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Roman Abramóvich, en la sala VIP del aeropuerto de Tel Aviv, el 14 de marzo.
Roman Abramóvich, en la sala VIP del aeropuerto de Tel Aviv, el 14 de marzo.STRINGER (REUTERS)

El oligarca ruso Roman Abramóvich ha experimentado síntomas de un supuesto envenenamiento después de asistir a una reunión en Kiev a principios de marzo, en la que intervino como negociador para poner fin a la guerra de Ucrania, según una información del diario The Wall Street Journal, que cita fuentes próximas a los implicados, y el portal de investigación Bellingcat. El servicio de inteligencia de EE UU atribuye la intoxicación, sin embargo, a motivos “medioambientales”, según información de la agencia Reuters.

Al menos dos delegados ucranios presentes en la cita han padecido los mismos síntomas que el magnate, de los que responsabilizan a los halcones del Kremlin, que, según su versión, quieren sabotear los intentos de pacificación. Pero esta versión no está demostrada aún. “La información de inteligencia sugiere que se debió a motivos medioambientales, no a un envenenamiento”, aseguró a Reuters la fuente, que habló bajó la condición de anonimato. El Gobierno ruso ha declinado comentar la noticia. Los tres afectados evolucionan favorablemente.

Las señales que hicieron sospechar a Abramóvich y al menos a dos negociadores de alto nivel de la delegación ucrania —entre ellos, el diputado y líder de la minoría tártara Rustem Umerov— fueron los ojos enrojecidos, un lagrimeo constante y molesto y la descamación de la piel en rostro y manos, entre otros síntomas compatibles con un presunto envenenamiento. Los casos del opositor ruso Alexéi Navalni y del exespía Serguéi Skripal, que debieron ser hospitalizados en estado grave aunque lograron recuperarse, recuerdan los métodos del Kremlin para acallar voces incómodas.

La información sobre el supuesto envenenamiento de los tres negociadores en Kiev procede del periodista Christo Grozev, investigador principal de Rusia en el portal Bellingcat. Fue Grozev quien concluyó que el Kremlin había intentado neutralizar a Navalni con un gas nervioso en 2020. Preguntado por la responsabilidad del Estado en el atentado contra el líder opositor, actualmente en prisión, el propio Putin ironizó asegurando que, de haber querido matarlo, sus agentes no habrían fallado.

Abramóvich, que viajó entre finales de febrero y comienzos de marzo entre la ciudad ucrania de Lviv, Moscú y Estambul para mediar entre las partes, se entrevistó en la citada reunión con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, que, según las fuentes citadas, no resultó afectado. Sin pruebas periciales resulta difícil determinar si la posible agresión se cometió mediante un agente químico o biológico, o a través de una radiación electromagnética. Grozev dijo haber visto imágenes de los efectos del ataque en Abramóvich y los delegados ucranios, pero que no se pudieron recoger muestras en Lviv, donde se hallaban, porque debían viajar con urgencia a Estambul.

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Cuando un equipo forense alemán estuvo en disposición de tomar muestras, ya había pasado demasiado tiempo para que el agente pudiera ser detectado. “No pretendían matarlos. Fue un aviso”, sostiene Grozev, según el diario neoyorquino.

A diferencia del grueso de oligarcas que constituyen el círculo íntimo de Putin, Abramovich ha sido objeto de sanciones solo por parte de la Unión Europea y del Reino Unido. Zelenski pidió expresamente a su homólogo estadounidense, Joe Biden, que se abstuviese de castigar al riquísimo dueño del club de fútbol británico Chelsea para no torpedear su mediación en las negociaciones para poner fin a la guerra, que comenzó el pasado 24 de febrero. Con importantes propiedades inmobiliarias en Manhattan (Nueva York) —que algunos representantes demócratas de la ciudad piden sean confiscadas—, Abramóvich posee la nacionalidad rusa, israelí, lituana y, en un caso polémico por el método de atribución, también la portuguesa. El milmillonario participa en la mediación a título individual, en paralelo a la negociación oficial, y también como delegado de la misma.

