Mostrando entradas con la etiqueta Pekín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pekín. Mostrar todas las entradas



El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y su homólogo chino, Wang Yi, han hecho alarde público de sintonía este miércoles entre sus Gobiernos, socios estratégicos, un día después de que las negociaciones entre Moscú y Kiev en Estambul dieran los primeros signos de avance. El encuentro entre los ministros se produce 48 horas antes de que se celebre una cumbre virtual clave entre Pekín y la Unión Europea, una reunión en la que la guerra en Ucrania será la protagonista absoluta.

Lavrov y Wang se han reunido en persona en Huangshan, en el este de China, con motivo del foro de dos días de duración sobre el futuro de Afganistán que allí se celebra. Según ha trascendido, durante la conversación entre los dos cancilleres, el ruso ha prometido un nuevo orden “multipolar, justo y democrático”. Las imágenes oficiales del encuentro distribuidas por Moscú muestran a Lavrov y Wang saludándose con el codo, ambos cubiertos con mascarillas, ante las banderas de sus respectivos países.

Según la cadena de televisión estatal china CGTN, Lavrov había llegado pocas horas antes a la ciudad de Huangshanpara participar en las reuniones de dos días con representantes de Pakistán, Irán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. En el mismo emplazamiento tendrá lugar una reunión aparte de la llamada “Troika Ampliada”, entre las potencias con mayores intereses e influencia en Afganistán: China, Rusia, Estados Unidos y Pakistán. En ese encuentro participará Tom West, representante especial de EE UU para Afganistán, pero no Lavrov, ni Wang.

China y Rusia han acordado intensificar su cooperación “de modo sostenible y consistente” en medio de “unas complicadas condiciones internacionales”, según ha declarado Lavrov a la agencia rusa Interfax. Esa cooperación incluye, según la información de la agencia, hablar con una sola voz en cuestiones globales, así como el desarrollo de una política exterior coordinada entre los dos Gobiernos amigos, que ya habían formalizado su asociación estratégica en una reunión en Pekín entre sus respectivos presidentes, Xi Jinping y Vladímir Putin, 20 días antes del comienzo de la invasión rusa de Ucrania. Entonces, los líderes plantearon una propuesta de un nuevo orden mundial, alternativo al encabezado por Estados Unidos y Occidente.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Este miércoles, el ministro ruso ha reiterado esa coordinación con Pekín, acordada por Putin y Xi. “Atravesamos un momento serio en la historia de las relaciones internacionales. Estoy convencido de que, tras los resultados, la situación internacional quedará mucho más clara y, junto a ustedes y otras naciones con ideas afines, avanzaremos hacia un mundo multipolar, justo y democrático”, ha señalado Lavrov.

Por su parte, Wang subrayó que las relaciones entre los dos países han “superado la prueba de las turbulencias internacionales” y continúan desarrollándose con firmeza, según la televisión hongkonesa Phoenix TV. En Pekín, el portavoz de Exteriores declaró en la rueda de prensa diaria del departamento que “no hay límites a la cooperación entre Rusia y China, no hay límites a nuestros esfuerzos para lograr la paz, proteger la seguridad y oponerse a la hegemonía”. El portavoz agregó: “Las relaciones entre China y Rusia no están alineadas, no buscan el enfrentamiento con otros y no se dirigen contra nadie”.

Una neutralidad escorada

Desde el comienzo de la guerra en Ucrania, que China rechaza denominar “invasión”, Pekín ha adoptado una posición de neutralidad escorada hacia Rusia, en la que no condena la agresión de Moscú, pide el levantamiento de las sanciones internacionales —que considera “ilegítimas”—, y responsabiliza del conflicto a la OTAN y a Estados Unidos, por no haber respondido a las “preocupaciones legítimas de seguridad” de Putin. Pero China también ha enviado una pequeña ayuda humanitaria a Ucrania, por valor de 2,1 millones de dólares, y está cumpliendo con las sanciones internacionales.

Pekín ha descrito la situación en Ucrania como “preocupante” y ha asegurado que juega un papel “constructivo” para apoyar las negociaciones entre los dos Gobiernos enfrentados en el frente. Estados Unidos sospecha que Rusia ha pedido ayuda militar a su socio estratégico para la guerra y que China se plantea entregársela, algo que Pekín ha negado de manera tajante.

La visita de Lavrov se produce dos días antes de que el presidente chino, Xi Jinping, celebre una cumbre virtual el próximo viernes con los líderes de la Unión Europea, que piden a China que utilice su influencia ante Putin para lograr un alto el fuego en Ucrania. La guerra será la gran protagonista de ese encuentro, en el que Bruselas —el segundo socio comercial de China, muy por encima de Rusia— quiere disuadir a Pekín de cualquier tentación de apoyar por la vía militar o económica a Moscú en esta guerra. Los líderes europeos, según fuentes diplomáticas, dejarán claro al Gobierno de Xi que el más mínimo indicio de asistencia será considerado algo intolerable.

