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Una misión de expertos de Naciones Unidas calcula que las consecuencias del derrame de petróleo de Repsol en el mar peruano afectarán el entorno de la costa central de seis a diez años, indicó el viernes al presentar al Ejecutivo sus hallazgos y recomendaciones en torno al desastre ambiental, según una fuente presente en la reunión. “La misión presentó un adelanto de su informe, que será entregado al Gobierno durante esta semana. Mostró su interés en asesorar el trabajo multisectorial que se realiza para enfrentar los problemas causados por el derrame”, comentó a este diario el nuevo ministro del Ambiente, el científico Modesto Montoya.

El vertido se produjo el 15 de enero y ya afecta a 112 kilómetros cuadrados de mar y litoral, incluidas dos áreas naturales protegidas. La oficina local de la ONU difundió un comunicado el mismo viernes con sus principales hallazgos y recomendaciones. En él no se especifica un periodo de duración del impacto, aunque sí se advierte de posibles efectos “a largo plazo”, sin especificar fechas, en especies como mariscos o conchas de modo que pide un plan de monitoreo con el que determinar cuándo es saludable consumir de nuevo los productos marinos.

El Ministerio de Ambiente de Perú cifra el vertido en 11.900 barriles de petróleo que llegaron al mar de la región Callao cuando el buque italiano Mare Doricum descargaba casi un millón de barriles a la tubería de cuatro kilómetros de la infraestructura submarina de la refinería La Pampilla. Repsol señala que fueron 10.396. El 26 de enero hubo una fuga adicional de seis a siete barriles en el mismo terminal. El fiscal a cargo de la investigación por delito ambiental dispuso que un perito revisara un tramo de la infraestructura para determinar la causa del derrame, pero para moverlo necesitan que el ducto esté vacío. El diario La República informó de que el magistrado suspendió la diligencia de retiro del ducto debido a que en las instalaciones aún quedaban a finales de la semana pasada 2.200 barriles de petróleo. Como ha adelantado EL PAÍS, Repsol ha iniciado acciones legales contra el armador del petrolero y su aseguradora, alegando que un desplazamiento brusco del buque arrancó de cuajo las mangueras y el sistema de descarga de crudo, que según el supervisor peruano estaban “en perfecto estado” en la última revisión.

Mientras tanto, miles de pescadores y comerciantes han perdido su fuente de sustento, y las aves y mamíferos marinos continúan muriendo en las regiones Callao y Lima.

Los expertos de Naciones Unidas estiman que 600 toneladas métricas de crudo afectaron a la costa y han generado más de 40.000 toneladas métricas de residuos contaminados. La misión, formada por 11 especialistas latinoamericanos y europeos, elaboró la evaluación con corte al 7 de febrero, y planteó sus hallazgos el viernes al primer ministro, Aníbal Torres, cinco ministros y autoridades de las seis entidades que participan en la contención del desastre ambiental, entre ellas la Dirección de Capitanías y Guardacostas (Marina) y el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental.

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Después de tres días de recorrer la zona, el equipo calificó el derrame como “grave”, un “nivel que pone a dura prueba las capacidades de respuesta de cualquier país”, adelantó entonces un comunicado de Naciones Unidas. En su comunicado del viernes indica que “producto de los procesos naturales y las operaciones de limpieza, a 15 días del derrame ya no se evidenciaba la presencia de una gran mancha continua de crudo en el mar. Lo que se observa es la presencia de pequeñas zonas aisladas de contaminación”.

La misión identificó en un mapa -de las regiones Callao y Lima- las zonas de cuevas, acantilados y rocas con hidrocarburo, otras con espuma emulsionada que crea contaminación en la costa, irisaciones en el mar, manchas metálicas cerca de la línea del litoral, y espuma emulsionada entre islas y la costa. Citando a Repsol, dijo que ha avanzado la limpieza de la polución en un 60%.

