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Foto Conmebol

Cortesía La Táctica
@ciroeltactico
Especial para Cali Buenas Noticias

Por la fecha 1 del Grupo E de la Copa Conmebol Libertadores 2022, Deportivo Cali recibió a Boca Juniors de Argentina un rival siempre complicado y de jerarquía. Para sorpresa del mundo futbolístico, los ‘azucareros’ dirigidos por Rafael Dudamel se impusieron con goles de Guillermo Burdisso y Jhon Vásquez.

En la primera parte del duelo entre colombianos y argentinos, el ‘Xeneize’de entrada impuso condiciones. La pelota y el control del juego fueron señas de identidad de los de Battaglia. Sin embargo, Boca no pudo romper el cero a pesar de las situaciones de ‘Changuito’ Zeballos y el ‘Pipa’ Benedetto.

A medida que pasaban los minutos Cali se sintió mejor. ‘Teo’, faro y luz para los de Dudamel en momentos de crisis empezó a jugar bien al fútbol. Un pase al espacio dejó solo a Yony González, previa pifia del portero Agustín Rossi y aunque el ’11’ falló en la definición, el ‘verdiblanco’se dio cuenta que el cuadro argentino era frágil.

Advíncula y Fabra generaron fútbol por los costados y el pibe Zeballos, le ponía ganas pero el peso ofensivo de Boca no se traducía en goles. En la última jugada de los primeros cuarenta y cinco minutos, Enrique Camargo probó al arco de Rossi y el argentino tuvo que exigirse para evitar la caída de su arco.

Para el complemento, con un juego inteligente y haciendo su fútbol, Cali se apoderó de la pelota. En cambio, Boca lució impreciso, con errores individuales y falto de seguridad. Este último aspecto llenó de confianza a la escuadra ‘azucarera’.

Al minuto 70′ y tras un falta sobre Kevin Velasco, el mismo afectado lanzó la pelota y en el cabezazo anticipando a toda la defensa boquense, apareció Guillermo Burdisso en un capítulo más de la interminable ‘ley del ex’ para llenar de júbilo las tribunas verdiblancas en Palmaseca. 1-0 Cali vencía al todo poderoso Boca Juniors de Argentina.

El vigente campeón de Colombia no se conformó con la mínima ventaja y al 81′, nuevamente de los pies de Velasco, quién encaró a Figal, tiró un centro atrás para que Jhon Vásquez de zurda venciera a Rossi y pusiera el 2-0 final a nueve minutos para el pitazo definitivo. Lo ganaba bien el partido el Cali.

El cuadro azul y oro tuvo el descuento con un remate cruzado de Luis Advíncula que dio en el palo al 85′, pero la suerte no estaba del lado del seis veces campeón de Copa Libertadores de América.

Al 90′, Vuletich peleó en el área una pelota con Ávila y Vásquez quién recuperó el esférico, definió alto y de zurda en lo que pudo ser el tercero y la goleada verdiblancas.

Gran triunfo del Deportivo Cali que se sacude del flojo comienzo en la liga colombiana y afronta con determinación el torneo continental. En la próxima jornada enfrentará a Corinthians de Brasil como visitante, mientras que Boca Juniors se medirá al Always Ready, en juegos correspondientes a la fecha 2 del Grupo E de la Copa Conmebol Libertadores 2022.

Datos:

Escenario: Estadio Deportivo Cali.

Asistencia: 20000 espectadores.

Árbitro: Jesús Valenzuela (VEN).

Deportivo Cali 1-4-2-3-1: Guillermo De Amores; Aldair Gutiérrez, Guillermo Burdisso, Jorge Marsiglia, Christian Mafla; Jimmy Congo, Enrique Camargo; Jhon Vásquez, Teófilo Gutiérrez, Kevin Velasco y Ángelo Rodríguez.

Sustituciones: Jhon Vásquez por Yony González 58′, Agustín Vuletich por Ángelo Rodríguez 68′, Carlos Robles por Enrique Camargo 77′, José Caldera por Christian Mafla 77′.

DT: Rafael Dudamel.

Club Atlético Boca Juniors 1-4-2-2-2: Agustín Rossi; Luis Advíncula, Carlos Zambrano, Gastón Ávila, Frank Fabra; Cristian Medina, Jorman Campuzano; Juan Ramírez, Óscar Romero; Exequiel Zeballos, Darío Benedetto.

Sustituciones: Jorge Figal por Carlos Zambrano 43′, Alan Varela por Juan Ramírez 59′, Eduardo Salvio por Cristian Medina 85′, Nicolás Orsini por Exequiel Zeballos 85′.

DT: Sebastián Battaglia.

Tarjetas Amarillas: Jorge Marsiglia 28′, Guillermo Burdisso 37′ (Cali). Darío Benedetto 45+1′, Cristian Medina 69′, Jorman Campuzano 90′ (Boca).

Tarjetas Rojas: No hubo.

El próximo 13 de abril el Cali visitará al Corinthias en Sao Pablo.

Escuche el comentario del partido
Por Ismael Hurtado Cardozo
Abogado periodista CNP-ACORD-AIPS


El primer ministro de Israel, Naftali Bennett (derecha) y el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, este domingo en Jerusalén.
El primer ministro de Israel, Naftali Bennett (derecha) y el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, este domingo en Jerusalén.ABIR SULTAN (AFP)

Los Acuerdos de Abraham de 2020 para la normalización de relaciones entre Israel y varios países árabes empiezan a dar frutos. Los ministros de Exteriores de Emiratos Árabes Unidos (EAU), Baréin, Marruecos y Egipto se reúnen este domingo en un kibutz (granja colectiva) del sur de Israel con el jefe de la diplomacia israelí, Yair Lapid, y el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, quien ha iniciado una gira diplomática por Oriente Próximo y el Magreb. El cónclave sin precedentes, que se prolongará hasta el lunes en un lujoso hotel del desierto del Negev, viene marcado por la inquietud que suscita en la región la reactivación del acuerdo nuclear con Irán, suscrito por Washington en 2015 y suspendido tres años después bajo la presidencia del republicano Donal Trump, que la Administración del demócrata Joe Biden se dispone a pactar con Teherán.

Blinken se ha apresurado a garantizar en un primer encuentro bilateral en Jerusalén con el israelí Lapid el “compromiso inquebrantable” de Washington para impedir que Irán se dote del arma atómica y a hacer frente a sus amenazas. El secretario de Estado aseguró que el regreso al acuerdo de 2015 “es la mejor manera de volver poner bajo control el programa nuclear de Irán”.

La Administración de Biden se desentendió en un principio de los Acuerdos de Abraham suscritos en el tramo final de la presidencia de Trump —gracias a la mediación de la Casa Blanca— por el Estado judío con Emiratos, Baréin, Marruecos y Sudán. Ahora trata de sacar partido, empero, de la normalización de relaciones diplomáticas de Israel con países con los que estuvo enfrentado a causa del conflicto palestino. Blinken anunció a Lapid en una conferencia de prensa conjunta que Washington confiaba en “atraer a otros Estados” a los Acuerdos de Abraham.

Para Israel, el establecimiento de estrechas relaciones de cooperación económica y militar con países árabes sin vincularlo al reconocimiento de un Estado palestino –como prevé el plan de paz saudí, aprobado por la Liga Árabe en 2002– representa la culminación de una estrategia diplomática de décadas. El ministro Lapid no ha vacilado en tildar de “histórico” el cónclave. La amenaza compartida con los israelíes que representa el despliegue regional de Irán y sus aliados chiíes —como la milicia libanesa de Hezbolá y los rebeldes hutíes de Yemen— ha relegado la cuestión palestina a segundo plano en las cancillerías de los países suníes.

El secretario de Estado fue recibido también por el primer ministro israelí, Naftali Bennett, quien está actuando como intermediario entre los presidentes de Rusia, Vladímir Putin, y Ucrania, Volodímir Zelenski, “en estrecha coordinación” con EE UU, aseguró Blinken. Washington busca en Oriente Próximo el respaldo a las posiciones occidentales en la guerra de Ucrania tras no haber logrado que Israel y los países del Golfo secundasen las sanciones económicas a Rusia, que cuenta un una importante presencia militar en Siria. Bennett mantuvo su reserva sobre su papel mediador entre Moscú y Kiev, pero fue mucho más explícito al expresar la preocupación de Israel o sus socios árabes ante “la intención [de Washington] de sacar de la lista de organizaciones terroristas al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán”, como consecuencia del acuerdo nuclear con Irán.

