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El jefe saliente de la Delegación Regional del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) para México y América Central, Jordi Raich, el 22 de marzo de 2022, en Ciudad de México.
El jefe saliente de la Delegación Regional del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) para México y América Central, Jordi Raich, el 22 de marzo de 2022, en Ciudad de México.José Méndez (EFE)

Jordi Raich deja la delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) para México y Centroamérica en momentos críticos, cuando desde la organización han advertido de un aumento de las caravanas migrantes que llegan a México desde Centroamérica debido a la violencia que desangra la región, las consecuencias socioeconómicas causadas por la pandemia de covid-19 y los altos niveles de pobreza y desigualdad, que hacen que los países centroamericanos expulsen cada año a decenas de miles de sus ciudadanos. Estos desterrados que buscan un cambio en sus vidas necesitarán respaldo a lo largo del viaje, durante el que pueden sufrir la violencia de grupos del crimen organizado, por lo que es vital el apoyo de la Cruz Roja y sus aliados. Como si no fuera poco con esa pesadilla, desde la CICR también deben lidiar con los desmanes y el autoritarismo de regímenes como el de Daniel Ortega, que sin explicación alguna expulsó de Nicaragua al jefe de misión de la CICR. La organización asegura que no ha recibido aún una explicación sobre esta decisión y Raich mantiene un tono cauto a la hora de discutir la relación que mantienen con el régimen de Managua. Tras el desconcierto de esa decisión arbitraria, el organismo intenta cuidar los canales de diálogo, para evitar que las decisiones del Gobierno de Ortega entorpezcan el trabajo de la Cruz Roja en ese país centroamericano, que sufre una de sus peores crisis políticas. “Seguimos presentes en Nicaragua. La expulsión no afecta a la institución”, afirma Raich en entrevista con EL PAÍS en la sede de la CICR de Ciudad de México, unas amplias instalaciones en un moderno edificio de la colonia Anzures, donde también están las oficinas de otras organizaciones humanitarias internacionales.

Pregunta: ¿Con qué hechos se han topado en su trabajo a lo largo de la ruta que hacen estas caravanas de migrantes que llegan a México?

Respuesta: Nos encontramos con gente que sufre extorsiones, pérdidas de un miembro por el camino, deshidratación, enfermedades, todo lo que te puedes imaginar. Digamos, entre comillas, que, si te va bien, puedes sufrir problemas menores, pero si te va mal puedes terminar en manos de grupos que comercian y trafican con personas, con lo cual puedes tener problemas mucho más graves. Entonces ahí es donde nosotros intentamos minimizar, en la medida de lo posible, esos peligros en la ruta, a través de mensajes de autocuidado, tanto digitales como en papel, recomendándole a los migrantes cómo comportarse, con quién hablar, dónde alojarse, ofreciéndoles la oportunidad de hablar con sus familias.

P. ¿En estos años que usted ha estado al frente del CICR ha empeorado la situación de los migrantes en términos de protección institucional o de apoyo de los gobiernos para garantizar que estas personas tengan una ruta segura?

R. Lo veo igual que al principio. Creo que todos estamos un poco rebasados por la dimensión del problema. Aún nos enfrentamos a un dilema, a un monstruo de dos cabezas: de un lado está la emergencia que generan esas personas que están en la caravana, o en un albergue o las que sufren un asalto. E intentamos paliar esa situación del día a día. Pero, por otro lado, discutimos cuál es la solución a largo plazo para crear las condiciones que no fuercen a la gente a salir, porque a fin de cuentas la mayoría de la gente no quiere emigrar, los migrantes no son turistas, no se van de paseo. Nos encontramos atrapados entre ese dilema que muchas veces nos impide tanto a instituciones del Estado, como gobiernos, como a organizaciones humanitarias intentar encontrar mejores soluciones, porque eso requiere mucho tiempo, mucho dinero y políticas de largo plazo. Esto no se va a resolver ni en dos días ni en dos años. Va a requerir una gran inversión y un compromiso para crear condiciones de seguridad, pero sobre todo para que las familias vean un futuro en el país donde se encuentran.

P. Lo que vemos, sin embargo, es la militarización de las fronteras tanto en México como en Estados Unidos. El despliegue de la Guardia Nacional por parte del presidente López Obrador. Esa militarización ha dado escenas terribles en ambos lados de la frontera. ¿Le preocupa al CICR esta violencia institucional hacia los migrantes?

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R. Lo que nos preocupa son las consecuencias de esas políticas. Nosotros, como organización independiente y neutral, no entramos a discutir estas decisiones, porque cada país es libre de decidir cómo quiere manejar su migración y sus fronteras. Ahora bien, si esas políticas o esas actuaciones generan consecuencias humanitarias, como puede ser un uso indebido de la fuerza contra migrantes, entonces lo que hacemos con nuestros equipos en el terreno es tomar nota y registrar todas esas consecuencias y compartirlas con las autoridades, para intentar prevenirlas. Nosotros tenemos buen diálogo, abierto y franco, con las autoridades. O sea, hablamos claramente de las cosas con todos los gobiernos de la región. Cuánto de lo que le decimos llegan a aplicar queda en su decisión, pero nuestro trabajo es estar ahí insistiendo.

P. Otra crisis que se ha generado en Centroamérica está relacionada a la salida de decenas de miles de nicaragüenses como consecuencia de las políticas autoritarias del régimen de Daniel Ortega. ¿Han trabajado con estas personas, consideradas exiliadas?

R. Los analizamos como migrantes, no cuestionamos la razón por la que salieron. O sea, evidentemente, escuchamos sus razones, aunque nosotros no hacemos estadística de la razón. Nos dedicamos a las consecuencias humanitarias. Lo digo porque a menudo nos preguntan qué porcentaje de personas salen por motivos políticos o qué porcentaje salen por motivos de violencia. Y no tenemos esa estadística y no la hacemos, ni tenemos los recursos para pretender hacerla. Tampoco es nuestro trabajo. Lo que quiero decir es que no tenemos un tratamiento diferenciado con los migrantes, ya se trate de una situación política determinada o si huyen de la pobreza o de una amenaza.

P. La Cruz Roja llegó a un acuerdo para revisar las condiciones de los detenidos por el régimen en Nicaragua, considerados presos políticos. ¿Han podido entrar a las prisiones? ¿En qué condición están estas personas?

R. Lo que hacemos es un acuerdo entre el Gobierno, el CICR y las autoridades penitenciarias para visitar a personas privadas de libertad y a partir de ahí hacemos nuestros informes. Nuestro trabajo consiste no en cuestionar las razones por las que las personas están detenidas, sino en en evaluar las condiciones físicas y psicológicas y si se cumplen sus garantías. Generamos informes que son confidenciales, que compartimos solo con las autoridades penitenciarias. En esos informes hacemos recomendaciones para mejorar esas condiciones de los privados de libertad, si es que hay que mejorarlas.

P. Se lo pregunto porque hay muchas críticas sobre las condiciones en las que están estas personas privadas de libertad en muchos casos por protestar, por expresar opiniones críticas. Los familiares han acudido a la Cruz Roja con la esperanza de saber cómo están. ¿Han podido constatar sus condiciones?

