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La jueza guatemalteca Erika Aifán posa para una fotografía en su despacho en Ciudad de Guatemala, en noviembre de 2019.
La jueza guatemalteca Erika Aifán posa para una fotografía en su despacho en Ciudad de Guatemala, en noviembre de 2019.Moises Castillo (AP)

La jueza Erika Aifán ha renunciado a su cargo como titular del Juzgado D de Mayor Riesgo de Guatemala debido a las amenazas que ha sufrido de parte de “redes políticas y criminales”, ha denunciado este lunes la magistrada en un video publicado en Twitter. Aifán se ha exiliado en Washington tras afirmar que no cuenta con garantías suficientes de protección a su vida e integridad física. La jueza ha estado en el ojo del huracán porque ha llevado algunos de los casos más sonados de corrupción, que la convirtieron en el último objetivo de quienes no quieren ver una justicia independiente en el país centroamericano. Con Aifán, son ya 14 jueces y fiscales los que han tenido que huir de su país hacia Estados Unidos debido a la persecución que enfrentan.

Aifán, que lleva 19 años trabajando en el sistema de justicia de Guatemala —seis de ellos a cargo del Juzgado D de Mayor Riesgo—, ha denunciado que recibió “amenazas y presiones” por su trabajo, al que, ha afirmado, le ha dado “una dedicación casi absoluta”. La jueza ha recordado que desde su despacho ha llevado casos de crimen organizado y estructuras de corrupción “en todos los niveles del Estado”, lo que la ha convertido en el objeto de serias amenazas. “He decidido presentar mi renuncia al cargo porque no cuento con garantías suficientes de protección a mi vida y a mi integridad ni a la posibilidad de defenderme con el debido proceso”, ha informado Aifán. “Tras varios casos emblemáticos de corrupción, las redes políticas y criminales que se vieron afectadas por los avances de la justicia decidieron cooptar nuevamente las instituciones y perseguir a quienes nos atrevimos a combatir la impunidad”, ha advertido.

La renuncia y exilio de la jueza Aifán es la última muestra de la guerra abierta en Guatemala por parte de redes criminales e incluso de altos cargos dentro del sistema judicial contra funcionarios comprometidos contra la impunidad. Varios exjueces y exfiscales han señalado a la fiscal general Consuelo Porras, un controvertido personaje, por obstaculizar su trabajo. A finales de febrero, el exfiscal especial contra la impunidad, Carlos Antonio Videz, dejó Guatemala y acusó directamente en un comunicado a la fiscal general Porras como responsable de su salida. “Ha quedado claro que la fiscal general ha ido avanzando en su plan de garantizar impunidad a las redes criminales que debiera perseguir. Desde el inicio de su mandato, complicó la función de fiscales comprometidos e independientes”, señaló Videz. Una denuncia similar hizo el exfiscal general Juan Francisco Sandoval, quien fue cesado el pasado verano de su cargo al frente de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad en Guatemala (FECI), un organismo que ha logrado grandes avances en la lucha contra corrupción. En una rueda de prensa dada antes de su abrupta salida del país, Sandoval dijo que su destitución era ilegal y que fue ordenada por Porras, para proteger a amigos “que pudieran resultar involucrados en las investigaciones”.

En una entrevista concedida a este diario a finales de enero, Aifán denunció que Porras ha permitido que se desarrolle una especie de cacería dentro del sistema de justicia contra jueces y fiscales que llevan importantes casos de corrupción. “Le hemos dirigido un escrito en junio del año pasado pidiéndole que mande a archivar y desestimar procesos que se han venido acumulando en contra de por lo menos cuatro de los jueces de mayor riesgo del país, quienes hemos llevado el juzgamiento de los casos de más acto impacto desde 2015. En el trabajo que ella desarrolla, ella puede archivar esos procesos, porque no tienen ningún fundamento. Sin embargo, no hemos encontrado ninguna respuesta”, dijo Aifán.

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En Washington también han buscado refugio la exfiscal general Thelma Aldana, la exmagistrada de la Corte de Apelaciones, Claudia Escobar, el exfiscal de la FECI Andrei González y la magistrada electa de la Corte de Constitucionalidad (CC) Gloria Porras, entre otros, quienes han convertido a la capital de Estados Unidos en el refugio de exoperadores de justicia perseguidos por sus empeño en combatir la corrupción y luchar contra la impunidad en el país centroamericano.