En Jerusalén, Blinken se limitó a reclamar a Israel la “mejora tangible de las condiciones de vida” de los palestinos de Cisjordania y la franja de Gaza y a invocar, como cláusula de estilo, “el objetivo de alcanzar una solución negociada basada en dos Estados”. Pero instó, además, al Gobierno israelí a evitar medidas que puedan disparar la tensión, como frenar la expansión de los asentamientos y la violencia de los colonos hacia los palestinos y detener los desalojos de viviendas palestinas en Jerusalén Este. Posteriormente, se trasladó a la cercana Ramala, sede administrativa de la Autoridad Palestina, para entrevistarse con el presidente Mahmud Abbas y reunirse con representantes de la sociedad civil palestina.

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El Departamento de Estado ha recalcado que el jefe de la diplomacia estadounidense reitera el compromiso de su país “con la solución de los dos Estados”, informa María Antonia Sánchez-Vallejo. En la página web del Departamento que dirige Blinken se publicó el sábado un memorando sobre la ayuda prestada a los palestinos. Desde abril de 2021, Washington ha proporcionado más de 500 millones de dólares (457 millones de euros), incluidos más de 417 millones en asistencia humanitaria para la agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA, por sus siglas en inglés). La última guerra en la franja de Gaza, en mayo pasado, obligó al presidente Biden a reescribir su hoja de ruta hacia Israel para impulsar la reconstrucción del enclave palestino.

En otro memorando relativo a la relación bilateral con Israel, el Departamento de Estado recuerda que el vínculo nunca ha sido más fuerte que ahora, como demuestra, entre otros asuntos, el claro apoyo de Washington a los Acuerdos de Abraham y la ayuda de 1.000 millones de dólares concedida para recargar con cohetes interceptores del sistema antimisiles Cúpula de Hierro. EE UU ha ido dejando progresivamente de ejercer como potencia hegemónica en Oriente Próximo para centrarse en la rivalidad con China, en el Pacífico, y ahora con Rusia, en Europa. La gira de Blinken parece rectificar en parte esta deriva.

Ausencia de la cuestión palestina en el cónclave

Jordania, que mantiene relaciones con el Estado judío desde 1994, no tiene previsto asistir al cónclave del desierto del Negev, a pesar de que la diplomacia israelí le ha sugerido participar, según informa la prensa hebrea. El ministro de Exteriores jordano acompañará el lunes, sin embargo, al rey Abdalá II en su anunciada visita a Ramala para reunirse con el rais Abbas. La mitad de la población jordana es de origen palestino, y el Gobierno de Amán suele actuar con mucho tiento en una materia que es considerada como un asunto interno. Al igual que EE UU, Jordania trata de impedir que se dispare la tensión en los territorios palestinos ante el próximo inicio del Ramadán en abril. La escalada de la violencia —en Jerusalén Este en particular— dio paso hace un año a un conflicto armado entre Israel y las milicias islamistas de Gaza.

La efervescencia diplomática que vive Oriente Próximo en los últimos días es patente. El pasado martes se dieron cita en Sharm el Sheij, en la península del Sinaí, el presidente de Egipto, Abdelfatá al Sisi; el primer ministro de Israel, Naftali Bennett, y el gobernante de facto de Emiratos Árabes Unidos, el príncipe Mohamed Bin Zayed. Al Sisi y Bin Zayed volvieron a reunirse del viernes, esta vez con el rey Abdalá y el primer ministro iraquí, Mustafá al Kadhemi, en la ciudad jordana de Áqaba, también a orillas del mar Rojo. Un comunicado oficial calificó de “consultivo” el encuentro. Simbolizaba un espaldarazo a Jordania frente a las presiones de Israel y EE UU, aireadas por la prensa hebrea, para que acudiera este domingo al cónclave del kibutz de Sde Boker, donde se halla la tumba de David Ben Gurion, primer jefe de Gobierno del Estado judío.

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Foto Alcakdía de Cali

El Sistema de Alertas Tempranas Inteligentes y Comunitarias-Satic de la Alcaldía de Cali, activó el viernes (25.03.2022) la alarma ubicada en el corregimiento de Villacarmelo, tras un aumento de nivel y cambio de color del río Meléndez.

De acuerdo con Srahyrlandy Rocío Díaz, geógrafa de la Secretaría de Gestión del Riesgo de Emergencias y Desastres, se hizo esta activación como parte de las labores de prevención durante la actual temporada de lluvias que se vive en el territorio.

“Hemos activado la alarma del Satic ubicada en el sector de La Fonda, corregimiento de Villacarmelo. Debido al comportamiento de las lluvias y tras el reporte de nuestros sensores humanos, quienes hacen verificación en sitio de las condiciones, se pudo identificar un aumento en el nivel del río Meléndez, cambios en su coloración, así como aumento del caudal”, explicó la funcionaria.

Según Díaz, en articulación con el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali, se emitió una alerta sonora mediante la activación de la alarma en el mencionado sector, como una medida de prevención y precaución, mientras el nivel del río se restablecía en su normalidad.

Cabe recordar que el territorio cuenta actualmente con 21 alarmas del Sistema de Alertas Tempranas Inteligentes y Comunitarias-Satic. La comunidad apoyó el proceso de ubicación de dichas alarmas y hace lo propio en su funcionamiento. “El objetivo es tener una comunicación bidireccional en la emisión de alertas tempranas comunitarias, como la ocurrida el viernes en Villacarmelo”, resaltó la geógrafa Srahyrlandy Rocío Diaz.

El secretario de Gestión del Riesgo, Rodrigo Zamorano Sanclemente, entregó un parte de tranquilidad a la comunidad. Aunque hubo un aumento de nivel y cambio de color en el río, este no se desbordó ni ha generado emergencias en las zonas aledañas a su paso

Fuente: Ximena Payán / Alcaldía de Cali


Joe Biden, durante una videollamada con Emmanuel Macron, Boris Johnson y Olaf Scholz el pasado 7 de marzo.
Joe Biden, durante una videollamada con Emmanuel Macron, Boris Johnson y Olaf Scholz el pasado 7 de marzo.Adam Schultz (AP)

La Casa Blanca ha redoblado este lunes el frente diplomático occidental ante la guerra de Ucrania mediante una conferencia telefónica del presidente Joe Biden con su homólogo francés, Emmanuel Macron; el canciller alemán, Olaf Scholz, y los primeros ministros del Reino Unido, Boris Johnson, e Italia, Mario Draghi. El objetivo de la llamada, que se produce dos días antes de que Biden viaje a Europa para abordar in situ la situación con los aliados, era “discutir respuestas coordinadas al ataque injustificado y no provocado por parte de Rusia contra Ucrania”.

Según el comunicado difundido por la Casa Blanca, “los líderes intercambiaron su profunda preocupación sobre las tácticas brutales de Rusia en Ucrania, incluidos sus ataques contra civiles. [Los cinco] Subrayaron su continuo apoyo a Ucrania, brindando asistencia de seguridad a los valerosos ucranios que defienden su país de la agresión rusa y ayuda humanitaria a los millones de personas que han huido de la violencia. Los líderes también revisaron los esfuerzos diplomáticos recientes en apoyo del esfuerzo de Ucrania por alcanzar un alto el fuego”, explica lacónicamente el texto.

En Bruselas, Biden participará este jueves en una cumbre extraordinaria de la OTAN, en la que coincidirán todos ellos, así como en el Consejo Europeo. El único que no estará presente será Johnson. El mandatario demócrata, que acude en calidad de invitado, también asistirá a una reunión del G-7. El viernes y el sábado viajará a Polonia, donde mantendrá un breve encuentro con su homólogo, Andrzej Duda.

Desde el inicio de la guerra, hace casi un mes, Biden ha venido manteniendo contactos con dirigentes europeos de forma periódica varias veces por semana. Además de con los mandatarios citados, en algunas ocasiones se han sumado a las videollamadas la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel.