R. Si en realidad estas condiciones son precarias, no son humanas, porque son muchas de las denuncias que ha habido, esa es la parte que nosotros no hacemos pública, porque la base de nuestro trabajo es precisamente ese diálogo confidencial con las autoridades. Nicaragua no es distinta en el modo de trabajar, trabajamos igual en Nicaragua que en Kenia o en cualquier otro país donde visitamos prisiones. Nuestra modalidad de trabajo estándar, que es la misma en todas partes, es no comentar públicamente las condiciones que nos encontramos. Se discuten solo con las autoridades.

P. Usted recibió una condecoración del Gobierno de Nicaragua que levantó muchas críticas por parte de los familiares de presos políticos. ¿Qué opina de esas críticas?

R. Eso fue parte de un protocolo rutinario, que se hace con muchas personas que salen de muchos países. Nicaragua no es el único país que ha otorgado este tipo de distinción diplomática rutinaria. Nosotros tenemos relaciones con absolutamente todas las partes en cualquier conflicto, sea de la naturaleza que sea. Es precisamente parte de nuestro trabajo esa posición de no tomar partido, el tener contactos con todo el mundo. Y supongo que me vas a preguntar sobre la expulsión de Nicaragua de nuestro jefe de misión.

P. Así es. ¿Ha habido alguna explicación del Gobierno de Ortega sobre esa decisión?

R. Ningún tipo de explicación de parte de las autoridades de Nicaragua. No sabemos los motivos concretos, seguimos discutiendo. Pero nosotros seguimos presentes en Nicaragua, porque la expulsión no afecta a la institución, solo a la persona. Tenemos un equipo que está trabajando según la agenda que teníamos planeada sin ningún impedimento y de momento sin ningún problema.

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A las cinco de la mañana del 24 de febrero, en la hoy asediada ciudad ucrania de Járkov, Alex fue despertado a toda prisa por su mujer, Maria, al oír los primeros bombardeos rusos. Lo primero que hizo fue entrar en Internet, donde leyó que el presidente de su país, Vladímir Putin, acababa de anunciar una “operación militar especial” que los civiles ucranios no debían temer porque solo buscaba proteger de un “genocidio” a los habitantes de las regiones separatistas prorrusas. “No es tanto que me lo creyera como que me lo quise creer, porque con un bebé de un mes no queríamos salir corriendo. Y pensamos que la guerra duraría dos o tres días”, explica hoy en el centro de recepción de refugiados en la localidad polaca de Hrubieszow, al que acaba de llegar con su esposa y sus tres hijos: uno de 18 años, otro de 14 y su bebé.

Alex y Maria nacieron en la URSS en 1981, son ciudadanos rusos y han vivido la mayor parte de sus vidas en el Lejano Oriente Ruso. Hace más de 10 años decidieron mudarse a Járkov, donde vivían su padre, ruso, y su madre, ucrania, en una mezcla típica de los años en que ambas repúblicas pertenecían a la Unión Soviética. “Nos gustó el clima cálido y la ciudad, hermosa. Además, es de habla rusa y nunca ha habido problemas por motivos étnicos. Recibimos permisos de residencia permanente y es donde nació nuestro [último] hijo, al que registramos como ciudadano de Járkov. Y allí vivimos felices hasta el 24 de febrero, el día que cambió nuestras vidas”, cuenta en una conversación presencial y un posterior intercambio de correos electrónicos, ya desde la ciudad polaca de Cracovia, una etapa más hacia su destino final: una ciudad de España en la que les acogerá su tía y que prefiere no dar a conocer por miedo a represalias.

Tampoco quiere dar su apellido ni ser filmado porque teme por su seguridad. Solo permite ser retratado de espaldas con su mujer y el carrito del bebé. “Rusia empieza a parecerse a Corea del Norte”, subraya tras recordar que el Parlamento del país aprobó el pasado día 4 una ley que castiga con hasta 15 años de cárcel la “desinformación” sobre las acciones de Rusia en Ucrania y el apoyo a las sanciones internacionales a Moscú por la ofensiva.

El centro de acogida de refugiados en Hrubieszow (Polonia) en el que recalaron Alex y Maria, este jueves.
El centro de acogida de refugiados en Hrubieszow (Polonia) en el que recalaron Alex y Maria, este jueves.Massimiliano Minocri (EL PAÍS)

Temen represalias porque tanto ellos como sus dos hijos mayores tienen pasaporte ruso, además de familia y amigos en ese país. Pocos, en realidad, ya. Antes de la guerra, Alex mantenía contacto con 10, pero dos semanas más tarde solo se habla con dos. “En Rusia ahora mismo son como zombis, por la maquinaria propagandística, que es muy, muy potente”, asegura. “Cuando llamamos a amigos en Rusia nos dicen que en Ucrania son neonazis y que todo lo que nos están contando es mentira. Les respondo: ‘Pero si soy yo quien vive aquí, sé lo que hay. Tú vives en San Petersburgo o en el Lejano Oriente”.

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Cuando habla de Putin, le cambia la mirada. Le insulta y, en un momento dado, saca el teléfono y teclea en ruso para asegurarse de que su mensaje no se pierde en una lengua extranjera: “Estamos avergonzados de tener pasaporte ruso. Odiamos a Putin”. Luego añade tres signos de exclamación y otra frase: “Nos hemos vuelto rehenes de esta situación”.

Esperanza de volver

Járkov, la segunda ciudad ucrania por población (en torno a 1,5 millones) y de mayoría rusófona, lleva días bajo intensos bombardeos. “No perdemos la esperanza de volver, pero tenemos miedo de que no quede adónde. Muchas casas de la zona han sido bombardeadas y la de la abuela tiene los cristales rotos por una explosión”, explica. Su barrio, Saltivka, está en el noreste de la ciudad, justo la parte más cercana a la frontera con Rusia, a apenas 30 kilómetros. “Fue la primera zona en recibir el golpe. Salí al balcón y vi un resplandor en el horizonte […] Decidimos quedarnos en casa para no poner en riesgo la salud del bebé, pues por alguna razón estábamos seguros de que esto terminaría pronto”.

Se quedaron dos días en el apartamento, acostumbrándose al sonido de las bombas con el consuelo de que ninguna caía cerca. Hasta que frente a su edificio ―al lado del búnker comunal al que no bajaban por miedo a que el frío empeorase la neumonía del recién nacido― un cohete apareció clavado en la tierra sin explotar, explica mientras levanta el brazo para mostrar cómo se le eriza el vello al recordarlo. Luego muestra en su móvil una foto del proyectil y un vídeo grabado desde una ventana con el sonido de explosiones de fondo. “Cogimos solo lo necesario: comida para el bebé, pañales, documentos… y fuimos a casa de unos amigos en otra parte de Járkov, que creíamos más segura. Esa misma noche, los aviones comenzaron a bombardear el centro de la ciudad. Las explosiones eran muy fuertes. Con un bebé de un mes en brazos, nos sentíamos impotentes. En medio del estrés, mi esposa perdió la leche materna. Decidimos abandonar la ciudad de inmediato para salvar nuestras vidas y las de nuestros hijos”, relata.

Su bebé básicamente solamente ha conocido dos lugares en su escaso mes de vida: el hospital de Járkov (donde pasó dos semanas en cuidados intensivos con neumonía) y la ciudad ucrania de Lviv, a la que huyeron en tren y de cuyo andén abarrotado muestra imágenes en el teléfono. “Éramos tantos en el vagón que hasta había gente sentada en el baño”, recuerda. Se quedaron unos días en Lviv, en la ―hasta los bombardeos de este viernes― más tranquila parte occidental de Ucrania, pero estaban inquietos. “Pensamos: ‘¿quién sabe cuál es el siguiente paso de Putin? Tampoco este sitio es seguro y tenemos un bebé’. Así que fuimos hacia la frontera”, señala.

