En poco más de dos meses la vía Buga-Buenaventura dejará de ser un sueño de una década para los vallecaucanos, ratificó la gobernadora Clara Luz Roldán, durante la apertura de la ‘Macrorrueda 90’, de Procolombia, que se realiza en Cali.
La mandataria precisó que los pliegos definitivos de la obra ya están y se espera que aproximadamente en dos meses se haga la adjudicación, “así que yo aspiro que en dos meses y medio estemos poniendo la primera piedra con el presidente Iván Duque e iniciemos el desarrollo de una obra que hemos esperado los vallecaucanos durante tantos años”. Este proyecto estratégico, aseguró, significa un gran desarrollo para el puerto de Buenaventura y, obviamente, para el Valle del Cauca con más competitividad con la llegada de nuevas empresas.
Tras recibir el reconocimiento por su gestión con proyectos estratégicos para el departamento, el presidente Iván Duque, recordó su compromiso para sacar adelante la adjudicación de la Malla Vial del Valle, accesos Cali-Palmira, la recuperación del proyecto Mulaló-Loboguerrero y el dragado para el canal de acceso al puerto de Buenaventura. “Le prometimos a esta región que sacaríamos adelante la licitación de Buga-Buenaventura garantizando las vigencias futuras y ya se abrió ese proceso, será adjudicado y empezará en este Gobierno”, agregó el Jefe del Gobierno nacional.
Durante el evento la gobernadora Clara Luz Roldán señaló que a los proyectos del orden nacional se suma el trabajo desde la Gobernación del Valle del Cauca como la intervención en parques y plazas de 13 municipios y obras estratégicas de infraestructura.
“Suspendemos la actividad”. Esta ha sido la última noticia que ofrecerá Nóvaya Gazeta hasta que concluya el ataque sobre Ucrania. El diario ruso —cuyo director, Dmitri Murátov, fue galardonado con el premio Nobel de la paz en 2021— ha decidido paralizar su publicación tras recibir una nueva advertencia por parte de las autoridades. Hasta ahora había caminado sobre el alambre mientras el organismo supervisor de las telecomunicaciones ordenaba el bloqueo de otros medios. Ahora, su cobertura del mayor conflicto que ha vivido Rusia este siglo llega a su fin, apenas un mes y cuatro días después de haber comenzado la invasión de Ucrania.
“Hemos recibido otra advertencia más de Roskomnadzor [el supervisor ruso de las telecomunicaciones]. Después de esto suspendemos la publicación del periódico en el sitio web, en las redes sociales y en papel hasta el final de la ‘operación especial en el territorio de Ucrania’. Atentamente, la redacción de Nóvaya Gazeta”, recogía el breve comunicado que encabeza ahora, y sin saber hasta cuándo, el portal del diario.
La redacción de Nóvaya Gazeta desconoce el motivo de estos avisos. “No sabemos por qué, ni siquiera hemos recibido una copia de la primera advertencia”, decía la responsable de comunicación del diario, Nadezhda Prusenkova, a la agencia de noticias Interfax. “Tampoco sabemos qué dice la advertencia. Han publicado el mensaje de que ha habido una advertencia al periódico, pero no nos han enviado nada”, agregó. El director Murátov anunció la semana pasada que sacaría a subasta la medalla del premio Nobel que le fue entregada en Oslo el pasado diciembre y que donaría el dinero para ayudar a los refugiados ucranios.
El periodista Dimitri Muratov, director de ‘Nóvaya Gazeta’, el 10 de diciembre de 2021 tras recibir el premio Nobel de la Paz en Oslo por su defensa de la libertad de prensa. ODD ANDERSEN (AFP)
El organismo regulador ordenó este domingo que varios medios rusos no difundiesen una entrevista que les había concedido el presidente ucranio, Volodimir Zelenski. Dos ya estaban bloqueados dentro de Rusia, Meduza y Dozhd, y junto a ellos participaba el periódico Kommersant, controlado por un poderoso empresario de la metalurgia, Alisher Usmánov, cercano al Kremlin. El director de Dozhd, Mijaíl Zygar, hizo una pregunta en nombre del responsable de Nóvaya Gazeta.
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El periódico que dirige Murátov es el último de una larga lista de medios que sucumben a la censura en Rusia. A principios de marzo, al mismo tiempo que el Parlamento legislaba contrarreloj una ley que condena con hasta 15 años de cárcel la “desinformación” sobre el conflicto, las versiones en ruso de varios canales internacionales —entre ellos BBC, Deutsche Welle, Voice of America y Euronews— fueron bloqueadas dentro del país por su cobertura de la ofensiva. Lo mismo sucedió con la televisión independiente rusa Dozhd, el diario Meduza y la decana radio Eco de Moscú.
La legendaria emisora, cuyo portal web publicaba columnas de opinión de opositores y oficialistas, decidió su liquidación tras haber sido bloqueado por las autoridades al negarse a borrar el contenido que desafiaba la versión del Kremlin sobre la “desnazificación de Ucrania”. Su director, Alexéi Venedíktov, se encontró hace unos días en la puerta de su domicilio una cabeza de cerdo y un cartel con la bandera de Ucrania donde estaba escrito “puerco judío”.
Nóvaya Gazeta había logrado sortear la censura hasta ahora gracias a que había acatado las exigencias de las autoridades. Entre ellas, borrar todo contenido donde estuviera escrita la palabra “guerra”, incluido el primer editorial que publicó su director en contra de la ofensiva.
Una de sus últimas portadas de papel aludía a la censura mostrando una explosión gigantesca de fondo y las siluetas de cuatro bailarinas recortadas sobre ella. El diario rescataba uno de los momentos más críticos en la historia reciente del país: la retransmisión ininterrumpida del ballet El cascanueces en el principal canal televisivo durante el golpe de Estado fallido de 1991 con la que se trataba de ocultar lo que estaba sucediendo. Tres décadas después, el canal Dozhd puso punto final a su emisión en abierto con esa misma obra.
“Abrase de ahí, abrase de ahí, suerte, si el receptor lo llama dígale que eso es una olla, un callejón sin salida, sálgase de ahí”; le decía su compañero.
Noticias Bogotá.
En las últimas horas en Bogotá un joven taxista volvió a ser víctima de una banda de atracadores que acabó con su vida.