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El presidente electo de Chile, Gabriel Boric, participa de un evento por el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo pasado en Santiago.
El presidente electo de Chile, Gabriel Boric, participa de un evento por el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo pasado en Santiago.JAVIER TORRES (AFP)

Gabriel Boric jurará el viernes como presidente de Chile. El sábado, ya sentado en La Moneda, deberá mostrar finalmente cómo piensa satisfacer las demandas que dieron fuelle a las revueltas sociales de 2019. La primera medida de Gobierno será una reforma tributaria que permita al Estado recaudar más y, con ello, destinar nuevos fondos públicos a la educación y la salud. En un país profundamente presidencialista, Boric delegará buena parte de la gestión en su Gabinete, como hiciese en su día el primer presidente de la transición democrática, Patricio Aylwin (1990-1994). Otras urgencias heredadas quitarán el sueño a Boric: la crisis económica, el descontento popular con el sistema privado de pensiones, el conflicto con las comunidades mapuches del sur del país y la presión migratoria que Chile recibe en el norte. Mientras tanto, deberá acompañar el proceso constituyente y, antes de finales de año, someter a un referendo vinculante el texto que salga de allí.

El nuevo presidente ha armado un Gabinete de alto perfil, con nombres surgidos de la militancia estudiantil y dominado por mujeres. Cinco nombres liderarán la nueva estructura de poder: como ministra de Interior, Izkia Siches tendrá a su cargo resolver las contingencias del día a día; Giorgio Jackson delineará las políticas de mediano y largo plazo desde la Secretaría de la Presidencia; Mario Marcel, en Hacienda, trabajará para que esos cambios sean “ordenados y sostenibles en el tiempo”, como dijo en una entrevista reciente con EL PAÍS; la impronta feminista será responsabilidad de Camilla Vallejo, como portavoz, y de Antonia Orellana, al frente del ministerio de la Mujer. “Queremos mostrar gobernabilidad y ello abarca varios aspectos”, explicó Jackson esta semana al diario La Tercera. “Primero, dejar claro que podemos manejar bien los temas más urgentes, como la pandemia, el regreso a clases y todo lo relacionado con orden y seguridad, que se abordará de una forma distinta a como se ha hecho hasta ahora. Está el plan de estabilización económica y pondremos énfasis en los temas relacionados con los derechos humanos y todo lo que signifique reparación y soluciones para los conflictos que derivan del estallido social”, resumió.

El ministro Marcel adelantó que su prioridad estará puesta en una reforma tributaria “bastante ambiciosa”. “Las metas de recaudación que se han planteado de 5% del Producto en cuatro o cinco años es más que la suma de las dos grandes reformas que hemos tenido en democracia”, dijo. Prometió además “un programa de recuperación inclusiva, que asegure que nadie se quede atrás en la pospandemia”. “Hay sectores rezagados”, explicó, “y la necesidad de crear empleo”. El desafío de Marcel es que esos planes no agranden el rojo fiscal.

“El principal desafío del nuevo Gobierno será el deterioro económico que tendremos en los próximos meses”, advierte Max Colodro, analista político de la Universidad Adolfo Ibáñez. “Hemos estado viviendo durante los dos últimos años en una situación bien irreal, de explosión de consumo, porque en medio de la crisis por la pandemia el Gobierno permitió, porque no pudo impedirlo, retiros de fondos previsionales y una ayuda económica muy sustancial para aquellos que habían perdido el empleo. A los bolsillos de la gente fueron 80.000 millones de dólares, 50.000 millones de los retiros y 30.000 de las ayudas sociales que dio el Gobierno”, explica.

Agotado el combustible del consumo y sin fondos a los que recurrir, Boric tendrá que resolver una persistente subida de la inflación (registró 7,8% interanual en febrero, muy por encima del rango de entre 2 y 4% que había establecido el Banco Central), “y el deterioro inevitable de lo que está pasando con la guerra en Europa”, agrega Colodro. Chile es importador neto de petróleo y gas y cualquier subida en los mercados internacionales impacta en su mercado interno. No es un escenario simple para Boric, porque “frente a unas expectativas enormes, la situación económica se va a deteriorar fuertemente en los próximos mes”.

