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El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, volvió este jueves a insistir en las críticas a la trayectoria de diferentes empresas españolas en México. Un día antes, el mandatario había resucitado una polémica que le acompaña desde el principio de la legislatura. Hace tres años exigió al Rey una disculpa por los excesos de la colonización, propiciando episodios de tensión diplomática. El miércoles, López Obrador aseguró que su Gobierno se va “a dar un tiempo” en las relaciones con España. Una ambigua declaración que ha matizado un día después: “No se habla de ruptura sino de una protesta fraterna”. El presidente de México volvió a poner sobre la mesa los nombres de firmas españolas como Iberdrola, OHL y Repsol, de las que dijo: “Abusaron de nuestro país y de nuestros pueblos”.

Las invectivas tuvieron como trasfondo de nuevo la reforma eléctrica, una de las medidas estrella de su Gobierno y que pretende fortalecer a la empresa estatal, la Comisión Federal de Electricidad (CFE), en detrimento de los inversores privados. Insistiendo en uno de sus argumentos más repetidos, el presidente apuntó durante su rueda de prensa diaria matutina, conocida como La Mañanera, que “durante los tiempos neoliberales, empresas españolas apoyadas por el poder político nos vieron como tierra de conquista. En cada sexenio había una empresa favorita del país”.

En sus declaraciones de este jueves también volvió a utilizar la fórmula del perdón. En 2019, a los pocos meses de llegar al poder, López Obrador envió una carta a Felipe VI exigiéndole que pidiese perdón por los abusos cometidos en la Conquista. Un reclamo que no fue atendido por la diplomacia española por los términos en que fue dirigido, y que el mandatario mexicano tomó muy a mal. El encontronazo fue el inicio de las tensiones diplomáticas entre ambos países.

“No es ruptura. Es una protesta respetuosa y fraterna. Vamos a serenar la relación. Que ya no se esté pensando que se va a saquear a México. Es una falta de respeto. Deberían ofrecer disculpas. No lo han hecho. No importa. Vamos a una etapa nueva”, añadió el mandatario. El jefe de la diplomacia española, José Manuel Albares, conversó con su homólogo mexicano, Marcelo Ebrard, la noche del miércoles después de haberse mostrado sorprendido por las declaraciones del presidente. Las relaciones diplomáticas habían seguido en los últimos meses los cauces habituales. Sobre todo tras la concesión del plácet al nuevo embajador de México en España, Quirino Ordaz, que llevaba más de cuatro meses pendiente. Una dilación que había provocado malestar en el Palacio Nacional de Ciudad de México.

López Obrador lanzó recados no solo a las empresas del sector de la energía o la construcción, algunas de sus dianas más habituales. Como hizo también el miércoles, extendió sus críticas al negocio bancario, hotelero y en general a toda empresa española con operaciones en México. Sobre Bancomer, la mayor filial del BBVA y el primer banco del país, comentó que un expresidente de la entidad lo acusó de ser un populista durante la campaña electoral. “El presidente del principal banco español y extranjero en México. Se sentían dueños del país. Ahora se sorprenden”.

A Iberdrola le acusó de llevar a cabo “una política de influyentismo” y señaló los supuestos intereses entre la energética española y los gobiernos anteriores, escenificados por las puertas giratorias entre el mundo de la política y las grandes empresas. El presidente mexicano censuró en concreto el fichaje de la exsecretaria de Energía durante el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012) y del propio expresidente como miembro del Consejo de administración.

“Iberdrola se convirtió en una especie de monopolio en México y recibió muchos privilegios. Nos han ofendido a los mexicanos”. La inversión de la empresa española en México ha ido progresivamente reduciéndose en el país durante los últimos años, en particular en el negocio de las renovables, penalizado por las políticas del Gobierno de López Obrador.