La víctima fue identificada como Jhon Quiceno, de 28 años, quien minutos antes de recibir un letal disparo, había aceptado un servicio a través de una aplicación.
Cuenta que eran las 4:30 de la madrugada cuando decidió aceptar la carrera y dirigirse al barrio Juan Pablo, en la localidad de Ciudad Bolívar, sur de la capital de la república.
El joven tenía 28 años de edad
En medio del trayecto, reveló Noticias Caracol que el taxista conversó con otro compañero al que le contó qué estaba sucediendo.
Hablaron por WhatsApp
Durante la emisión del noticiero revelaron que uno de los compañeros de la víctima le preguntó dónde estaba.
“No sé qué hacer, hay un man que quiere que la mamá, que no sé qué, aquí al lado del parqueadero, ahí por abajo de Juan Pablo, no sé qué hacer”, manifestó Quiceno.
Mientras su compañero le advertía de la situación:
“¿El man le está diciendo que se meta por la del parqueadero arriba, al fondo? Eso es un atracadero, a mí me la botaron el otro día para el aeropuerto”.
“No, no, no sea mar#$%, no vaya a entrar, eso abrase de ahí, abrase de ahí, suerte, si el receptor lo llama dígale que eso es una olla, un callejón sin salida, no que me voy a meter ahí, sálgase de ahí”.
Su compañero le insistía que no fuera para ese lugar, que no tomara la carrera, pues el riesgo era bastante: “Usted si es bruto, para qué se mete, deje de ser tan hambriento por 10.000 pesos. No la cague, hermano”.
Sin embargo, su amigo y colega no respondió.
“¿Qué pasó, si pudo salir de allá o no? ¿Qué pasó? Conteste algo”.
Le dispararon por atracarlo
El joven taxista no le volvió a responder a su compañero, pues terminó muerto en medio de un atraco.
A Fredy le dispararon y huyeron.
Sobre el homicidio, Herbert Benavides, subcomandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, dijo al medio que “en el momento en el que esa persona, este taxista, llega al sector, se le pretende realizar un hurto y allí desafortunadamente pierde la vida producto de un impacto con arma de fuego”.
Le propinaron una herida en el brazo izquierdo, «la bala ingresó y se alojó en el cuerpo y produjo sangrado interno».
Sus compañeros protestaron exigiendo seguridad.
Llegaron hasta el lugar de los hechos a protestar
Piden seguridad
De acuerdo con las autoridades, lo que están «esperando es ese resultado de Medicina Legal con el fin de identificar cuál fue el calibre y cuál fue el arma utilizada”.
Así mismo, confirmaron el ofrecimiento de «20 millones de pesos por información que conduzca al esclarecimiento de este hecho».
En 1998, el año de la crisis del rublo, el expresidente soviético Mijaíl Gorbachov rodó un polémico anuncio para Pizza Hut. Dos clientes discutían: un señor caracterizado de ruso conservador que parecía recién salido del túnel del tiempo y otro joven liberal con un look mucho más moderno y mejor vestido. “Por su culpa tenemos el caos económico” e “inestabilidad política”, decía el primero, al que el ruso “moderno” contestaba que Gorbachov trajo “una nueva oportunidad” y “la libertad” al país. Al final, una señora mayor mediaba y todos brindaban porque con él había llegado la cadena de comida rápida estadounidense.
Diez años antes, en 1988, Estée Lauder abría su primera oficina en Moscú. En 1990, desembarcaba enfrente de la plaza Pushkin el primer McDonald’s de la Unión Soviética. Tres décadas de apertura a Occidente que podrían haber llegado a su fin este miércoles con el último Big Mac servido, por ahora, en la capital rusa.
Las multinacionales estadounidenses han suspendido su actividad en Rusia ante la incertidumbre económica que se cierne sobre el país. Todas prometen mantener sus miles de puestos de trabajo a corto plazo, aunque aguardan a que quede más claro cuánto valdrá un rublo en el futuro y prefieren esperar a vender hamburguesas con pérdidas.
El banco central se afana por suavizar la devaluación del rublo desde que comenzó la ofensiva rusa el 24 de febrero, pero no está aún claro su horizonte: ha pasado de cotizar 85 rublos por euro antes de la guerra a rondar los 125, casi un 50% menos de valor. La misma noche que algunas empresas históricas anunciaron su cierre temporal, el organismo regulador anunciaba un corralito “suave” a las cuentas en divisas extranjeras.
McDonald’s abrió su primer restaurante el 31 de enero de 1990. Cientos de personas se agolparon aquel día ante el edificio, mucho más personal entonces, con su clásica techumbre de teja, que con el frío rediseño vanguardista actual, donde solo la gran eme indica que aquello no es un museo o una sede de oficinas.
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Colas en un McDonald’s en Moscú en 1992. DIMA KOROTAYEV (EFE)
“El Bolshói (gran en ruso, como Big en inglés) Mac es algo que nunca has probado antes”, decía un empleado hace 32 años, según recoge una crónica de la época de The Washington Post. Este miércoles cientos de personas abarrotaban el mismo lugar, la gran mayoría chavales que nunca conocieron los noventa rusos. La cadena tiene 850 restaurantes en el país.
A diferencia de McDonald’s, su rival Burger King ha decidido mantener su actividad. “Seguiremos trabajando en Rusia y abriremos nuevos restaurantes en 2022″, dijo su director de comunicaciones, Iván Shestov, a la agencia Interfax, aunque reconoció algunas dificultades en el suministro de materias primas. “Seguimos firmemente en pie”, añadió.
Coca-Cola es otro símbolo de Occidente que ha abandonado Rusia por ahora. El robo de su fórmula por la Unión Soviética ya inspiraba hace más de 60 años una de las películas más reconocidas de Billy Wilder, Un, dos, tres, y sus primeras botellas llegaron a la URSS en 1979 con motivo de los Juegos Olímpicos de Moscú, que, en otro paralelismo con el veto al deporte ruso actual, acabarían siendo boicoteados por Occidente por la invasión de Afganistán. La compañía estadounidense anunció que dejará de suministrar temporalmente su bebida a Rusia, donde no tiene plantas embotelladoras.
