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El cerco de la comunidad internacional sobre Nicaragua continúa estrechándose. El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha anunciado este jueves la creación de un mecanismo que investigará las violaciones a los derechos humanos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo desde 2018. En abril de ese año, el Gobierno desató una brutal represión contra la población civil, que salió a la calle en manifestaciones masivas para protestar contra una polémica reforma del sistema de pensiones. Las fuerzas policiales y paramilitares asesinaron a 355 personas, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Desde entonces, más de 120.000 nicaragüenses han pedido refugio en Costa Rica, la persecución política a los disidentes no ha cesado y la acumulación de poderes de la pareja gobernante ha ido en aumento.

La medida implica la creación de un grupo con tres expertos independientes y un presupuesto de tres millones de dólares para fiscalizar los abusos cometidos en el país en los últimos cuatro años. “Establecer los hechos y circunstancias que rodean las presuntas violaciones, reunir, consolidar, preservar y analizar información y pruebas y, cuando sea posible, identificar a los responsables”, señala un comunicado de 15 organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos humanos en Nicaragua. La comisión trabajará durante un año y dará “recomendaciones con miras a mejorar la situación” y “proporcionar orientación sobre el acceso a la justicia”.

La decisión se ha aprobado durante una sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, un organismo formado por 47 Estados. En la votación, 20 países se han abstenido y otros siete se han posicionado en contra: Cuba, Venezuela, Bolivia, Honduras, Rusia, China, y Eritrea. El 7 de marzo, la ONU ya hizo público un duro informe en el que transmitían su preocupación por la situación del país centroamericano.

En una larga lista, la organización enumeraba, entre otros abusos, que no haya habido “rendición de cuentas por las violaciones de derechos humanos cometidas desde abril de 2018″; la existencia de al menos 43 presos políticos por las elecciones de 2021; los juicios exprés “sin respetar el debido proceso”; las “detenciones arbitrarias o el “hostigamiento por parte de agentes estatales contra defensores de los derechos humanos, periodistas y abogados”.

“La solución es que se vaya Ortega”

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En lo que va de año, Ortega y Murillo han recrudecido la represión. A mediados de marzo, fue condenada, en un juicio plagado de irregularidades, a ocho años de prisión Cristiana Chamorro, opositora al régimen e hija de Violeta Barrios de Chamorro, quien fuera presidenta de Nicaragua en los 90 —tras ganar a Ortega en unas elecciones— y el periodista Pedro Joaquín Chamorro, asesinado durante la dictadura de Anastasio Somoza.

También expulsó al jefe de misión del Comité Internacional de la Cruz Roja. En febrero falleció en prisión Hugo Torres, histórico guerrillero sandinista que combatió junto a Ortega, encarcelado por su posición crítica ante su antiguo compañero. Esa muerte generó críticas incluso del propio hermano del presidente, Humberto Ortega, quien le reprochó que murió por el “cruel encierro” al que fue sometido. Además, las principales universidades del país están bajo control del Gobierno. Eso ha provocado en los últimos días la deserción de dos figuras que hasta ahora representaban al Ejecutivo sandinista: Arturo McFields renunció la semana pasada a su puesto como embajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y llamó dictador a Ortega, mientras que el abogado Paul Reichler abandonó su cargo como representante ante la Corte de Justicia de La Haya en una carta en la que condenó que el país está gobernado por una dictadura.

Juan Pappier, investigador en América de Human Rights Watch (HRW), considera que la iniciativa de la ONU “da una luz de esperanza de que alguna vez habrá justicia por las gravísimas y sistemáticas violaciones a derechos humanos cometidas por el régimen de Ortega”. “Confío en que el grupo de expertos va a hacer un buen trabajo, pero para lograr una transición democrática hace falta unir más mecanismos y voces de condena de la comunidad internacional”, ha sostenido.

La presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CNIDH), Vilma Núñez, se muestra más escéptica: “Yo soy contraria a las reacciones triunfalistas, quisiera ver esta resolución como un avance en un camino largo que hay que recorrer. Lo saludo con optimismo moderado, pero con la firmeza de que tenemos que proporcionarle al grupo de expertos todo el apoyo, tomando en cuenta que van a contar con la hostilidad del Gobierno”, ha asegurado. “Esto no es la solución, la solución es que se vaya Ortega, mientras él permanezca en el poder, cualquier esfuerzo se verá enfrentado a obstáculos, a veces insalvables, con un costo de vida muy real”, concluye la activista.

Con ella concuerda también José Miguel Vivanco, abogado defensor de derechos humanos y exdirector de la división americana de HRW: “Es un paso muy importante, muy necesario, pero no es suficiente. Que nadie crea que con ese mecanismo se acaban las violaciones a los derechos humanos de ese régimen desquiciado. Los presos políticos van a pasar en prisión arbitraria todo el tiempo que lo estime necesario Ortega. Para que las condiciones mejoren en Nicaragua, es imprescindible una transición democrática, y para ello es necesaria la presión política, diplomática y financiera frente a aquellos que le dan oxígeno a ese régimen”.

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Foto Alcaldía de Cali

El profesor Óscar Eduardo España, de la Institución Educativa Técnica Industrial Pedro Antonio Molina, participó en la 48ª edición de la Conferencia Nacional del Modelo de Escuelas Secundarias de las Naciones Unidas, Nhsmun, a la que fue invitado en calidad de observador, para conocer el funcionamiento del Modelo ONU.

De su experiencia, el docente destacó: “Me permitió conocer de primera mano el funcionamiento y metodología de las sesiones de las Naciones Unidas, lo que se convierte en un insumo para trabajar con los y las estudiantes con miras en replicar ese modelo”.

En el evento desarrollado en la ciudad de Nueva York, entre el 18 y el 21 de marzo, se congregaron cerca de 5.000 estudiantes de secundaria de diferentes países. Los adolescentes y jóvenes se prepararon durante varios meses para asumir roles como diplomáticos o miembros de la ONU, interesados en resolver problemas globales con propuestas innovadoras; todo esto dirigido por estudiantes universitarios de diferentes lugares del mundo.

El licenciado España detalló que los encuentros se hacen por comisiones; cada comisión trabaja por temas específicos, como son: Comité de Seguridad, Unesco, Unicef, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros. Al final, cada comisión saca una especie de resolución, un papper, una carta en la que proponen una solución a la problemática planteada.

Enfatizó en que hay que hacer lo posible para gestionar los apoyos necesarios para asistir en los próximos años, con algunos estudiantes de las instituciones educativas oficiales de la ciudad, para que nos representen como ciudad. “Vale la pena romper aquellos paradigmas y modelos excluyentes que invisibilizan a los y las jóvenes de las instituciones públicas”, agregó.

Luego de esta experiencia, el profesor recomendó: “Indudablemente, se debe hacer un esfuerzo adicional para que nuestros jóvenes logren optimizar su nivel de inglés, lo cual les permitirá tener muchas más oportunidades académicas y en el mediano plazo, una gran cantidad de oportunidades laborales”.

