The semi-humanoid robot Pepper is being used by police in the United Arab Emirates to uncover crimes against children such as abuse and exploitation, a sensitive area where a friendly android face could prove more approachable and less traumatic for those involved.
The project from the multinational IT company Inetum uses Pepper’s artificial intelligence-driven ability to read emotions and understand human behavior to interact with the children and assess their responses to questioning when faced with a potentially distressing or even life threatening situation.
“It is one of our most beautiful and resilient projects,” head of innovation at Inetum Spain, Jesus Otero, told Efe at the Mobile World Congress taking place in Barcelona.
“The presence of the robot helps the children to open up and be more expressive in therapy despite the fear they are experiencing,” Otero said.
The Fundació Puigvert has successfully performed the first two surgeries in Spain with a new state-of-the-art surgical robot, one of the most advanced in the world with this healthcare technology
A moment of the intervention of the HUGO surgical robot at the Fundació Puigvert/Courtesy photo
With this double surgery, performed on patients with prostate cancer and kidney cancer, this Foundation has become the second hospital in Europe to perform an operation with this system, and one of the first in the world, this health center has reported.
The new surgical robot, called HUGO and developed by Medtronic, introduces an open console, portability, artificial intelligence and a modular design for the first time in a system of its kind, while improving precision and ergonomics.
This robot guarantees patients the advantages of minimally invasive surgery, with fewer complications and less recovery time after the intervention, according to its creators.
Dr. Joan Palou, director of the Urology Service of the Fundació Puigvert, highlights the “solvency and functionality” of the new robot.
The urologist affirms that, although the new tool will allow all types of intervention, it stands out in “some surgeries in which scientific evidence shows that the advantages are unquestionable, such as radical prostatectomy for prostate cancer or partial nephrectomy for kidney cancer, first two operations that we have carried out successfully”.
The technology of this robot has a mobile system that allows it to be moved easily inside and outside the operating room.
In a complementary way, it incorporates artificial intelligence to record the interventions and make a selection of the key moments of the surgery automatically.
Currently, robotic surgery is used in only 3 percent of procedures in the world.
Dr. Alberto Breda, head of the Urology Oncology Unit and the Renal Transplant Surgical Team, stresses: “Surgeons want to operate with robotic surgery because it has been shown to be the best way, and it offers clear advantages for patients, such as decrease in bleeding, postoperative pain and days of hospitalization».
“The ideal scenario, and the one posed by the arrival of HUGO and the rest that will arrive, is that it will stop being done only in selected cases, like now, to be done routinely,” adds Dr. Breda, president of the robotic surgery section of the European Society of Urology.
Despite advances in medical technology over the past decade, cost and availability barriers have put robotic-assisted surgery out of reach for many hospitals and, consequently, patients, notes the Puigvert Foundation.
‘Electrón’ es el robot ambientalista que causa sensación en Pasto
Reciclar, cuidar el medio ambiente y crear cultura ciudadana es el objetivo de la máquina.
Noticias Pasto.
Un joven nariñense dedicado al reciclaje decidió crear un prototipo de robot que se ha ganado elogios en la región. La máquina ha sido sensación por lo curioso, creativo y sobre todo por su funcionalidad para conservar el medio ambiente. Su nombre es Electrón y su historia inició hace 20 años.
Quien lo creó es Herney Cabrera y cuenta que la idea le surgió «cuando me quedé sin trabajo, entonces me dediqué a reciclar y recolectar materiales en las calles«.
En medio de la crisis Herney manifiesta que encontró un propósito y sacó provecho de sus ideas. «Recolectaba materiales, más que todo con forma artística, entonces desde ese tiempo nació el amor por mi trabajo e iniciativa» contó Cabrera.
Reciclaje en el barrio Anganoy.Herney Cabrera, reciclador empírico y creador del robot Electrón.
Electrón nació de los residuos en Angonoy
Herney contó que Electrón provino de los cartones, plásticos y residuos reciclables del barrio Anganoy en Pasto.