Los expertos han propuesto como acciones prioritarias la elaboración de un padrón de afectados; un sistema de comando del incidente -en el que participen el Estado y Repsol-; un análisis de necesidades postdesastre; un plan de monitoreo ambiental; y un plan de trabajo y comunicación con las comunidades afectadas. Además, la misión mencionó que el marco legal estatal no ha permitido al Estado abordar de manera integral la emergencia, sino que ha constatado una respuesta fragmentada, no sistemática. Los especialistas destacaron que es necesario poner un foco mayor en la población damnificada.

En la nota de prensa difundida la noche del sábado, la oficina de Naciones Unidas de Perú describe que el derrame ha afectado a las costas de cinco distritos al norte del punto del derrame y a 80 kilómetros de litoral, y ello “lo convierte el peor desastre ecológico que ha afectado al país en su historia reciente”. La ONU agrega que el impacto en la vida silvestre y los recursos naturales ha afectado “duramente a las comunidades locales, especialmente pero no solo a las familias que viven de la pesca y de actividades relacionadas con el turismo”.

En el comunicado la entidad urge a que se realice un análisis integral de la población afectada -por daños, impacto por lucro cesante, género, edad y ubicación-, debido a que hasta el 11 de febrero no existía evidencia de que éste se hubiera realizado. Con dicha evaluación, agrega, podrían garantizarse mecanismos de comunicación y participación de las comunidades en los planes de asistencia y recuperación económica.

Desde que ocurrió el vertido el 15 de enero, debido a la inestabilidad y la crisis política del Gobierno de Pedro Castillo, ya han pasado tres ministros del Ambiente. El viernes, la autoridad ambiental reportó que ha impuesto a Repsol una primera multa de 122.000 dólares por no haber identificado e informado -en el plazo legal- cuáles son las zonas afectadas por el vertido. El director ejecutivo de Repsol en Perú, Jaime Fernández-Cuesta, informó el viernes de que terminarán la limpieza en marzo y que luego pasarían a la fase de reparación ambiental. Los parlamentarios pidieron información sobre el destino final de los residuos contaminados, pero los ejecutivos de la compañía respondieron que no contaban con esa información.

El Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) aprobó también una declaración debido al impacto social a causa del derrame y llamó a las instituciones financieras y de desarrollo y a la comunidad internacional “a cooperar con Perú para brindar ayuda humanitaria de emergencia”.

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Andrés Manuel López Obrador, durante su rueda de prensa matutina en Palacio Nacional.
Andrés Manuel López Obrador, durante su rueda de prensa matutina en Palacio Nacional.Sáshenka Gutiérrez (EFE)

Andrés Manuel López Obrador ha vuelto a tensar la cuerda diplomática con España. “El Gobierno mexicano se va a dar una pausa para respetarnos y que no se nos vea como tierra de conquista”, ha lanzado este miércoles durante su conferencia diaria matutina. Un nuevo dardo que prolonga toda una serie de polémicas iniciadas casi desde el mismo día de su llegada al poder como parte de su estrategia polarizadora y de marcaje férreo de la agenda y del debate público en su país.

En marzo de 2019, apenas tres meses después de tomar las riendas de la presidencia, López Obrador inauguró el primer desafío diplomático. El presidente envió una carta al Rey de España, Felipe VI, en la que le instaba a reconocer los atropellos que las autoridades mexicanas consideran que se cometieron durante la conquista y a pedir disculpas por ellos. El Gobierno español reaccionó a la divulgación del contenido de la misiva, adelantado por EL PAÍS, y en un comunicado afirmó que lamentaba “profundamente” su publicación y que rechazaba “con firmeza” el argumento de la misma.

La respuesta de la diplomacia española incluyó una mano tendida “para trabajar conjuntamente con el Gobierno de México y continuar construyendo el marco apropiado para intensificar las relaciones de amistad y cooperación existentes entre nuestros dos países”. La petición encendió la polémica política en España, en plena época electoral, y el mandatario mexicano se mostró entonces sorprendido por la repercusión de su propuesta de crear “una relatoría conjunta de lo sucedido”.

