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El tribunal rechazó la propuesta de otorgarle prisión domiciliaria. En el mejor de los casos, podría llegar a pagar una multa de más de 220 millones de pesos. Un tribunal de Moscú sentenció este martes 12 de abril a casi dos meses de prisión preventiva a un ciudadano colombiano acusado de difundir en redes sociales “noticias falsas” sobre la ofensiva militar rusa en Ucrania. Estas acciones podrían costarle hasta 10 años de cárcel.

“El tribunal satisfizo la demanda de la instrucción de poner bajo prisión preventiva al ciudadano colombiano Alberto Enrique Giraldo Saray hasta el 8 de junio”, informó la portavoz del Tribunal Basmanni de Moscú, Yekaterina Burávtsova, citada por Interfax. Según la representante de la corte, el tribunal rechazó el recurso de la defensa que solicitaba una medida cautelar menos severa, en la que se contemplaba incluir un posible arresto domiciliario.

Al ciudadano colombiano, que reside en el país desde hace varios años, se le imputa el delito tipificado por el artículo 207 del Código Penal ruso, que castiga “la difusión pública de información falsa bajo la apariencia de informaciones verídicas sobre las Fuerzas Armadas de Rusia”.

Según los investigadores, el colombiano, quien dirigió en Moscú un negocio particular de repostería, difundió las presuntas noticias falsas en sus redes sociales, aunque no especificaron cuáles fueron las informaciones dudosas. En caso de que se pruebe su culpabilidad, Giraldo Saray podría recibir una multa entre 3 y 5 millones de rublos [unos 40.000 a 67.000 dólares], o en el peor de los casos podría ser condenado a cinco años de trabajos sociales obligatorios o una pena de cárcel de entre 5 y 10 años.

La hermana de Alberto Enrique, Diana Bonilla Saray, le explicó publicamente la situación, la cuál conoce mediante la ex esposa y madre de las dos hijas de 'Beto', como lo conocen y quien lleva 23 años residiendo en Rusia.

"A mi hermano lo arrestaron el domingo, llegaron a su apartamento, a él le negaron la casa por cárcel, por eso estamos intentando realizar una apelación con los abogados para que le den al menos ese beneficio mientras sale el veredicto final".
"Estamos muy sorprendidos con esta noticia, él ahora está incomunicado, no he podido hablar con él, todo lo que sé es que la situación está muy complicada", expresó Bonilla Saray.

La familia intenta reunir dinero para cubrir los costos de los abogados y posiblemente la fianza, dinero que más adelante esperan poder recolectar con ayuda de quienes deseen contribuir a la causa, pero aún no han definido lo que harán al respecto.

Por su parte, la mujer señaló que su hermano no emitía juicios sobre la situación, sino que solo reposteaba noticias, por lo que cree que su hermano ha servido para "hacerle publicidad a la ley que tiene 15 de días de haber salido".

"Si se fijan en todos los medios internacionales ha salido que lo arrestaron bajo la ley y por esos cargos y están es como haciendo publicidad y dimos con la mala fortuna de que nos pasara a nosotros", finalizó Diana.

 

La Federación Rusa ha declarado que no reconoce el estatus de combatiente de los voluntarios extranjeros que se han unido a las fuerzas armadas ucranianas. Esto significa que estos voluntarios, si son capturados por las fuerzas rusas, serán tratados como si fueran mercenarios o terroristas. 

Esto suena mal, pero en la práctica, no hay ninguna diferencia. Todos los militares ucranianos capturados, extranjeros o ucranianos, viejos o jóvenes, hombres o mujeres, la pasarán muy mal.

Como ya hemos visto hasta ahora (y ya sabíamos por otros conflictos en los que se involucró personal militar ruso), a Rusia no le importa si eres un soldado o un civil, un médico o un periodista, e incluso si eres una mujer embarazada. Mientras te encuentren en el lado del enemigo, eres carne de cañón para ellos.

Ser un extranjero que lucha por Ucrania no cambiara mucho las cosas.

 



La única respuesta de las autoridades rusas ante las decenas de imágenes de civiles asesinados en Bucha es que estas han sido “escenificadas”. “Mijaílo Podoliak (el jefe de los negociadores ucranios) ha mostrado estas tomas escenificadas como excusa para solicitar armas a los países occidentales”, ha asegurado el Ministerio de Defensa en el primero de sus dos comunicados publicados este domingo, donde ha ofrecido al mismo tiempo dos versiones de los mismos hechos: o algunos cuerpos eran actores, o habían muerto por los bombardeos ucranios.

“Ni un solo habitante ha sido herido por cualquier tipo de acción violenta durante el tiempo en que la ciudad estuvo bajo el control de las fuerzas armadas rusas”, ha asegurado Moscú antes de decir que “todas las fotos y vídeos publicados por el régimen de Kiev que supuestamente evidencian “crímenes” cometidos por los militares rusos son otra provocación más”.

“Las publicaciones sobre Bucha aparecieron en varios medios extranjeros a la vez, parece una campaña mediática planificada. Dado que las tropas abandonaron la ciudad el 30 de marzo, ¿dónde estaban estas imágenes hace cuatro días?, su ausencia solo confirma la falsificación”, dice Moscú.

Los primeros periodistas en poder llegar a una zona que todavía sigue minada revelaron la matanza al mundo este sábado, y el resto de medios se hicieron eco un día después. Los reporteros Simon Gardner, Zohra Bensemra y Abdelaziz Boumzar contaron en su crónica cómo algunos cuerpos llevaban “días, sino semanas”, en descomposición en plena calle. “Los vecinos contaban que los habían matado durante aquel mes largo de ocupación”, recogía el artículo, acompañado también por numerosas pruebas de aquella matanza.

El Ministerio de Defensa ruso negó este domingo la versión de los reporteros que han sido testigos in situ. “Es especialmente preocupante que en las imágenes difundidas por el régimen de Kiev todos los cuerpos no se han endurecido después de cuatro días ni tienen las características marcas cadavéricas ni sangre coagulada en las heridas”, decía Moscú. Sin embargo, varias imágenes tomadas por los fotógrafos si constataban cierta descomposición en los cuerpos.

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“No está claro por qué no han sido enterrados”, decía Reuters en su crónica. “El alcalde Anatoli Fedoruk dijo que más de 300 habitantes habían sido asesinados. Además, una fosa común situada junto a una iglesia aún sigue abierta, con manos y pies sobresaliendo a través de la arcilla roja apilada en la parte superior”, continuaba la descripción de aquel horror.

