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El director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, ha explicado este viernes que los niveles de radiación en el entorno de la antigua central nuclear de Chernóbil, en Ucrania, son “bastante normales”. No obstante, ha advertido, durante una rueda de prensa en la sede del organismo en Viena, de que “había un nivel relativamente más alto de radiación” en algunos puntos localizados por el polvo que levantaron los vehículos militares rusos, que el pasado febrero tomaron la central.

Las tropas rusas transfirieron este jueves “por escrito” el control de la central a personal ucranio. “Y desplazaron dos convoyes de tropas hacia Bielorrusia”, según informó ayer la OIEA, que esta semana se ha reunido con delegaciones rusas y ucranias para investigar la seguridad en la planta.

“Tengo un acuerdo marco sobre seguridad nuclear y seguridad en Ucrania”, ha explicado Rossi. Pero ha sido alcanzado “por separado” con Kiev y Moscú, ha avisado. El jefe de la OIEA llegó a Ucrania a principios de esta semana y posteriormente viajó a Rusia, donde se ha visto este viernes con el director general de la agencia nuclear (Rosatom) y otros altos cargos. La reunión ha tenido lugar en Kaliningrado, un territorio a orillas del mar Báltico.

Grossi ha reconocido que estaba al tanto de la información que aseguraba que algunos soldados rusos se habían envenado por radiación mientras controlaban la planta de Chernóbil, que el 26 de abril de 1986 sufrió el peor accidente nuclear de la historia. Sin embargo, ha señalado que el Kremlin no ha explicado por qué ha devuelto a Ucrania la central, aunque es un paso, en su opinión, “indudablemente en la buena dirección”. En las últimas semanas, Grossi había alertado del riesgo de que se produjese un accidente en zonas como Chernóbil o Zaporiyia, también en Ucrania, que alberga la mayor central nuclear de Europa.

El jefe de la OIEA ha anunciado que visitará la antigua central nuclear de Chernóbil, aunque no ha aclarado cuándo viajará más allá de decir que lo hará “muy, muy pronto”. Será, según ha dicho, “la primera de varias” visitas para garantizar la seguridad de las centrales nucleares de Ucrania. Además, ha señalado que el organismo ha estructurado un plan de asistencia para el país, que comenzará la próxima semana, y que permitirá enviar expertos “casi inmediatamente” en caso de emergencia.

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Grossi ha querido transmitir un mensaje de tranquilidad al recordar que Ucrania, un país que depende de la energía nuclear para satisfacer alrededor de la mitad de sus necesidades energéticas, tiene experiencia en gestionarla, al igual que Rusia. Pese a ello, ha garantizado asistencia y supervisión internacional, especialmente en el contexto bélico que vive el país tras el ataque ordenado el pasado 24 de febrero por el presidente ruso, Vladímir Putin.

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Cuando Vladímir Putin ordenó a sus tropas “desnazificar” toda Ucrania el pasado 24 de febrero, los partidarios más acérrimos de la guerra pensaron que había llegado el momento de su cruzada por la defensa del “mundo ruso”. El mandatario, que denigraba al Gobierno de Volodímir Zelenski tildándolo de “régimen” liderado “por drogadictos y neonazis”, había prometido recuperar Ucrania para su causa. Y un año antes, en un artículo que escribió sobre la hermandad de ambos países, Putin decía que Kiev era “la madre de todas las ciudades rusas” y su pueblo, una nación con 1.000 años de historia. Por ello, unas negociaciones con el enemigo que podrían derivar en un statu quo prácticamente idéntico al de antes de la guerra han provocado conmoción entre los ciudadanos que defienden la invasión y el entorno económico, militar e ideológico del presidente ruso.

Uno de los rostros más visibles del enfado ha sido el del presidente checheno, Ramzán Kadírov, también uno de los protagonistas de la hasta ahora “liberación de Ucrania” en la prensa rusa. “Salam Aleikum [que la paz sea con vosotros], queridos amigos. Leo en distintos canales de Telegram que Ucrania ha ganado, Rusia se marcha y habrá negociaciones”, arrancaba el vídeo que grabó Kadírov por la noche. “Somos luchadores y no estamos de acuerdo ni con estas negociaciones ni con sus acuerdos. Esto es voluntad política de nuestro presidente y así debe ser, pero somos combatientes que combaten y pedimos al Gobierno, al presidente, que nos permita dar fin a lo que él comenzó”, concluía su mensaje.

Horas antes, el jefe del equipo negociador ruso, Vladímir Medinski, bendecía el tono “constructivo” de sus conversaciones con los ucranios, que a cambio de que se garantice su soberanía estarían dispuestos a renunciar a solicitar su ingreso en la OTAN, a negociar el estatus de la región de Donbás ―reconocida independiente por el Kremlin justo antes de su ofensiva―, y a abordar en un periodo de 15 años la situación de Crimea, anexionada por Rusia en 2014. Es decir, una situación muy parecida a la que había antes del ataque, con la salvedad de la franja sur de Ucrania que une la península del mar Negro con Donbás, prácticamente ocupada por Rusia en su ofensiva sobre Mariupol. Como muestra de confianza, el Ministerio de Defensa ruso anunció que iba a “reducir drásticamente las operaciones militares” en las zonas de Kiev y Chernihiv.

Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo con renunciar a la capital ucrania, amenazada desde hace más de un mes por las fuerzas rusas. “Debemos completar lo que comenzamos, no detenernos. Tenemos que llegar hasta Kiev. Si nos situamos alrededor, estoy seguro de que entraremos en Kiev y pondremos las cosas en orden”, dijo también Kadírov este martes en un mitin multitudinario de militares en Grozni. Una vez que conoció el avance de las negociaciones, el líder checheno endureció su tono pese a hablar con una sonrisa cínica. “En Ucrania hay terroristas y extremistas de 52 países. Mientras haya banderistas [colaboradores de los alemanes contra Stalin], nazis o combatientes del shaitán islámico [espíritu maligno], Ucrania no podrá tener una vida normal. O los destruimos o los encarcelamos de por vida”.

Destino histórico

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Aparte de Kadírov, que pasó de luchar junto con su padre contra los rusos en las guerras chechenas a dirigir su propia república y ejército tras dar su apoyo a Putin, en el entorno del Kremlin hay dos camarillas. Una la forman los liberales y oligarcas, más abiertos a Occidente y recelosos de la guerra por las duras sanciones impuestas, y la otra la compone el ala más nacionalista. El sociólogo de ultraderecha Alexánder Dugin es un exponente de este sector. Uno de los referentes ideológicos de Putin, defensor acérrimo de que Rusia es una civilización con un proyecto euroasiático frente al bloque occidental y sus valores, mostró el martes su decepción, igual que hizo en 2015, por no haber avanzado por toda Ucrania en la entonces guerra de Donbás.

“Entiendo la preocupación de todos, pero Kadírov no habla solo en su nombre, ni en nombre de todos los chechenos, ni en nombre de todos los soldados, ni en nombre de nuestro pueblo, sino también en nombre del comandante en jefe supremo [Putin]”, escribió el pensador en su canal de Telegram. “Esto es solo el comienzo de la operación. (…) Debemos hacer acopio de valor. Y adelante, solo adelante”, subrayó.