Sus inicios se dieron como «un proyecto con materiales reciclables. Siempre el arte me llamaba la atención, tenía en mí el espíritu de crear algo diferente, sobre todo para los niños» añadió.
Pedagogía ambiental
Este robot no solo causa sensación por su particular diseño , también lo hace por su función.
Electrón compartiendo pedagogía ambiental.
«Electrón imparte pedagogía ambiental, entregamos volantes con un mensaje, como artista y reciclador empírico para despertar conciencia en la ciudadanía”, cuenta.
Precisa que estas actividades las hace sobre todo con los niños y niñas del barrio, quienes se acercan llenos de curiosidad al robot.
Casi siempre en compañía de sus padres de familia y seres queridos.
Y fueron estos mismos la razón por la que la idea surgió, “lo hice pensando sobre todo en los niños, para enseñarles a no contaminar más el planeta, sino que al contrario traten de aprovechar esta materia prima reciclable y diseñen, elaboren, con su imaginación un sin fin de inventos, como el robot”.
Bio-Reciclar
Electrón no solo nace con el propósito de crear conciencia ambiental, sino también un movimiento, así lo cuenta su creador.
«La historia de Electrón es maravillosa porqué de esa idea nacieron muchas más, también nació la iniciativa de salir a las calles y darnos a conocer«.
La acogida de la ciudadanía fue exitosa.
«Sí, le gustó mucho a la gente, sobre todo cuando salimos a la movilizaciones, acompañamos a manifestar con nuestro movimiento ambientalista«.
Este movimiento lo conforman estudiantes de la Universidad de Nariño, artistas visuales, y ciudadanos de Pasto.
«Se llama Bio-Reciclar, nos ha llevado a muchos municipios, barrios, y seguimos participando en bastantes convocatorias».
Actualmente el robot ambientalista ‘Electrón’ se encuentra participando en un proyecto colombiano que se realizará en marzo.
«Esperamos el apoyo de todos los pastusos en nuestro proyecto, pronto estaremos en la ciudad de Cali participando en una convocatoria, junto con otras obras del país» finalizó Cabrera.
Walter Velásquez durante la entrega de Jovam a las autoridades del Instituto Nacional Penitenciario. INPE
En los Andes de Perú, el profesor rural de secundaria Walter Velásquez no ha dejado de pensar en cómo desde la tecnología se puede hacer mucho por la educación. En 2020, en el peor momento de la pandemia, creó a Kipi, una robot que habla quechua y complementa la eduación de escolares en comunidades campesinas que no pueden tomar clases a distancia porque no tienen acceso a internet ni televisión. Esta vez, a pedido de una ONG, ha dado a la luz a un nuevo robot: Jovam. El nuevo aparato, cuya creación tomó seis meses, ayudará en el trabajo de los maestros que educan en las cárceles, donde internet está prohibido para los reos.
”[La organización] DVV International nos presentó un reto, así que para crear a Jovam hemos fabricado una placa madre huancavelicana, tiene su propio chip y sus sensores”, explica el maestro vía telefónica desde Colcabamba, en la región Huancavelica, a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar. “En Perú no hay una industria que genere pantallas, cables y altavoces, entonces hemos reciclado partes de móviles y desechos electrónicos; y para el cuerpo, impresión 3D con fibra de maíz, por lo tanto, si lo entierran es biodegradable”, detalla.
Velásquez fundó hace 13 años un laboratorio de ciencia en la escuela pública Santiago Antúnez de Mayolo, en una provincia pobre y aislada enclavada en el Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM), conocido por su producción de café y cacao pero también por la coca.
El nuevo robot fue posible gracias a DVV International, que trabaja desde hace diez años en Perú y que, según cuenta su director en este país, Walter Quispe, promueve la educación en adultos, sobre todo a quienes están encarcelados.