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Los perros estaban extremadamente inquietos cuando Pavel Kolomoizev llegó el domingo a la granja. A la entrada, en el barro, le esperaba un socavón. El disparo de mortero abombó y rompió la valla metálica. Dentro, la pared de la caseta de labor, donde los trabajadores de la finca agrícola cocinan, descansan y, a veces, duermen, está ahora sembrada de agujeros y desconchones. Las ventanas ya no tienen cristales. “Afortunadamente, esa noche no la pasé aquí”, comenta Kolomoizev. El operario, de 48 años, ojos rasgados y un gorro negro calado hasta las cejas, se pasó el día recogiendo los trozos de proyectil que quedaban, barriendo los vidrios y cubriendo los huecos grandes con plásticos. “Cuando piensas que va a haber por fin tranquilidad, que las cosas se enfrían y podemos seguir adelante, empieza todo de nuevo”, dice mientras se sirve un poco de té de un termo en una taza de loza.

Mientras se intensifica la violencia a lo largo de la línea del frente en el Donbás, donde el ejército ucranio y los separatistas prorrusos apoyados por el Kremlin luchan desde hace ocho años, pueblos como Krasnogorivka, a solo unos kilómetros de la zona roja y de las trincheras, sufren la escalada. El frágil alto el fuego firmado en 2019 (el enésimo) se ha estado incumpliendo constantemente y los ataques han sido una realidad desde que empezó el conflicto, según la misión de observación de la OSCE. Pero desde el jueves, con las tensiones entre Rusia y Occidente disparadas y el conflicto del Este de Ucrania de fondo, la situación es “mucho peor”, dice Vasili Grebinik, un minero jubilado de 73 años.

Kiev y los líderes secesionistas de Donetsk y Lugansk alzados por el Kremlin, se culpan mutuamente de los bombardeos. Dos civiles han muerto este lunes en dos ataques en Novoluhanks, en territorio controlado por el Gobierno ucranio. El domingo, los jefes de las autoproclamadas “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk, informaron del fallecimiento de dos civiles. Acusan al Gobierno del presidente Volodímir Zelenski de sabotear infraestructuras críticas y de planear un ataque para recuperar toda la región. Kiev lo niega y asegura que todo está siendo una maniobra cuidadosamente planificada, una operación falsa ideada por el Kremlin para iniciar una intervención en las regiones separatistas, que el presidente ruso, Vladímir Putin, ha reconocido este lunes como repúblicas independientes, con el argumento de proteger a la población de lo que sus asesores de seguridad han denominado un “régimen nazi”.

Al ritmo de las declaraciones políticas y el frenesí de las conversaciones diplomáticas para escalar una crisis que está tomando un tamaño mayúsculo, los bombardeos siguen tocando la región del Donbás. Los proyectiles han derribado tendidos eléctricos y dañado varias tuberías en los asentamientos más cercanos a la línea de contacto. En Krasnogorivka, un pueblo dedicado a la agricultura, llevan sin luz desde el domingo. Así que Víktor, capataz de un koljoz (granja colectiva) cercano, y varios vecinos tratan de arreglar por su cuenta, ayudados de un tractor con plataforma, el cableado y el transformador que da electricidad a la zona. “No podemos estar sin luz, sin frigorífico, algunos hasta sin calefacción,”, dice Víktor.