Menos claro lo tiene el coronel Ígor Girkin Strelkov, antiguo miembro del Servicio Federal de Seguridad (FSB) ruso, el antiguo KGB, que irrumpió en una operación encubierta en Donbás en 2014 para comenzar la guerra. El exministro de Defensa de la República Popular de Donetsk, que aún tiene su público, fue muy crítico en un debate del canal Roi TV. “En el Kremlin hay muchos que proponen rendirse, pero es imposible. Cualquier desescalada será un paso a la capitulación. Como pasó con los protocolos de Minsk, Kiev firmará y no cumplirá nada”, afirmó.

“Las Fuerzas Armadas rusas han sufrido pérdidas serias. No pueden tomar Kiev, no pueden tomar Járkov, no han podido tomar Mariupol durante varias semanas y Europa observa todo esto. ¿Dónde está el tercer mayor ejército del mundo, tras EE UU y China?”, se preguntaba Strelkov tras afirmar que Moscú tiene dos opciones: la movilización masiva de las tropas y las fábricas de armamento o una tregua que, en su opinión, permitirá a Ucrania rearmarse. “Creo que el Kremlin no ha tomado una decisión aún”, afirmó tras puntualizar que debe llamar “a los reservistas, a 200.000 hombres o más, porque movilizar menos y enfrentarlos a un enemigo armado con un arsenal de gran calidad sería un sinsentido”.

Otro de los impulsores de la primera ofensiva de 2014 fue el empresario ultraortodoxo Konstantín Maloféyev, una más de las voces nacionalistas del Kremlin. Su canal Tsargrad TV (Constantinopla, en eslavo antiguo), abría su portal web con el titular “Ruso, no traiciones al ruso”. “Los resultados de las negociaciones de Estambul con los representantes de la junta de Kiev han causado conmoción entre millones de rusos. ¿Es estupidez, una traición o, incluso peor, un error?”, arrancaba el artículo donde trataba de averiguar “si el pueblo ruso está preparado para rendirse”. En cualquier caso, advertía de que “es demasiado pronto para dar por concluida la operación especial en Ucrania”.

Mensajes en la prensa

En la misma línea iban ayer las opiniones de los lectores de medios favorables al Kremlin en las noticias sobre el encuentro de Estambul. Entre los cientos de comentarios del artículo en la versión rusa de Russia Today destacaba la palabra “traición”. “¿Primero hace falta liquidar a los nazis, y luego llegar a un acuerdo con ellos?”, decía un lector. Otro destacaba que esto era firmar un “Minsk 3.0″ para volver a otro problema no resuelto. Y en el portal Roi TV destacaban frases como: “Muchos patriotas están abatidos con estas negociaciones. ¿Cuántas declaraciones de victoria hubo hoy en la propaganda enemiga?”, y: “¿Resulta que Kadírov es más patriota que nuestros generales?”.

A estas críticas se ha sumado también la confusión entre los ciudadanos por una campaña que ha oscilado entre “la desnazificación de Ucrania” y la “operación especial para la protección de las repúblicas de Donetsk y Lugansk”. “¿Para qué fue emprendida entonces?”, se preguntaba un lector. “Esto significa que nuestros soldados han dado la vida en vano”, lamentaba otro.

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European Commissioner for Agriculture European Commissioner for Agriculture Janusz Wojciechowski speaks during a news conference on the communication in response to the European citizens’ initiative 'End the Cage Age' at the EU headquarters in Brussels, on June 30, 2021. (Photo by Francisco Seco / POOL / AFP) speaks during a news conference on the communication in response to the European citizens� initiative 'End the Cage Age' at the EU headquarters in Brussels, on June 30, 2021. (Photo by Francisco Seco / POOL / AFP)
European Commissioner for Agriculture European Commissioner for Agriculture Janusz Wojciechowski speaks during a news conference on the communication in response to the European citizens’ initiative ‘End the Cage Age’ at the EU headquarters in Brussels, on June 30, 2021. (Photo by Francisco Seco / POOL / AFP) speaks during a news conference on the communication in response to the European citizens� initiative ‘End the Cage Age’ at the EU headquarters in Brussels, on June 30, 2021. (Photo by Francisco Seco / POOL / AFP)FRANCISCO SECO (AFP)

El comisario europeo de Agricultura, Janusz Wojciechowski (Rawa Mazowiecka, Polonia, 67 años) acusa a Rusia de intentar someter a Ucrania provocando una hambruna de forma deliberada. “Es el método ruso de expansión”, afirma el dirigente comunitario, en alusión a las hambrunas que mataron a millones de ucranios durante el periodo soviético de Stalin. Wojciechowski reconoce que las acusaciones contra el régimen de Vladímir Putin se basan en datos facilitados por las autoridades de Kiev que no pueden ser verificados por fuentes neutrales. “Pero para mí es una información creíble”, sentencia durante una entrevista por videoconferencia con un grupo de medios internacionales, entre los que estaba EL PAÍS.

Pregunta. Ha asegurado que la seguridad alimentaria está garantizada en Europa a pesar de la invasión rusa a un gigante agroalimentario como Ucrania. Pero, ¿qué pasará, sobre todo, en Ucrania, si la guerra se prolonga?

Respuesta. En Europa, de momento, estamos impresionados por el heroísmo de la nación ucrania y del Ejército ucranio. Rusia no va a ser capaz de ocupar Ucrania y la producción agroalimentaria ucrania va a continuar. Pero yo soy polaco y conozco la historia de esta región mejor que la de otras zonas de Europa. Y el método ruso de expansión para dominar otras naciones es provocar hambruna. Ya pasó en Ucrania en los años 1930, con una gran hambruna, y una situación similar en Kazajistán. Ha sido la experiencia de muchas naciones. En esa época, millones de personas murieron por falta de comida. Y tenemos que abordar esta situación muy seriamente, como nos lo han indicado el ministro ucranio de Agricultura y el embajador ucranio ante la UE. El Ejército ruso está atacando infraestructuras agrícolas y matando agricultores en el campo mientras trabajan. Debemos hacer todo lo posible para lograr que continúen trabajando, porque la agricultura ucrania es muy importante para la seguridad alimentaria global. Los agricultores son héroes como los soldados, dispuestos a seguir trabajando bajo las bombas.

El Ejército ruso está atacando infraestructuras agrícolas y matando agricultores en el campo

P. ¿Tiene constancia de algún incidente concreto que demuestre que Rusia está intentando provocar una hambruna en Ucrania?

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R. No tengo información sobre incidentes concretos. El ministro ucranio de Agricultura y otras autoridades ucranias me han comentado que el Ejército ruso ataca infraestructuras agrícolas, destruyeron las granjas de pollos cercanas a Jersón con consecuencias muy serias no solo para la alimentación, sino también para las condiciones sanitarias. Es difícil verificar las informaciones porque hay una guerra, pero para mí es una información creíble.

P. Como polaco y conocedor de la historia de la región, ¿qué le parece la oferta de Ucrania de aceptar un estatuto de neutralidad si Moscú pone fin a la invasión?

R. No me gusta dar consejos a Ucrania dada la situación. Lo que puedo decir es que en mi país, Polonia, está completamente abierto para los ucranios y ya ha acogido a más de dos millones. Y mi opinión es que debemos hacer todo lo posible para apoyar las aspiraciones europeas de Ucrania, para que sea parte de la UE. Es muy importante para la seguridad de Europa. Pero, por supuesto, es una decisión de Ucrania y en esta situación específica nuestra obligación es apoyar a la nación ucrania y al pueblo ucranio.

Debemos hacer todo lo posible para apoyar las aspiraciones europeas de Ucrania

P. Polonia y otros países defienden que Ucrania ingrese cuanto antes en la UE. En ese caso, ¿cuál sería el impacto para la Política Agraria Común de la incorporación de un país con un sector primario enorme? ¿Sería un activo o un problema dada su envergadura?