En una conversación preparatoria con el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, Wang ha advertido a la UE que “la vieja mentalidad de la Guerra Fría y la confrontación entre campos ya no es practicable en Europa, y la práctica de elegir bandos y dividir al mundo es todavía menos deseable”, según el comunicado del Ministerio de Exteriores chino.

La reunión entre Lavrov y Wang se ha celebrado un día después de que las conversaciones entre Kiev y Moscú arrojaran los mayores progresos aparentes hasta la fecha. Ucrania ha ofrecido sellar su neutralidad y renunciar, por lo tanto, a su ingreso en la OTAN, a cambio de garantías sobre su seguridad. También ha hablado por primera vez de negociar la situación de la península de Crimea, que Rusia se anexionó ilegalmente en 2014, aunque dentro de 15 años. La situación de Donbás, la región ruso parlante en el oeste ucranio, se abordaría en un encuentro en el futuro entre Putin y su homólogo ucranio, Volodímir Zelenski.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link



Misión cumplida. Los fuegos artificiales ya han terminado con un último mensaje escrito en el cielo: “Todos somos una sola familia”. La antorcha ya se ha apagado en el Estadio Nacional, conocido popularmente como El Nido. Con los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín concluidos tras la ceremonia de clausura de este domingo, las divisiones que politizaron el evento en el tablero mundial continúan inalteradas, Pero el presidente chino, Xi Jinping, puede presumir de haber cumplido todos sus objetivos en el terreno que le importaba: el interno.

En su discurso de clausura, el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, aseguró ante la mirada del propio Xi en el Estadio Nacional que Pekín ha organizado el acontecimiento de manera ”extraordinaria”, en unas instalaciones “magníficas”.

El macroevento deportivo ha representado un momento de unidad nacional y ha servido para reforzar el prestigio del país a ojos de sus ciudadanos, con golpes de efecto como la propuesta de un nuevo orden mundial de Xi junto al presidente ruso, Vladímir Putin, en la jornada inaugural. Las competiciones se han desarrollado sin apenas incidentes —la gran excepción, la polémica en torno al dopaje de la patinadora rusa Kamila Valieva—, la covid se ha mantenido a raya y los deportistas extranjeros se han abstenido de aprovechar el evento para pronunciar declaraciones políticas.

Incluso en el terreno externo —donde los Juegos llegaban marcados por el boicoteo diplomático de Estados Unidos y parte de sus aliados, en protesta por los abusos contra los derechos humanos de la población uigur en la región de Xinjiang— la atención ha estado centrada en los resultados deportivos. O en la crisis cada vez más tensa en Ucrania.

Días de lucimiento para Xi

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Para Xi, las dos semanas de Juegos han presentado la ocasión de sacar brillo a sus credenciales como jefe de Estado y máximo representante internacional de su país. Tras un hiato de dos años en sus reuniones personales con otros mandatarios, como parte de las precauciones de China contra la covid, recibió a los líderes de una treintena de países, muy especialmente a Putin. La reunión entre ambos dejó claro hasta qué punto ambos países han apostado por su alianza de hecho para responder a Estados Unidos, su enemigo común. Ambos “perciben una enorme sinergia”, apunta Jakub Jakóbowski, del Centro Polaco de Estudios Orientales.

Pero no solo ahondó la relación con Rusia. También, entre otros, con gobiernos de la nueva izquierda latinoamericana, como el encabezado por el presidente argentino, Alberto Fernández, o el del ecuatoriano Guillermo Lasso. En el caso del peronista, acordó con su homólogo chino iniciar el proceso para un futuro tratado de libre comercio, sumar a Argentina a la Nueva Ruta de la Seda y selló pactos para cuestiones como el uso de la tecnología china Hualong en la construcción de la planta nuclear Atucha III. Fernández declaró su apoyo al principio de “una sola China” que defiende Pekín y que acepta que Taiwán forma parte de China. Pekín, por su parte, expresó su apoyo a las reclamaciones argentinas sobre las Malvinas. Lasso se marchó con el compromiso de que China estudiará una prórroga para los plazos de devolución de créditos por valor de 5.200 millones dólares (4.600 millones de euros).

