El opositor ruso Alexéi Navalni pasará más años en la cárcel. Un tribunal de Moscú le ha declarado este martes culpable de fraude a gran escala y de falta de respeto a la justicia. La Fiscalía ha solicitado hasta 13 años de prisión para el activista. La sentencia se conocerá más adelante. “Navalni cometió un fraude al robar bienes ajenos mediante engaño y abuso de confianza”, ha asegurado la jueza Margarita Kotova en el veredicto al que ha tenido acceso la agencia de noticias Interfax.
El opositor cumplía actualmente otra condena de dos años y ocho meses de prisión en una cárcel de máxima seguridad por el caso Yves Rocher, cuyo juicio fue considerado “parcial y arbitrario” por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Ahora, cuatro denunciantes le habían acusado de enriquecerse con los fondos de su Plataforma contra la Corrupción, a lo que se sumó otro cargo por calumnias contra una jueza durante un proceso anterior.
En un primer momento, la Fiscalía acusó al opositor, a su exjefe de campaña, Leonid Volkov, y al exdirector de la Plataforma contra la Corrupción, Román Rubánov, de haber desviado unos 356 millones de rublos (3,1 millones de euros al devaluado cambio actual) “a fines personales” provenientes de la recaudación de su campaña electoral de 2018 y otras acciones.
Sin embargo, el juicio se limitó finalmente a 2,7 millones de rublos (23.000 euros) entregados por cuatro de sus más de 300.000 donantes. En su defensa, Navalni señaló que podría haber sido una trampa por las grandes sumas de dinero aportadas por un mecánico y dos empresarios sometidos a procesos penales.
A estas acusaciones de fraude se sumaron otras dos más por ofensas a una juez, a una fiscal y a un testigo durante una de sus audiencias judiciales de 2021. Navalni fue arrestado el 17 de enero de aquel año por no haberse presentado a las revisiones judiciales de su libertad condicional por el caso Yves Rocher debido a que había estado en coma en una clínica en Berlín, a donde fue trasladado tras haber sido envenenado con Novichok en agosto del año anterior.
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El uso de esta sustancia contra el activista fue confirmado por la investigación de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas de la ONU. Para su desarrollo se necesitan laboratorios muy avanzados, y un análisis de Bellingcat, The Insider y varios medios más denunció que Navalni había sido seguido en varias ocasiones por el Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB), incluido el viaje en el que cayó en coma. El presidente ruso, Vladímir Putin, justificó su seguimiento meses después aduciendo que trabajaba para intereses extranjeros.
Este nuevo juicio contra Navalni ha tenido lugar en la cárcel de Pokrov, situada en la región de Vladímir y a unos 100 kilómetros al este de Moscú. Los jueces se trasladaron hasta este recinto, donde el activista permanece encarcelado desde que fue detenido, algo que resaltó Navalni durante su defensa. “Nunca en la historia de todos los juzgados de la Federación de Rusia, y creo que incluso en toda la historia de los juicios de la Unión Soviética, se reunió el tribunal en otro territorio, y mucho menos en una cárcel”, dijo Navalni.
El Departamento de Defensa de Estados Unidos ha alertado este miércoles de que las tropas rusas “están listas” para llevar a cabo un ataque sobre Ucrania y de que el Kremlin planea una invasión a gran escala de la antigua república soviética de forma “inminente”. El presidente ruso, Vladímir Putin, decidió el lunes reconocer la soberanía de las regiones orientales ucranias de Donetsk y Lugansk, controladas por fuerzas separatistas prorrusas, y envió soldados a la zona en una supuesta “misión de paz”. La operación ha sido interpretada por Washington y sus aliados occidentales como “el principio de la invasión” del país. Según el Pentágono, la agresión final por parte de Rusia está a punto de comenzar.