Las consecuencias de estas suspensiones se desconocen y algunas voces abogan en Rusia por nacionalizar las empresas. El propietario de Pizza Hut se decantó por una postura intermedia a la de ambas hamburgueserías. Yum! (en español algo parecido a ¡Ñam!) anunció que cierra temporalmente los 70 restaurantes de Kentucky Fried Chicken (KFC) y los 50 de Pizza Hut que tiene en propiedad, aunque seguirán abiertos el millar de KFC que están franquiciados.
“Yum! Redirigirá todos los beneficios de sus operaciones en Rusia a ayuda humanitaria. Además, seguimos centrados como siempre en la seguridad de nuestra gente en la región y actuaremos decisivamente para apoyar a nuestros equipos en Ucrania”, recalcó la compañía.
Adiós a los Levi’s
No obstante, uno de los mayores iconos estadounidenses para los soviéticos que ahora cierra no fueron los restaurantes, sino la marca Levi Strauss. Como sucediera en España con los vaqueros, su diseño acuñó otro neologismo en los países eslavos, los dzhinsy, del inglés jeans, y fueron uno de los productos más demandados durante el contrabando de los años ochenta.
Levi Strauss anunció el 7 de marzo que suspendía sus ventas en Rusia, donde obtuvo un 2% de su facturación el año pasado. “Pero toda consideración de negocios es claramente secundaria ante el sufrimiento humano que experimentan tantos. La comunidad de Levi Strauss sigue entristecida por el devastador conflicto en Ucrania y nuestros pensamientos están con todos aquellos que han resultado afectados, incluidos nuestros empleados, socios y sus seres queridos”, dijo la compañía en un comunicado.
La firma de cosméticos Estée Lauder también fue una de las pioneras en abrir mercado en Rusia. Su primera oficina data de 1988, y por entonces atraía más curiosos que clientes. La compañía tenía precios estadounidenses, como 15 dólares por el pintalabios, cuando el salario medio ruso rondaba los 245 mensuales, según otra crónica de aquella apertura de Los Angeles Times.
“Estée Lauder sigue devastada por la trágica invasión de Ucrania. Estamos con aquellos que sufren, incluidos nuestros empleados y sus familias y conocidos en Ucrania”, denunció la firma en un segundo comunicado publicado este domingo donde revelaba el cierre de todas sus tiendas tras haber anunciado días antes la suspensión de sus inversiones en Rusia. “Seguiremos monitoreando la situación y emprenderemos acciones consistentes con los valores de nuestra compañía”, agregó.
Si estas firmas representaron la apertura de los noventa, Ikea, que también ha anunciado su cierre, ha sido el símbolo de la occidentalización de Rusia en la primera época de Vladímir Putin. La globalización de los muebles suecos causó furor en el país desde la apertura de su primera tienda en el año 2000 a las afueras de Moscú, y las casas rusas no volvieron a lucir igual. Sus tiendas —tanto los establecimientos propios como los que fueron fruto de su alianza con la cadena de supermercados Mega— trajeron a las casas un nuevo estilo cuando comenzó a crecer una clase media emergente en la primera década de Putin.
En la guerra también hay atascos. A cierta distancia, nada los distingue de las caravanas de domingueros que retornan a casa tras pasar el fin de semana con la familia en la playa o el campo. Pero basta con acercarse un poco para observar los rostros a través de los cristales difuminados con el dibujo de las nubes reflejadas. Los embotellamientos de este domingo en los alrededores de Irpin, a unos 20 kilómetros al noroeste de Kiev, no son de gente que regresa sino que huye. Más de una semana de combates y el bloqueo de otras vías de comunicación agolpa a todos los que quieren salir de la ciudad en la misma carretera, la P04.
Atraviesan en su camino por esa vía el único puente que permite alejarse de su ciudad por carretera y que se halla en la localidad de Stoyanka. Allí, en la ladera asomada al cauce del río Irpin, afluente del Dnieper, un retén militar con dos carros de combate, un puesto de mando y las trincheras cavadas, sirve para controlar en la distancia lo que ocurre sobre el puente. Los refugiados que buscan un lugar más seguro no saben que el camino oculta una sorpresa. Uno de los uniformados explica a EL PAÍS que ya han adosado a los pilares las cargas explosivas necesarias para hacer saltar por los aires el puente en el momento en que vean acercarse al Ejército ruso. Mientras tanto, apuran el tiempo para que pasen cuantos más coches, mejor.
Ataque con artillería contra la ciudad de Irpin, este domingo.Luis De Vega Hernández
Sorprende, sin embargo, el tremendo orden con el que, cual procesionaria, mantienen la fila esos vecinos. No se escucha un claxon, ni un acelerón, ni un grito de enojo, ni un ataque de nervios de los que tan acostumbrados estamos a presenciar en cualquier semáforo de nuestro entorno cotidiano. Nadie hace triquiñuelas para colarse en los embotellamientos que se producen delante de los controles que salpican la carretera. Y eso que las detonaciones y las columnas de humo negro que se escuchan y ven según se acerca uno a Irpin harían salir despavorido a cualquiera. Pero esas caras largas, serias, acordes desde luego con el drama que les está pasando por encima como un tráiler, van acompañadas de una dignidad asombrosa de quienes no tienen más remedio que dejar atrás su hogar.
Constantine, de 62 años, aguanta como los demás estoico los parones. Con 85 años, su madre, Regina, sonríe desde el asiento del copiloto. Ambos van sin rumbo exacto son su coche, solo saben que quieren tirar hacia la zona occidental de Ucrania, la más alejada de la guerra. “Hemos oído muchas bombas (…). En nuestro patio no, pero al lado sí, había unos heridos y todo eso, por eso hemos decidido refugiarnos con mamá”, explica este agente de turismo ucranio que residió en Málaga y Barcelona y que exhibe orgulloso su buen nivel de español.
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La voladura del puente que han de atravesar ambos se llevará a cabo como se hizo al comienzo de la guerra con el otro puente que da acceso a Irpin. Ese se halla mucho más próximo a la localidad. Sobre sus cascotes escapan estos días miles de vecinos. Lo hacen a pie porque es imposible transitar por el lugar en vehículo. Es sobre ese éxodo de refugiados sobre el que en la mañana del domingo cayeron varios misiles de mortero causando la muerte al menos a tres personas, según confirmaron varios reporteros que estaban sobre el terreno.