El Ministerio de Defensa ruso ha hecho hincapié en que el alcalde anunció el 31 de marzo que la ciudad había sido liberada, “pero ni siquiera mencionó que hubiera en la calle algún vecino tiroteado con las manos atadas”. No obstante, una concejala del ayuntamiento, Ekaterina Ukraintseva, advirtió de que era peligroso entrar a la ciudad “debido a las minas y trampas puestas por los rusos”.

Por otro lado, el Ministerio de Defensa ruso mostró un fragmento de otro vídeo donde la carretera estaba plagada de cadáveres. La calidad de imagen de la publicación rusa es muy inferior a la del vídeo original que se puede encontrar en las redes sociales, y Moscú aseguraba que uno de los cuerpos movía una mano. Sin embargo, varios medios rusos que han sido bloqueados dentro del país, como Dozhd, Mediazona y Meduza, recalcan que en las imágenes con más definición se puede apreciar que no es una mano haciendo un movimiento extraño, sino solo un efecto óptico del parabrisas.

“Bombardeos de las tropas ucranias”

Además de esta versión, Moscú también acusa a Kiev de haber matado a los civiles. “Las afueras fueron bombardeadas 24 horas al día por las tropas ucranias con artillería de gran calibre, tanques y sistemas de lanzamiento de cohetes múltiples”, afirma el Ministerio de Defensa ruso. Sin embargo, ni las crónicas de Reuters ni de otros medios que han entrevistado a los supervivientes recogen denuncias de que hubieran sido atacados tras la marcha de los rusos.

Otro de los primeros medios en llegar fue la agencia AFP, cuyo reportero afirmó haber visto al menos dos decenas de cadáveres tirados en una calle, algunos de ellos maniatados. Según Moscú, “la fosa común con los cuerpos fue hecha por las fuerzas armadas ucranias porque hace más de un mes bloquearon la ciudad al volar el puente cercano a Irpin”.

“Cuánto duelen los comentarios de los negacionistas desde aquí… y después de visitar Irpin y hablar con los evacuados de Bucha”, escribía este domingo en su perfil de Twitter Almudena Ariza, reportera de RTVE que ha sido testigo de los hechos.

Según el Pentágono, “menos de un 20%” del ejército ruso se ha retirado de las inmediaciones de Kiev de forma desordenada. El presidente ruso, Vladímir Putin, justificó la orden de atacar Ucrania con que el país sería “desarmado y desnazificado” y protegería así a las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk de un “genocidio”.

Según los datos que ha podido recopilar Naciones Unidas, al menos 1.417 civiles han muerto y 2.038 más han resultado heridos en toda Ucrania hasta el 2 de abril, aunque la cifra podría ser mucho mayor por no poder acceder a muchas zonas que han sido ocupadas o asediadas. Del recuento total, 67 civiles han muerto en las zonas separatistas de Donbás.

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La invasión rusa de Ucrania ya tiene una atrocidad con nombre propio para la historia de los presuntos crímenes de guerra: Bucha. La Unión Europea y gran parte de la comunidad internacional han reaccionado este domingo con estupor ante el descubrimiento de las matanzas cometidas en esa localidad al norte de Kiev. Se trata de la primera prueba tangible y visible de la muerte y devastación en las zonas ocupadas por las tropas del presidente ruso, Vladímir Putin, que asediaban la capital ucrania. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha asegurado que la UE colaborará con Ucrania y con las ONG para recabar las pruebas necesarias para juzgar las atrocidades del ejército ruso ante los tribunales internacionales.


 

A la condena de Bruselas se han unido Estados Unidos, en boca de su secretario de Estado, Antony Blinken, que ha manifestado que las imágenes de Bucha son un “puñetazo en el estómago” y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, que ha calificado de “brutalidad” el asesinato de civiles en esta localidad a las afueras de la capital ucrania. Esta condena internacional coincide con la publicación de un informe de la organización Human Right Watch sobre posibles crímenes de guerra en varios puntos del frente norte de la guerra.

 


Las imágenes de Bucha han revelado, tal vez por primera vez desde el inicio de la guerra el pasado 24 de febrero, la magnitud de la violencia provocada por la guerra de Putin contra un país vecino. Tras la retirada del ejército ruso, las fuerzas ucranias han encontrado decenas de civiles muertos y abandonados en plena calle y fosas comunes con cadáveres a medio enterrar.

“Consternada por las informaciones sobre crímenes indescriptibles en las zonas donde se han retirado las tropas rusas”, se ha pronunciado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. La dirigente comunitaria ha reclamado “una investigación internacional independiente” y ha asegurado que “los perpetradores tendrán que rendir cuentas”.


 

El presidente del Consejo Europeo no tiene dudas sobre quiénes son los responsables. Charles Michel se ha declarado “conmocionado por las impresionantes imágenes de las atrocidades cometidas por el ejército ruso en la región liberada de Kiev”. Michel ha prometido a Ucrania que se redoblarán las sanciones contra Rusia y que continuará la ayuda de todo tipo, incluida la militar, para que el país resista el ataque de Putin.


Pocos días después de que Putin ordenase el inicio de la ofensiva, un convoy ruso trató de cruzar la localidad de Bucha de camino a la capital, pero cayó en una emboscada. A esta derrota temporal le sucedieron numerosas embestidas de fuerzas enviadas por el Kremlin hasta la toma completa de la localidad. Tras el anuncio de Moscú el pasado 29 de marzo de una reducción de operaciones en el norte de Kiev, Ucrania relanzó la batalla para recuperar, dos días después, el control de Bucha. La huella de la batalla ha dejado tirados en las calles una veintena de cadáveres, algunos con las manos atadas.


 

El alcalde Bucha, Anatoli Fedoruk, ha manifestado que hay cerca de 300 cuerpos enterrados en una fosa común. “Algunos estaban tirados en la acera, otros al lado de un coche o de una bicicleta,” afirmó en un vídeo difundido por Facebook.

Dura reacción desde Berlín

La condena también ha sido generalizada en otras capitales europeas. El Gobierno alemán, uno de los más reacios a la ruptura total con Moscú, ha indicado que impulsará una nueva batería de sanciones, aunque no ha concretado si afectarán a las exportaciones energéticas rusas a la UE, que reportan cada día unos 700 millones de euros a las arcas de Putin. La presión para apoyar medidas más duras aumenta en Berlín. La ministra de Defensa alemana, Christine Lambrecht, ha afirmado en una entrevista en la televisión pública que es el momento de estudiar la prohibición del gas ruso.