A medida que se prolonga la contienda —este jueves hará un mes de la invasión—, entre las preocupaciones de EE UU y sus aliados figura la imprevisible respuesta de Moscú, que ha hallado mucha más resistencia en Ucrania de la prevista. Por eso, entre las amenazas potenciales que contemplan destaca la posibilidad de una nueva andanada de ciberataques para yugular infraestructuras básicas en Occidente. Antes de conversar con los dirigentes europeos, Biden ha alertado este lunes de que Moscú podría redoblar sus ciberataques contra objetivos estratégicos estadounidenses a causa del “coste económico sin precedentes que hemos impuesto a Rusia”, ha dicho, en alusión a la batería de sanciones adoptadas contra el Kremlin.

La advertencia de Biden se producía al tiempo que la Casa Blanca recomendaba a las empresas que brindan servicios esenciales reforzar su defensa cibernética “por amenazas digitales en curso de Rusia”, explicó Ane Neuberger, responsable de ciberseguridad de la Casa Blanca. El Gobierno de EE UU ha visto una “actividad preparatoria de piratería [de Rusia] contra numerosas empresas estadounidenses”, aunque “no tiene certeza” de que los ataques vayan a concretarse. La potencial amenaza se basa en “datos de inteligencia actualizados”, indicó la funcionaria. La Administración ha impartido recientemente sesiones informativas a cientos de empresas que pueden ser objetivo de los piratas informáticos rusos. Los ataques contra uno de los mayores oleoductos del país, en mayo pasado, y una importante planta procesadora de carnes, un mes después, mostraron la vulnerabilidad de infraestructuras críticas para el aprovisionamiento de energía y alimentos en el país. Ambos fueron atribuidos a ciberpiratas rusos.

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La Unión Europea sopesa incluir el sector energético en las sanciones contra Rusia por la invasión de Ucrania, pero quiere garantizar que ese paso no quiebre la férrea unidad mantenida desde el inicio de la guerra. La reunión de este viernes de los 27 socios de la Unión, representados por sus embajadores ante la UE, ha constatado que el embargo del petróleo y del gas ruso no cuenta por ahora con el respaldo de todas las capitales. Varios países, con Polonia al frente, reclaman ya la activación de esa medida, considerada como el arma de último recurso. Pero Bruselas teme que resquebraje la posición común de la UE si se intenta adoptar de forma prematura o sin un desencadenante en el campo de batalla que haga inevitable una decisión de tantísimo calado político y económico.

“Estamos abiertos a todas opciones, pero hay que mantener la unidad. Es importante”, señalaba este viernes una fuente diplomática europea cuyo país suele ser escuchado con mucha atención en todos los debates de la UE. “En las últimas tres semanas hemos demostrado que podemos reaccionar con unidad, rapidez y contundencia y en el futuro seguirá siendo así”, subrayaba otra fuente comunitaria. La misma voz reconoce el enorme trabajo y esfuerzo que requiere lograr el apoyo unánime de los 27 gobiernos de la Unión a cada ronda de sanciones. Pero subraya: “Todas las decisiones han sido por unanimidad o por consenso”.

Además de las sanciones para castigar al invasor, Bruselas también da pasos para ayudar al agredido. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha hablado por teléfono este viernes con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, con el que ha acordado estudiar vías para crear un fondo que permita a este país financiar su esfuerzo bélico y las necesidades básicas de la población y de la Administración. También serviría para preparar la reconstrucción tras la guerra “anclando” a Kiev a Occidente, según ha explicado un portavoz de Michel. Este instrumento se financiaría con una conferencia de donantes.

La atención en Bruselas, pese a todo, se focaliza en el castigo a Moscú, un asunto más espinoso que la ayuda a Ucrania. La UE adoptó un primer castigo el 23 de febrero, solo 48 horas después de que el presidente ruso, Vladímir Putin, decidiese reconocer la independencia de las autoproclamadas repúblicas prorrusas en el territorio ucranio del Donbás. Al día siguiente estalló la guerra y el Consejo Europeo anunció nuevas sanciones, pero solo concretó la inclusión de Putin y su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, en la lista negra de altos cargos sujetos a la congelación de sus bienes en territorio comunitario.

El umbral del castigo se elevó drásticamente a partir del tercer día de combates, cuando las imágenes de destrucción y muerte en Ucrania provocaron estupor en gran parte de la opinión pública europea. En cuestión de días se congelaron las reservas del banco central ruso situadas en Europa; se excluyó de la plataforma de pagos financieros SWIFT al 25% del sector bancario; se prohibieron las emisiones de canales rusos de televisión; y se amplió la lista negra que impide la entrada en la UE y congela los bienes en territorio comunitario para incluir a 877 personas y 62 empresas o entidades rusas. El cuarto paquete —o, como subrayaba un diplomático europeo esta semana, “un complemento al tercero”— se impulsó en la cumbre de Versalles.

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Alemania reclama calma

Pero la aprobación formal de esta última tanda ya ha evidenciado ciertas discrepancias, al menos en el ritmo de aprobación. Alemania, apuntan varias fuentes, pidió calma y tiempo para estudiar los castigos que, en principio, iban a ver la luz el pasado domingo y al final salieron adelante el lunes. Ahora empieza a prepararse ya otro paquete. “Llegará, pero no el próximo lunes [en la reunión de ministros de Asuntos Exteriores]”, apuntaban este viernes en una embajada. Lo más probable es que se abra paso tras la cumbre de jefes de Estados y Gobierno de la semana que viene, a la que también acudirá el presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

Su contenido está ultimándose. Es muy probable que se amplíe la lista de oligarcas. Y mucho menos probable que se den pasos para dejar de comprar hidrocarburos a Rusia, un camino que podría empezar a recorrerse por el petróleo, ya que es más fácil de sustituir con otros suministradores. Los partidarios de cerrar ya los grifos de las tuberías de gas y crudo que llegan del Este saben, admitían este viernes en una de sus delegaciones, que todavía no cuentan con el respaldo necesario en el Consejo, si bien lo siguen reclamando.

En el resto de capitales, sin embargo, parecen optar por una respuesta gradual, ganando tiempo para dejar atrás la época de más frío —cuando más necesario es el gas— y dejándose balas en la recámara por si Putin aumenta la crueldad de su campaña bélica. Aunque este grupo no es un bloque homogéneo, los hay “abiertos a todas las opciones”, esperando la evolución de la guerra y cuidando la unidad de acción (Holanda, Francia, España…), y a los que son más reacios a dar el paso, entre ellos Alemania e Italia, por las duras consecuencias sobre su economía.

Fuentes comunitarias reconocen que el daño causado por las medidas adoptadas hasta ahora tardarán meses o años en debilitar a Rusia, mientras que las bombas de Putin caen día a día en Ucrania. Pero añaden que el impacto “ya se está dejando notar tanto en la economía como en la sociedad rusa”. Y enfatizan: “Se pueden adoptar nuevas medidas cuando lo consideremos oportuno”.

“Mi impresión es que vamos a continuar nuestra respuesta a la vista de lo que está ocurriendo sobre el terreno”, pronostica una diplomática europea. Otra diplomática prefiere no especular sobre el alcance del quinto paquete sancionador, pero resalta: “Estamos listos para cuando haga falta adoptarlo y con eso basta”.

Escasa munición restante

Las primeras cuatro rondas han sido de tal magnitud que han dejado a la UE con escasa munición para redoblar el castigo sin incluir al sector energético. Ya se ha decretado un embargo a las exportaciones de numerosos sectores rusos y se ha prohibido la inversión en casi todos ellos, así como la transferencia de tecnología. El veto también afecta a numerosas exportaciones europeas imprescindibles para Rusia. En el sector financiero se han librado de la exclusión de SWIFT los bancos Sberbank y Gazprombank, pues su desconexión afectaría a las importaciones de gas y petróleo porque Europa paga su factura energética a través de esas entidades.

Pero la presión para endurecer el castigo aumenta. Rusia ha ingresado casi 15.000 millones de euros desde el inicio de la invasión de Ucrania gracias a las exportaciones de gas, petróleo y carbón a la Unión Europea, según el centro de estudios CREA (Centre for Research on Energy and Clean Air). La elevada factura da fuerza a los países de la UE partidarios de renunciar a las importaciones energéticas para doblegar al régimen de Putin. Moscú financia más de un tercio de los presupuestos nacionales gracias a los ingresos por la venta de hidrocarburos y Europa es su principal cliente, con una cuota del 50%.

