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Uno de los dos lo perfeccionó su técnica y lo puso a marcar goles.

Noticias Colombia.

Mohamed Salah es una de las estrellas del firmamento del planeta llamado: fútbol. El egipcio de 29 años de edad, es una de las figuras de la Premier League jugando para su club el Liverpool de Inglaterra.

Con ‘Los Reds’ ha marcado más de un centenar de goles y ha alzado el trofeo más codiciado del fútbol europeo: La Champios League.

En estos momentos es uno de los jugadores más apetecidos en el mercado de fichajes por grandes clubes como el Real Madrid. El cuadro merengue estaría interesado en fichar al extremo delantero y también «echa ojo» al francés Kilyan Mbappé.

Mientras se define su futuro, «Mo» Salah continúa enamorando a los hinchas del Liverpool y a la fanaticada colombiana que lo sigue de cerca gracias al compañerismo que ha mostrado con el atacante guajiro Luis Díaz, ex Junior de Barranquilla, que ha impresionado a la prensa inglesa por su juego y su gran talento.

Sobre el egipcio, se conoció que precisamente que su éxito está ligado a dos colombianos que lo han sabido llevar por el camino del triunfo.

Uno, es un caleño que figura como su agente personal. Se trata de Ramy Abbas Issa, un joven miembro de SPOCS Sports Consultants, una agencia que maneja diferentes deportistas.

Abbas es hijo de una colombiana con un egipcio, por esto, la relación laboral con Salah es muy amena.

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El deportista del Liverpool finaliza contrato con el cuadro inglés a mediados del 2023, es por esto que desde ya ha empezado un tema de renovación con loas directivas y con el entrenador Jurgen Klopp, quien no planea deshacerse de su máxima estrella.

En dichas negociaciones está de por medio Abbas, quien ha escuchado las aspiraciones de su cliente: Un salario de 400.000 libras esterlinas a la semana, una cifra que lo pondría a la altura de los mejores jugadores de la Premier como Cristiano Ronaldo.

Sus inicios con el africano

Cuando Abbas apenas conocía a Salah, se dio cuenta de que era un jugador con grandes capacidades pero tenía un defecto: Le costaba marcar goles.

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En medio de un diálogo en un programa de Win Sports, Abbas recibió una sugerencia del técnico Juan José Peláez, que le cambiaría el destino de Salah.

El exentrenador de Atlético Nacional, Medellín, Envigado y Junior de Barranquilla, le recomendó a Jaime Pabón un experto en el tema de la definción de delanteros.

Al conocerlo, tanto las directivas de La Roma (antiguo club de Salah) como Abbas tuvieron una grata impresión por el trabajo de Pabón y lo llevaron hasta Italia para que perfeccionara la técnica de definición del extremo zurdo.

Goles son amores

Pabón le enseñó a Salah varias técnicas de respiración para antes de definir y sugirió a los compañeros de equipo no darle el pase al pie sino al espacio para ahorrar energías.

Salah siempre partía con el balón atado a su pies desd eel mediocampo y al llegar a las «5 con 50» ya su cuerpo presentaba desgaste y por eso tenía fallas a la hora de marcar goles.

También, el paisa le enseñó a hacer diagonales más productivas para que quedara de frente al arco y no en un ángulo sin mucha opción de gol como solía ser.

Además de la parte técnica, Pabón ayudó en la parte motivacional del delantero africano. Desde que lo instruyó Salah comenzó a marcar diferencia.

El egipcio pasó de marcar 66 goles en su paso por tres clubes desde 2010 hasta 2016 a marcar cerca de 153 goles entre 2017 y 2022 jugando para el conjunto rojo de Anfield.

Sin lugar a dudas estos dos colombianos han sido y siguen siendo parte fundamental del éxito de uno de los futbolistas más cotizados en estos momentos.

Foto de portada: @abbas

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En el largo proceso judicial en marcha por los atentados yihadistas del 13 de noviembre de 2015 en París todavía se está lejos de buscar respuestas sobre el papel concreto de los 20 acusados en la noche que dejó 130 muertos y cientos de heridos, decenas de ellos en la sala Bataclan. Pero en el primer interrogatorio en el que se profundizó sobre su radicalización y el periodo inmediatamente anterior a los ataques yihadistas, el único terrorista que sobrevivió a la terrible noche parisina, Salah Abdeslam, arrojó este miércoles luz sobre una de las principales incógnitas que penden desde hace más de seis años sobre esas horas de horror: ¿Sobrevivió porque le falló el cinturón explosivo que llevaba o porque se arrepintió en el último momento y no lo hizo detonar?

