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Carteles contra el FMI en Buenos Aires (Argentina).
Carteles contra el FMI en Buenos Aires (Argentina).REUTERS

El kirchnerismo pretende que los 45.000 millones de dólares que Argentina debe al FMI los paguen los argentinos que tienen bienes y dinero ocultos en el exterior. Los senadores que responden a la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, presentaron un proyecto de ley que crea un llamado Fondo Nacional para la cancelación de la deuda con el FMI que se financiará con plata negra, producto de la evasión. Una norma paralela acelera y facilita los pedidos a bancos y entidades financieras para que levanten el secreto fiscal con el que protegen a sus clientes. El proyecto sumó el respaldo del presidente, Alberto Fernández, y el repudio opositor, que lo consideró “inviable”.

En diciembre del año pasado, durante un mitin organizado en la Plaza de Mayo, Cristina Kirchner, dijo que los dólares para pagarle al FMI estaban, pero fuera del país. “No, a la Argentina no le faltan dólares, los dólares los tienen afuera. Se los llevaron. Necesitamos que el Fondo nos ayude a recuperarlos desde los paraísos fiscales adonde se han ido miles de millones de dólares en evasión para que les paguemos”, dijo la vicepresidenta. Según la lectura del kirchnerismo, quienes se llevaron los dólares fueron aquellos que apoyaron el crédito que Mauricio Macri pidió al Fondo en 2018, una vez que el mundo le había cerrado el grifo del financiamiento privado. Durante la apertura de sesiones del Congreso, el 1 de marzo pasado, el presidente, Alberto Fernández, recordó que hay una causa judicial abierta contra la presunta fuga de capitales que siguió al ingreso de los dólares aportados por el multilateral.

Semanas después, Argentina acordó con el FMI la refinanciación de la deuda, un texto que no cayó bien en el kirchnerismo. Los diputados y senadores que responden a Kirchner votaron en el Congreso en contra del acuerdo y de los intereses del Gobierno que integran. La fractura se consumó durante las celebraciones del 46 aniversario del Golpe militar, el 24 de marzo pasado. La Cámpora, la agrupación que lidera Máximo Kirchner, hijo de la vicepresidenta, movilizó a 70.000 personas con consignas contra el FMI y duras críticas a Fernández. Ahora ha sido el turno de los senadores, con un proyecto de ley acorde a la lectura kirchnerista de la deuda pero de difícil concreción.

“Se trata de crear un fondo para pagar la deuda contraída por el Gobierno anterior de Mauricio Macri de 45.000 millones de dólares; que quienes se beneficiaron históricamente, o que la fugaron, paguen esa deuda y no el pueblo argentino. Esto no afecta al acuerdo existente entre el Gobierno y el FMI y cuenta con la colaboración y el visto bueno del Presidente”, explicó la senadora Juliana Di Tulio, muy cercana a Cristina Kirchner. Para dar con esos fondos, se promueve otra ley que habilita “a tener la información de quienes sacaron (divisas) del país, haciendo la apertura de secretos, qué monto sacaron y a través de qué instrumento”, agregó la senadora en diálogo con Radio Con Vos.

Según el texto del proyecto, el aporte de aquellos que tienen bienes o divisas no declaradas en el exterior deberán pagar al fisco argentino 20% del valor no declarado . Pasados los seis meses de entrada en vigor la ley, el aporte sube hasta el 32%. Los autores de la propuesta estimaron que al 31 de diciembre de 2021 “hay 417.507 millones de dólares de argentinos en el exterior y/o fuera del sistema financiero institucionalizado de nuestro país”. “De ellos se encuentran declarados ante la AFIP (la oficina de recaudación) sólo 69.000 millones de dólares, según se desprende del impuesto sobre los bienes personales del año 2020″. Los destinatarios de la ley son aquellos que “se beneficiaron con los recursos del FMI, fugaron divisas de la Argentina y no las declararon”. Son ellos, dice el texto, quienes “deben hacer el mayor esfuerzo contributivo y a quienes en definitiva apunta este proyecto de ley para amortizar la deuda con el Fondo”.

La ley en estudio podría ser una amnistía fiscal, como la que permitió a Macri detectar 100.000 millones de dólares durante su gestión. Pero a diferencia de aquella, esta es voluntaria solo en parte. De aprobarse, el Estado tendrá más poder de rastreo, con la participación, por ejemplo, de fiscales, hasta ahora impedidos de pedir la apertura de un secreto bancario. Se crea además la figura del “colaborador”, como se llamará a aquellos que faciliten el hallazgo de bienes y dinero no declarado. A cambio, el colaborador recibirá hasta el 30% de lo que se obtenga por su información. Otra novedad es que los pagos deben ser en dólares y no en pesos, la moneda local.

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Cristina Fernández de Kirchner se ha tomado muy en serio la posibilidad de un aporte de los evasores fiscales. Así se lo hizo saber al embajador de Estados Unidos, Marc Stanley, durante una reunión celebrada el pasado lunes en su despacho en el Senado. Con todo, es difícil que la ley pase el filtro del Congreso, donde el oficialismo no tiene mayoría en ninguna de las dos Cámaras.

La oposición ya adelantó que no dará su voto a lo que consideran un nuevo impuesto. Asegura, además, que el Estado ya tiene herramientas para perseguir la evasión y, sobre todo, que pretende recaudar sobre bienes que no sabe siquiera si existen. “¿Cómo van a gravar bienes que no están declarados? El nuevo impuesto que buscan crear es inaplicable”, resumió el diputado Mario Negri, presidente del bloque opositor en la Cámara Baja.

