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Laura Acuña y su hijo.

La presentadora Laura Acuña mostró en video que le puso los pelos de punta.

Noticias Colombia.

Laura Acuña, famosa presentadora colombiana, vivió el susto de su vida en su propia casa por cuenta de una maniobra que hizo uno de sus dos hijos.

La santanderana tiene cámaras de vigilancia en su casa en Bogotá y estos dispositivos electrónicos registraron una escena que le puso los pelos de punta a Acuña, aunque ella presenció todo «en vivo y en directo».

Resulta que su hijo de 4 años de edad se encontraba, al parecer, en el segundo piso de la vivienda intentando subirse a un muro.

El niño saltaba y estiraba sus brazos tratando de lograr su objetivo sin saber que del otro aldo había un vacío directo al primer piso.

A través de su cuenta de Instagram, la comunicadora social colgó un mensaje reflexicvo y a manera d eprevención para aquellos padres que»por un segundo» se confían de que sus hijos no corren peligro en su propia casa.

«El susto que me acabo de pegar no es normal. Todavía estoy agitada … no se confíen en que los niños son tranquilos por más tranquilos que sean no dejan de ser niños y los peligros están en cada esquina no los despinten ni un minuto. Gracias Dios mío», escribió Acuña en su perfil.

La presentadora de ‘La Voz Kids‘ en la pasada temporada, subió el video a su cuenta con la intención de que los padres se concienticen del peligro:

«Lo que uno cree que no es peligroso resulta que sí. Comparto esto para que no les pase jamás. Dios los bendiga. Pd: Mi grito desde el otro lado no fue normal… nunca había gritado tan duro en mi vida», dijo.

Foto de portada: @lauracuña

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Un llanto y un grito a la vida: fue un barón el bebé que ayudaron a dar a luz los Bomberos en Cali

El parto se presentó la noche de este miércoles en el barrio La Primavera.

Noticias Cali.

Siempre que nace una vida hay una celebración en la familia y los seres queridos del nuevo bebé. Más aún, cuando se presenta en condiciones difíciles y en donde son los Bomberos quienes ayudan a dar a luz a la nueva madre.

Una situación de estas se presentó sobre las 8:41 de la noche de este miércoles 23 de febrero en el barrio La Primavera.

En una vivienda del barrio reportaban a una mujer que se encontraba inconsciente.

Cuando los Bomberos y paramédicos llegaron se dieron cuenta que se trataba de una madre de 38 años de edad en trabajo de parto.

El bebé lloró, grito y hubo explosión de felicidad

Luego de varios minutos atendiendo a la mujer, la nueva criatura nació, era un barón que luego del parto, «lo trasladaron al HUV junto con su señora madre, con todo el cuidado que los caracteriza».

Tras el nacimiento de la criatura, desde el cuerpo de Bomberos Cali confirmaron que la parámedica Luceida Castro ya ha traído a varios niños al mundo, «es una experiencia maravillosa que no se compara con ninguna otra».

Felicitaciones para la nueva madre, su familia, el cuerpo de Bomberos y a los paramédicos que como siempre están dispuestos cada vez que los ciudadanos los necesitan.

En el 2021 hubo varios nacimientos en una semana

Fue para finales de julio e inicios del mes de agosto, fueron dos los nacimientos en circunstancias especiales; dos bebes que contaron con la ayuda y atención de policía y bomberos, hoy junto a sus madres se encuentran estables.

En TuBarco les recordamos sus historias.

Camino al hospital

El primer nacimiento ocurrió el sábado 31 de julio, mientras la familia se dirigía a la clínica desde Villagorgona a Cali.

Como no alcanzaron a llegar, tuvieron que realizar el trabajo de parto en el vehículo donde se transportaban.

Con ayuda de los patrulleros de la Policía Nacional y paramédicos de Cali, la madre pudo dar a luz a una niña, quien al principio, «se presentó sin signos vitales».

«Demasiados sentimientos encontrados, es un momento muy emotivo, una vida que viene al mundo y la bebé no respondía, estaba un poco morada y nos sentíamos bastante preocupados por esta situación», mencionó la patrullera encargada del cuidado de la bebé.

El nacimiento en el carro.

Ante esta situación, la patrullera procedió al darle unos pequeños masajes para que la bebé pudiera despertar.

«Mientras coordinábamos con el centro automático de despacho para que nos enviaran una ambulancia, ahí nos llegaron dos ambulancias y nos ayudaron con lo que correspondía con la bebé», explicó el patrullero.

La madre y la bebé fueron trasladadas a la clínica.

Pocos nacimientos se ven así en la calle.

La pequeña Gabriela fue reanimada en la clínica Versalles, donde los policías, orgullosos de su labor, fueron a visitarla con regalos.

Para la patrullera, «es gratificante saber que hay una luz de esperanza que nos acompaña, que nos cobija. Yo creo, firmemente, que son bendiciones que el cielo nos trae», expresó ante las cámaras.