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“En la base de la mirada neurótica del Kremlin sobre los asuntos internacionales se halla el tradicional e instintivo sentido de inseguridad ruso […] Esta fuerza política tiene un completo poder de disposición sobre las energías de uno de los más grandes pueblos del mundo y sobre los recursos del territorio nacional más rico del mundo, y se propaga a través de profundas y potentes corrientes de nacionalismo ruso […] es impermeable a la lógica de la razón, y altamente sensible a la lógica de la fuerza […] su éxito dependerá realmente del nivel de cohesión, firmeza y vigor que el mundo occidental logre reunir”.

Estas frases entrecomilladas no proceden de un reciente análisis sobre la Rusia de Putin tras el ataque a Ucrania, sino del célebre ‘Telegrama largo’ con el que el diplomático estadounidense George F. Kennan ofreció a Washington su análisis sobre la URSS en el febrero de 1946. Casi todo en ese texto suena extraordinariamente vigente hoy día. Otro pasaje, en concreto, merece atención. “Mucho depende de la salud y el vigor de nuestra propia sociedad […] si no podemos abandonar la resignación e indiferencia ante las deficiencias de nuestra propia sociedad, Moscú se aprovechará”. Moscú, o Pekín. En esas estamos.

En su nefando discurso de esta semana, lleno de insidias y de incitación al odio, Vladímir Putin apuntó a problemas reales que minan “la salud y el vigor” de las sociedades occidentales de los que escribía Kennan. “Datos registrados por organizaciones internacionales […] claramente muestran que problemas sociales, incluso en los países occidentales más avanzados, se han exacerbado en los últimos años, que la desigualdad y la brecha entre ricos y pobres se ensancha, y que conflictos raciales y étnicos se hacen notar”, dijo Putin. La afirmación debe matizarse, señalando que hay países occidentales que capean mucho mejor que otros esas dos cuestiones, y que la desigualdad bajo el régimen de Putin tiene rasgos obscenos de enriquecimientos sin talento y pura corrupción. Pero sería estúpido desconocer la seriedad de esos problemas, no observar el deterioro de la confianza de tantos ciudadanos en la eficacia y equidad de las democracias liberales.

Ahí están, pues, las dos patas sobre las que tendrá que andar el nuevo gran contrato social europeo. Cuidar a fondo de “la salud y el vigor” de nuestras sociedades, con un decidido esfuerzo para asegurar la cohesión social. Prepararse a conciencia para disuadir a ciertos adversarios con la lógica de la fuerza cuando la lógica de la razón no basta.

Todo esto no puede, no tiene por qué, hacerse a costa de otros objetivos fundamentales. La desconexión de la dependencia de la energía rusa debe lograrse redoblando el impulso a las renovables. La inversión en defensa puede y debe ser motor de avance en excelencia tecnológica e industrial. El gasto militar no tiene por qué sustraerse del social. En el caso de España, cabe recordar, la recaudación fiscal es consistentemente inferior a la media de los países europeos comparable: hay claro margen para subirla.

Todo esto ya se hizo. Frente a la amenaza de la URSS que describía Kennan, Europa occidental respondió con la construcción de sistemas de protección social de considerable envergadura y con la adhesión a la Alianza Atlántica liderada por EE UU e ingente gasto en Defensa: salud de la sociedad y lógica de la fuerza por si falla la de la razón. Sin embargo, en las últimas décadas no ha habido el impulso suficiente para renovar esas apuestas, adaptarlas al tiempo actual.

Ahora, la pandemia ha despejado la mirada de muchos sobre la importancia de los servicios públicos; Putin ha sacado a otros tantos de dudas acerca de la importancia de poderse defender ante matones. La UE y los Gobiernos nacionales han acertado en la respuesta conceptual a estos retos. Queda una enormidad de trabajo por delante, pero abandonando la resignación que frena a tantos y abrazando la claridad moral que se le escapa a algunos se pueden conseguir grandes logros, como en la posguerra mundial. La propia UE es hija de esa claridad moral y del destierro de la resignación.

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La periodista Catharine Belton puso el dedo en la llaga el pasado martes, durante su comparecencia ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento británico: “Observen el modo en que se está informando hoy sobre los oligarcas rusos, comparado con lo que ocurría hace dos semanas”, dijo a los diputados. “Es tan diferente como la noche del día. Antes era casi como un reinado del terror. Muchos de los oligarcas tenían un batallón de abogados y gestores de reputación que desplegaban con enorme agresividad. Hasta hace poco, era raro escuchar en los medios que Abramóvich tenía una relación muy cercana con Putin o que, hasta hace poco, había contribuido a sostener su régimen”, señalaba Belton.

Lo sabe muy bien. La periodista, que fue corresponsal en Moscú del Financial Times durante siete años, publicó en 2020 Los Hombres de Putin: Cómo el KGB se Apoderó de Rusia y se Enfrentó a Occidente (Península). El libro, una crónica rigurosa y exhaustiva del entorno de poder que habita el Kremlin y del modo en que exmiembros del servicio secreto soviético intentaron infiltrarse y dividir, con un nuevo grupo de oligarcas, en las sociedades de Occidente, adquirió de inmediato relevancia y notoriedad. La suficiente como para poner nerviosos a Roman Abramóvich, Mijaíl Fridman o Alisher Usmánov —todos sancionados hoy por EE UU, la UE y el Reino Unido—, que comenzaron a verter como locos una cascada de querellas contra Belton y la editorial Harper-Collins, así como preavisos legales a los medios de comunicación, para que no osaran poner sus manos en el libro. Harper-Collins tuvo que gastarse casi 1,8 millones de euros en abogados para proteger la publicación. Y aun así, Belton y su equipo jurídico tuvieron que negociar la retirada o suavización de algunas de las informaciones más polémicas del texto, como el hecho de que al menos tres fuentes hubieran asegurado que Abramóvich compró el Chelsea F.C. por orden directa de Putin.

El Gobierno de Johnson, que en su ímpetu por combatir la agresión de Rusia en Ucrania parece además dispuesto a resolver pecados originales que el Reino Unido arrastra durante años, ha anunciado este jueves su intención de combatir con dureza las llamadas SLAPPs: Strategic Lawsuits Against Public Participation (querellas estratégicas contra la participación pública), las batallas jurídicas que montan los financieros más poderosos contra la prensa y las editoriales, con acusaciones de difamación y de ataques a su intimidad, con el fin de intimidarles económicamente y mantenerles paralizados en procesos judiciales largos y complejos.

“La capacidad de una prensa libre de exigir responsabilidad a los más poderosos es fundamental para nuestra democracia, y como periodista que he sido, estoy decidido a que nunca más permitamos que las críticas sean silenciadas”, ha prometido Boris Johnson. “Para todos estos oligarcas y supermillonarios que pueden permitirse estas costas legales astronómicas, la amenaza con querellas y demandas se ha convertido en un nuevo tipo de arma legal. Debemos poner fin a este efecto tan escalofriante”, decía el primer ministro británico.

El Ministerio de Justicia que dirige Dominic Raab, quien actúa además en este caso con su autoridad de vice primer ministro, ha puesto ya en marcha un proceso de consultas con la intención, según han anunciado fuentes del departamento, de que los cambios legales estén listos a mediados de mayo.

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El Gobierno británico pretende reforzar el concepto jurídico de “defensa del interés público”, ya introducido en la Ley de Difamación de 2013, por el que determinadas informaciones, aunque sean erróneas en algunos de sus elementos, pueden ser protegidas frente a posibles querellas en aras de que prevalezca un bien superior, el del interés público de la materia denunciada. Otra posible medida sería la de poner un límite a la cifra total que pueden reclamar los denunciantes para resarcirse de los daños presuntamente sufridos. Y exigir, en el análisis preliminar de cualquier querella por difamación, que se demuestre la “malevolencia real” del demandado, para evitar acusaciones falsas. Finalmente, las nuevas reformas de la ley podrían permitir que jueces y tribunales impusieran Órdenes Civiles de Restricción, para prohibir la repetición constante, como método de presión, de querellas ya descartadas.