Un uniformado en Irpin, cerca de Kiev, este domingo.Luis De Vega Hernández
Acercarse a Irpin en sentido contrario de la caravana de coches permite comprobar que cada vez queda menos gente viviendo en la zona. Un perro solitario da un respingo en el arcén al tiempo que se escucha una de las detonaciones. Un hombre acarrea leña en un carrito. En el último control de carretera, ya lejos de los atascos, varios milicianos advierten de que a solo tres o cuatro kilómetros se encuentran las primeras posiciones del Ejército ruso, que han ocupado las que hasta hace poco dominaban los ucranios.
Un kilómetro más allá del control, la zona comercial West Gate Logistic permanece ardiendo desde que fue bombardeada hace tres días, según uno de los vecinos. Una densa nube de humo envuelve la escena entre los petardazos que salen de las instalaciones en llamas. El lugar, que acoge a varias empresas, está rodeado de calles sin asfaltar con casitas bajas en las que apenas se ve a un par de habitantes. Como en una escena de película, aparece sonriente y saludando con su español de trapo Erik, de 21 años. Circula en su bicicleta llevando un par de bolsas de plástico con comida que va a repartir a varios vecinos. Afirma que no hay tropas en el lugar, que él va a seguir viviendo en medio de ese ambiente fantasmal junto a su padre. Pero justo en el momento en que dice, coronado por la columna negra en el cielo, que es un sitio tranquilo, un zambombazo trata de quitarle la razón. Él insiste con una sonrisa: “¡No se preocupen!”.
Irpin, a unos 20 kilómetros de la capital ucrania.
Cerca de allí, entre caminos con casitas y chalés, varias aves pasean sobre un lago medio helado. Columpios de colores salpican la orilla de este rincón bello y tranquilo de las afueras de Kiev. Dos milicianos patrullan en una moto todoterreno tipo quad, pero no hay ni rastro de soldados rusos. Doblando una de las esquinas aparece sin embargo llorando una mujer mayor que no aguanta más. Explica que son ya 11 días escuchando los bombazos refugiada bajo tierra. Ha decidido irse y avanza a pie hacia la carretera, la que lleva a los atascos y al puente que van a dinamitar.
En el largo proceso judicial en marcha por los atentados yihadistas del 13 de noviembre de 2015 en París todavía se está lejos de buscar respuestas sobre el papel concreto de los 20 acusados en la noche que dejó 130 muertos y cientos de heridos, decenas de ellos en la sala Bataclan. Pero en el primer interrogatorio en el que se profundizó sobre su radicalización y el periodo inmediatamente anterior a los ataques yihadistas,el único terrorista que sobrevivió a la terrible noche parisina, Salah Abdeslam, arrojó este miércoles luz sobre una de las principales incógnitas que penden desde hace más de seis años sobre esas horas de horror: ¿Sobrevivió porque le falló el cinturón explosivo que llevaba o porque se arrepintió en el último momento y no lo hizo detonar?
La respuesta, que no habían logrado dilucidar los expertos pese a que han analizado minuciosamente todas las pruebas y tratado de reproducir las circunstancias, la dio de forma inesperada el propio Abdeslam. En una “declaración espontánea” al comienzo de dos días de interrogatorio, dijo que el hecho de afrontar una pena grave (la perpetua) aunque no haya “matado a nadie, herido a nadie, ni un rasguño”, según subrayó, envía el mensaje a futuros arrepentidos de que da igual que no den el paso, porque se les castigará como si lo hubieran hecho.
“En el futuro, cuando un individuo se encuentre en el metro, en un autobús o en otro lugar con una maleta con 50 kilos de explosivos, y que en el último momento se diga que quiere dar marcha atrás, ese individuo sabrá que no tiene derecho a pensar eso, porque se le va a perseguir, a matar o a humillar como se me está haciendo a mí hoy”, dijo mirando fijamente al presidente del tribunal, Jean-Louis Périès. Horas después, confirmó que decidió no activar los explosivos. “Cuando se está las 24 horas del día en aislamiento [en la cárcel], uno se dice: ‘Debería haber detonado esa cosa’. Uno se dice: ‘¿Hice bien en dar marcha atrás o debería haber ido hasta el final?”, agregó durante las preguntas de uno de los abogados de la acusación, que le recriminó “chantajear” al tribunal insinuando que si le cae una pena dura, otros futuros terroristas arrepentidos acabarán accionando sus explosivos.
Pero en París rompió a hablar el primer día del proceso, en septiembre, para proclamar que lo había dejado “todo” para convertirse en un “combatiente del ISIS” y desde entonces no ha desaprovechado una sola oportunidad de manifestarse, hasta el punto de que Périès ha tenido que silenciarle en varias ocasiones.
Este miércoles, sin embargo, el juez quería saber más de este hombre de 32 años que, como contó en un primer interrogatorio sobre su personalidad, en noviembre, tuvo una infancia “sencilla” en el barrio bruselense de Molenbeek, donde creció “impregnado de valores occidentales”. ¿Cómo acabó este chaval al que le gustaba “vivir como un libertino, sin temor de Dios” convertido en un miembro de un comando suicida preparado en el bastión sirio-iraquí del Estado Islámico?, se preguntan Périès y millones de franceses hasta hoy. Algo más, aunque no demasiado, se averiguó este miércoles durante un fluido y curiosamente educado debate entre el “señor presidente” y el acusado que se prolongó varias horas.
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Pese a su eventual arrepentimiento final y a que, aunque se le “pasó por la cabeza”, no llegó a viajar a Siria (como sí hizo su hermano Brahim, otro de los terroristas que murió el 13 de noviembre), Abdeslam se dijo convencido hasta este miércoles de la legitimidad de la lucha del Estado Islámico y justificó su violencia —para él los ataques como los de París no son atentados sino “operaciones militares” que responden a las “agresiones” de Francia y Occidente— porque “combate”, según él “para restablecer el orden islámico”.
“El mundo occidental impone su ideología al resto. En muchos países, los valores occidentales pasan por encima de los islámicos. Para nosotros los musulmanes, eso es una humillación”, afirmó. Por eso hizo su juramento de lealtad al Estado Islámico “48 horas antes” de los atentados, declaró, si bien algo más tarde se desdijo y aseveró que lo había hecho en su “corazón”, pero “sin seguir las reglas”. Aun así, insistió en otro momento, no se considera un “peligro para la sociedad”.