R. Ucrania tiene un potente sector agrícola. Pero es llamativo que antes de la guerra, cuando las relaciones comerciales eran normales, yo oía muchas quejas sobre el comercio con ese país. Había quien alertaba que era un gran competidor para nuestros agricultores, que no era bueno que importásemos tantos productos ucranios. Ahora que las importaciones se han parado por la guerra, las quejas han variado y se reconoce que necesitamos las importaciones ucranias, necesitamos su maíz, sus semillas oleaginosas, para nuestra producción, sobre todo, para la alimentación en nuestras explotaciones ganaderas. Se ha visto que el ingreso de Ucrania en la UE fortalecería la Política Agraria Común. Por supuesto, esa decisión del ingreso tiene muchos ángulos políticos. Pero en agricultura, la guerra ha mostrado que necesitamos cooperar con un gran productor y exportador alimentario como Ucrania.

El ingreso de Ucrania en la UE fortalecería la Política Agraria Común

P. ¿El parón de las importaciones pone en peligro la seguridad alimentaria de Europa?

R. Las importaciones procedentes de Ucrania eran 6.000 millones de euros al año antes de la guerra. Son unas cifras importantes, pero su pérdida no crea un riesgo de seguridad para Europa. Es importante decirlo. No hay riesgo de seguridad alimentaria para Europa, pero sí para Oriente Próximo y el norte de África.

No hay riesgo de seguridad alimentaria para Europa, pero sí para Oriente próximo y el norte de África.

P. ¿Qué productos corren más peligro?

R. Ucrania es un gran exportador de cereales, maíz y oleaginosas. Entre Ucrania y Rusia, —aunque cuesta poner juntos al agredido y al agresor— representan el 30% de las exportaciones mundiales de cereales. Debemos mantener las exportaciones ucranias y evitar que Rusia se beneficie de la agresión, ocupando con sus productos los mercados donde Ucrania no pueda llegar. En Oriente Próximo y el norte de África la exportación ucrania era muy importante. Nuestra intención no es que otros países ocupen ese espacio, sino ayudar a Ucrania a mantener sus exportaciones. Una vía sería a través de Polonia hasta los puertos de los países bálticos. Y también hay que hacer llegar a Ucrania nuestras exportaciones de alimentos, que ascendían a unos 2.000 millones de euros al año antes de la guerra. El problema es cómo organizar este comercio con seguridad. Ha habido ataques en Lviv, a 70 kilómetros de la frontera polaca, y el objetivo eran los suministros de combustible necesario, por ejemplo, para los tractores.

P. La agricultura europea también está sufriendo por el encarecimiento de la energía, de los fertilizantes…

R. Hemos adoptado medidas para mejorar la situación. Hemos activado la reserva de crisis con 500 millones de euros, que con la cofinanciación de los Estados puede llegar a 1.500 millones de euros para apoyar a los agricultores afectados por la crisis provocada por la agresión contra Ucrania. Se ha derogado la norma sobre zonas no productivas, lo que posibilita poner en cultivo cuatro millones de hectáreas adicionales. Se permitirán también, de manera temporal, ayudas de los Estados de hasta 35.000 euros por explotación. Y una intervención en el sector porcino, porque su situación es realmente difícil.

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“Suspendemos la actividad”. Esta ha sido la última noticia que ofrecerá Nóvaya Gazeta hasta que concluya el ataque sobre Ucrania. El diario ruso —cuyo director, Dmitri Murátov, fue galardonado con el premio Nobel de la paz en 2021— ha decidido paralizar su publicación tras recibir una nueva advertencia por parte de las autoridades. Hasta ahora había caminado sobre el alambre mientras el organismo supervisor de las telecomunicaciones ordenaba el bloqueo de otros medios. Ahora, su cobertura del mayor conflicto que ha vivido Rusia este siglo llega a su fin, apenas un mes y cuatro días después de haber comenzado la invasión de Ucrania.

“Hemos recibido otra advertencia más de Roskomnadzor [el supervisor ruso de las telecomunicaciones]. Después de esto suspendemos la publicación del periódico en el sitio web, en las redes sociales y en papel hasta el final de la ‘operación especial en el territorio de Ucrania’. Atentamente, la redacción de Nóvaya Gazeta”, recogía el breve comunicado que encabeza ahora, y sin saber hasta cuándo, el portal del diario.

La redacción de Nóvaya Gazeta desconoce el motivo de estos avisos. “No sabemos por qué, ni siquiera hemos recibido una copia de la primera advertencia”, decía la responsable de comunicación del diario, Nadezhda Prusenkova, a la agencia de noticias Interfax. “Tampoco sabemos qué dice la advertencia. Han publicado el mensaje de que ha habido una advertencia al periódico, pero no nos han enviado nada”, agregó. El director Murátov anunció la semana pasada que sacaría a subasta la medalla del premio Nobel que le fue entregada en Oslo el pasado diciembre y que donaría el dinero para ayudar a los refugiados ucranios.

El periodista Dimitri Muratov, director de 'Nóvaya Gazeta', el 10 de diciembre de 2021 tras recibir el premio Nobel de la Paz en Oslo por su defensa de la libertad de prensa.
El periodista Dimitri Muratov, director de ‘Nóvaya Gazeta’, el 10 de diciembre de 2021 tras recibir el premio Nobel de la Paz en Oslo por su defensa de la libertad de prensa. ODD ANDERSEN (AFP)

El organismo regulador ordenó este domingo que varios medios rusos no difundiesen una entrevista que les había concedido el presidente ucranio, Volodimir Zelenski. Dos ya estaban bloqueados dentro de Rusia, Meduza y Dozhd, y junto a ellos participaba el periódico Kommersant, controlado por un poderoso empresario de la metalurgia, Alisher Usmánov, cercano al Kremlin. El director de Dozhd, Mijaíl Zygar, hizo una pregunta en nombre del responsable de Nóvaya Gazeta.

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El periódico que dirige Murátov es el último de una larga lista de medios que sucumben a la censura en Rusia. A principios de marzo, al mismo tiempo que el Parlamento legislaba contrarreloj una ley que condena con hasta 15 años de cárcel la “desinformación” sobre el conflicto, las versiones en ruso de varios canales internacionales —entre ellos BBC, Deutsche Welle, Voice of America y Euronews— fueron bloqueadas dentro del país por su cobertura de la ofensiva. Lo mismo sucedió con la televisión independiente rusa Dozhd, el diario Meduza y la decana radio Eco de Moscú.

La legendaria emisora, cuyo portal web publicaba columnas de opinión de opositores y oficialistas, decidió su liquidación tras haber sido bloqueado por las autoridades al negarse a borrar el contenido que desafiaba la versión del Kremlin sobre la “desnazificación de Ucrania”. Su director, Alexéi Venedíktov, se encontró hace unos días en la puerta de su domicilio una cabeza de cerdo y un cartel con la bandera de Ucrania donde estaba escrito “puerco judío”.

Nóvaya Gazeta había logrado sortear la censura hasta ahora gracias a que había acatado las exigencias de las autoridades. Entre ellas, borrar todo contenido donde estuviera escrita la palabra “guerra”, incluido el primer editorial que publicó su director en contra de la ofensiva.

Murátov, que el pasado año compartió el Nobel con la periodista filipina María Ressa por su defensa de la libertad de prensa, había recurrido a argucias para cumplir con las normas de las autoridades. Por ejemplo, borró casi todo el cartel contra la guerra que mostró en pleno directo y en horario de máxima audiencia del principal informativo ruso la periodista Marina Ovsianikova. “No creáis la propaganda”, fue la única línea del rótulo que sostuvo la editora del programa que no emborronó Nóvaya Gazeta.