En el pueblo de Krasnogorivka se ha ido la luz por los bombardeos. Un grupo de vecinos trata de arreglar por sus propios medios un transformador.
En el pueblo de Krasnogorivka se ha ido la luz por los bombardeos. Un grupo de vecinos trata de arreglar por sus propios medios un transformador.María Sahuquillo

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No queda nada de la riqueza que en otros tiempos lucía en la región del Donbás, una zona industrial y minera, importante motor económico en los tiempos soviéticos. La última guerra de Europa, que se ha llevado ya unas 14.000 vidas por delante de ambos bandos y obligado a más de un millón y medio de personas a dejar sus casas, también está sangrando la economía del este de Ucrania y, en general, de todo el país. El Donbás está lleno de cicatrices de proyectiles y edificios abandonados. También de cultivos baldíos, dice Alexander Vasilievich, que solía trabajar en una compañía agrícola. “Está todo tan mal que cuesta ver cuáles son disparos nuevos y viejos”, apunta Vasilievich, encogiéndose de hombros. De fondo, a lo lejos se escucha una detonación. El hombre ni se inmuta.

En la ciudad de Mariinka, escenario de duros combates al principio de la guerra y que llegó a estar bajo control separatista un par de días, Luba Vetrova y un grupo de amigas charlan animadamente sentadas en los bancos de un parque bajo el sol de invierno. “Qué podemos hacer, no hay luz en casa”, dice Vetrova, de 69 años. Todas están furiosas. Culpan al Gobierno de la guerra y de la escalada. Creen que todo sería “mejor” si los soldados del ejército de Kiev se fuesen, alguna incluso piensa que varios de los proyectiles que caen de vez en cuando son ucranios. “Por accidente o no, yo solo sé que a mí me han roto el tejado cuatro veces. Sea quien sea nosotros estamos aquí en medio”, dice una de ellas. Vetrova, que vive de una pequeña pensión, echa de menos los tiempos de la Unión Soviética, cuando iba de vacaciones al mar Negro o a Bakú (Azerbaiyán). “Ahora llevo sin salir de aquí dos décadas”, se lamenta.

Tamara Mavrova también tiene cierta nostalgia. Pero de la ciudad que pudo ser y que quedó truncada por la guerra. “El año pasado vino el circo y compramos entradas para mi nieta. Hubo varios ataques y no pudieron actuar”, cuenta. La mujer, de 70 años, que trabajaba en un pequeño comercio hasta que la guerra lo cerró, lleva dos días sin luz y sin agua. Tiene la casa sembrada de velas y linternas, y el pasillo lleno de garrafas de agua. “Al principio de la guerra nos fuimos con unos familiares a otra zona. Pero ahora somos todavía mayores y dónde vamos a ir”, se lamenta. Asegura que, pese al paso de los años, no puede acostumbrarse a los bombardeos: “Cuando llegan me muerdo la lengua y me siento a esperar a que pasen”, dice.

Vasili Grebinik y su vecino Valeri Gobreyev frente a sus casas en Mariinka.
Vasili Grebinik y su vecino Valeri Gobreyev frente a sus casas en Mariinka.María Sahuquillo

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Dos semanas después del derrame de petróleo de Repsol en el mar de la costa central de Perú, biólogos e ingenieros de entidades públicas e independientes se han volcado en la zona para rescatar a la fauna y evaluar el impacto de la contaminación en las regiones de Lima y Callao, incluidas dos reservas naturales. El área afectada es, según el Gobierno, de unos 11.900 barriles de crudo, aunque la empresa alega que son 1.500 menos. El jefe del servicio de áreas naturales protegidas, José Ramírez Maldonado, ha asegurado que “los daños son incalculables” y un informe de una misión interdisciplinaria del Colegio de Ingenieros califica la situación como un “desastre activo” que afecta a la mortandad de aves y mamíferos.

Una de las conclusiones del informe del Colegio de Ingenieros -a raíz de la visita de 12 expertos una semana después del vertido- es que los impactos ambientales en la geología marina y costera presentan una incertidumbre “muy alta” respecto de sus efectos en el mediano y largo plazo. La autoridad ambiental ha informado a este diario de que hasta el 25 de enero estaban contaminadas 11.637 hectáreas de mar y litoral, es decir, más de 116 millones de metros cuadrados.