Sus palabras indignan a las víctimas. “Quiere hacernos creer que no es quien pensamos porque no ha matado a nadie y no se ha hecho estallar”, dijo Philippe Dupeyron, presidente de la asociación 13onze15 Fraternité et verité. Como recordó, Abdeslam “hizo lo que hizo, estaba donde estaba”.
El horror comenzó a las 21.16 de aquel viernes 13 de noviembre de 2015 cuando, cerca del Estadio de Francia, donde se jugaba un amistoso Alemania-Francia en presencia del presidente François Hollande y con más de 80.000 personas en las gradas, un kamikaze hizo estallar el chaleco con explosivos que portaba. Poco después, los teléfonos empezaron a sonar en todas las instancias francesas: se habían registrado disparos y explosiones en otras partes de París, una zona de bares del centro y en la sala de conciertos Bataclan.
El yihadismo del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) que dominó con brutalidad medieval un amplio territorio a caballo entre Irak y Siria es apenas una sombra. El monstruo amplificado por la difusión de vídeos de decapitaciones masivas y que alentaba el terrorismo global ha vuelto a quedar descabezado. Lo que queda de las milicias del califato proclamado por Abubaker al Bagdadi en junio 2014 vaga por la desértica frontera sirio-iraquí, donde perpetra atentados y tiende esporádicas emboscadas, tras su derrota aplastante en marzo de 2019. El fundador del ISIS se hizo estallar en pedazos en su refugio de Idlib (noreste de Siria) siete meses después para no ser capturado por tropas de Estados Unidos. Su sucesor, Abu Ibrahim al Hachemí al Quraishi, corrió la misma suerte este jueves en otro escondite cercano y la explosión mató a parte de su familia.
A pesar de haber sido descabezado dos veces en poco más de dos años, el ISIS sigue siendo una amenaza viva, como acaba de demostrar la semana pasada en el sangriento asalto a la prisión de Hasaka (noreste sirio). Y aún extiende sus tentáculos por Oriente Próximo, el Magreb o el Sahel. “El Estado Islámico es más una idea que una realidad física. Es una ideología que no depende de un líder carismático”, advierte el profesor estadounidense Joshua Landis, especialista en el conflicto sirio. “La muerte de Al Quraishi le ha hecho retroceder, al igual que ocurrió con Al Bagdadi, pero no le resultará difícil nombrar otro líder con bastante rapidez”, asegura en un intercambio de mensajes Landis, director del Centro de Estudios de Oriente Medio de la Universidad de Oklahoma. “Y del mismo modo que ya no tiene califato, tampoco necesita un califa”, añade.
El ISIS está lejos de estar muerto. Su capacidad como grupo insurgente había ido creciendo estos meses con ataques a las tropas en Irak, donde los yihadistas mataron en enero a una decena de militares y degollaron a un policía ante una cámara. En Siria se han enfrentado a las milicias de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), controladas por los kurdos, y al Ejército leal al presidente Bachar el Asad. También han matado a líderes tribales suníes aliados de las FDS y EE UU.
“La señal de alarma fue el asalto a la cárcel de Hasaka”, coincide a través de Twitter el investigador Charles Lister, director de los programas sobre Siria y Extremismo del Instituto de Oriente Medio, con sede en Washington. “La muerte del líder del ISIS ha sido un logro significativo, pero en última instancia, el grupo mantiene las mismas capacidades insurgentes que han sido motivo de preocupación (en Hasaka)”, precisa.
La ofensiva a gran escala lanzada durante más de una semana por unos 300 miembros del Estado Islámico a la prisión, con el objetivo de excarcelar a 3.500 excombatientes yihadistas, fue definitivamente aplastada el pasado fin de semana tras una prolongada batalla campal a sangre y fuego. Las milicias kurdas de las FDS, que controlan el penal, contaron con el apoyo de la aviación y fuerzas especiales de Estados Unidos para sofocar la mayor acción armada del ISIS desde su derrota, hace casi tres años.
Más de 300 yihadistas, entre atacantes y reclusos amotinados, perdieron la vida, y unos 120 milicianos kurdos cayeron en los enfrentamientos, en los que dos centenares de reclusos se dieron a la fuga. Hasta 45.000 civiles tuvieron que abandonar sus casas, según datos recabados por Naciones Unidas. Unicef, la agencia de la ONU para la infancia y la juventud, había contabilizado al menos 700 presos con edades comprendidas entre los 10 y los 17 años, los denominados “cachorros del califato”, nacidos en el seno de familias de yihadistas.
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“La operación llamó la atención por su amplitud y coordinación”, reconoce Landis. “Estaba diseñada para apartar a las tribus árabes suníes de los líderes kurdos, a quienes el ISIS acusa de mantener a los prisioneros en condiciones inhumanas, sin ningún proceso judicial ni esperanza de puesta en libertad”. Considera que la grave crisis económica en Siria está alimentando el resurgir del ISIS en medio del descontento árabe por el desempleo y el desabastecimiento
Cuando el califato cayó en 2019 en la población de Baguz, a orillas del Éufrates, la ONU calculó que el Estado Islámico contaba con más de 10.000 combatientes. La coalición internacional contra el ISIS liderada por Estados Unidos situó entre 14.000 y 18.000 la cifra de yihadistas que aún seguían alzados en armas en ese grupo, de los que 3.000 eran extranjeros, ni sirios ni iraquíes. La mayoría de estos supervivientes parecía haberse reintegrado a la vida cotidiana, en células durmientes listas para activarse.
La retirada de casi todas las tropas estadounidenses de Siria ordenada bajo el mandato presidencial de Donald Trump (en la actualidad siguen sobre el terreno unos 900 militares de las fuerzas especiales de EE UU) y el recorte de la ayuda militar y económica a las milicias kurdas y a su Administración autónoma están detrás del reciente resurgir del ISIS, destacan los analistas. Siria está hoy fracturada en tres partes. Casi dos tercios bajo control del régimen de El Asad, otro tercio en manos de las fuerzas kurdas y franjas en la frontera del norte en manos de Turquía.