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El conflicto mapuche

Izkia Siches, la ministra estrella de Boric, tendrá en sus manos asuntos que impactan en la opinión pública, como el conflicto mapuche, la violencia urbana y la migración. “Para un Gobierno que se ha comprometido a no reprimir y no expulsar inmigrantes, la solución es compleja”, dice Max Colodro. El futuro Gobierno ha dado pocas pistas sobre qué piensa hacer, pero es de suponer que Siches no perderá demasiado tiempo. Esta semana, se reunió con autoridades de la Araucanía, la región más afectada por la cuestión indígena, y ya resolvió un cambio de paradigma: el Gobierno no renovará el estado de excepción en la zona, lo que supone sacar a las Fuerzas Armadas del control de la seguridad. En una entrevista televisiva, Siches dijo que “los resultados no serán inmediatos”, pero bastará al menos como señal que el abordaje ya no sea desplegar militares sobre el terreno.

Las reformas estructurales quedarán en manos de Giorgio Jackson y Marcel. El ministro de Hacienda dijo que habrá una reforma del sistema de pensiones, que desde la dictadura se basa en un sistema de capitalización administrado por empresas privadas, las AFP. Durante la campaña, Boric anunció el fin de las AFP y la creación de un sistema de reparto en manos del Estado. Marcel matizó la dimensión de la reforma y aclaró que la idea es “construir un sistema mixto, donde la capitalización siga siendo un componente pero ya no el único eje del sistema y con un rol más importante del Estado”. La ampliación de la gratuidad del sistema educativo, una de las principales demandas de los estudiantes que salieron a la calle en 2019, y la ampliación de las prestaciones de salud enfrentarán un largo debate político y legislativo.

Un Gobierno feminista

La cuestión de género será de vital importancia para el nuevo Gobierno. El círculo de poder más cercano a Boric estará en manos de mujeres, y serán ellas las que impregnen al resto de la administración con los nuevos lineamientos. “Les quiero pedir, en particular a los hombres, que nos lo tomemos en serio. El ser un gobierno feminista significa cambiar la manera en la cual nos relacionamos, con la cual vemos el mundo”, dijo Boric el viernes pasado tras una reunión entre ministerios. “Un Gobierno feminista debe reconocer la importancia de la acción colectiva de las mujeres”, sumó en una entrevista con este periódico Antonia Orellana, futura ministra de la Mujer. Su par en Interior, Izkia Siches, advirtió que piensa recorrer el país junto a su hija Khala, que cumplirá un año en abril. “El Estado tendrá que adaptarse a mí, a mi hija y a las ministras”, dijo. Camila Vallejo, exdiputada del Partido Comunista, será la voz del Gobierno.

“El otro gran desafío polítco de Boric está en la Convención” constitucional, dice Max Colodro. Los legisladores tienen hasta el 4 de julio para presentar un texto que reemplace al heredado de la dictadura de Pinochet. Concluido ese proceso, el Gobierno convocará a un referendo vinculante para aprobar o desaprobar la nueva Constitución. “Hay un riesgo bajo de que en el segundo semestre se pueda perder ese plebiscito y se imponga el rechazo. Todavía las encuestas confirman que es mayoritario el apruebo, pero también es cierto que ha ido bajando”, advierte Colodro. La redacción de una nueva Constitución fue la solución política a las revueltas de 2019 y el fracaso del proceso pondría a Boric ante una dura prueba de gobernabilidad.

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El presidente de Argentina, Alberto Fernández, se ha sentado este martes ante un juez. No como acusado, sino como testigo. Lo hizo en forma presencial, cuando pudo hacerlo por escrito. Durante dos horas y media, defendió a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner de las acusaciones de corrupción que enfrenta. Habló como exjefe de Gabinete entre 2003 y 2008, parte del período en que se produjeron los presuntos delitos investigados: un desvío discrecional de fondos de obra pública a favor de Lázaro Báez, un empresario ligado al kirchnerismo que en pocos años pasó de ser un ignoto cajero de banco a multimillonario.