La polémica en todo caso no tuvo entonces más recorrido y el Gobierno de México la dio por zanjada. Tres meses después, en junio, el presidente evitó ahondar en el conflicto durante el 80º aniversario de la llegada del primer barco de exiliados republicanos a Veracruz. López Obrador terminó su intervención con un: “Que viva España, que vivan los refugiados españoles, que viva México”. Antes del cierre, se habían sucedido las palabras conciliadoras: “Podemos tener diferencias transitorias, pero es más lo que nos entrelaza, es mucho más lo que une a México con España”.

Pese al enfriamiento de las aguas, el capítulo fue resucitado por el presidente mexicano durante la conmemoración en 2021 de los 500 años de la derrota de los mexicas, que hizo además coincidir con los 200 de la consumación de la Independencia. “Hay quien dice que lo que pasó ya se olvidó, pero hay todo un movimiento de gente que derriba estatuas, en Estados Unidos, por ejemplo. Esos sentimientos existen todavía. Nosotros enviamos una carta [al Rey de España] de manera respetuosa y ni siquiera tuvieron la delicadeza de responderla. Les faltó humildad”, dijo entonces.

Antes, López Obrador había encontrado otro flanco por donde golpear. En 2010, durante los primeros movimientos destinados a modificar el mapa del sector energético para darle más peso a las empresas públicas que los inversores privados, Repsol se convirtió en uno de sus blancos favoritos. “A mí no me paga Repsol. A mí me pagan los mexicanos para servirles, y por eso tengo que defender el interés público, no el interés de particulares”, blandió además de señalar los supuestos intereses entre la energética española y los gobiernos anteriores, escenificados por las puertas giratorias entre el mundo de la política y las grandes empresas energéticas.

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Dos semanas después del derrame de petróleo de Repsol en el mar de la costa central de Perú, biólogos e ingenieros de entidades públicas e independientes se han volcado en la zona para rescatar a la fauna y evaluar el impacto de la contaminación en las regiones de Lima y Callao, incluidas dos reservas naturales. El área afectada es, según el Gobierno, de unos 11.900 barriles de crudo, aunque la empresa alega que son 1.500 menos. El jefe del servicio de áreas naturales protegidas, José Ramírez Maldonado, ha asegurado que “los daños son incalculables” y un informe de una misión interdisciplinaria del Colegio de Ingenieros califica la situación como un “desastre activo” que afecta a la mortandad de aves y mamíferos.

Una de las conclusiones del informe del Colegio de Ingenieros -a raíz de la visita de 12 expertos una semana después del vertido- es que los impactos ambientales en la geología marina y costera presentan una incertidumbre “muy alta” respecto de sus efectos en el mediano y largo plazo. La autoridad ambiental ha informado a este diario de que hasta el 25 de enero estaban contaminadas 11.637 hectáreas de mar y litoral, es decir, más de 116 millones de metros cuadrados.

De estas, 512 hectáreas pertenecen a una reserva nacional de islas donde viven aves productoras de guano, un fertilizante natural, y 1.758 hectáreas corresponden a la Zona Reservada de Ancón, según detalla el servicio de áreas naturales protegidas. La playa Pocitas, en la Zona Reservada de Ancón, es una de las más perjudicadas por el derrame y por ello es uno de los puntos donde se concentran las labores de rescate. El pasado viernes, la autoridad de las áreas naturales protegidas reportó que hasta ese día los equipos del Estado habían retirado 5.000 galones de petróleo de esa bahía.