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Por una vez, oficialismo y oposición aparcaron sus diferencias y votaron de forma conjunta en la Cámara de Diputados de Argentina. El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para refinanciar el rescate de 45.000 millones concedido al Gobierno de Mauricio Macri en 2018 se aprobó esta madrugada con 202 votos positivos, 37 negativos y 13 abstenciones. Sólo los extremos se opusieron al acuerdo: 28 kirchneristas, que forman parte de la coalición de Gobierno, otros partidos de izquierda y la ultraderecha.

La maratónica sesión se extendió por casi 13 horas, hasta las 03.45 de la madrugada. Al inicio del debate, fuera del Congreso, miles de simpatizantes de partidos de izquierda protestaron contra el acuerdo, mientras un pequeño grupo de manifestantes quemó neumáticos y lanzó pedradas contra el edificio hasta que la policía lo desalojó de la plaza. Pero dentro del recinto reinó una calma inédita, sólo quebrada por la incertidumbre sobre el sentido del voto de Máximo Kirchner, hijo de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, que al final fue negativo, al igual que el de otros integrantes de la agrupación La Cámpora.

La Cámpora justificó su voto negativo a través de un extenso comunicado. A su juicio, el equipo económico liderado por el ministro Martín Guzmán “desarrolló una estrategia de ‘amabilidad’, secretismo, hermetismo, confusión y desinformación en las negociaciones”. Los legisladores afines a Máximo Kirchner criticaron el “grado de injerencia en la administración de la cosa pública que tendrá efectivamente el FMI” y el hecho de que en las negociaciones no se haya asegurado “la sostenibilidad del endeudamiento luego de 2025, momento en el que, una vez cumplido el período de gracia, se inicia la etapa de repago”.

Fernández de Kirchner rompió esta mañana el silencio para alinearse con su hijo en el rechazo al acuerdo y mostrar las tensiones internas en el seno de la coalición gobernante, el Frente de Todos. “Hoy como nunca recordé las palabras de Néstor respecto del FMI, cuando decía: ‘Siempre actuó como promotor y vehículo de políticas que provocaron pobreza y dolor en el pueblo argentino’. Otra vez. Inmensa pena”, dijo la vicepresidenta argentina en un vídeo publicado en sus redes sociales donde muestra los daños ocasionados por las piedras arrojadas contra su despacho.

Después de obtener la media sanción, desde el oficialismo se mostraron satisfechos por el resultado, que allana el camino a la aprobación definitiva en el Senado la próxima semana o, a más tardar, la siguiente. El tiempo apremia: faltan sólo 12 días para el primer gran vencimiento del año, cuando el Estado argentino debería pagar 2.800 millones de dólares al FMI, y necesita el primer desembolso del organismo para poder hacerle frente. Pese al rechazo de Fernández de Kirchner, titular de la Cámara Alta, el Ejecutivo peronista confía en contar con los votos suficientes y ha abierto ya el diálogo con los senadores opositores.

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En la Cámara de Diputados, los votos positivos de la alianza de Juntos por el Cambio (con algunas excepciones, como la del exministro de Economía Ricardo López Murphy) fueron posibles gracias a la negociación previa para consensuar el proyecto de ley, del que se eliminaron todos los detalles del programa económico pactado con el FMI pese a la resistencia de Guzmán, el principal negociador con el organismo. Los legisladores se limitaron a votar su apoyo a la reestructuración de la deuda contraída bajo el gobierno de Macri que Argentina no está hoy en condiciones de pagar. Argentina debía devolver 19.000 millones de dólares este año y cerca de 20.000 el año que viene, cantidades imposibles dadas sus escasas reservas.

Las dos grandes alianzas políticas de Argentina quedaron casi en igualdad de condiciones en la Cámara de Diputados tras las elecciones legislativas del pasado noviembre —118 bancas para el oficialismo frente a 116 para Juntos por el Cambio— lo que obliga al Gobierno a pactar cualquier ley que quiera sacar adelante. En esta ocasión, la oposición hizo valer su fuerza para no tener que apoyar el programa económico peronista. “Si no estábamos acá esta noche la Argentina entraba en default”, dijeron desde la coalición opositora tras la votación.

El presidente, Alberto Fernández, sostiene que la aprobación parlamentaria del acuerdo lo distingue del Gobierno anterior, que asumió la deuda actual por decreto. El visto bueno de ambas cámaras es además uno de los requisitos para que la reestructuración pactada entre en vigencia. El otro es que lo apruebe también el directorio del organismo internacional dirigido por Kristalina Georgieva.

El acuerdo firmado en Washington obliga al Gobierno de Fernández a someterse a revisiones trimestrales de las cuentas públicas. El desembolso de fondos pactado con el FMI está condicionado a que el país cumpla con las metas de déficit público acordadas (2,5% del PIB en 2022, al 1,9% en 2023 y 0,9% en 2024), limite la emisión monetaria y reduzca los subsidios a la energía, entre otras exigencias.

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Eduardo Wado De Pedro es el hombre clave del Gobierno argentino. Hijo de desaparecidos, niño robado por la dictadura -su madre murió ametrallada por los represores después de meterle a él en la bañera y protegerle con su cuerpo acribillado- es el hombre clave de Cristina Kirchner en el Ejecutivo que dirige Alberto Fernández desde 2020. Da poquísimas entrevistas, pero en un viaje a España para visitar el Mobile en Barcelona y reunirse con empresarios, aprovecha para explicar a EL PAÍS su posición sobre el acuerdo con el FMI que acaba de firmarse y aún debe ser votado en el Congreso argentino, en un delicadísimo equilibrio dentro de la coalición de Gobierno.

Pregunta. ¿Cómo está Argentina? ¿Qué les ha contado en este viaje a los empresarios que le preguntan?