Una vez en Polonia, unos voluntarios les trasladaron por carretera al centro de Hrubieszow, un polideportivo con hileras de camas plegables, colchonetas y esterillas en el que cientos de refugiados pasan, por lo general, las horas justas para echar una cabezada, comer caliente y protegerse de las temperaturas bajo cero, antes de continuar hacia otros puntos de Polonia u otros países. Alex pudo ser evacuado a la UE porque tiene permiso de residencia permanente en Ucrania y, al ser extranjero, estaba exento de la ley marcial, que impide la salida a los hombres ucranios de 18 a 60 años. “Volver a la Rusia de Putin”, aclara, “nunca fue una opción”.

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Una abuela que pide a Dios que ponga fin a la guerra para poder ser enterrada en Ucrania, una gestora de vientres de alquiler que dejó las dudas de lado y escapó sin rumbo claro, una psicóloga que espera a asentarse en Ámsterdam para empezar a ayudar a sus compatriotas a gestionar el terremoto vital del desarraigo súbito, una treintañera enfadada por lo que considera el abandono de Occidente a su país en el momento más crítico, un matrimonio de profesionales nigerianos que vive la evacuación como una odisea que contar a sus nietos… Son relatos de gente que de la noche a la mañana ha dejado atrás una Ucrania en guerra y cruzado al norte de Rumania, en un éxodo camino de convertirse ―por su espeluznante ritmo de crecimiento― en el mayor en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Ya suma 1,37 millones de refugiados a través de Polonia, Hungría, Moldavia, Eslovaquia, Rumania y Rusia, según los últimos datos de la agencia de la ONU para los refugiados, Acnur, de este sábado. Son, sobre todo, mujeres y niños porque la ley marcial obliga a los hombres de 18 a 60 años a permanecer en Ucrania.

Poder yacer en Ucrania

Valentina Tzvek juega nerviosa con el anillo, sentada en una cama plegable de aluminio y lona azul. Lleva tres días en un centro de mayores reconvertido de urgencia en albergue de refugiados en el pueblo rumano de Mihaileni, que linda por el norte justo con la frontera ucrania. Espera un microbús que la lleve con su hija y un nieto adolescente a Milán, donde reside otro de sus hijos. Es viuda.

“No pensaba en ningún momento que fuese a haber guerra. Pensaba que eran solo ejercicios militares [rusos] en la frontera. O que harían algo, pero solo en el Donbás […] En el momento en el que escuché que había guerra, decidí coger a mis nietos y venirme. Tardamos un día en encontrar transporte, en hacer las gestiones para lograrlo. Estaba muy asustada”, asegura. Cuenta que su miedo aumentó por el rumor que se extendió de que soldados rusos estaban sacando de sus casas a civiles ucranios en los alrededores de Chernivtsi. Es uno de los nombres más escuchados en los últimos días en el norte de Rumania, al tratarse de la principal ciudad ucrania (unos 250.000 habitantes) cerca del paso con la localidad rumana de Siret. La situación allí no es grave, pero está solo a 40 kilómetros de la frontera.

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A sus 60 años, Tzvek tuvo que caminar ocho kilómetros para llegar a la frontera por la enorme cola de vehículos que taponaba el acceso. Las temperaturas estos días están en torno a los cero grados durante el día y nieva a menudo. Luego tuvo que esperar cinco horas en la frontera.

“Ahora me siento segura, ya sin miedo. Le he dado las gracias al Señor”, señala. De su cuello cuelga una imagen de la Virgen María, muy venerada en el cristianismo ortodoxo, la religión mayoritaria en Ucrania. La muestra y añade: “Espero que Él arregle la situación. Ucrania es el lugar donde he nacido y donde he de yacer”.

Irina Vasylenko (derecha), con su madre e hijo, en un hotel de Radauți, en Rumania, este viernes.
Irina Vasylenko (derecha), con su madre e hijo, en un hotel de Radauți, en Rumania, este viernes.Alex Onciu

Escapar por el hijo tras seis días de dudas

El lúgubre búnker donde se resguardaba en la ciudad de Kirovohrad, en el centro de Ucrania, y el continuo zumbido de las alarmas antiaéreas que avisaban de un eventual bombardeo determinaron a Irina Vasylenko, de 35 años, a tomar en brazos a su hijo de casi dos años y abandonar todo junto a su madre para cruzar a la Bucovina rumana sin remota idea de hacia dónde dirigirse tras casi un día de trayecto. Seis días le costó decidirse a marcharse de su país. “Se escuchaban sirenas y gritos día y noche, el niño no cejaba de asustarse, llorar y temblar del frío”, cuenta esta mujer, que trabaja en una empresa que se ocupa de gestionar vientres de alquiler para clientes de Estados Unidos, Australia y el Reino Unido. Varias de esas mujeres están cerca de la frontera con Polonia a la espera de hacerse las pruebas médicas y obtener el tratamiento hormonal necesario.

En un hotel de la localidad rumana de Radauti, a pocos kilómetros de la frontera con Ucrania, Vasylenko cuenta que decidió irse para que su hijo no crezca con el trauma de la guerra. Su marido, que las acompañó a la frontera, lleva dos días intentando regresar a casa sin vehículo para ayudar a los soldados en primera línea de batalla y estar al lado de sus padres y hermanos, que siguen en Kirovohrad. “Mi esposo me dijo: ‘Voy a luchar por Ucrania, por un mejor estado de bienestar, no quiero vivir como los rusos, que realmente son muy pobres fuera de Moscú y San Petersburgo”, relata, mientras el crío, con rostro serio, siente temor ante la presencia de extraños. Pero su mayor inquietud no es que su marido vaya al frente, sino las centrales nucleares. “Si las destruyen, las radiaciones nos afectarán a todos”, sentencia.

Elena Krutelyova, en un hotel de la ciudad rumana de Suceava, este viernes.
Elena Krutelyova, en un hotel de la ciudad rumana de Suceava, este viernes.Alex Onciu

La psicóloga que vive el trauma de la guerra

Elena Krutelyova estaba “durmiendo tranquilamente” cuando empezó la guerra porque, como no pocos ucranios, no pensaba que ocurriría. Tiene 35 años y pasó cinco días refugiada en el sótano de su edificio en Kiev, uno de los puntos calientes de la guerra. Solo subía a su apartamento a ducharse. “Dos veces sentí el impacto de las bombas mientras me duchaba […] Me fui cuando entendí que Rusia también iba a por los civiles. Aún estamos en shock. Todos vamos a tener el síndrome de quienes han estado en la guerra”, asegura en Suceava, la capital de la provincia rumana de Bucovina, mientras sus padres y su tía esperan en el coche con el motor encendido. Su destino final es Ámsterdam, donde vive su hermana.

Su marido les acercó lo más posible a la atascada frontera entre Ucrania y Rumania. “Solo tuvimos que andar tres kilómetros, lo que está muy bien porque mucha gente había tenido que andar bastante más en los días previos”, explica. Él no puede salir por la ley marcial y se dedica a hacer idas y venidas a la divisoria como voluntario para las familias que carecen de coche.