“Las fuerzas rusas han continuado concentrándose más cerca de la frontera y se encuentran en una fase avanzada de preparación para actuar o llevar a cabo una acción en Ucrania”, señaló el portavoz del Pentágono, John Kirby, en rueda de prensa. Poco antes, un responsable del mismo departamento había precisado, bajo la condición del anonimato, que el 80% de los más de 150.000 militares rusos destacados en las fronteras ucranias se habían colocado ya en disposición de ataque a la espera de las siguientes órdenes.
En una noche intensa e inquietante, mientras los aeropuertos de Jarkov y Dnipro, en el Este de Ucrania cerraban sus pistas de forma imprevista y Rusia ha cerrado ha cerrado su espacio aéreo en las zonas más cercanas a la frontera con Ucrania, el presidente Volodímiz Zelenski ha enviado un emotivo mensaje a la ciudadanía ucrania y rusa. Kiev está dispuesto a negociar con Moscú en cualquier canal y en cualquier momento, ha dicho en un discurso en ucranio y en ruso divulgado en su canal de Telegram. “Hoy inicié una llamada telefónica con el presidente ruso. El resultado fue el silencio, aunque el silencio debería estar en el Donbas”, ha asegurado en el videocomunicado antes de dirigirse de manera directa a los rusos: “Estamos separados por más de 2000 kilómetros de fronteras mutuas, a lo largo de las cuales se encuentran 200.000 de sus soldados y 1.000 vehículos blindados. Su liderazgo ha aprobado su paso hacia el territorio de otro país. Este paso podría convertirse en el comienzo de una gran guerra”, ha recalcado. “No necesitamos la guerra, ni caliente, ni fría, ni híbrida. Pero si las tropas nos atacan y alguien trata de arrebatarnos nuestro país, nuestra libertad, nuestras vidas, las vidas de nuestros hijos, entonces nos defenderemos. Y cuando nos ataquen verán nuestras aras, no nuestras espaldas”.
Poco ante, han llegado desde Moscú más ingredientes de este cóctel de consecuencias imprevisibles. El Kremlin ha asegurado este miércoles que Putin ha recibido una petición urgente de ayuda de los líderes separatistas de las regiones de Donetsk y Lugansk. La reclamación “para repeler la agresión de las fuerzas armadas de Ucrania” ha elevado las alertas de los servicios de seguridad ucranios y occidentales, que temen que sea un elemento precursor para una agresión militar rusa, con el pretexto de defender a la ciudadanía de las dos autodenominadas “repúblicas populares”, en las que Moscú ha repartido más de 700.000 pasaportes rusos.
Kiev ha negado repetidamente que esté preparando una ofensiva para retomar el control de toda la zona del Donbás, de la que un tercio está desde 2015 bajo control de los secesionistas prorrusos, que reciben el apoyo del Kremlin.
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La crisis ucrania se fraguó a finales del año pasado, cuando Rusia empezó a acumular soldados en su frontera y los servicios de inteligencia de Estados Unidos recabaron las primeras informaciones sobre los supuestos planes de ataque por parte del Kremlin. El conflicto se aceleró en enero. Washington alertó entonces de que Moscú planeaba simular agresiones para conseguir un pretexto con el que justificar la invasión de Ucrania, ocho años después de haberse anexionado de forma ilegal la península de Crimea.
Las acusaciones de ataques entre el Gobierno ucranio y los separatistas prorrusos respaldados por Putin comenzaron el jueves y los primeros soldados rusos entraron el lunes. Para la Administración de Joe Biden, el Kremlin está siguiendo al dedillo el manual que habían anticipado. Estados Unidos ha recalcado que no acudirá con sus propias tropas al rescate del pueblo ucranio, pues el país no pertenece a la OTAN, pero el martes anunció el despliegue de 800 soldados estadounidenses más en los países bálticos —Estonia, Letonia y Lituania― para reforzar el flanco oriental de la Alianza Atlántica. A principios de mes, ya anunció el envío de 3.000 soldados adicionales a Europa del Este. También apoya al Gobierno de Kiev con armamento y ayudas económicas.