Una de sus últimas portadas de papel aludía a la censura mostrando una explosión gigantesca de fondo y las siluetas de cuatro bailarinas recortadas sobre ella. El diario rescataba uno de los momentos más críticos en la historia reciente del país: la retransmisión ininterrumpida del ballet El cascanueces en el principal canal televisivo durante el golpe de Estado fallido de 1991 con la que se trataba de ocultar lo que estaba sucediendo. Tres décadas después, el canal Dozhd puso punto final a su emisión en abierto con esa misma obra.

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Washington ha anunciado este jueves nuevas sanciones financieras contra Rusia por la invasión de Ucrania, dirigidas contra políticos, oligarcas y la industria de defensa, según un comunicado hecho público por el Departamento de Estado. “La guerra del presidente [Vladímir] Putin continúa infligiendo horror y sufrimiento generalizado al pueblo de Ucrania”, dice la nota de prensa de la diplomacia estadounidense. “Al mismo tiempo, en Rusia, la Duma [Parlamento ruso] continúa utilizando su poder legislativo para atacar a los disidentes y opositores políticos nacionales, interrumpir el libre flujo de información y restringir los derechos humanos y las libertades fundamentales de los ciudadanos de Rusia”, destaca.

El secretario de Estado, Antony Blinken, ha informado de que las sanciones, que no han sido aún concretadas, apuntan ahora a “328 miembros de la Duma estatal rusa, además de los 12 miembros designados el pasado 11 de marzo”. La Administración de Joe Biden considera que estos cargos han apoyado las violaciones de la soberanía y la integridad territorial de Ucrania por parte del Kremlin. Una de las personas contra las que se dirige el castigo es Herman Gref, el jefe de Sberbank, el mayor prestamista de Rusia, y aliado cercano de Putin.

“Estas acciones complementan los esfuerzos en curso de nuestros aliados y socios para hacer que rindan cuentas aquellos que, por libre elección, han desatado esta inconcebible guerra contra Ucrania y su pueblo”, asegura el Departamento de Estado. La Casa Blanca está intensificando la coordinación con sus aliados occidentales. Precisamente, este jueves, el presidente Biden se encuentra en Bruselas para participar en una cumbre extraordinaria de la OTAN y un encuentro en el Consejo Europeo. El mandatario demócrata también asiste a una reunión del G-7. Luego viajará a Polonia, donde mantendrá un breve encuentro con su homólogo Andrzej Duda.

Desde Bruselas, Washington se comprometía este jueves a acoger a un máximo de 100.000 refugiados ucranios y de otras nacionalidades que hayan huido del país. Además, prevé una ayuda humanitaria a Ucrania de 1.000 millones de dólares (unos 909 millones de euros). La prioridad será acoger a aquellos ucranios “que tengan familiares en Estados Unidos”, explicó una fuente oficial estadounidense, que pidió el anonimato, en una rueda de prensa telefónica. Hasta ahora, el Gobierno de Biden había insistido en que la mayoría de los ucranios huidos tenían el deseo de quedarse lo más cerca posible de su país y que era improbable que quisieran asentarse en Estados Unidos.

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Estados Unidos es el mayor donante individual de asistencia humanitaria a la antigua república soviética. “Apoyamos al valiente pueblo de Ucrania, que está demostrando un coraje increíble y una determinación feroz al defender a su país contra la agresión del Kremlin”, dijo el Departamento de Estado. Para hablar de la “la guerra librada por el Gobierno ruso en Ucrania”, pero también de “las actividades desestabilizadoras de Irán” y las relaciones entre israelíes y palestinos, Blinken realizará una gira entre el 26 y 30 de marzo a Israel, Marruecos y Argelia. Entre otros, se entrevistará con el primer ministro israelí, Naftali Bennett; el presidente palestino, Mahmud Abbas, en Ramala, y con el jeque Mohamed Bin Zayed, gobernante de facto de Emiratos Árabes Unidos.

Por otro lado, el departamento del Tesoro estadounidense también ha anunciado medidas contra la Corporación de Misiles Tácticos JSC (KTRV), un conglomerado de defensa ruso perteneciente al Estado. “KTRV produce equipos de defensa rusos, incluidas armas aerotransportadas y sistemas de armas para la Armada rusa”, afirma.

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El ministerio español de Asuntos Exteriores está investigando el paradero del jubilado valenciano Mariano García Calatayud, de 74 años, ante la posibilidad de que haya sido detenido por el Ejército ruso en el transcurso de una manifestación contra la invasión convocada en la ciudad ucrania de Jersón, que tuvo lugar el lunes. Una amiga ucrania ha comunicado a la hermana del funcionario retirado que había sido arrestado por soldados rusos y que se lo habían llevado con ellos, sin que se sepa cuál es su estado actual, según ha confirmado el Ayuntamiento de Carlet, donde trabajó como brigada de obras el ahora desaparecido.

La amiga citada, llamada Olana, le dijo que unos compañeros vieron “cómo los rusos lo subieron en un coche” y no saben “nada más”, según ha explicado Vicenta García Calatayud a la televisión autonómica valenciana À Punt. “El móvil suena, pero no lo coge”, ha añadido.

El ministerio español de Exteriores ha señalado a este periódico que su “Embajada en Kiev (actualmente en Varsovia) y los servicios de emergencia consular del MAEC están siguiendo atentamente este caso, investigando cuál es el paradero de Mario García Calatayud para esclarecer su situación y permanecen en contacto con su familia”.

El enclave portuario de Jersón, en la ribera del Mar Negro, tiene una población de 282.000 habitantes y es la ciudad más grande de Ucrania ocupada por las tropas rusas. Allí, este lunes, las fuerzas de Putin reprimieron con fuego real (granadas de aturdimiento y disparos) una protesta contra las fuerzas del Kremlin, según denunció el ministro ucranio de Exteriores, Dmitro Kuleba, que aseguró que un pensionista había resultado herido.

El funcionario jubilado se marchó hace unos siete años a vivir a Ucrania con la intención de prestar apoyo al país en el conflicto con Rusia. Ya se manifestó en contra de la anexión de Crimea. Llegó a crear una asociación a través de la cual no ha dejado de enviar ayuda humanitaria a los ciudadanos ucranios. Recientemente, hizo pública la organización de un convoy y no ha ocultado su apoyo a la causa ucrania ni sus críticas a Rusia ni a su presidente, Vladímir Putin. El jubilado ha manifestado que está incluso dispuesto a empuñar un arma si es necesario.

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El pasado jueves, García Calatayud habló por última vez con su hermana. ”Le dije que viniera, que volviera aquí, que con el peligro que hay. Y me dijo que de momento no, que estaba ayudando y no pensaba irse”, manifestó Vicenta García en declaraciones a la televisión valenciana.

Los servicios informativos de la cadena hablaron con él un día después. Les proporcionó vídeos sobre la resistencia pacífica de los ciudadanos de Jersón y les manifestó: “El pueblo está unido. Eso es lo que no esperaba Putin, que aquí hubiera la unión que hay”.

El brigada municipal de obras retirado explicó que su interés por Ucrania se remonta a las enseñanzas de su padre relativas a la necesidad de ayudar a los más débiles y a cómo el pueblo ucranio dio un ejemplo de solidaridad acogiendo a miles de menores de familias republicanas durante la Guerra Civil española.