También hubo acusaciones a OHL como “la empresa favorita del sexenio pasado”, liderado por el priista Enrique Peña Nieto, sobre el que el cerco de la corrupción se ha estrechado tras la entrada en prisión de varios de sus hombres de confianza. La constructora, con mucha presencia en el Estado de México, la entidad más grande del país y uno de los pocos reductos del viejo PRI, estuvo envuelta en repetidas polémicas durante la legislatura pasada. En mayo de 2015, la publicación de una serie de escuchas telefónicas puso bajo sospecha a varios directivos de OHL México por corrupción y tratos de favor. La polémica desembocó en la dimisión “por motivos personales” del entonces presidente de la firma española, José Andrés de Oteyza.

España es, tras Estados Unidos, el país extranjero de mayor inversión en México, con unos 76.000 millones de dólares (más de 66.000 millones de euros), según datos publicados por la Secretaría de Economía para 2021, lo que representa alrededor de un 12% del total de la Inversión Extranjera Directa (IED), y la mitad son nuevas inversiones, aunque la relación comercial viene consolidándose desde hace décadas. Bancos y telefonías son las carteras más notables, aunque hay una gran industria turística de firma española. Hasta 6.856 empresas presentan inversión extranjera hacia México.

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Los ataques a autoridades, empresas y figuras españolas por parte del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, culminaron este miércoles con la petición de hacer una “pausa” en sus relaciones con España, sin terminar de concretar de qué se trataba esa pausa. Desde que llegó al poder a finales 2018, López Obrador ha hecho de las empresas españolas el blanco de críticas y acusaciones durante sus conferencias de prensa diarias, señalándolas de haber firmado contratos abusivos con administraciones pasadas y bajo conflictos de interés. No obstante, el Gobierno de México no ha llevado ningún caso o denuncia ante la justicia.

Las declaraciones de este miércoles cubrieron de incertidumbre unos 70.000 millones de dólares en inversión y miles de empleos: España es el segundo inversor más grande en México después de Estados Unidos. El BBVA es el primer banco del país, seguido por el Santander. Iberdrola y Gas Natural Fenosa generaban, hasta 2018, más del 20% de la electricidad del país. Telefónica es el segundo operador de telefonía móvil en México, con más del 20% del mercado. La Caixa tiene un 9% de participación en Inbursa, el banco del magnate Carlos Slim. Sus inversiones, junto con el de unas 170 empresas españolas más, necesitan del respaldo de las instituciones diplomáticas, coinciden los analistas.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, asiste a una recreación de «La Marcha de la Lealtad» en la Ciudad de México,Foto: ALFREDO ESTRELLA (AFP) | Vídeo: EPV

“Parece poco prudente arriesgar nuestra estabilidad diplomática con España y poner en duda sus inversiones en el país, particularmente en un momento en el que estamos intentando impulsar una recuperación económica” dice Ana Bertha Gutiérrez, encargada del análisis de Comercio Exterior y de Mercado Laboral en el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). “Este motor de la inversión es fundamental para el crecimiento económico, para la creación de empleos y, por ende, para mejorar las condiciones de vida de la población”, agrega.

El 4 de febrero, la Cámara Española de Comercio (Camescom) publicó una serie de datos que sugieren que los inversores españoles han resistido, hasta ahora, la hostil retórica de López Obrador. En los primeros nueve meses de 2021, empresas españolas habían invertido 76.000 millones de dólares, lo que representa el 12% de los flujos al país latinoamericano. “En 2020, la inversión extranjera directa (IED) global recibida por México cayó un 19%”, dice el comunicado publicado por Camescom, “sin embargo, en este periodo, la inversión procedente de España solamente disminuyó un 1%”. La disminución sí se ha visto reflejada en el número de empresas españolas que trajeron su capital al país: de las 416 registradas por la Secretaría de Economía en 2018, solo 178 quedaron el año pasado, es decir, una caída de 57%.

“México tiene, no solo un tratado de libre comercio con España, vía el tratado con la Unión Europea, sino también acuerdos de protección de inversiones con el país”, asegura Juan Carlos Baker, negociador de múltiples tratados de libre comercio para México y exfuncionario de la Secretaría de Economía. “Este tipo de cosas no abonan a la relación bilateral y de negocios entre México y España. Está muy documentado que las empresas españolas resienten el trato que se les ha dado, los señalamientos también”, dice Baker. “Me parece que [el presidente] está dejando claro que las inversiones y las operaciones de este país no son vistas con los mejores ojos, lo que es preocupante, porque lo que necesita el país es inversión, crecimiento, atraer proyectos que están buscando donde alojarse por el nearshoring y otra series de fenómenos”.