EE UU sigue sin dar por muerta la vía diplomática con Rusia, pero esta parece cada vez más improbable. “Esto ha sido un teatro diplomático por parte de los rusos”, ha explicado este miércoles en Washington Ned Price, portavoz del Departamento de Estado. “Decían estar comprometidos con la vía diplomática, mientras sus acciones apuntaban lo contrario”. El presidente francés, Emmanuel Macron, mantuvo el domingo dos conversaciones telefónicas con Putin, tras las cuales anunció que tanto el líder ruso como Biden habían aceptado celebrar una cumbre bilateral. La Casa Blanca lo confirmó. Al día siguiente, sin embargo, el líder ruso lo consideró “prematuro”.
Evacuación de una planta química
Desde el Donbás, los jefes secesionistas de Donetsk y Lugansk, Denis Pushilin y Leonid Pasechnik, respectivamente, argumentaron que el apoyo de Rusia ayudaría a “evitar bajas civiles y una catástrofe humanitaria”, ha dicho el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. El Gobierno ucranio, la OTAN y EE UU llevan semanas alertando de que Moscú ha puesto en marcha una serie de operaciones de falsa bandera —maniobras fabricadas por el Kremlin— para tener la excusa de intervenir. El ministro de Exteriores ucranio, Dmytro Kuleba, ha asegurado que un turno de noche de una importante planta química de la península ucrania de Crimea ha sido evacuado. Apuntó que puede deberse a una posible preparación para una intervención rusa. “Moscú parece no tener límites en los intentos de falsificar pretextos para una mayor agresión”, comentó en las redes sociales.
Una petición de ayuda a Rusia fue una de las causas que derivó este lunes en el reconocimiento de Putin de la independencia de las regiones secesionistas. Algunos analistas creen que el reclamo de este miércoles puede servir a las tropas rusas para entrar abiertamente. Desde que Putin firmó el decreto de reconocimiento, que llevaba aparejado el despliegue de tropas para el “mantenimiento de la paz”, han estado entrando con vehículos sin seña. Otros observadores creen que estas solicitudes podrían llegar a desencadenar un ataque ruso contra Ucrania más grande.
Pushilin, jefe de la región separatista de Donetsk, no descartó este miércoles una “solución militar” para expandirse. Los separatistas reclaman el derecho a hacerse con la totalidad de ambas regiones, de las que ahora solo controlan un tercio.
La madre de un soldado ucranio recordaba a su hijo, este viernes en un memorial del conflicto en Kiev.SERGEI SUPINSKY (AFP)
La Unión Europea ha negociado en secreto una batería de sanciones sin precedentes con las que golpear a Rusia si su presidente, Vladímir Putin, decide invadir Ucrania. Las represalias, tejidas con absoluto hermetismo, se adoptarían de manera casi inmediata y en plena concertación con Washington y Londres en caso de producirse el ataque. El castigo, según fuentes comunitarias, abarcaría desde la suspensión de cualquier tipo de cooperación económica con Moscú a un drástico recorte de las relaciones comerciales, incluida la importación de gas y petróleo ruso. El golpe previsto es de tal magnitud que, según las mismas fuentes, Bruselas también ha preparado los planes de contingencia para paliar los daños que, inevitablemente, también sufriría la economía europea.
El plan se abordará el lunes durante un almuerzo a puerta cerrada de los ministros de Exteriores de la UE, reunidos en Bruselas bajo la presidencia de Josep Borrell, alto representante de Política Exterior de la UE. La cita contará previamente con la presencia por videoconferencia de Antony Blinken, secretario de Estado de EE UU. “La participación de Blinken muestra la unidad de la comunidad internacional frente a la actitud de Rusia y la estrecha coordinación entre los aliados”, apunta una fuente diplomática europea.
El objetivo de la reunión del lunes “no es adoptar ninguna sanción concreta, sino establecer los escenarios y las reacciones que provocaría cada uno de ellos”, señala otro diplomático europeo. Fuentes comunitarias descartan hacer públicas las posibles represalias. Pero aseguran que un nuevo ataque contra Ucrania “provocaría una respuesta a la altura del mayor desafío de seguridad que afronta Europa desde el final de la Guerra Fría”.
