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El tribunal rechazó la propuesta de otorgarle prisión domiciliaria. En el mejor de los casos, podría llegar a pagar una multa de más de 220 millones de pesos. Un tribunal de Moscú sentenció este martes 12 de abril a casi dos meses de prisión preventiva a un ciudadano colombiano acusado de difundir en redes sociales “noticias falsas” sobre la ofensiva militar rusa en Ucrania. Estas acciones podrían costarle hasta 10 años de cárcel.

“El tribunal satisfizo la demanda de la instrucción de poner bajo prisión preventiva al ciudadano colombiano Alberto Enrique Giraldo Saray hasta el 8 de junio”, informó la portavoz del Tribunal Basmanni de Moscú, Yekaterina Burávtsova, citada por Interfax. Según la representante de la corte, el tribunal rechazó el recurso de la defensa que solicitaba una medida cautelar menos severa, en la que se contemplaba incluir un posible arresto domiciliario.

Al ciudadano colombiano, que reside en el país desde hace varios años, se le imputa el delito tipificado por el artículo 207 del Código Penal ruso, que castiga “la difusión pública de información falsa bajo la apariencia de informaciones verídicas sobre las Fuerzas Armadas de Rusia”.

Según los investigadores, el colombiano, quien dirigió en Moscú un negocio particular de repostería, difundió las presuntas noticias falsas en sus redes sociales, aunque no especificaron cuáles fueron las informaciones dudosas. En caso de que se pruebe su culpabilidad, Giraldo Saray podría recibir una multa entre 3 y 5 millones de rublos [unos 40.000 a 67.000 dólares], o en el peor de los casos podría ser condenado a cinco años de trabajos sociales obligatorios o una pena de cárcel de entre 5 y 10 años.

La hermana de Alberto Enrique, Diana Bonilla Saray, le explicó publicamente la situación, la cuál conoce mediante la ex esposa y madre de las dos hijas de 'Beto', como lo conocen y quien lleva 23 años residiendo en Rusia.

"A mi hermano lo arrestaron el domingo, llegaron a su apartamento, a él le negaron la casa por cárcel, por eso estamos intentando realizar una apelación con los abogados para que le den al menos ese beneficio mientras sale el veredicto final".
"Estamos muy sorprendidos con esta noticia, él ahora está incomunicado, no he podido hablar con él, todo lo que sé es que la situación está muy complicada", expresó Bonilla Saray.

La familia intenta reunir dinero para cubrir los costos de los abogados y posiblemente la fianza, dinero que más adelante esperan poder recolectar con ayuda de quienes deseen contribuir a la causa, pero aún no han definido lo que harán al respecto.

Por su parte, la mujer señaló que su hermano no emitía juicios sobre la situación, sino que solo reposteaba noticias, por lo que cree que su hermano ha servido para "hacerle publicidad a la ley que tiene 15 de días de haber salido".

"Si se fijan en todos los medios internacionales ha salido que lo arrestaron bajo la ley y por esos cargos y están es como haciendo publicidad y dimos con la mala fortuna de que nos pasara a nosotros", finalizó Diana.

 

La Federación Rusa ha declarado que no reconoce el estatus de combatiente de los voluntarios extranjeros que se han unido a las fuerzas armadas ucranianas. Esto significa que estos voluntarios, si son capturados por las fuerzas rusas, serán tratados como si fueran mercenarios o terroristas. 

Esto suena mal, pero en la práctica, no hay ninguna diferencia. Todos los militares ucranianos capturados, extranjeros o ucranianos, viejos o jóvenes, hombres o mujeres, la pasarán muy mal.

Como ya hemos visto hasta ahora (y ya sabíamos por otros conflictos en los que se involucró personal militar ruso), a Rusia no le importa si eres un soldado o un civil, un médico o un periodista, e incluso si eres una mujer embarazada. Mientras te encuentren en el lado del enemigo, eres carne de cañón para ellos.

Ser un extranjero que lucha por Ucrania no cambiara mucho las cosas.

 



La única respuesta de las autoridades rusas ante las decenas de imágenes de civiles asesinados en Bucha es que estas han sido “escenificadas”. “Mijaílo Podoliak (el jefe de los negociadores ucranios) ha mostrado estas tomas escenificadas como excusa para solicitar armas a los países occidentales”, ha asegurado el Ministerio de Defensa en el primero de sus dos comunicados publicados este domingo, donde ha ofrecido al mismo tiempo dos versiones de los mismos hechos: o algunos cuerpos eran actores, o habían muerto por los bombardeos ucranios.

“Ni un solo habitante ha sido herido por cualquier tipo de acción violenta durante el tiempo en que la ciudad estuvo bajo el control de las fuerzas armadas rusas”, ha asegurado Moscú antes de decir que “todas las fotos y vídeos publicados por el régimen de Kiev que supuestamente evidencian “crímenes” cometidos por los militares rusos son otra provocación más”.

“Las publicaciones sobre Bucha aparecieron en varios medios extranjeros a la vez, parece una campaña mediática planificada. Dado que las tropas abandonaron la ciudad el 30 de marzo, ¿dónde estaban estas imágenes hace cuatro días?, su ausencia solo confirma la falsificación”, dice Moscú.

Los primeros periodistas en poder llegar a una zona que todavía sigue minada revelaron la matanza al mundo este sábado, y el resto de medios se hicieron eco un día después. Los reporteros Simon Gardner, Zohra Bensemra y Abdelaziz Boumzar contaron en su crónica cómo algunos cuerpos llevaban “días, sino semanas”, en descomposición en plena calle. “Los vecinos contaban que los habían matado durante aquel mes largo de ocupación”, recogía el artículo, acompañado también por numerosas pruebas de aquella matanza.

El Ministerio de Defensa ruso negó este domingo la versión de los reporteros que han sido testigos in situ. “Es especialmente preocupante que en las imágenes difundidas por el régimen de Kiev todos los cuerpos no se han endurecido después de cuatro días ni tienen las características marcas cadavéricas ni sangre coagulada en las heridas”, decía Moscú. Sin embargo, varias imágenes tomadas por los fotógrafos si constataban cierta descomposición en los cuerpos.

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“No está claro por qué no han sido enterrados”, decía Reuters en su crónica. “El alcalde Anatoli Fedoruk dijo que más de 300 habitantes habían sido asesinados. Además, una fosa común situada junto a una iglesia aún sigue abierta, con manos y pies sobresaliendo a través de la arcilla roja apilada en la parte superior”, continuaba la descripción de aquel horror.

El Ministerio de Defensa ruso ha hecho hincapié en que el alcalde anunció el 31 de marzo que la ciudad había sido liberada, “pero ni siquiera mencionó que hubiera en la calle algún vecino tiroteado con las manos atadas”. No obstante, una concejala del ayuntamiento, Ekaterina Ukraintseva, advirtió de que era peligroso entrar a la ciudad “debido a las minas y trampas puestas por los rusos”.

Por otro lado, el Ministerio de Defensa ruso mostró un fragmento de otro vídeo donde la carretera estaba plagada de cadáveres. La calidad de imagen de la publicación rusa es muy inferior a la del vídeo original que se puede encontrar en las redes sociales, y Moscú aseguraba que uno de los cuerpos movía una mano. Sin embargo, varios medios rusos que han sido bloqueados dentro del país, como Dozhd, Mediazona y Meduza, recalcan que en las imágenes con más definición se puede apreciar que no es una mano haciendo un movimiento extraño, sino solo un efecto óptico del parabrisas.