Las atrocidades cometidas “por Putin y quienes le apoyan” van a tener “consecuencias”, ha dicho el canciller alemán, Olaf Scholz: “Vamos a decidir nuevas medidas con nuestros aliados en los próximos días”, ha afirmado, en una frase que no figuraba en el comunicado que había hecho público unas horas antes. “Continuaremos poniendo armas a disposición de Ucrania para que el país pueda defenderse de la invasión rusa”, ha añadido durante una comparecencia en la Cancillería este domingo. El canciller ha calificado las muertes de civiles como “crímenes de guerra”, y ha pedido que la Cruz Roja haga una evaluación independiente sobre el terreno, informa Elena G. Sevillano.

El vicecanciller alemán, Robert Habeck, ha señalado que “este terrible crimen de guerra no puede quedar sin respuesta”. Y se ha mostrado partidario de “endurecer las sanciones”. “Estamos trabajando en ello con nuestros socios de la UE”, ha apuntado Habeck. Berlín, sin embargo, alude a la quinta ronda de sanciones, que ya estaba en preparación antes del golpe de Bucha y que aspiraba, sobre todo, a mejorar la efectividad de las cuatro primeras rondas.

Polonia y los países bálticos, entre otros socios comunitarios, piden desde hace semanas que se aseste un golpe definitivo a las finanzas de Putin poniendo fin a la compra de gas, petróleo y carbón rusos. El temido impacto de esa decisión en las economías europeas y muy en particular en la alemana ha impedido hasta ahora dar ese paso. El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, ha advertido además que no apoya ese tipo de sanción, lo que resquebrajaría la unidad europea mantenida desde el inicio de la guerra.

Las imágenes de Bucha refuerzan a los partidarios de la mano dura. Y probablemente lograrán, como mínimo, un endurecimiento de las sanciones que se estaban ultimando. “Lo ocurrido en Bucha debe tener un impacto en un quinto paquete de sanciones”, ha defendido la ministra alemana de Exteriores, Annalena Baerbock.

Un cuerpo abandonado en una calle de Bucha, este domingo.
Un cuerpo abandonado en una calle de Bucha, este domingo.Luis de Vega

Las sanciones impuestas hasta ahora han golpeado duramente a la economía rusa. Obligaron a mantener cerrada la Bolsa de Moscú durante un mes para evitar una estampida de los inversores, a doblar los tipos de interés para frenar la inflación y la retirada de ahorros, y a imponer un corralito parcial para impedir la salida de capital al exterior.

Pero no hay constancia de que hayan dañado la capacidad de Putin para financiar su agresión armada contra Ucrania. La retirada de tropas rusas se atribuye más bien a la fuerte resistencia de Ucrania y a los errores tácticos y estratégicos cometidos por el Kremlin. El ministro francés de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, se ha mostrado partidario de reforzar la presión económica para “obligar a las autoridades rusas a poner fin a la guerra”.

Fuentes comunitarias apuntaban hasta ahora que era necesario reservarse munición para castigar a Putin en función de lo que ocurriese en el campo de batalla. Y aunque ya se había empezado a estudiar el impacto de un corte del suministro de gas y los planes de contingencia para capearlo, se consideraba que esa posibilidad era la sanción de último recurso.

La amenaza de un ataque químico o nuclear en territorio ucranio, un riesgo apuntado por la OTAN, parecía el gatillo necesario para descargar todo el arsenal de sanciones contra Rusia. Pero las imágenes de Bucha pueden acelerar el paso si la reacción de la opinión pública europea demanda una respuesta contundente como ocurrió tras el estallido de la guerra. La primera ronda de sanciones se endureció rápidamente a la vista de la resistencia planteada por el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y la reacción a su favor de gran parte de la población europea.

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Mariupol es un punto clave en el mapa de la ofensiva rusa. Se encuentra entre la península de Crimea, controlada por Rusia desde 2014, y la región separatista del Donbás, donde el presidente ruso Vladímir Putin ha declarado que centrará los esfuerzos de su invasión a partir de ahora. Mariupol es el “puente de tierra” entre las dos zonas, es decir, la conexión entre estas áreas separadas. Y, además, tiene un puerto en el mar de Azov.

A través de seis imágenes de satélite se puede observar el impacto de la invasión sobre esta ciudad, donde se han registrado 5.000 muertes en poco más de un mes como resultado de los ataques, según las autoridades locales.

8 de enero | Los focos de calor en la capital del acero

Un mes y medio antes de la invasión, los satélites Sentinel-2 de la Agencia Espacial Europea y Landsat de la NASA mostraban Mariupol como lo que era en tiempos de paz: una ciudad portuaria con una industria metalúrgica que le valía el sobrenombre de “capital del acero” de Ucrania. Los sensores de estos aparatos permiten captar focos de calor en la ciudad que normalmente se asocian a incendios o industrias cuya actividad emite calor visible, por ejemplo, en chimeneas.


Focos de calor procedentes

de la actividad industrial

Fábrica metalúrgica

de Azovstal

Focos de calor

procedentes de

la actividad industrial

Fábrica metalúrgica

de Azovstal


En la imagen se aprecian esos puntos en un día cotidiano en los altos hornos ubicados al norte y en la extensa fábrica de Azovstal, a orillas del mar de Azov, mientras en las zonas residenciales no se detecta nada. Tras el comienzo de la guerra, los focos de calor se han convertido en un diario de los bombardeos, explosiones y fuegos que rodean al conflicto.

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9 de marzo | Asedio y bombardeos

Los primeros pasos de las tropas rusas evidenciaron su avance hacia Mariupol desde diferentes direcciones. Según Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), el 26 de febrero ya habían tomado la vecina ciudad de Berdiansk, al oeste, y las localidades de Pyschevik y Pavlopol ubicadas al este, en el camino desde el Donbás. A lo largo de este mes, la intensa nubosidad sobre la región impidió las mediciones del satélite.


Primeros focos de calor fruto

de la guerra

Rusia se acerca por el este,

Livoberezhnyi comienza a

recibir ataques

Ataque al hospital

materno-infantil

El 9 de marzo se detectan los

primeros focos de calor fruto

de la guerra

Las tropas rusas se acercan

por el este y el distrito de

Livoberezhnyi comienza a

recibir ataques

Ataque al hospital

materno-infantil


A inicios de marzo, los primeros claros dejaron patente cerco a la ciudad y arreciaron los bombardeos dirigidos a infraestructuras críticas y zonas residenciales. El ISW interpretó esta estrategia como un intento de destruir la urbe o forzar la rendición de sus habitantes. El día 9, durante el alto al fuego que debía facilitar las evacuaciones en los corredores humanitarios pactados por Kiev y Moscú, las bombas alcanzaron un hospital materno-infantil. Tres personas murieron en el ataque, entre ellas un niño.