“La división territorial y la debilidad del Gobierno central facilitan la actividad del Estado Islámico”, sostiene Landis. Después de casi 11 años de guerra civil han surgido varias guerras paralelas en medio del vacío de poder y territorial. Turquía contra los kurdos, que cuentan con el respaldo de Washington; el Gobierno de Bagdad, apoyado por Rusia e Irán contra los yihadistas asediados en Idlib, y el ISIS contra todos. La lucha contra el Estado Islámico se ha convertido en único denominador común entre bandos enfrentados.
Alto precio pagado en el asalto a la cárcel
La muerte del último jefe de la organización no pone fin a la amenaza armada del ISIS. A la espera de su designación, el líder que le suceda seguirá presumiblemente sus pasos en las sombras, sin poder lanzar mensajes de vídeo o audio desde el púlpito de las redes sociales, en el que Al Bagdadi predicaba para sus seguidores. Romper el silencio de las comunicaciones para ordenar el asalto a la cárcel de Hasaka parece haber sido la principal causa de la caída de Al Quriashi en su escondite de Idlib. El precio pagado por el espectacular golpe de propaganda de guerra, destinado a elevar la moral de reconstrucción de sus filas, ha sido el más alto.
“Fuerzas de EE UU y de los kurdos capturaron a algunos de los principales comandantes de ISIS en Hasaka, lo que ha podido llevar a confirmar su paradero”, apunta el profesor Landis, quien se muestra sorprendido por la localización del escondite del líder del ISIS, siguiendo los pasos de su predecesor. Al Quraishi vivía a unos 200 metros de un puesto de control del grupo Hayat Tahir al Sham, heredero del Frente al Nusra, la anterior filial de Al Qaeda en Siria que controla la mayor parte del feudo rebelde de Idlib, y tan solo un kilómetro de una posición militar de Turquía.
Indígenas del Cauca cargan el féretro de Albeiro Camayo, uno de los líderes de la Guardia Indígena, asesinado por disidencias de las FARC en enero.STRINGER (REUTERS)
Amnistía Internacional presentó este miércoles un informe en el que señalaba a Colombia como el país más letal para los defensores de derechos humanos, con 13 asesinatos. Apenas un día después la cifra había aumentado a 17 los líderes sociales acribillados en lo que va de 2022. Más de uno cada dos días.
Hermán Naranjo Quintero fue uno de los últimos. El país se enteró de su secuestro y asesinato en tiempo real a través de redes sociales. Minutos después de ser sacado de su casa en Arauca por hombres armados, su esposa publicó un video pidiendo que le respetaran la vida. La Comisión de Paz del Senado se desplazó hasta la zona para pedir su liberación, la Fiscalía hizo lo mismo, pero el martes fue hallado muerto. Era un líder social afiliado a la Junta de Acción Comunal de Corocito en Tame, donde la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las disidencias de las FARC libran una guerra que ha generado desplazamientos y asesinatos. “Pedimos por favor que le respeten la vida, nosotros no tenemos nada que ver con esta guerra, solamente somos trabajadores”, suplicaba su esposa minutos después del secuestro, junto a sus dos hijos y los animales de fondo.
Con unas horas de diferencia mataron a Julio César Bravo. Su imagen con el sombrero tradicional se ve en las redes sociales de Indepaz, la ONG que religiosamente cuenta día a día los asesinatos de estos defensores. Con un triste número 15 aparece Bravo, que era el presidente del Concejo de Córdoba, en el departamento de Nariño, al sur del país, y líder del Resguardo Indígena de Males. El concejal fue asesinado el 1 de febrero en la vereda Guitungal, de su pueblo, cuando un hombre le disparó sin mediar palabra. En la zona, como en muchos rincones de Colombia, grupos de disidencias, bandas de narcotráfico y de la guerrilla del ELN se disputan los territorios y asesinan a estos líderes.
“Es muy difícil saber con detalle lo que sucede, identificar los autores, las circunstancias en que se dan los asesinatos porque existe un patrón de impunidad”, dice Rodrigo Sales, investigador para la situación de personas defensoras en las Américas, de Amnistía Internacional.
Otro de los patrones que han identificado en el país, explica el investigador, es la desprotección o, en muchos casos, las medidas inadecuadas para el tipo de riesgo que enfrentan los defensores de derechos humanos. “En el caso de Colombia y en países como México, Honduras o Guatemala los esquemas de protección fueron diseñados con la idea de otorgar medidas materiales, es decir chalecos, coches blindados. Esas medidas funcionarían en un contexto urbano, pero en uno campesino e indígena no son adecuados”.
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El caso de Luz Marina Arteaga, defensora de derechos humanos de comunidades campesinas del Meta, asesinada el 17 de enero después de cinco días de estar desaparecida, es ejemplo de ese riesgo. La lideresa tenía medidas de protección de la Unidad Nacional de Protección desde abril de 2019. Sin embargo, “las medidas otorgadas, mayormente de carácter material, no mitigaban el riesgo que enfrentaba” y en 2020 había comunicado a la Unidad Nacional de Protección que “una de las medidas no era culturalmente adecuada a la región que ella vivía”.
Sales afirma que otro error de esas medidas es que tienen un enfoque individual y no colectivo. “Colombia aún no ha entendido o implementado medidas con esa dimensión colectiva, entonces lo que pasa es que asesinan un líder o una lideresa social y la comunidad escoge otro líder y vuelve a ocurrir. Eso implica que personas que no cuentan con protección, porque en ese momento no tienen el liderazgo principal aunque sí son defensores de derechos humanos, están expuestos a morir”.
Los líderes asesinados en Colombia tienen una lucha en común: se dedican a la defensa de la tierra, el territorio y el medio ambiente. Los afrodescendientes, las mujeres y los indígenas son los más vulnerables. “El Gobierno no ve en los líderes sociales una fortaleza para la paz, sino que los estigmatiza y eso hace que el liderazgo social sea visto con reserva, calificado como posible cómplice”, explica Camilo González Posso, presidente del Instituto de estudios para el desarrollo y la paz (Indepaz).