“Bombardeos de las tropas ucranias”

Además de esta versión, Moscú también acusa a Kiev de haber matado a los civiles. “Las afueras fueron bombardeadas 24 horas al día por las tropas ucranias con artillería de gran calibre, tanques y sistemas de lanzamiento de cohetes múltiples”, afirma el Ministerio de Defensa ruso. Sin embargo, ni las crónicas de Reuters ni de otros medios que han entrevistado a los supervivientes recogen denuncias de que hubieran sido atacados tras la marcha de los rusos.

Otro de los primeros medios en llegar fue la agencia AFP, cuyo reportero afirmó haber visto al menos dos decenas de cadáveres tirados en una calle, algunos de ellos maniatados. Según Moscú, “la fosa común con los cuerpos fue hecha por las fuerzas armadas ucranias porque hace más de un mes bloquearon la ciudad al volar el puente cercano a Irpin”.

“Cuánto duelen los comentarios de los negacionistas desde aquí… y después de visitar Irpin y hablar con los evacuados de Bucha”, escribía este domingo en su perfil de Twitter Almudena Ariza, reportera de RTVE que ha sido testigo de los hechos.

Según el Pentágono, “menos de un 20%” del ejército ruso se ha retirado de las inmediaciones de Kiev de forma desordenada. El presidente ruso, Vladímir Putin, justificó la orden de atacar Ucrania con que el país sería “desarmado y desnazificado” y protegería así a las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk de un “genocidio”.

Según los datos que ha podido recopilar Naciones Unidas, al menos 1.417 civiles han muerto y 2.038 más han resultado heridos en toda Ucrania hasta el 2 de abril, aunque la cifra podría ser mucho mayor por no poder acceder a muchas zonas que han sido ocupadas o asediadas. Del recuento total, 67 civiles han muerto en las zonas separatistas de Donbás.

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La invasión rusa de Ucrania ya tiene una atrocidad con nombre propio para la historia de los presuntos crímenes de guerra: Bucha. La Unión Europea y gran parte de la comunidad internacional han reaccionado este domingo con estupor ante el descubrimiento de las matanzas cometidas en esa localidad al norte de Kiev. Se trata de la primera prueba tangible y visible de la muerte y devastación en las zonas ocupadas por las tropas del presidente ruso, Vladímir Putin, que asediaban la capital ucrania. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha asegurado que la UE colaborará con Ucrania y con las ONG para recabar las pruebas necesarias para juzgar las atrocidades del ejército ruso ante los tribunales internacionales.


 

A la condena de Bruselas se han unido Estados Unidos, en boca de su secretario de Estado, Antony Blinken, que ha manifestado que las imágenes de Bucha son un “puñetazo en el estómago” y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, que ha calificado de “brutalidad” el asesinato de civiles en esta localidad a las afueras de la capital ucrania. Esta condena internacional coincide con la publicación de un informe de la organización Human Right Watch sobre posibles crímenes de guerra en varios puntos del frente norte de la guerra.

 


Las imágenes de Bucha han revelado, tal vez por primera vez desde el inicio de la guerra el pasado 24 de febrero, la magnitud de la violencia provocada por la guerra de Putin contra un país vecino. Tras la retirada del ejército ruso, las fuerzas ucranias han encontrado decenas de civiles muertos y abandonados en plena calle y fosas comunes con cadáveres a medio enterrar.

“Consternada por las informaciones sobre crímenes indescriptibles en las zonas donde se han retirado las tropas rusas”, se ha pronunciado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. La dirigente comunitaria ha reclamado “una investigación internacional independiente” y ha asegurado que “los perpetradores tendrán que rendir cuentas”.


 

El presidente del Consejo Europeo no tiene dudas sobre quiénes son los responsables. Charles Michel se ha declarado “conmocionado por las impresionantes imágenes de las atrocidades cometidas por el ejército ruso en la región liberada de Kiev”. Michel ha prometido a Ucrania que se redoblarán las sanciones contra Rusia y que continuará la ayuda de todo tipo, incluida la militar, para que el país resista el ataque de Putin.


Pocos días después de que Putin ordenase el inicio de la ofensiva, un convoy ruso trató de cruzar la localidad de Bucha de camino a la capital, pero cayó en una emboscada. A esta derrota temporal le sucedieron numerosas embestidas de fuerzas enviadas por el Kremlin hasta la toma completa de la localidad. Tras el anuncio de Moscú el pasado 29 de marzo de una reducción de operaciones en el norte de Kiev, Ucrania relanzó la batalla para recuperar, dos días después, el control de Bucha. La huella de la batalla ha dejado tirados en las calles una veintena de cadáveres, algunos con las manos atadas.


 

El alcalde Bucha, Anatoli Fedoruk, ha manifestado que hay cerca de 300 cuerpos enterrados en una fosa común. “Algunos estaban tirados en la acera, otros al lado de un coche o de una bicicleta,” afirmó en un vídeo difundido por Facebook.

Dura reacción desde Berlín

La condena también ha sido generalizada en otras capitales europeas. El Gobierno alemán, uno de los más reacios a la ruptura total con Moscú, ha indicado que impulsará una nueva batería de sanciones, aunque no ha concretado si afectarán a las exportaciones energéticas rusas a la UE, que reportan cada día unos 700 millones de euros a las arcas de Putin. La presión para apoyar medidas más duras aumenta en Berlín. La ministra de Defensa alemana, Christine Lambrecht, ha afirmado en una entrevista en la televisión pública que es el momento de estudiar la prohibición del gas ruso.

Las atrocidades cometidas “por Putin y quienes le apoyan” van a tener “consecuencias”, ha dicho el canciller alemán, Olaf Scholz: “Vamos a decidir nuevas medidas con nuestros aliados en los próximos días”, ha afirmado, en una frase que no figuraba en el comunicado que había hecho público unas horas antes. “Continuaremos poniendo armas a disposición de Ucrania para que el país pueda defenderse de la invasión rusa”, ha añadido durante una comparecencia en la Cancillería este domingo. El canciller ha calificado las muertes de civiles como “crímenes de guerra”, y ha pedido que la Cruz Roja haga una evaluación independiente sobre el terreno, informa Elena G. Sevillano.

El vicecanciller alemán, Robert Habeck, ha señalado que “este terrible crimen de guerra no puede quedar sin respuesta”. Y se ha mostrado partidario de “endurecer las sanciones”. “Estamos trabajando en ello con nuestros socios de la UE”, ha apuntado Habeck. Berlín, sin embargo, alude a la quinta ronda de sanciones, que ya estaba en preparación antes del golpe de Bucha y que aspiraba, sobre todo, a mejorar la efectividad de las cuatro primeras rondas.

Polonia y los países bálticos, entre otros socios comunitarios, piden desde hace semanas que se aseste un golpe definitivo a las finanzas de Putin poniendo fin a la compra de gas, petróleo y carbón rusos. El temido impacto de esa decisión en las economías europeas y muy en particular en la alemana ha impedido hasta ahora dar ese paso. El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, ha advertido además que no apoya ese tipo de sanción, lo que resquebrajaría la unidad europea mantenida desde el inicio de la guerra.

Las imágenes de Bucha refuerzan a los partidarios de la mano dura. Y probablemente lograrán, como mínimo, un endurecimiento de las sanciones que se estaban ultimando. “Lo ocurrido en Bucha debe tener un impacto en un quinto paquete de sanciones”, ha defendido la ministra alemana de Exteriores, Annalena Baerbock.

Un cuerpo abandonado en una calle de Bucha, este domingo.
Un cuerpo abandonado en una calle de Bucha, este domingo.Luis de Vega

Las sanciones impuestas hasta ahora han golpeado duramente a la economía rusa. Obligaron a mantener cerrada la Bolsa de Moscú durante un mes para evitar una estampida de los inversores, a doblar los tipos de interés para frenar la inflación y la retirada de ahorros, y a imponer un corralito parcial para impedir la salida de capital al exterior.