Una mujer entre las ruinas del hospital. Evgeniy Maloletka.

Una sanitaria en el interior del edificio. Evgeniy Maloletka.

14 de marzo | Brutalidad sin avances

Rodeada la ciudad, los rápidos progresos rusos de las semanas anteriores dieron paso a un tenso paréntesis impuesto por los arduos esfuerzos de ambos bandos en el ataque y defensa de la ciudad portuaria. Las tropas rusas lograron pequeños avances sobre el territorio. Uno de ellos fue la toma de la fábrica de Azovstal, que sufrió un intenso bombardeo cuatro días más tarde. El líder checheno, Ramzan Kadyrov, afirmó el 14 de marzo que 5.000 de sus soldados están luchando cerca de Mariupol.

Un análisis de imágenes satelitales de la misma fecha publicado por UNOSAT cifraba en 773 los edificios dañados en el transcurso del conflicto en los distritos de Livoberezhnyi y Zhovtnevyi Districts. Entre estos hay ocho colegios y cuatro hospitales.


Landsat 8 captura la estela de un avión y su sombra. Se ha interpretado como el rastro de un posible bombardeo

Los ataques rusos alcanzan también el oeste de la ciudad

El 14 de marzo Landsat 8 capturó la estela de un avión y su sombra. Algunos expertos lo han interpretado como el rastro de un posible bombardeo

Los ataques rusos alcanzan también el oeste de la ciudad

Misiles lanzados contra las instalaciones de Azovstal el 18 de marzo (destacados en amarillo).
azov.org.ua

19 de marzo | Destrucción del teatro de Mariupol

La completa desaparición de la actividad industrial en la ciudad se aprecia con claridad en la imagen del 19 de marzo. Las mayores concentraciones de focos de calor se ubicaban entonces en el centro, donde tres días antes se erguía el teatro de Mariupol. El bombardeo a este edificio se saldó con la muerte de unas 300 personas que se refugiaban en su interior, según las autoridades locales.

De acuerdo con el ISW, las tropas rusas se encontraban el 18 de marzo a diez kilómetros del centro y los barcos de guerra que cruzaban el Bósforo hacia el mar Negro era indicio de la proximidad de una operación anfibia pensada para rodear la ciudad por completo.


No se observa ninguna actividad en los complejos industriales

Los ataques rusos alcanzan también el oeste de la ciudad

No se observa ninguna actividad en los complejos industriales

Los ataques rusos alcanzan también el oeste de la ciudad



Vista del teatro de Mariupol (Ucrania). El 19 de marzo (a la izquierda) y el 14 de marzo.

Vista del teatro de Mariupol (Ucrania) el 19 de marzo (a la izquierda) y el 14 de marzo. AFP.

21 y 22 de marzo | Lento avance, constante bombardeo

Las imágenes superpuestas de los días 20 y 21 de marzo muestran una intensidad de la actividad bélica que, sin embargo, no se tradujo en progresos notables de las tropas rusas sobre el terreno. Lo que sí es apreciable es la huella de las deflagraciones: las áreas donde que los satélites ubican focos de calor aparecen al día siguiente oscurecidas por el fuego.

Imágenes publicadas en las redes sociales situaban entonces a los soldados chechenos en las inmediaciones del complejo industrial de Azovstal, y el ISW señalaba que el ejército de Putin estaba reforzando sus posiciones de artillería al noreste de Mariupol.


Las tropas rusas refuerzan sus posiciones de artillería

Las tropas rusas refuerzan sus posiciones de artillería


Vista aérea de Mariupol el 23 de marzo

29 de marzo | Caída inminente

El cambio de estrategia anunciado por Rusia el 25 de marzo, un día después de que las tropas entrasen en el centro de Mariupol, no redujo la intensidad de los ataques sobre la ciudad. Durante la última semana, las fuerzas rusas han continuado su avance, calificado como “lento y probablemente doloroso” por el ISW.

De acuerdo con las últimas estimaciones de las autoridades locales, 140.000 residentes habían abandonado la ciudad antes del comienzo del asedio y otras 150.000 se marcharon después, con lo que aún seguirían ahí unas 170.000 personas sin acceso a alimentos, agua, electricidad, calefacción o atención médica. El 24 de marzo, un ataque ucranio complicó la llegada de refuerzos enemigos al hundir dos barcos rusos que se encontraban en la vecina localidad de Berdiansk. Pese a la resistencia local, la caída de Mariupol se considera inminente desde hace días y un 90% de sus edificios han sido dañados, según la alcaldía.


El 24 de marzo las tropas rusas penetran en el centro de la ciudad

El 24 de marzo las tropas rusas penetran en el centro de la ciudad


Una profesora y un trabajador metalúrgico cocinan en la entrada de un sótano el 30 de marzo. Alexander Ermochenko (Reuters).

Un soldado prorruso camina entre las ruinas de un edificio residencial el 30 de marzo. Alexander Ermochenko (Reuters).

Una mujer monta en bicicleta ante los restos de un autobús quemado el 29 de marzo.Alexei Alexandrov (AP).

Un convoy prorruso en una carretera que lleva a Mariupol el 28 de marzo. Alexander Ermochenko (Reuters).

Metodología:

Los sensores de los satélites Sentinel-2 de la Agencia Espacial Europea y Landsat 8 de la NASA ‘ven’ más allá de las bandas espectrales que percibe el ojo humano. Gracias a estos sistemas, una imagen parecida a la que tendríamos desde la ventana de un avión se amplía con bandas espectrales adicionales que permiten obtener medidas como la vitalidad de la vegetación o, en este caso, los focos de calor visibles sobre el terreno.

En este análisis se han combinado las imágenes que muestran el color verdadero del terreno con los puntos de calor que se detectan combinando rangos espectrales de infrarrojo cercano y de onda corta.

Fuentes:

Sentinel-2 (Agencia Espacial Europea), Landsat 8 (NASA), Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), Center for Information Resilience (Cen4InfoRes)

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El director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, ha explicado este viernes que los niveles de radiación en el entorno de la antigua central nuclear de Chernóbil, en Ucrania, son “bastante normales”. No obstante, ha advertido, durante una rueda de prensa en la sede del organismo en Viena, de que “había un nivel relativamente más alto de radiación” en algunos puntos localizados por el polvo que levantaron los vehículos militares rusos, que el pasado febrero tomaron la central.

Las tropas rusas transfirieron este jueves “por escrito” el control de la central a personal ucranio. “Y desplazaron dos convoyes de tropas hacia Bielorrusia”, según informó ayer la OIEA, que esta semana se ha reunido con delegaciones rusas y ucranias para investigar la seguridad en la planta.

