En el siniestro se vio involucrado un bus. Autoridades investigan qué sucedió.
Noticias Valle del Cauca.
Durante la mañana de este miércoles 24 de marzo se presentó un nuevo siniestro vial entre Jamundí – Terranova.
Los reportes precisan que el accidente de tránsito se registró sobre las 6:50 a.m.
Precisan que en el episodio se vieron involucrados un bus de transportes especiales que se movilizaba por la zona y una persona que falleció tras el impacto.
Hasta el momento no hay información detallada en la que se informe si se trató de un peatón o un motorizado.
ACCIDENTE DE TRÁNSITO DEJA COMO SALDO UNA PERSONA SIN VIDA.
Hace poco mínutos una persona pierde la vida en la Via Jamundi – Terranova, en accidente de tránsito dónde una persona pierde la vida al chocar contra un bus. Unidades de tránsito hacen pic.twitter.com/G5cfNnPuh2
Los peritos argentinos han dado con la aguja en el pajar. Este jueves, identificaron la droga responsable de matar, la semana pasada, a 24 adictos a la cocaína en la periferia de Buenos Aires. Tras ocho días de pruebas a ensayo y error sobre la droga consumida por las víctimas, encontraron carfentanilo, un opiáceo 10.000 veces más potente que la heroína o el fentanilo, de donde deriva. El uso sedativo del carfentanilo está limitado a animales grandes, como elefantes o rinocerontes, y su uso en humanos está prohibida. La justicia argentina deberá ahora reconstruir cómo llegó ese opiáceo a la droga adulterada: si como elemento de corte para “estirarla”, por contaminación accidental o como parte de una mezcla que salió mal.
El martes de la semana pasada por la noche, los hospitales de la periferia oeste de Buenos Aires recibieron a un centenar de personas con graves problemas respiratorios. 24 de ellas murieron y el resto se salvó tras responder a la naloxona, un antídoto a opiáceos como el fentanilo, de uso común en los quirófanos como anestesia pero potencialmente mortal si se lo consume sin control médico. Durante una semana, los peritos buscaron fentanilo o alguno de los más de 200 opiáceos posibles en ensayos a ciegas que demandaron largas jornadas de trabajo. Una fuente judicial adelantó a EL PAÍS que, finalmente, los peritos habían tenido éxito: “Tenemos dos estudios que nos están dando carfentanilo”.
Un comunicado posterior de la Procuración General de la Provincia de Buenos Aires confirmó que “dos estudios periciales independientes han arribado a la conclusión de que la sustancia para estirar el clorhidrato de cocaína encontrada en diversas muestras secuestradas se trata de carfentanilo, un opiáceo extremadamente fuerte cuyos efectos son 10.000 veces más fuertes, o más, que la heroína o el fentanilo”.
Los intoxicados con la cocaína envenenada la habían comprado en un barrio marginal llamado Puerta 8, famoso por ser epicentro del narcomenudeo en esa zona del extrarradio de Buenos Aires. Eran todos muy pobres, dedicados a la venta de cartones y botellas recogidos de la basura, que pagaban por sus dosis menos de un euro.
La presencia de carfentanilo en el mercado de drogas ilegales en Argentina no tiene precedentes. Resta dilucidar qué buscaron los narcos con su uso. La manipulación de esa droga sintética es tan peligrosa que hasta el contacto con la piel puede causar la muerte por absorción. El cuadro de intoxicación por carfentanilo es similar al que produce cualquier opiáceo y por eso su antídoto es la naloxona. La reacción que los intoxicados tuvieron a la naloxona ya había hecho sospechar a los médicos de que estaban ante una droga más potente que el fentanilo, siempre primera en la lista de sospechosas porque, si bien en Argentina no se consigue en farmacias, circula en hospitales y sanatorios. “Nos llamó la atención su potencia, porque el fentanilo tiene una vida media corta y hemos visto que los pacientes a los que se le aplicó la naloxona se despertaban y volvían a dormirse. Hubo que aplicar el antídoto por goteo para que hiciese efecto, y eso hablaba de un opiáceo de vida más larga”, explicaba Carlos Damin, jefe de Toxicología del Hospital Fernández.
El capítulo del carfentanilo no está cerrado. Los peritos deberán ahora buscar su presencia en las muestras biológicas forenses extraídas de los muertos. Solo así podrán establecer una relación causa – efecto entre la sustancia encontrada y las víctimas de la cocaína envenenada.
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La policía revisa los paquetes de droga adulterada secuestrada el pasado 2 de febrero en Puerta 8, en la perifera de Buenos Aires, tras la muerte de 24 personas.ELIANA OBREGON (AFP)
La justicia argentina no da con la sustancia que contaminó la cocaína que la semana pasada mató a 24 personas en la periferia de Buenos Aires. Los peritos buscan entre 200 opiáceos cuál fue el responsable de convertir en letal la droga, una vez que los primeros estudios dieran negativo de fentanilo, el sintético que se pensó que estaba detrás de las muertes. Están ante un trabajo a ciegas, sobre cientos de muestras. La posibilidad de que se trate de una mezcla amateur poco convencional, realizada sin control en una “cocina” ilegal, complica aún más el trabajo.