El simpático perrito que sostiene y el colorido gorro de búho que abriga su cabeza contrastan con el orgullo y seriedad con los que habla de su país: “Ucrania es ahora mismo una frontera contra la agresión rusa”, “no esperábamos que tanta gente fuese a defender nuestro país”, “los voluntarios son nuestros ángeles”… Cuando abandona el nosotros para hablar desde el yo, las palabras que usa ―como trauma, espectro de emociones o enfermedad mental― revelan su profesión. “Ha sido muy difícil, pero intenté usar un poco de mi práctica como psicóloga y pensar: ‘Ok, ahora lo que debo hacer es sobrevivir y salvar a mis padres. Luego ya lidiaré con los trastornos mentales”. Dentro de unos días, añade, empezará a ayudar a otros refugiados ucranios a gestionar que su vida haya cambiado tanto en tan poco tiempo.

Alexandra Kustarnikova, en un hotel de Suceava, este viernes.
Alexandra Kustarnikova, en un hotel de Suceava, este viernes.Alex Onciu

“Mi mayor preocupación: que no haya más Ucrania en el mapa”

Vestida en un chándal turquesa que no se quita desde principios de semana, Alexandra Kustarnikova, 36 años, se acerca tímidamente a los periodistas en un refugio para cientos de refugiados ucranios improvisado en un salón de celebraciones de un hotel cercano a la frontera rumana de Siret. Quiere desfogar su enfado contenido y nerviosismo, que se observan en los bruscos giros de su centelleante iris celeste. En un perfecto español, adquirido durante más de un año en Pamplona, esta directora de desarrollo de negocio de tecnologías de la información en una empresa sueca da rienda suelta a sus miedos como antídoto a la guerra, tras dejar ―muy a su pesar― en su país a su marido, un especialista en contrarrestar ciberataques en el ejército digital constituido por Kiev.

“Mi mayor preocupación pasa por que no haya más Ucrania en el mapa; igual, luego, tampoco más partes de Europa. O todo el continente”, asegura. “Putin no se conformará con Ucrania, irá a por los vecinos limítrofes hasta Alemania”, opina Kustarnikova, quien se quedó a una hora de poder cruzar a Polonia con su esposo, tras iniciar su viaje en Kiev, porque justo entonces fue aprobada la ley marcial. Acusa a Europa de ignorar la importancia del conflicto armado. Ahora, ayuda como voluntaria en Rumania mientras espera reunirse con su marido, que está en Chernovtsi, a unos 40 kilómetros de la frontera. De repente, sucumbe al pesimismo al recordar que la OTAN rechaza crear una zona de exclusión aérea en Ucrania. “Solo nosotros nos podemos ayudar, los únicos que luchan contra Rusia, por la libertad, por los valores que defiende la UE”, abunda. “Nadie quiere morir por la democracia; nosotros, sí”.

Faith Igogo y su marido Sahdrach, en un hotel de la ciudad rumana de Suceava, este viernes.
Faith Igogo y su marido Sahdrach, en un hotel de la ciudad rumana de Suceava, este viernes.Alex Onciu

La lección de la solidaridad

Con una sonrisa, Faith Igogo y su marido Sahdrach, nigerianos de 33 años, explican que, tras cuatro años juntos en Ucrania, estaban listos para empezar una nueva vida en alguna otra parte del mundo, con su bebé de un año y con el que nacerá en pocos meses. El estallido del conflicto les convirtió de repente en refugiados y sus planes iniciales se transformaron en forzados. Faith se había establecido en la ciudad de Ivano-Frankivsk, en el oeste de Ucrania, siete años antes que su marido, para estudiar la especialidad de pediatría y construir una carrera como médica. “No estamos huyendo, volveremos”, asevera la pediatra, ataviada con ropa deportiva y gorro blanco, y sumamente agradecida de cómo los rumanos se han volcado en cubrir todas sus necesidades básicas.

El matrimonio, que se conoció en la escuela primaria en Nigeria, entró en el norte de Rumania el pasado domingo y fue acomodado de inmediato en un hotel junto a otros cientos de refugiados. El martes volarán por fin a Londres para reunirse con algunos familiares, tras una odisea que quieren contar algún día a sus nietos. “La seguridad es prioritaria. Al principio pensábamos que estábamos seguros, pero nos dimos cuenta enseguida de que estábamos en peligro tras escuchar que se estaban produciendo bombardeos en varias ciudades del país”, explica Sahdrach, ingeniero de petróleo y gas, quien reconoce que teme por aquellos que se han quedado sin opción de escapar de la ofensiva rusa. Sin embargo, ponen buena cara a lo que está sucediendo. Faith destaca el impulso de solidaridad que ha generado la guerra: “En esta dramática situación, unos y otros nos estamos ayudando para sobrevivir, es una lección, sin duda”.

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Qué ha pasado en las últimas horas tras la invasión de las tropas rusas en Ucrania

El noveno día de la invasión rusa en Ucrania ha comenzado con el ataque a la central nuclear de Zaporiyia, que ha causado un incendio ya apagado por los bomberos. El complejo está bajo control de las tropas rusas.

Ataque e incendio en la mayor central nuclear de Europa. Las tropas rusas han atacado esta madrugada la central nuclear de Zaporiyia, la de mayor tamaño del continente europeo, y han provocado un incendio que ya ha sido apagado. Según las autoridades ucranias, no hay víctimas ni daños a los «equipos esenciales», aunque la fuerza militar rusa se ha hecho con el complejo.

Johnson advierte de que el ataque a la central es «una amenaza directa a la seguridad de Europa”. El primer ministro británico, Boris Johnson, ha advertido esta madrugada, tras una llamada telefónica con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, de que el incendio provocado por un ataque ruso en la central nuclear de Zaporiyia «amenaza directamente la seguridad de toda Europa».

Zelenski acusa a Rusia de «querer repetir Chernóbil». El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha acusado a Rusia de «querer repetir Chernóbil» tras el ataque a la central nuclear de Zaporiyia. «Alertamos a todos sobre el hecho de que ningún otro país, excepto Rusia, ha disparado contra plantas de energía nuclear. Este Estado terrorista ahora está recurriendo al terrorismo nuclear”, ha advertido.

Airbnb suspende operaciones en Rusia. El servicio de hospedaje Airbnb ha anunciado la suspensión de sus operaciones en Rusia, de acuerdo con un mensaje en las redes sociales de su cofundador, Brian Chesky. La compañía estadounidense también dejará de ofrecer sus servicios en Bielorrusia, cuyas autoridades se han alineado con el Gobierno de Vladímir Putin.

Google suspende la venta de publicidad en línea en Rusia. La división de anuncios de Google ha decidido poner en pausa la venta de publicidad en Rusia. Las nuevas restricciones de la empresa incluyen el buscador web, YouTube y proveedores externos. Se trata del principal servicio de publicidad en línea del mundo por el monto de sus ganancias.

Francia denuncia un ciberataque contra varios satélites europeos. Los militares franceses han denunciado que un ciberataque, dirigido contra una red de satélites que da servicio a Europa, ha afectado «a decenas de miles de terminales de uso civil». Francia sospecha de piratas informáticos vinculados a Rusia.