“Tengo un acuerdo marco sobre seguridad nuclear y seguridad en Ucrania”, ha explicado Rossi. Pero ha sido alcanzado “por separado” con Kiev y Moscú, ha avisado. El jefe de la OIEA llegó a Ucrania a principios de esta semana y posteriormente viajó a Rusia, donde se ha visto este viernes con el director general de la agencia nuclear (Rosatom) y otros altos cargos. La reunión ha tenido lugar en Kaliningrado, un territorio a orillas del mar Báltico.

Grossi ha reconocido que estaba al tanto de la información que aseguraba que algunos soldados rusos se habían envenado por radiación mientras controlaban la planta de Chernóbil, que el 26 de abril de 1986 sufrió el peor accidente nuclear de la historia. Sin embargo, ha señalado que el Kremlin no ha explicado por qué ha devuelto a Ucrania la central, aunque es un paso, en su opinión, “indudablemente en la buena dirección”. En las últimas semanas, Grossi había alertado del riesgo de que se produjese un accidente en zonas como Chernóbil o Zaporiyia, también en Ucrania, que alberga la mayor central nuclear de Europa.

El jefe de la OIEA ha anunciado que visitará la antigua central nuclear de Chernóbil, aunque no ha aclarado cuándo viajará más allá de decir que lo hará “muy, muy pronto”. Será, según ha dicho, “la primera de varias” visitas para garantizar la seguridad de las centrales nucleares de Ucrania. Además, ha señalado que el organismo ha estructurado un plan de asistencia para el país, que comenzará la próxima semana, y que permitirá enviar expertos “casi inmediatamente” en caso de emergencia.

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Grossi ha querido transmitir un mensaje de tranquilidad al recordar que Ucrania, un país que depende de la energía nuclear para satisfacer alrededor de la mitad de sus necesidades energéticas, tiene experiencia en gestionarla, al igual que Rusia. Pese a ello, ha garantizado asistencia y supervisión internacional, especialmente en el contexto bélico que vive el país tras el ataque ordenado el pasado 24 de febrero por el presidente ruso, Vladímir Putin.

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Ambiente sombrío, lenguaje sin vaselina diplomática y advertencias directas y tajantes. La cumbre de la UE con China, celebrada por videoconferencia este viernes, ha sido probablemente una de las más tensas de las 23 citas bilaterales que han mantenido los dos gigantes comerciales desde 1998. Los líderes comunitarios han exigido al presidente chino, Xi Jinping, que abandone su calculada equidistancia a favor de Rusia en la guerra de Ucrania y que se implique a fondo para imponer la paz. Sin apenas miramientos, la UE ha advertido a Pekín que con su indiferencia se está jugando su reputación internacional, unas palabras que evocan la sombra del estatus de Estado paria que Occidente intenta imponer a Rusia con sus sanciones. Los líderes han recordado a Xi que el daño a su imagen ya ha provocado una estampida empresarial e inversora en Rusia, un peligro que acecharía también a China si apoya la guerra del presidente ruso, Vladímir Putin.

“Esta cumbre no ha sido una más”, ha reconocido el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, al término del encuentro con Xi. Michel ha subrayado que “China no puede cerrar los ojos ante las violaciones rusas del derecho internacional” y ha urgido a Pekín a que “ayude a parar la guerra en Ucrania”.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, añadía, por su parte, que la reunión ha transcurrido “en una atmósfera muy sobria, con la guerra de Rusia contra Ucrania como telón de fondo”. Ambos han definido el diálogo con Xi y con el primer ministro chino, Li Keqiang, como “franco y abierto”, términos que aluden a la contundencia con que Bruselas y Pekín han defendido sus respectivas posiciones.

El ministerio chino de Exteriores, en un comunicado, también ha calificado la conversación como “sincera” y “en profundidad”. Lejos de comprometerse con la presión sobre Rusia que han reclamado Michel y Von der Leyen, Pekín se limita a indicar que Xi “siempre está del lado de la paz” y “alienta las conversaciones de paz a su manera”.

Imagen de la cumbre virtual entre la UE y China, este viernes.
Imagen de la cumbre virtual entre la UE y China, este viernes.OLIVIER MATTHYS / POOL (EFE)

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Desde el comienzo del conflicto, China ha adoptado una posición de “neutralidad escorada” hacia Rusia, su socio estratégico, y ha rechazado condenar el ataque ruso, que evita calificar de “invasión” o “guerra”. Se opone a las sanciones internacionales y responsabiliza del conflicto a la OTAN y Estados Unidos por no haber tenido en cuenta las “preocupaciones de seguridad legítimas” de Rusia.

Xi ha reiterado en la cumbre esa posición, al sostener que “la raíz de la crisis en Ucrania está en las tensiones de seguridad regionales que se han creado en Europa a lo largo de los años”, y ha instado a abandonar la “mentalidad de la Guerra Fría” en las arquitecturas de seguridad regionales y globales.

La UE exige a China que asuma su responsabilidad como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y utilice su ascendiente sobre Moscú para detener la guerra cuanto antes. “También hemos dejado muy claro que China debe como mínimo no interferir en nuestras sanciones [a Rusia] si no las apoya”, ha advertido Von der Leyen.

Bruselas no amenaza expresamente a Pekín con imponerle sanciones en caso de que tercie a favor de Putin, con apoyo financiero o militar. Pero los líderes europeos han advertido a Xi de que las multinacionales están observando y evaluando la posición de cada país en el conflicto con vistas a decidir las inversiones a largo plazo.

“China se está jugando su reputación”, ha advertido Von der Leyen. Y los líderes comunitarios han recordado al presidente ruso que el daño reputacional ya ha provocado una estampida de empresas europeas en Rusia, una fuga que podría repetirse en el gigante asiático si la opinión pública europea percibe que Pekín apoya o financia la invasión de Ucrania, la muerte de civiles y la destrucción de infraestructuras neurálgicas en ese país.

El lado europeo no ha dudado en recordar a Xi la importancia del mercado comunitario para las exportaciones chinas. El comercio entre ambos bloques asciende a 2.000 millones de euros al día, mientras que el de China con Rusia es de 330 millones, según datos de la Comisión Europea.

Bruselas también ha tentado a Pekín con la calidad de las vacunas europeas contra la covid-19, desarrolladas con una nueva tecnología (ARN) a la que los investigadores chinos no parecen tener acceso de momento. “Siempre estamos dispuestos a compartir conocimiento y apoyo en esta materia”, ha ofrecido Von der Leyen tras recordar que en estos momentos la UE tiene al 70% de la población vacunada y al 52% con dosis de refuerzo, mientras que en China la pandemia todavía bloquea el 30% de la economía y al 25% de la población.

