Turkish President Recep Tayyip Erdogan is visiting the United Arab Emirates, hoping to repair strained ties. Analysts say shared concerns over Iran could provide common ground.
Erdogan said that his two-day visit to the United Arab Emirates, which began Monday, aims to ease years of tension and rivalry with the Persian Gulf state.
He said that with the visit, Turkey aims to develop the momentum it has achieved and to take the necessary steps to bring relations back to the level, he said, they deserve.
Turkey has found itself increasingly isolated across the Middle East, due largely to Ankara’s support of the Muslim Brotherhood Islamist group, something that has caused unease among many Middle Eastern leaders.
Turkish President Recep Tayyip Erdogan, left, and Abu Dhabi Crown Prince Sheikh Mohammed bin Zayed Al Nahyan, second right, arrive at Qasr Al-Watan in Abu Dhabi, United Arab Emirates, Feb. 14, 2022.
Teacher of international relations Soli Ozel at Istanbul’s Kadir Has University says Erdogan’s UAE visit is part of a wider regional reset, with Iran providing crucial common ground.
“Turkey’s charm offensive has targeted several countries, with one of them the United Arab Emirates. Both countries have an interest, along with all the western countries, for Iran not to be so influential as it is today,” he said.
Turkey is increasingly in competition with Iran, from the Caucasus to Syria.
Last week Turkish pro-government media reported several alleged Iranian agents were arrested in Turkey in a joint Turkish-Israeli intelligence service operation to thwart the assassination of a Turkish-Israeli businessman.
The arrests came after Iran recently cut off natural gas supplies to Turkey for more than a week, causing much of the country’s manufacturing sector to shut down for several days.
Asli Aydintasbas, a senior fellow at the European Council, says there are suspicions the gas shut-off may have been politically motivated.
“We’ve seen Iran cut off the natural gas for Turkey ostensibly because [it] had something breaking down or it [Iran] needed it for its internal market. But it’s no coincidence that this happened after a meeting between Vladimir Putin and Iran leader [Ebrahim] Raisi. This was clearly a message to Turkey,” she said.
Iran and Russia are working closely together in Syria in backing the Damascus regime, while Turkey backs Syrian rebels. Moscow has also voiced its anger over Ankara selling armed drones to Ukraine.
Analyst Ozel warns that the Turkish-Iranian rivalry is likely to escalate, with Ankara sharing Western and Middle Eastern countries’ fears over Iran’s nuclear energy program.
“If Turkey wants to jump on board in that struggle, then yes, we can expect Turkish-Iranian relations to be a bit testy. On the other hand, Turkey and Iran manage to have competitive and cooperative relations for centuries, so they are pretty well versed on how to do that,” he said.
If there’s a breakdown in talks between Iran and the international community to resolve concerns over Iran’s nuclear energy program, analysts warn that Turkey’s effort to balance competition and rivalry with its Iranian neighbor could face a greater test.
“Estamos actuando para rebajar las tensiones en lugar de echar leña al fuego de la escalada militar”, dijo Erdogan en una rueda de prensa sin preguntas junto a Zelenski. El presidente turco reiteró su oferta de mantener “conversaciones bilaterales” entre los gobiernos de Rusia y Ucrania en Turquía, algo que también propuso a Moscú, aunque el Kremlin puso como condición que se invite también a representantes de los separatistas prorrusos. El ministro de Defensa ucranio, Oleksii Reznikov, expresó el apoyo de su país a que las conversaciones ruso-ucranias, hasta ahora llevadas a cabo en Minsk (Bielorrusia) se trasladen a Estambul.
Lazos con la comunidad tártara
“Estamos preparados para hacer todo lo que esté en nuestras manos por la paz”, aseguró Zelenski, a la vez que agradeció a Erdogan la defensa de Ucrania. Turquía ha subrayado en varias ocasiones su apoyo a “la integridad y soberanía” de todo el territorio ucranio, “incluida Crimea”, ocupada por Rusia en 2014 y que históricamente fue hogar de una relevante comunidad tártara con estrechos lazos culturales, lingüísticos y políticos con Turquía.