De estas, 512 hectáreas pertenecen a una reserva nacional de islas donde viven aves productoras de guano, un fertilizante natural, y 1.758 hectáreas corresponden a la Zona Reservada de Ancón, según detalla el servicio de áreas naturales protegidas. La playa Pocitas, en la Zona Reservada de Ancón, es una de las más perjudicadas por el derrame y por ello es uno de los puntos donde se concentran las labores de rescate. El pasado viernes, la autoridad de las áreas naturales protegidas reportó que hasta ese día los equipos del Estado habían retirado 5.000 galones de petróleo de esa bahía.

El otro lugar de rescate de fauna se ubica a unos 40 kilómetros al norte de Lima. “Registramos diariamente diez aves muertas en el islote Pescadores desde el 18 de enero que salimos a campo: chuitas, cormoranes, guanay, piqueros y pingüinos”, informó el biólogo Deyvis Huamán, especialista de la dirección de gestión de las áreas naturales protegidas. El biólogo advierte que otra de las especies afectadas es la nutria marina. “Es una especie en peligro, y si mueren nutrias por efectos de la contaminación del petróleo se podría hablar de una extinción local”, destacó el viernes pasado.

El médico traumatólogo Juan Carlos Pedraza fue la semana pasada con su esposa Eva Portocarrero, tecnóloga médica, a uno de los balnearios afectados para ayudar a los trabajadores del servicio de fauna silvestre. Cuando caminaba entre unos peñascos, vio un ave intoxicada, un guanay. “Me acerqué y la agarré del cuello y con la otra mano del pico para que no me atacara. Su plumaje estaba lleno de ese oleoso material tóxico. La llevamos al grupo que recién se alistaba para ir en búsqueda de los animales. Me trepé por las rocas que estaban empastadas de petróleo y así sin protección me lancé a rescatarla; al acercarme no intentó huir, estaba muy débil”, describe por WhatsApp.

El ecosistema marino

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El biólogo Yuri Hooker, uno de los primeros en llegar a las playas contaminadas en la primera semana del desastre, precisó que en ese área solo vivían unas diez nutrias, de acuerdo a datos del veterinario Carlos Calvo, y ya habrían muerto. “La costa peruana es árida pero tiene un mar sumamente productivo por la masa de plancton; pocos kilómetros al norte del inicio del derrame empieza una zona rocosa con varias ensenadas y es el hábitat de las nutrias, los pingüinos de Humboldt, las chuitas, y cormoranes, entre otras aves marinas”, describe.

El biólogo advierte de que hay zonas del mar en las que se ve una delgada capa de combustible, pero alerta de que en otras partes, en las que no se percibe a simple vista, también están afectados los mariscos. “Es una zona de gran abundancia de pejerrey, una especie importante para la alimentación de las aves marinas y para la pesca artesanal”, explica Hooker.

De acuerdo al biólogo, los peces invertebrados no se van a morir ahora, pero están respirando agua contaminada. “Las toxinas se acumularán en organismos como los erizos, los choros, los mariscos”, añade. El ingeniero pesquero Elmer Nieves también se refirió a ese problema: “ Hay componentes del petróleo que se disuelven en el agua y caen al fondo y estas especies filtradoras absorben rápidamente estos químicos”, explicó en una conversación virtual el pasado miércoles, después de haber visitado la zona.

Esta semana, el Ministerio de Ambiente anunció la suspensión de las operaciones de carga y descarga de hidrocarburos de la empresa Repsol en el mar “hasta que brinde las garantías técnicas de que no se va a producir otro derrame”, una decisión que ha sido tildada de “desproporcionada e irrazonable” por parte de la compañía. Según la empresa, el vertido fue causado por el “oleaje anómalo” que produjo la erupción de un volcán submarino en Tonga, una versión que ha sido negada por la Marina de Perú y por testigos que estaban en el mar a esa hora. Por otra parte, la petrolera informó el domingo del envío de más equipamiento para limpiar las zonas contaminadas como 30 skimmers, una especie de bombas que aspiran hidrocarburo.