Pero no hay constancia de que hayan dañado la capacidad de Putin para financiar su agresión armada contra Ucrania. La retirada de tropas rusas se atribuye más bien a la fuerte resistencia de Ucrania y a los errores tácticos y estratégicos cometidos por el Kremlin. El ministro francés de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, se ha mostrado partidario de reforzar la presión económica para “obligar a las autoridades rusas a poner fin a la guerra”.

Fuentes comunitarias apuntaban hasta ahora que era necesario reservarse munición para castigar a Putin en función de lo que ocurriese en el campo de batalla. Y aunque ya se había empezado a estudiar el impacto de un corte del suministro de gas y los planes de contingencia para capearlo, se consideraba que esa posibilidad era la sanción de último recurso.

La amenaza de un ataque químico o nuclear en territorio ucranio, un riesgo apuntado por la OTAN, parecía el gatillo necesario para descargar todo el arsenal de sanciones contra Rusia. Pero las imágenes de Bucha pueden acelerar el paso si la reacción de la opinión pública europea demanda una respuesta contundente como ocurrió tras el estallido de la guerra. La primera ronda de sanciones se endureció rápidamente a la vista de la resistencia planteada por el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y la reacción a su favor de gran parte de la población europea.

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Moscú han denunciado este viernes que el Ejército de Ucrania ha atacado un depósito de combustible en territorio ruso. Según el gobernador de la región de Belgorod, Vyacheslav Gladkov, dos helicópteros de las Fuerzas Armadas ucranias habrían logrado alcanzar el objetivo situado a apenas 80 kilómetros al norte de la ciudad ucrania de Járkov, uno de los frentes más duros de una guerra que se prolonga ya más de un mes. No ha habido víctimas en el ataque. Los dos aparatos habrían cruzado a territorio ruso volando a baja altura en una incursión llevada a cabo en la madrugada de este viernes, según la versión de Gladkov. Un día antes, el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Ígor Konashenkov, aseguraba que sus fuerzas contaban con “una superioridad aérea absoluta” que les permitía atacar a los ucranios en el oeste y el centro del país. El Gobierno ucranio de Volodímir Zelenski no se ha pronunciado por el momento.

“Los servicios de emergencias están tratando de extinguir el incendio lo antes posible. No hay ninguna amenaza para la población”, agregó el gobernador en su canal de Telegram. Los residentes de tres calles cercanas al depósito fueron alojados temporalmente en un centro deportivo de la ciudad. Por su parte, el servicio de prensa de la petrolera propietaria de las instalaciones, Rosneft, aseguró que todo el personal fue evacuado a tiempo.

Dos trabajadores de la compañía se encontraban en el lugar en el momento del ataque, aunque no resultaron heridos, según ha publicado el alcalde de Belgorod, Antón Ivanov, en su canal de Telegram. La explosión tuvo lugar a las 5.51. Más de 170 miembros trabajadores enviados por el Ministerio de Emergencias han participado en las tareas de extinción de las llamas.

El pasado 29 de marzo ocurrió otro incidente sin aclarar en la misma región, en la aldea de Krasny Oktyabr, a 20 kilómetros de la frontera. Un incendio en un depósito de municiones provocó una serie de potentes explosiones en la zona y cuatro militares rusos resultaron heridos, según relataron varias fuentes a la agencia de noticias TASS. La versión preliminar que maneja el servicio de emergencias es que el fuego se debió a un error humano. Además, unos 180 vecinos fueron evacuados por la noche a la capital de la región.

El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ha constatado hasta la medianoche del 28 de marzo que durante la guerra emprendida por Rusia contra Ucrania 1.179 civiles han fallecido y otros 1.860 han resultado heridos. Naciones Unidas cree que las cifras podrían ser “considerablemente más altas” por la falta de información de las zonas más peligrosas, y advierte de que la mayoría de las muertes se produjeron por explosiones de bombas y misiles.

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En la región separatista de Donbás, origen de la guerra que comenzó en 2014, la cifra de víctimas mortales se eleva a 326 fallecidos en el territorio controlado por Kiev, y 62 muertos en las autoproclamadas repúblicas populares de Lugansk y Donetsk.

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La Unión Europea contempla golpear a los familiares de los oligarcas ya sancionados para evitar que se aprovechen de posibles agujeros o fugas en las sanciones aplicadas hasta ahora, pero se resiste a ir más allá de momento en sus represalias contra Moscú. Cumplidas cinco semanas desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania y tras una cumbre europea copada por asuntos energéticos y sin resultados tangibles en materia de sanciones, la Comisión Europea multiplica estos días sus contactos con los aliados para afinar un quinto paquete de sanciones. O casi mejor –por usar la terminología manejada en el Ejecutivo comunitario– un “paquete intermedio” centrado en reforzar los cuatro golpes ya asestados contra Rusia, para evitar que empresas, oligarcas y sus familiares evadan las medidas y que el Banco Central de Rusia pueda realizar transacciones usando sus reservas de oro. Mientras, entre bambalinas, sigue trabajando en un paquete de mayor envergadura para el caso hipotético de que haya que dar respuesta a un ataque químico o similar ordenado por el presidente ruso, Vladímir Putin.

Hasta la fecha, las sanciones y la guerra han provocado que el comercio de la UE con Rusia se reduzca hasta alcanzar un cuarto de su tamaño prebélico, según cifras internas que se manejan en la Comisión. En 2021, los intercambios comerciales entre Rusia y el bloque comunitario sumaron 257.000 millones de euros. El efecto sobre el vecino euroasiático comienza a hacer mella al otro lado del telón de Putin. “La economía rusa se está contrayendo a un ritmo más rápido que desde 1998, cuando dejó de pagar su deuda”, expuso este martes Adewale Adeyemo, vicesecretario estadounidense del Tesoro, en una comparecencia pública desde Bruselas. A este lado, también se notan los efectos en forma de una inflación galopante impulsada por los precios de la energía, que en España se ha disparado hasta el 9,8%, el máximo desde 1985.

Adeyemo ha estado de visita en la capital comunitaria, donde se ha reunido con la comisaria europea de Finanzas, Mairead McGuinness (el martes) y con el de Economía, Paolo Gentiloni (el miércoles) con el objetivo de afinar y coordinar los siguientes pasos. “La clave es garantizar la aplicación efectiva y completa de las sanciones en todas las jurisdicciones. Esto es una prioridad y es un trabajo en curso”, aseveró McGuinness junto al estadounidense. “Estamos muy centrados en la elusión”, añadió Adeyemo.

Firmas tecnológicas

Tras la cita, Estados Unidos ha dado este jueves un nuevo golpe a Moscú en línea con el objetivo de tapar vías de escape. Esta vez son las empresas tecnológicas las que están en el punto de mira: el Departamento del Tesoro ha señalado 34 organizaciones (21 compañías y 13 individuos) asociadas a las redes alternativas que está empleando Moscú para sortear los efectos de las represalias impuestas en las primeras semanas del conflicto. Las nuevas medidas –desde empresas que adquieren de forma ilícita material para el Ejército ruso al mayor fabricante de chips del país– hablan de los desafíos que supone atacar las operaciones de los bancos y los movimientos de los oligarcas en un mundo interconectado y en el que las vías financieras y de abastecimiento tradicionales han sido sustituidas en parte por otras, más opacas y difíciles de rastrear, informa Iker Seisdedos.

“Hay varios agujeros en los que estamos trabajando”, reconocen fuentes de la Comisión. Entre los planes se encuentra actuar sobre familiares de determinados oligarcas y sobre empresas, para evitar maniobras o transferencias de dinero dirigidas a ocultar su riqueza y evadir las represalias. Hasta la fecha, 877 personas, incluidos el presidente ruso, su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, y más de 30 miembros de las élites económicas próximas al Kremlin, además de 62 empresas, están sujetas a una congelación de bienes bajo el régimen sancionador de la UE. A las personas también se les ha prohibido desplazarse a la UE, salvo a Putin y Lavrov, por si se abre una eventual vía diplomática.