Báez cumple en la cárcel una condena de 12 años por lavado de dinero. En marzo de 2021, la justicia argentina lo encontró culpable de blanquear activos por 60 millones de dólares entre 2010 y 2013, cuando su nombre figuraba entre los contratistas del Estado preferidos por el kirchnerismo. Báez era en aquel tiempo dueño de Austral Construcción, una empresa con sede en Santa Cruz, la provincia patagónica que fue bastión político de los Kirchner. Cristina Fernández de Kirchner es ahora investigada en una causa paralela por supuestamente beneficiar a Báez con contratos millonarios a cambio de sobornos. Las acusaciones se basan en una auditoría encargada por el Gobierno de Mauricio Macri, referidas a 51 obras públicas de seguridad vial. Austral se encargó del 82% de las licitaciones en Santa Cruz durante la Presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007) y percibió en total más de 4.000 millones de pesos (equivalente a unos 300 millones de dólares al cambio monetario de 2015, cuando Cristina Kirchner entregó el poder a Macri).

La defensa de Cristina Kirchner pidió que declarasen todos sus exjefes de Gabinete para que explicasen al juez cómo se resuelve el reparto de fondos para obras de infraestructura. Alberto Fernández estaba entonces alejado de Kirchner y la criticaba con crudeza en los canales de televisión. Luego se amigaron, Fernández fue candidato y ganó la presidencia. Las idas y vueltas de la política argentina terminaron en un hecho sin precedentes: un presidente en funciones declaró como testigo presencial a pedido de su vicepresidenta.

Fernández llegó a los tribunales federales antes de las 10 de la mañana. Contestó una a una las preguntas del juez y discutió con el fiscal, responsable de la acusación. Dijo que al empresario Báez lo había visto una sola vez en su vida “en el parque de la casa de [el expresidente] Néstor Kirchner”. Aclaró que no hay una norma que diga cómo deben repartirse los fondos nacionales para obras de infraestructura en las provincias, pero negó que se trate de una decisión arbitraria del presidente.

“Lo que están discutiendo son decisiones políticas no judiciables, y esas decisiones presupuestarias de ningún modo pueden ser arbitrarias”, dijo. Explicó entonces que el presidente, cualquiera sea, no está al tanto de los contratos, sino apenas de una versión general del presupuesto. “No se tiene en cuenta cómo funciona la aprobación de un presupuesto, no es decisión de un presidente decidir dónde se gasta la plata. Eso va al Congreso y se genera un debate enorme dentro del Congreso, porque cada diputado y senador pelea para llevar recursos a sus provincias”, dijo Fernández. “Definitivamente, no”, respondió cuando el abogado de la defensa le preguntó si Cristina Kirchner integraba una asociación ilícita para favorecer a Báez, como sostiene la querella.

Cuando Cristina Kirchner se convirtió en vicepresidenta en diciembre de 2019 enfrentaba 10 investigaciones por presunta corrupción. Desde entonces, las causas cayeron una a una, ya sea por falta de pruebas, ausencia de delito o problemas de procedimiento. Solo el expediente de la obra pública sigue en pie. El 21 de mayo de 2019 iniciaron las audiencias presenciales y Cristina Kirchner se sentó en el banquillo. El país estaba en pleno proceso electoral y el kirchnerismo acusaba a Macri de presionar en los tribunales para sacarla de la carrera política. El juicio siguió su curso y está ahora en la etapa final de la ronda de testigos. Restan los alegatos de los abogados y el veredicto. La sentencia final no tiene fecha.

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Las disputas entre grupos armados por el control territorial y del narcotráfico que se presentan en algunas zonas del país han generado que en por lo menos 24 departamentos existan riesgos directos e indirectos contra la realización de las campañas políticas.

Versiones de candidatos, autoridades y analistas dan cuenta de puntos pequeños en zonas veredales o de frontera principalmente a los que muchos prefieren no ir por seguridad, mientras que en otros lugares se han registrado amenazas directas contra las personas que quieran realizar campaña para las elecciones del 13 de marzo.

El Ministerio de Defensa estableció un mapa de riesgos que contabiliza 55 municipios a los que denomina prioritarios y de atención por posibles hechos de violencia.

Candidatos han manifestado que grupos criminales extorsionan a muchos para poder sostener su búsqueda de votos.

Luis Ernesto Olave, defensor de derechos humanos y actual candidato a la Cámara de Representantes en Chocó, señala que un grupo conocido como ‘Los mexicanos’ cobra hasta 20 millones de pesos por realizar campaña, sobre todo en el norte de Quibdó.