La conferencia Nhsmun (por su sigla en inglés) es un proyecto del Modelo Internacional Asociación de las Naciones Unidas (Imuna), una organización educativa sin fines de lucro y formalmente asociada con el Departamento de Comunicaciones Globales de las Naciones Unidas.

Fuente: Luz Adriana Cerquera R / Alcaldía de Cali


Una pantalla muestra el resultado de la votación de la Asamblea General, este jueves en la sede de la ONU en Nueva York.
Una pantalla muestra el resultado de la votación de la Asamblea General, este jueves en la sede de la ONU en Nueva York.BRENDAN MCDERMID (REUTERS)

La Asamblea General de la ONU, reunida en sesión especial, ha aprobado este jueves por amplia mayoría la segunda resolución, no vinculante, sobre la guerra de Ucrania. Se trata de una iniciativa, calificada de humanitaria, que pide a Rusia “el cese inmediato de hostilidades contra Ucrania y en especial de cualquier ataque contra civiles y objetivos civiles”, así como el fin del asedio de la ciudad portuaria de Mariupol. De los 193 miembros que forman el plenario, la resolución ha sido adoptada por 140 y rechazada por cinco (Rusia, Siria, Eritrea, Bielorrusia y Corea del Norte), mientras que 38 se han abstenido. El resto de Estados miembros se han ausentado. El texto venía siendo pergeñado desde hace semanas por Francia y México, con el pleno apoyo de Ucrania.

El resultado de la votación ha sido prácticamente el mismo que el registrado el 2 de marzo, cuando la Asamblea General, reunida en sesión extraordinaria —la 11ª en sus 70 años de historia, y la primera desde que Israel ocupó el Golán sirio, en 1982—, se pronunció sobre el conflicto para superar el bloqueo derivado del sistema de vetos del Consejo de Seguridad, cuyas resoluciones sí tienen carácter vinculante. El hecho de que Rusia, como miembro permanente del foro ejecutivo de la ONU, pueda bloquear cualquier iniciativa trasladó a la Asamblea la urgencia de alzar la voz sobre la guerra ucrania, que este jueves entra en su segundo mes. La resolución del 2 de marzo fue una condena de la agresión rusa a Ucrania, aunque matizada: para cosechar más apoyos, el texto final sustituyó la palabra “condenar” por “deplorar”. Votaron en contra los mismos países que han rechazado hoy la iniciativa franco-mexicana. La víspera, este miércoles, Rusia recibió otro revés al ver rechazada su propia propuesta de “resolución humanitaria” en el Consejo de Seguridad, donde sólo recibió el apoyo de China, y 13 votos en contra.

Pese a tener un rango menor, puramente declarativo, que las resoluciones del Consejo de Seguridad, tampoco le ha resultado fácil al plenario de la organización sacar adelante esta “resolución humanitaria”. Sudáfrica presentó este miércoles su propio borrador, que no citaba a Rusia como agresor, y que por eso recibió el respaldo del embajador del Kremlin, Vasili Nebenzia. El argumento esgrimido por la embajadora sudafricana para no citar a Rusia en el texto fue la necesidad de “despolitizar” las cuestiones humanitarias.

La Asamblea ha demostrado estar enredada en cuestiones de procedimiento, más que de fondo, al proponer una votación sobre si debía someterse a votación la resolución sudafricana, que el embajador de Ucrania, Sergii Kislitsia, tildó de “placebo, medicamento genérico, marca blanca (…) proporcionado por un gran proveedor”, en alusión a Rusia; “un intento de confundir a la Asamblea”. La votación sobre la propuesta sudafricana se saldó con mayor división de opiniones: 50 a favor, 67 en contra y 36 abstenciones. No hubo aplausos, a diferencia de algunos, más bien tímidos, que saludaron la aprobación de la resolución principal.

Instalada en un frenesí de reuniones desde los primeros minutos de la guerra —el anuncio oficial del Kremlin de una “operación especial militar en Ucrania” se produjo durante una reunión del Consejo de Seguridad—, la ONU no ha acertado a impulsar una resolución ejecutiva. Si ha llevado semanas lanzar la “resolución humanitaria” de Francia y México, la posibilidad de avanzar en la práctica parece lejana, pese a la intensa actividad diplomática “para retomar la senda del diálogo y las negociaciones”, una vez conseguido un alto el fuego, según el texto de la resolución aprobada este jueves. El secretario general, António Guterres, “ha estado en contacto frecuente con el enviado ruso, pero no revelará detalles, excepto para decir que las discusiones se centran en la ayuda humanitaria en Ucrania”, según un portavoz. Cualquier asedio a una ciudad complica sobremanera la provisión de ayuda humanitaria, recuerda la resolución.

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La embajadora de EE UU, Linda Thomas-Greenfield, se dirige este miércoles a la Asamblea General de la ONU.
La embajadora de EE UU, Linda Thomas-Greenfield, se dirige este miércoles a la Asamblea General de la ONU.MIKE SEGAR (REUTERS)

Dos reuniones de signo contrario, y ningún resultado concluyente, han demostrado este miércoles la parálisis de la ONU a la hora de adoptar medidas que contribuyan a paliar el sufrimiento de la población de Ucrania cuando se cumple el primer mes de la guerra. Por la mañana, una convocatoria extraordinaria de la Asamblea General ha debatido una propuesta de “resolución humanitaria” -no ejecutiva al tratarse del plenario-, que fue tildada de antirrusa por el representante del Kremlin, Vasili Nebenzia. El embajador ruso presentó por la tarde un borrador alternativo ante el Consejo de Seguridad. El máximo foro de la organización sí tiene poder ejecutivo, aunque está neutralizado en la práctica por el derecho de veto de sus cinco miembros permanentes, entre ellos Rusia y EE UU.

El ejercicio de equilibrismo diplomático en la sede de Naciones Unidas en Nueva York se prolonga hasta la extenuación como un reflejo de intereses no sólo contrapuestos, sino irreconciliables. La propuesta de “resolución humanitaria” del embajador Nebenzia omitía que la crisis humana que se desarrolla en Ucrania se debe a la invasión rusa, y evitaba definir quién es el agresor y quién el agredido. El texto, eso sí, expresaba “su seria preocupación por las informaciones de víctimas civiles, niños incluidos, en y alrededor de Ucrania” que las informaciones sobre el terreno atribuyen mayoritariamente a las fuerzas rusas, el mismo día que EE UU acusaba a Moscú de crímenes de guerra en el país vecino.

“Condenamos enérgicamente los ataques dirigidos contra civiles e infraestructuras de carácter civil, incluidos los bombardeos indiscriminados y el emplazamiento de objetos y equipos militares en zonas densamente pobladas y cerca de bienes civiles, así como el uso de esos bienes con fines militares, [fines] que pongan en peligro la vida de la población civil en violación del derecho internacional derecho humanitario”, incidía el texto de la resolución, que solo ha logrado dos votos favorables (Rusia y China) frente a 13 abstenciones, incluida la de EE UU. “Esta maniobra no engaña a nadie”, dijo el representante de Francia en el Consejo. El embajador de República Dominicana dijo sentirse “completamente confundido” por la existencia de dos propuestas de resolución.

