencia de la
república. No es un asunto menor [1]. Por ello en este país la oligarquía y la casta política tradicional
no duda en hacer hasta lo imposible —fraude o asesinato— para evitar que
los sectores populares puedan elegir a uno de los suyos en ese cargo. Ellos saben que un ejercicio de ese tipo puede ser una válvula que
desencadene un movimiento social y político que ponga en peligro muchos
de sus privilegios históricos. Son conscientes del grado de pobreza,
desigualdad, inequidad e injusticia que existe en este país y temen que
un gobierno democrático sea rebasado o superado por una avalancha de
tipo popular.
No obstante, la actual dirigencia progresista sabe que los cambios
estructurales no se pueden realizar de un día para otro. Son conscientes
que el camino insurreccional nos llevaría a nuevas guerras, al bloqueo
imperialista y a la derrota. Y por ello, se plantean construir a mediano
plazo un futuro común con los trabajadores y pueblos latinoamericanos,
una economía productiva y sostenible (social y ambientalmente) y una
democracia participativa como instrumento político.
Es importante subrayar que en la mayor parte del territorio
colombiano subsiste una dominación colonial en donde los herederos de la
vieja aristocracia terrateniente y esclavista utilizan al Estado para
controlar a la población mediante una especie de clientelismo
burocrático, corrupto y mafioso, que interviene en todos los aspectos de
la vida económica, social, política y cultural de las gentes.
En las regiones donde el desarrollo capitalista ha reducido ese
control (Bogotá, Cali y otras ciudades), y en las zonas en donde las
comunidades campesinas, indígenas y afros han construido procesos de
organización popular (Nariño, Cauca, Putumayo, parte del Tolima, Huila y
Boyacá, etc.), se ha transitado por caminos de emancipación social. En
otras regiones, especialmente las golpeadas por las Farc, ese control se
mantiene, aunque se observan avances libertarios sustanciales.
Sin embargo, se debe señalar que la violencia ha sido la herramienta
preferida por la casta dominante colombiana para impedir el avance de
los trabajadores y los pueblos. Desde siempre esa oligarquía
terrateniente de origen esclavista (que hoy es una oligarquía financiera
transnacional) ha usado la provocación violenta para generar
alzamientos prematuros, para aislarlos y golpearlos, y así, ha
desaparecido a los dirigentes populares mediante la persecución y el
asesinato selectivo.
Lo hicieron durante la revolución comunera (1781), en los primeros
años de la guerra de independencia (1810-13), en la época de las
sociedades democráticas y la acción del general José María Melo (1854),
en los tiempos de la “guerra de los mil días” (1899-1902), durante las
huelgas “salvajes” de finales de la década de los años 20s del siglo XX
(masacre de las bananeras), y antes y después de asesinar a Jorge
Eliécer Gaitán (1948). Ha sido la constante en nuestra historia.
Hoy, luego de 70 años de conflicto armado, en donde esa oligarquía
consiguió instrumentalizar la acción de las guerrillas insurgentes para
impedir la organización y la acción masiva de los sectores populares, se
están presentando las condiciones para dar un salto de calidad,
emulando en parte a los pueblos latinoamericanos vecinos, pero a la vez,
tratando de superar esas experiencias con base en una serie de
acumulados históricos que es necesario valorar y precisar [2].
Por ello, la dirigencia progresista y de izquierda ha diseñado una
estrategia para acceder por vías pacíficas a la presidencia de la
república, establecer un “gobierno de transición” hacia la democracia y
la paz, e iniciar un proceso tranquilo y paciente de transformación de
la sociedad, que incluye el concepto del “buen vivir” o el “vivir
sabroso” que ha planteado Francia Márquez. “Convertir a Colombia en una
potencia mundial de la vida”, es su consigna principal.
Es indudable que hoy tenemos una extraordinaria dupla de dirigentes
que encarnan lo mejor de nuestro pueblo. Petro y Francia representan lo
más avanzado de los trabajadores, mujeres y jóvenes de nuestras ciudades
y de las comunidades campesinas, indígenas y negras, que han
desarrollado durante las últimas dos (2) décadas luchas sociales de gran
importancia regional y nacional [3]. Su propuesta programática recoge
esas causas y plantea las principales soluciones.
La coyuntura de la primera vuelta y cómo ampliar la coalición
En esta coyuntura el Pacto Histórico afronta un problema táctico.
Para derrotar al candidato “uribista-duquista” (Fico Gutiérrez) se
necesita sumar por lo menos 6 millones de nuevos electores con relación a
lo obtenido el 13 de marzo/22. Y, a pesar del extraordinario entusiasmo
y de la enorme mística que ha desatado la candidatura a la
vicepresidencia de Francia Márquez, todos son conscientes que para
obtener el triunfo en la 1ª vuelta se debe ampliar la coalición.
En ese sentido, aunque la mayoría de los dirigentes del Pacto
Histórico tienen claro que se deben hacer esfuerzos para obtener el
apoyo del Partido Liberal, no todos sus integrantes entienden la
importancia de esa tarea.