“Hay muchas amenazas para los partidos alternativos o menos tradicionales –explica Luis Ernesto–. Sobre el río San Juan el Eln lleva dos años de combates con las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y eso ha confinado a poblaciones enteras, allá no llevan ni mesas de votación”.

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Olave asegura que muchos ciudadanos que se encuentran sobre las riberas del río San Juan tuvieron que desplazarse hasta 10 horas en lancha para poder inscribir su cédula, pues la Registraduría no llevó las mesas para la inscripción hasta estos puntos.

Sobre el río Atrato, en límites con Vigía del Fuerte, en Antioquia, las disidencias y las AGC se encuentran en una guerra que impide la movilización de los candidatos.

En zona costera, como Bahía Solano, el ‘clan del Golfo’ ha impedido hasta que se repartan o peguen volantes de publicidad política en la zona.

“La única forma que hemos encontrado de llegar a las personas es gracias a las redes sociales –confiesa Olave–. Muchos tienen miedo de intentar hacer campaña por allá, pues estos grupos no permiten nada de política en sus puntos”.

En Baudó la entrada del Eln también ha generado temor para la movilización de las campañas.

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Similar situación se vive en el Eje Cafetero, donde el coordinador de la Mesa Nacional de Víctimas, Eisenhower Zapata, asegura que la expansión de la disidencia de las Farc ‘Adán Izquierdo’ ha generado temor entre las campañas.

“Este grupo está buscando expandirse y tiene una fuerte presencia en el centro y el norte del Valle –explica el abogado–. Ya hay alertas tempranas por amenazas a concejales en Dosquebradas, La Virginia, Santa Rosa de Cabal, Quinchía y Mistrató. Muchos candidatos a la Cámara han tenido roces, sobre todo en Santa Rosa de Cabal”.

Según el abogado y defensor de derechos humanos, la tendencia de atacar a las llamadas listas alternativas también se ha registrado en municipios de Caldas, como La Dorada, Samaná y Riosucio.

Mapa de grupos armados en Colombia

370 municipios tienen presencia de uno o varios grupos armados organizados.

Foto:

Fundación Paz y Reconciliación (Pares)

Por los lados de Quindío se han conocido denuncias por presión de grupos armados en Génova, Córdoba, Calarcá y Buenavista.

“Lo que es Montenegro y La Tebaida, en Quindío, también han sufrido la llegada de ‘Adán Izquierdo’ porque limitan con el Valle –asegura Zapata–. También los que limitan con el Huila y Tolima, donde la presencia de disidencias es fuerte”.

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Sobre el Tolima, expertos señalaron alertas en zonas rurales de los municipios de Rioblanco, Planadas y Chaparral, donde hay 11 de los 22 candidatos de la región con amenazas para realizar cualquier desplazamiento y campaña.

Esto, según autoridades, sería obra de las disidencias de las Farc. La Defensoría ya ha emitido varias alertas, además, hay un llamado para que se les permita a las emisoras comunitarias realizar la labor de difusión de campañas, pues también se han registrado amenazas.

Mientras tanto, en Huila, históricamente se ha hablado de la parte rural de Algeciras como uno de los puntos de mayor cuidado por parte de las autoridades, pero sus habitantes sostienen que no se han registrado amenazas directas contra candidatos o contra el proceso electoral.

Los enfrentamientos entre el ‘clan del Golfo’ y otras estructuras como el Eln, disidencias de las Farc, ‘Pelusos’, AGC y otras estructuras han copado 370 municipios del país según información del Fundación Paz y Reconciliación (Pares), situación que pone en riesgo la realización de dichas campañas.

Luis Trejos, docente de la Universidad del Norte, en Barranquilla, señala que el Caribe cuenta con alrededor de cinco espacios con alta presencia de bandas criminales que dificultan el ejercicio electoral “no solo porque prohíban la oferta o proselitismo, sino también porque impedirían que Registraduría lleve urnas a los corregimientos”.

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Trejos asegura que una de estas es la Sierra Nevada, donde conoce de esta problemática en Ciénaga y hasta Dibulla (La Guajira), pasando por Santa Marta.