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Otra de las fórmulas que baraja la UE es tratar de detectar componentes imprescindibles para Rusia y establecer prohibiciones teledirigidas a la exportación de esos productos críticos. No descarta tampoco actuar en las criptomonedas, que algunos rusos podrían estar usando para vadear las prohibiciones de la UE, tal y como denunció la semana pasada la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde.

Entre los Veintisiete, algún país ha expresado preocupación por el hecho de que dos vecinos muy próximos y que aspiran a formar parte de la UE algún día, Turquía y Serbia, actúen como posibles grietas en las represalias. Turquía es el único miembro de la OTAN que no participa en las sanciones contra Rusia.

En Bruselas son conscientes de que las medidas barajadas no tienen el atractivo de otras rondas; pero creen en el potencial de sumar una miríada de pequeños ajustes, entre los que también se incluye el mandato del G-7, tras su reunión en Bruselas el pasado jueves, de coordinar las “respuestas relacionadas con la evasión de las medidas, incluidas las relativas a las transacciones de oro del Banco Central de Rusia”, cuyas reservas en la UE han sido congeladas.

Empresas ‘offshore’

Las redes financieras globales opacas son uno de los diversos agujeros por los que se diluyen las sanciones con un manto de legalidad. Una reciente investigación de EL PAÍS constató el vínculo de 40 rusos sancionados por Bruselas con 27 empresas offshore activas que aparecen en registros públicos.

“Debemos asegurarnos de que quienes prestan servicios –financieros, jurídicos y de otro tipo– a los oligarcas para facilitar la evasión de las sanciones son plenamente conscientes de los riesgos que corren. Investigaremos todos y cada uno de los esfuerzos por infringir nuestra legislación en materia de sanciones y las infracciones tendrán consecuencias”, afirmó hace un par de semanas la comisaria McGuiness, al filo de la segunda reunión de trabajo de una división especial de la UE creada para coordinar la aplicación de las sanciones contra oligarcas rusos y bielorrusos.

Bautizado como Freeze and Seize (congela e incauta), este grupo operativo reúne a miembros de la Comisión, los Estados miembros, Eurojust (Agencia de la UE para la Cooperación Judicial Penal) y Europol (cooperación policial) para facilitar el intercambio de información y coordinar a las 27 capitales, para incautar y, en su caso, confiscar los activos de los oligarcas. “Corresponde a los Estados miembros aplicar las sanciones”, aclara un portavoz del Ejecutivo comunitario.

La UE ha multiplicado además sus contactos con los aliados para cerrar posibles grietas y coordina sus trabajos con el G-7 (Alemania, Francia, Italia, Canadá, Estados Unidos, Reino Unido y Japón) y Australia a través de otra división recién creada, llamada REPO (acrónimo en inglés de Élites, apoderados y oligarcas rusos).

El bloque comunitario nunca había hecho hasta la fecha un seguimiento tan quirúrgico de las sanciones ni había desplegado una cooperación tan estrecha con terceros países (incluido el santuario financiero de Suiza) para garantizar su efectividad.

La “hijastra” de Lavrov

Entre los golpes más sonados contra esta élite económica y sus círculos más íntimos se encuentra el nombre de Polina Kovaleva, de 26 años, sancionada por el Reino Unido como “hijastra” de Serguéi Lavrov, a pesar de que no existe un lazo directo entre ellos: es hija de la pareja sentimental del ministro de Exteriores, que sigue casado con otra persona, según medios de la disidencia rusa. Kovaleva vive desde hace años en el Reino Unido; en 2016, a los 21, cuando era un estudiante sin ingresos conocidos en la universidad inglesa de Loughborough, compró a tocateja un piso en el lujoso barrio londinense de Kensington por valor de 4,4 millones de libras (5,2 millones de euros). “Esto envía una fuerte señal de que aquellos que se benefician de la asociación con los responsables de la agresión rusa están en el ámbito de nuestras sanciones”, advirtió el Gobierno británico en un comunicado. Poco antes de ser sancionada, la semana pasada, Maria Pevchikh, una investigadora de la fundación anticorrupción del opositor ruso Alexéi Navalni, denunció a través de redes sociales la “glamurosa” vida de esta joven cuyo “historial de Instagram parecen unas vacaciones interminables”.

La UE también ha probado ya su munición contra la familia de algunos poderosos rusos: el 9 de marzo, le llegó el turno al piloto de fórmula 1 Nikita Mazepin, de 23 años, hijo de Dmitry Mazepin (también sancionado), propietario del grupo Uralchem, un fabricante ruso de productos químicos, como abonos minerales y amoníaco. “Dado que Uralchem patrocina al equipo Haas de Fórmula 1, Dmitry Mazepin es el principal patrocinador de las actividades de su hijo en dicho equipo”, detalla el documento de las sanciones. Unos días antes, Haas rescindió su contrato con la compañía patrocinadora y con el piloto (e hijo del dueño de la empresa).

En la lista negra comunitaria también figuran Galina Pumpyanskaya (56 años) y Alexander Pumpyansky (34 años), esposa e hijo de Dmitry Pumpyansky, director de Pipe Metallurgical Company, uno de los líderes mundiales en la fabricación de gasoductos y oleoductos, al considerarlos “asociados” al empresario sancionado.

Y el círculo de Lavrov también ha sido alcanzado desde Bruselas: la UE ha incluido en su nomenclatura al yerno del ministro de Exteriores, Alexander Vinokurov, de 39 años, empresario con intereses en el comercio minorista de alimentos, productos farmacéuticos, agricultura e infraestructuras; casado con Ekaterina Vinokurova, vástago de Lavrov; e hijo de Semen Vinokurov, que fue director de la empresa pública “Capital Pharmacies” y al que la UE considera “uno de los principales empresarios de la industria farmacéutica rusa”.

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Cinco semanas después del inicio del conflicto, el avance militar de Rusia en Ucrania se ha ralentizado hasta mantenerse sin a penas nuevos avances. Este vídeo explica el punto actual en el que se encuentra la guerra y cuál podría ser el próximo paso del ejército de Vladímir Putin, presidente ruso. Además, desde que el mandatario anunció su incursión militar en el país vecino, los ataques han ido variando ante las dificultades que su ejército ha tenido para tomar ciudades clave como Kiev.

¿Cuáles son las intenciones del alto mando ruso? El periodista de EL PAÍS Óscar Gutiérrez, que cubre información internacional y está especializado en conflictos, analiza las posibles estrategias de Rusia en la guerra ante los problemas que ha encontrado en las últimas semanas para conseguir sus objetivos y los últimos anuncios del Kremlin de retirarse parcialmente de alguna de las zonas que ha atacado como la capital ucrania.

El pasado 25 de marzo el Gobierno de Putin anunció que sus tropas se reagruparían para focalizar sus ofensivas sobre la zona del Donbás, que lleva en conflicto desde 2014, y es una de las regiones más trascendentales en el enfrentamiento entre Ucrania y Rusia. Además, la negociación para la paz entre ambos países se saldó este martes con importantes avances como la intención del Ejecutivo ruso de reducir “drásticamente” sus ofensivas militares sobre Kiev.

Sin embargo, ¿son creíbles los anuncios del alto mando ruso? Gobiernos como el estadounidense o el ucranio recelan de las promesas militares del Kremlin. De hecho, este jueves se han registrado ataques sobre el norte de Ucrania a pesar de los compromisos adquiridos por Rusia ¿Hay retirada de tropas rusas? ¿Son un reagrupamiento para reforzarse? En este vídeo Gutiérrez profundiza en el contexto actual del conflicto y la posible respuesta de la resistencia ucrania ante los movimientos que el Kremlin ha anunciado.