Respuesta. Tuvimos una situación compleja con restricciones externas producto de un gobierno que hiperendeudó a la Argentina [el anterior, de Mauricio Macri, de 2015 a 2019]. Pero después de cuatro años de un Gobierno que destruyó al sistema productivo y dos años de pandemia, estamos en vías de recuperación y hay muchas oportunidades. El 5G, por ejemplo, es un asunto clave para Argentina, por eso el viaje al Mobile. Estamos en números superiores a los de pre pandemia. En 2021 crecimos al 10%. Tenemos récord de producción de gas y de exportaciones agropecuarias, aumentamos la del petróleo, la metalmecánica o la del litio.

P. Europa está en shock por la guerra en Ucrania. ¿Argentina está con Putin?

R. El presidente de la nación y el canciller fueron contundentes a la hora de condenar la invasión a Ucrania. Argentina defiende los principios de la integridad territorial, respeto a los derechos humanos, la solución pacífica de los conflictos. Recordemos que Argentina sigue reclamando la soberanía de las Islas Malvinas, como también apoyamos la reivindicación de España por Gibraltar. Estamos en contra de las guerras.

P. ¿Entonces por qué Alberto Fernández fue el 4 de febrero a Moscú y mostró esa cercanía con Putin?

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R. El viaje estaba enmarcado en una gira de otra connotación, que nada tenía que ver con la discusión del conflicto con Ucrania.

P. ¿Fue un error?

R. Creo que el presidente y el canciller fueron claros a la hora de mantener la posición de Argentina sobre Ucrania.

P. ¿Ese viaje puede hacer que EE UU endurezca su posición sobre Argentina en el FMI?

R. Nosotros acabamos de llegar a un acuerdo con el FMI que ahora fue enviado al Congreso. No creo que sea bueno para los organismos internacionales que se usen los organismos financieros para condicionar la libertad de los países.

Queremos pagar. La pregunta es si el FMI tiene la voluntad de dejar que Argentina crezca para poder cumplir

Eduardo de Pedro

P. ¿Pero dónde está ahora Argentina, más cerca de Rusia o de EEUU?

R. Nosotros apostamos al fortalecimiento de la región de América del Sur, a integrar a los países en una alianza que genere estabilidad política y económica como Europa, con una moneda única y una solidaridad que se mostró en la pandemia. Apostamos a sacar de la pobreza al 50% que tenemos en Argentina, y lo mismo quiere Lula [da Silva] y otros muchos. Queremos generar economías fuertes, democracias fuertes, con un nivel mucho menor de dependencia de las potencias que juegan en la región. El Gobierno argentino quiere tener autonomía para poder resolver los problemas.

P. ¿Cuál es su opinión sobre el acuerdo del FMI que acaba de presentar su Gobierno?

R. La deuda que tomó el Gobierno de Cambiemos [Macri] fue irresponsable. Fueron más de 44.000 millones de dólares, y 9 de cada 10 se utilizaron para financiar la fuga de capitales. Nada de ese dinero se usó para construir la infraestructura necesaria o fortalecer el sistema de salud, o el científico. Es una cifra similar a que va a recibir España para digitalizar toda su economía y hacer la transición energética, unos 47.000 millones. En Argentina se usó para fugar capitales. No hay un ladrillo, una computadora, un parque eólico nuevo.

P. ¿Es un buen o un mal acuerdo?

R. Es un acuerdo que evita una catástrofe económica en lo inmediato en Argentina. Ahora comienza una etapa donde vamos a seguir necesitando el apoyo internacional para que el FMI siga contemplando la voluntad del Gobierno de resolver el problema, pero en una coyuntura que cambió a raíz de esta guerra.

P. ¿Qué tiene de bueno y qué de malo?

R. El acuerdo es el comienzo de la solución. Evita una catástrofe en lo inmediato. Ahora el FMI tiene que comprender la nueva etapa en la que Argentina necesita mantener el nivel de crecimiento y de inclusión social y bajar los niveles de pobreza. Necesitamos que el Fondo contemple la nueva coyuntura en el marco de una guerra que está cambiando la economía mundial.

P. ¿Cuál es el riesgo?

R. Así como la UE en 2009 trató a los países de una forma y en 2020 en pandemia cambió la forma de resolver los problemas, necesitamos que el FMI tenga una actitud distinta a la que tuvo en 2009 con Grecia y Portugal y entienda la nueva realidad de los países. Necesitamos que nos dejen crecer para poder cumplir.

“Cristina Kirchner preside el Senado. Hay discusiones, pero el que toma las decisiones es el presidente”.

Eduardo de Pedro

P. ¿Este acuerdo va a salir en el Congreso? No está claro siquiera si lo apoyaría su propio grupo.

R. Este acuerdo modifica el acuerdo hecho por Cambiemos en 2018. De no salir la votación en el Congreso, quedaría vigente el acuerdo de 2018. Apelamos a la responsabilidad de la oposición y confiamos en que van a acompañar la solución a un acuerdo que ellos tomaron en 2018.

P. ¿Y su grupo? La Cámpora, el grupo que usted lidera, enviaba estos días mensajes muy duros en redes sociales contra el FMI.

R. La Cámpora ha recordado las palabras de Néstor Kirchner donde hay muchos ejemplos de que el FMI no contribuyó a resolver los problemas sino que terminó profundizando las desigualdades. Nosotros seguimos apelando a que la independencia económica y soberanía política son fundamentales para que los países crezcan. Hay determinados condicionamientos del FMI que no concuerdan con la realidad que vivimos en Argentina.

P. ¿El Gobierno, con las divisiones internas que hay, tendrá fuerza para aplicar el acuerdo del Fondo en los dos años que quedan?