China, en cambio, ha culpado a Europa y a la comunidad internacional en general de “echar leña al fuego e intensificar las tensiones” con su castigo económico a Moscú. Y considera inaceptable lo que ha calificado como una alteración “por capricho” del sistema económico global y una “instrumentalización de la economía global como arma”.

Xi ha advertido que las drásticas medidas adoptadas por Occidente para golpear a Rusia pueden acarrear “graves crisis” en sectores como las cadenas de suministro, el comercio, las finanzas globales, la energía o la alimentación. Y que si las relaciones se deterioran aún más “podrían hacer falta años, si no décadas, para volver a enderezar la situación”.

“Las sanciones también tienen un precio para nosotros en Europa, pero es el precio por defender la libertad y la democracia”, ha afirmado Michel. Y ha advertido a China: “Estaremos vigilantes ante cualquier intento de circunvalar las sanciones o de ayudar a Rusia a prolongar la guerra”.

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La estrategia informativa de la Administración de Joe Biden —difundir secretos militares, sin aparente filtro, para influir en el ánimo y en los planes de Vladímir Putin― ha dado sus frutos en casa. El último sondeo de Gallup otorga seis puntos más que en febrero a su gestión de la amenaza rusa, que ha pasado de un 36% a un 42% de aprobación. Están lejos de ser cifras espectaculares, pero al menos hablan de una cierta mejoría para un presidente con algunos de los índices de aprobación más bajos de la historia de Estados Unidos (en el desempeño general lleva estancado desde diciembre en torno al 40%). También ha funcionado fuera; según otro estudio de la empresa demoscópica norteamericana, difundido la semana pasada, a las puertas del viaje de Biden a Bruselas y Polonia, su popularidad ha crecido con respecto al año pasado en 26 de los 27 países europeos de la OTAN (hasta 52 puntos en Portugal y con la única excepción de un suspenso en Lituania).

Así que los funcionarios de Washington no tienen pensado cambiar su plan. La estrategia coordinada para mandar mensajes sobre la “guerra de Putin” esta semana se ha centrado en dos puntos. Por un lado, mostrar escepticismo sobre las promesas del Kremlin en la mesa de negociaciones con Ucrania (los servicios de inteligencia estadounidenses no observan la retirada anunciada, sino un rearme para un nuevo ataque, más concentrado) y, por otro, esparcir la idea de que el “caos” y el “desánimo” cunden en las filas rusas.

El propio Biden reforzó este jueves la imagen de Putin como un hombre aislado, cuyos colaboradores no se atreven a contarle, por temor a represalias, las “malas noticias” sobre la “incompetencia” de los suyos en la guerra en Ucrania, y sobre el alcance real de las sanciones en la economía interna. “Hay mucha especulación, y aunque no tengo una certeza absoluta, parece estar aislado. Y hay indicios de que ha despedido o puesto bajo arresto domiciliario a algunos de sus asesores”, dijo en un encuentro con la prensa.

Las declaraciones del presidente estadounidense venían a sumarse al coro de voces que el miércoles en Washington apuntalaron ese relato desde el Departamento de Estado, el Pentágono y la Casa Blanca. Al día siguiente, altos funcionarios del Departamento de Defensa y “analistas independientes” citados por The New York Times dijeron que el principal problema al que se enfrenta Rusia, que según calcula, acumula bajas de entre “7.000 y 15.000 soldados”, es, además de la inesperada fiereza del enemigo, abastecido militarmente por Occidente, el hecho de que carece de un “comandante en jefe” que lleve las riendas de la invasión sobre el terreno. Las decisiones, afirman en Washington, las están tomando desde Moscú el propio Putin, el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú (cuya ausencia de la escena pública ha alimentado las especulaciones sobre su caída en desgracia) y el jefe del Estado mayor, Valeri Gerasimov. Y no es fácil conducir una campaña militar a 800 kilómetros de distancia, añaden las fuentes citadas por el diario neoyorquino.

Kate Bedingfield, directora de comunicación de la Casa Blanca, volvió el jueves sobre las declaraciones de Biden. ¿Qué certezas tienen de esos arrestos de asesores de Putin? Bedingfield dijo que carecía de más información que la ofrecida por su jefe, pero aseguró que los servicios de inteligencia estadounidenses han observado “que esta invasión ha sido un fracaso estratégico para Putin y para Rusia, país para el que todo esto solo puede definirse como un desastre”. Remachó: “La moral entre los militares es baja. Y creo que eso no es una sorpresa para nadie”.

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Vladímir Putin dirige una reunión con los miembros del Consejo ruso de Seguridad desde su residencia oficial, a las afueras de Moscú, este viernes.
Vladímir Putin dirige una reunión con los miembros del Consejo ruso de Seguridad desde su residencia oficial, a las afueras de Moscú, este viernes.SPUTNIK (via REUTERS)

Desde luego, no parece sorprender en el Reino Unido, que ha abundado estos días en ese mismo argumentario. Primero fue, el miércoles, sir Jeremy Fleming, director de la agencia de vigilancia electrónica británica, quien, de visita en Australia, habló de la incompetencia de las tropas rusas, así como de los problemas de abastecimiento militar y de avituallamiento de los ejércitos. También dijo que los servicios de inteligencia del Reino Unido tienen indicios de que algunos soldados se han rendido o saboteado sus propios vehículos para evitar entrar en combate.

El jueves, Ben Wallace, ministro de Defensa británico, añadió que “Putin ya no es tan fuerte como era. Ahora es más bien un hombre cautivo en la jaula que él mismo se construyó. Aislado por las sanciones internacionales y con todo el mundo en su contra. Sus Fuerzas Armadas están agotadas”, sostuvo Wallace. “La reputación de Rusia como un gran ejército ha sido destrozada y ahora tiene que vivir con las consecuencias no solo de lo que le está haciendo a Ucrania, sino también de lo que les ha hecho a sus propios ejércitos”.

Los analistas militares describen esas consecuencias en Estados Unidos con imágenes de convoyes que caen en las emboscadas y tanques averiados que se quedan atascados en el barro. De generales asesinados (al menos siete, según el cálculo ucranio, que señala también bajas sensibles en el rango de los coroneles), en una cantidad que no se había visto desde la II Guerra Mundial y en un ejército tremendamente jerárquico en el que, descabezadas las unidades, estas quedan desorientadas.

