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La ayuda humanitaria a Ucrania se ha convertido en un nuevo motivo de roce entre China y Taiwán, la isla autogobernada que Pekín considera parte de su territorio y que Pekín no renuncia a unificar por la fuerza. El Gobierno chino ha acusado a Taipéi de “aprovecharse de las dificultades de otros”, después de que el Ejecutivo de la presidenta Tsai Ing-wen anunciara un nuevo envío de donaciones para los refugiados de la antigua república soviética.

Ambos lados del estrecho han reaccionado de maneras opuestas ante la invasión rusa de Ucrania. China mantiene una postura de neutralidad escorada hacia Moscú, evita condenar la guerra, atribuye la responsabilidad del conflicto a Estados Unidos y la OTAN y reclama el levantamiento de las sanciones occidentales contra Rusia.

Taipéi, por su parte, sí se ha sumado a las medidas de castigo internacionales y alega que tiene la obligación de alinearse con otras democracias. Ha impuesto restricciones a la exportación hacia Rusia de unos 20 millones de dólares en semiconductores (18 millones de euros), y ha bloqueado el acceso de los bancos de ese país al sistema Swift de pagos internacionales.

La población de la isla sigue con atención —y simpatía hacia Ucrania—, un conflicto en el que percibe algunas similitudes a sus propias circunstancias. Entre ellas ―y aunque la situación de Ucrania es muy diferente a la de Taiwán, diplomática y militarmente―, el temor a verse en algún momento invadida por un vecino mucho mayor, más poderoso y sin ningún interés en el modelo de democracia liberal occidental. “Ucrania hoy, Taiwán mañana” es un lema que corrió por las redes sociales taiwanesas en los primeros días tras la invasión; las manifestaciones de apoyo al país de la antigua órbita soviética se han convertido en algo frecuente en las principales ciudades.

Tanto China como Taiwán han enviado ayuda a los refugiados ucranios, aunque por montos diferentes. La segunda economía del mundo, de 1.400 millones de habitantes, ha expedido alimentos y productos de primera necesidad a través de su Cruz Roja por valor de cinco millones de yuanes, o 717.000 euros, para asistir a quienes llegan a la frontera rumana o moldava. Taiwán, con una población de 24 millones de personas, anunció a comienzos de este mes una donación de 3,5 millones de dólares (3,2 millones de euros), a los que esta semana ha declarado que añadirá otros 11,5 millones de dólares (10,4 millones de euros), que se emplearán en la frontera polaca. La presidenta Tsai ha cedido un mes de su salario.

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En la rueda de prensa periódica de la Oficina de Asuntos de Taiwán, el organismo del Gobierno en Pekín encargado de las relaciones con la isla, su portavoz Zhu Fenglian acusó este miércoles al Gobierno de Tsai de aprovecharse de los problemas en Ucrania para apuntarse tantos políticos. “Las autoridades del Partido Democrático Progresista (PDP, el partido de Tsai) utilizan la cuestión ucrania para validar su existencia y beneficiarse de un asunto candente, aprovechándose de las dificultades de otros”, ha apuntado Zhu. “Sus intentos de incitar a la confrontación y crear hostilidad mediante la manipulación política no tendrán éxito”. ha añadido.

Desde el comienzo de la invasión de Ucrania, el Gobierno taiwanés ―que durante el mandato de Tsai ha hecho de la modernización de sus Fuerzas Armadas una de sus prioridades, ante la creciente presión de China en forma de maniobras militares y vuelos casi diarios sobre la zona de defensa aérea taiwanesa― ha dado un nuevo impulso al adiestramiento de sus reservistas y a la producción nacional de armamento, incluidos misiles y drones. Estados Unidos, su gran aliado en defensa, envió una delegación de mandos militares retirados en señal de apoyo a Taipéi.

“La reciente situación de Ucrania prueba de nuevo que la protección del país, además de la solidaridad y ayuda internacionales, depende de la unidad de todo el pueblo”, declaraba este fin de semana Tsai, en una visita a un centro de entrenamiento de reservistas.

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La Unión Europea va a multiplicar por dos el fondo creado para financiar el envío de material bélico a Ucrania. El alto representante para la Política Exterior de la Unión Europea, Josep Borrell, propuso a los jefes de Estado y de Gobierno en la cena que mantuvieron este jueves por la noche aumentar los recursos destinados a reforzar la defensa ucrania frente a Rusia. No hubo ninguna discrepancia. “Incrementaremos en otros 500 millones nuestra contribución al apoyo militar a Ucrania”, ha señalado Borrell este viernes en la segunda sesión de la cumbre informal que celebran los Veintisiete en Versalles. Ese aumento de la partida eleva a 1.000 millones el dinero disponible en el fondo.

Hace casi dos semanas, los líderes europeos ya pactaron la creación de ese instrumento con el fin de que financiara el envío de material bélico a Ucrania. Fue una decisión histórica, no tanto por la cantidad, 500 millones, sino porque la UE daba así un paso al que se había resistido hasta ahora. Con un nombre que parece irónico por el objetivo del instrumento, el Peace Facility contaba en principio con dos líneas de financiación: 450 millones para armas y 50 millones para material bélico no letal. Ese dinero se consumió en poco tiempo.

Con esta decisión, la UE refuerza la resistencia de Ucrania frente a la invasión rusa. Sin embargo, la cantidad queda muy lejos de la que ha destinado Estados Unidos, cuyo Senado aprobó este jueves destinar 13.600 millones de dólares (12.300 millones de euros) al país invadido. De esta cantidad, unos 6.700 millones de dólares (algo más de 6.000 millones de euros) se dedican a responder a la gran crisis de refugiados que ha desencadenado el conflicto —ya hay 2,2 millones de desplazados—, y a ayudas económicas al país atacado, y alrededor de 6.500 millones (unos 5.900 millones de euros) para el apoyo militar proveniente del Pentágono.