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El fin de la guerra de Vladímir Putin contra Ucrania no parece cercano. Pese a las promesas de Moscú de reducir “drásticamente” los ataques en esa zona, las tropas del Kremlin han seguido bombardeando con fuerza Chernihiv, en el noreste del país, prácticamente sitiada por las fuerzas rusas y muy castigada por los bombardeos. Un día después de las conversaciones de paz en Estambul que ofrecieron pequeños avances en la senda del diálogo, Rusia también ha atacado los alrededores de Kiev pese a que, como en Chernihiv, se comprometió a no hacerlo para “aumentar la confianza mutua” en las conversaciones.

Ante la falta de avances en la capital y con sus tropas empantanadas y problemas logísticos, Moscú sigue presionando esas zonas, aunque centra sus esfuerzos en el este de Ucrania. Sobre todo en Donbás, donde han aumentado los esfuerzos para avanzar hacia la ciudad de Sloviansk, en la región de Donetsk, y progresa en la ofensiva sobre Mariupol, la localidad portuaria arrasada por las bombas de la que ya controlan una parte y donde están tratando de forzar una capitulación.

Las tropas rusas se han reorganizado también para desbaratar la contraofensiva ucrania en el sur, donde han hecho sus mayores avances hasta ahora con la captura de Jersón, la única capital regional que controlan. Moscú trata de mantener sus logros en ese flanco donde está usando como lanzadera militar la península de Crimea —que se anexionó ilegalmente en 2014— y avanzar sobre Mikolaiv y hacia el este, con el objetivo de rodear a las tropas ucranias en el Donbás desde el noreste y desde el sur, según el último análisis del Instituto para el Estudio de la Guerra.

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, advirtió el martes por la noche que el país “no debería dejar de estar vigilante” tras el anuncio de Rusia de que reduciría sus actividades militares cerca de Kiev. El Gobierno ucranio y sus aliados occidentales son escépticos sobre los anuncios e intenciones de Putin. Este miércoles, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha recalcado que no hubo grandes avances en Estambul aunque ha señalado que la entrega de propuestas por escrito de Kiev es un “factor positivo”. “Todavía queda mucho trabajo por hacer”, ha insistido Peskov, que ha explicado que la delegación negociadora rusa se reunirá con Putin. Moscú trata de tener ventaja en la mesa de negociaciones.

Mientras, el ministerio de Defensa de Reino Unido ha señalado que las tropas de Putin se han visto obligadas a regresar a Rusia para reorganizarse y reabastecerse tras sufrir grandes pérdidas. El cambio de enfoque de Moscú hacia el Donbás es “probablemente una admisión tácita de que está luchando para mantener más de un eje de avance”. En su análisis, Londres ha advertido también de que Rusia “probablemente compense su reducida capacidad de maniobra terrestre a través de artillería masiva, ataques y misiles”.

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400 civiles muertos en Chernihiv

En Chernihiv, la situación es dramática, advierten las autoridades locales. En la ciudad han muerto unos 400 civiles desde que Putin lanzó la invasión. Quienes permanecen en la ciudad, con 285.000 ciudadanos censados antes de la guerra, una localidad tranquila y donde apenas nadie creía en la posibilidad de que el conflicto armado llegase a sus puertas, no tienen agua, electricidad ni gas. Esta noche y esta mañana han seguido allí los bombardeos. El gobernador, Viacheslav Chaus, y el alcalde, Vladislav Atroschenko, han acusado al Kremlin de mentir. “La ‘disminución de la actividad’ en la región de Chernihiv fue demostrada por el enemigo que realizó ataques en Nizhyn, incluidos ataques aéreos, y durante toda la noche atacaron Chernihiv”, ha alertado Chaus en un mensaje de Telegram. Chernihiv está a unos 140 kilómetros de Kiev.

Oleksiy Arestovich, asesor presidencial ucranio, ha advertido este miércoles de que Rusia está moviendo tropas del norte, sobre todo de la región de Kiev, al este para cercar a las fuerzas ucranias; pero no ha constatado retirada de la zona de Chernihiv. Mientras, han agudizado la ofensiva en el área del Donbás, la zona minera del sureste del país que da nombre a la operación de Putin para “desnazificar” Ucrania y liberar y “proteger” a la población rusoparlante.

Pavlo Kirilenko, el gobernador de Donetsk, una de sus dos regiones del Donbás, ha remarcado este miércoles que las tropas del Kremlin están bombardeando todas las ciudades a lo largo de la línea del frente que ha separado durante casi ocho años las fuerzas ucranias de las de los separatistas prorrusos a través de los que Moscú controla la autodenominaba “república popular” de Donetsk.

Las fuerzas de Kiev han combatido cuatro avances rusos en las regiones de Lugansk y Donetsk en los últimos días, según el Ejército ucranio. Las autoridades denuncian, además, que Rusia está bombardeando con “artillería pesada” zonas residenciales de la ciudad de Lysychansk, en la región de Lugansk. El Ministerio de Defensa de Rusia ha asegurado este miércoles que ha destruido con sus ataques “equipo militar ucranio” y dos almacenes en el Donbás.

En Mariupol, también en la región del Donbás, siguen produciéndose intensos combates. La ciudad lleva bajo asedio y cercada un mes y está prácticamente devastada. Las autoridades locales estiman en 5.000 los civiles muertos en la ciudad. Mientras, Moscú ha asegurado que no ataca a civiles y culpa a las “fueras nacionalistas” de la destrucción de la ciudad portuaria, símbolo ya del sufrimiento de la ciudadanía ucrania. Más de cuatro millones de personas han abandonado ya Ucrania por la violencia desatada por la invasión de Vladímir Putin, que pese a las grandes pérdidas de vidas humanas — y de sus propias tropas— y la condena internacional, insiste en que todo está saliendo según su plan.

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En otra demostración de que la comunicación entre los aliados es constante desde que comenzó la invasión rusa en Ucrania, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha mantenido este martes una videoconferencia con los líderes de Francia, Emmanuel Macron; Alemania, Olaf Scholz; Italia, Mario Draghi, y el Reino Unido, Boris Johnson. La convocatoria de la conversación a cinco bandas, que llega días después del viaje de Biden a Bruselas y Polonia, partió de la Casa Blanca para analizar los últimos avances de las negociaciones entre Kiev y Moscú, que han ofrecido signos de mejora en la forma y ciertos avances en el fondo este martes en Estambul.

Al término de la llamada entre aliados, que se ha prolongado durante una hora, Biden se ha mostrado cauteloso. “Veremos. No me creeré nada hasta que compruebe que lo respaldan con acciones”, ha dicho, en referencia al anuncio de Rusia de que reducirá “drásticamente” las operaciones militares en las áreas de Kiev y Chernihiv para avanzar en la resolución del conflicto. Ucrania, por su parte, ha ofrecido su renuncia a la OTAN a cambio de obtener garantías de seguridad en su territorio.

Después, el portavoz del Pentágono, John Kirby, ha asegurado que han observado movimientos de “un número pequeño” de soldados rusos cerca de Kiev en los “últimos uno o dos días”, pero ha descartado que se se trate de “una retirada real”. “Mantienen una abrumadora mayoría de sus tropas [en el terreno]. Creemos que estamos ante un reposicionamiento, no ante un verdadero repliegue. Deberíamos estar todos preparados para una gran ofensiva en otras zonas de Ucrania”, ha añadido. En el mismo terreno cauteloso se ha movido también el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, que ha declarado que “hace tiempo” que su Gobierno sabe que “lo que Rusia dice y lo que hace son dos cosas distintas”. “Nosotros, de momento, nos concentraremos en lo que hace”, ha añadido.