La iniciativa del Kremlin responde a la impulsada desde hace diez días por Francia y México, y secundada por la mayoría de los países occidentales, para garantizar el acceso a la ayuda humanitaria de la población afectada por la guerra. Fue trasladada al pleno de la Asamblea, en sesión extraordinaria, para burlar el veto de Rusia en caso de haber sido elevada al Consejo de Seguridad. Así se hizo igualmente con una resolución de condena -relativa, pues el término “condenar” fue sustituido finalmente por “deplorar” para convencer a más firmantes- adoptada por amplia mayoría en otra sesión de urgencia de la Asamblea. Con la celebrada en la mañana de este miércoles, son 12 las convocatorias extraordinarias del plenario de la organización en sus 70 años de historia; las dos últimas, en apenas 20 días.

Para acabar de corroborar la práctica inoperancia de la ONU en lo relativo al conflicto de Ucrania, a la convocatoria de la Asamblea se sumó esta mañana una tercera propuesta de resolución, presentada por Sudáfrica y que matizaba las críticas a Rusia. El embajador Nebenzia la calificó de cercana a los intereses de Moscú. Mientras algunos países han dado nuevas muestras de ambigüedad y ambivalencia, como la India, Brasil y Tailandia, otros, como Australia, Croacia, Japón o Georgia –que conoce bien lo que significa una invasión rusa, la de 2008-, han alertado de que el orden mundial se está desmoronando por la guerra de Ucrania. Pero ni siquiera el escenario más catastrofista o alarmista ha servido de estímulo para adoptar una medida, la que fuere, que saque a la ONU de su marasmo ante Ucrania.

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El Consejo de Seguridad de la ONU ha abordado este viernes la denuncia de Rusia de supuestas “actividades militares biológicas de Estados Unidos en el territorio de Ucrania”, algo que Washington y Kiev niegan. Al contrario que en convocatorias anteriores, basadas en asuntos concretos, el máximo órgano ejecutivo de la organización se ha hecho eco de acusaciones sin pruebas sobre armas de destrucción masiva, como hiciera en vísperas de la guerra de Irak, en 2003. De la reunión de hoy se derivan inquietantes cuestiones: el privilegiado altavoz de la ONU para “una campaña de desinformación y propaganda”, como ha sido calificada por la mayoría de los 15 miembros; la autocrítica de algunos países, como Irlanda y el Reino Unido, al lamentar incluso la convocatoria por dar pábulo al mensaje del Kremlin, y la confrontación directa de Rusia con EE UU.

Según han denunciado los países occidentales en el Consejo, la propaganda y la desinformación han dado hoy un paso más allá en el sancta sanctórum de la ONU. La sesión extraordinaria fue convocada este jueves a petición de Rusia, miembro permanente del Consejo y por tanto con derecho de veto. Tras media docena de reuniones en los últimos días, todas ellas no concluyentes, el Consejo no tenía prevista actividad alguna este viernes hasta que la solicitud rusa forzó la agenda. De los 15 miembros, sólo China, también con derecho de veto, se ha hecho eco de la teoría rusa, instando al Consejo a abordar “adecuadamente las preocupaciones de Rusia” mientras desviaba la atención al subrayar la inquietud de la comunidad internacional por los “336 laboratorios biológicos militares de EE UU”.

Pese a la insistencia de la alta representante de ONU para desarme, Izumi Nakamitsu, en que la ONU “no tiene conocimiento de ningún programa de armas biológicas” en Ucrania, y que en cambio la posibilidad de un accidente en las centrales nucleares “crece día a día”, el embajador ruso ante la ONU, Vasili Nebenzia, ha repetido, sin presentar pruebas, el argumentario del Kremlin, que asegura que su Ejército ha descubierto en Ucrania evidencias de una “eliminación urgente” de huellas. “En Ucrania había una red de 30 laboratorios biológicos supervisados por EE UU en los que se realizaban experimentos muy peligrosos, y cuyos resultados eran remitidos a instituciones de EE UU. El objetivo era estudiar la posibilidad de propagar los patógenos de peste, ántrax y cólera a través de pájaros, murciélagos y personas”. Nebenzia sostuvo que los documentos están en poder del Ministerio de Defensa ruso.

La embajadora de EE UU ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield, respondió a las acusaciones de manera tajante. “Rusia ha pedido la reunión con el único propósito de mentir y propagar desinformación”, declaró, recordando que es Rusia la que usa este arsenal, como demuestran los ataques con agentes nerviosos a opositores como Alexéi Navalni, que fue envenenado en 2020, y el exespía Serguéi Skripal, condenado por alta traición, y su hija Yulia, dos años antes. “Rusia está intentando crear una realidad alternativa, por ejemplo cuando desmiente haber bombardeado el hospital maternal de Mariúpol. Lo preocupante es que la petición rusa de esta reunión es potencialmente un esfuerzo de falsa bandera [una acción hostil orquestada para culpar al enemigo], justo lo que habíamos estado advirtiendo”.

La embajadora del Reino Unido, Barbara Woodward, señaló que el Consejo de Seguridad está para abordar las amenazas a la paz y la seguridad mundiales, no para discutir asuntos que muy diplomáticamente calificó de “privados de sentido”. “Rusia se hunde en nuevas profundidades hoy”, dijo sobre la ofensiva del Kremlin. El embajador Nebenzia lamentó en la réplica que el Consejo no abordara seriamente las denuncias de Moscú.

La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, rechazó este jueves la existencia del programa de colaboración biológico e incluso advirtió de que la acusación pueda constituir un falso pretexto para usar armas químicas o biológicas en Ucrania, en respuesta a la amenaza de los supuestos laboratorios. “Rusia tiene un gran programa de armas biológicas y químicas” y un “historial de inventar mentiras”, declaró este jueves. Horas después, el propio presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, rechazaba la existencia en su país de armas químicas “ni otras armas de destrucción masiva”, afirmando que tales acusaciones son parte de la propaganda rusa. “Esto me preocupa realmente porque si tú quieres saber cuáles son los planes rusos, debes fijarte en lo que acusan a otros”, manifestó Zelenski en un vídeo.

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Pese al objetivo propagandístico ruso, no es la primera vez que el señuelo de la existencia de armas de destrucción masiva llega al Consejo de Seguridad de la ONU. El caso más sonado y trágico fue el del arsenal supuestamente en poder de Sadam Husein, cuya presunta existencia justificó la guerra de 2003, seguida por la invasión de Irak. El Consejo aprobó el 8 de noviembre de 2002 la resolución 1.441, “reconociendo la amenaza que (…) la proliferación de armas de destrucción masiva y misiles de gran alcance plantean para la paz y la seguridad internacionales”.