En los últimos años, Turquía ha reforzado sus lazos con Ucrania en todos los ámbitos. Este jueves, Erdogan y Zelenski firmaron 12 acuerdos bilaterales, incluido uno de libre comercio que pretende aumentar los intercambios hasta los 10.000 millones de dólares (unos 8.740 millones de euros), un tercio más que en la actualidad. Además del comercio, la construcción de infraestructuras y el turismo, ambos países han tejido una importante alianza en el campo militar. Ankara ha vendido drones armados a Kiev, que el ejército ucranio ha utilizado ya contra los rebeldes prorrusos del este del país, y la principal empresa productora de drones de Turquía, Baykar, utiliza ahora motores ucranios para sus aparatos. Esta cooperación ha alcanzado un grado estratégico con la firma de acuerdos para la transferencia de tecnología. Ucrania, además, ha entregado a Turquía a varios individuos perseguidos por el Gobierno de Ankara sin seguir un proceso legal.
Esta venta de drones ha molestado a Moscú, pero Turquía sigue manteniendo buenas relaciones con el Kremlin, principalmente porque sus dos líderes se han acostumbrado a una relación transaccional en la que ambos pueden llegar a acuerdos de tú a tú sabiendo que se llevarán a la práctica, pues ningún estamento de sus respectivas administraciones pondrá obstáculos a su cumplimiento. Así, Rusia y Turquía han pactado altos al fuego en diversos conflictos como Libia, Siria o el Nagorno-Karabaj, donde apoyan a bandos enfrentados. Además, el Gobierno turco ha adquirido una batería de defensa antimisiles rusa S-400 y ha manifestado interés en comprar una segunda, pese a que ello le ha llevado a enfrentarse con Estados Unidos y otros aliados. De hecho, los intentos de Erdogan por mediar entre Rusia y Ucrania son vistos como una estrategia de Turquía para mostrar su importancia estratégica al resto de socios de la OTAN, de la que forma parte desde 1952.
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Sin embargo, resta saber qué influencia puede tener Erdogan ante Putin, en un momento en que el líder ruso busca un acuerdo directo con Washington y dado que la dependencia de Turquía respecto a Rusia es mucho mayor que al revés. Lo es desde el punto de vista energético —en enero, Rusia fue el principal origen de las importaciones turcas, sobre todo debido al gas—, turístico —el 19% de los extranjeros que visitaron Turquía en 2021 fueron rusos, y el 8% ucranios— y de la seguridad: si el régimen sirio no avanza sobre el último bastión rebelde de Idlib, lo que provocaría una oleada de millones de refugiados a la vecina Turquía, es porque no tiene el visto bueno de Moscú. Como si se tratase de un mensaje, en la mañana del jueves, aviones rusos bombardearon zonas del sur de la provincia de Idlib.
Erdogan anunció la pasada semana que Putin ha aceptado la invitación de acudir a Turquía para tratar, entre otras cuestiones, la tensión con Ucrania. Este jueves, Erdogan reiteró que la visita de Putin se producirá en las próximas semanas, tras el viaje del mandatario ruso a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pekín. El portavoz del Kremlin reconoció que se ha hablado de la posibilidad de que el viaje a Turquía se produzca a finales de febrero, pero matizó que todavía no se ha cerrado ninguna fecha.
En un decreto publicado en el Boletín Oficial de Turquía la noche del viernes al sábado, el presidente de Turquía instó a todos los organismos del Estado a tomar medidas urgentes para acabar con “la influencia extranjera y la corrupción de la cultura nacional” y proteger “los valores morales y nacionales” en las producciones audiovisuales y los medios de comunicación. Los críticos con el Gobierno islamista consideran que se trata de un intento de aumentar la censura.
La circular exige imponer sanciones y llevar a cabo los cambios legales necesarios para evitar “la erosión de los valores morales y nacionales y la estructura social y familiar a través de las publicaciones abiertas o encubiertas de los medios”, y exige a los directivos de las cadenas evitar este tipo de contenidos. La formulación del texto presidencial, con referencia a los debates de los últimos días sobre un programa de televisión, ha dirigido todas las miradas a la versión turca del programa Mask Singer: adivina quien canta, de origen surcoreano, en el que personajes famosos actúan ocultando su identidad bajo vistosos disfraces y máscaras.