600 millones de espectadores

El entusiasmo en las calles —inicialmente poco visible, entre otras cosas debido a la hermética burbuja contra la covid que separaba a los participantes en las competiciones de los residentes chinos— crecía a medida que el equipo chino lograba su mayor cosecha de medallas de la historia en unos Juegos de Invierno, con nueve oros. Dos adolescentes, la chino-estadounidense Eileen Gu y el joven actor y snowboarder Su Yiming, se han convertido en megaestrellas deportivas y las caras de los Juegos con tres oros y dos platas entre ambos, entre vítores de una población entusiasmada. Incluso la mascota del evento, el panda esquiador Bing Dwen Dwen, se ha convertido en un objeto de deseo gracias a una hábil campaña de marketing en las redes sociales. Más de 600 millones de espectadores, el 40% de la población china, ha visto alguna de las competiciones, según el Comité Olímpico Internacional (COI).

El entusiasmo ha disparado, a su vez, el consumo en el sector de los deportes de invierno. Según la plataforma de comercio JD.com, las compras de productos de esquí crecieron un 322% durante estas dos semanas, los de patinaje sobre hielo, un 430%. Las clases medias más acomodadas —que tienen dinero para gastar, ganas de viajar y ninguna manera de hacerlo en el extranjero, dado que las fronteras continúan cerradas casi por completo por la lucha contra la covid— han encontrado en los caros deportes de invierno una alternativa de ocio.

Pero, tanto como lo que ocurrió, el éxito se mide también por lo que no pasó. China ha podido alardear de su sistema de control contra la covid y evitar que surgieran nuevos brotes. La burbuja hermética, que se impuso de manera más rígida aún que en Tokio en los Juegos de Verano para aislar a la población de los casos entre los visitantes internacionales, ha funcionado a la perfección. No se detectó ningún salto de los más de 400 casos de infección entre las delegaciones y los trabajadores de las instalaciones a los residentes de Pekín. No se vendieron entradas al público; los espectadores presenciales lo fueron por invitación, tras someterse al menos a cuatro pruebas PCR para garantizar que estaban libres de coronavirus. Aunque el reverso de la moneda implicó que los atletas que dieron positivo en las pruebas PCR diarias tuvieron que renunciar a competir y quedar confinados, viendo cómo se les escapaba su sueño olímpico.

Si China consiguió evitar que surgieran nuevos brotes de covid, también esquivó otro problema, el escándalo en torno a la tenista Peng Shuai, que en noviembre acusó de abusos sexuales a un antiguo alto cargo chino. Peng concedió una entrevista al periódico deportivo francés L’Equipe en la que, aunque no disipó los temores en el extranjero de que se encuentra vigilada por las autoridades, sostuvo que se encontraba en completa libertad. La deportista de 36 años presenció también varias competiciones a lo largo de las dos semanas de Juegos.

Ningún atleta efectuó en público ninguna declaración embarazosa para China sobre Xinjiang o la situación de los derechos humanos en el país anfitrión durante su estancia, tras advertencias previas del Gobierno chino de que hacer declaraciones políticas podría acarrear consecuencias. Las quejas de algunos deportistas sobre las rígidas medidas contra la covid o sobre la calidad de la comida se silenciaron dentro del país. Los medios chinos se hicieron abundante eco, en cambio, de las alabanzas de otros participantes, especialmente el esquiador estadounidense Aaron Blunk, que aseguró que Pekín había hecho un “trabajo estelar” con los Juegos y denunció que Twitter le había cerrado su cuenta por haber sido elogioso con China.

Todos estos halagos contrastan con lo que ocurría en Occidente al mismo tiempo. En una rueda de prensa en vísperas de la clausura, Human Rights Watch (HRW) denunció la censura en la cita deportiva. “Los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022 han ayudado a consolidar las violaciones de los derechos humanos que el Gobierno chino introdujo por primera vez durante los Juegos [de Verano] de 2008″, denunció Yaqiu Wang, investigadora de HRW para China. “Debería ser la última vez que [se permiten] anfitriones olímpicos abusivos”, añadió. En Estados Unidos, las cifras de telespectadores de los Juegos han sido muy inferiores a las de los Juegos de Pyeonchang (Corea del Sur) cuatro años atrás: esta semana la audiencia se redujo a la mitad respecto a entonces.

Con la bandera olímpica ya entregada a Milán y Cortina d’Ampezzo, los organizadores de los Juegos de 2026, China —y Xi— pasan ahora página en un apretado calendario político, que se centrará en la sesión legislativa anual, a comienzos de marzo. Aguarda también el XX Congreso del Partido Comunista de China en otoño, en el que el todopoderoso presidente verá renovado su mandato para al menos cinco años más. Y, a 6.500 kilómetros de distancia, lo que pueda ocurrir en Ucrania.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites





Source link

top