El otro lugar de rescate de fauna se ubica a unos 40 kilómetros al norte de Lima. “Registramos diariamente diez aves muertas en el islote Pescadores desde el 18 de enero que salimos a campo: chuitas, cormoranes, guanay, piqueros y pingüinos”, informó el biólogo Deyvis Huamán, especialista de la dirección de gestión de las áreas naturales protegidas. El biólogo advierte que otra de las especies afectadas es la nutria marina. “Es una especie en peligro, y si mueren nutrias por efectos de la contaminación del petróleo se podría hablar de una extinción local”, destacó el viernes pasado.

El médico traumatólogo Juan Carlos Pedraza fue la semana pasada con su esposa Eva Portocarrero, tecnóloga médica, a uno de los balnearios afectados para ayudar a los trabajadores del servicio de fauna silvestre. Cuando caminaba entre unos peñascos, vio un ave intoxicada, un guanay. “Me acerqué y la agarré del cuello y con la otra mano del pico para que no me atacara. Su plumaje estaba lleno de ese oleoso material tóxico. La llevamos al grupo que recién se alistaba para ir en búsqueda de los animales. Me trepé por las rocas que estaban empastadas de petróleo y así sin protección me lancé a rescatarla; al acercarme no intentó huir, estaba muy débil”, describe por WhatsApp.

El ecosistema marino

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El biólogo Yuri Hooker, uno de los primeros en llegar a las playas contaminadas en la primera semana del desastre, precisó que en ese área solo vivían unas diez nutrias, de acuerdo a datos del veterinario Carlos Calvo, y ya habrían muerto. “La costa peruana es árida pero tiene un mar sumamente productivo por la masa de plancton; pocos kilómetros al norte del inicio del derrame empieza una zona rocosa con varias ensenadas y es el hábitat de las nutrias, los pingüinos de Humboldt, las chuitas, y cormoranes, entre otras aves marinas”, describe.

El biólogo advierte de que hay zonas del mar en las que se ve una delgada capa de combustible, pero alerta de que en otras partes, en las que no se percibe a simple vista, también están afectados los mariscos. “Es una zona de gran abundancia de pejerrey, una especie importante para la alimentación de las aves marinas y para la pesca artesanal”, explica Hooker.

De acuerdo al biólogo, los peces invertebrados no se van a morir ahora, pero están respirando agua contaminada. “Las toxinas se acumularán en organismos como los erizos, los choros, los mariscos”, añade. El ingeniero pesquero Elmer Nieves también se refirió a ese problema: “ Hay componentes del petróleo que se disuelven en el agua y caen al fondo y estas especies filtradoras absorben rápidamente estos químicos”, explicó en una conversación virtual el pasado miércoles, después de haber visitado la zona.

Esta semana, el Ministerio de Ambiente anunció la suspensión de las operaciones de carga y descarga de hidrocarburos de la empresa Repsol en el mar “hasta que brinde las garantías técnicas de que no se va a producir otro derrame”, una decisión que ha sido tildada de “desproporcionada e irrazonable” por parte de la compañía. Según la empresa, el vertido fue causado por el “oleaje anómalo” que produjo la erupción de un volcán submarino en Tonga, una versión que ha sido negada por la Marina de Perú y por testigos que estaban en el mar a esa hora. Por otra parte, la petrolera informó el domingo del envío de más equipamiento para limpiar las zonas contaminadas como 30 skimmers, una especie de bombas que aspiran hidrocarburo.

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Trabajadores realizan este martes labores de limpieza en las playas de Ventanilla (Perú).
Trabajadores realizan este martes labores de limpieza en las playas de Ventanilla (Perú).Juan Ponce (EFE)

Una carta de protesta del capitán del buque italiano Mare Doricum -que descargaba petróleo brasileño para una refinería operada por Repsol- acusa a Repsol de incurrir en nueve fallos tras el derrame de crudo del sábado 15 que ha contaminado al menos 21 playas en las regiones de Lima y Callao y dos áreas naturales protegidas. El desastre ambiental ha paralizado la actividad de más de 3.000 pescadores y a miles de comerciantes que daban servicios a bañistas y turistas. La marea negra avanza hace 11 días por el mar con rumbo norte.