La escalada de violencia se concentra en las fronteras, tanto con Venezuela, como con Perú y Ecuador, pero también afecta la región del Cauca, en el suroriente del país. En esta última región, el 24 de enero fue asesinado Albeiro Camayo Güetio, líder de la guardia indígena en el resguardo de Las Delicias, municipio de Buenos Aires. De acuerdo con la información del Tejido de Defensa de la Vida y los Derechos Humanos (TDVD), Albeiro Camayo murió cuando presuntos miembros de un grupo paramilitar dispararon en contra de la comunidad después de que la guardia indígena les expulsara del territorio. También en esta zona fue asesinado Breiner David Cucuñame, un niño ambientalista de 14 años, en un ataque a la guardia indígena.
“Hay una exacerbación de la violencia y varias dinámicas: por un lado, la disputas entre disidencias y grupos residuales en las zonas de frontera; en el caso de Arauca, el ELN ve disputado un territorio estratégico tanto en Colombia como en Venezuela y reacciona con una campaña de atentados. Esto sumado a que la Fuerza pública está desplegando una fuerte iniciativa militar en los territorios de frontera”, explica Posso, para quien en el centro de la crisis humanitaria está el incumplimiento del acuerdo de paz por parte del Gobierno de Iván Duque. “La de este Gobierno es una seguridad para la guerra”, agrega.
En medio de ese ambiente de intimidación preocupa la escalada de violencia que pueda darse en la época electoral que se avecina en Colombia y que continúe el asesinato de líderes sociales. Como el que acaba de ocurrir mientras escribimos este artículo. La nueva víctima es Juan Carlos Nieto Calvario, líder de Cabuyaro, en la región del Meta. “Con Juan Carlos serían 17 los líderes y defensores de DDHH asesinados en 2022 y 1.303 desde la firma del acuerdo de paz”, informa Indepaz en su cuenta de Twitter, que se ha convertido en un contador de muertes incesantes en el país.
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Ibrahim Boubacar Keïta habla en la Asamblea General de Naciones Unidas el 26 de septiembre de 2019.JOHANNES EISELE (AFP)
Ibrahim Boubacar Keïta, presidente de Malí entre 2013 y 2020, falleció este domingo sobre las nueve de la mañana en su domicilio particular de Bamako a los 76 años de edad. Keïta, conocido popularmente como IBK, fue derrocado por un golpe de Estado militar el 18 de agosto de 2020 tras intensas protestas ciudadanas contra su Gobierno. Su muerte se produce en uno de los momentos más complicados para su país, aislado del resto de África occidental por el cierre de fronteras y las sanciones económicas y comerciales impuestas esta semana por sus naciones vecinas y golpeado casi a diario por la violencia yihadista, con el norte y centro del país prácticamente fuera del control estatal.
Licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y con un máster en Historia, IBK cursó sus estudios universitarios entre Dakar y París para luego regresar a su país e integrar esa generación de malienses que dio el salto a la política tras la caída del dictador Moussa Traoré en 1991 para construir una joven democracia. Sus primeros pasos en la Administración fueron como asesor y portavoz del recién elegido presidente Alpha Oumar Konaré y después como embajador en Costa de Marfil, Gabón, Burkina Faso y Níger. Con este bagaje fue nombrado ministro de Exteriores en 1993 y poco después primer ministro, cargo que ocupó hasta el año 2000.
En 2001 y ya al frente de su partido de ideología de centroizquierda Agrupación por Malí (RPM, según sus siglas en francés), Keïta se lanzó a una larga carrera presidencial en la que sufrió dos derrotas consecutivas, en 2002 y 2007, en sendos comicios que dieron la victoria a Amadou Toumani Touré (ATT). Sin embargo, la rebelión tuareg y el comienzo de la violencia yihadista dieron un vuelco a la situación política maliense en marzo de 2012 con el derrocamiento de ATT mediante un golpe de Estado militar y la celebración de nuevas elecciones en el verano de 2013 que, esta vez sí, condujeron a Keïta al Palacio Presidencial de Koulouba tras vencer a Soumaïla Cissé en segunda vuelta.
IBK llegaba al poder con el país intervenido por dos operaciones militares, de Francia y de Naciones Unidas, que pretendían frenar el avance del yihadismo y la descomposición de Malí. Con una vitola de intransigencia y mano dura que había cultivado durante su etapa de primer ministro, Keïta se presentaba ante los ciudadanos como el político capaz de reconducir la situación. Sin embargo, constantes escándalos de corrupción y nepotismo y el imparable avance de los terroristas en el norte y centro del país, sobre todo tras su reelección en 2018, fueron erosionando su imagen hasta convertirle en el blanco de todas las críticas de un pujante movimiento popular y ciudadano construido en torno a la figura del imán Mahmoud Dicko.
Tras una semana retenido por los militares, Keïta es liberado y se instala en su domicilio de Bamako. Unos días más tarde sufre una isquemia cerebral leve y viaja hasta Emiratos Árabes Unidos para recibir atención médica antes de regresar el 21 de octubre a Bamako. Durante los últimos meses, la crisis política abierta tras el golpe de Estado que le derrocó se ha agravado por la intención de los militares liderados por Goïta de seguir en el poder hasta cinco años más allá de febrero de 2022, el plazo fijado por la Comisión Económica de Estados de África Occidental (Cedeao). Fruto de ello, este organismo regional aprobó el pasado lunes unas durísimas sanciones contra Malí que incluyen cierre de fronteras, limitaciones al comercio salvo productos de primera necesidad y congelación de la ayuda económica. Este viernes miles de malienses se manifestaron contra la Cedeao y estas medidas, calificadas de “ilegales” por la junta militar. La Unión Europea y Naciones Unidas anunciaron su respaldo al organismo regional africano.
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A pesar del alto número de contagiados, el registro es de una persona muerta por Covid-19, según el Ministerio de Salud.
Noticias Barranquilla.
En aumento los contagios de Covid-19 en la capital del departamento del Atlántico sigue, así lo confirmo el Gobierno Nacional este sábado.
Según el último boletín emitido por el Ministerio de Salud, en Barranquilla 1556 personas se contagiaron de coronavirus en las últimas horas.
Además, el reporte arrojó un hombre fallecido, tras contagiarse con el virus.
También el Ministerio de Salud señaló a través del boletín, que en la departamentalidad atlanticense 272 personas resultaron contagiadas y no hubo muertos.