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El responsable del Organismo Internacional para la Energía Atómica, Rafael Grossi, interviene por videollamada en el Consejo de Seguridad, este viernes.
El responsable del Organismo Internacional para la Energía Atómica, Rafael Grossi, interviene por videollamada en el Consejo de Seguridad, este viernes.JUSTIN LANE (EFE)

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se ha reunido este viernes en sesión de urgencia para analizar el ataque ruso a la central nuclear de Zaporiyia. La convocatoria fue solicitada por varios países, entre ellos EE UU, el Reino Unido y Francia. Según la responsable de asuntos políticos de la ONU, Rosemary DiCarlo, que abrió la sesión, operaciones militares en torno a plantas nucleares y otras infraestructuras civiles básicas son “inaceptables” y “altamente irresponsables”. La embajadora británica, Barbara Woodward, ha señalado que atacar una instalación nuclear de uso civil está “prohibido por la convención de Ginebra y el derecho internacional”, y pedido la retirada inmediata de todas las fuerzas rusas del recinto. Zaporiyia, el mayor complejo nuclear en Europa, proporciona electricidad a cuatro millones de hogares ucranios.

La embajadora de EE UU ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield, ha declarado: “Gracias a Dios el mundo ha evitado esta madrugada por muy poco una catástrofe nuclear… Todos conteníamos el aliento mientras observábamos en tiempo real cómo se desarrollaba [el asalto]. Aplaudo la capacidad de los operadores ucranios para mantener los seis reactores en condiciones seguras mientras eran atacados”. La diplomática calificó lo sucedido de “irresponsable y peligroso”, y de “amenaza para la seguridad de los civiles en Rusia, Ucrania y Europa”. El embajador ruso, Vasili Nebenzia, replicó que el riesgo para la población civil ucrania no procede del ataque a Zaporiyia, “sino de los nacionalistas ucranios”. El representante del Kremlin culpó del ataque, que calificó de una muestra más de las mentiras y desinformación contra Rusia, a “un grupo de saboteadores ucranios” que atacaron el complejo “para perjudicar a Moscú”. Nebenzia afirmó que su país controla todas las instalaciones.

Cerró la sesión, en la que no estaba previsto votar ningún texto, el representante de Ucrania, Sergii Kislitsia. Con su habitual corbata a rayas azules y amarillas -los colores de su bandera nacional- y en el tono desafiante y directo que ha venido empleando estos días, el diplomático se encaró de nuevo con su homólogo ruso, a quien instó a dar marcha atrás. “Nos cuenta lo que está sucediendo en Ucrania de manera angelical, pero le recuerdo que Satán también fue un ángel”, espetó a Nebenzia, que hacía gestos negativos con la cabeza. Kislitsia urgió también al Consejo a solicitar la prohibición de todos los vuelos en el espacio aéreo ucranio, lo que equivaldría a la declaración de una zona de exclusión ya descartada por la OTAN.

Coordinación con el OIEA

Francia ha testimoniado su apoyo al Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA), “para monitorear la situación”. El responsable del organismo, Rafael Grossi, ha propuesto una reunión en la central de Chernóbil con interlocutores de Ucrania y Rusia para establecer un marco de garantías de seguridad. Chernóbil fue uno de los primeros objetivos de la ofensiva en Ucrania, y se halla desde el primer día de la guerra bajo control ruso, algo por lo que también pidió explicaciones la embajadora estadounidense.

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Desde un avión que le trasladaba a Teherán para abordar “aspectos de la negociación sobre [el restablecimiento de] el pacto nuclear iraní”, Grossi ha intervenido por videollamada en la reunión para informar de que los reactores no se vieron afectados. “Las operaciones continúan con normalidad, aunque no se puede hablar de normalidad cuando hay militares a cargo de la planta. Grossi encareció la labor del Consejo, al que pidió apoyar al OIEA para desarrollar “sus labores técnicas” sobre el terreno.

Rusia no deja de acumular reveses diplomáticos. Tras el repudio de la Asamblea General extraordinaria celebrada este lunes, que “deploró” -el término utilizado en vez de “condenar”- la invasión rusa de Ucrania, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha aprobado por amplia mayoría este mismo viernes una resolución en favor de una comisión de investigación internacional sobre las violaciones de derechos humanos y del derecho humanitario en Ucrania. La resolución ha sido adoptada por 32 votos a favor, dos en contra (Rusia y Eritrea) y 13 abstenciones, entre ellas las de China, la India y Venezuela.

“El Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha decidido urgentemente establecer una comisión internacional independiente de investigación como resultado de la agresión rusa contra Ucrania”, ha informado en su cuenta en la red social Twitter.

El sombrío recuerdo de la catástrofe de Chernóbil, en 1986, volvió a resonar hoy en la sala del Consejo de Seguridad, máximo órgano ejecutivo de la ONU, que no obstante ha demostrado en los últimos días su incapacidad para el consenso y la acción por el derecho de voto de Rusia, que hace una semana frustró una resolución de condena contra el Kremlin. “Sería un terrible error considerar los claros y evidentes defectos y fracasos del Consejo de Seguridad como una prueba de que la propia ONU es un anacronismo sin sentido en el mundo actual”, decía esta semana un artículo publicado por el portal informativo Pass Blue. Pero la sucesión de mensajes monocordes, de denuncia y repudio de la agresión rusa, no llegan a concretarse en la práctica, mientras más de 1,2 millones de personas han abandonado Ucrania. Francia y México han solicitado otra reunión del Consejo. de momento sin fecha, para abordar el estado de la ayuda humanitaria.

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Una transeúnte, ante un cartel que retrata a Putin en Simferopol, Crimea.
Una transeúnte, ante un cartel que retrata a Putin en Simferopol, Crimea.STRINGER (AFP)

Rusia sufrió el miércoles una importante derrota política, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por amplia mayoría una resolución que condena la invasión de Ucrania. Hubo 141 votos a favor y 5 en contra, incluyendo el de Moscú. Se abstuvieron 35 países y otros 12 no votaron. La resolución no es vinculante, pero constituye un significativo revés y ofrece un retrato del estado de las relaciones internacionales en medio de este gran choque que redefinirá el orden mundial.

La lectura general es cristalina. Las democracias liberales lograron aglutinar tres cuartas partes de los Gobiernos del mundo contra la invasión rusa; el Kremlin solo obtuvo el respaldo de cuatro dictaduras, Bielorrusia, Siria, Corea del Norte y Eritrea. El campo de aquellos que optaron por abstenerse no llega al 20% en número de votos, pero supone una parte considerable de la población mundial, al figurar en él países como China, India, Pakistán, Irán o Sudáfrica. Por su importancia económica, este es el sector en el que Rusia puede encontrar oxígeno para hacer frente a las sanciones occidentales. También hay algunos países que han votado contra Moscú en la Asamblea General, pero que no avalan el cuadro sancionatorio. Entre los que directamente no votaron, llama la atención Marruecos, y también se encuentra Venezuela, aunque el país latinoamericano no tiene derecho a votar por impago de las cuotas de la ONU.

Detrás de este esbozo general hay muchos elementos significativos que describen la dinámica de equilibrios del mundo hoy, en un momento en el que se libra un pulso geopolítico de intensidad inaudita desde el fin de la Guerra Fría. A continuación, una descripción de algunos de los más relevantes.