Círculos ultraconservadores habían criticado en las redes sociales el programa asegurando que promovía “el satanismo, el paganismo y el chamanismo” y, de hecho, el Consejo Superior de la Radiotelevisión Turca (RTÜK) ha iniciado una investigación sobre la base de que el programa puede dañar a la infancia.
“Se trata de un texto inconstitucional: no se pueden recortar derechos protegidos por la Constitución mediante una circular presidencial”, sostiene Veysel Ok, copresidente de la Asociación de Estudios sobre los Medios y las Leyes (MLSA). Aunque el decreto no incluye ninguna medida con valor legal real, para este abogado el peligro radica en que “será tomado como una orden” por diversos organismos del Estado, desde RTÜK a la Fiscalía: “Así que podemos esperar más investigaciones contra cadenas de televisión y periodistas, incluso el cierre del algún medio. Erdogan podría haber logrado esto haciendo algunas llamadas de teléfono, pero lo hace público para reforzar la polarización política e instilar el miedo en la sociedad”.
La prensa opositora considera estos debates parte de la “guerra cultural” de los islamistas para galvanizar a su electorado en un momento en que la crisis económica ha reducido el apoyo a Erdogan. De hecho, el decreto llega tras una semana de ataques contra la popular cantante Sezen Aksu -considerada la reina del pop turco desde la década de 1980- por una canción estrenada hace cinco años en la que calificaba de “ignorantes” a Adán y Eva. Según la prensa local, directivos de RTÜK telefonearon a todos los canales turcos para que no emitiesen la canción y el propio Erdogan llamó a “arrancar la lengua” de aquellos que “difamen” a Adán y Eva, aunque posteriormente se retractó parcialmente y dijo no referirse a la cantante.
Sustitución del ministro de Justicia
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El Boletín Oficial turco de este sábado va cargado de ceses y nuevos nombramientos en la cúpula de siete organismos oficiales. El ministro de Justicia, Abdülhamit Gül, es sustituido por Bekir Bozdag, quien ya ocupó esa cartera entre 2013 y 2017. No queda claro si se trata de una dimisión del propio Gül o un cese ordenado por Erdogan, ya que desde hace un año y medio la salida de ministros viene siempre precedida de un mensaje del propio ministro en el que este solicita al presidente “ser exonerado de la misión encargada”. El medio opositor T24 atribuye la salida de Gül -procedente del movimiento islamista- a sus fricciones con el grupo de los “pelícanos”, dirigido por Berat Albayrak, yerno de Erdogan, y con el ministro de Interior, el ultranacionalista Süleyman Soylu, así como con el otro socio de la coalición gubernamental: el partido ultraderechista MHP.
El Instituto de Estadística de Turquía (TÜIK) también tendrá nuevo director y subdirector, tras los cambios decretados por Erdogan la pasada medianoche. Erhan Çetinkaya será así el cuarto encargado de la institución en los últimos tres años. El instituto ha sido acusado por la oposición de maquillar las estadísticas, especialmente las de la inflación, pero aun así Erdogan está insatisfecho porque cree que los cálculos de precios de TÜIK son más altos de lo que deberían.
También se ha nombrado como nuevo presidente del Instituto de Medicina Forense a un profesor que está entre los directivos de una fundación islamista de beneficencia dirigida por Bilal Erdogan, hijo del presidente. La oposición y los medios críticos denuncian que, desde la entrada en vigor del sistema presidencialista en 2018, los nombramientos de altos cargos se basan en la lealtad y la cercanía al presidente o al partido gobernante en lugar de en los méritos.
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, el 12 de enero en el Parlamento en Ankara.ADEM ALTAN (AFP)
Los ingenieros forestales Salih Usta y Ahmet Demirtas fueron condenados recientemente a dos años de cárcel. Su delito fue contradecir la narrativa oficial sobre un árbol: un tejo de la provincia turca de Zonguldak que el Gobierno local ―del partido que dirige el presidente Recep Tayyip Erdogan― había presentado como el más antiguo del mundo, con 4.112 años. Usta y Demirtas, miembros de la Asociación de Investigación de Problemas Forestales y del Medio Rural, consideraron sospechosa la afirmación y tomaron una muestra del árbol (como han hecho cientos de veces durante su carrera) que fue analizada por el departamento de botánica de la Universidad de Estambul. El resultado fue que la edad del susodicho tejo es en realidad de unos 2.000 años.