Las cifras de los contagiados de Covid-19 en Colombia en las últimas horas. En Barranquilla resultaron más de 1500 personas contagiadas y en el Atlántico más de 200
Cabe resaltar que en las últimas semanas los contagios por Covid-19 van en aumento en Barranquilla. Y al menos el 40% de los contagiados tienen la cepa variante Ómicron.
Y por tal motivo varios desfiles del Carnaval de La 44 como el de la carrera 8 y 21 se han cancelado con el fin de evitar la propagación de la variante.
También, en el municipio de Santo Tomas, se canceló La Batalla de Flores de la carnestolendas.
Sin embargo, los conciertos siguen en pie porque los organizadores tendrían más control al momento de quienes vayan ingresar y deban tener el esquema de vacunación completo.
Colombia este sábado reportó 31 nuevos casos del virus y 38 decesos, en medio de una ola creciente de antivacunas y polémicas en torno al suministro de vacunas y medidas restrictivas.
#EnVivo | Suspenden la Batalla de Flores de Santo Tomás por amenaza de ómicron.
El fiscal general de Estados Unidos, Merrick Garland, comparece antes del primer aniversario del ataque del 6 de enero al Capitolio, en el Departamento de Justicia, Washington.Carolyn Kaster / POOL (EFE)
El fiscal general de Estados Unidos, Merrick Garland, ha advertido este miércoles que el Departamento de Justicia perseguirá a los implicados de “cualquier nivel”. A los presentes en el asalto al Capitolio y a aquellos que cometieron delitos “de otra manera” en la aciaga jornada del 6 de enero de 2021. La figura de Garland, líder responsable de la investigación criminal más grande en la historia de EE UU, ha sido objeto de escrutinio público durante las últimas semanas por varios exfiscales y académicos que le achacan no dirigir la investigación a la rendición de cuentas del expresidente Donald Trump y su círculo. “Seguiremos los hechos a donde sea que nos lleven”, adelantó esta tarde durante la comparecencia en la que también le pidió paciencia a la ciudadanía.
Un año después del ataque al núcleo del poder en Washington, solo 71 manifestantes han sido condenados, y ni la mitad de ellos han recibido pena de cárcel. De los cerca de 2.500 implicados que podrían ser acusados de delitos federales, hasta ahora han imputado a unas 725 personas; casi un tercio por delitos de agresión, resistencia al arresto u obstaculizar el trabajo de la policía. Cerca de 165 se han declarado culpables, la mayoría de delitos menores. Una veintena de ellos se enfrentan a penas por delitos graves, que pueden llegar a los 20 años de cárcel.
“Primero resolvemos casos más sencillos porque proporcionan la base probatoria para casos más complejos”, explicó Garland, y agregó: “No puede haber reglas diferentes para los poderosos y los que no tienen poder”. En las últimas semanas, los principales periódicos estadounidenses han publicado una ristra de tribunas criticando la lentitud de la labor del Departamento de Justicia y la aparente falta de urgencia en buscar las responsabilidades de Trump. El fiscal general aclaró que las acciones que ha llevado a cabo hasta ahora el Departamento de Justicia “no serán las últimas”. El violento episodio del asalto abrió un debate sobre la Primera Enmienda, que protege la libertad de expresión en EE UU. Garland aprovechó la ocasión para aclarar que “expresar pacíficamente un punto de vista o ideología, sin importar cuán extremo sea”, está protegido por la Constitución, “pero amenazar ilegalmente con dañar o matar a otra persona, no”.
En paralelo al trabajo del equipo de Garland, una comisión de investigación de la Cámara de Representantes también indaga lo que sucedió antes y durante el ataque, con especial interés en la tardía respuesta de la Casa Blanca. Hasta ahora, la evidencia que se ha hecho pública no apunta a que Trump y su círculo hayan conspirado para que se produjera el asalto, pero sí que fueron alertados para detener el caos. Una de las personas que intentó disuadir al mandatario republicano para que frenara la violencia fue su hija y asesora Ivanka Trump, según han adelantado miembros del comité, compuesto por siete congresistas demócratas y dos republicanos.
La comisión de investigación ha solicitado miles de documentos a varias agencias federales para reconstruir los pasos de Trump aquel día y averiguar por qué tardó tres horas en pedir a sus simpatizantes que se retiraran del Capitolio. También si su inacción frente a la amenaza de que los manifestantes impidieran la confirmación oficial de la victoria electoral del presidente Joe Biden en el Congreso es carne de delito. Si encuentran pruebas suficiente, los congresistas pueden derivar el material al Departamento de Justicia, que tiene la potestad de presentar cargos penales.
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El llanero puso su cargo a disposición tras la derrota ante Audax Italiano y se esperaba que en la semana se oficializara su salida, pero esta se concretaría en esta jornada.
Este sábado arranca la décima fecha del Campeonato Nacional, que tendrá como gran atractivo el partido entre Palestino y Universidad de Chile, a disputarse a las 15:30 horas en el estadio Municipal de La Cisterna.
Es que este sería el último cotejo que dirigiría el venezolano Rafael Dudamel como entrenador de los azules, debido a que no continuaría en la banca.
El llanero puso su cargo a disposición tras la derrota ante Audax Italiano y se esperaba que en la semana se oficializara su salida, pero esta se concretaría en esta jornada.
Eso sí, en el plantel estudiantil desconocen el tema, pues el jueves el portero y capitán, Fernando de Paul, admitió: «Yo no sé si (Dudamel) se va, nadie nos comunicó nada, el técnico está trabajando de la misma manera que viene trabajando en los partidos anteriores. Si quieres creerme, me crees, ningún dirigente nos dijo que Dudamel se vaya, tampoco Rafael nos comunicó nada».
«Seguirán formando parte de la historia»: La ‘U’ oficializó salidas de Rodrigo Goldberg y Sergio Vargas https://t.co/PGs98QLGvV pic.twitter.com/FZrecvmlXz
En caso de oficializarse, Universidad de Chile tendrá que buscar nuevo DT en este receso que tendrá el fútbol nacional por la Copa América. Consignar que el elenco azul marcha en el 12° puesto de la tabla, con 8 puntos, mientras que Palestino se ubica 14°, con 6 unidades.