Las medidas contra las llamadas SLAPPs son muy contundentes en Estados Unidos, Canadá o Australia. En la UE, un grupo de eurodiputados lleva años exigiendo su impulso, después del asesinato en 2017, con una bomba lapa pegada a los bajos de su coche, de la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia, cuya participación en la investigación sobre los Papeles de Panamá fue fundamental para implicar al Gobierno del entonces primer ministro, Joseph Muscat.

El talón de Aquiles de Johnson

El primer ministro británico vive un momento de tregua y gloria con su papel internacional en defensa de Ucrania y contra la invasión de Putin. Atrás parecen haber quedado los días del partygate, cuando el escándalo de las fiestas prohibidas en Downing Street amenazó con arruinar la carrera política del primer ministro. Pero el armario de Johnson tiene tantos esqueletos, y tan variados, que muchas de sus proclamas contra Rusia y sus oligarcas pierden fuelle. El diario The Times reveló la semana pasada que Johnson había hecho oídos sordos a la advertencia del MI5, el servicio británico de inteligencia y seguridad doméstica, de que no debía designar miembro de la Cámara de los Lores a su amigo Evgeny Lébedev, propietario del diario londinense Evening Standard. Aun así, Johnson siguió adelante con su decisión en 2020, y acusó a todos los que le desaconsejaban lo contrario de “rusófobos”. Hijo del oligarca, banquero y exmiembro del KGB Alexander Lévedev, el magnate de la prensa es una figura omnipresente en los actos sociales de la capital británica, y desde las páginas de su periódico ha defendido acciones de Putin como la invasión de Crimea, o ha puesto en duda que el KGB estuviera detrás del asesinato, en 2006, del exagente ruso Alexander Litvinenko.

El exasesor de Johnson y hoy su acérrimo enemigo, Dominic Cummings —el ideólogo de la campaña del Brexit— dispuesto siempre a echar mano de su memoria cuando se trata de cargar contra el primer ministro, ha escrito en su blog personal: “Yo estaba en la habitación cuando altos funcionarios del Gobierno le advirtieron al primer ministro de que los servicios de inteligencia tenían serias reservas sobre sus planes [el nombramiento de Lébedev]. Apoyé esas reservas y pedí a Johnson que no siguiera adelante”, ha escrito Cummings. “Se irritó mucho, y como suele hacer, comenzó a balbucear tonterías: ‘Esto es… esto es… esto es que tú también eres antirruso”, asegura el exasesor que dijo Johnson.

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Desde la izquierda, los presidentes de Francia, Emmanuel Macron, la de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el del Consejo Europeo, Charles Michel.
Desde la izquierda, los presidentes de Francia, Emmanuel Macron, la de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el del Consejo Europeo, Charles Michel.Chema Moya (EFE)

Ante la invasión de Ucrania por Rusia, Europa ha tomado conciencia de sus propias debilidades. Y hay dos que destacan: la defensiva y la energética. “Aumentar sustancialmente los gastos de defensa”. Esta frase, con toda claridad, se lee en el primer punto de la declaración final que preparan los líderes de la UE en la cumbre informal celebrada este jueves y viernes en Versalles, cerca de París. El siguiente punto de la declaración tampoco deja lugar a dudas: la UE necesita “reducir la dependencia del gas, del petróleo y del carbón ruso”. En definitiva, se trata de lograr la seguridad europea por la vía de las armas y por la de la autonomía energética, sin perder de vista el aprovisionamiento de alimentos.

“Me gustaría más invertir el dinero de los contribuyentes en escuelas o pensiones, pero debemos gastar en defensa”, ha resumido la primera ministra sueca, Magdalena Anderson, a su llegada a la cumbre. De fondo sonaba la música militar, mientras el presidente francés, Emmanuel Macron, ejercía de anfitrión y recibía a los jefes de Estado y de Gobierno en el palacio de Versalles. Hace poco más de cinco años, unas semanas después de ser elegido presidente de Francia, Macron agasajaba al presidente ruso, Vladímir Putin, en este escenario histórico, edificado por el Rey Sol, Luis XIV, donde se firmó el final de la Primera Guerra Mundial en 1919. Todo ha cambiado desde entonces.

Europa se plantea en Versalles un giro insólito, forzado, como sucede con todos los avances europeos por crisis externas. Desde el final de la Guerra Fría, según explicaba esta semana el alto representante de la Política Exterior de la UE, Josep Borrell, los países europeos han reducido su gasto en defensa del 4% del producto interior bruto al 1,5%. Buena parte de Europa, protegida por el paraguas de EE UU, se creía a salvo de las tragedias del siglo XX y el gasto militar no era prioritario. En la era de la globalización, la interdependencia comercial o energética era la norma y la autosuficiencia un concepto que parecía obsoleto. Las crisis de la última década —la financiera de 2008 y la pandémica de 2020— sacudieron estas certezas. La “guerra de Putin”, como definen los líderes europeos a la invasión dura de Ucrania, las ha acabado de enterrar. Nadie sabe cuáles son las intenciones finales del autócrata ruso, pero Europa ha despertado.

Putin atacó a Ucrania el 24 de febrero y, unos días después, Alemania —potencia económica, pero reticente por motivos históricos a afirmarse como potencia política y militar— dio un giro a su política de defensa. El canciller Olaf Scholz anunció que su país invertiría 100.000 millones en armas y elevaría el gasto al 2% del PIB. Fue el pistoletazo de salida. Dinamarca se sumó a este objetivo, el que reclama la OTAN a sus miembros. Y este mismo jueves ha sido el país que gobierna Anderson, la neutral Suecia.

“Aumentar sustancialmente el gasto en defensa, […] centrándose en las deficiencias estratégicas identificadas”. “Desarrollar más incentivos para estimular las inversiones compartidas de los Estados miembros en proyectos y adquisición conjunta de capacidades de defensa”. “Fortalecer y desarrollar nuestra industria de defensa”. “Fomentar las sinergias entre la investigación y la innovación civil, de defensa y espacial, e invertir en tecnologías e innovación críticas y emergentes para la seguridad y la defensa”. La cascada de frases del borrador en este sentido, con el lenguaje alambicado propio de estas citas, muestra a las claras la dirección que pretende tomar la UE.

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Después cada uno pone el acento en sus intereses o en sus tradiciones. El primer ministro holandés, Mark Rutte, uno de los grandes aliados de Estados Unidos, insiste en que este refuerzo debe hacerse en el marco de la OTAN. Macron cree que la guerra en Ucrania da la razón a su proyecto de impulsar una Europa de la defensa junto a la Alianza Atlántica, iniciativa que, hasta ahora, ha topado con las reticencias de Alemania. El presidente francés ha planteado que el nuevo gasto militar se financie, como el plan de recuperación tras la crisis de la covid, con deuda común, pero reconoce que es una reflexión inicial. Países como Alemania y Holanda han enfriado la iniciativa.

“Venimos a trabajar en dos direcciones: una para mantener la presión sobre Putin y parar la agresión a Ucrania; otra, fortalecer la resiliencia de la UE en energía y defensa”, proclamó Borrell el jueves a la entrada. En sus palabras, el jefe de la diplomacia europea subraya el otro punto fundamental, ya que el escenario bélico de Ucrania fuerza a la Unión Europea a replantearse su política energética. Ello implica cortar el cordón umbilical de muchos países del club comunitario con los hidrocarburos rusos: varios, principalmente los bálticos, importan el 100% de gas de Rusia; Alemania, un 55%.

Además, la guerra también ha disparado la cotización de las materias primas, algo que, como ha recordado el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se está trasladando a los precios de los alimentos. De ahí que el Consejo se fije “mejorar la seguridad alimentaria reduciendo las dependencias de la importación de productos agrícolas”.

Cooperación reforzada con Ucrania

El otro foco de atención en Versalles es la respuesta de los líderes a la solicitud de Ucrania —también de Moldavia y Georgia— para entrar en la UE. Desde que el presidente Volodímir Zelenski firmó su solicitud el 28 de febrero hasta que se ha dado el primer paso, pedir a la Comisión que emita una opinión, apenas han pasado días. Lo normal son meses.