Poco después de hacer pública su investigación, se les abrió un proceso judicial, formalmente por haber tomado una muestra sin permiso, pese a que lo hicieron antes de que el árbol fuese declarado bajo protección oficial. Los ingenieros no entrarán a prisión porque el castigo les fue reducido a 20 meses de cárcel por buen comportamiento durante el juicio, pero será una pena que constará para siempre en su expediente.
“Cuando se nos abrió el proceso estábamos seguros de que acabaría en absolución, porque la Gendarmería dejó claro en su informe que no habíamos dañado el árbol”, explicó Usta en declaraciones al medio digital Diken: “Pero el actual poder político se ha acostumbrado a decir mentiras y a que esas mentiras sean sostenidas por los demás. Y cuando alguien demuestra que mienten, tratan de castigarlo”.
No son los únicos. En los últimos años, en Turquía, un científico ha sido arrestado y enjuiciado por revelar las cantidades reales de sustancias cancerígenas vertidas en una zona industrial del noroeste del país ―aunque finalmente fue absuelto después de tres años de proceso―; se ha abierto una investigación contra un grupo de académicos que ha cuestionado los datos oficiales de inflación; varios periodistas, analistas y un exgobernador del Banco Central se enfrentan a querellas criminales por poner en duda las previsiones económicas del Gobierno, y el presidente y sus aliados de la ultraderecha han acusado de terrorismo y han amenazado con clausurar la principal asociación médica del país por criticar la falta de transparencia en los datos de los ensayos clínicos de la nueva vacuna turca contra la covid-19.
Y, cuando se le preguntó por los números de sus medidas económicas, el nuevo ministro de Finanzas, Nurettin Nebati ―un politólogo doctorado con una tesis sobre las bondades del partido de Erdogan―, respondió que no daría cifras porque “la economía no son únicamente números […] sino el brillo de los ojos”. Se podría argüir que Turquía tiene un problema con los números y las estadísticas, o al menos con aquellos que contradicen la versión edulcorada de la realidad que transmite el Gobierno de Erdogan.
Estadísticas manipuladas
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Al ingeniero informático Güçlu Yaman no le cuadraban los datos de la pandemia que ofrecía el Ministerio de Sanidad y por eso comenzó a investigar. “En agosto de 2020, los médicos se quejaban de que estaban desbordados, en cambio, los números de casos de covid y las muertes que daba el Ministerio eran muy bajos. Había una manipulación muy importante para atraer turistas”, explica Yaman. Si en la mayoría de países europeos existen instituciones públicas o universitarias que se dedican a monitorizar el exceso de mortalidad, en Turquía el estudio más completo sobre la cuestión depende de esta persona que lo inició por su cuenta: descargando los datos de diferentes páginas web de ayuntamientos y cementerios ha conseguido probar que la mortalidad en Turquía se ha incrementado un 32% durante la pandemia.
Mientras tanto, el Instituto de Estadística oficial (TÜIK, por sus siglas en turco) ha pospuesto indefinidamente la publicación de sus estadísticas anuales de mortalidad y de otros baremos demográficos que habrían permitido calcular el coste real en vidas de la pandemia. Pese a todo, el propio ministro de Sanidad, Fahrettin Koca, ha reconocido finalmente que la cifra real de muertes por covid es “probablemente dos o incluso tres veces mayor” que la oficial de 84.000 fallecidos, algo que Yaman considera una reivindicación de sus cálculos: “La gestión de la pandemia ha sido un desastre y Turquía es hoy uno de los países con mayor exceso de mortalidad del mundo. Para que la realidad no se conozca, las autoridades ocultan los datos y repiten constantemente que somos uno de los países que mejor la ha gestionado”.