Según el ministro de Ambiente de Perú, Rubén Ramírez, Repsol reportó inicialmente la noche del 15 de enero un derrame de petróleo de 2.5 metros cuadrados y 0.16 de barril en una de las terminales de la refinería, es decir, en una de las zonas de descarga. Al día siguiente, la compañía indicó a la prensa, en un comunicado, que el “incidente rápidamente superado” se había originado por la “violencia del oleaje”, como “consecuencia de la erupción volcánica submarina en Tonga”. Pero el miércoles 19, después de la viralización de videos del mar y el litoral negros, y de la fauna muerta o agonizando, ejecutivos de la refinería La Pampilla informaron al ministro Ramírez de que habían sido 6.000 barriles.

Repsol sostiene que el derrame de petróleo se produjo por el oleaje anómalo por un fenómeno marítimo imprevisible para la compañía provocado por la erupción volcánica en Tonga. El presidente de su filial exhibió gráficos que muestran ese oleaje anómalo de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (IOC, por sus siglas en inglés) de Naciones Unidas. Sin embargo, la primera ministra, Mirtha Vásquez, señaló el viernes que “el oleaje y el tsunami no tuvieron que ver con esta ruptura” que provocó el derrame. También niegan un oleaje excepcional veleristas experimentados que en el día y hora que se produjo el vertido inicial estaban frente al buque italiano y suspendieron una regata porque no había viento ni olas. A ellos se suman las observaciones contra Repsol del capitán Giacomo Pisani, quien este lunes respondió en inglés a las preguntas de tres ministros y un congresista a bordo de su embarcación, según refirió el canal estatal TVPerú, el único que registró el diálogo.

La carta del capitán

Este martes, durante un recorrido por Ancón -uno de los distritos con más pescadores y balnearios afectados- el ministro de Ambiente aseguró que el capitán tenía evidencias sobre el manejo de Repsol: “Aparentemente hay negligencia de la empresa”. EL PAÍS ha tenido acceso a fotos de la carta de protesta del capitán del buque-tanquero dirigida a Repsol Trading Houston y a Refinería La Pampilla, en la que deja constancia de nueve irregularidades y malas prácticas cometidas por la empresa desde que advirtieron el derrame. De acuerdo a Pisani, Repsol dijo al personal del buque que la contaminación estaba bajo control, pero él y su tripulación constataron que la barrera de contención que colocó el operador de la refinería “no tenía suficiente longitud para cubrir el perímetro del buque”.

La tarde del miércoles, Repsol difundió un comunicado en respuesta a la carta de protesta del capitán. La operadora de la refinería considera “importante” que el documento de Pisani señala “textualmente que ocurrió una condición anormal de mar/oleaje durante la operación de descarga en la terminal 2 causando la ruptura de los cabos de amarre y se confirma que las barreras de contención estaban desplegadas desde el primer momento”.

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Según la compañía, la demora de la solicitud de un práctico en la zona no es de su competencia. Acerca del retraso de doce horas de los buzos para inspeccionar el estado de la manguera flotante que produjo el derrame, Repsol asegura que “no pudieron ingresar debido a que las condiciones no eran seguras” y que un segundo grupo de buzos “con equipamiento especial se encargaron de realizar las inmersiones”.

Un informe del regulador del sector energético, que el lunes 17 visitó el lugar donde ocurrió la fuga, registró solo 500 metros de barreras de contención del crudo. El tanquero tiene 272 metros de longitud. El capitán del buque también dio parte de que la empresa se negó a decirle la cantidad de crudo que descargó, lo que habría permitido calcular el volumen preciso de la fuga, y tampoco le proporcionó la plantilla del control de horario de la faena.

La tarde del sábado 15, Pisani pidió a un práctico de una embarcación de Repsol que subiera al buque, “para colocar el navío en posición”, pero el tripulante encargado de las maniobras abordó siete horas después. Además añade que hasta la madrugada del día siguiente del derrame, los operadores de la refinería no habían hecho operaciones de buceo “para verificar el estado de la manguera flotante que causó el derrame”. Incluso describió cómo su nave estaba llena de petróleo.