R. Es un Gobierno que recibió el país con fuertes restricciones, que a los tres meses tuvo la fortaleza de enfrentar una pandemia sin ayuda externa como la que tuvo Europa. Fortalecimos el sistema de salud, hicimos el plan de vacunación gratuita más grande de la historia. Pudimos sostener el sistema productivo. Mantuvimos el poder adquisitivo de los argentinos con un ingreso universal. Este Gobierno va a tener la fortaleza de un pueblo que siempre supo salir de las peores crisis.

P. ¿Argentina va a pagar al FMI?

R. Los Gobiernos peronistas siempre pagaron las deudas que generaron otros. Néstor Kirchner canceló [en 2006] el total de la deuda con el FMI. Queremos volver a esa autonomía. El Gobierno argentino tiene la voluntad de pagar. La pregunta es si el FMI tiene la voluntad de dejar que Argentina crezca para poder cumplir.

P. ¿Está descartado el escenario de que el plan no salga en el Congreso o haya un default como en 2001?

R. Recuerdo bien el 2001 porque acabé en el hospital por los golpes de la policía cerca de la plaza de Mayo. Hoy los opositores argentinos son los mismos que gobernaron en la crisis de 2001 y se terminaron yendo. Esperamos que no sean otra vez los responsables de generar una crisis como en 2001.

“El presidente fue contundente en el rechazo a la invasión en Ucrania. El viaje a Moscú fue en otro contexto”

Eduardo de Pedro

P. Máximo Kirchner [hijo de Cristina] abandonó el liderazgo de su grupo parlamentario como rechazo al acuerdo con el FMI. ¿Cómo debemos interpretar eso?

R. Máximo no abandonó el Frente de Todos, sigue siendo parte. Puso a disposición del presidente la presidencia del bloque por tener diferencias en el modo en que se llegó al acuerdo con el FMI.

P. ¿Eso pone en riesgo la votación?

R. Eso quiere decir que el presidente de la Nación tiene el control total sobre la presidencia del bloque de diputados. Eso fortalece la posición del presidente en el Congreso. Máximo es respetuoso de las instituciones y puso en sintonía al presidente de la Nación con la presidencia del bloque en la Cámara de Diputados.

P. ¿Estuvo de acuerdo con esa decisión?

R. Fue una decisión muy personal de Máximo Kirchner.

P. Usted dimitió tras los últimos resultados electorales, malos para el peronismo, forzó un cambio de Gobierno y siguió. ¿Cómo es su relación ahora con el presidente Fernández?

R. Hoy la relación es muy buena. En toda coalición política hay discusiones internas. Nosotros las promovemos. La discusión es la parte más rica, a partir de ahí se toman mejores decisiones, no la vemos como un problema. Cuando se suprime la discusión se toman peores decisiones.

P. ¿Alberto Fernández debería ser candidato a la reelección?

R. En Argentina, los Gobiernos con buena gestión reeligen a sus presidentes.

P. Pero ha tenido mucho desgaste.

La deuda que tomó Macri fue irresponsable. Los peronistas siempre pagan la deuda de otros

Eduardo de Pedro

R. El desgaste natural de todos los gobiernos durante una pandemia y más teniendo en cuenta la situación económica con la que llegamos. Creemos que la recuperación económica va a fortalecer la figura del presidente.

P. ¿Y la relación entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner? Algunos dicen que prácticamente es nula.

R. Argentina es un país presidencialista, la gestión está a cargo del presidente. La vicepresidenta preside el Senado. Es una relación que entra dentro de la lógica de la coalición. Hay debates y discusiones, pero el que toma las decisiones es el presidente.

P. ¿Argentina tiene arreglo?

R. Sí, tiene arreglo porque tiene la experiencia. Entre 2003 y 2015 Argentina creó 4 millones de puestos de trabajo nuevos, incluyó 6 millones de personas en el sistema jubilatorio, se crearon 275.000 empresas, se desendeudó, entramos al grupo de países productores de satélites, creamos 20 universidades nuevas, construimos hospitales. No fue un periodo perfecto, siempre se cometen errores, pero se ensanchó la clase media, sacamos a millones de argentinos de la pobreza.

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El presidente de Argentina, Alberto Fernández, y la vicepresidenta, Cristina Kirchner, este martes.
El presidente de Argentina, Alberto Fernández, y la vicepresidenta, Cristina Kirchner, este martes.NATACHA PISARENKO (AFP)

La negociación con el FMI concentra toda la atención en Argentina. El presidente Alberto Fernández admitió este martes que el acuerdo para refinanciar los 44.500 millones de dólares que recibió el país en 2018 aún no está cerrado, pero dijo que lo enviará “esta semana” para su tratamiento en el Congreso. Ese fue el anuncio más importante de la hora y media de discurso que el mandatario dio durante la apertura del curso parlamentario. La cuestión de la deuda fue también origen de un rifirrafe con parte de la oposición, que abandonó el recinto cuando Fernández reiteró que investigará la responsabilidad penal de ese endeudamiento récord, producido durante la gestión de Mauricio Macri. “Los argentinos y las argentinas tienen el derecho de saber cómo y quiénes fueron los responsables de tanto desatino”, dijo, en medio de un gran griterío de unos y aplausos de otros. Lo escuchaba a su lado Cristina Fernández de Kirchner, que como vicepresidenta presidió la sesión.

Alberto Fernández es un presidente debilitado por las tensiones que mantiene con Fernández de Kirchner, líder de la principal fuerza de la coalición de Gobierno. Las diferencias se concentran, justamente, en el acuerdo con el FMI. Los legisladores kirchneristas han puesto múltiples objeciones a un texto que consideran una claudicación de la Casa Rosada ante el acreedor, que pide déficit cero en un plazo de tres años y condiciona la vigencia del acuerdo al resultado de auditorías trimestrales. Cristina Kirchner no apareció en público ni hizo declaraciones desde finales de enero, cuando el FMI y Fernández anunciaron el inicio de un entendimiento. Durante la última semana, el kirchnerismo filtró a la prensa presuntos detalles del acuerdo, que hablaban de una reforma laboral y previsional y una subida de las tarifas de los servicios públicos.