El profesor Velásquez destaca que Jovam va a ser el primer robot que entra a una cárcel y lo describe como un complemento didáctico, una herramienta motivadora. “Todos los profesores necesitamos recursos para enseñar: todos los días sopa de pollo, cansa. Estamos desarrollando la capacidad de Jovam de grabar canciones o poemas y estudiando varios algoritmos que le permitan reconocer si quien le habla es hombre, mujer, niño o adulto”, señala.
Jovam fue donado al Instituto Nacional Penitenciario (INPE) en vísperas de Navidad. Puede desplazarse autónomamente hacia adelante y atrás, mueve las manos, responde a preguntas sobre objetivos de desarrollo sostenible y también habla alemán. “A diferencia de los niños que son más acumuladores en el proceso de enseñanza, el adulto es más analítico e interpreta”, refiere Velásquez, sobre algunas diferencias con Kipi, su anterior creación.
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
“Es un desarrollo interesante porque conecta digitalmente su cerebro con la cara: cuando habla, abre y cierra sus ojitos y la boca, hemos logrado una conexión sináptica, una especie de red neuronal: ha salido humo del laboratorio para lograrlo”, cuenta el profesor, que ha sido distinguido con varios premios desde 2012 por su innovador trabajo.
Para la enseñanza con Jovam, hay diez cartillas de preguntas que facilitan la interacción con los profesores y alumnos, pero el maestro del colegio rural ha recibido el pedido de las autoridades penitenciaria de dotar al robot de un proyector multimedia. Y a ello se dedica en estos días. El robot va a tener su experiencia piloto en el penal más grande de Perú, Lurigancho, que alberga a 9.270 reos, de los cuales 1.110 estudian, señala el vicepresidente del INPE, Omar Méndez. De estos, 330 tienen clases de educación básica y 780 de educación técnico-productiva, es decir, en cerámica al frío y de horno, carpintería, metal-mecánica y confección de ropa. En total, trabajan 48 profesores. ”Jovam puede ser muy útil en la educación técnico-productiva, como un repositorio de diseños e imágenes para mejorar la capacidad de producción que tienen y despertar el impulso al ver que se está vendiendo hoy en el mercado. No solo va a ser una novedad, además será útil”, asegura el vicepresidente del INPE.
Futura fábrica de robots
Según el director de DVV en Perú, la capacitación a los profesores para incorporar al robot en las aulas del penal de Lurigancho se desarrollará en las próximas semanas de cara al anunciado regreso a clases presenciales programado para marzo. Quispe estima que luego de la experiencia piloto en la prisión de Lurigancho, la ONG encargará al laboratorio del profesor Velásquez otros robots para la educación de jóvenes y adultos en cárceles de Ecuador y Colombia. Para el especialista, la paradoja de que el robot educativo para adultos no haya surgido en el país sede de su organización, Alemania, se debe a que “donde se ven más necesidades es donde salen más ideas”. “Jovam se ha creado en una zona donde no hay mucha tecnología y eso ha sido importante para que el robot, a pesar de que no opere con internet, tenga calidad de contenidos”, agrega.
”Quizá allá la educación de adultos está bien cubierta y abastecida, pero ya hay una invitación a Jovam para que visite Alemania”, cuenta Quispe, quien destaca que unos 18 millones de adultos no tienen acceso a servicios de educación en Perú. Mientras tanto, el profesor Velásquez mantiene el sueño de abrir “una fábrica de robots”, una empresa educativa con sus exestudiantes que no encuentran oportunidades de empleo en la región Huancavelica. Al momento ya patentó a Kipi y busca fondos para hacer lo mismo con el hermano mayor, Jovam.
”Yo veo la pedagogía para el bien común y en Jovam hemos puesto una mirada social porque estar privado de libertad no significa que van a dejar de educarse o de tener una misión en la vida. Quizá luego de esta experiencia (los reos) ya no solo fabriquen carritos, sino que se conviertan en programadores o añadan valor agregado a sus productos”, anhela Velásquez.
Suscríbase aquí a la newsletter de EL PAÍS América y reciba todas las claves informativas de la actualidad de la región