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El opositor ruso Alexéi Navalni pasará más años en la cárcel. Un tribunal de Moscú le ha declarado este martes culpable de fraude a gran escala y de falta de respeto a la justicia. La Fiscalía ha solicitado hasta 13 años de prisión para el activista. La sentencia se conocerá más adelante. “Navalni cometió un fraude al robar bienes ajenos mediante engaño y abuso de confianza”, ha asegurado la jueza Margarita Kotova en el veredicto al que ha tenido acceso la agencia de noticias Interfax.

El opositor cumplía actualmente otra condena de dos años y ocho meses de prisión en una cárcel de máxima seguridad por el caso Yves Rocher, cuyo juicio fue considerado “parcial y arbitrario” por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Ahora, cuatro denunciantes le habían acusado de enriquecerse con los fondos de su Plataforma contra la Corrupción, a lo que se sumó otro cargo por calumnias contra una jueza durante un proceso anterior.

En un primer momento, la Fiscalía acusó al opositor, a su exjefe de campaña, Leonid Volkov, y al exdirector de la Plataforma contra la Corrupción, Román Rubánov, de haber desviado unos 356 millones de rublos (3,1 millones de euros al devaluado cambio actual) “a fines personales” provenientes de la recaudación de su campaña electoral de 2018 y otras acciones.

Sin embargo, el juicio se limitó finalmente a 2,7 millones de rublos (23.000 euros) entregados por cuatro de sus más de 300.000 donantes. En su defensa, Navalni señaló que podría haber sido una trampa por las grandes sumas de dinero aportadas por un mecánico y dos empresarios sometidos a procesos penales.

A estas acusaciones de fraude se sumaron otras dos más por ofensas a una juez, a una fiscal y a un testigo durante una de sus audiencias judiciales de 2021. Navalni fue arrestado el 17 de enero de aquel año por no haberse presentado a las revisiones judiciales de su libertad condicional por el caso Yves Rocher debido a que había estado en coma en una clínica en Berlín, a donde fue trasladado tras haber sido envenenado con Novichok en agosto del año anterior.

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El uso de esta sustancia contra el activista fue confirmado por la investigación de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas de la ONU. Para su desarrollo se necesitan laboratorios muy avanzados, y un análisis de Bellingcat, The Insider y varios medios más denunció que Navalni había sido seguido en varias ocasiones por el Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB), incluido el viaje en el que cayó en coma. El presidente ruso, Vladímir Putin, justificó su seguimiento meses después aduciendo que trabajaba para intereses extranjeros.

Este nuevo juicio contra Navalni ha tenido lugar en la cárcel de Pokrov, situada en la región de Vladímir y a unos 100 kilómetros al este de Moscú. Los jueces se trasladaron hasta este recinto, donde el activista permanece encarcelado desde que fue detenido, algo que resaltó Navalni durante su defensa. “Nunca en la historia de todos los juzgados de la Federación de Rusia, y creo que incluso en toda la historia de los juicios de la Unión Soviética, se reunió el tribunal en otro territorio, y mucho menos en una cárcel”, dijo Navalni.

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Si el axioma militar dice que descabezar al enemigo es uno de los objetivos básicos de la guerra, entonces la ofensiva rusa sobre Ucrania atraviesa importantes dificultades tras haberse confirmado la muerte de varios de sus altos mandos en el frente. El Gobierno ucranio asegura haber acabado con hasta cinco generales y un puñado de comandantes del enemigo. Sobre algunos se guarda un sepulcral silencio y otro resucitó en un desafiante vídeo. Algunas estimaciones elevan la magnitud del impacto al hablar de miles de muertes entre los militares rusos. Esas bajas representan un duro golpe en una campaña que el Kremlin calificó de “quirúrgica”, pese a que se cumplirá un mes desde el primer ataque en los próximos días.

“Todo marcha acorde al plan”, dijo el presidente Vladímir Putin sobre la “operación militar especial para la defensa de las repúblicas de Donetsk y Lugansk”, eufemismo con el que Moscú se refiere a esta campaña bélica. El último alto mando fallecido ha sido el jefe adjunto de la Flota del Mar Negro, el capitán de primer rango Andréi Palii. Su muerte la confirmó el pasado domingo por Telegram el gobernador de Sebastopol, Mijaíl Razvozháyev. “Era amigo de Andréi Nikolayévich. Era una persona muy abierta y buena, un verdadero oficial descendiente de una dinastía de militares. Gozaba de una gran autoridad en la flota, era comprensivo y atento, sabía cómo ser cercano con cualquier persona”, afirmó el político en una de las raras confirmaciones de altos mandos fallecidos en esta guerra.

Palii nació en Kiev en 1971, pero tras la ruptura de la URSS decidió servir en la marina rusa y se negó a prestar juramento a Ucrania. Además, durante su dilatada carrera llegó a ser jefe adjunto de las Fuerzas Armadas de Rusia en Siria. Según el medio Forpost, el capitán había recibido la misión de asegurar el corredor humanitario de la ciudad portuaria de Mariupol, el frente principal en esta fase de la guerra, una urbe devastada por los bombardeos y donde se lucha ahora casa por casa, un escenario muy lejano de lo que había sido dibujado como una rápida operación quirúrgica. Según el Gobierno ucranio, un francotirador acabó con su vida.

Fuentes oficiales del Gobierno ucranio también han anunciado el cese de ocho altos mandos oficiales rusos, una purga que varios medios han tratado de confirmar. La última destitución que se ha sumado a esta supuesta lista y que sí que ha sido confirmada es la del subcomandante de la Guardia Nacional Román Gavrílov. El general, antes responsable de su departamento de seguridad interna y con mando sobre fuerzas especiales, deja la dirección de la Guardia Nacional en plena ofensiva, pese a que sus fuerzas tienen una participación activa en la guerra. Las autoridades rusas atribuyeron el cese a su antigüedad, aunque Gavrílov, ascendido el pasado verano, podría haber seguido al frente de la Guardia Nacional 20 años más, según informa Kommersant. Además de la pérdida de generales, este súbito cambio en la jerarquía militar es otro indicio de que la guerra no marcha como esperaba el Kremlin.

El primer alto mando ruso de cuya muerte hubo constancia oficial fue el general-mayor Andréi Sujovetski, comandante adjunto del 41.º Ejército. Nacido en 1974, había sido distinguido con dos órdenes al coraje y otra al mérito militar, y su fallecimiento, anunciado por los ucranios el 1 de marzo, fue confirmado por una organización de oficiales de Krasnodarsk. Incluso Putin le mencionó en un discurso.

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Las muertes de otros militares de alto rango rusos no están claras, pero tampoco Moscú las ha desmentido. El Gobierno ucranio anunció que el 41.º Ejército ruso había vuelto a ser golpeado el 7 de marzo, al caer abatido el general-mayor Vitali Guerásimov, entonces jefe de personal y primer comandante adjunto de esta fuerza. El Ministerio de Defensa declinó comentar esta información a la agencia Reuters, y el portal de investigación Bellingcat —declarado agente extranjero por Rusia— publicó una supuesta grabación en la que dos miembros del Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB), lamentaban que el militar había sido interceptado porque sus vías de telecomunicación ya no eran seguras en Ucrania.

Otro caso similar es el del general Andréi Kolésnikov, comandante del 29.º Ejército. El exministro y actual asesor del Ministerio del Interior ucranio, Antón Gueráschenko, anunció el 11 de marzo que sus fuerzas habían acabado con su vida, aunque esto no ha sido confirmado oficialmente.

