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El departamento colombiano del Putumayo, fronterizo con Ecuador y Perú y escenario de algunos de los episodios más violentos del conflicto armado, sigue desangrándose cinco años después del acuerdo de paz, con dos firmantes asesinados en menos de una semana. EFE/ Carlos Ortega
El departamento colombiano del Putumayo, fronterizo con Ecuador y Perú y escenario de algunos de los episodios más violentos del conflicto armado, sigue desangrándose cinco años después del acuerdo de paz, con dos firmantes asesinados en menos de una semana. EFE/ Carlos OrtegaCarlos Ortega (EFE)

Colombia ha vuelto a los altos niveles de violencia y violaciones de derechos humanos de 2014. La representante de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Juliette de Riveros, ha asegurado este jueves que desde hace ocho años “no se presentaban cifras tan altas de masacres en el territorio”. “Creemos que es una prioridad atender la situación de violencia”, ha añadido. En la entrega del informe anual, el último que recibirá el Gobierno de Iván Duque, la oficina de la ONU ha dado una cifra alarmante. En 2021, la ONU recibió información de 100 casos de posibles masacres y logró verificar 78, cuatro más que las 74 matanzas que ocurrieron en 2020.

“En las 78 masacres verificadas se han registrado 292 víctimas (32 mujeres, 15 niños, cinco niñas y 13 personas pertenecientes a pueblos étnicos: siete indígenas y seis afrocolombianos). Los departamentos más afectados son Antioquia, Cauca, Nariño y Valle del Cauca”, dice el documento presentado este jueves. El informe analiza la situación de seguridad cinco años después del acuerdo entre el Estado y la extinta guerrilla de las FARC, además de los avances y retrocesos del proceso de paz.

Más allá de las masacres, que el Gobierno llama homicidios colectivos, la ONU alerta por el incesante asesinato de líderes sociales que se dieron en 28 de los 32 departamentos del país. “Recibimos 202 alegaciones de homicidios de personas defensoras de derechos humanos, de las cuales se verificó que en 100 existía un vínculo entre su muerte y su labor en defensa de los derechos humanos y 102 resultaron no concluyentes”, señala el informe.

Los líderes sociales viven bajo amenaza. La ONU constató la información sobre 1.116 agresiones e intimidaciones a defensores de derechos humanos. Los más afectados siguen siendo aquellos que defienden la tierra, el acuerdo de paz y la sustitución de cultivos de uso ilícito. Si bien son los grupos armados quienes más agreden a los líderes, la ONU también documentó casos en los cuales “agentes del estado” se sumaron a la estigmatización. “Eso podría tener como fin deslegitimar la labor de las personas defensoras, generar temor y silenciarlas”.

Aumenta el desplazamiento

El organismo también llamó la atención sobre el aumento de los desplazados. Mientras en 2020 hubo 26.291 personas que tuvieron que huir de sus casas por los grupos armados, entre enero y noviembre de 2021 fueron 72.388. Además, destacan que los combates o la presencia de minas antipersonales obligaron a confinarse a 57.787 personas en sus comunidades.

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La degradación de la seguridad ocurrió principalmente en las zonas rurales del país, pero también llama la atención la situación en centros urbanos como Quibdó, la capital del Chocó. “Datos de la Policía revelan que en 2021 el número general de homicidios se incrementó en un 9.5% respecto del 2020″.

La respuesta del Gobierno de militarizar las zonas donde ocurren este tipo de violaciones no ha hecho efecto. “En varias regiones hemos observado que la creciente presencia de la Fuerza Pública no ha logrado revertir la multiplicación y expansión y virulencia de los grupos armados no estatales”, sostiene el documento.

Al final del jueves el Gobierno ha respondido al informe a través de un comunicado. Asegura que la Fuerza Pública sí ha atacado a las organizaciones criminales y “se han capturado 570 integrantes de estas organizaciones. Asimismo, el sector defensa ha atendido de manera inmediata los eventos de desplazamiento forzado con toda la capacidad de las Fuerzas Militares y Policía Nacional, garantizando las condiciones para el retorno de las comunidades afectadas”.

Riveros destacó que los resultados más importantes de los cinco años del acuerdo de paz tiene que ver con la desmovilización de al menos 13.000 excombatientes, la creación del partido político Comunes, “el balance positivo” de la Jurisdicción Especial para la Paz, la Unidad de Búsqueda para los Desaparecidos y la Comisión de la Verdad. “Además de la creación de las 16 curules para la paz”, añadió. Sin embargo, señaló que son preocupantes los homicidios de excombatientes de las FARC. A cinco años del acuerdo han sido asesinados 303 exguerrilleros, de acuerdo con la Misión de Verificación del proceso de paz.

La intimidación a la protesta social, un tema que esta oficina ya había abordado en diciembre pasado, volvió a aparecer en el documento anual. En ese momento la ONU responsabilizó a la policía de al menos 28 muertes durante las protestas del año pasado. “Hay razones fundadas para sostener que se habrían cometido graves violaciones a los derechos humanos, tales como privaciones arbitrarias de la vida y violaciones a la integridad y seguridad personal, derivadas del uso innecesario o desproporcionado de la fuerza; detenciones arbitrarias; violencia sexual y de género; y actos de discriminación y racismo”, concluyeron en ese momento.

En el actual informe amplían esa información y señalan casos de “privaciones arbitrarias de la vida” por parte de la Fuerza Pública. Recibieron 100 denuncias y verificaron 54 casos. “En 44 casos se observó la presunta responsabilidad de la Policía Nacional, en cinco de integrantes las fuerzas militares y en dos del Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía fuera de servicio. Y tres casos en operaciones conjuntas entre las fuerzas militares y la Policía Nacional”, denunció la representante, que insistió en la necesidad de que la Policía salga de la órbita del Ministerio de Defensa y pase al del Interior.