Entre las medidas que se barajan figuran el cierre completo de los mercados europeos de capital para las empresas y entidades financieras rusas y las restricciones a la exportación de materiales o servicios imprescindibles para sectores clave de la economía rusa, como el energético, el minero o la industria pesada.
Y en última instancia, la ruptura de lazos financieros con la economía rusa, lo que dejaría a Moscú peligrosamente aislado del mercado financiero mundial. EE UU incluso parecía dispuesto a cortar el acceso de Rusia al sistema de transacciones financieras SWIFT (el sistema electrónico de mensajería por el que se tramitan la inmensa mayoría de las transferencias bancarias), pero no se aprecia de momento el consenso necesario para una medida tan drástica, solo aplicada hasta ahora a Irán.
Clara Portela, profesora de Ciencia Política de la Universidad de Valencia y especializada en sanciones internacionales, considera que “el daño masivo lo causaría la inclusión de bancos rusos en una lista estadounidense que prohibiera cualquier transacción en dólares con ellos”. Portela cree que “la contribución de la UE podría consistir en hacer lo mismo con el euro, es decir, prohibir a esos mismos bancos las transacciones denominadas en la divisa europea”. El veto europeo “eliminaría la opción de que las entidades rusas esquivasen las sanciones estadounidenses”
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Ni siquiera se descarta poner coto a la compra de petróleo y gas ruso, que ahora cubre el 26% y el 40% respectivamente de las importaciones europeas de esos hidrocarburos. La dependencia energética de la UE hacía impensable hasta hace poco una renuncia a las importaciones desde Rusia. Pero el desarrollo de las fuentes renovables y la posibilidad de importar gas licuado desde otros países ha cambiado recientemente el escenario.
Aun así, en Bruselas se reconoce que la ruptura comercial con Moscú obligaría a adoptar medidas de contingencia. Pero las fuentes consultadas aseguran que la UE tiene capacidad para resistir el envite, incluso en el terreno energético.
La crisis en Ucrania ya ha provocado un drástico cambio. La importación de gas ruso ha caído de 3.250 millones de metros cúbicos a principios de 2021 a 1.700 millones en la primera semana de este año, según los datos recopilados por el centro de estudios Bruegel. De los cuatro gasoductos procedentes de Rusia, solo el Nord Stream, que conecta directamente con Alemania a través del Báltico, opera al mismo nivel que el año pasado. Los que pasan por Ucrania y Polonia han reducido drásticamente el flujo. El que llega a través de Turquía ha sufrido numerosos altibajos. Y el segundo gasoducto del Báltico, Nord Stream 2, aún no ha comenzado a bombear gas (por falta de autorización europea) y la crisis ucrania podría inutilizarlo definitivamente.
La importación de gas licuado desde otros países por barco ha pasado, en cambio, de 1.400 millones de metros cúbicos en la primera semana de enero del año pasado a 3.380 millones cada siete días de este mes, según los datos de Bruegel. Las importaciones de gas desde Noruega han rozado varias veces en las últimas semanas sus máximos históricos. Y las de Argelia se han resentido, por la crisis con Marruecos, pero están muy por encima de sus mínimos históricos.
El choque energético, si llegara a consumarse, deterioraría gravemente la relación comercial entre la UE y Rusia. El daño, aunque recíproco, tendría consecuencias más devastadoras para la economía rusa. La UE es el mayor socio comercial de Rusia y es el destino del 38% de sus exportaciones. El mercado ruso, en cambio, solo absorbe el 4,1% de las exportaciones europeas, según datos de la Comisión Europea. La UE, sin embargo, también se juega su presencia en Rusia, donde es el mayor inversor internacional y acumula una inversión de más de 300.000 millones de euros.