El presidente uso buena parte de su discurso ante la Asamblea para desmentir la filtración. “Que quede claro, no habrá reforma laboral”, dijo primero. “Quiero ser muy claro ante esta Asamblea Legislativa: no habrá una reforma previsional”, agregó después. Y repitió varias veces que el acuerdo no supone “un ajuste”, palabra maldita en Argentina. “Es un entendimiento inusual: sin políticas de ajuste y con incremento del gasto real en todos los años del programa”, dijo. Sí habrá guerra, sin embargo, en la cuestión de las tarifas a la energía.

El Gobierno destina hoy el 2,3% del PIB (unos 11.000 millones de dólares) en subsidios para que no suba en los hogares el precio de la electricidad y el gas. Es parte de una política contra la inflación, que supera el 50% interanual. El kirchnerismo no quiere subidas mayores del 20% en las tarifas, pero el FMI exige que al menos se acerquen el IPC. Alberto Fernández dijo esta tarde que los aumentos estarán atados al índice salarial, lo que supera ampliamente las aspiraciones de la expresidenta.

Fueron todas palabras para el kirchnerismo, que amenazó con bloquear el acuerdo en el Senado, donde Cristina Kirchner tiene el control, e incluso en la Cámara de Diputados. El hijo de la expresidenta, Máximo Kirchner, renunció a principios de febrero como líder parlamentario de la coalición oficialista, el Frente de Todos, en desacuerdo con el texto firmado con el FMI. El diputado no estuvo este martes en el Congreso, evidencia de la dimensión de la fractura. Tampoco estuvo fuera del edificio legislativo la agrupación política que lidera, La Cámpora, acompañando a los sindicatos y organizaciones sociales que arroparon a Fernández.

Sindicatos y movimientos sociales afines al presidente de Argentina, Alberto Fernández, se manifiestan afuera del Congreso, este martes.
Sindicatos y movimientos sociales afines al presidente de Argentina, Alberto Fernández, se manifiestan afuera del Congreso, este martes.Natacha Pisarenko (AP)

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Tensión con la oposición

El presidente necesita los votos del kirchnerismo para aprobar el acuerdo con el FMI, paso previo a la firma definitiva en Washington. Pero también necesita de la oposición. Y este martes en la Asamblea rompió puentes con los legisladores de Juntos por el Cambio, la coalición del expresidente Mauricio Macri. Los acusó de promover un crédito irresponsable e impagable, con compromisos anuales “sin precedentes en la historia universal de la historia moderna”. Según el acuerdo firmado con el FMI en 2018, Argentina debía pagar este año 19.000 millones de dólares y una suma similar el año que viene. Cuando Macri entregó el poder en 2019 a Fernández, el cronograma con el FMI ya era inviable y Argentina estaba en default con los acreedores privados. Fernández recordó a Juntos por el Cambio que hay una investigación judicial contra los responsables de recibir el crédito. Los diputados de Macri se retiraron entonces del recinto.

Fue el momento más caliente de la sesión, para disfrute de Cristina Kirchner, testigo silenciosa de la escena. Fernández se perdió luego en un largo listado de anuncios económicos, la mayoría ligados al sector productivo, y el repaso de los indicadores que indican un repunte de la economía en la pospandemia.

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Alberto Fernández llega este 7 de febrero de 2022 en visita oficial a Barbados, última escala de una gira por Rusia y China.
Alberto Fernández llega este 7 de febrero de 2022 en visita oficial a Barbados, última escala de una gira por Rusia y China.HANDOUT (AFP)

Los problemas persiguen a Alberto Fernández fuera de casa. Las urgencias políticas y una serie de errores diplomáticos no forzados obligaron al presidente de Argentina a adelantar el balance de la gira que lo llevó a Rusia y China. Desde Barbados, última escala de su viaje, relativizó este lunes el impacto que tuvieron en Estados Unidos las críticas que lanzó desde Moscú a la Casa Blanca. Y quitó fuelle a la crisis que abrió en su coalición de Gobierno el acuerdo que firmó a finales de enero con el Fondo Monetario Internacional para refinanciar una deuda de 44.500 millones de dólares. Reveló entonces que había hablado por teléfono desde Pekín con su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, crítica de ese acuerdo, y confió en que los diputados que la siguen darán su voto al memorando con el Fondo en el Congreso.

Fernández está atrapado entre dos frentes, uno interno y otro externo. En el interno, vive la desafección del kirchnerismo, la principal fuerza de la coalición peronista que lo llevó al poder en 2019. El acuerdo con el FMI, firmado días antes de volar hacia Moscú, se saldó con la renuncia de Máximo Kirchner, hijo de la expresidenta, como jefe de la bancada oficialista en la Cámara de Diputados. Máximo Kirchner dijo que no estaba dispuesto a trabajar por la aprobación parlamentaria de un acuerdo que rechazaba y abrió la enésima crisis en el seno del Gobierno argentino. Cristina Kirchner se mantuvo desde entonces en silencio. El presidente Fernández habló este lunes de “matices” con respecto al acuerdo con el FMI y admitió incluso que podría haber diputados kirchneristas que votarán en contra. “Hablé con Cristina y le conté cómo seguíamos”, dijo Fernández. “La verdad, yo no tengo dudas de que nuestra fuerza política nos va a acompañar” en el Congreso, explicó por videoconferencia a periodistas de medios argentinos que lo consultaron desde Buenos Aires.