A través del consejero para los Derechos Humanos, Jefferson Mena, el gobierno insistió que “los causantes de violar los derechos humanos de los colombianos son los grupos criminales, que luchan por el control de las economías ilícitas, ellos son los que afectan los derechos fundamentales de los ciudadanos en algunas regiones del territorio nacional”.:

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En su célebre El hombre, el Estado y la guerra de 1959, Kenneth Waltz estableció tres niveles de análisis para entender las causas de los conflictos internacionales. Los dos primeros, el individuo y el Estado, sirven para comprender por qué se adoptan políticas exteriores agresivas: bien por razón de la naturaleza humana (el hombre es un lobo para el hombre, según Hobbes), bien por los intereses de los estados, que compiten por sobrevivir. El tercer nivel, el sistémico, deriva de la arquitectura anárquica del orden internacional, es decir, no hay un gobierno mundial que fomente las relaciones pacíficas entre estados.

Hoy la geopolítica recobra toda su importancia y el Kremlin amenaza con invadir a Ucrania y poner a prueba la arquitectura de seguridad europea. Aumentan las posibilidades de conflicto entre grandes potencias y el mundo teme niveles de inestabilidad inauditos desde el fin de la Guerra Fría. Solo Putin conoce sus verdaderas intenciones.

El tercer nivel de Waltz, el sistema internacional, se caracteriza al mismo tiempo por un aumento de la conflictividad entre grandes potencias y por la interdependencia entre ellas. Por un lado, Rusia y China adoptan una política exterior crecientemente agresiva hacia su vecindario y configuran el mundo en torno a esferas de influencia. Así, aumentan las posibilidades de conflicto en las líneas de falla entre bloques, en lugares como Ucrania o Taiwán. Por otro, las conexiones comerciales, tecnológicas, energéticas e incluso humanas entre potencias revelan un alto grado de interdependencia, lo que debería dar margen a la diplomacia y a la negociación para evitar conflictos de consecuencias devastadoras. El sistema internacional actual es más propenso al conflicto, pero las guerras resultan altamente costosas para todos.

En el nivel del Estado, la incertidumbre no es menor. Putin es consciente del efecto devastador que tendrían los paquetes de sanciones de los Estados Unidos y la Unión Europea sobre la economía rusa. También de su impacto en la población y del aislamiento internacional que acarrearía la invasión de Ucrania. Sin embargo, Putin parece también dispuesto a explotar la dependencia de Europa del gas ruso y a hacer valer su condición de víctima respecto al “expansionismo occidental”. No es descartable que al Kremlin le convenga consolidar un estado de amenaza permanente con el fin de desestabilizar y ahondar en los conflictos híbridos, los ciberataques y la desinformación.

Finalmente, el nivel del individuo puede acabar siendo el más determinante. A juzgar por sus declaraciones, Putin parece haber entrado en una fase obsesiva que lo conduciría a reaccionar según sus miedos, mentiras o propaganda. Dentro del país solo percibe “agentes extranjeros” y fuera de él, aliados del imperialismo occidental, que amenazan a Rusia y a su área de interés vital. La irracionalidad de líderes autocráticos hace aumentar las posibilidades de conflicto en Ucrania y teorías como las de Kenneth Waltz, gestadas durante la Guerra Fría, vuelven a estar al orden del día.



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El hambre sigue cobrando vidas: dos niños murieron por los altos niveles de desnutrición

Se trata de dos pequeñas de 9 y 16 meses de nacidas. La falta de acceso y la vulneración de derechos cada vez más sigue cobrando vidas.

Noticias Colombia

Un nuevo y trágico hecho contra la niñez se sigue presentando en La Guajira, luego de que dos niñas murieran por causa de desnutrición.

Así lo indicó el representante de la ONG Nación Wayúu, José Silva Duarte, tras confirmar que fueron dos los casos que se han registrado en el mes de enero.

El primer caso de muerte a causa de la desnutrición en el 2022 fue el 8 de enero y se trató de un bebé de nueve meses de nacido.

Mientras que el segundo caso correspondió a una bebé de 16 meses de nacida que murió cerca de las nueve de la mañana.

De acuerdo con lo reportado, la madre de una de las menores ante el difícil acceso a estas zonas, no pudo recibir la atención que debía ser brindada a su hija.

Alerta por desnutrición

Por esta razón, desde la ONG emitieron una alerta a las autoridades para que intervengan y cumplan de una vez con la Sentencia T-203 de 2017 a favor de la comunidad.

Voceros señalaron que estos hechos se convertirían en los primeros casos registrados en lo corrido de 2022, demostrando la vulneración a los derechos fundamentales hacia esta población.

“hay una grave vulneración a unos derechos fundamentales, hacia la población indígena infantil, que requiere una protección especial y que fueron establecidos a través de la SetenciaT-302, pero que hasta el momento se encuentra en desacato», afirmaron.

También agregó que, la atención que ha recibido la población infante de estas comunidades ha sido muy poca para lo realmente necesario.

“Estos niños se encuentran a merced del hambre y desnutrición y prueba de ello es que en menos de 15 días ya van dos fallecimientos a causa de esta grave situación”, manifestó.

Según las cifras del Instituto Nacional de Salud en 2021, fallecieron 38 niñas y niños Wayúu menores de cinco años, a casusa de hambre y sed.





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