Mientras que su compañero, expresó el orgullo que siente al haber cumplido con su labor y añadió que, «eso es lo que uno añora vivir de estas experiencias».

De madrugada 

El otro caso, se registró este a las 4 de la madrugada de este martes en el barrio Petecuy, oriente de Cali.

Una joven de 15 años de edad, dio a luz a su bebé en su propio cuarto. Los paramédicos llegaron cuando el bebé ya había nacido, y los asistieron, a madre e hijo, para trasladarlos a un centro médico.

Aquí el paramédico con el niño, quien nació de manera espontanea en la habitación de su madre.

Ante esta situación, los paramédicos procedieron a monitorear a la madre, con signos vitales estables.

«Y el menor de edad lo que realizamos fue acabar de atender el parto que fue pinzando el cordón umbilical. Se cortó, se aspiró el bebé, para poder evitar que las secreciones lo ahogaran, se limpió y posterior a esto, se le colocó su ropita y se envolvió en una manta térmica», explicó el paramédico, Santiago Rojas.

Aquí junto a la madre, se encuentran en camino hacia el hospital San Juan de Dios.

Añadió que, «con la mamita se realizó el acompañamiento para que ella expulsara su placenta y seguido de esto, terminar de monitorizarla a ella y al bebé».

Posteriormente, la madre y el niño fueron internados en el Hospital San Juan de Dios, donde «ambos se encuentran estables y buenas condiciones generales», mencionó el paramédico encargado.

Otros de los nacimientos que cautiva a quienes cada día atienden emergencias más tristes, incluso de perdida de vidas y dolorosas.

 

 

 





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En el centro y con sombrero de cuadros, Mayerly Briceño, en una marcha por la paz en Arauca.
En el centro y con sombrero de cuadros, Mayerly Briceño, en una marcha por la paz en Arauca.

A Mayerly Briceño se le escucha por teléfono tan indignada como se le ve en los videos, que en las últimas semanas la han vuelto popular. “El pueblo tiene miedo, pero no nos vamos a resignar y no vamos permitir volver a revivir esa época de dolor y de violencia que ya hemos vivido. El pueblo no está dispuesto a seguir derramando sangre”, dice mirando a la cámara. Detrás de ella caminan decenas de personas vestidas de blanco y con carteles que piden paz. Su región, Arauca, en la frontera con Venezuela, ha vivido un violento inicio de año. El tercer día de enero se registraba el asesinato de más de 30 personas en medio de la disputa territorial entre guerrilleros del ELN y disidencias de las antiguas FARC. “Al menos 400 personas han tenido que desplazarse”, apunta Briceño que, con 26 años, sabe bien qué es tener que huir por la guerra.

Cuenta que cuando tenía cinco años, su familia tuvo que abandonar la casa en la que vivía por el asedio de grupos armados. Creció en Botalón, un pequeño caserío rico en producción de plátano y conocido por la ganadería, vecino de Tame, uno de los blancos de la violencia en esa zona. Briceño dice que cuando era niña había advertencias sobre qué caminos no pisar porque podía explotar una mina. “Creíamos que esa era la única forma de vida posible, nos acostumbramos a que fuera ‘normal’ no poder ir a la cancha de fútbol de la escuela porque de pronto estaba minada o a tomar un único camino para ir de un lugar a otro y así evitar que algo nos explotara si nos aventurábamos a tomar otra ruta”, cuenta desde Bogotá, a donde llegó el fin de semana acompañada por otros araucanos para denunciar la violencia que están viviendo.

Desde el 2 de enero sobre Arauca solo se tienen malas noticias. El día 3, combates entre grupos armados en la zona dejaron una veintena de muertos y obligaron a cientos de familias a abandonar sus casas. Esta semana una empresa de oxígeno medicinal fue atacada con un explosivo. Unos días antes, el 20 de enero, un coche bomba explotó en el centro de Saravena, hubo dos muertos y cinco heridos. “Somos víctimas del rompimiento de un pacto que había entre el ELN y las disidencias de las FARC, volvieron los cilindros bomba, los desplazamientos”, dice Briceño, que es parte de la Red Colombiana de Líderes Juveniles-Red Kolumbien.

Juan Pappier, experto para Colombia de Human Rights Watch, advertía hace unos días a este diario que en esa región podía resucitar el conflicto que durante décadas azotó a la población debido a la aparente ruptura de la alianza entre el ELN y una disidencia de las FARC. “Hemos recibido denuncias graves de muertes, desplazamiento forzado y secuestros. Es urgente que las autoridades tomen medidas para proteger a la población civil y asistir a las víctimas”, advertía Pappier a inicios de este año. Pero los llamados a atender la crisis que se vive en esa región no han sido atendidos. Briceño dice que la presencia militar no es suficiente. “Sáquennos de su guerra. Estamos en medio del fuego cruzado, ya sabemos lo que es vivir bajo ese horror. La salida no son más militares, ya hemos visto que eso no ha funcionado, necesitamos una salida a través del diálogo”, dice la líder, que denuncia que no terminan de registrar un atentado, cuando ya se está produciendo otro. Este lunes, los medios nacionales hablaban de un nuevo hostigamiento en la región. Guerrilleros de las FARC habían lanzado cilindros bomba a tropas del Ejército. No hubo muertos, pero la ciudadanía vivió otra jornada en medio de la guerra.