El acuerdo con el FMI, que aún debe ser aprobado por el directorio del organismo multilateral, es crucial para que Argentina no entre en marzo en suspensión de pagos y se agrave aún más la crisis económica que atraviesa. Pero la firma profundizó las diferencias que ya acumulaba Fernández con sus socios del kirchnerismo ante cualquier entendimiento con el multilateral que supusiese un ajuste fiscal. La renuncia de Máximo Kirchner y el silencio de Cristina Kirchner dispararon todo tipo de especulaciones sobre hasta donde resistirá una alianza que cada vez es más frágil.

Sin el consenso de su propia fuerza política, Fernández necesita más que nunca el apoyo de la Casa Blanca para resolver en Washington la deuda que Argentina asumió con el Fondo en 2018, durante el Gobierno de Mauricio Macri. Por eso sorprendió a propios y ajenos las críticas que el presidente lanzó contra Estados Unidos y el FMI desde Moscú. Al tiempo que ofrecía a Putin convertir a Argentina en ”la puerta de entrada” de Rusia en América Latina, proclamaba la necesidad de reducir la “dependencia de Argentina” de Washington.

Fernández se salió por iniciativa propia de un guion escrito por la Cancillería que se limitaba a defender el multilateralismo y las buenas relaciones con Rusia para presentarse en cambio como el principal aliado del Kremlin en la región. El argentino optó por una alienación sin concesiones en momentos en que Rusia tensa al máximo la relación con Occidente por sus aspiraciones sobre Ucrania. En su rueda de prensa virtual desde Barbados, Fernández dijo, sin embargo, que sus declaraciones no habían generado problema alguno con Washington. “No recibí ninguna declaración de Estados Unidos por lo que dije. Yo siento que no dije nada novedoso ni creo que nadie se haya molestado por eso. No recibí quejas ni cuestionamiento”, dijo Fernández. “Sostengo que con Estados Unidos debemos tener relaciones serias y responsables como con cualquier país del mundo. Creemos en el multilateralismo”, agregó.

Antes de aterrizar en Bridgetown, Fernández estuvo en China. El domingo firmó la adhesión de Argentina a la llamada Ruta de la Seda, una iniciativa de Xi Jinping para reforzar la relación económica con terceros países y al que ya adhieren 140 países. Fernández se llevó de Pekín promesas de inversiones por 23.000 millones de dólares en obras de infraestructura y la posibilidad de agrandar el acuerdo que hoy permite al Banco Central de Argentina sumar a su balance de reservas 20.000 millones de dólares (en yuanes) del Banco Popular de China.

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Este martes, el presidente argentino se reunirá con la primera ministra de Barbados, Mia Mottley, y con representantes de los países que integran la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECO). Esta última escala tiene poco que ver con las anteriores y es, si no hay sorpresas de última hora, menos riesgosa en términos diplomáticos: se trata del estreno del presidente argentino como presidente pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), cargo que recibió el 7 de enero de manos de México.

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Máximo Kirchner en un acto electoral en Buenos Aires, en 2019.
Máximo Kirchner en un acto electoral en Buenos Aires, en 2019.Carol Smiljan (NurPhoto via Getty Images)

La coalición peronista que gobierna Argentina desde 2019 se tambalea. El último terremoto ha sido originado por el diputado Máximo Kirchner, hijo de los expresidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, al renunciar a la presidencia del bloque oficialista en la Cámara Baja. La decisión exhibe la disconformidad del kirchnerismo con el principio de acuerdo alcanzado el viernes entre el Gobierno de Alberto Fernández y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para reestructurar la deuda de 44.000 millones de dólares contraída por el Estado sudamericano en 2018. Las divisiones internas sobre el acuerdo, que obliga a Argentina a alcanzar el equilibrio fiscal en 2025, complican aún más el debate parlamentario necesario para su aprobación definitiva.

“He tomado la decisión de no continuar a cargo de la presidencia del Bloque de Diputados del Frente de Todos. Esta decisión nace de no compartir la estrategia utilizada y mucho menos los resultados obtenidos en la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), llevada adelante exclusivamente por el gabinete económico y el grupo negociador que responde y cuenta con la absoluta confianza del Presidente de la Nación, a quien nunca dejé de decirle mi visión para no llegar a este resultado”, arranca el comunicado de Kirchner difundido este lunes.

El diputado nacional ha subrayado que permanecerá “dentro del bloque para facilitar la tarea del presidente y de su entorno”. La coalición se mantiene así con vida, pero muestra de nuevo su fragilidad a la espera de que se pronuncien otras voces destacadas del kirchnerismo. La vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, guarda silencio desde el viernes. Tampoco se han pronunciado sobre el acuerdo los integrantes de la agrupación La Cámpora más cercanos a Kirchner, como los ministros Wado de Pedro (Interior) o Juan Cabandié (Medio Ambiente).

El presidente anticipó este lunes en una entrevista que la vicepresidenta está en desacuerdo con la decisión tomada por su hijo, pero sólo se sabrá cuando tome ella la palabra. El estilo combativo de Kirchner ya provocó un quebradero de cabeza al presidente Alberto Fernández un mes atrás, cuando su duro discurso en la Cámara de Diputados propició que la oposición se uniera para rechazar el Presupuesto de 2022.

Descontento con el ajuste

La mayor discrepancia del kirchnerismo es el ajuste pactado con el FMI. “Como veo que siempre se interesan por los gastos, podrían ahorrar en economistas caros, ya que para hacer lo que hacen sólo basta con gente que sepa apretar prometiendo el infierno si no se hace lo que ellos quieren”, señaló Kirchner en su carta.