Biden ha comparecido ante la prensa tras su reunión con el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, que ha viajado a Washington para tratar la situación en la región Indo-Pacífico, además de la guerra en Ucrania, “un conflicto inaceptable para cualquier país del mundo”, según el mandatario estadounidense. Biden ha dicho que está decidido a seguir con “las fuertes sanciones” y a continuar con el suministro de material militar al ejército ucranio para su defensa. También ha aclarado que los cinco líderes han coincidido en la necesidad de trabajar en conseguir mercados energéticos más estables, capaces de soportar crisis como la que ha desatado la agresión rusa, que ha disparado los precios del petróleo en todo el mundo y ha generado inquietud por el abastecimiento de gas natural en Europa, continente extremadamente dependiente del suministro ruso.

El símbolo de Mariupol

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Según un comunicado de la Casa Blanca, los aliados también “coincidieron en sus esfuerzos para brindar asistencia humanitaria a los millones de afectados por la violencia, tanto en Ucrania como en los países que están recibiendo a sus refugiados”. Y han subrayado la urgencia de establecer vías para hacer llegar la ayuda humanitaria a los civiles en Mariupol, ciudad que se ha convertido en el símbolo de la devastación de la guerra y de la resistencia ucrania.

Encima de la mesa estaba la iniciativa de Macron de organizar una operación humanitaria en el enclave del sudeste del país, que ha chocado este martes con la negativa de Vladímir Putin. “No se reúnen [las condiciones] en este momento”, declaró una fuente del palacio del Elíseo, sede presidencial francesa, tras una conversación de una hora entre Macron y el presidente ruso. El plan de aquel contemplaba una operación conjunta de Francia, Turquía y Grecia. La condición era una tregua en Mariupol que permitiese a la población civil salir de la ciudad de forma segura. La respuesta de Putin, según el Elíseo, ha incidido en la línea del Kremlin: que es Ucrania la que obstaculiza las operaciones humanitarias y que son las fuerzas armadas de este país las que impiden moverse a la población civil. Sin embargo, el presidente “escuchó las demandas” de Macron, y “dijo que iba a reflexionar en ellas”, añadió la citada fuente.

Un portavoz del Gobierno británico ha abundado tras la llamada con Washington en la idea de que al régimen de Putin hay que juzgarlo “por sus acciones, no por sus palabras”. “Putin está ensañándose en Ucrania en un intento de obligar al país y a sus aliados a capitular”, ha añadido. “Debemos ser implacables en nuestra respuesta”. Londres ha asegurado que los líderes convocados a la llamada han discutido sobre “la necesidad de trabajar juntos en remodelar la arquitectura energética internacional y en reducir la dependencia de los hidrocarburos rusos”. También, que se han mostrado de acuerdo en que no puede aflojar “la resolución occidental hasta que el horror infligido a Ucrania haya terminado”.

Alemania, por su parte, apuesta por mantener la presión de sanciones sobre Rusia, según el portavoz de la cancillería, y en trabajar por “permitir finalmente la entrega de la ayuda humanitaria que se necesita con urgencia para las personas en Ucrania y construir corredores humanitarios efectivos… especialmente en la ciudad de Mariupol”, ha indicado el Gobierno alemán en un comunicado hecho público tras la llamada.

La reunión de Biden con el primer ministro de Singapur ha servido también, según el primero, para tratar la posición de Corea del Norte, que la semana pasada informó del lanzamiento del misil “más potente” de su historia (extremo que Estados Unidos y Corea del Sur ponen en duda). El segundo ha aprovechado además para expresar su “preocupación” por la situación en Myanmar, donde las tropas del ejército tomaron el poder por la fuerza el 1 de febrero de 2021, provocando una crisis (y la resistencia de los birmanos) que aún permanece abierta.

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Las reuniones entre las delegaciones rusa y ucrania celebradas este martes en Estambul han concluido sin avances inmediatos pero con un cambio de tono hacia un posible acuerdo. El equipo de negociación ucranio del Gobierno de Volodímir Zelenski ha manifestado que Ucrania sellaría su neutralidad y, por tanto, renuncia a entrar en la OTAN, como exige el presidente Vladímir Putin, siempre que Kiev cuente con garantías de seguridad en sus territorios ofrecidas por terceros países (excepto en Crimea y Donbás). Por primera vez, el Gobierno de Kiev ha hablado también de negociar el estado de Crimea —que Moscú se anexionó con un referéndum ilegal en 2014— aunque dentro de 15 años. La mesa de diálogo de Moscú ha allanado también el camino para una reunión entre Zelenski y Putin. Al término de cuatro horas de encuentro que la parte rusa ha considerado “constructivo”, el viceministro de Defensa ruso, Alexander Fomin, ha anunciado que, para avanzar en el diálogo y “aumentar la confianza mutua”, Moscú ha decidido “reducir drásticamente las operaciones militares” en las áreas de Kiev y Chernihiv. Oficiales de Kiev han tomado con escepticismo el anuncio.

La propuesta del equipo de enviados de Ucrania tendrá que ser ahora valorada por los delegados rusos. Los negociadores enviados por Kiev, liderados por David Arajamia, presidente del grupo mayoritario del Parlamento ucraniano, han presentado una propuesta de acuerdo en la que, a cambio de su “neutralidad” militar ―que incluye la renuncia a ingresar en la OTAN, al establecimiento de bases militares extranjeras en su territorio y al desarrollo de armas nucleares―, exige un tratado de garantías. Este tratado, que debería certificarse en los Parlamentos y una cumbre internacional, implicaría la designación de una decena de países garantes, los cinco del Consejo de Seguridad (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido) más Turquía, Alemania, Canadá, Israel o Polonia, que, en caso de agresión al territorio ucranio tendrían la obligación de enviar armas y material de defensa en una versión adaptada sin tropas del artículo 5 de la carta de la OTAN.

Quedaría fuera de esta protección la península de Crimea y el área del Donbás, que Moscú controla a través de los separatistas prorrusos. Ucrania ha dejado claro que sigue considerando sus fronteras internacionalmente reconocidas, es decir con Donbás y Crimea, y que se compromete a no tratar de recuperar las partes controladas por Rusia por la fuerza.

La reunión se inició a las 9.30, hora local (una hora menos en la España peninsular), con la recepción por parte del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que instó a ambas delegaciones a estar a la altura de su “misión histórica” y a lograr “una paz justa” para ambas partes. Después de un encuentro de hora y media entre los jefes de delegación ruso y ucranio, los equipos negociadores al completo (entre los que hay representantes gubernamentales, parlamentarios y militares) se reunieron durante cerca de tres horas más, con pausas entre medias. Está previsto que las negociaciones se prolonguen mañana miércoles, según ha informado el Gobierno turco.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, instó antes de las negociaciones a los representantes de Kiev y Moscú a actuar con “responsabilidad” y pactar un alto el fuego. “Con un sentido de responsabilidad estoy seguro de que se pueden alcanzar un alto el fuego permanente”, dijo Erdogan en un discurso dirigido a los delegados de ambas partes en la Oficina Presidencial del Palacio de Dolmabahçe de Estambul, según recoge la agencia Efe. El mandatario expresó asimismo su confianza en que la reunión de hoy y mañana abra el camino para un encuentro a nivel de jefes de Gobierno. “Creemos que no hay perdedores de una paz justa y equitativa. La continuación de la guerra no es del agrado de ninguna de las partes y un alto el fuego inmediato beneficiaría a todos”, subrayó el mandatario turco en su alocución televisada.