El dilema de China

La invasión rusa ha colocado a China ante un complejo dilema. Pekín ha ido estrechando progresivamente lazos con Rusia en los últimos años. Llegó a declarar a principios de febrero que su alianza con el Kremlin “no tiene límites”. Pero ahora la agresión rusa incómoda al gigante asiático, y la abstención en la ONU es un claro reflejo de ello. China recela ante varias dinámicas que la invasión ha desatado: desde la desestabilización general que daña la economía mundial, hasta el fortalecimiento del vínculo occidental, pasando por el ensayo de andanadas de sanciones. El rechazo amplísimo en la ONU a la acción rusa complica enormemente su apuesta de presentarse como socio de un país considerado hoy un paria por gran parte del mundo. Previsiblemente, China no abandonará Rusia. Que el acercamiento entre las dos potencias haya sido una apuesta personal de Xi Jinping —que cultivó sus lazos con Vladímir Putin— consolida esa tesis. Pero, sin duda, China está recalibrando. La muestra más clara de ello ha sido la decisión de congelar las operaciones con Rusia y Bielorrusia adoptada este jueves por el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, liderado por Pekín.

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India no se mueve

El otro gigante asiático también se abstuvo en la votación de la ONU, una decisión que demuestra la pervivencia de los lazos históricos de la India con Rusia en el sector de la Defensa. Moscú ha sido el gran proveedor de armas de Nueva Delhi durante décadas y eso sigue pesando. La India tiene en China a su gran rival estratégico, pero su abstención indica que no acaba de alinearse plenamente con el bando de las democracias liberales —tanto las occidentales como las orientales de Japón, Corea del Sur, Australia, etc.— cuyo posicionamiento ha sido meridiano.

Europa unida

El continente ha votado de forma unánime contra Rusia. Resulta interesante que esto incluye incluso a Serbia, país con una fuerte conexión con Moscú, cuyo presidente había denunciado presuntas presiones occidentales en vísperas del voto. Hungría, socio europeo tradicionalmente más próximo al Kremlin, también ha votado a favor de la condena de Moscú. Esto muestra la pérdida de simpatías que sufre Rusia por la invasión de Ucrania. Turquía, país euroasiático que desde hace un tiempo intenta mejorar sus relaciones con Rusia, tampoco ha titubeado.

La frialdad de potenciales aliados rusos

La resolución votada en la ONU en 2014 para condenar la anexión de Crimea arrojó un resultado de 100 votos a favor, 11 en contra y 58 abstenciones. La brutalidad del ataque hoy ha propiciado un significativo desgaste de la diplomacia rusa. Entre los países que apoyaron hace 8 años al Kremlin y han optado ahora por la abstención figuran Cuba, Nicaragua, Bolivia o Armenia.

Los vínculos africanos del Kremlin

El continente africano ha registrado una veintena larga de abstenciones o no votos, lo que refleja la fuerte influencia de Rusia en la región. Este es sin duda el caso de países como Argelia, Malí o República Centroafricana, con los que el Kremlin cultiva una estrecha relación, a veces incluso ofreciendo seguridad a sus respectivos Gobiernos.

Marruecos calla

Muy llamativa es la decisión de Rabat de no ejercer su derecho de voto. Las explicaciones oficiales no dan pistas acerca de los verdaderos motivos. Cabe pensar que es una iniciativa diplomática vinculada al principal objetivo político de Marruecos: el Sáhara Occidental. Rabat, en plena ofensiva para avanzar sus intereses en ese asunto, reclama nuevos gestos a la Administración estadounidense. Es posible que denegar su apoyo a una iniciativa tan importante para Washington como la votada este jueves en la ONU pudiera complicar las cosas para Rabat en la Casa Blanca de Joe Biden, menos favorable que la de Donald Trump.

Abstenciones antioccidentales

Países de cierto peso como Irán, Pakistán, Vietnam o Sudáfrica también se han abstenido. En muchos de estos casos, la lectura principal no es tanto una especial cercanía estratégica con Rusia, como más bien un persistente reflejo del recelo que sienten a alinearse con Occidente. Hay países, como evidentemente es el caso de Sudáfrica, cuya postura podría bascular.

América Latina

La región ha votado de forma muy mayoritaria contra Rusia, con la excepción de las abstenciones de Cuba, Nicaragua, Bolivia, El Salvador (y el no voto de Venezuela). Tanto Brasil, el gigante de la zona, como Argentina, han acabado votando contra Moscú, pese a ciertos amagos de neutralidad al principio de la invasión y a los lazos que los unen al Kremlin. En el caso de Brasil casi más de corte ideológico-personal, por la sintonía de su presidente, Jair Bolsonaro, con Vladímir Putin; en el de Argentina estos vínculos tienen una dimensión geopolítica mayor. Los mandatarios de estos dos países han sido recibidos recientemente en el Kremlin, pero finalmente se han alineado con el campo de las democracias, aunque con matices y escepticismo hacia sanciones aplicadas a Rusia.

Países del Golfo

Llamativo es el cambio de posición de los Emiratos Árabes Unidos, que en la votación en el Consejo de Seguridad se abstuvo y, en cambio, votó contra Rusia en la Asamblea General. Es posible que en el primer voto pesara cierto malestar por la posición adoptada por EEUU en los ataques lanzados por los huthis de Yemen. En los días siguientes han reconsiderado su postura. Resulta significativa la abstención de Irak, país invadido por Estados Unidos hace dos décadas, y que ha consolidado en estos años sus lazos con China, Rusia e Irán, aunque en medio de fuertes turbulencias internas.

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El departamento colombiano del Putumayo, fronterizo con Ecuador y Perú y escenario de algunos de los episodios más violentos del conflicto armado, sigue desangrándose cinco años después del acuerdo de paz, con dos firmantes asesinados en menos de una semana. EFE/ Carlos Ortega
El departamento colombiano del Putumayo, fronterizo con Ecuador y Perú y escenario de algunos de los episodios más violentos del conflicto armado, sigue desangrándose cinco años después del acuerdo de paz, con dos firmantes asesinados en menos de una semana. EFE/ Carlos OrtegaCarlos Ortega (EFE)

Colombia ha vuelto a los altos niveles de violencia y violaciones de derechos humanos de 2014. La representante de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Juliette de Riveros, ha asegurado este jueves que desde hace ocho años “no se presentaban cifras tan altas de masacres en el territorio”. “Creemos que es una prioridad atender la situación de violencia”, ha añadido. En la entrega del informe anual, el último que recibirá el Gobierno de Iván Duque, la oficina de la ONU ha dado una cifra alarmante. En 2021, la ONU recibió información de 100 casos de posibles masacres y logró verificar 78, cuatro más que las 74 matanzas que ocurrieron en 2020.

“En las 78 masacres verificadas se han registrado 292 víctimas (32 mujeres, 15 niños, cinco niñas y 13 personas pertenecientes a pueblos étnicos: siete indígenas y seis afrocolombianos). Los departamentos más afectados son Antioquia, Cauca, Nariño y Valle del Cauca”, dice el documento presentado este jueves. El informe analiza la situación de seguridad cinco años después del acuerdo entre el Estado y la extinta guerrilla de las FARC, además de los avances y retrocesos del proceso de paz.