Cuatro días después, el 15 de marzo, Gueráschenko también divulgó en Telegram que el batallón Azov había acabado con otro general-mayor ruso. Pese a que ilustraba la publicación con la imagen de un muerto, no mencionaba ni su nombre ni su ejército, y tapaba su rostro con varios documentos y la supuesta insignia del militar.

Despliegue ruso

El despliegue ruso incluye más de medio centenar ejércitos de armas combinadas, divisiones y brigadas. A ellos se suman otras fuerzas, como las milicias de Donetsk y Lugansk, los grupos de mercenarios de Wagner y Siria, la guardia pretoriana del presidente checheno e incluso policías antidisturbios. En todo este tiempo, el Ministerio de Defensa ruso solo ha divulgado una vez la cifra oficial de víctimas entre sus filas, 498 muertos, y lo hizo el 2 de marzo.

Sin embargo, los diarios locales rusos han seguido informando posteriormente de un goteo constante de entierros a lo largo y ancho del país. Durante la sesión parlamentaria en la que se aprobó la ley que condena con la cárcel la difusión de información falsa sobre la guerra, la senadora de Tuva Liudmila Narusova solicitó al Ministerio de Defensa que confirmase si era cierto que habían muerto 96 de los 100 miembros de una compañía formada por reclutas.

A la pérdida de generales rusos se suma la de casi una decena de coroneles. Por ejemplo, el comandante del 331.º regimiento de Fuerzas Aerotransportadas, Serguéi Sújarev, veterano de las dos guerras de Chechenia (1994 y 1999) y de Osetia del Sur (2008). El mando murió junto a otros cuatro oficiales, según publicó el 17 de marzo la televisión regional de Kostromá.

Los intentos de avanzar en un frente cada vez más estancado podrían haber incrementado el riesgo que asumen los oficiales. Dos días antes, el diario Bashinform publicó que el comandante de la brigada de ingenieros Alkino-2, Serguéi Porojnía, falleció bajo fuego de mortero mientras participaba personalmente en la construcción de un cruce, según anunció un portavoz de la Unión Rusa de Veteranos de Afganistán.

“¡La muerte de Konstantín es un golpe terrible! Duele pensar que ya no está, es imposible hacerse a la idea”, era otra de las muertes que lamentaba el alcalde de la ciudad de Nevinnomyssk, en su cuenta de Instagram a principios de marzo. El comandante del 247.º regimiento de Fuerzas Aerotransportadas, el coronel Konstantín Vizevski, también falleció en esta ofensiva sobre Ucrania. Su padre había sido un veterano de Afganistán, y su familia decidió enterrarle en el mismo lugar.

Las pérdidas reales de la guerra no se conocerán hasta dentro de mucho tiempo. Según las estimaciones estadounidenses publicadas el 16 de febrero por The New York Times, las tropas rusas habrían perdido hasta ahora entre 3.000 y 7.000 militares, mientras que un estudio realizado por la BBC, que contabiliza las bajas publicadas de forma dispersa, confirma el fallecimiento de 557 combatientes rusos.

La cifra podría ser incluso mayor. Este lunes el diario ruso Komsomólskaya Pravda publicó en su versión digital durante unos minutos que habrían muerto 9.861 militares rusos y que otros 16.153 habían resultado heridos, según unas capturas de pantalla divulgadas por varios corresponsales de The Wall Street Journal. La información desapareció poco después.

En el caso de las fuerzas ucranias pasa algo parecido. El presidente Volodímir Zelenski confirmó la pérdida de 1.300 militares hasta el 12 de marzo, aunque dos días antes las estimaciones estadounidenses multiplicaban por dos y tres veces esas cifras.

La prensa rusa apenas ha mencionado en todo este tiempo altos mandos enemigos abatidos por sus fuerzas. En uno de esos raros ejemplos, el vicejefe de las milicias de Donetsk, Eduard Basurin, anunció el 1 de marzo que sus combatientes habían matado al general de brigada ucranio Dmitry Krasílnikov, máximo responsable de la formación Séver. “Como resultado, las unidades nacionalistas de las regiones de Donetsk y Lugansk quedaron sin dirección”, afirmó hace ya tres semanas.

La desinformación abunda y a veces ocurre la resurrección de enemigos dados por muertos. La prensa rusa publicó el 10 de marzo que el exministro del Interior ucranio Arsén Avakov había muerto en el asedio de Járkov. El político —que asumió el puesto tras la huida del presidente Víktor Yanukóvich a raíz de la matanza de Maidán de 2014— publicó un vídeo poco después en el que desmentía su propia muerte. “Me encuentro en Kiev junto con mucha más gente. Propagandistas, ¡nunca tendrán éxito”, afirmó.

Otra supuesta muerte fue la de Magomed Tushayev, comandante del 14.º Regimiento Especial Motorizado de la Guardia Nacional rusa, quien aparentemente resucitó semanas más tarde. Las Fuerzas a las que pertenece esta unidad son un caso especial, pues no están adscritas al Ministerio de Defensa, sino que solo responden ante el presidente ruso, y en este caso en particular son aún más independientes: las unidades chechenas son parte de la guardia pretoriana del presidente de la república caucásica, Ramzán Kadírov.

Tushayev fue declarado muerto por los ucranios el 27 de febrero. Sin embargo, el 16 de marzo reapareció en un vídeo supuestamente grabado aquel día donde desafiaba a quienes aseguraban que había fallecido en acción. “Yo soy Magomed Tushayev. Soy el que los conejos cobardes de Internet han declarado muerto. Si sois hombres, decidme dónde estáis”, decía entre risas, subido a un vehículo militar con un fusil de asalto en las manos.

Sin embargo, como toda información sobre esta guerra, ese vídeo debe ser tomado con cautela: el propio Kadírov publicó otra grabación, tres días antes, donde aseguraba que se encontraba en Ucrania, aunque en las imágenes solo aparecía brevemente en un sótano y el portavoz de Putin, Dmitri Peskov, no eludió confirmar su presencia en zona de combate.

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Edificio de la Banca Privada d'Andorra (BPA) en el país pirenaico en septiembre de 2019.
Edificio de la Banca Privada d’Andorra (BPA) en el país pirenaico en septiembre de 2019.Javier Martín

Empresarios con turbias fortunas, millonarios conectados con la mafia y hasta un asistente del presidente de Rusia, Vladímir Putin, con nueve millones en el bolsillo. Un heterogéneo grupo de ciudadanos del país euroasiático comunicó a la Banca Privada d’Andorra (BPA) su intención de ocultar 100 millones de euros entre 2003 y 2015, según los documentos a los que ha tenido acceso EL PAÍS.

El dinero aterrizó en la institución financiera hasta marzo de 2015, cuando el banco fue intervenido por blanquear presuntamente fondos de redes criminales. “Los rusos han sido durante años los mejores clientes de Andorra”, explica una autoridad del país pirenaico. Un territorio de 77.000 habitantes rodeado de estaciones de esquí y tiendas de lujo que hasta 2017 permaneció blindado por el secreto bancario.

Este periódico ha analizado las actas confidenciales del comité de prevención de blanqueo de la BPA. Unos documentos que desvelan la identidad de algunos de estos clientes, cuestionan el origen de sus fortunas y advierten de la necesidad de reportar a las autoridades andorranas sus nebulosas transacciones. Cuentas cifradas, sociedades instrumentales, transferencias a tinglados financieros opacos y discreción… Esta es la intrahistoria de parte del dinero ruso que buscó acomodo en Andorra.