Lo único seguro a una semana de las muertes es que la sustancia que consumieron las víctimas poseía partes de cocaína. Y la presencia de un opiáceo letal surgió de una conclusión clínica: el centenar de pacientes que el miércoles pasado llegaron agonizando a los hospitales respondieron a la naloxona, el antídoto utilizado para este tipo de sustancias. Por eso se pensó en el fentanilo, de uso común en los quirófanos como anestesia, pero muy caro y ausente en el mercado negro del tráfico de drogas en Argentina. La complejidad de los análisis de laboratorio, sin embargo, ralentiza el trabajo de identificación.
“Tenemos que analizar una gran cantidad de muestras sin saber qué buscamos”, dice una fuente judicial al tanto del trabajo de laboratorio. “¿Qué buscamos? ¿Fentanilo, como dice la prensa? ¿Algún otro opiáceo? ¿O la infinidad de venenos que puede haber, como cianuro? Cuanto más impura y más mezcla de cosas tenga la muestra, más difícil es de detectar. Por ahora aparecieron azúcares reductores, pero a la máquina le tenés que decir qué tipo de sustancia buscar y ver si la encuentra”, explica.
Argentina no tiene la experiencia para identificar opiáceos, porque nunca ha tenido que lidiar con ellos. El consumo de drogas está dominado por la cocaína y la marihuana; sustancias como la heroína son minoritarias. “No hay desarrollado en Argentina métodos rápidos, eficaces y comprobados para establecer si hay fentanilo; estamos en ensayo y error”, dice la fuente. Aunque los resultados se demoran, el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, insistió el miércoles con la posibilidad de un error en la elaboración de fentanilo casero. “Los opioides son naturales, como la heroína, o sintéticos de laboratorio. Lo que es natural tiene siempre la misma fórmula, pero a los sintéticos se les puede cambiar la fórmula”, dijo a medios locales. “Si se hace de manera casera, y uno se equivoca o calcula mal el tiempo de una reacción a otra, puede obtener una cosa parecida al fentanilo, que no es fentanilo”, explicó.
Conocer la sustancia contaminante es fundamental para la investigación penal. Con la aparición de seis intoxicados por cocaína en Rosario, 300 kilómetros al norte de Buenos Aires, se descartó la posibilidad de una pelea entre las bandas narco que operan en el oeste de la capital argentina. Lo más probable es que un “cocinero” a cargo de estirar las dosis haya cometido un error en las proporciones de la mezcla. Queda por ver por qué usó un opiáceo, mucho más caro y de efectos imprevisibles. ¿Un ensayo para introducir en el mercado argentino la droga que ya hace estragos en otros mercados, como Estados Unidos? Es posible. Alimenta esa posibilidad el perfil de los 24 muertos y los 84 intoxicados: todos muy pobres, dedicados a la venta de lo que juntan en la basura y dispuestos a pagar el equivalente a un euro por un gramo de cocaína de pésima calidad.
Los resultados no tienen fecha. Los técnicos de los laboratorios judiciales trabajan sobre las muestras aportadas por los consumidores que sobrevivieron, pero también sobre las muestras biológicas forenses extraídas de los muertos. “Necesitamos además establecer que la sustancia tóxica encontrada, cuando la encontremos, esté también en las vísceras de las víctimas”, dice la fuente judicial. “De no ser así, no podremos establecer la causa y el efecto”.
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Fuentes de la Policía Civil dijeron que el balance final de la operación sólo será divulgado cuando concluyan las acciones de sus agentes, que aún buscan pistoleros que huyeron hacia regiones de difícil acceso en la barriada.
La intensa confrontación armada se vivió desde tempranas horas en la zona norte de la ciudad, en la favela de Jacarezinho, una de las comunidades más deprimidas y violentas de la urbe, cuando cerca de 200 agentes policiales fueron enviados a la barriada para reprimir a una banda de narcotraficantes.
De acuerdo con las autoridades, la banda de narcotráfico que controla la zona viene reclutando menores de edad para realizar acciones criminales. La facción es investigada por asesinatos, robos y secuestros.
Habitantes de la favela señalaron que además de los tiroteos se oyeron explosiones en diferentes puntos de la comunidad, que los obligó a permanecer en sus casas.
Helicópteros apoyaron desde el aire las acciones de los uniformados y algunos delincuentes lograron huir por los tejados de las casas.
Hasta finales de la mañana se desconocía el estado de salud de los dos civiles que resultaron heridos en el Metro por una bala que atravesó la ventana de uno de los vagones.
Según testigos de los hechos, dos hombres fueron impactados con el mismo proyectil, uno de ellos en un brazo y otro en la cabeza.
La favela de Jacarezinho es una de las bases del Comando Vermelho (comando rojo), la mayor banda de narcotráfico en Río.
Los enfrentamientos entre bandas de narcotraficantes rivales, así como entre estas y milicianos (paramilitares) y policías, son habituales en varias de las favelas de Río de Janeiro, una de las ciudades más castigadas por el narcotráfico en Brasil.