Sánchez convoca una nueva reunión del Consejo de Seguridad Nacional. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, presidirá este viernes una nueva reunión del Consejo de Seguridad Nacional para analizar la evolución del conflicto en Ucrania y la llegada de refugiados de este país a España.

En la imagen, el incendio de la central nuclear de Zaporiyia. (AFP)





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sembraron árboles en los huecos
Como un acto de protesta simbólica «por el abandono de la Alcaldía», en el barrio El Recuerdo, sembraron árboles en los huecos de la vía.

Como un acto de protesta simbólica «por el abandono de la Alcaldía», en el barrio El Recuerdo, sembraron árboles en los huecos de la vía en mal estado.

Noticias Pasto

En el barrio El Recuerdo, ubicado en la comuna 2 al sur de Pasto, habitantes decidieron tomar la iniciativa y protestar contra el gobierno local «por el abandono» en sus vías, así que sembraron árboles en cada hueco.

Este acto de manera simbólica, lo realizaron tras varios años de peticiones, gestiones y reclamos que han hecho ante la administración municipal.

El presidente de la Junta de Acción Comunal, Alfonso Ortega, dijo que no han obtenido soluciones.

TuBarco Noticias Pasto habló con los habitantes del barrio El Recuerdo para conocer más de dicha problemática que aqueja a todo el sector.

Protesta

Al llegar al sector, se confirmó que con las fuertes lluvias y el alto tráfico que se presenta en la calle 20 C carrera 10 del barrio El Recuerdo, los árboles sembrados fueron arrancados.

Sin embargo, los habitantes salieron a hablar de la problemática que viven.

«Hicimos una protesta simbólica sembramos arbolitos, para que las autoridades o el Alcalde, -nos paren bolas-, nos tenga en cuenta y que pavimenten rápido, porque si no nos tocará tomarnos la vía a nosotros los habitantes de este barrio», dijo Hernán Lazo, un habitante de dicho sector.

Grandes huecos

Es evidente el deterioro de la vía y los grandes huecos, -uno de ellos hasta 4 metros de longitud-, dificultando la movilidad, en dicho sector aledaño al terminal de transportes de la ciudad y al hospital Departamental.

En invierno la problemática de la vía es más grave.

Don Hernán advirtió que que es casi imposible caminar por este sector, cuando llueve al transitar los carros caen en los huecos y el agua, con el barro «le pega a uno».

Los habitantes están preocupados y manifiestan que el mal estado de su vía les ha causado daños en sus viviendas.

«Cuando pasan esos carros y tracto mulas frenan y por evitar los huecos, se accidentan con el antejardín de muchas viviendas, ya han habido personas heridas, porque acá pasa mucho niño, joven en bicicleta y adultos mayores», manifestó un habitante.

Piden soluciones

La comunidad de este sector manifiesta que esta problemática viene hace años atrás, ahora sembraron árboles en los huecos, pero antes han protestado de otras formas y tampoco «hemos sido escuchados».

«Yo vivo hace 16 años y esto siempre ha sido así, porque las mulas que pasan han dañado la vía, eso es un problema y hace bastante tiempo», indicaron.

Hasta el momento «no han venido a darnos una solución», denunció Dilia Pérez fiscal de la JAC.

“Nosotros queremos pedirle a infraestructura que por favor tome cartas en el asunto ya que tiene esto mucho tiempo, el año pasado nos vinieron a tomar medidas y a cortar, se fueron y no hicieron nada”, manifestó Ana Fuenmayor, habitante.

Por otro lado los habitantes piden que el material que se vaya a utilizar en la pavimentación de dicha vía, sea para transporte pesado.

“No queremos que le echen asfalto porque esta calle quedo como la vía principal de nuestro barrio, ya que por el Parque Bolívar hay semaforización todos los carros pasan por acá para evitarlo”, dijo Jaime Guerrero, otro habitante.

Finalmente los ciudadanos expresan que: “Nosotros estamos cansados, como dice la palabra mamados del deterioro de la calle, y al presidente de la JAC nos llamó a unirnos y que era la única vía para que nos hagan caso “.

Sembraron árboles en los huecos, pero si no hay respuestas, advierten que tomarán otras acciones.

 



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El presidente de Argentina, Alberto Fernández, se ha sentado este martes ante un juez. No como acusado, sino como testigo. Lo hizo en forma presencial, cuando pudo hacerlo por escrito. Durante dos horas y media, defendió a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner de las acusaciones de corrupción que enfrenta. Habló como exjefe de Gabinete entre 2003 y 2008, parte del período en que se produjeron los presuntos delitos investigados: un desvío discrecional de fondos de obra pública a favor de Lázaro Báez, un empresario ligado al kirchnerismo que en pocos años pasó de ser un ignoto cajero de banco a multimillonario.

Báez cumple en la cárcel una condena de 12 años por lavado de dinero. En marzo de 2021, la justicia argentina lo encontró culpable de blanquear activos por 60 millones de dólares entre 2010 y 2013, cuando su nombre figuraba entre los contratistas del Estado preferidos por el kirchnerismo. Báez era en aquel tiempo dueño de Austral Construcción, una empresa con sede en Santa Cruz, la provincia patagónica que fue bastión político de los Kirchner. Cristina Fernández de Kirchner es ahora investigada en una causa paralela por supuestamente beneficiar a Báez con contratos millonarios a cambio de sobornos. Las acusaciones se basan en una auditoría encargada por el Gobierno de Mauricio Macri, referidas a 51 obras públicas de seguridad vial. Austral se encargó del 82% de las licitaciones en Santa Cruz durante la Presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007) y percibió en total más de 4.000 millones de pesos (equivalente a unos 300 millones de dólares al cambio monetario de 2015, cuando Cristina Kirchner entregó el poder a Macri).

La defensa de Cristina Kirchner pidió que declarasen todos sus exjefes de Gabinete para que explicasen al juez cómo se resuelve el reparto de fondos para obras de infraestructura. Alberto Fernández estaba entonces alejado de Kirchner y la criticaba con crudeza en los canales de televisión. Luego se amigaron, Fernández fue candidato y ganó la presidencia. Las idas y vueltas de la política argentina terminaron en un hecho sin precedentes: un presidente en funciones declaró como testigo presencial a pedido de su vicepresidenta.

Fernández llegó a los tribunales federales antes de las 10 de la mañana. Contestó una a una las preguntas del juez y discutió con el fiscal, responsable de la acusación. Dijo que al empresario Báez lo había visto una sola vez en su vida “en el parque de la casa de [el expresidente] Néstor Kirchner”. Aclaró que no hay una norma que diga cómo deben repartirse los fondos nacionales para obras de infraestructura en las provincias, pero negó que se trate de una decisión arbitraria del presidente.

“Lo que están discutiendo son decisiones políticas no judiciables, y esas decisiones presupuestarias de ningún modo pueden ser arbitrarias”, dijo. Explicó entonces que el presidente, cualquiera sea, no está al tanto de los contratos, sino apenas de una versión general del presupuesto. “No se tiene en cuenta cómo funciona la aprobación de un presupuesto, no es decisión de un presidente decidir dónde se gasta la plata. Eso va al Congreso y se genera un debate enorme dentro del Congreso, porque cada diputado y senador pelea para llevar recursos a sus provincias”, dijo Fernández. “Definitivamente, no”, respondió cuando el abogado de la defensa le preguntó si Cristina Kirchner integraba una asociación ilícita para favorecer a Báez, como sostiene la querella.