El asesor de los nueve millones

Igor Sirosh, asistente del presidente de la Federación Rusa, usó una cuenta cifrada para ocultar en junio de 2013 sus fondos en Andorra. Bajo el código 10101284 se escondió el dinero de este alto cargo del Kremlin que aseguró al banco “haber ganado” 9,12 millones de euros, según un informe inédito de la policía del país pirenaico.

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Formado como militar, el jerarca es ayudante del jefe de la administración presidencial desde 2006. Y ha desarrollado cargos de relevancia en el organigrama institucional del poder. Entre ellos, fue vicepresidente de la Comisión de la Federación Rusa para contrarrestar “la falsificación de la historia”.

Pese a que la BPA calificó a Sirosh de PEP (Persona Políticamente Expuesta, en inglés), una etiqueta para identificar a cargos públicos o exdirigentes susceptibles de recibir fondos manchados por corrupción, la entidad autorizó la apertura de su cuenta.

Oscura comisión de 50 aviones

El exdirector general de una compañía de aviación rusa recurrió en 2013 a la BPA, donde tenía una cuenta desde 2002, para cobrar una comisión de 860.871 euros por mediar en la compraventa de 50 aviones Boeing. El exejecutivo pretendía ingresar el dinero a través de una operación que incluía un préstamo “sin intereses” y una sociedad pantalla domiciliada en el paraíso fiscal de las Islas Vírgenes Británicas. La BPA dudó de la operación. El cliente se escondía tras una cuenta cifrada y era también un PEP.

El botín del petróleo

La sociedad instrumental Selene Design LLC fue el caballo de Troya usado en noviembre de 2014 por el director financiero de una refinería en la ciudad rusa de Krasnodar para ocultar fondos en la BPA. El ejecutivo —según la entidad— manejó un tinglado financiero con tentáculos en el paraíso fiscal de Nieves y Chipre. Inicialmente, colocó un millón en el Principado.

Los millones del gas

Los cuatro ejecutivos rusos de Actual Geology, una sociedad creada en el paraíso fiscal de las Islas Vírgenes Británicas, se fijaron en Andorra en 2014 para refugiar los beneficios de su compañía de exploración de reservas de gas. Los empresarios planeaban ingresar en la BPA hasta dos millones de euros y usar el Principado pirenaico como un nodo de operaciones. Su fortuna procedía —supuestamente— del emporio erigido por el fallecido fundador de su firma, V. Chestatyakov.

Imperio de los medicamentos

La empresaria Ekaterina Limonova atesoraba 12 millones en Andorra en 2012 y anunció su intención de colocar ese año otros 20. Según le dijo al banco, el dinero procedía de los beneficios de su laboratorio de medicamentos en Moscú. Sus fondos se distribuyeron en dos depósitos numerados. Y su esposo, Victor Limonov, trató también de depositar su fortuna en la BPA, pero su comportamiento —vaciado inesperado de cuentas y negativa de aportar justificantes sobre su capital— despertó las sospechas de la entidad. “Consideramos que tenemos que tener mucho cuidado y no dejar ninguna operación sin justificar. Por prudencia, hacemos una declaración de sospecha”, apuntó en diciembre de 2012 un miembro del departamento de cumplimiento de la BPA. El trabajador del banco aludía a la necesidad de informar de las presuntas irregularidades de Limonov a la Unidad de Inteligencia Financiera de Andorra (Uifand), un organismo dedicado a la prevención del blanqueo.

Con la policía en los talones

La Policía de Kazajistán frustró en abril de 2013 los planes de un misterioso cliente ruso de la BPA que quería transferir desde Suiza al banco pirenaico más de cinco millones de euros. Las intenciones del inversor, que barajaba comprarse con los fondos repatriados del país helvético una vivienda en Grecia, saltaron por los aires después de que los investigadores alertaran de que el hombre al que perseguían recurrió a una alambicada telaraña financiera en Andorra para mover el dinero del delito. La identidad del cliente es un misterio. Blindó su nombre a través de una firma instrumental, Artneveau Group S.A.

La hucha de los camiones

Vladímir Novik era director general en Rusia de la empresa de camiones Iveco cuando transfirió a la BPA 2,3 millones de euros. Corría 2014 y el ejecutivo esperaba cobrar además 3,5 millones de dividendos de esta compañía de automoción. Una firma con una facturación anual de 180 millones y de la que Novik tenía el 33% de las acciones, según un documento del banco. Los gestores de la cuenta advirtieron de que la cantidad a ingresar podía ser mucho mayor. “En Rusia hay mucha economía sumergida, por lo tanto, su sueldo sería el doble si tenemos en cuenta los pagos en b”, objetó un empleado de la BPA.

El rey de las cañerías

El exgeneral ruso Viktor Kanaykyn manejaba un patrimonio de 50 millones de euros cuando abrió una cuenta en la BPA en febrero de 2003. Su fortuna procedía —según le indicó al banco— de su firma de limpieza de tuberías de gaseoductos Spetsneftegaz. Una compañía colaboradora de Gazprom nacida en Moscú tras la desintegración de la URSS.

Kanaykyn aprovechó el Principado para ingresar los beneficios de sus empresas y Fondex, su trust (un opaco instrumento financiero). El banco le recibió con parabienes. E, incluso, le visitó tres veces en Rusia para comprobar la actividad real de su conglomerado y su mermada salud tras sufrir una embolia que modificó su firma. “Se trata de una persona con gran prestigio en Rusia. Ha participado como ponente en numerosos foros internacionales y es miembro de la International Gas Union (IGU)”, indicó un empleado de la entidad.

El rey de las cañerías tenía un representante en España a quien le dio poderes notariales, Andrei Petrov. Antiguo albañil, conductor y portero de discoteca, Petrov, manejó dos cuentas en la BPA. Y en 2013, era detenido en el marco de la Operación Clotilde, que desmanteló una red de blanqueo de fondos a través del ladrillo asentada en Lloret de Mar (Girona). El hombre de confianza del dueño del emporio de la limpieza de tuberías aceptaba en 2018 una condena de un año y medio de prisión por estos hechos.

Este periódico ha intentado sin éxito recabar las versiones de los clientes del banco andorrano que aparecen en esta información.

investigacion@elpais.es

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La magnitud y la violencia de la invasión rusa de Ucrania han llevado a la Unión Europea a aprobar en apenas dos semanas las baterías de sanciones comerciales y políticas que había preparado para responder a un ataque que se preveía mucho más limitado y progresivo. Fuentes comunitarias reconocen que el próximo castigo, el quinto desde que se inició el conflicto, prácticamente agotará el margen de maniobra sancionadora y obligará a plantearse incluso la ruptura energética con Moscú, una opción que se había reservado como arma de último recurso. El debate sobre el corte de las importaciones energéticas rusas alcanzará su punto de ebullición este viernes, durante una reunión de los representantes permanentes de los Veintisiete en Bruselas. Alemania y varios socios se resisten a ese castigo por temor al daño a sus propias economías. Pero fuentes comunitarias indican que la prolongación de la guerra y el continuo aumento del número de víctimas civiles redoblan la presión sobre Berlín para que acepte el sacrificio económico de renunciar a la compra de gas, petróleo y carbón rusos.

El debate sobre el corte de suministro ruso se inició, según fuentes diplomáticas, el pasado lunes en la reunión de los representantes permanentes de los 27 socios en Bruselas. La división sobre una medida impensable antes del ataque de Rusia contra Ucrania complicó incluso la tramitación del cuarto paquete de sanciones. Pero las diferencias quedaron aparcadas y las nuevas sanciones se aprobaron finalmente el martes.