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Aludiendo implícitamente a los combates diarios desde que el 24 de febrero las tropas rusas invadieran Ucrania, Erdogan consideró que llegó la hora de que el fuego cese “tan pronto como sea posible”. “Todo el mundo está esperando las buenas noticias de ustedes”, insistió tras recordar los esfuerzos suyos y de su Gobierno para mediar entre las partes con el fin de lograr una solución que ponga fin a los combates.

Hasta ahora, las dos partes se reunieron de forma presencial en tres ocasiones en territorio bielorruso, mientras el día 10 se reunieron sin éxito en Antalya los ministros de Exteriores de Rusia y Ucrania, Serguéi Lavrov y Dmitro Kuleba, respectivamente. Desde entonces las negociaciones se han sucedido prácticamente a diario en formato de videoconferencia a nivel de las dos delegaciones y de grupos de trabajo.

Los puntos más alejados en la negociación entre los dos equipos serían el estatus de Crimea, que Moscú exige ver reconocida como parte de su territorio, y de Donbás, que el Kremlin pretende que alcance la independencia de Ucrania o sea anexionado a Rusia. Con todo, el jefe de la diplomacia ucrania rebajó las expectativas y dijo que, en los puntos mencionados por Erdogan, “no se ha logrado el consenso” con Rusia.

“Garantías de seguridad y neutralidad, estatus no nuclear para nuestro país. Estamos listos para ello”, había dicho Zelenski en una entrevista con varios medios independientes rusos como Meduza o Kommersant emitida este domingo. También aseguró que está dispuesto a un “compromiso” sobre Donbás, la región parcialmente controlada por rebeldes prorrusos desde 2014 y que ahora Moscú ha convertido en objetivo principal de la invasión.

“Entiendo que es imposible forzar a Rusia a liberar el territorio completamente, eso llevaría a la tercera guerra mundial. Por eso digo: es un compromiso. Regresen a [las posiciones] en las que comenzó y nosotros trataremos de resolver el tema de Donbás, el difícil tema de Donbás”, afirmó el líder ucranio: “Quiero terminar esta guerra. No quiero tener cientos de miles de muertos. Así que no me planteo atacar por la fuerza ni en Donbás ni en Crimea. Porque entiendo que muchos miles de los nuestros morirían”.

El cambio de sede de las negociaciones por Turquía, algo que había buscado la parte ucrania dada la implicación cada vez mayor de Bielorrusia en la campaña bélica rusa, se decidió durante el fin de semana tras varias gestiones turcas. Erdogan telefoneó el viernes a Zelenski, y posteriormente certificó que se habían producido “avances” en las posiciones negociadores. El domingo, habló por teléfono con el líder ruso, Vladímir Putin, al que convenció de trasladar las negociaciones a Estambul.

Turquía, pese a ser uno de los miembros más antiguos de la OTAN, es el único país de la Alianza que no ha secundado las sanciones contra Rusia. “No podemos romper los puentes con Moscú, de otra forma, ¿quién hablará con ellos? Nosotros hemos decidido mantener abiertos los canales”, dijo el lunes el portavoz presidencial turco, a la vez que explicó que su país está en permanente contacto con sus socios atlánticos para informarles del avance de la mediación entre Ucrania y Rusia.

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Las delegaciones de Rusia y Ucrania han iniciado este martes en Estambul una nueva ronda de negociaciones presenciales bajo los auspicios del Gobierno turco, tras dos semanas de discusiones por videoconferencia. El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ha pedido a ambos equipos negociadores “una paz justa” en la que, según ha afirmado, “no debería haber un perdedor”. El objetivo fundamental de este nuevo diálogo entre asesores presidenciales rusos y ucranios es alcanzar un alto el fuego. Sin embargo, aunque ambas partes se han mostrado dispuestas a acercar posturas, un abismo sigue separando las exigencias del país invasor, Rusia, de las demandas que Kiev ha asegurado estar dispuesto a aceptar; especialmente en cuanto a la reclamación de que Ucrania reconozca la soberanía rusa de Crimea —que Moscú invadió y se anexionó ilegalmente en 2014— y la independencia de la región de Donbás. El ministro de Asuntos Exteriores ucranio, Dmytro Kuleba, ha resumido la postura de su país respecto a esta negociación con una frase: “[A cambio de la paz] no estamos dispuestos a intercambiar personas, territorio o soberanía”.

¿Qué exige Rusia para parar la guerra?

Las principales exigencias de Rusia para parar la guerra que inició hace cinco semanas no han variado sustancialmente de las que el presidente Vladímir Putin enumeró justo antes de lanzar la invasión de Ucrania del 24 de febrero, según confirmó el ministro de Exteriores ucranio Kuleba en una entrevista con este diario. Estas demandas rusas son, primero, que Ucrania acepte un estatus de neutralidad, es decir, que renuncie a unirse a la OTAN, y además lo blinde inscribiendo este compromiso en su Constitución, que ahora recoge la meta de sumarse a la Alianza Atlántica. En segundo lugar, que Kiev reconozca como territorio ruso a la península de Crimea, que Moscú se anexionó hace ocho años con un referéndum celebrado en ese territorio bajo presencia militar y no reconocido por la comunidad internacional.

Otra reclamación de Rusia a Ucrania es el reconocimiento de Donetsk y Lugansk, en el área oriental ucrania de Donbás, como estados independientes. Entre las demandas iniciales de Rusia figuraban inicialmente la “desnazificación” de Ucrania —Putin sostiene que el Gobierno y el ejército de ese país están controlados por neonazis y grupos de extrema derecha—, la desmilitarización y la protección de la lengua rusa en la exrepública soviética.

¿Cuáles son las condiciones de Ucrania?

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Las principales condiciones de Ucrania para un posible acuerdo de paz son tres: la primera es la obtención de garantías de seguridad. La segunda es el reconocimiento de su integridad territorial dentro de sus fronteras internacionalmente reconocidas —lo que incluye a Crimea y el Donbás— y la tercera es un alto el fuego y la retirada del Ejército ruso. Kiev exige además la apertura de corredores humanitarios para evacuar a la población de las zonas asediadas por las tropas rusas con un compromiso expreso de Moscú de que no se va a atacar a los civiles que huyen.

¿A qué se refiere Ucrania cuando pide garantías de seguridad?

En su conversación con EL PAÍS, el ministro Kuleba precisó que su Gobierno aspira a “algo similar” al artículo 5 de la OTAN; es decir, un compromiso de los Estados que se hagan garantes de la seguridad de Ucrania de defender el país si alguien lo ataca. Kuleba detalló que esas garantías obligarían a “aquellos países que brindan sus garantías de seguridad a proveer a Ucrania en 24 horas de todas las armas necesarias, adoptar una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU exigiendo parar la agresión e imponer sanciones”. El ministro aseguró que Kiev está “en conversaciones con Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia y Turquía sobre su potencial participación en este modelo”.

¿Cuáles son los principales escollos para las negociaciones?

Las cuestiones en las que las posturas de Moscú y Ucrania siguen siendo más irreconciliables son la cuestión territorial y los aspectos ligados a la soberanía nacional ucrania. En su alocución televisada del domingo, el presidente Zelenski remarcó que quiere la paz pero precisó que ambas cuestiones constituyen líneas rojas para su país: “La soberanía y la integridad territorial de Ucrania están fuera de cualquier duda”. Frente a ello, Rusia insiste en su exigencia de que Ucrania acepte el hecho consumado de su anexión unilateral de Crimea en 2014 y reconozca la soberanía rusa sobre esa parte de su territorio. Moscú reclama también que Kiev renuncie a las regiones de Donetsk y Lugansk, en Donbás, y reconozca a las dos provincias de esa región ucrania como estados independientes. En 2014, poco después del referéndum ilegal en Crimea, los separatistas prorrusos, apoyados por el Kremlin, hicieron una votación en parte de esos territorios para reclamar la independencia. Antes de la invasión, Putin las reconoció como repúblicas, asumiendo además su reclamación de todo el Donbás (área donde está, por ejemplo, Mariupol) aunque solo controlaban en ese momento una tercera parte.