Cuando Cristina Kirchner se convirtió en vicepresidenta en diciembre de 2019 enfrentaba 10 investigaciones por presunta corrupción. Desde entonces, las causas cayeron una a una, ya sea por falta de pruebas, ausencia de delito o problemas de procedimiento. Solo el expediente de la obra pública sigue en pie. El 21 de mayo de 2019 iniciaron las audiencias presenciales y Cristina Kirchner se sentó en el banquillo. El país estaba en pleno proceso electoral y el kirchnerismo acusaba a Macri de presionar en los tribunales para sacarla de la carrera política. El juicio siguió su curso y está ahora en la etapa final de la ronda de testigos. Restan los alegatos de los abogados y el veredicto. La sentencia final no tiene fecha.

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Una parte de las mujeres del colectivo que busca llegar al Congreso de Colombia
Una parte de las mujeres del colectivo que busca llegar al Congreso de ColombiaEstamos Listas

“¿Y ustedes sí están listas?” La pregunta que durante años escucharon muchas mujeres en Colombia cuando buscaban presentarse a cargos políticos ha encontrado una respuesta contundente en un movimiento feminista que, por primera vez en la historia del país, se postula al Congreso. Lo llamaron Estamos Listas como una afirmación a ese cuestionamiento hecho tantas veces con sorna. “Claro que estamos listas para gobernar este país”, dice Magaly del Carmen Belálcazar, una mujer campesina de la Amazonia colombiana que integra este movimiento sin filiación a ningún partido.

Esta ambientalista que lleva años defendiendo la igualdad de tierras para las mujeres y el medio ambiente en el sur del país, dice que estaba lista hace tiempo, pero solo ahora se atreve a hacerlo desde lo electoral. “Todo lo que hacemos nosotras es política, desde la siembra, la cosecha, la movilización social. Al entrar al movimiento empecé a reflexionar por qué si somos las que defendemos el territorio y la vida cedimos a que otros decidan por nosotras”, dice a EL PAÍS.

Estamos Listas surgió en Medellín en 2017, pocos meses después del plebiscito por la paz en el que triunfó el ‘No’ a los Acuerdos entre el gobierno y las FARC. Esa tristeza que les produjo el resultado a un grupo de mujeres de la ciudad, que en Colombia se conoce como plebitusa, las hizo tomar una decisión: ocuparían más espacios de poder de la vida política para incidir en las decisiones clave de Medellín. Reunieron a más de 2.000 mujeres y se postularon de forma colectiva al Concejo de la ciudad.

Mientras una de ellas, Dora Saldarriaga, conquistó un escaño en ese espacio de política local, desde otras regiones comenzaron a pedir entrada al movimiento. La imagen, que consta de una búha con las alas abiertas y los colores violeta y amarillo y del árbol guayacán tradicional de Medellín y representa la lucha de las mujeres, se ha ido haciendo conocida desde entonces en todo el país. En 2021, decidieron constituirse como un movimiento de carácter nacional, recogieron 90.000 firmas y obtuvieron el aval de la Registraduría Nacional para postularse a las elecciones a Senado el próximo 13 de marzo.

En Colombia hay una “subrepresentación de mujeres en el Congreso”, asegura el informe Mujeres y hombres: brechas de género en Colombia, de ONU Mujeres, la Consejería Presidencial para la Mujer y el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), que presenta un panorama detallado sobre la situación económica, educativa y de violencia contra las mujeres en Colombia entre los años 2008 y 2019. La desigualdad es evidente en la Cámara de Representantes (Cámara baja), donde de los 171 escaños solo 32 son ocupados por mujeres; algo similar al Senado, que de 108 asientos, solo tiene 23 ocupados por mujeres.

“En el Congreso colombiano la tasa de representación de mujeres es del 19,7%, 10 puntos porcentuales por debajo del promedio de representación de América Latina y el Caribe, que se ubica en el 29,7%. También se halla lejos del promedio mundial de 24,5%, por ende se sitúa en el lugar 119 de la clasificación internacional de la Unión Interparlamentaria (IPU, 2020). En consecuencia, el Congreso de Colombia está lejos de la cuota del 30% establecida por el propio país, y más lejos aún de la paridad que plantean los ODS a nivel mundial”, dice el documento.

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“Es el primer movimiento feminista definido y organizado como feminista que hace esta gran apuesta sin ningún tipo de partido ni alianza y por fuera de las coaliciones de centro y de izquierda”, explica Marta Restrepo, una de sus fundadoras. Esta trabajadora social reivindica la diversidad de feminismos, un tema que ha estado en el centro de la discusión en las elecciones en Colombia después de que el candidato de izquierda Gustavo Petro dijera que solo reconoce el feminismo popular y criticara el “feminismo intelectual de las ciudades”.

“Más allá de dar esa discusión en la voz de un hombre, nosotras demostramos que sí podemos trabajar juntas. En nuestro movimiento hay mujeres campesinas, con doctorado, madres cabeza de familia, otras haciendo sus estudios universitarios”, dice Restrepo. Hasta ahora son 1.700 mujeres afiliadas que están en 150 lugares de Colombia y 28 países.

De la misma manera que lo hicieron al Concejo de Medellín, cualquiera de las 1.700 mujeres se podía postular a la lista del Congreso. La selección se hacía de forma plural y a través de una votación digital y según los votos que obtenía cada una se establecía el orden de la lista. Magaly fue una de las que obtuvo un espacio. “En Colombia es complicado participar en política sin ser hijo o hija de un cacique o sin tener un padrino. Por eso que una mujer campesina como yo se pueda postular habla de la importancia del trabajo colectivo de este movimiento”.

Magaly Belálcazar, candidata al Senado por el movimiento de Estamos Listas
Magaly Belálcazar, candidata al Senado por el movimiento de Estamos ListasEstamos Listas

Así confeccionaron una lista de 11 candidatas. “Son mujeres en toda su diversidad, disidentes sexuales, afrodescendientes, palenqueras [descendientes de esclavos], y departamentos subrepresentados en el Congreso, de zonas a las que los políticos tradicionales solo van a pedir votos en campaña”, dice Restrepo.

Pero también hay algunos hombres. Para ser avalado, el movimiento debía cumplir la cuota de género que se exige en el país, pero esta vez a la inversa. “Son cinco hombres que son aliados y están ahí al final de lista sin reclamar protagonismo”, recuerda la fundadora. Y son también de diversos orígenes: hay un padre de familia o un músico, entre otros.

Aunque se definen como movimiento feminista no reivindican solo una “agenda netamente mujerista” en el Congreso. Señalan que la agenda es de una nueva humanidad que pone en el centro el cuidado de la vida de todas las personas. “Creemos que las mujeres no se emancipan solas sino con sus comunidades”, agrega Restrepo.

En el centro de su agenda está la búsqueda de redistribución económica y de poder, pero apuestan fuertemente a la implementación de los acuerdos de paz en un país en el que la guerra ha dejado millones de víctimas, muchas de ellas mujeres. “Para nosotras es importante defender la tenencia de la tierra y la desmilitarización del cuerpo de las mujeres porque de donde yo vengo una vaca tiene más derechos que una mujer”, dice Belálcazar.