En esta cumbre era el turno de los líderes de la UE, que han apretado el freno. “Hay un protocolo y unos tratados”, ha declarado a la salida el primer ministro croata, Andrej Plenkovic, que ha añadido que de este encuentro Ucrania no sale con el estatus de candidato. Esto supone que se ha impuesto la tesis de los países occidentales de la Unión Europea y socios más antiguos, como Holanda, Francia o España, que defendían que Ucrania siga los pasos habituales para la adhesión. “No existe un procedimiento rápido”, dijo Rutte. El francés Macron se expresó en la misma línea: “¿Podemos hoy abrir un procedimiento con un país en guerra? No lo creo. ¿Debemos cerrar la puerta y decir jamás? Sería injusto”. Países del este como Polonia y Eslovenia reclamaron acelerar los trámites.

“El Consejo ha actuado rápidamente y ha invitado a la Comisión a emitir una opinión sobre la solicitud de Ucrania. Pendiente de esto y sin retraso, fortaleceremos nuestros lazos y profundizaremos en nuestra asociación. Ucrania pertenece a nuestra familia europea”, apuntaba el borrador de la declaración que debatieron los líderes en la cena de este jueves. Esas palabras se parecen enormemente a las que a las tres de la madrugada del viernes pronunció el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel: “Pensamos que a través de la asociación con Ucrania podemos reconfortar y hemos trabajado sobre la idea de buscar una relación más estrecha, por ejemplo, invitando de forma regular al presidente Zelenski a reuniones cuando trabajamos en cosas concretas”.

Los Veintisiete se inclinan así por otorgar a Ucrania un estatus de “país asociado reforzado”, con vínculos estrechos en materia comercial e integración en la red energética, a la espera de que concluya el conflicto y comience una negociación, que, como explicó Rutte al salir de la cena, puede llevar “meses o años”, más bien esto último. De este encuentro también sale la decisión de duplicar los recursos que la UE destina a enviar armamento y material bélico a Kiev con otros 500 millones, es decir, el doble de lo anunciado en principio.

Como ocurre con la energía y con la defensa, el mapa de la UE también se transforma con esta guerra. “La guerra en Ucrania es un traumatismo inmenso”, dijo Macron, “es el retorno de lo trágico, un drama humano, político, humanitario y es, sin duda, un elemento que llevará a redefinir completamente la arquitectura de nuestra Europa”.

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Suecia y Finlandia —dos países miembros de la UE, pero no de la OTAN— han decidido recurrir a sus socios comunitarios para reclamar una defensa mutua en caso de ataque por parte de Rusia. Las amenazas del presidente Vladímir Putin calan. Y la invasión de Ucrania deja pocas dudas. A la vista de la creciente inseguridad en el continente, los dos países nórdicos han invocado este miércoles la cláusula del Tratado de la Unión Europea que prevé la ayuda mutua en caso de agresión armada. La petición se ha cursado en una carta al presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, a la que ha tenido acceso EL PAÍS. En ella piden que la cumbre europea que se celebrará este jueves y viernes en Versalles (Francia) deje “meridianamente claro” que ambos países consideran “que la pertenencia a la UE es una importante fuente de seguridad”, según la misiva firmada por la primera ministra sueca, Magdalena Andersson, y su homóloga finlandesa, Sanna Marin.

La demanda ha logrado, de momento, ser incluida en el borrador del comunicado final de la cumbre. Y fuentes comunitarias indican que con toda probabilidad los 27 socios aceptarán que la promesa de ayuda mutua aparezca recogida en la Declaración de Versalles que se espera aprobar en esa ciudad francesa. A lo que no se hace alusión todavía en los textos preparatorios es a la solicitud de Ucrania, Moldavia y Georgia de entrar en la UE. Fuentes comunitarias señalan que esto dependerá del debate de los jefes de Estado y de Gobierno, aunque señalan que una salida rápida para el país agredido por Putin podría ser algún tipo de asociación reforzada, ya que los procesos de entrada suelen ser muy largos.

Reconsiderar la tradicional neutralidad

La agresión a Ucrania ha llevado a los dos países nórdicos a reconsiderar su tradicional posición de neutralidad y sopesar su entrada en la OTAN. El régimen de Putin no ha tardado en advertir de que este paso “tendría graves consecuencias político-militares”. En la carta conjunta que firman las primeras ministras de Suecia y Finlandia, sin embargo, sí hay una mención explícita a la Alianza Atlántica, aunque no sobre su posible entrada: “La relación transatlántica y la cooperación UE-OTAN son fundamentales para nuestra seguridad general”, aseguran. “Es importante subrayar nuestra determinación común en el comunicado conjunto de la reunión de Versalles”, señalan ambas mandatarias socialdemócratas, en referencia a la cumbre en Francia.

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La reclamación ha sido tenida en cuenta en los borradores que se manejan. Pero habrá que esperar al final del encuentro para ver cómo queda la redacción definitiva. “Una UE más fuerte y más capaz en el ámbito de la seguridad y la defensa contribuirá positivamente a la seguridad mundial y transatlántica y es complementaria de la OTAN, que sigue siendo la base de la defensa colectiva de sus miembros. La solidaridad entre los Estados miembros se refleja en el artículo 42, apartado 7, del Tratado de la Unión Europea”.

El artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea fue invocado por Francia en 2015. “Si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás Estados miembros le deberán ayuda y asistencia con todos los medios a su alcance, de acuerdo con el artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas”, empieza diciendo ese artículo.

Su redacción se acerca a la del artículo cinco del Tratado de la OTAN, que sirve de paraguas frente agresiones externas a cualquiera de sus miembros. “Las partes acuerdan que un ataque armado contra una o más de ellas […] será considerado como un ataque dirigido contra todas ellas, y […] en ejercicio del derecho de legítima defensa individual o colectiva reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, ayudará a la parte o partes atacadas, adoptando […] las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada”, asegura el Tratado de la OTAN.

Petición de entrar en la UE

Además de este punto, otro tema que se abordará por los Veintisiete es la petición de entrar en la UE formulada por Ucrania, Moldavia y Georgia. Hasta ahora, las tres peticiones se han tratado en conjunto y se han tramitado a una velocidad nunca vista. Las de los países balcánicos pendientes de entrar en el club comunitario (Serbia, Albania, Montenegro y Bosnia) tardaron meses, alguno tuvo que esperar casi un año. En este caso han sido días. Esta rapidez se explica por la invasión de Ucrania y la ola de solidaridad internacional que ha desatado. También por eso, a partir de ahora, las tres solitudes se abordarán “país por país”, señalan fuentes comunitarias. Las mismas explican que una cosa es lo hecho hasta ahora, poco más que un acuse de recibo, y otra lo que vaya a pasar posteriormente.

“Los procesos de adhesión pueden ser largos”, recuerdan en Bruselas, hablando ya específicamente de Ucrania. Aunque también es cierto que todo depende de decisiones políticas y en ese aspecto hay distintas sensibilidades entre los Estados miembros. Algunos, especialmente los países del Este como Polonia, apuestan por una vía rápida, mientras que otros piden más tranquilidad. De ahí que el debate de los líderes, que se mantendrá este jueves a última hora, adquiera gran importancia. Fuentes comunitarias explican, sin embargo, que un posible punto de encuentro puede ser, mientras la petición sigue el curso normal, ampliar el acuerdo de asociación actual y reforzar la cooperación en áreas como comercio y energía.

La cumbre de Versalles estaba pensada, en principio, para abordar la reforma de la gobernanza económica de la Unión Europea. En ella se iba a debatir sobre la reforma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, un proceso que la Comisión Europea inició en otoño pasado. La invasión de Ucrania ha hecho saltar por los aires esa agenda y ha puesto otra sobre la mesa. Muy conectado a la petición de Suecia y Finlandia y a la seguridad, está, por ejemplo, el aumento del gasto en defensa. También se tratará la transición energética, vinculada estrechamente a la reducción de la dependencia de la UE de los hidrocarburos rusos.

Estos días ha corrido por la capital comunitaria el rumor de que se iba a crear algún tipo de fondo para financiar esos gastos, basada en la experiencia del fondo de recuperación. Esta especulación había sido alimentada por Francia. Fuentes de algún Estado miembro hablaba este miércoles de que en Versalles se empezaría a hablar de este asunto. Pero naciones como Países Bajos o Alemania lo rechazan de plano. Fuentes comunitarias apuntan que no se está trabajando en esto, las mismas que destacan que el fondo Next Generation EU aún acaba de empezar a entregar sus primeros pagos y que ya contempla muchas inversiones en transición energética.