Fuentes de la Comisión Europea, del Consejo y de las principales capitales europeas coinciden en que la batería de sanciones está lista para activarse en cuanto sea necesario, lo cual no es óbice para mantener abierta la vía de negociación con Moscú. “Nuestro plan está preparado, pero lo ideal sería no aplicarlo”, afirma una fuente diplomática. “Crucemos los dedos”, añade otra.
La UE ya adoptó sanciones comerciales en 2014, en respuesta a la primera agresión rusa contra Ucrania, que se saldó con la desestabilización de las provincias ucranias del Donbás y la anexión rusa de Crimea. El castigo europeo, todavía en vigor, limitó el acceso de un puñado de bancos rusos a los mercados europeos de capital, prohibió la compra en Europa de bonos emitidos por tres compañías energéticas rusas y frenó la exportación armas y de cierto material de prospección energética.
La economía rusa ha resistido esas sanciones durante siete años. Y los analistas reconocen que Putin tiene bazas a su favor para resistir una nueva acometida. Rusia apenas tiene deuda pública (20%), apunta el European Policy Centre. Y dispone de un potente fondo soberano, alimentado por las exportaciones de hidrocarburos, que en diciembre de 2021 amasaba 185.000 millones de dólares (163.000 millones de euros).
Pero la economía rusa también tiene puntos vulnerables. Algunos coyunturales, como la inflación actual (8%), que dobla el objetivo del Banco de Rusia y mantiene los tipos de interés en el 8,5%. Pero otros flancos de riesgo son más estructurales, como la dependencia de las ventas de gas y petróleo, que cubren casi un tercio de los ingresos del presupuesto nacional.
La UE está convencida de que se podría hacer mucho daño a la frágil economía de un país sacudido por tensiones internas que han forzado al Kremlin a endurecer la represión y la persecución de la oposición en los últimos meses. Pero Bruselas, al igual que Moscú, mantiene sus cartas escondidas para que sea el adversario quien haga sus propios cálculos sobre las consecuencias de sus actos. El único mensaje público que repiten todas las fuentes occidentales es que un ataque armado contra Ucrania provocaría una respuesta occidental devastadora para la economía rusa. “Consecuencias enormes y costes muy elevados”, amenazan una y otra vez las capitales europeas.
Ucrania ha denunciado este jueves un cibertaque masivo contra varios sitios web del Gobierno del país, que logró incluir mensajes amenazantes en esas páginas instando a los ucranios a “tener miedo y esperar lo peor”. Entre las webs atacadas que quedaron fuera de servicio, se encuentran las del Gabinete de Ministros, el del Ministerio de Asuntos Exteriores y el Departamento de Servicios de Emergencia, entre otros. Otra cartera del Ejecutivo, la de Educación y Ciencia, confirmó el ataque en su página de la red social Facebook, en la que aparece un texto que atribuye “a un ataque global perpetrado la noche del 13 al 14 de enero de 2022″ el hecho de que este sitio oficial estuviera inutilizado.
Antes de que la página inicial de otro ministerio, el de Exteriores, quedara también inaccesible, los piratas informáticos habían logrado publicar un mensaje intimidatorio dirigido a los ucranios y redactado en tres idiomas: ucranio, ruso y polaco: “¡Ucranios! Todo vuestros datos personales han sido colgados en la red. Tened miedo y esperad lo peor. Todos los datos que hay en el ordenador se destruyen y es imposible recuperarlos. Toda la información sobre vosotros se ha hecho pública (…) Esto es por vuestro pasado, presente y futuro”, afirmaba el texto, que figuraba junto a varios símbolos amenazantes, entre ellos una bandera ucrania tachada.
El Gobierno ucranio aseguró horas después que había restaurado la mayoría de las webs afectadas y que no se habían robado datos personales. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores preciso luego a Reuters que era demasiado pronto para decir quién podría estar detrás del ataque, pero que Rusia ha sido el origen de acciones similares en el pasado. “Es demasiado pronto para sacar conclusiones, pero hay un largo historial de ataques (cibernéticos) rusos contra Ucrania en el pasado”, dijo este portavoz. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso no ha respondido aún a una petición de la agencia de noticias para comentar estas afirmaciones. Rusia ha negado anteriormente estar detrás de los ciberataques contra Ucrania.