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El equipo económico liderado por el ministro Martín Guzmán acordó un sendero de reducción fiscal que contempla alcanzar el déficit cero en 2025, dos años antes de lo que pretendía el Gobierno argentino. Este compromiso adquirido supondrá una importante reducción del gasto público, a la que se ha opuesto en numerosas ocasiones Fernández de Kirchner por considerar que pone en riesgo el crecimiento económico.

El organismo multilateral señaló que Argentina aceptó reducir los subsidios a la energía, lo que hace prever importantes aumentos en las tarifas de la luz, el gas y la electricidad después de haber permanecido casi congeladas desde la irrupción de la pandemia.

El documento definitivo que selle Argentina con el FMI deberá ser aprobado por el Congreso, donde el peronismo no tiene la mayoría suficiente en ninguna de las dos cámaras para sacarlo adelante sin negociar. Cualquier ruptura en sus filas volvería aún más cuesta arriba el trámite parlamentario sobre un acuerdo que marcará la política económica de los próximos años del país sudamericano.

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Argentina llegó a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Fue una negociación al borde del precipicio, con la cesación de pagos acechando una vez más al país sudamericano. El presidente, Alberto Fernández, anunció finalmente que su Gobierno alcanzó una solución “posible y razonable” para un “problema gravísimo y urgente”. Según lo acordado, el FMI refinanciará durante los próximos dos años y medio los vencimientos de capital e intereses de los 44.000 millones de dólares que Mauricio Macri recibió como salvataje financiero en 2018. Argentina obtendrá el dinero de las cuotas por una ventanilla del multilateral y lo depositará en otra. A cambio, se compromete a reducir el déficit fiscal al 0,9% del PIB en 2024, una meta que deberá cumplir para que no se interrumpan los desembolsos.

El cronograma de pagos acordado en 2018 se había vuelto imposible de cumplir para Argentina: 5.100 millones de dólares en 2021 (que el país ya pagó y ahora le serán devueltos), 19.100 millones de dólares en 2022, 19.300 millones en 2023 y 4.900 en 2024. El ministro de Economía, Martín Guzmán, dijo en rueda de prensa que el acuerdo incluye “todo lo que resta vencer al final del stand by [de 2018], más el monto de las amortizaciones de capital de septiembre y diciembre que se pagaron con los derechos especiales de giro” que recibió Argentina del FMI. “Cada tres meses, [y durante dos años medio], habrá revisiones y en cada una de esas revisiones habrá desembolsos y con esos desembolsos se harán los pagos acordados por el Gobierno anterior”, explicó Guzmán. Al final del programa, Argentina seguirá debiendo los 44.000 millones de dólares que recibió Macri. El pago de esa deuda se reiniciará dentro de cuatro años y medio, precisó el ministro.

Para la oposición “es positivo”

El acuerdo debe ser ahora aprobado por el directorio del FMI y el Congreso argentino. El trámite no será sencillo en el Parlamento, donde el oficialismo perdió el control tras las elecciones legislativas de medio término de noviembre. La oposición hizo valer la nueva relación de fuerzas y el 17 de diciembre no aprobó el presupuesto para 2022 enviado por Guzmán. La principal alianza opositora, Juntos por el Cambio, destacó como positivo el entendimiento con el FMI y “un primer paso para no seguir generando incertidumbre”, pero advirtió que aguarda los detalles del acuerdo definitivo de cara al debate parlamentario.

No solo la oposición puede ser una piedra en el zapato del presidente Fernández. También debe convencer al ala más dura del kirchnerismo, dentro de la coalición de Gobierno, de que este acuerdo con el FMI no implica un ajuste. A ellos les habló cuando anunció el entendimiento: “No restringe, no limita ni condiciona los derechos de los nuestros; no nos obliga a una reforma laboral; no impacta en los servicios públicos, no relega nuestro gasto social y respeta nuestros planes de inversión en ciencia y tecnología. Además, vamos a poder acceder a nuevos financiamientos, precisamente, porque este acuerdo existe. No nos impone llegar a un déficit cero”, dijo Fernández.

La madre de todas las batallas estará en la reducción del déficit fiscal primario (previo al pago de deudas). Según el acuerdo, Argentina bajará el rojo de 3% del PIB registrado en 2021 a 2,5% en 2022, 1,9% en 2023 y 0,9% en 2024, una escalera descendente tres años más corta que lo que pretendía la Casa Rosada. El Gobierno se compromete también a reducir gradualmente la asistencia monetaria del Banco Central al Tesoro, que pasará de más de 7% del PIB en 2020, el peor año de la pandemia, a ser “cercano a cero” en 2024, según precisó Guzmán. Para reducir la inflación, que superó el 50% en 2021, habrá “políticas que promuevan sectores que generan divisas” y permitan una reducción de la emisión monetaria, hoy la principal fuente de financiamiento público. Mientras tanto, seguirán vigentes las políticas de control de precios acordadas con el sector privado.

Por el lado del FMI, los negociadores fueron Julie Kozack, directora adjunta del Departamento del Hemisferio Occidental, y Luis Cubeddu, jefe de misión para Argentina. En una declaración escrita, ambos dijeron que “el sendero fiscal acordado [con Argentina] mejoraría de manera gradual y sostenible las finanzas públicas y reduciría el financiamiento monetario”. “También hemos acordado que el apoyo financiero adicional de los socios Internacionales de Argentina ayudaría a reforzar la resiliencia externa del país y sus esfuerzos para asegurar un crecimiento más inclusivo y sostenible”, escribieron.