El feminismo se ha convertido pues en un tema determinante de la actual política colombiana. “Hay un movimiento feminista creciente en el país por mujeres integrado en su mayoría por jóvenes, disidentes sexualmente. El país está maduro para abordar la igualdad de derechos entre quienes estamos históricamente excluidas”, concluye Restrepo.

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Federación de enfermeros llama a cambiar el manejo de la pandemia: «estamos sobreexplotados»

«Esa explotación que estamos sufriendo la vemos en que seguimos aumentando camas, sin cambiar la estrategia, dejando la flexibilidad de que se puedan contagiar más personas», explicó José Luis Espinoza, presidente Federación Nacional de Enfermeras y Enfermeros.

Este domingo, el Ministerio de Salud reportó más de 7.500 casos nuevos de coronavirus, cifra que se ha mantenido en los últimos días y que presiona el sistema de salud, principalmente a la Unidad de Cuidados Intensivos.

José Luis Espinoza, presidente Federación Nacional de Enfermeras y Enfermeros (Fenasenf), aseguró en conversación con 24 AM, que «esta cifra la veníamos anunciando hace un tiempo. Antes del carnet de movilidad».

Por lo mismo, precisó que dichas cifras «es mucho para el sistema de salud que ya está al borde de su máxima capacidad».

Por otro lado, Espinoza enfatizó en que «el número de profesionales es limitado, lo que estamos haciendo es redoblar los esfuerzos (…) Estamos sobreexplotados. Se necesita mucho más de lo que necesitaba antes y este ha sido un problema desde el inicio de la pandemia«.

«Esa explotación que estamos sufriendo lo vemos en que seguimos aumentando camas, sin cambiar la estrategia del manejo de la pandemia, dejando la flexibilidad de que se puedan contagiar más personas«, subrayó.

Por lo mismo, expresó que lo más «relevante de todo es el personal y ya no hay más personas».

A todo lo anterior se suma el alto porcentaje de ausentismo laboral, el que ya llega al 30% por licencias médicas por «desgaste físico y mental».

Por último, precisa que los profesionales que trabajan en UCI requieren una formación especial, lo que también supuso un problema con el aumento de camas. «No estaban los profesionales capacitados para atender este número de camas, sin embargo, gracias a la buena formación hemos podido dar repuesta«, sentenció.



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El maestro no es ya el otrora respetable educador de la niñez, la adolescencia y la juventud, sino un adoctrinador que les inculca ideas disolventes e incita a rebelarse contra la autoridad legítimamente establecida.
Por: Jesús Vallejo Mejìa, exmagistrado de la Corte Suprema.

No otro calificativo merece lo que está sucediendo entre nosotros en estos días aciagos.

La movilización ordenada por el Comité de Paro y los políticos que parecen controlarlo no solo es ilegal por donde se la mire, sino profundamente inmoral.

En efecto, sólo a mentes demasiado perversas puede ocurrírseles que, en medio de una pandemia de las dimensiones que la que desde hace más de un año venimos padeciendo y de la crisis económica que la misma ha suscitado, se promueva un sinfín de desórdenes que han desarticulado el aparato productivo del país, con lo que eso conlleva en términos de pérdidas económicas, cierre de empresas, desempleo, desabastecimiento de las comunidades, destrucción de infraestructura y, en últimas, hambre en centenares de miles de familias.

Parece que a tales desalmados sólo les interesa agudizar los conflictos para que la situación del país empeore, dentro de la lógica según la cual «en río revuelto, ganancia de pescadores».

Pero, ¿qué resultados obtendrían de su empeño declarado de doblegar al presidente Duque, enervar su gobierno e, incluso, obligarlo a abandonar el poder? 

Ellos estimulan una indisciplina social proclive a la anarquía que se volvería en su contra si por desventura lograsen realizar sus proditorios cometidos.

Es escandaloso que en esta campaña infame participe Fecode, organización que agrupa a los educadores del sector público. ¿Qué ejemplo les dan de ese modo a sus educandos?

He ahí uno de los más deplorables ingredientes de la crisis de nuestra sociedad. El maestro no es ya el otrora respetable educador de la niñez, la adolescencia y la juventud, sino un adoctrinador que les inculca ideas disolventes e incita a rebelarse contra la autoridad legítimamente establecida. Llama la atención que hoy se considere que en virtud de la separación de la Iglesia y el Estado que consagró desde 1991 la Constitución Política la enseñanza y los símbolos religiosos deben proscribirse en el sistema educativo oficial, pero en cambio tengamos que tolerar que se imponga el pensamiento único de una ideología totalitaria y liberticida que ya ha envenenado la mente de varias generaciones de nuestros compatriotas. Defender en la escuela los valores patrios es objeto de severa proscripción; no lo es, en cambio, aplicarse a corromper a las nuevas generaciones valiéndose de la autoridad que de suyo rodea a los maestros.

Unos dirigentes sindicales que disfrutan de prebendas a las que sólo tienen acceso las capas más adineradas de la sociedad se aplican a servir los apetitos de políticos oportunistas, olvidando el gravísimo perjuicio que les están ocasionando a las masas trabajadoras que tienen que esforzarse cada día para el sustento de sus hogares. Los que ahora encuentren sin surtido los anaqueles de tiendas y mercados, o tengan que sufrir la carestía derivada de la escasez, deben reflexionar acerca de quiénes son los causantes de sus dificultades. No son las autoridades, que quieren que haya orden, sino esos agitadores que atentan contra el mismo.

En momentos en que las dificultades deberían convocar a la unidad de todos los estamentos sociales para superar la pandemia y la crisis producida por ella, unos sinvergüenzas que se autoadjudican la vocería del pueblo agudizan las contradicciones para así empeorar una situación que de por sí ya es procelosa a más no poder.

Bueno es mirar las peticiones del Comité de Paro, a fin de darse cuenta de que ellas no están pensadas en beneficio de los trabajadores y estudiantes a quienes dicen representar sus miembros, sino de intereses oscuros de políticos extremistas, narcotraficantes y revolucionarios enardecidos por sus delirios ideológicos. 

Como le respondí a un periodista que pidió mi opinión sobre lo que está ocurriendo, me niego a aceptar que un movimiento que dice dar satisfacción a las demandas de los jóvenes centre sus objetivos en la defensa de los cultivos de coca y, por ende, en los intereses del narcotráfico. ¿Así de corrompidos estamos?

24Horas.cl Tvn

04.05.2021

Durante la noche de este lunes, el presidente de la Cámara de Diputadas y Diputados, Diego Paulsen, se refirió a los mínimos comunes que se encuentra negociando el Congreso y el Ejecutivo en torno a las ayudas sociales para hacer frente a la pandemia.

En ese sentido, el parlamentario RN indicó que «tan lejos nunca hemos estado, yo creo que cuando se habla por parte del Ejecutivo de un Ingreso Familiar de Emergencia que hoy está llegando a el 80% del Registro Social de Hogares, o sea cerca de 13 millones de chilenos y que el Presidente haya anunciado el día sábado que se va a hacer una extensión el 100% de este registro, llegando a casi 14 millones y medio de chilenos».

Según argumentó Paulsen, con este beneficio, el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) ampliado, «no estamos tan lejos de esta Renta Básica Universal que han venido pidiendo desde la oposición, o la Renta Básica Solidaria que ha pedido otro candidato presidencial o ingresos sustanciales para que las familias puedan vivir y pasar estos meses de invierno y enfrentar la pandemia».