Más allá de las masacres, que el Gobierno llama homicidios colectivos, la ONU alerta por el incesante asesinato de líderes sociales que se dieron en 28 de los 32 departamentos del país. “Recibimos 202 alegaciones de homicidios de personas defensoras de derechos humanos, de las cuales se verificó que en 100 existía un vínculo entre su muerte y su labor en defensa de los derechos humanos y 102 resultaron no concluyentes”, señala el informe.

Los líderes sociales viven bajo amenaza. La ONU constató la información sobre 1.116 agresiones e intimidaciones a defensores de derechos humanos. Los más afectados siguen siendo aquellos que defienden la tierra, el acuerdo de paz y la sustitución de cultivos de uso ilícito. Si bien son los grupos armados quienes más agreden a los líderes, la ONU también documentó casos en los cuales “agentes del estado” se sumaron a la estigmatización. “Eso podría tener como fin deslegitimar la labor de las personas defensoras, generar temor y silenciarlas”.

Aumenta el desplazamiento

El organismo también llamó la atención sobre el aumento de los desplazados. Mientras en 2020 hubo 26.291 personas que tuvieron que huir de sus casas por los grupos armados, entre enero y noviembre de 2021 fueron 72.388. Además, destacan que los combates o la presencia de minas antipersonales obligaron a confinarse a 57.787 personas en sus comunidades.

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La degradación de la seguridad ocurrió principalmente en las zonas rurales del país, pero también llama la atención la situación en centros urbanos como Quibdó, la capital del Chocó. “Datos de la Policía revelan que en 2021 el número general de homicidios se incrementó en un 9.5% respecto del 2020″.

La respuesta del Gobierno de militarizar las zonas donde ocurren este tipo de violaciones no ha hecho efecto. “En varias regiones hemos observado que la creciente presencia de la Fuerza Pública no ha logrado revertir la multiplicación y expansión y virulencia de los grupos armados no estatales”, sostiene el documento.

Al final del jueves el Gobierno ha respondido al informe a través de un comunicado. Asegura que la Fuerza Pública sí ha atacado a las organizaciones criminales y “se han capturado 570 integrantes de estas organizaciones. Asimismo, el sector defensa ha atendido de manera inmediata los eventos de desplazamiento forzado con toda la capacidad de las Fuerzas Militares y Policía Nacional, garantizando las condiciones para el retorno de las comunidades afectadas”.

Riveros destacó que los resultados más importantes de los cinco años del acuerdo de paz tiene que ver con la desmovilización de al menos 13.000 excombatientes, la creación del partido político Comunes, “el balance positivo” de la Jurisdicción Especial para la Paz, la Unidad de Búsqueda para los Desaparecidos y la Comisión de la Verdad. “Además de la creación de las 16 curules para la paz”, añadió. Sin embargo, señaló que son preocupantes los homicidios de excombatientes de las FARC. A cinco años del acuerdo han sido asesinados 303 exguerrilleros, de acuerdo con la Misión de Verificación del proceso de paz.

La intimidación a la protesta social, un tema que esta oficina ya había abordado en diciembre pasado, volvió a aparecer en el documento anual. En ese momento la ONU responsabilizó a la policía de al menos 28 muertes durante las protestas del año pasado. “Hay razones fundadas para sostener que se habrían cometido graves violaciones a los derechos humanos, tales como privaciones arbitrarias de la vida y violaciones a la integridad y seguridad personal, derivadas del uso innecesario o desproporcionado de la fuerza; detenciones arbitrarias; violencia sexual y de género; y actos de discriminación y racismo”, concluyeron en ese momento.

En el actual informe amplían esa información y señalan casos de “privaciones arbitrarias de la vida” por parte de la Fuerza Pública. Recibieron 100 denuncias y verificaron 54 casos. “En 44 casos se observó la presunta responsabilidad de la Policía Nacional, en cinco de integrantes las fuerzas militares y en dos del Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía fuera de servicio. Y tres casos en operaciones conjuntas entre las fuerzas militares y la Policía Nacional”, denunció la representante, que insistió en la necesidad de que la Policía salga de la órbita del Ministerio de Defensa y pase al del Interior.

A través del consejero para los Derechos Humanos, Jefferson Mena, el gobierno insistió que “los causantes de violar los derechos humanos de los colombianos son los grupos criminales, que luchan por el control de las economías ilícitas, ellos son los que afectan los derechos fundamentales de los ciudadanos en algunas regiones del territorio nacional”.:

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El embajador de Rusia ante la ONU, Vasily Nebenzya, habla durante la sesión de emergencia de la Asamblea General, el 28 de febrero de 2022.
El embajador de Rusia ante la ONU, Vasily Nebenzya, habla durante la sesión de emergencia de la Asamblea General, el 28 de febrero de 2022.John Minchillo (AP)

La Asamblea General extraordinaria de la ONU votó este miércoles una resolución de condena de la invasión rusa a Ucrania. Sumó 141 votos a favor, cinco en contra (Bielorrusia, Eritrea, Corea del Norte, Siria y la propia Rusia) y 35 abstenciones. En este último grupo destacan China, y también cuatro países de América Latina: Bolivia, Cuba, El Salvador y Nicaragua. Un quinto, Venezuela, aliado incondicional de Moscú, tiene su voto inhabilitado por deudas con el organismo. Fueron relevantes los votos positivos de Argentina y Brasil, dos países que habían jugado la carta de la neutralidad y que finalmente se decantaron por el repudio.

La resolución de la Asamblea General exige a Moscú el cese “inmediato” de la ofensiva miliar sobre Ucrania. Fue la respuesta de la ONU al veto ruso en el Consejo de Seguridad de la ONU a una condena de la invasión. Rusia es, junto con Estados Unidos, Reino Unido, Francia y China, uno de los cinco países con derecho a veto en ese órgano. Los países occidentes sortearon el bloqueo del Kremlin con una convocatoria de urgencia a la Asamblea General, donde cada país tiene un voto y no hay poderes especiales. El escenario de la discusión abierta puso en evidencia los argumentos del bloque latinoamericano prorruso.

El más entusiasta fue Venezuela. Nicolás Maduro reveló el martes que llamó a Vladímir Putin para “ratificarle la condena de Venezuela a las acciones desestabilizadoras de la OTAN”. “Maduro expresó su fuerte apoyo a las acciones decisivas de Rusia”, destacó más tarde el Kremlin en un comunicado. Venezuela no pudo votar este miércoles en la ONU porque acumula una deuda millonaria con la organización, pero dejó su opinión. “La ONU no puede ser utilizada para profundizar los conflictos”, dijo el embajador Samuel Moncada. Sí estuvieron presentes con voz y también con voto los representantes de otros aliados rusos, como Cuba.

Su embajador ante la ONU, Pedro Pedroso Cuesta, dijo que para “examinar con rigor y honestidad” la situación en Ucrania hay que valorar lo que consideró “el empeño” de Estados Unidos para avanzar bajo el paraguas de la OTAN sobre las fronteras rusas. Mencionó también la “entrega de armas modernas” a Kiev. La lectura cubana coincide con la rusa: la invasión es una respuesta a una agresión previa de Occidente, que no escuchó los clamores de seguridad del Kremlin. A su turno, el nicaragüense Jaime Hermida Castillo habló de “cerco militar”. Bolivia justificó su abstención con un alegato al reparto de responsabilidades. Según el embajador Diego Pary hubo parte de culpa “en las potencias occidentales que a través de la OTAN ponen en riesgo la seguridad y la paz de otros Estados”. “Usando Estados intermediarios que favorecen las ambiciones expansionistas de estas potencias de occidente y amenazan la seguridad de sus vecinos”, afirmó Pary, donde Ucrania es el Estado “intermediario” y Rusia el vecino amenazado.