“En esta zona están enfrentados Conquistadores de la Sierra Nevada con las AGC –explica Trejos–. De hecho, hay candidatos que se quejan de no poder subir a las partes media y alta de la Sierra porque están vetados”.

También se han registrado problemas para realizar campaña electoral en los Montes de María, donde habitantes en zona rural de Sucre sostienen que miembros del ‘clan del Golfo’ han convocado reuniones para indicar a los campesinos por quién votar.

“La violencia en esta parte del Caribe está entre las AGC y el ‘clan del Golfo’ –asegura Trejos–. Aquí, en el Sur de Córdoba y Sur de Bolívar, donde ya entran también el Eln y las disidencias del Frente 37, hay una guerra fuerte por el control territorial que evita que los candidatos puedan hacer alguna campaña. No solo por seguridad, sino también por amenazas directas”.

La violencia directa e indirecta contra las campañas políticas es mayor en las zonas rurales. No obstante, se han conocido denuncias de extorsiones a candidatos para ingresar a barrios en ciudades capitales.

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En el área metropolitana de Cúcuta, por ejemplo, denuncian la presencia del ‘clan del Golfo’, razón que ha generado la ausencia de candidatos en varios corregimientos.
Además, según denuncia hecha por Wilfredo Cañizal, director de la ONG Progresar, en Puerto Santander, a 40 minutos de Cúcuta, no se realiza proselitismo por la guerra que sostienen el Eln y las AGC.

“El ‘clan del Golfo’ está agarrado con el Eln y las AGC –señala Cañizal-. En Puerto Santander han prohibido reuniones de ese tipo. Además, en las comunas 6, 7 y 8 de Cúcuta la gente no se puede reunir de noche porque se han visto hombres armados patrullando”.

Operativo contra clan del Golfo

Operativos de la Trigésima Brigada del Ejército contra el ‘clan del Golfo’ en Norte de Santander.

Para este defensor de derechos humanos el panorama electoral en Norte de Santander ha sido históricamente complejo en puntos como la región del Catatumbo, donde los enfrentamientos entre los frentes 33 y 41 de las disidencias de las Farc han generado temor de los candidatos en Tibú, El tarra, Convención, El Carmen, Teorama, San Calixto y, sobre todo, Ábrego.

“Sabemos que en Tibú el frente 33 amenazó a dos dirigentes del partido Conservador –denuncia Cañizal–. En este municipio históricamente no ha sido posible hacer campaña sin la venia del grupo armado que controle. Pero hoy la situación es compleja porque se está dando un reajuste en el control y están enfrentados disidencias, Eln y ‘Pelusos’”.

Esteban Salazar Giraldo, coordinador de Democracia y Gobernabilidad de Pares, coincide en que las cifras del Gobierno pueden ser imprecisas por las múltiples denuncias que se han recibido.

Uno de los casos es el de Putumayo, donde varios candidatos a la Cámara de Representantes han notificado que grupos armados están presionando a la ciudadanía y no les permiten hacer campaña.

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El coronel Roberto Marín, comandante de la Policía de Putumayo, señaló que en este departamento la presencia de las disidencias del frente 48 y su enfrentamiento con el bloque Carolina Ramírez pueden afectar principalmente la actividad de campaña en zonas limítrofes con Solano, en Caquetá, las cuales son Puerto Guzmán y Puerto Leguizamón.

“No tenemos denuncias directamente, pero sabemos la complejidad en la seguridad de la zona, sobre el río Caquetá –asegura el coronel–. Las autoridades están prestas para que los candidatos cuenten con seguridad”.

Sobre Caquetá, autoridades sostienen que en zona rural de Cartagena del Chairá y San Vicente los candidatos no asisten a realizar campaña por temor a los grupos armados que históricamente han hecho presencia por estos sectores.

En el Amazonas, habitantes de Puerto Nariño denuncian que sobre la zona de frontera con Perú, sobre el río Amazonas, en confluencia con el río Atacuari y sobre el río Loretoyacu, en las últimas comunidades como Tipisca hay un movimiento alto de narcotráfico que impide que haya desplazamientos por seguridad, pues se habla de un control territorial por parte de un grupo llamado ‘Los mexicanos’. No obstante, no se habla de amenazas o enfrentamientos.