🗓️15-21 December – Turkey’s excess deaths update
▪️Excess deaths projection for Turkey (based on data from 24 provinces): 235 thousand
▪️In this week, excess deaths are 2.4 times higher than official Covid-19 deaths
El Instituto de Estadística turco se ha convertido en el organismo público que menos confianza despierta y, a inicios de diciembre, el jefe de la oposición, el socialdemócrata Kemal Kiliçdaroglu, se personó en su sede, pero la policía le bloqueó el paso. Kiliçdaroglu quería pedir explicaciones sobre el cálculo que más polémica ha causado en el último año: el de la subida de los precios. “Hasta hace cinco años nadie cuestionaba los datos de TÜIK, pero desde entonces ha comenzado a haber serias dudas sobre su veracidad”, explica Veysel Ulusoy, profesor de Econometría y director del Grupo de Estudios sobre la Inflación (ENAG). Tampoco ayuda que los dirigentes a nivel nacional y regional del organismo estadístico hayan sido despedidos y sustituidos por personas cercanas al Ejecutivo.
Así pues, Ulusoy y otros académicos han establecido un sistema alternativo de cálculo de la inflación. Utilizando un programa informático de scraping (técnica utilizada para extraer información de internet) que recoge diariamente 250.000 datos de precios en diversas webs de supermercados y tiendas en línea de los mismos 400 productos que utiliza TÜIK para calcular la inflación y siguiendo los métodos de cálculo empleados por estudios similares en la Universidad de Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, los miembros de ENAG llevan año y medio publicando sus datos sobre la inflación. Así han demostrado que los precios se han incrementado más del doble de lo reconocido por el Gobierno. “Cuando la economía va mal, tienes dos opciones: o arreglas lo que no funciona o manipulas los datos para dar la sensación de que todo va bien. Pero esto tiene efectos en el bienestar de la gente porque, por ejemplo, el dato de inflación de TÜIK se emplea para calcular el nuevo salario mínimo”, explica Ulusoy.
Los cálculos de ENAG han recibido tanta atención que, finalmente, su director ha sido llamado a declarar en una investigación judicial iniciada a petición del Ministerio de Economía y de TÜIK, que denuncian que los cálculos de este grupo independiente “atentan contra la reputación” del organismo estadístico. Ulusoy se encoge de hombros: “Las acusaciones son tan irracionales que no creo que terminen en una sala de juicio”.
La realidad de Erdogan
Erdogan afirmó el miércoles 12 que, efectivamente, los datos de la inflación y el tipo de cambio “no se corresponden a la realidad”: en este caso, porque según el presidente la realidad es mucho mejor de lo que muestran los números. Hay cada vez más gente que denuncia que Erdogan vive en una realidad paralela que él mismo ha construido, pero que sobre todo han edificado su círculo de cortesanos y el coro de medios de comunicación afines. Al líder turco le enfada que lo contradigan, piensa que él conoce mejor que nadie la situación en las calles ―que hace años no pisa con la asiduidad con la que solía hacerlo― y, por eso, al final, la imagen que le pintan sus asesores es solo la que esperan que agradará a su jefe.
De ahí que cuando la realidad golpea con la fuerza de los hechos, Erdogan monte en cólera. Según fuentes gubernamentales citadas por el periodistaErdal Saglam, el presidente está ahora enfadado con su nuevo ministro de Economía, porque las medidas decretadas para resolver la crisis monetaria que vive el país ―medidas que muchos expertos habían dicho que no servirían―, efectivamente, no funcionan como esperaba. Ni los turcos han corrido a convertir sus ahorros en divisa a liras ni la moneda turca se ha apreciado tanto como sus asesores le habían dicho que ocurriría.
Es probable que Erdogan pensase realmente que fue su discurso de la noche del 20 de diciembre el que rescató la lira del abismo al que estaba a punto de precipitarse y le hizo recuperar el 50% de su valor en menos de 24 horas. No importa que los datos que se han conocido a posteriori muestren que la razón de esa momentánea recuperación se debió a que el Banco Central intervino bajo cuerda en los mercados y compró miles de millones de liras para elevar su valor a costa de quemar sus reservas. Para Erdogan, fueron sus palabras. Después de todo, así lo pintaban los medios y los diputados oficialistas: un valeroso Quijote luchando y venciendo a los pérfidos gigantes del mercado. De ahí que ahora se enfade cuando la realidad le lleva la contraria.
Esta situación entraña obvios peligros, como señala el economista Timothy Garton Ash: “Turquía corre el riesgo de convertirse en algo como una secta, donde la lógica económica, las teorías y la racionalidad son ignoradas en favor de los disparates que suelte el líder supremo”.