La votación no solo puso negro sobre blanco entre aquellos que están del lado ruso. Reveló también el giro de Brasil y Argentina, que hasta ahora habían jugado la carta de la neutralidad. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, visitó a Putin el 24 de febrero y en el arranque de la semana había advertido que su país no había decidido aún su voto. Finalmente, el Palacio de Itamaraty se decantó por el apoyo a la resolución, lo mismo que Argentina. Alberto Fernández también había visitado Moscú en los días previos a la invasión y desde allí había ofrecido al Kremlin ser “la puerta de entrada a América Latina”. Este miércoles, sin embargo, la embajadora argentina ante la ONU, María del Carmen Squeff, advirtió en su discurso que “ninguna adquisición territorial puede ser reconocida como legal a partir del uso o la amenaza del uso de la fuerza”.

México, en tanto, cargó contra el derecho a veto de Rusia como integrante del Consejo de Seguridad. “México demanda una vez más que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad se abstengan de hacer uso del veto ante situaciones en las que estén directamente involucrados o frente a situaciones de atrocidades masivas”, como ha hecho Rusia, dijo el embajador mexicano ante la ONU, Juan Ramón de la Fuente.

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Tras dos días en los que se han podido escuchar los discursos de 117 de sus 193 países miembros, la Asamblea General extraordinaria de la ONU ha votado una resolución de condena de la invasión rusa de Ucrania que insta a Moscú a retirarse inmediatamente y sin condiciones del país vecino. La iniciativa obtuvo 141 votos a favor, cinco en contra (Bielorrusia, Corea del Norte, Eritrea, Rusia y Siria) y 35 abstenciones (los otros 12 países, entre ellos Venezuela, no asistieron a la sesión) y, aunque no tiene carácter vinculante, muestra el total aislamiento de Rusia en la comunidad internacional. La decisión de celebrar esta sesión extraordinaria del plenario de la organización ―la undécima en toda su historia y la primera desde 1982, tras la invasión de los Altos del Golán― fue la manera de superar el veto de Rusia a una resolución similar en el Consejo de Seguridad, órgano ejecutivo de la ONU.

El texto adoptado es una condena en duros términos (aunque utiliza el término “deplora”) de “la agresión de Rusia contra Ucrania” y una muestra del compromiso “con la soberanía, la independencia, la unidad y la integridad territorial de Ucrania, incluidas sus aguas territoriales”. En la península de Crimea está la base de la flota rusa del mar Negro. La resolución exige que Rusia “deje inmediatamente de recurrir al uso de la fuerza contra Ucrania” y “retire inmediata, completamente y sin condiciones todas sus fuerzas militares” del país vecino. También deplora la alerta nuclear declarada por el presidente Vladímir Putin, una mención ausente en la resolución del Consejo de Seguridad que Rusia vetó el viernes.

Aunque la resolución adoptada por la Asamblea no sea ejecutiva, sí cartografía la postura de la comunidad internacional con respecto a la guerra y, sobre todo, a Rusia, “donde un dictador europeo quiere restaurar la antigua gloria del pasado”, en palabras de la embajadora de EE UU ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield, que subrayó que Rusia se está preparando para “incrementar la brutalidad” de su ofensiva contra Ucrania.

Cerró el turno de oradores el embajador ucranio, Sergii Kislitsia, que no ahorró detalles al describir la la barbarie que sufre su país, como el bombardeo de zonas residenciales o del memorial del Holocausto de Babi Yar en Kiev. “El objetivo de Rusia no es solo la ocupación, sino el genocidio” de los ucranios, aseguró. “Es muy fácil firmar la Carta de la ONU en tiempos de paz. Pero es nuestro deber confirmarla e implementarla en tiempos de guerra. Por favor, respeten la Carta de la ONU, respeten a su secretario general”, instó entre aplausos Kislitsia, que agradeció a los Estados miembros la acogida de refugiados.

La primera réplica fue la de su homólogo ruso, Vasili Nebenzia, desde su asiento, sin subir al atril de los oradores. Nebenzia repitió el argumentario del Kremlin: “La negativa [de Moscú] a apoyar el proyecto de resolución de hoy es un voto a favor de una Ucrania pacífica y libre de radicalismo y neonazismo”. Lo siguieron los representantes de Serbia y Siria. El primero dio la sorpresa al anunciar el apoyo de su país, tradicional aliado de Rusia, a la resolución “y a la integridad territorial de los Estados miembros”, una clara alusión al contencioso con Kosovo. El embajador de Siria calificó la resolución de “propaganda política” e “hipocresía” que “interfiere en los asuntos internos de un país”, y anunció su voto en contra.

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Para ser adoptada, la resolución, impulsada por los países de la Unión Europea en coordinación con el Gobierno de Kiev, debía alcanzar dos tercios de los votos favorables. A última hora del martes circuló una lista de apoyos de 94 países, casi la mitad de los que componen la organización y un resultado similar al que obtuvo en 2014 otra resolución de condena de la anexión de Crimea, con un centenar de apoyos, pero muy por debajo del resultado final alcanzado este miércoles.

El resultado, de un claro significado político y simbólico sobre el alcance del aislamiento global de Rusia, no ha sido una sorpresa, aunque hasta última hora se dudó de la decisión de los países no occidentales, muchos de ellos con una larga tradición de no alineamiento, heredada precisamente de la política de bloques en la Guerra Fría. El mundo árabe mantuvo un perfil bajo en los discursos con la excepción de Kuwait, que fue invadido en 1990 por su vecino Irak y condenó en duros términos la ofensiva rusa. Emiratos Árabes Unidos, que el viernes se abstuvo en la votación del Consejo de Seguridad, votó hoy a favor de la resolución. La mayoría de los países de África y América Latina secundaron la iniciativa, mientras los dos grandes gigantes de Asia, China y la India, optaban por la abstención. China fue uno de los tres países que se abstuvo en la votación de la resolución fallida del Consejo de Seguridad celebrada el viernes, mientras la India, dependiente de Moscú en ayuda militar, reiteró su equidistancia.



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El reflejo más palpable del aislamiento de Rusia en la escena internacional ha sido, este martes, la salida de decenas de diplomáticos de la sala donde se reunía el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, tras anunciarse la emisión de un vídeo mensaje de Serguéi Lavrov, ministro de Exteriores de Rusia. Fue el segundo plante al canciller ruso en poco más de una hora, tras el sufrido en la Conferencia de Desarme, igualmente en la ciudad suiza. El Consejo de Derechos Humanos celebra este martes la segunda sesión de su 49ª reunión anual, y Lavrov no ha podido asistir por las sanciones impuestas al Kremlin.