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Tiendita Letty Vs Supermercado.

«Ellos necesitan de nuestra ayuda más que una cadena comercial», dijo una clienta de la tienda y la historia se ha viralizado en redes sociales.

Noticias Internacionales.

Una tienda de barrio llamada «Tiendita Letty», es viral en redes sociales por cuenta de una clienta que conoció de cerca, lo difícil que es para estos negocios, sobrevivir cuando se tiene una competencia grandes cadenas de supermercados en la misma zona.

Una joven llegó al pequeño establecimiento ubicado en alguna ciudad de México, a comprar una gaseosa y otros mecatos. Luego de terminar su compra y cuando se subía al carro, la clienta escuchó una voz que la dejó pensativa y reflexionando acerca de esta temática.

«Viejo ya tengo para el gas, bendito Dios», fue la expresión de la persona que le recibió el dinero en la tienda segundos antes.

Al parecer, las ventas habían estado duras y en este mes de enero no les había alcanzado para pagar los servicios públicos.

«El motivo por el cual les comparto mi experiencia es para que por favor en vez de consumir sabritas, sodas etc en algún supermercado u otras cadenas comerciales, consumanos más en los puestos, changarritos, al Sr. o Sra. que vende sabritas, duros en su triciclo etc», sugirió la joven al ver de cerca la difícil situación que atraviesan muchos negocios de barrio a los que en muchas ocasiones le es difícil competir con los precios de los hipermercaods.

«Ellos lo necesitan mucho más que cualquier cadena comercial. Ayudémonos entre todos a salir adelante», terminó con su reflexión.

Vea: Por ‘la letra chiquita’ en los descuentos ofrecidos, millonaria sanción a Tiendas Olímpica

En redes sociales muchas personas han comentado esta historia por corta que sea pero que deja un mensaje muy claro y de reflexión para la comunidad.

«Enfrente de mi casa tengo dos tiendas y a  las dos les compro, porque el sol sale para todos», «Yo compro en las tienditas cerca de mi casa muy cierto», «Hola, excelente propuesta. Además en los supermercados todo es más caro y jamás conoceremos a los dueños. Y los de las tiendas de la esquina son de carne y hueso y mortales como nosotros», fueron algunos de los comentarios.

Propietarios de tiendas de barrio también comentaron esta historia:

«Bendiciones para todos los que siguen consumiendo nuestros productos en la tiendita de la Esquina, en los vendedores ambulantes mil gracias ya q ha sido y seguira siendo el sustento de muchas familias. Además, tambien encuentra sus frutas y verduras con mucha calidad y sobretodo a un buen precio y así nos apoyamos unos a otros», dijo la dueña de uno de estos establecimientos.

«Bendiciones a mis vecinas por comprar en mi tiendita el Jazmín de jardines universidad», dijo otra propietaria de una tienda de barrio.

Otra historia similar

En 2019, Doña Margarita después de 40 años de tener su punto cotizado con su tiendita de barrio vio «amenazado» su negocio por la instalkación de un hipermercado en frente de su negocio.

También, ella entiende que a pesar de que esas tiendas ofrecen precios un poco más bajos, existen otras fortalezas en su negocio: «La clave está en la atención al cliente y manejar buenos precios», dijo.

«Nos gusta tratar a la gente, con cariño, con amabilidad, no nos gusta que venga un cliente y le mostremos tremenda cara, no, al contrario, nos gusta relacionarnos con las personas, ser amables, cariñosos», manifestó Doña Margarita.

Sabe que con la llegada de supermercados su venta ha disminuido pero se mantiene confiada de qe todo mejorará.

«Nos bajó la venta no solo a mí, hasta la panadería si me bajó mucho, pero ahorita yo le doy gracias a dios que lo poco que yo venga, para mí que bienvenido no anhelo tener riquezas», expresó la mujer de 80 años, quien con su negocio ha sacado adelante a sus familiares.

Foto de portada:@computerhoy / @mariscosnava

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