Para empresas de energía renovable, los primeros tres años del sexenio de López Obrador han sido particularmente duros. El presidente ha hecho de Iberdrola un blanco constante de ataques, criticando que el expresidente Felipe Calderón se haya unido al Consejo de Administración después de terminar su mandato. El regulador del sector, la Comisión Reguladora de Energía (CRE), ha frenado además la renovación de licencias y permisos en un intento por limitar la participación privada. El Gobierno también canceló las subastas de energía eólica y solar programadas como parte de la reforma energética.

De la mano de la empresa del Estado, la Comisión Federal de Electricidad (CFE), López Obrador ha enviado varias iniciativas de ley que revertirían la reforma de su antecesor, Enrique Peña Nieto, que abrió el mercado a empresas privadas. La última iniciativa, una propuesta reforma al sector eléctrico, propone otorgarle a CFE un monopolio con el 54% del mercado, y cancelar contratos en energías renovables. La propuesta ha sido controvertida y ha encendido el aparato diplomático de EE UU, país que considera que la reforma “promueve el uso de tecnologías más sucias, anticuadas y caras sobre alternativas renovables eficientes”.

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El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha asegurado este miércoles que su Gobierno se va “a dar un tiempo” en las relaciones con España. “Una pausa para respetarnos y que no nos vean como tierra de conquista. Queremos tener buenas relaciones con todos los gobiernos del mundo, pero no queremos que nos roben, así como los españoles no quieren que les roben de ningún país. Y hacen bien. Pues tampoco queremos nosotros”.

Durante su conferencia diaria, conocida como La Mañanera, López Obrador comentaba aspectos de la reforma energética cuando se ha referido a las relaciones con España y ha cargado contra varias empresas. “A mí me gustaría que hasta nos tardáramos en que se normalizaran [las relaciones]. Creo que nos va a convenir a los mexicanos y a los españoles. Desde luego al pueblo de México y al pueblo de España”, ha dicho, para después continuar: “Era un contubernio de arriba, una promiscuidad económica, política, en la cúpula de los gobiernos de México y de España, pero como durante tres sexenios seguidos. Y México se llevaba la peor parte, nos saqueaban. Entonces, vale más darnos un tiempo, una pausa, a lo mejor ya cuando cambie el Gobierno ya se establecen las relaciones. Yo desearía que cuando no esté aquí no sean igual a como eran antes”, ha continuado el presidente mexicano, quien ha puesto el foco en sus antecesores: “[Felipe] Calderón tenía a Repsol, Iberdrola viene de [Vicente] Fox”.

Sorpresa por unas declaraciones “inexplicables”

El jefe de la diplomacia española, José Manuel Albares, se ha mostrado sorprendido por las declaraciones del presidente mexicano. Preguntado en Lyon (Francia), donde asiste a una reunión de ministros europeos, Albares ha alegado que estaba verificando cuáles habían sido exactamente las palabras de López Obrador y ha subrayado que debieron producirse en un contexto informal y a preguntas de los periodistas, pues México no ha hecho pública ninguna nota oficial ni el Gobierno español ha recibido ninguna comunicación al respecto, por lo que habría que preguntar al presidente mexicano qué ha querido decir, informa Miguel González.

No obstante, ha expresado su “sorpresa” por unas declaraciones que, a su juicio, se contradicen con las realizadas hace una semana por el propio López Obrador y con lo que le dijo su homólogo mexicano, Marcelo Ebrard, con quien tuvo un “encuentro cordial” el pasado día 27 de enero en Tegucigalpa, donde ambos coincidieron en la toma de posesión de la nueva presidenta hondureña, Xiomara Castro. En Honduras, Albares comunicó a Ebrard la concesión del plácet al nuevo embajador de su país en España, Quirino Ordaz, que llevaba cuatro meses pendiente, lo que este agradeció públicamente.