Mientras tanto, en Rusia una encuesta de Levada Center, empresa demoscópica no gubernamental con base en Moscú, cifra en un 83% el apoyo que recibe Putin de los suyos (14 puntos más que en enero). Y eso, pese a algo que parece claro, incluso en la batalla de datos y propaganda cruzada entre ambas potencias: el presidente ruso no calculó bien sus fuerzas al iniciar la invasión de Ucrania. Creyó que sería la historia de un triunfo rápido, y ya van cinco semanas de reveses militares.

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Moscú han denunciado este viernes que el Ejército de Ucrania ha atacado un depósito de combustible en territorio ruso. Según el gobernador de la región de Belgorod, Vyacheslav Gladkov, dos helicópteros de las Fuerzas Armadas ucranias habrían logrado alcanzar el objetivo situado a apenas 80 kilómetros al norte de la ciudad ucrania de Járkov, uno de los frentes más duros de una guerra que se prolonga ya más de un mes. No ha habido víctimas en el ataque. Los dos aparatos habrían cruzado a territorio ruso volando a baja altura en una incursión llevada a cabo en la madrugada de este viernes, según la versión de Gladkov. Un día antes, el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Ígor Konashenkov, aseguraba que sus fuerzas contaban con “una superioridad aérea absoluta” que les permitía atacar a los ucranios en el oeste y el centro del país. El Gobierno ucranio de Volodímir Zelenski no se ha pronunciado por el momento.

“Los servicios de emergencias están tratando de extinguir el incendio lo antes posible. No hay ninguna amenaza para la población”, agregó el gobernador en su canal de Telegram. Los residentes de tres calles cercanas al depósito fueron alojados temporalmente en un centro deportivo de la ciudad. Por su parte, el servicio de prensa de la petrolera propietaria de las instalaciones, Rosneft, aseguró que todo el personal fue evacuado a tiempo.

Dos trabajadores de la compañía se encontraban en el lugar en el momento del ataque, aunque no resultaron heridos, según ha publicado el alcalde de Belgorod, Antón Ivanov, en su canal de Telegram. La explosión tuvo lugar a las 5.51. Más de 170 miembros trabajadores enviados por el Ministerio de Emergencias han participado en las tareas de extinción de las llamas.

El pasado 29 de marzo ocurrió otro incidente sin aclarar en la misma región, en la aldea de Krasny Oktyabr, a 20 kilómetros de la frontera. Un incendio en un depósito de municiones provocó una serie de potentes explosiones en la zona y cuatro militares rusos resultaron heridos, según relataron varias fuentes a la agencia de noticias TASS. La versión preliminar que maneja el servicio de emergencias es que el fuego se debió a un error humano. Además, unos 180 vecinos fueron evacuados por la noche a la capital de la región.

El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ha constatado hasta la medianoche del 28 de marzo que durante la guerra emprendida por Rusia contra Ucrania 1.179 civiles han fallecido y otros 1.860 han resultado heridos. Naciones Unidas cree que las cifras podrían ser “considerablemente más altas” por la falta de información de las zonas más peligrosas, y advierte de que la mayoría de las muertes se produjeron por explosiones de bombas y misiles.

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En la región separatista de Donbás, origen de la guerra que comenzó en 2014, la cifra de víctimas mortales se eleva a 326 fallecidos en el territorio controlado por Kiev, y 62 muertos en las autoproclamadas repúblicas populares de Lugansk y Donetsk.

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En el número 72 de la calle de Pushkin de Yitómir vivían 94 familias. Eso era antes del pasado 4 de marzo, cuando un misil ruso cayó a 50 metros del edificio, sobre la Escuela número 25 de esta ciudad del norte de Ucrania. El colegio quedó arrasado y los bloques de viviendas de la calle de Pushkin, dañados. Hoy continúan residiendo en el edificio unos 20 inquilinos, asegura la familia Horovetz. La mayoría abandonó el lugar.

Los Horovetz son los únicos que la mañana del pasado martes buscaron cobijo en los sótanos del bloque cuando sonaron las alarmas de un posible ataque aéreo. “Hace tan solo una semana, el refugio estaba lleno con los pocos que continuamos aquí, pero la mayoría ha vuelto al trabajo, es lo que pidió el alcalde”, comentaba Mikhailov, el padre.

Aula de la Escuela número 25 de Yitómir, completamente destruida por un misil ruso el pasado 4 de marzo.
Aula de la Escuela número 25 de Yitómir, completamente destruida por un misil ruso el pasado 4 de marzo. Albert Garcia (EL PAÍS)

Yitómir (unos 266.000 habitantes) se ubica a 130 kilómetros al oeste del frente de Kiev, la capital de Ucrania. Un 40% de su población huyó de la ciudad hacia las regiones más seguras del oeste del país o hacia el extranjero. Al norte de la provincia de Yitómir se han producido algunos de los enfrentamientos armados más intensos de la guerra contra el invasor ruso.

La urbe ha sufrido ataques devastadores en su casco urbano, como el que el pasado 2 de marzo dejó sin hogar a Alexandr Korniichuck. Si alguien no cree en los milagros, afirma Korniichuk, debería visitar el lugar en el que se situaba la casa de dos plantas que heredó de sus padres. Él y su esposa se encontraban en el edificio, ahora en ruinas. Su hijo de 12 años se había trasladado poco antes a vivir con sus abuelos en el campo. Los rescataron bajo los escombros, una pared maestra les salvó. En lo que era el patio de la comunidad de vecinos está su coche volcado y destrozado. Su mujer tiene problemas auditivos por el estallido y él estuvo tres semanas sin trabajar. Volvió a su empleo como técnico de la empresa de telefonía móvil Lifecell hace unos pocos días: “Yo volví a nacer el 2 de marzo, ahora lo que necesito es ingresar dinero, y mi país necesita conexiones telefónicas”.

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Serhii Sukhomlin, el alcalde de Yitómir, es un militar retirado que se prodiga en mensajes patrióticos en sus redes sociales. Sobre la mesa tiene un fusil y en el respaldo de su silla, el chaleco antibalas. Su misión hoy es que sus conciudadanos vuelvan al tajo. En lo mismo ha insistido el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski: la actividad económica debe funcionar donde sea posible.

En Yitómir volvió a ponerse en funcionamiento la semana pasada la red de transporte público de autobús y trolebús. Cada pocas horas se interrumpe el servicio por las alarmas de ataques aéreos, pero la ciudadanía lo acepta estoicamente. Sukhomlin y su equipo se instalan en un pasillo de la primera planta del ayuntamiento cuando suenan las sirenas. “La gente se está adaptando, fíjese que ahora muchos ni bajan a los refugios”, explica Víktor Kliminskii, secretario del pleno municipal.