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“Soy un hombre y ya he tomado la decisión. Te prometo que volveré”. Así se despidió Roman Lifatov de su madre, Natalia Bialetska, el pasado sábado en Getafe. Ella lloraba, mientras él le daba unos calmantes. Después del adiós repentino de su madre y sus dos hermanas menores, Roman se marchó a Strii, su ciudad natal, en el oeste de Ucrania, con un grupo de desconocidos en una furgoneta: se marchaba a la guerra, a pesar de que a sus 23 años jamás había empuñado un arma. Las súplicas de Natalia fueron inútiles. Apenas pudo obligarle a aceptar el dinero para un abrigo que resista las temperaturas bajo cero, y la estampa de una virgen con una oración que ella llevaba siempre en sus viajes.

Desde el lunes, Román está a las órdenes del Ejército ucranio para luchar contra la invasión rusa. En su última conversación, le ha contado a su madre que ha tenido que patrullar las calles de Strii (unos 60.000 habitantes) sin protección. “Me ha dicho que ya no quedan armas, ni municiones”, relata Natalia con un temblor en la voz, mientras espera su próxima llamada. “Cuando ahora suena mi teléfono, ¿sabes el miedo que tengo de cogerlo?”, murmura la mujer, de 41 años, mientras aprieta los puños en el salón de su casa de Getafe.

Natalia Bialetska emigró a España hace cinco años —sus hijos llegaron después— y trabaja como empleada doméstica, aunque desde el inicio de la invasión rusa de su país duerme muy poco y solo con ayuda de fármacos. Sin Roman, ella y su hija Inna, de 21 años, con la que comparte oficio, llevan solas la carga del hogar —la mujer prefiere no hablar de su exmarido—. Mientras, su hija Ana, de 14 años, intenta seguir estudiando tras la partida de su hermano, que no tiene fecha de regreso.

Para Natalia, la guerra se ha adueñado de sus vidas de sopetón. “Me enteré por una de mis hermanas. El miércoles pasado [por el 23 de febrero] me fui a dormir y a las cinco de la mañana me escribió: ‘Estamos en guerra. Me voy del país”, señala. Sus dos hermanas, Irina y Lesya, han huido a Cracovia (Polonia). Irina escapó con su hija Yana de siete años, mientras que su marido, que es militar, ya está en el frente. Desde ese día, las noticias, las redes sociales y las conversaciones con su familia y conocidos se han convertido en un calvario para Natalia. Teme por su padre, que se ha quedado en Strii ayudando a las personas que huyen hacia el oeste desde otras regiones de Ucrania. Y también por Irina, que ha pensado en volver sola a la guerra.

Mientras ella y sus dos hijas se sumían en el horror de los ataques rusos al iniciarse la ofensiva la semana pasada, Roman se refugiaba en el silencio con la mirada perdida. “Mi hijo estaba muy raro y presentí lo que iba a hacer. Traté de evitarlo, pero no logré convencerlo”, destaca marcada por el dolor, mientras recuerda los últimos días que compartieron juntos.

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A Roman lo describe como un joven responsable, que cuidaba de ella y de sus hermanas menores, de quienes se había encargado durante su camino a España, un año después de la llegada de Bialetska al país en 2017. Aunque la mujer es economista, las condiciones laborales en Ucrania la obligaron a marcharse. “Ganaba entre 30 y 50 euros como contable. Necesitaba mucho más para hacerme cargo de mis hijos”, cuenta.

Después de mucho trabajo, pudo traer a sus hijos a España. Al ser el hermano mayor, Roman se convirtió en su mayor apoyo. “Él siempre busca ayudar. Es un chico muy alegre, que atrae a las personas. Y no lo digo porque sea su madre”, señala entre risas, mientras apunta a la foto de su hijo. “Esto fue en la celebración de su cumpleaños”. En el retrato, Roman luce contento en un parque de Getafe. El joven trabajaba en la construcción, y en cuatro años se había hecho con un amplio círculo de amigos, una novia, y planes de futuro en Madrid. Sin embargo, sintió que debía defender su patria, al igual que miles de connacionales que, como él, han optado por volver y enfrentarse a la guerra.

A pesar del dolor y la incertidumbre por la seguridad de Roman, su madre se siente orgullosa de quienes defienden su tierra. “Mi país nunca ha estado tan unido como ahora. Ya hemos ganado, porque hemos demostrado de qué estamos hechos”, destaca con firmeza.

La mujer evita hablar sobre el bando enemigo, ante el asomo de la ira que marca su tono y el ademán de sus manos. “No puedo pronunciar su nombre, pero ya sé cómo se llama el diablo”, afirma de forma tajante, en referencia indirecta al presidente ruso, Vladímir Putin. Está convencida de que en Rusia los ciudadanos de a pie tampoco quieren la guerra. En su opinión, los ataques obedecen al capricho “de un terrorista”. “No sabía que iba a tener tanta rabia. Ni que iba a rezar tanto”, confiesa. A pesar del sentimiento de solidaridad con su patria, quiere ver a su hijo fuera de la guerra. “Hoy le he vuelto a pedir que vuelva. Me ha dicho que basta y que no llore, que recuerde su promesa. Ya me ha apagado el móvil”.

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La batería de sanciones que Occidente ha impuesto a Rusia tras la invasión de Ucrania ha torpedeado la economía del gigante eurasiático en la línea de flotación. Sin acceso a la plataforma de pagos bancarios internacionales SWIFT, con vetos a las operaciones de su banco central y de otras entidades, y bajo el peso de un embargo al suministro de semiconductores y tecnología para sectores clave, los expertos calculan que solo es cuestión de tiempo que Rusia empiece a hundirse. Ante este panorama, su socio estratégico, China, puede lanzarle un salvavidas. Pero la ayuda que es capaz de prestarle, según diferentes analistas, es insuficiente para sacar al país de las aguas procelosas en las que acaba de entrar. “¿China quiere salir al rescate? Sí. ¿Puede? Hasta cierto punto”, resume Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia del banco de inversión Natixis, en conversación telefónica desde Taipéi.

Hasta el momento, las sanciones de Estados Unidos, la UE y otros países aliados se han centrado —además de en castigos a individuos clave del Gobierno, incluido el propio presidente, Vladímir Putin, o en el cierre del espacio aéreo— en el sector financiero. Las medidas contra el Banco Central de la Federación Rusa congelan las reservas que tiene depositadas en otros países, por un valor total de unos 630.000 millones de dólares (unos 568.000 millones de euros). Otros bancos comerciales también han visto congelados sus activos en el extranjero. La expulsión de la plataforma SWIFT, secundada cada vez por más países, también dificulta y encarece las operaciones de las entidades bancarias rusas en el exterior. Hasta el momento, los castigos no han tocado las joyas de la corona de las exportaciones rusas, el gas y el petróleo —que aportan unos 700 millones de dólares diarios en ingresos a las arcas de Moscú—, aunque eso podría cambiar si se prolonga el conflicto.

Desde 2014, con las sanciones internacionales que pusieron contra las cuerdas a Moscú tras su anexión de la península ucrania de Crimea, Rusia ha dado pasos para impermeabilizarse ante posibles castigos occidentales. Recortó su deuda externa, aumentó sus reservas de oro y divisas y ha ido reduciendo su dependencia de los mercados europeos, que han pasado de acaparar en torno al 50% del comercio ruso a un 32% actual, en torno a unos 250.000 millones de dólares.

Y la declaración conjunta firmada el 4 de febrero en la reunión del presidente ruso, Vladímir Putin, con su homólogo chino, Xi Jinping, en Pekín, liga hasta niveles nunca vistos hasta ahora a Rusia y China, la segunda economía del mundo. La colaboración entre ambos “no tiene límites”, declaraban los dos líderes.

Esa colaboración puede extenderse a la asistencia de China para ayudar a su socio estratégico a amortiguar —como ya hizo en el pasado— el efecto de las sanciones, que ya empiezan a morder; el rublo llegaba a caer hasta un 30% el lunes. Ya ha dado algunos pasos: el 4 de febrero firmó acuerdos para aumentar el suministro de gas y petróleo rusos para los próximos 25-30 años por valor de 117.500 millones de dólares (unos 105.900 millones de euros). También ha eliminado sus restricciones para la importación de trigo ruso.