El ministro español de Asuntos Exteriores ha subrayado que “la relación entre España y México es una relación estratégica que va más allá de declaraciones súbitas o palabras puntuales” y que, lejos de estar en pausa, el flujo de inversiones en ambas direcciones no han hecho más que crecer en los últimos años y es obligación de ambos gobiernos acompañar estas relaciones empresariales. En un tono más firme, ha añadido que “el Gobierno español no ha hecho ninguna acción que pueda justificar una acción de este tipo” y que lo que hará, en todo caso, “es defender los intereses de España en cualquier circunstancia y ante cualquier país”.

Las declaraciones de este miércoles en La Mañanera vuelven a tensar las relaciones con España, marcadas por la carta que en 2019 envió el presidente mexicano a Felipe VI exigiéndole que pidiese perdón por los abusos cometidos en la Conquista, un reclamo que no fue atendido por la diplomacia española por los términos en que fue dirigido, y que el mandatario mexicano tomó muy a mal.

Más allá de la misiva, durante los tres años que lleva en el poder López Obrador ha lanzado desde su conferencia diaria duros ataques a diversas empresas españolas, especialmente a las energéticas. Cada vez que el presidente mexicano trae a colación los antiguos negocios de algunas compañías, como Iberdrola o Repsol, con anteriores gobiernos, el discurso se enturbia y las relaciones diplomáticas parecen agrietarse. El presidente se duele una y otra vez de los negocios que hicieron las grandes firmas energéticas y turísticas en territorio mexicano con el concurso de presidentes como Calderón, Fox y otros. “Estaban acomplejados, fascinados con la Monarquía”, ha dicho este miércoles. Y ha tenido, como siempre, palabras laudatorias hacia el pueblo español, “que merece todo el respeto”. “Es un pueblo trabajador, bueno, extraordinario”, ha añadido.

En un mensaje críptico, el presidente mexicano ha hablado de “esperar”, de “ir despacio” con la diplomacia española. “Nos conviene darnos un tiempo por lo que sucedió”, en referencia a las relaciones comerciales entre las multinacionales españolas y la petrolera estatal mexicana, Pemex, por ejemplo, donde el presidente ha relatado algunos pésimos negocios en los que la estatal salió con muchas pérdidas. Preguntado por la prensa sobre qué implicaban sus palabras exactamente respecto a la relación con España, ha dicho: “Es solo un comentario, una plática aquí, una conversación. ¿Que ya no puedo hacer comentarios?”, ha sonreído. Y ha añadido que cuenta todos esos detalles para que la población mexicana conozca lo ocurrido en los sexenios que le han precedido. Pero ha negado tomar ninguna medida formal: “No, no, eso no se puede hacer, imáginese los internacionalistas, los diplomáticos, si de por sí me cuestionan porque soy de Tepetitán, un aldeano…”

“No confundir gobiernos con nación”, ha señalado el presidente. “Esto es cosa de los de arriba, de las cúpulas económicas y políticas, que son lo mismo, están mezcladas”. Y de nuevo ha evidenciado la buena relación de México con el pueblo español “perseguido por el franquismo”, los miles de republicanos que llegaron amparados por las medidas de acogida del expresidente Lázaro Cárdenas: “Vino gente preparada que contribuyó al desarrollo del país y que tienen nuestro respeto, también los españoles de allá”.

Con el nuevo embajador Quirino Ordaz, López Obrador habló de calmar las aguas y restaurar las buenas relaciones con España. Pero la dilación del Gobierno español para dar el plácet al diplomático enrareció el ambiente. Cinco meses tardó el Ministerio de Asuntos Exteriores español en aceptar a Ordaz, un antiguo priista cuyo nombramiento también ha traído conflictos en la política interna de México. Finalmente, Exteriores confirmó el nombramiento y el canciller mexicano habló de los “buenos oficios y simpatías por México” del ministro José Manuel Albares.

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