Al comentar el ciberataque, un alto funcionario de seguridad ucraniano fue más explícito al señalar a la agencia que todos los responsables ucranios de la seguridad cibernética del país “eran conscientes de tales posibles provocaciones de la Federación Rusa. Por lo tanto, la respuesta a estos incidentes se lleva a cabo como de costumbre”.
Ucrania ha sufrido una serie de ciberataques desde 2014, que, en episodios anteriores, lograron cortar el suministro eléctrico o inutilizar las cajas de los supermercados, y obligado al Gobierno a adoptar medidas de seguridad adicionales en torno a la moneda nacional, el grivna, después de que los sistemas informáticos de los bancos se colapsaran. Las autoridades de Kiev creen que estos ataques forman parte de lo que definen como una “guerra híbrida” de Rusia contra Ucrania.
En 2017, un virus llamado NotPetya por algunos expertos, afectó a la exrepública soviética y se extendió por todo el mundo, paralizando miles de equipos informáticos mientras se extendía a decenas de países. El Kremlin negó cualquier implicación y tildo estas acusaciones de infundadas.
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Este nuevo ataque se produce en medio de fuertes tensiones entre Ucrania y Rusia, que ha concentrado importantes fuerzas militares junto a las fronteras ucranias, lo que hace temer a los países occidentales una nueva invasión de la exrepública soviética por parte de las tropas rusas. Según cálculos de Estados Unidos, el Kremlin tiene desplegados más de 100.000 soldados alrededor de Ucrania. Este miércoles, mientras la OTAN y Rusia negociaban bajo una enorme presión -e incluso con la amenaza de una nueva guerra en Europa-, la desescalada militar en el este del continente, más de 10.000 soldados del país eslavo comenzaron unos nuevos ejercicios militares en las regiones próximas a Ucrania y Georgia, países a los que la Alianza prometió en 2008 una futura adhesión a la organización atlántica.
La idea del país vecino cercano a Occidente y fuera de su órbita es una de las principales preocupaciones del presidente ruso, Vladímir Putin, que en los últimos tiempos ha ahondado en su tesis de que rusos y ucranios son “un solo pueblo” y que Ucrania va camino de convertirse en un “portaaviones” de la OTAN. Como demostró en 2014, al anexionarse la península de Crimea con un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional y al apoyar a los separatistas prorrusos de Donetsk y Lugansk que luchan contra el Ejército de Kiev, para el líder del Kremlin, mantener a Ucrania bajo su férula es uno de los principales caballos de batalla de la política exterior rusa.
Este miércoles, mientras la OTAN y Rusia negociaban bajo una enorme presión la desescalada militar en el este de Europa, más de 10.000 soldados del país eslavo han comenzado unos nuevos ejercicios militares en las regiones próximas a Ucrania y Georgia, países a los que la Alianza prometió en 2008 una futura adhesión a la organización atlántica. El Ministerio de Defensa ruso ha informado del inicio de unas maniobras militares con fuego real de batallones motorizados y acorazados del Ejército de tierra y navíos de las flotas del mar Negro y del Caspio en el sur de Rusia y el Cáucaso, zonas colindantes con las dos antiguas repúblicas soviéticas a las que Moscú quiere vetar para siempre en la OTAN. También, en la península ucrania de Crimea, que Moscú se anexionó en 2014 con un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional.
Las maniobras iniciadas este miércoles tienen el objetivo, según el Ministerio de Defensa ruso, de mejorar la preparación de las unidades contra la artillería y los francotiradores enemigos. Los ensayos están llevándose a cabo en las regiones de Rostov (oeste) y Osetia del Norte (Cáucaso), desde las que Rusia lanzó respectivamente dos intervenciones militares: en Donetsk y Lugansk, en 2014 y 2015, y en Osetia del Sur para hacer frente al Ejército georgiano en 2008.