La respuesta, que no habían logrado dilucidar los expertos pese a que han analizado minuciosamente todas las pruebas y tratado de reproducir las circunstancias, la dio de forma inesperada el propio Abdeslam. En una “declaración espontánea” al comienzo de dos días de interrogatorio, dijo que el hecho de afrontar una pena grave (la perpetua) aunque no haya “matado a nadie, herido a nadie, ni un rasguño”, según subrayó, envía el mensaje a futuros arrepentidos de que da igual que no den el paso, porque se les castigará como si lo hubieran hecho.

“En el futuro, cuando un individuo se encuentre en el metro, en un autobús o en otro lugar con una maleta con 50 kilos de explosivos, y que en el último momento se diga que quiere dar marcha atrás, ese individuo sabrá que no tiene derecho a pensar eso, porque se le va a perseguir, a matar o a humillar como se me está haciendo a mí hoy”, dijo mirando fijamente al presidente del tribunal, Jean-Louis Périès. Horas después, confirmó que decidió no activar los explosivos. “Cuando se está las 24 horas del día en aislamiento [en la cárcel], uno se dice: ‘Debería haber detonado esa cosa’. Uno se dice: ‘¿Hice bien en dar marcha atrás o debería haber ido hasta el final?”, agregó durante las preguntas de uno de los abogados de la acusación, que le recriminó “chantajear” al tribunal insinuando que si le cae una pena dura, otros futuros terroristas arrepentidos acabarán accionando sus explosivos.

La locuacidad de Abdeslam en el juicio sigue sorprendiendo tras el férreo silencio que mantuvo desde su detención en marzo de 2016, incluso durante su primer juicio en Bélgica en 2018, donde fue condenado a 20 años de cárcel.

Pero en París rompió a hablar el primer día del proceso, en septiembre, para proclamar que lo había dejado “todo” para convertirse en un “combatiente del ISIS” y desde entonces no ha desaprovechado una sola oportunidad de manifestarse, hasta el punto de que Périès ha tenido que silenciarle en varias ocasiones.

Este miércoles, sin embargo, el juez quería saber más de este hombre de 32 años que, como contó en un primer interrogatorio sobre su personalidad, en noviembre, tuvo una infancia “sencilla” en el barrio bruselense de Molenbeek, donde creció “impregnado de valores occidentales”. ¿Cómo acabó este chaval al que le gustaba “vivir como un libertino, sin temor de Dios” convertido en un miembro de un comando suicida preparado en el bastión sirio-iraquí del Estado Islámico?, se preguntan Périès y millones de franceses hasta hoy. Algo más, aunque no demasiado, se averiguó este miércoles durante un fluido y curiosamente educado debate entre el “señor presidente” y el acusado que se prolongó varias horas.

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Pese a su eventual arrepentimiento final y a que, aunque se le “pasó por la cabeza”, no llegó a viajar a Siria (como sí hizo su hermano Brahim, otro de los terroristas que murió el 13 de noviembre), Abdeslam se dijo convencido hasta este miércoles de la legitimidad de la lucha del Estado Islámico y justificó su violencia —para él los ataques como los de París no son atentados sino “operaciones militares” que responden a las “agresiones” de Francia y Occidente— porque “combate”, según él “para restablecer el orden islámico”.

“El mundo occidental impone su ideología al resto. En muchos países, los valores occidentales pasan por encima de los islámicos. Para nosotros los musulmanes, eso es una humillación”, afirmó. Por eso hizo su juramento de lealtad al Estado Islámico “48 horas antes” de los atentados, declaró, si bien algo más tarde se desdijo y aseveró que lo había hecho en su “corazón”, pero “sin seguir las reglas”. Aun así, insistió en otro momento, no se considera un “peligro para la sociedad”.

Sus palabras indignan a las víctimas. “Quiere hacernos creer que no es quien pensamos porque no ha matado a nadie y no se ha hecho estallar”, dijo Philippe Dupeyron, presidente de la asociación 13onze15 Fraternité et verité. Como recordó, Abdeslam “hizo lo que hizo, estaba donde estaba”.

El horror comenzó a las 21.16 de aquel viernes 13 de noviembre de 2015 cuando, cerca del Estadio de Francia, donde se jugaba un amistoso Alemania-Francia en presencia del presidente François Hollande y con más de 80.000 personas en las gradas, un kamikaze hizo estallar el chaleco con explosivos que portaba. Poco después, los teléfonos empezaron a sonar en todas las instancias francesas: se habían registrado disparos y explosiones en otras partes de París, una zona de bares del centro y en la sala de conciertos Bataclan.

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