Los mercados reaccionaron con rapidez a un acuerdo que se demoró más de la cuenta. A media mañana, el riesgo país argentino (el diferencial que debe pagar por su deuda con respecto a los títulos del Tesoro de EE UU) caía casi un 4%, hasta los 1.834 puntos, mientras que las acciones de títulos públicos argentinos que cotizan en Wall Street se recuperaban después de días de importantes caídas. El peso también se vio beneficiado en el mercado paralelo: cortó la racha devaluatoria y se apreció más de un 4% frente al dólar, hasta los 212,5 pesos, cerca del doble de la cotización oficial. El cóctel de emisión monetaria, crédito cero y gasto público terminó por dilapidar el valor del peso. Guzmán aclaró que no habrá una devaluación y que incluso se plantea “un objetivo de acumulación de reservas internacionales de 5.000 millones de dólares para 2022″.

El acuerdo se produjo después de que las conversaciones se intensificaron la semana pasada tras meses de retrasos. Y llegó en un día clave: Argentina tenía este viernes un vencimiento de más de 700 millones de dólares. En diciembre, el ministro Guzmán dijo en una entrevista con EL PAÍS que el acuerdo estaba demorado por la falta de apoyo de “algunos accionistas del FMI”. Su entorno dejó trascender que el más reticente al acuerdo era Estados Unidos, país que en 2018 fue clave para que el Fondo otorgase a Macri el mayor crédito en la historia del multilateral. La situación en Washington se destrabó poco a poco hace 10 días, tras un visita del canciller argentino, Santiago Cafiero, a su par estadounidense, Antoni Blinken. Cafiero le pidió sin rodeos el aval político de la Casa Blanca al acuerdo.

Mientras tanto, Argentina recibía apoyos explícitos de otros países, sobre todo europeos. Fue clave el papel de España, que trabajó por un entendimiento a través de la ministra de Economía, Nadia Calviño, quien sumó poder de fuego desde el 25 de diciembre como titular del Comité Monetario y Financiero Internacional del FMI.

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha enviado un mensaje contundente este martes al presidente de El Salvador, Nayib Bukele. El organismo ha instado al popular mandatario que elimine el bitcoin como moneda de uso legal en el país centroamericano, lo que aumenta la tensión en las relaciones entre el Fondo y el Ejecutivo de Bukele. Para el presidente la implementación de bitcoin como moneda de pago es uno de sus principales proyectos, que promociona con intensidad tanto desde su cuenta de Twitter —plataforma favorita para comunicar sus decisiones— como en las giras que ha emprendido para vender a su país como una tierra de oportunidades para los empresarios. Bukele no ha reaccionado inmediatamente a la exigencia del FMI.

El Fondo ya había alertado a inicios de enero de los riesgos que implica para El Salvador asumir la criptomoneda y había pedido a Bukele una reunión para discutir su implementación como moneda de curso legal. “La adopción del bitcoin como moneda genera una serie de cuestiones macroeconómicas, financieras y legales que requieren un análisis muy cuidadoso”, dijo Gerry Rice, portavoz del Fondo. El popular presidente ya había anunciado en noviembre sus grandes planes para convertir a su país en un laboratorio mundial de la criptomoneda. Bukele se ha mostrado entusiasta con el proyecto y ha prometido a sus ciudadanos que llevará desarrollo económico para su país. Desde su Gobierno se ha afirmado que esta iniciativa pretende convertir a El Salvador en la Singapur de América Latina.

El salvadoreño viajó la semana pasada a Turquía en su búsqueda de atraer apoyos en momentos cuando su relación con Estados Unidos —el principal socio de su país— pasa por horas bajas. Bukele se reunió con Recep Tayyip Erdogan, con quien firmó seis acuerdos de cooperación bilateral en los sectores de economía, comercio, defensa, diplomacia y educación. Pero el tema que más expectativa levantó durante la visita fue el uso de las criptomonedas, en un país donde sus habitantes están en plena fiebre inversora para proteger sus ahorros, cuando la lira turca ha sufrido una fuerte pérdida en su valor.

La exigencia del FMI se da en momentos cuando el valor de las criptomonedas va en caída libre. La semana pasada el bitcoin perdió más del 10% de su valor, mientras las bajas continúan. La criptomoneda bajó a 35.000 dólares, lo que representa el valor más bajo desde julio. Bukele ha reaccionado con mofa a quienes critican la caída en el valor de la moneda virtual y su decisión de adoptarla. “La mayoría de la gente entra [a comprar] cuando el precio sube, pero el momento más seguro y rentable para comprar es cuando el precio baja. No es ciencia espacial. Así que invierta una parte de su sueldo de McDonald’s en Bitcoin”, escribió Bukele el 24 de enero. El presidente cerró su mensaje con un “Drama queens” [reinas del drama] para sus críticos.

Rice, del FMI, ya había advertido a inicios de enero que “los activos cripto pueden traer riesgos significativos”, por lo que sugirió que debería haber “medidas efectivas de regulación”. Para Bukele, sin embargo, se trata de una “oportunidad de oro” para su país. A inicios del pasado junio la Asamblea Legislativa salvadoreña adoptó una ley que hace del bitcoin una moneda de uso legal. Un hecho que el presidente Bukele celebró con entusiasmo. “En cada restaurante, hotel, banco, transacción personal, si quieres vender un auto, todo podrá pagarse con bitcoins o dólares. El bitcoin será tratado como moneda nacional, todos tendrán que aceptarlo”, auguró. Entonces, sus planes comenzaron a crecer y Bukele lanzó su idea de convertir al país centroamericano en un gran centro de minado de la moneda virtual. Para ello prometió ofrecer “energía muy barata, 100% limpia, 100% renovable, con cero emisiones, de nuestros volcanes”. El 10 de junio, Bukele hizo público en Twitter un proyecto geotérmico que servirá como sede del minado.

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