El trasiego de militares es constante. Según estimaciones de Estados Unidos, el Kremlin tiene desplegados más de 100.000 soldados alrededor de Ucrania. Las Fuerzas Armadas rusas anunciaron el pasado 25 de diciembre que unos 10.000 militares regresaban a sus bases tras un mes de entrenamiento. Sin embargo, el pasado martes, un día después de la cumbre bilateral de Ginebra (Suiza), Moscú anunció el envío de otros 3.000 soldados y 300 vehículos de combate a cuatro zonas próximas a Ucrania.
Un tanque ruso abría fuego, este miércoles en la región de Rostov.AP
Al mismo tiempo que los militares empezaban sus ensayos, el presidente ruso, Vladímir Putin, atendía otros frentes no menos importantes para el Kremlin: las pensiones y la crisis sanitaria provocada por el coronavirus. En un encuentro con su Gabinete de ministros, el mandatario ha instado a fijar la revalorización de los subsidios a los jubilados por encima del aumento general de los precios, que la agencia de estadísticas Rosstat situó en el 8,39% en 2021. “Al 8,6%, con un pequeño margen porque aún no hay cifras finales sobra la inflación”, ha ordenado Putin, quien ha reconocido que este problema preocupa a millones de ciudadanos.
La inflación es una de las grandes debilidades del Gobierno ruso. El Banco Central de Rusia atribuye el brusco aumento de los precios a los problemas de suministro que afectan a todo el planeta, y a lo largo del pasado año se vio obligado a revisar hasta siete veces los tipos de cambio, que se elevaron del 4,25% al 8,5%.
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Este aumento de la inflación no se ha visto acompañado por un aumento a la par de ni los salarios ni de las pensiones: el Gobierno había fijado en un principio que los ingresos de los jubilados subieran un 5,9% a partir de Año Nuevo. Según dijo a la agencia RIA Novosti la vicepresidenta de la Comisión de Política Social de la Cámara alta rusa, Elena Bibikova, el aumento propuesto por Putin haría que la pensión media suba unos 1.400 rublos (16 euros) más al mes, puesto que la pensión media ronda actualmente los 16.000 rublos (188 euros). Nada más recibir las instrucciones del presidente, el Ministerio de Finanzas ha informado de que esta revalorización le costará al presupuesto estatal 549.700 millones de rublos (6.500 millones de euros) adicionales, una importante carga para un fondo de pensiones dotado este año con 3,7 billones de rublos de las arcas públicas
Otro frente para el Gobierno ruso es la crisis sanitaria provocada por la pandemia de coronavirus y la variante ómicron. “Vemos lo que está pasando en el mundo, tenemos al menos un par de semanas para prepararnos”, ha dicho Putin este miércoles al primer ministro, Mijaíl Mishustin, a quien ha instado a a aumentar el ritmo de vacunación, especialmente en las regiones periféricas. Putin también ha alabado la vacuna rusa Sputnik V. “Aparentemente está funcionando de forma efectiva, incluso más que otras vacunas que se usan en el mundo”, ha afirmado el mandatario.
Las autoridades han anunciado este miércoles la detección de 698 nuevos positivos por ómicron, una cifra que contrasta por ejemplo con los 17.946 nuevos casos de coronavirus. Las autoridades, que no dan una cifra de vacunados actualizada, situaron el porcentaje de población inmunizada en un 63,2%, que incluye tanto a ciudadanos que han recibido al menos una dosis como los que han estado infectados de covid anteriormente.
El presidente ha cerrado este miércoles su agenda con una visita a la Fiscalía General de Rusia por su 300º aniversario. Putin ha pedido a su personal que vigilen el cumplimiento de los derechos humanos en las cárceles. En otoño, la filtración al portal Gulagu de varios vídeos de torturas a presos llevó a la destitución de varios responsables de las prisiones rusas. Pese a comprobarse la autenticidad de sus denuncias, la web sigue estando prohibida.