El boicot de alrededor de 140 diplomáticos representantes de unos 40 países occidentales y sus aliados, incluido Japón, dejó la sala vacía, salvo por la presencia del embajador ruso ante la ONU en Ginebra, así como miembros de las delegaciones de Siria, China y Venezuela, entre otros.

También por vía telemática, y poco después de la intervención de Lavrov, el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, se erigió en portavoz de la condena internacional a Rusia por la invasión de Ucrania. Blinken acusó a Moscú de violar el derecho internacional y apuntó la posibilidad de expulsar al país eslavo de este organismo internacional.

“Cabe preguntarse si un Estado miembro de la ONU que intenta tomar otro Estado miembro de la ONU mientras se cometen horribles abusos de los derechos humanos y se provoca un masivo sufrimiento a los civiles merece seguir en este Consejo”, ha dicho Blinken, quien subrayó que no cabe la equidistancia, porque el único responsable del conflicto es el presidente ruso, Vladímir Putin.

En su alocución ante la Conferencia de Desarme, una hora antes, Lavrov acusó a la Unión Europea de dejarse llevar por una “histeria rusofóbica” al suministrar armamento letal a Ucrania, mientras se recrudece la ofensiva rusa contra Járkov y Kiev. Lavrov, que repitió el objetivo de “desnazificar Ucrania” que alega el Kremlin en la ofensiva, también pidió a Estados Unidos que retire su arsenal nuclear de Europa y reiteró la exigencia de garantías de seguridad a la OTAN.

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La condición de paria de la comunidad internacional que Rusia arrastra desde que el pasado jueves lanzara lo que denomina “operación militar especial” en Ucrania, y que en la práctica ha resultado ser la invasión del país vecino, quedó de manifiesto de nuevo en el minuto de silencio que la Conferencia de Desarme guardó este martes en memoria de las “víctimas” ucranias del conflicto. Este lunes, la Asamblea General extraordinaria de la ONU, que tiene previsto votar una resolución de condena de la invasión rusa, inició la sesión de igual manera.

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Una protesta contra la invasión rusa en Ucrania, este lunes ante la sede de la ONU en Nueva York.
Una protesta contra la invasión rusa en Ucrania, este lunes ante la sede de la ONU en Nueva York.ANGELA WEISS (AFP)

Por actividades que no se corresponden con su estatus y, supuestamente, sin relación alguna con la guerra en Ucrania, EE UU ha anunciado este lunes la expulsión de 12 diplomáticos de la delegación rusa ante Naciones Unidas. La noticia se conoció en plena rueda de prensa del embajador ruso, Vasili Nebenzia, dedicada a analizar la presidencia rotatoria del Consejo de Seguridad ostentada por su país durante el mes de febrero, y que concluye este lunes. Emiratos Árabes Unidos tomará el relevo a partir del martes.

Cuando comparecía ante los periodistas, Nebenzia recibió una llamada telefónica y tras colgar, explicó lo sucedido, afirmando que aún desconocía la identidad de los expulsados y el motivo de la expulsión, y que los afectados tienen de plazo hasta el 7 de marzo para abandonar el país. “Acabo de recibir la noticia de que las autoridades estadounidenses acaban de declarar personas non grata a 12 miembros de la misión”, dijo el representante ruso. “Es una acción hostil y un desprecio y grave violación de los compromisos del país anfitrión [EE UU]” para con los extranjeros que trabajan en Naciones Unidas, dijo Nebenzia, asegurando que Moscú responderá con reciprocidad. La misión rusa está formada por un centenar de personas.

EE UU confirmó la noticia y rechazó que incumpliera sus compromisos con el Acuerdo de País Anfitrión que rige la presencia de la sede de la ONU en territorio estadounidense, dado que esas 12 personas son “agentes de inteligencia” que han “abusado sus privilegios de residencia al involucrarse en actividades de espionaje que son perjudiciales” para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Se trata de una acción que lleva “varios meses desarrollándose”, concretó la portavoz estadounidense, Olivia Dalton, dando a entender que la medida no tiene que ver con la actual situación en Ucrania.

En su comparecencia ante los medios, el embajador Nebenzia volvió a rechazar el uso de la palabra ‘guerra’ para nombrar la “operación militar especial” rusa en Ucrania, destinada a “desmilitarizar y desnazificar” el país, como la denominó el presidente ruso, Vladímir Putin, en la madrugada del jueves. El diplomático volvió a responsabilizar a las autoridades de Kiev del conflicto.

En un día de intensa labor negociadora en la sede de la ONU, ante la que se ha desarrollado una protesta contra la agresión rusa, han coincidido una reunión del Consejo de Seguridad a petición de Francia, para votar una resolución que garantice el acceso a la ayuda humanitaria de la población ucrania, y la convocatoria extraordinaria de la Asamblea, el plenario de los 193 países miembros de la organización. Es la undécima en la historia de la organización, y la primera desde 1982, tras la invasión israelí de los Altos del Golán.

La reunión empezó con un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas de la invasión rusa de Ucrania. António Guterres, secretario general de la organización, recordó el cerco completo de Kiev y los ataques contra infraestructuras civiles, en contra de lo que sostiene el Kremlin. “La mera idea de un conflicto nuclear es inconcebible”, subrayó el portugués. Los 193 miembros votarán una resolución de condena de la invasión de Ucrania similar a la vetada por Rusia en el Consejo de Seguridad celebrado el viernes. La de la Asamblea no tiene carácter vinculante, pero servirá para cartografiar la postura del mundo al respecto.

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“Si Ucrania no sobrevive, que no nos sorprenda si fracasa la democracia”, dijo el embajador de Ucrania ante la ONU, Sergii Kislitsia, al abrir el turno de oradores. “Salven a Naciones Unidas, salven la democracia y defiendan los valores en los que creemos”, imploró. Kislitsia acusó al Gobierno de Bielorrusia de “facilitar” la invasión rusa y comparó al presidente de Rusia, Vladímir Putin, con Adolf Hitler. “El único culpable es la Federación Rusa, que usa todo su potencial militar para atacar Ucrania, con misiles dirigidos a infraestructura [civil], como guarderías”. Kislitsia intercaló el inglés con el ruso para dirigirse directamente a su homólogo Nebenzia, al que leyó una carta de un soldado ruso a su madre justo antes de morir en combate sobre el horror de la guerra. Kislitsia recordó que “Rusia y solo Rusia” ha empezado este ataque contra territorio ucranio y recalcó que la decisión de invadir ha sido tomada por alguien que “ahora está en un búnker”.

El embajador ruso, como ha venido haciendo en las reuniones del Consejo de Seguridad -cuatro la semana pasada-, negó que tuviesen objetivos civiles y desmintió la ofensiva militar sobre Jarkov y Kiev. “Los bombardeos sobre Jarkov deberían ser verificados y las explosiones en Kiev no son ciertas; no tengo información [al respecto], pero nuestros misiles no están atacando edificios residenciales”, dijo, en contra de lo manifestado por Guterres. Con respecto a la alerta nuclear, “Dios no lo quiera”, subrayó, sostuvo que Putin la declaró a modo de “disuasión”.

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