Briceño asegura que en su pueblo hay gente con una maleta con ropa lista por si tiene que huir. “Todos están asustados”, dice. En muchos pueblos de Arauca, a las seis de la tarde ya no hay nadie en las calles. Hay toques de queda y la población vive con miedo. Los secuestros han regresado. Organizaciones de derechos humanos reportaron la semana pasada dos secuestros, casi simultáneos. Mientras las familias de cuatro personas celebraban su liberación tras varios días a manos de grupos armados, en otro punto de la región se llevaban secuestrados a otros tres. La gente ya no sabe qué hacer para protegerse. Un habitante del lugar decía al diario El Colombiano que había tenido que sacar a su familia escondida en un camión cargado de plátanos. “Yo no podía permitir que se llevaran a otro hijo y no volver a saber de él”, explicaba.

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La violencia apunta contra todos. Este martes, el periodista Emiro Goyeneche, director de un medio comunitario, recibió una amenaza de muerte. “[Recibí] un panfleto del frente 28 de la FARC, donde me amenazaban como periodista, como director de un medio de comunicación comunitario de la región. Nosotros, desde que inició el conflicto entre las dos insurgencias, entre las disidencias de la FARC y del ELN, la verdad que no hemos emitido ningún comunicado de las dos guerrillas”, decía el hombre a medios nacionales.

El sistema para la paz, conformado por varias instancias como la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), exhortó al Gobierno a abrir el camino del diálogo con los grupos armados. “Lo que viene ocurriendo y las amenazas que se están concretando en contra de la población exigen una respuesta humanitaria que desincentive más ataques en contra de la vida, la libertad y la integridad de los habitantes de este territorio”, decía la JEP en un comunicado.

“Arauca está al límite”, dice por su parte Briceño. Además de la crisis de violencia, la región afronta un desafío político. El gobernador, elegido en las urnas, fue capturado por presuntos vínculos con organizaciones criminales. Como encargado ha quedado un exgeneral del Ejército señalado por su presunta relación con los asesinatos de jóvenes que hicieron pasar por guerrilleros dados de baja en combate, en el caso conocido como “falsos positivos”.

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Jóvenes de entre 17 y 26 años de barrios pobres, hijos de campesinos, indígenas y afrodescendientes, desplazados por la violencia, vendedores ambulantes, artistas o estudiantes. Ese es el factor común de los muertos durante las protestas de 2021 en Colombia, un suceso que mantiene una herida abierta en el país. Según Naciones Unidas, al menos en 28 de esas muertes los responsables habrían sido agentes de la Policía. Pero aunque han pasado casi 7 meses del estallido social que sacudió varias ciudades colombianas, los familiares de las víctimas aún esperan justicia.

En Cali, que fue el epicentro de la represión policial y de los choques con los manifestantes, sus familiares denuncian a EL PAÍS que no hay avances en las investigaciones.

En barrios populares de esta ciudad como Siloé recuerdan a Harold Antonio Rodríguez Mellizo de 20 años, quien el 3 de mayo se disponía a comprar comida cuando recibió un disparo de arma de fuego “en el contexto de una intervención de la Fuerza Pública”, como documentó la ONU; o el caso de Kevin Antony Agudelo Jiménez, un deportista que fue asesinado cuando participaba en una velatón por las víctimas del paro.

Algo similar a lo que le ocurrió a Joan Nicolás Guerrero, un artista urbano de 26 años, asesinado mientras participaba en un homenaje a otros fallecidos en el Paso de Aguante, el mismo lugar donde murió Yinson Andrés Rodríguez Angulo, trabajador de 23 años. Y a Michael Vargas López, deportista de 23 años, quien murió el 17 de mayo cuando participaba de una actividad en el punto de concentración de la Estancia; a Sebastián Jacanamijoy, de 25 años, indígena del Pueblo Inga y miembro del Cabildo Indígena Universitario, quien murió el 28 de mayo en el sector de Meléndez de esta ciudad. Y a Maicol Andrés Aranda que, según el informe de Naciones Unidas, participó por única vez en la protesta en las marchas del 28 de mayo y falleció ese día en Siloé; Jhordany Yesid Rosero Estrella, Cristian Javier Delgadillo y Segundo Jaimes Rojas, entre otros.

“Solo pedimos justicia”, dicen al unísono las madres de varios de estos jóvenes. Hasta ahora, sin embargo, el Gobierno ha dicho que se iniciaron 231 investigaciones internas por presuntas faltas disciplinarias cometidas por la policía, incluidas 16 por homicidio, 108 por abuso de autoridad, 45 por agresiones físicas, 26 por lesiones personales, 12 por incumplimiento de órdenes y 24 por otras conductas. De esas, solo 38 se encuentran vigentes.

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