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“No hay ninguna duda de que China quiere” auxiliar a su socio, opina García-Herrero. “Si Rusia sale victoriosa, China necesita que Putin le deba una. Es una manera de defender sus intereses en una parte del mundo muy amplia: Mongolia, Kazajistán… Y si Moscú pierde, tiene que proteger sus intereses en la propia Rusia”. En ese último caso, podría, entre otras cosas, aprovechar para sustituir a las multinacionales extranjeras en las grandes petroleras rusas, o aumentar su colaboración en el Ártico.

Hasta el momento China ha optado por la apariencia de neutralidad. Apoya a su aliado, pero sobre todo por omisión: no ha condenado la invasión ni se ha sumado a las sanciones, que considera “ilegales”. Aunque, por ahora, Estados Unidos no ha encontrado indicios de que China intente violar esas sanciones.

“La ayuda material que proporcionará China será limitada, porque tiene que ser limitada. China solo puede llegar hasta cierto punto”, opina Mikko Huotari, director del centro de estudios alemán Merics, especializado en China, en una charla con periodistas este miércoles. “Pero esa asistencia será un salvavidas para Moscú”.

Entre otras cosas, Pekín puede intensificar su comercio con su vecino del norte, una tendencia que ya se venía acelerando desde 2014, cuando Rusia se anexionó Crimea y las sanciones internacionales pusieron al país contra las cuerdas. Si entonces el intercambio comercial entre ambos representaba el 10% del total ruso, hoy acumula el 18% y suma casi 150.000 millones de dólares. El gas, el petróleo y los productos agrícolas representan las principales compras chinas: desde 2014 el consumo chino de gas ruso se ha multiplicado por tres, gracias a la inauguración en 2019 del gasoducto Power of Siberia 1. Por su parte, Rusia adquiere de su socio productos manufacturados, químicos y equipos de telecomunicaciones, entre otros.

Pero, dada la aún enorme diferencia en volumen con la balanza comercial entre Rusia y la UE, China “no puede sustituir a Europa. Especialmente en el sector del gas”, apunta García-Herrero. Según recuerda, no hay conexiones entre los gasoductos rusos que envían el combustible a Europa y el Power of Siberia 1, lo que hace “imposible que China absorba el excedente de gas que tendría Rusia en caso de que Occidente decidiera imponer sanciones sobre ese producto, o que Rusia decidiera no vendérselo a Europa”. Moscú y Pekín negocian un segundo gasoducto, Power of Siberia 2, aunque su construcción y entrada en servicio podría tardar años una vez cerrado el acuerdo.

Además, hay áreas en las que China simplemente no puede servir de alternativa a Europa o Estados Unidos a la hora de suministrar a Rusia productos, como es el caso de la farmacéutica. Además, “una cuestión clave llegará en el sector tecnológico y de comunicaciones. Claramente, hay una oportunidad enorme para que los representantes chinos cubran las pérdidas potenciales de Rusia con respecto a las sanciones tecnológicas que puedan llegar. Pero el suministro de equipos de alta tecnología y semiconductores es un problema que afecta a todo el mundo, y ahí no parece que China pueda ser fácilmente un sustituto”, apuntaba previamente Huotari.

Pekín sí puede echar una mano en el sector financiero. Un 13% de las reservas rusas, unos 90.000 millones de dólares, se encuentran denominadas en renminbi, la divisa china, y el Banco Popular de China (PBoC, banco central) no va a bloquear su uso. Podría también permitirle cambiar esos fondos a la moneda estadounidense para darle liquidez, aunque según la economista jefe de Natixis “sería una muestra de apoyo muy grande… si lo hace, será a cambio de algo”. Rusia también cuenta con una línea de crédito (swap line) con el PBoC por valor de 150.000 millones de yuanes, o casi 24.000 millones de dólares. “El PBoC podría establecer esa línea de crédito en dólares para aportar liquidez en divisas fuertes a Rusia, pero hay un riesgo de crédito obvio en ello”, indica Natixis en una nota.

Menos claro es el alivio que podría obtener al cierre de la plataforma SWIFT para sus operaciones bancarias. China cuenta con su propio sistema alternativo, CIPS, al que podrían recurrir los bancos rusos. Pero este mecanismo tampoco es totalmente independiente del internacional, y su nivel de transacciones es muy inferior al de su rival: moviliza 50.000 millones de dólares diarios en operaciones, frente a los 400.000 millones de SWIFT. “Va a ser un coste de transacción muy elevado y solo con bancos rusos, porque no hay nadie operando internacionalmente con CIPS, realmente no hay liquidez”, explica García-Herrero.

En términos similares se expresaba Chen Xin, profesor de la Universidad Fudan de Shanghái, en una entrevista con el digital Guancha, en la que apuntaba a que permitir el uso de CIPS a los bancos rusos podría exponer a sanciones a las entidades financieras chinas: “Es un sistema que se sigue basando en una red de bancos, que pueden resultar sancionados por Estados Unidos. Si no se permite a nadie hacer negocios con esos bancos chinos y otros países se suman a esas sanciones, el sistema no funcionará”.

Según resume García-Herrero, “no hay manera de que China pueda totalmente paliar” el daño a la economía rusa. “Otra cosa es que pueda amortiguar los golpes, pero cada vez que amortigüe alguno, pasará la factura (en beneficio propio). Esa es la idea”. Huotari, por su parte, subraya: Rusia “claramente va a ir dependiendo más de China en el futuro”.

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Sebastián Villalobos, influencer.

«Admiracióin y respeto a esos pocos que siguen reinventándose», .

Noticias Colombia.

Sebatián Villalobos es uno de los youtubers más famosos que tiene Colombia. El bumangués de 26 años inició su carrera en el mundo de las plataformas digitales cuando fanáticos del mundo del entretenimiento apenas descubrían canales como Youtube e Instagram para ver videos.

Ha ganado gran reconocimiento a nivel internacional por su contenido de calidad en redes y también por su carisma que lo convierten además en uno de los jóvenes colombianos con más seguidores. En su cuenta de Instagram cuenta con 11 millones, en su página de Facebook 9,3 millones y en su canal de Youtube, cerca de 6,4 millones.

Hoy, Villalobos es noticia por cuenta de un mensaje que el santanderano colgó en sus historias de Instagram, el cual muchos de sus seguidores catalogaron como una indirecta a los escándalos que recientemente se han viralizado en redes sociales por los llamados «nuevos generadores de contenido».

Vea:  Pérdida de plata y contratos cuando a los ‘influencers’ les cierran sus cuentas en redes sociales

El también actor y bailarín, cree que la nueva generación de instagrammers quieren ganar fama y seguidores a punta de recrear escenas falsas.

«A veces siento a las redes sociales como un circo lleno de payasos donde hay uno que está regalándole globos a la gente, otro está por ahí haciendo el ridículo, otros fingiendo caer para que los vean y ‘entretener’. Los malabaristas, trapecistas y el mago, ahí están…dando lo mejor de sí mismos, pero nadie los ve, porque el público solo quiere saber qué pasa con los payasos», dice un párrafo de la historia subida por el joven de 26 años de edad.

«Cuando dejé de hacer mi contenido porque me sentía cero representado por lo que empezaron a ser las tendencias por esos días, que básicamente consistía en jugar, faltar el respeto de la audiencia, inventando chismes y situaciones ficticias basadas en sus propias vidas reales. Me fui porque no quería ser parte y lastimosamente es lo que el público quería ver, aunque tú tuvieras otra cosa para ofrecer», agregó el instagrammer en su red social.

Lea:Millonarias inversiones de los «influencers»: Luisa FW y Pipe Bueno montaron restaurante, Epa Colombia compró edificio

«Admiración y respeto a esos pocos magos que siguen reinventándose y creando ‘trucos’ de calidad, frente a toda esta ola de morbo que inició hace unos años y hoy pareciera que es lo único que la gente quiere consumir. Devuélvanse a ver la novela en su TV», culminó en su escrito ‘Sebas’.

Comentario de Sebastián Villalobos.

Usuarios de redews sociales creen que este mensaje fue enviado por el influenciador por la reciente controversia desatada entre Yeferson Cossio, Aída Merlano por una supuesta salida en plan de «más que amigos» y por un aparente beso que se dieron en un lugar público.

Foto de portada: @sebastianvillaobos

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