La discusión sobre ese embargo energético, según fuentes comunitarias, se retomará este viernes con una nueva reunión de los 27 representantes de las capitales europeas. Aunque no se espera una decisión todavía, fuentes comunitarias indican que se tratará de una primera prueba de fuego “para testar la voluntad de romper de manera tajante” con la dependencia de Rusia. Y apuntan que la evolución en el campo de batalla “puede precipitar un castigo” que parecía impensable antes de que Putin iniciase la guerra el pasado 24 de febrero.

La presencia del presidente de EE UU, Joe Biden, en la cumbre europea de la próxima semana parece llamada a acentuar la presión sobre los socios comunitarios reacios a cortar los lazos energéticos con el Kremlin. Las fuentes consultadas señalan que si Biden presiona a favor del embargo energético en Europa, la UE podría reclamarle un trato más favorable en las condiciones de venta del gas natural licuado estadounidense con destino a los mercados comunitarios.

Washington, explican fuentes diplomáticas, ha sido una pieza clave en el endurecimiento de las sanciones europeas, sobre todo en la primera ronda, cuando Bruselas todavía confiaba en una agresión rusa mucho menos mortífera. El cálculo se torció desde el primer día de bombardeos. Y la continuación de la guerra y su recrudecimiento por momentos hacen cada vez más insostenible el mantenimiento de las relaciones energéticas con el Kremlin.

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Todas las fuentes consultadas, incluso las que no son partidarias de la ruptura energética con Moscú, insisten en que no se puede descartar ninguna opción, ni siquiera la de dejar de importar gas, petróleo y carbón. Las mismas fuentes apuntan a países como Hungría, Italia y, sobre todo, Alemania, como los más reacios a incluir la energía en el paquete de sanciones.

Pero países con mayor dependencia energética que Alemania, como Polonia o los bálticos, ya secundan un embargo al petróleo y al gas ruso aun a sabiendas del grave impacto económico y social que les supondrá. Esa disposición a sacrificarse deja en entredicho la reticencia de Alemania, un país que, según cálculos recientes, sufriría un elevado coste económico pero gestionable. La caída del PIB alemán podría llegar al 3%, según un estudio de este mes de las universidades de Bonn y de Colonia, en el que se recuerda que el batacazo de la pandemia alcanzó el 4,5%.

En cambio, la suspensión de las compras energéticas sería casi el golpe de gracia al régimen de Vladímir Putin, que perdería su principal fuente de financiación para mantener los ataques contra Ucrania. Bruselas calcula que Moscú ingresa unos 700 millones de euros al día por sus exportaciones energéticas. Desde el inicio de la guerra, hace 23 días, el presidente ruso habría amasado, según esos cálculos, unas reservas de más de 16.000 millones de euros.

Corte inmediato

Algunos países quieren actuar de inmediato. Y consideran un error esperar hasta que Putin cometa un acto bélico aun más brutal (como un incidente nuclear) que desencadena las represalias más extremas. “Si quieres hacer algo significativo, este es el momento de asestarle un golpe crítico al régimen y acelerar su colapso económico, no de prolongarlo”, plantea una alta fuente diplomática crítica incluso con anteriores paquetes de sanciones, que prevén largos plazos de implementación, de dos o tres meses, para que los Veintisiete puedan ajustarse. “¿Seguirá existiendo Ucrania en dos o tres meses?”, se interroga esta fuente. “Tenemos el privilegio del tiempo, pero los ucranios no”.

En el bando contrario, en cambio, una fuente europea apunta que el debate debe abordarse con muchísima cautela. “¿De verdad nos interesa provocar un colapso total de la Federación Rusa, con lo que eso supondría de desestabilización para toda la zona?”. La misma fuente recuerda que las sanciones han tenido hasta ahora la unanimidad de los 27 países y el respaldo de todas sus opiniones públicas. Y advierte de que apuntar a los hidrocarburos rusos podría poner en peligro esa unidad y provocar el rechazo entre ciertas poblaciones.

Pero el botín ruso de la energía aumenta día a día al mismo tiempo que Putin lanza misiles contra viviendas, hospitales, teatros e infraestructuras neurálgicas en las principales ciudades de Ucrania. Y para colmo, cuanto mayor es la agresión contra Ucrania más ingresa Rusia porque los precios del petróleo, el gas y el carbón se disparan. El precio del gas ha llegado a ser durante el conflicto un 170% más alto que a principios de año, según datos de la OCDE.

“A medio plazo, los ingresos de Rusia serán la primera víctima, ya que las exportaciones de energía representan al menos un tercio de los ingresos públicos. Pero también la UE se verá dañada a corto plazo con una muy probable escasez de suministro”, apunta Cyrille Bret, investigador del Instituto Jacques Delors y profesor de la universidad francesa Science Po. Y en esta última parte, la de la autolesión en diferente grado, es en la que coinciden todas las fuentes consultadas para esta información.

La Comisión Europea ya está analizando las consecuencias de renunciar total o parcialmente al suministro ruso. Y sus conclusiones, todavía confidenciales, apuntan a un gran golpe para algunos socios de la UE, con posibles reverberaciones para todos, señalan fuentes conocedoras de los informes. Esas mismas voces indican que también se están estudiando planes de contingencia para compensar el golpe.

Fuentes comunitarias indican que el Consejo Europeo, que celebra su cumbre los próximos jueves y viernes en Bruselas, también se plantea invocar el artículo 122 del Tratado de la UE, que contempla la posibilidad de poner en marcha medidas de emergencia “si surgiesen dificultades graves en el suministro de determinados productos, especialmente en el ámbito de la energía”.

Los datos del instituto Bruegel, el mayor centro de estudios de la capital europea, indican que la dependencia energética de Alemania respecto de Rusia alcanza el 27% y la de Italia, el 31%. En países como Letonia o Polonia la dependencia en gas casi total, pero sobre el total de la generación esa fuente solo alcanza el 8% y el 13%, respectivamente, por lo que disponen de mayor margen de maniobra.

Entre partidarios y contrarios de cortar se sitúa un tercer grupo de países, según fuentes diplomáticas, en el que figuran, entre otros, Francia, España y Holanda. Pero la posición de ese bando intermedio podría decantarse de un lado u otro en función del otro debate energético que encrespa los ánimos en la UE: el de contener la factura de la electricidad de hogares y empresas y evitar que el gas marque una escalada de las tarifas como consecuencia del sistema europeo de formación de precios.

El canciller alemán, Olaf Scholz, es el líder a convencer en ambos casos, porque se niega a incluir la energía en las sanciones y a admitir un cambio en el sistema de formación de precios para excluir al gas, tal y como pide el Gobierno de Pedro Sánchez entre otros. La presión para que Berlín cambie de posición no deja de aumentar en uno y otro debate.

Casi un centenar de eurodiputados, prácticamente de todo el arco parlamentario (populares, socialistas, liberales, verdes, izquierda, ultraconservadores y hasta euroescépticos) han firmado una carta reclamando un embargo energético total a Rusia. El texto recuerda que en 2020, con los precios energéticos hundidos por la pandemia, Rusia ingresó 62.000 millones de euros por sus exportaciones energéticas a la UE. Y que con los precios actuales, Putin puede financiar con los ingresos de la venta de gas y petróleo de un solo día la compra de 400 tanques modelo T-72, cuando las fuerzas ucranias habían logrado destruir hasta el 6 de marzo 285 tanques.

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