El capitán del Mare Doricum preparó la carta de protesta el domingo, sin embargo, los representantes de La Pampilla se negaron a recibir el documento, según relató Pisani a los participantes en la reunión. Luego de la averiguación que hicieron los ministros y el congresista Edward Málaga en el buque, Ramírez dijo a la televisión estatal: “Según refiere el capitán, el tema (causa de la fuga) no era tanto por el oleaje. Estas naves tienen un gran peso -una calada de tres cuadras- y un oleaje no suele hacer mucha incidencia. Y también ha deslindado responsabilidad: la nave tiene responsabilidad desde la conexión (de las válvulas) hacia adentro del buque, lo que conecta mar adentro es responsabilidad de la empresa”, explicó el ministro de Ambiente.

El mar estuvo calmo, pues el viento no superaba los dos nudos esa tarde, relató Pisani, quien refirió que su tripulación es testigo de sus afirmaciones. El buque, que traía una carga de 987.672 barriles de crudo ligero de Petrobras, sigue en la costa del Callao, respetando una orden de no zarpar impuesta el viernes pasado por la Dirección de Capitanías, a no ser que presente una carta fianza de 39 millones de dólares. La noche del martes, el ingeniero peruano Enrique Herrera destacó que todas las compañías de hidrocarburos colocan la barrera de contención de crudo en el mar por precaución “antes de que inicien las operaciones” de descarga, pero que Repsol no aplica esa práctica en ninguna de sus cuatro terminales de la refinería La Pampilla.

Herrera participó en una serie de charlas en internet organizada por el Colegio de Ingenieros de Lima a raíz del desastre ambiental. “Esta terminal tiene muchos años, aproximadamente 40 años”, agregó. “Todo el sistema submarino es responsabilidad de Repsol y no tiene por qué no responsabilizarse por lo que ocurrió”, acotó en el panel el especialista brasileño Marcus Vinicius Lisboa, quien ha gestionado planes de contingencia frente a derrames de crudo en Petrobras.

La noche del martes circuló en Twitter el rumor de un nuevo derrame de petróleo en el mar frente a la refinería. En la mañana de este miércoles, el regulador del sector energía ha explicado en un comunicado que se trata de una filtración de ocho barriles de crudo como parte de la operación de retiro de remanente del vertido inicial. El supervisor señaló que ese vertido fue “controlado por las barreras de contención, elementos absorbentes y skimmer que ya se encontraban dispuestos en la zona como medida de seguridad” y que sus supervisores “verificaron que la situación estaba controlada”.

Cerca de la medianoche, la Dirección de Capitanías de la Marina confirmó que durante un sobrevuelo vio “una mancha oleosa” y, al preguntar a Repsol, la compañía respondió que se trataba de una filtración de “residuos de crudo” ocurrida antes de la inspección y reparación de la plataforma que une las tuberías de transporte y descarga de la refinería con las mangas del buque carguero. Poco después, la Oficina de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) precisó en un comunicado que el vertido ocurrió el martes durante una maniobra necesaria para investigar el derrame del 15 de enero.

La mañana del miércoles, Repsol difundió un comunicado sobre el vertido a 18 metros de la superficie del mar en el que descartó un nuevo derrame y lo calificó como un “afloramiento controlado de remanentes del derrame del pasado 15 de enero” que fue controlado.