Serhii Sukhomlin, alcalde de Yitómir, el miércoles, en su despacho bajo una fotografía del presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y con su fusil Kaláshnikov encima de su escritorio.
Serhii Sukhomlin, alcalde de Yitómir, el miércoles, en su despacho bajo una fotografía del presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y con su fusil Kaláshnikov encima de su escritorio.
Albert Garcia (EL PAÍS)

Kliminskii se mueve por la ciudad con un uniforme de camuflaje y un kaláshnikov colgado del hombro. Pone como ejemplo el mercado municipal, que progresivamente va recuperando sus puestos. “Aquí también se ganan batallas”, dice, y confirma que poco a poco hay más vecinos que regresan a la ciudad. Sukhomlin avanza que quieren iniciar cuanto antes la construcción de viviendas para quienes han perdido sus hogares y sobre todo para los miles de familias de desplazados del este del país que se establecerán en la zona. “Muchos de ellos no volverán a sus provincias, que son las que sufrirán más tiempo las consecuencias de la guerra”, dice el alcalde.

La música de una banda de rock truena en el templo evangélico El Mandamiento de Jesucristo. Las letras que cantan son letanías patrióticas en las que piden a Dios que les ayude a vencer al mal. La Iglesia evangélica tiene una presencia significativa en las provincias alrededor de Kiev y en Yitómir cuenta con un millar de feligreses. Solo quedan 400, resume Kostia Dekhtiazenko, ayudante del pastor, pero sus oficios han pasado de ser semanales a diarios por la necesidad de la población de reencontrarse. Dekhtiazenko cree que la gente tiene menos miedo: “Ahora, cuando cae un misil, enseguida volvemos a la actividad; hace un mes, nos quedábamos bloqueados”.

Los feligreses de la iglesia evangélica de Yitómir disfrutaban el miércoles de un concierto de rock para acompañar el oficio religioso que ha pasado de ser semanal a celebrarse todos los días con el fin de ofrecer a la comunidad un lugar de encuentro.
Los feligreses de la iglesia evangélica de Yitómir disfrutaban el miércoles de un concierto de rock para acompañar el oficio religioso que ha pasado de ser semanal a celebrarse todos los días con el fin de ofrecer a la comunidad un lugar de encuentro.
Albert Garcia (EL PAÍS)

DJ Maughfling es un empresario británico que podría estar en su casa en Eslovaquia, donde reside su mujer, o en el Reino Unido, su país, pero prefiere continuar en Yitómir. En las afueras de la ciudad tiene la planta de producción de su empresa, Supersprox, una compañía de piñones y platos para motocicletas. El día que empezaron las hostilidades provocadas por Rusia, el 24 de febrero, Maughfling se encontraba en Eslovaquia. A la mañana siguiente, partió de regreso a Yitómir. “Esta es una pequeña compañía familiar, nos conocemos todos, sabemos de nuestras vidas”.

Supersprox es una de las pocas fábricas de la región que no detuvo la producción. Su directora financiera, Viktoria Polishcuk, enumera cinco empresas de capital extranjero que han reiniciado la actividad siguiendo su ejemplo. “No podíamos parar porque este no es un país rico, no es como en la Unión Europea, que con la pandemia del coronavirus repartió millones de ayuda”, recuerda Maughfling. “Aquí, si no cobran la nómina, no tienen nada, y si el Estado no ingresa impuestos, tampoco podrá afrontar el conflicto”. Este empresario británico admite que la situación le produce respeto, y no es para menos: la vecina fábrica de Izovat, un gigante del sector de aislantes térmicos, fue parcialmente destruida por un misil ruso. “Tenemos que controlar el miedo. Los que trabajan aquí saben que la situación es peligrosa, pero creen que es mejor estar ocupados que en casa todo el día mirando noticias, volviéndote loco”.

De los 74 empleados que tenía Supersprox, ahora hay 40 activos; los que faltan están alistados, ejercen de voluntarios o abandonaron la ciudad. La producción solo ha caído un 30%, afirma la dirección, porque se han sumado a la línea de producción el resto de departamentos, desde los diseñadores a los técnicos de láser. Les quedan pocos meses de existencias de aluminio y acero. Su principal proveedor de acero se encuentra en Mariupol, la ciudad más castigada por la agresión rusa. Tienen, además, tres contenedores de aluminio bloqueados en el puerto de Odesa, en Turquía y en China. No saben cómo pueden hacerlos llegar a Yitómir, concede Polishchuk, pero saben que lo conseguirán. “La pandemia nos inculcó la mentalidad de tirar hacia adelante”, asegura ella. “También nos decían que no encontraríamos camiones para transportar nuestros productos hacia Polonia, y ya hemos realizado dos envíos”, añade Maughfling.

Un obrero trabaja en los talleres de la fábrica Supersprox dedicada a la fabricación de componentes para motos en la ciudad ucrania de Yitómir.
Un obrero trabaja en los talleres de la fábrica Supersprox dedicada a la fabricación de componentes para motos en la ciudad ucrania de Yitómir.Albert Garcia (EL PAÍS)

El ayuntamiento confirma que las compañías que siguen operando, algunas con hasta 3.000 empleados, deben seguir estrictas medidas de seguridad: los empleados no pueden tener activado el geolocalizador del móvil porque si el enemigo detecta una concentración elevada de personas en un punto concreto, puede identificarlo como un objetivo. También se han reforzado los elementos de blindaje de instalaciones que no pueden dejar de estar vigiladas por el personal, como una fábrica de papel que hay en la demarcación.

Los controles militares de carretera o de búsqueda de saboteadores son un obstáculo también para el transporte de mercancías. Los que se salvan son los agricultores: los tractores van de un lado a otro en dirección a los campos, sorteando los controles con un saludo, como si fueran viejos conocidos, sin detener su ruta para sembrar un paisaje llano y cosido con interminables plantaciones de cereales.

Una brigada de limpieza barría el miércoles las calles de esta localidad del norte de Ucrania, a pesar de la guerra.
Una brigada de limpieza barría el miércoles las calles de esta localidad del norte de Ucrania, a pesar de la guerra. Albert Garcia (EL PAÍS)

Las brigadas de limpieza que ponen la ciudad a punto cada mañana también detienen la actividad durante los reiterados avisos de posible ataque aéreo y luego la reemprenden. Hay equipos de voluntarios que desbrozan y limpian las orillas del río Teteriv, el pulmón verde de la ciudad. “La gente necesita sentirse útil, y cuando coinciden con más personas como ellos, se convierte en una suerte de terapia”, asegura Sukhomlin. El alcalde subraya que la ciudadanía ha asumido que acaban de empezar “una etapa que durará mucho tiempo”, la de convivir con la guerra.

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