Por otro lado, en Vaupés, el paso del frente ‘Armando Ríos’ no ha impedido que candidatos vayan a visitar a las comunidades sobre todo en el norte del departamento, en zonas aledañas al río Isana, que viene desde Guainía.

Los candidatos en este departamento del Amazonas procuran no acercarse también a los puntos limítrofes con Brasil, como el municipio de Taraira. Es por esto, según habitantes de Mitú, capital del departamento, que las comunidades son las que se desplazan para conversar con los candidatos en áreas urbanas. 

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Factores

En los Llanos Orientales también se registran precauciones. Nilson Arana, candidato a la Cámara de Representantes, asegura que los candidatos procuran no ir al sur del Meta, como Vistahermosa, Macarena y Uribe, debido a la alta presencia de disidencias de las Farc y ‘clan del Golfo’.

En el sur de Vichada, en Cumaribo, en el punto que limita con Guaviare y Guainía, los habitantes de la zona aledaña al río Guaviare manifiestan que el paso de disidencias de las Farc sobre el sector podría ser el factor de riesgo más alto para los candidatos.

Hay candidatos que se quejan de no poder subir a las partes media y alta de la Sierra Nevada porque están vetados

En La Paz, Guaviare, habitantes hablan de ‘vacunas’ para realizar campañas, pero autoridades confirman que la situación de orden público transcurre con normalidad.

El recrudecimiento de la violencia ha tocado puntos como el Pacífico nariñense, donde autoridades señalan que municipios como Policarpa, Leiva, Cumbitara y El Rosario se encuentran en alerta. En este lugar resalta la presencia sobre la Cordillera Occidental del ‘clan del Golfo’, frente ‘Carlos Patiño’, columna móvil ‘Jaime Martínez’ y Cordillera Sur.

En Buenos Aires, norte del Cauca, zona con alta presencia indígena, la situación para sus habitantes y quienes quieren hacer campaña política está casi que restringida.
La administración municipal ha tomado la decisión de decretar toque de queda para menores,

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De hecho, el Cauca es el departamento más afectado por la violencia contra líderes políticos y sociales según reportes de la Misión del Observatorio Electoral (MOE).

De acuerdo con los registros, entre el 13 de marzo del 2021 y 13 de enero de este año, en el Cauca, Caldono, Argelia y Buenos Aires, principalmente, se han registrado más del 30 por ciento de los hechos violentos y de amenazas.

Diego Alejandro Rubiano, coordinador del Observatorio Político de la MOE, aclara que frente al proceso electoral de 2018, hay un incremento del 63,1 por ciento en cuanto a hechos de violencia en general y es un dato que puede ir en aumento.

Antioquia es otro departamento que registra 28 atentados y 19 asesinatos. Municipios que conforman el Bajo Cauca son las más afectadas para realizar una campaña.

En Boyacá, autoridades aseguran que desde noviembre del año pasado alcaldes del norte del departamento han denunciado intimidaciones de grupos armados. No obstante, explican que la poca llegada de políticos a la zona se debe a lo alejado de estos municipios y no por amenazas de bandas criminales.

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Cubará, en límites con Arauca, es el municipio que se encuentra en alerta por la situación en la frontera con los enfrentamientos armados que no dan tregua en este punto del país.

El politólogo Julio Acela, director del Observatorio Ciudadano de Santander, señala que en este departamento los políticos no van a zonas rurales de Puerto Wilches y Sabana de Torres por temor a los grupos armados que custodian el movimiento de narcotráfico que proviene del Sur de Bolívar.

“Hace muchos años que ningún político se atreve a llegar a puntos del Magdalena Medio desde Puerto Wilches –manifiesta Acela–. Son zonas donde el Eln ha hecho alianzas con grupos de narcotráfico y nadie se acerca a hacer política”.

Según el experto, también en barrios del área metropolitana de Bucaramanga, como la comuna 14, en Piedecuesta o Floridablanca la delincuencia no permite que nadie entre a hacer campaña a menos que paguen extorsiones.

“Se sabe que estas situaciones ocurren en la zona norte de Bucaramanga, también en Girón y hasta en Barrancabermeja –señala el politólogo–. Esta zona que colinda con Boyacá también tiene presencia de grupos armados”. 

MIGUEL ÁNGEL ESPINOSA BORRERO
Redactor de EL TIEMPO
NACIÓN
En Twitter: @Leugim40

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