Es evidente que mientras César Gaviria sea su líder (expresidente que
implementó las políticas neoliberales en 1990), tendrán que hablar con
él y llegar a acuerdos. Es bueno tener en cuenta que una parte de los
senadores liberales elegidos y la mayoría de los representantes a la
Cámara liberales (electos) ya están con Petro, en parte, forzados por
las bases sociales o por su propia convicción, pero el significado de un
apoyo oficial es muy importante.
Las llamadas líneas rojas que ha colocado Gaviria no tocan en lo
esencial las reformas planteadas por el Pacto Histórico como son los
cambios a las EPS, fondos de pensiones privados, reforma tributaria
progresiva, industrialización del aparato productivo, etc. Además, no se
ha pensado impulsar una Constituyente debido a que la Carta Política de
1991 tiene un margen de desarrollo por vía legislativa, y menos se va a
proponer la reelección presidencial (que fue propuesta de Uribe), que
son asuntos que preocupan a algunos sectores del liberalismo.
Es más, hacer público esos posibles acuerdos -así Gaviria le saque el
cuerpo a la alianza- es beneficioso para el Pacto Histórico por cuanto
se envía un mensaje de tranquilidad a un conjunto de personas que
militan en diferentes partidos o que no militan en ningún partido pero
que pueden ser influenciados por las campañas engañosas y las mentiras
que utilizan los contradictores de Petro para meter miedo con base en
las supuestas pretensiones autoritarias y antidemocráticas del candidato
del Pacto [4].
Igualmente, llegar a acuerdos con los liberales no implica que el
Pacto Histórico se someta a la voluntad de sus aliados, pero si le
garantizaría una gobernabilidad suficiente a un eventual gobierno de
Petro. Lo principal que se debe entender es que un “gobierno de
transición” requiere de una gran convergencia política y social para
consolidar la paz, fortalecer la participación democrática, y avanzar
—con calma y tranquilidad— hacia los cambios que nuestro pueblo necesita
y requiere.
Es clave comprender que el hecho de buscar un acuerdo con esos
sectores “tradicionales” es también un mensaje público sobre el talante
democrático del Pacto Histórico y sus candidatos. Y no es un asunto
menor cuando los contradictores de derechas y guerreristas tratan de
posicionar la idea —como lo lograron hace 4 años (2018)— de que “Petro
es una amenaza para la democracia colombiana”, y ante la posibilidad
cada vez más cercana de su triunfo electoral, han iniciado una campaña
agresiva que incluye amenazas y llamados a “armarse” para defender la
libertad.
El triunfo del Pacto Histórico está cada vez más cerca pero su
dirigencia no puede dejarse provocar, aislar o tensionar. La alegría y
la creatividad que ha mostrado nuestra juventud en las movilizaciones
sociales debe seguir estando al frente de la campaña electoral como
garantía de victoria.
[1] El régimen “presidencialista” en Colombia le otorga un enorme poder a
quien lo ejerce, dado que tiene en sus manos una serie de herramientas
para colocar a los demás poderes (legislativo, judicial, público y
electoral) bajo su tutela. Los denominados “cupos indicativos” o cuotas
parlamentarias, le da una gran capacidad para cooptar a senadores y
representantes a la Cámara, y la forma como se eligen los magistrados,
fiscal, procurador, contralor, defensor del pueblo y otros órganos de
control, le permiten incidir en forma determinante en su selección,
elección y nombramiento.
[2] Existen acumulados organizativos entre las comunidades indígenas,
negras y campesinas, en sus luchas medio-ambientales y en defensa del
territorio; también están en construcción nuevos procesos de
organización entre los jóvenes, las mujeres, y los profesionales
precariados de las ciudades; y existen importantes experiencias
productivas entre los pequeños y medianos productores agropecuarios.
Además, el hecho de contar con una Constitución Política relativamente
avanzada, nos libra de caer en el “fetichismo de la Ley” y nos coloca en
la tarea práctica de combinar la institucionalidad existente (así sea
colonial y capitalista) con las acciones propias y concretas de la
gente.
[3] En 2008 la Minga Social y Comunitaria y el paro de los corteros de
caña; en 2011 y 2018, las grandes movilizaciones estudiantiles
universitarias; en 2013, el paro cafetero y el paro nacional agrario; en
2017, el paro cívico de Buenaventura y Quibdó; en 2019 y 2021, el paro
nacional contra la reforma tributaria que se convirtió en un verdadero
“estallido social” que impactó a todo el país durante varios meses. Y en
medio de estas luchas se han desarrollado innumerables luchas locales o
regionales por servicios públicos, contra los proyectos
minero-energéticos que degradan nuestra naturaleza, por sustitución de
cultivos de uso ilícito, y otra serie de causas particulares.
[4] Todos los medios de comunicación del “uribismo” (ej. Periódico
Debate) y la intervenciones del candidato Gutiérrez, plantean que
Gustavo Petro es “castrochavista”, comunista, “prorruso”, enemigo de la
democracia y demás embustes.
Correo Electrónico: ferdorado@gmail.com
Blog: https://aranandoelcieloyarandolatierra.blogspot.com/2022/04/lo-que-se-mueve-bajo-la-superficie.html#.Yk2-HXjMLIU