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El Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado retiró este miércoles unos 2.000 galones de petróleo de una playa de la Zona Reservada de Ancón, en Perú.
El Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado retiró este miércoles unos 2.000 galones de petróleo de una playa de la Zona Reservada de Ancón, en Perú.Gobierno de Perú

El derrame de petróleo en la terminal de una refinería operada por Repsol en el mar peruano ha avanzado desde el distrito de Ventanilla -en la región Callao- hacia el norte hasta la provincia de Huaral, en la región Lima, afectando unos 50 kilómetros de litoral y al menos 1.739 kilómetros cuadrados de mar, una cifra que las autoridades ambientales actualizarán la noche del miércoles tras recorrer la zona. “Es uno de los desastres ecológicos más importantes en los últimos años y está generando un impacto gravísimo”, calificó la presidenta del consejo de ministros, Mirtha Vásquez, en una conferencia de prensa.

El vertido de unos 6.000 barriles de crudo se produjo el sábado en una infraestructura mar adentro de la refinería La Pampilla, horas después de la erupción de un volcán submarino en Tonga. La primera ministra afirmó que el Gobierno “está muy preocupado” porque la empresa lanzó una primera comunicación que “minimizaba el hecho”. “Hablaban de un derrame bastante pequeño, y se ha verificado que no lanzaron las alertas públicas correspondientes para que la población y las autoridades pudieran tomar acciones respecto de lo que se venía”, indicó.

Citando información que recibió del Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA), Vásquez dijo que Repsol emitió información inexacta pero además, según su versión, no estableció la magnitud de este derrame, y por lo mismo, no ha tenido capacidad de reacción. “Por eso recién están hablando de contratar a una empresa que pueda hacer la limpieza. Han pasado cuatro días y el desastre se sigue extendiendo debido a la falta de un plan de contingencia”, lamentó la premier.

Tine van den Wall Bake, gerente de comunicaciones de la subsidiaria peruana de Repsol, indicó que la descarga de crudo de un buque italiano a las mangueras de la refinería comenzó el viernes 14 y que al día siguiente consultaron con la Marina si había algún alerta para el litoral y, como no fue así, continuaron la operación.

Según la vocera de la empresa, la carga total era de 985.696 barriles de crudo y habían descargado 628.000 cuando llega el “oleaje anormal” el sábado y “se rompen los cabos de estribor”, describió a la emisora Radioprogramas este miércoles. La empresa informó el domingo mediante un comunicado que el “derrame limitado fue rápidamente superado”.

Consultada por la radio si Repsol es responsable del ecocidio, Van den Wall Bake respondió: “Nosotros no ocasionamos el desastre ecológico, estábamos haciendo una descarga desde el día anterior”. “Lo que se ve en ese momento (el sábado) es iridiscencia, por eso no se puede poner en marcha un plan de contingencia. El producto viajó por el fondo del mar y apareció al día siguiente”, señaló la ejecutiva de Repsol.

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La jefa de la OEFA, Miriam Alegría, comentó a este diario que dicha entidad investiga si realmente la empresa activó un plan de contingencia y colocó barreras de control como señaló en un reporte de emergencia a la autoridad ambiental.

“Sucedido el esparcimiento del derrame en las zonas contiguas (a la descarga del buque) se trataba de un derrame muchísimo mayor y eso implicaba que realicen la contención del hidrocarburo en el mar. Si el derrame se ha dispersado es porque el plan de contingencia no ha sido el adecuado: eso está en investigación”, detalló. “No tendríamos el derrame con este nivel de gravedad si hubiera barreras de contención adecuadas. Si no se hace de manera oportuna (el crudo) sigue ocupando playas contiguas”, precisó Alegría.

La tarde del miércoles, luego de una reunión entre dirigentes de siete asociaciones de pescadores de Ventanilla, los ministros de Ambiente, Energía y Minas, y Producción, y representantes de Repsol, el ministro Rubén Ramírez reportó que la empresa se ha comprometido a contratar a los pescadores en los trabajos de limpieza del petróleo y a darles “canastas de subsistencia (de alimentos)”. Son cerca de 1.000 los hombres de mar del distrito donde se ubica la refinería y no podrán trabajar por tiempo indeterminado, mientras continúan las tareas de limpieza y descontaminación del litoral y el mar.

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