¿En qué se han acercado las posiciones por parte de Ucrania?

Zelenski ha reiterado que su país está dispuesto a discutir sobre un estatus de neutralidad para su país y a renunciar a formar parte de la OTAN, la última vez este domingo, en una entrevista con varios medios de comunicación independientes rusos. Sin embargo, el presidente ucranio condiciona esta discusión a una retirada de las tropas rusas y a que esta cuestión se someta a referéndum, ya que se requeriría un cambio constitucional. Como ha hecho durante todo su periodo de Gobierno, Zelenski insistió en su entrevista con los medios rusos —vetada para su emisión en Rusia— que Kiev no tiene planes de recuperar por la fuerza todo el territorio de Donetsk y Lugansk. El presidente ucranio aludió a un “compromiso” sobre el Donbás y dejó entrever que aceptaría una vuelta al statu quo previo a la invasión; es decir, una retirada de las fuerzas rusas a la línea de demarcación que, antes del 24 de febrero, separaba la zona de Donbás bajo control de Moscú, a través de los separatistas prorrusos, del área dominada por el Ejército ucranio.

¿Y por parte de Rusia?

El ministro de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, aseguró el lunes que veía “posible” un acuerdo entre Rusia y Ucrania. Moscú podría haber renunciado a algunas de sus exigencias iniciales a Ucrania, sobre todo en tres aspectos: la desmilitarización del país, la protección legal del ruso —cerca del 30% de ucranios tienen ese idioma como lengua materna— y lo que Putin definía como “desnazificación”, de acuerdo con Financial Times, que asegura haber accedido al borrador del alto el fuego sobre el que trabajan las delegaciones rusa y ucrania en Estambul. Rusia podría estar dispuesta a aceptar también que Ucrania ingrese en la Unión Europea, siempre según el documento citado por ese periódico.

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El Gobierno de Ucrania ha acusado a Rusia de deportar a su territorio a miles de personas forzosamente, entre ellas, cientos de menores. La defensora de los Derechos Humanos ucrania, Liudmila Denisova, asegura que las fuerzas de Vladímir Putin están trasladando a civiles del área de Donbás y de localidades ocupadas del sur a campamentos improvisados denominados “de filtración”. Allí las fuerzas rusas les requisan los pasaportes, son interrogados y, finalmente, muchos de ellos son enviados a ciudades rusas. Kiev denuncia que Moscú conduce a miles de civiles desesperados por las bombas y la destrucción a través de corredores, a veces sin saber hacia dónde se dirigen. Al menos 40.000 han sido trasladados ya de Ucrania a territorios controlados por Rusia, según la vice primera ministra de Ucrania, Irina Vereshchuk.

En las instalaciones de recepción de desplazados internos del centro del país, varias personas de la zona del sur de Donetsk describen casos de civiles captados en controles rusos, que son detenidos y trasladados contra su voluntad. Por teléfono, una mujer de Mariupol que pide proteger su identidad porque aún tiene familia en la ciudad, afirma que sus vecinas, muy mayores, se vieron forzadas a aceptar el traslado por parte de los soldados rusos. “Entraron en el refugio donde estaban y les dijeron que pronto sería atacado. No tuvieron otro remedio”, relata.

El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha asegurado que unos 2.000 menores han sido “secuestrados” en las zonas que permanecen bajo el ataque de las fuerzas del Kremlin. Pero las dificultades para acceder a esos territorios, sumadas a la ausencia de organismos internacionales en dichos puntos, hacen muy difícil una verificación independiente de las cifras. Ucrania denuncia el secuestro, además, de decenas de alcaldes, políticos locales, periodistas y activistas de las localidades ocupadas.

160.000 personas atrapadas a Mariupol

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Cuando la guerra de Putin contra Ucrania entra en su quinta semana y la contraofensiva de las fuerzas de Zelenski está logrando recuperar áreas del sur del país y cercanas a la capital, Kiev, las tropas rusas continúan con su asedio a Mariupol, la ciudad portuaria del mar de Azov que se ha convertido en el símbolo del sufrimiento de la población civil por esta guerra. Los soldados rusos controlan ya varias zonas de la localidad, donde quedan aún atrapadas unas 160.000 personas, según ha afirmado este lunes su alcalde, Vadim Boichenko. Desde las áreas ocupadas de Mariupol retransmiten ya los empleados de varios medios estatales rusos, que atribuyen la destrucción a los “nacionalistas ucranios”.

Desde Mariupol han sido deportadas también miles de personas. Decenas de ellas han sido transportadas a un centro deportivo de Tarangong, una ciudad rusa entre la localidad del Mar de Azov y la rusa Rostov del Don. Boichenko ha acusado a las fuerzas rusas de impedir la evacuación y las salidas seguras de la ciudad hacia otras zonas de Ucrania y de emplear varias estrategias para las deportaciones forzadas: desde obligar a la ciudadanía a subirse a autobuses con destino a territorios ocupados y de ahí a Rusia, a canalizar las salidas a través de corredores y sin detallarles a esos civiles desesperados por abandonar una ciudad devastada que van a ser trasladados a Rusia. “Los ocupantes están obligando a la gente ya agotada por la guerra a subirse a los autobuses”, dijo Boichenko en un mensaje de Telegram.

Imágenes de satélite permiten identificar también un campamento en Bezimenne, un pueblo costero a unos 90 kilómetros al este de Mariupol. Allí se alojan, al menos, 5.000 personas entre tiendas de campaña, un colegio y un club deportivo, según informó el diario oficial del Gobierno ruso Rossiskaya Gazeta hace unos días. La noticia detalla que las personas trasladadas fueron retenidas en puestos de control donde se les tomaron las huellas dactilares y fotografías. “Sus datos se verifican en una base de datos de delincuentes buscados. Uno de los problemas clave es la escasez de tarjetas SIM y no todos tienen un teléfono móvil”, señaló el diario ruso.

Por su parte, Rusia niega que esté deportando gente a la fuerza y asegura que ha recibido en “evacuaciones” a unas 400.000 personas que han “expresado el deseo de escapar” al país. Medios rusos informan también de que cientos de civiles procedentes de Ucrania han sido enviados en tren a más de un millar de kilómetros al norte, a las regiones de Yarloslavl y Riazán.

El Ministerio de Defensa ucranio y la Fiscalía del país están recopilando documentación de los casos de deportaciones forzosas para acudir ante instancias internacionales a denunciar lo que es un abuso de los derechos humanos: deportar civiles al país invasor. Kiev asegura además que tiene datos de que Moscú está reubicando a civiles en partes lejanas de Rusia, incluso en Sajalín, una isla en el Lejano Oriente ruso. “Tras pasar los campos de filtración, los ucranios son enviados a áreas económicamente deprimidas de Rusia”, asegura el Ministerio de Defensa en un comunicado en su Facebook. “Se les ‘ofrece’ empleo oficial a través de los centros de empleo. Aquellos que lo aceptan reciben documentos que prohíben salir de las regiones rusas durante dos años”, añade.

La defensora de los Derechos Humanos ucrania ha asegurado que la escala de la reubicación forzosa que se está viviendo en su país solo es comparable a la deportación llevada a cabo por Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. Hablar de deportaciones forzosas también hace pensar a muchos ciudadanos en la época estalinista. Y el lenguaje de “campos de filtración” evoca —también en esto y una vez más en este conflicto— a la guerra de Chechenia, en la que había instalaciones donde se retenía arbitrariamente a miles de personas en condiciones de vulneración de los derechos humanos, e incluso se realizaban torturas, según documentaron las organizaciones de derechos humanos.

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