«Claramente tenemos que darle tranquilidad a las familias chilenas de que a través de un acuerdo político viable vamos a, por fin, sentarnos a conversar, a dialogar que es para lo que nos han elegido las chilenas y chilenos a lo largo de Chile», recalcó el presidente de la Cámara.

 

Propuesta del Ejecutivo

Según explicó Paulsen, las mesas del Congreso Nacional recibieron como propuesta del Gobierno el «ampliar al 100% el Registro Social de Hogares», haciendo hincapié en lo «universal» de la medida, ya que que «cualquier familia en Chile puede ingresar al Registro Social de Hogares», por lo que se podría llegar con ayuda para 15 millones de personas, lo que equivaldría a un costo de 2.050 millones de dólares por mes. Este IFE duraría por tres meses; abril, mayo y junio.

 

Respecto a los requisitos que podría tener este ingresos, Paulsen indicó que desde hace una semana y media atrás, desde que el Presidente anunció la ampliación del IFE «se acaba el requisito de pérdida de ingresos» para poder optar al beneficio. «Cualquier familia que perteneciera al 80% del 80% de los más vulnerables de Chile iba a obtener $100 mil pesos por integrante familiar».

En ese sentido recalcó que la ampliación del IFE al 100% del Registro Social de Hogares mantendrá esta tónica, no siendo necesario haber perdido ingresos para poder optar al beneficio.

 

En cuanto a los montos, la nueva propuesta del Ejecutivo mantiene los montos anteriormente señalados, es decir $100 mil pesos por carga familiar, los cuales serán entregados por tres meses.

«Tenemos que saber cuánto va a ser el marco que vamos a estar dispuesto como Estado a invertir en las familias chilenas. En cuánto vamos a estar dispuestos a ayudar a las familias chilenas. Entonces por eso es importante que, antes de empezar a hablar en otro de los pilares que es la reforma tributaria que tenemos que llevar adelante, es saber primero cuánto vamos a gastar para tener la certeza de cuánto necesitamos recaudar«, explicó el diputado Paulsen.

¿Qué ocurre con las personas que han recibido el IFE o bonos de clase media?

Según explicó Paulsen, «el Bono de Clase Media sigue. Tenemos la gran noticia que se han pagado casi un millón 800 mil bonos clase media, pero este es ajeno, externo a este IFE ampliado que acaba de proponer el Ejecutivo (…) se podrían sumar «.

Asimismo indicó que «las personas que no puedan postular al IFE, debido a que ganen entre 1 millón y medio o dos millones al mes podrían optar al Bono de Clase Media»

Marco de acuerdo

Al ser consultado sobre si las conversaciones llevadas junto con el Ejecutivo sobre lograr un acuerdo para evitar un posible cuarto retiro, iniciativa que ya fue ingresada por la diputada Pamela Jiles, Paulsen sostuvo que «esto no es parte de la conversación. Dentro de este marco que nos propone el Ejecutivo, obviamente que está el respeto a la institucionalidad»

«Primero está también el marco de como vamos a aumentar la emisión de la deuda pública, cuánto vamos a aumentar para que el Estado se pueda seguir endeudando», señaló el diputado, aclarando que es necesario un proyecto de ley para aumentar la deuda pública, agregando que la deuda de salud pública va a «aumentar muchísimo porque no hemos sido capaces de hacer todas las prestaciones de servicio en el último año y medio».



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24Horas.cl Tvn

30.04.2021

La coordinadora del Área de Opinión Pública del Centro de Estudios Públicos (CEP), Carmen Le Foulon, se refirió en Medianoche a los resultados de una nueva edición de su tradicional encuesta realizada de forma telefónica.

En ese sentido, Le Foulon se refirió a las instituciones mejor evaluadas, en donde se destacó a la PDI y a las radios. Según la experta, estas «tenían un nivel de confianza, pero se produjo una caída para el estallido social, entonces parte de esto es volver a unos valores anteriores». En ese sentido explicó que las cifras de esta encuesta no son comparables a las anteriores por su cambio de metodología.

 

Para la coordinadora, «lo que si es dramático en términos de a la democracia representativa, es la crisis de legitimidad de confianza de las instituciones centrales de la democracia representativa que son el Congreso y los partidos políticos».

Respecto al 9% de aprobación del Presidente Sebastián Piñera, Le Foulon, indicó que «al ser un cambio de metodología, en donde pasamos de una encuesta presencial a una telefónica, por prudencia no queremos hacer comparaciones hacia atrás, pero independiente de eso, son niveles bajos de aprobación. Un 9% es sustantivamente bajo».

Continuando con esa línea, la coordinadora indicó que en las encuestas presenciales, «la peor evaluación de un Presidente la obtuvo también Piñera en diciembre de 2019 en pleno estallido social con un 6%. Previo a esa encuesta, lo más bajo que se había llegado era a un 15% con Michelle Bachelet en agosto de 2016″.

 

Pamela Jiles como política mejor evaluada

Respecto a la figura de Pamela Jiles que se convirtió en el personaje político mejor evaluado con un 54%, Le Foulon indicó que «es un nivel de valoración positiva relativamente alto, sobretodo en comparación con los otros», debido a «una baja general en los personajes políticos asociada a la crisis de confianza a los partidos políticos».

En ese sentido, la coordinadora indicó que Jiles ha logrado «desapegarse en su discurso de los políticos y de ponerse del lado de la ciudadanía, en contraposición de los políticos«, agregando que «de los rasgos interesantes que tiene» es que «tiene una valoración alta entre los de menores ingresos si uno los aproxima a los que tiene menores acceso de educación», como también de que hay «grupos que no se identifican políticamente, ella también logra porcentajes de valoración positiva con los que se identifican con la izquierda»

«El perfil de ella es muy acorde a los tiempos que estamos viviendo y al desprestigio de la política. Falta mucho por venir. Ella se está jugando mucho su capital político por su pareja y creo que será un momento importante para ver cuánto de ese capital se puede traducir en votos en la elección de gobernadores regionales», sostuvo.

 

Lo predictivo de las encuestas

Al ser consultada con el nivel de acertividad que puedan dar las encuestas como la CEP en elecciones, que en esta edición no midió la intención de voto, Le Foulon explicó que «en Chile desde que el voto es voluntario, cuán predictivo que puede ser, depende de quien va a votar, porque eso se traduce en las urnas».

«La intención de voto si fuera hoy, pudiera tener algo de asociación, pero acá quiero a destacar a Sebastián Piñera, quien no ha tenido cifras de aprobación tan altas, ha salido electo Presidente en segunda vuelta como ejemplo. Hay muchos factores que están detrás, incluso por ejemplo Pamela Jiles, que tiene una valoración positiva en el grupo de la derecha, donde mantiene un 40%, la pregunta es si ese grupo votaría por ella frente a un candidato de la derecha», indicó la experta.

Agregó que además «cambiar una percepción negativa es más difícil, sobretodo si está asociada también con esta crisis de partido. Por lo tanto el espacio para crecer se ve más limitado. Eso también tiene que estar combinado con el nivel de conocimiento», explicó, señalando que «mucha gente vota por el mal menor, donde puedes tener una mala percepción de ambos candidatos, por lo tanto las decisiones estratégicas es muy necesario tomarlas en cuenta», finalizó.



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