Junto al refuerzo de armas, el alto representante también ha señalado que la UE va a estudiar nuevas sanciones para castigar a la economía rusa, al presidente del país, Vladímir Putin, y a su círculo próximo, especialmente los oligarcas rusos. Este colectivo de millonarios crecidos al abrigo de las privatizaciones de las antiguas empresas soviéticas, concesiones del Kremlin y su cercanía a Putin ha sido uno de los blancos más llamativos de las sanciones occidentales. Por ahora, se han confiscado grandes yates y otro tipo de activos, como los que divulgó este jueves el Gobierno del Reino Unidos, que anunció haber congelado unos 18.000 millones a siete de estos oligarcas, entre ellos el dueño del Chelsea, Roman Abramovich.

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En vísperas del día del Defensor de la Patria, festivo en Rusia y una jornada que durante la época soviética estaba dedicada al Ejército Rojo, el presidente ruso, Vladímir Putin, se ha enrocado en su frente contra Ucrania. A petición del jefe del Kremlin, el Consejo de la Federación (cámara alta) ha autorizado este martes el envío del Ejército al extranjero. La medida busca dotar de una pátina democrática la decisión de Putin de desplegar un cuerpo militar de “pacificadores” en las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk, que el líder ruso reconoció como Estados el lunes abriendo una nueva crisis con Occidente. Por un lado, la medida es una formalidad que permite a Moscú mostrar sus tropas en esos territorios de manera abierta, y por otro es una nueva maniobra de presión sobre Kiev que agita la posibilidad de que Rusia se lance hacia una intervención militar a mayor escala en Ucrania.

Tras obtener el visto bueno de la cámara alta para desplegar el Ejército en territorio ucranio, Putin proclamó: “Si es necesario, cumpliremos las obligaciones asumidas” para proteger Donetsk y Lugansk. Además, el reconocimiento de Putin sobre su independencia no cierra las exigencias territoriales sobre Ucrania. El presidente ruso remarcó que las fronteras de las “repúblicas” son las que proclamaron los separatistas en su referéndum constitucional de mayo de 2014, un plebiscito celebrado sin observadores y con numerosas denuncias de irregularidades, y que entonces contaba con zonas que Kiev recuperó después, como Mariúpol, clave por ser el enlace entre el Donbás y Crimea, y Sloviansk, el pueblo donde comenzó la guerra tras la irrupción de militares rusos en abril de 2014 al apagarse las protestas locales.

Tras anunciar que militarizará aún más la zona separatista del Donbás, Putin exigió en cambio la desmilitarización de Ucrania y que Kiev renuncie a una futura adhesión a la OTAN y a la península del Mar Negro. “La solución a largo plazo para Ucrania depende del reconocimiento de la voluntad de quienes viven en Sebastopol y Crimea”, agregó el presidente ruso, que demandó neutralidad a Ucrania y advirtió de que supone una amenaza para Rusia si obtiene armas nucleares. Precisamente, el Gobierno de Volodímir Zelenski consideró roto el Tratado de Budapest de 1994 por las últimas acciones del Kremlin. Moscú y Kiev firmaron en aquel acuerdo que Ucrania renunciaba a tener desplegadas armas nucleares en su territorio siempre que se respetase su soberanía y su integridad territorial.

La situación recuerda a los inicios de 2014, cuando en febrero de aquel año Putin pidió al Parlamento que le permitiese reforzar su presencia militar en la base rusa de la península de Crimea “por la situación extraordinaria en Ucrania y la amenaza que pesa sobre la vida de los ciudadanos rusos”. El presidente vio cumplida su petición el 1 de marzo, y 15 días después se celebraba un supuesto referéndum en la región con tropas sin identificación en las calles y en la Rada (asamblea) local. Aquello animaría a las regiones del este de Ucrania a protestar contra Kiev, y a la postre derivaría en una guerra con unos 14.000 muertos.

Evitar “un genocidio”

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Casi ocho años después, los argumentos han sido parecidos. El viceministro de Defensa ruso, Nikolái Pankov, intervino en el debate parlamentario para advertir de que Rusia debería tomar a los residentes bajo su protección, y la presidenta del Consejo de la Federación, Valentina Matviyenko, reincidió en la acusación del Kremlin de que Kiev ha emprendido un “genocidio” contra su población rusoparlante, aunque gran parte de esta viva sin problemas en las mayores ciudades del país, como Kiev y Járkov. “La adopción de esta decisión tiene como objetivo detener esta sangrienta guerra civil y evitar más bombardeos de ciudades pacíficas”, afirmó Matviyenko.

El Kremlin ha rechazado estos años el reconocimiento de Donetsk y Lugansk pese al apoyo financiero y militar con el que ha sostenido a los separatistas. Tras el rechazo continuo de Kiev a conceder un estatus especial a la zona, Putin anunció este lunes que reconocía su independencia y este martes ratificó sendos tratados de amistad con las autoproclamadas Repúblicas Populares.

Los documentos tienen una validez de una década con prórroga automática, y en ellos se contempla “la protección fronteriza conjunta con Rusia” y “la posibilidad de utilizar la infraestructura militar” de la zona. Esto incluye la capacidad de que el Kremlin construya nuevas bases en el territorio del este de Ucrania, y da por hecho la presencia de tropas rusas en Donetsk y Lugansk porque la considera “necesaria para mantener la paz en la región”.

En otro de los artículos figura que los habitantes de estas regiones podrán tener la ciudadanía rusa. Desde que estalló la guerra, el Kremlin ha acometido una rusificación de la zona con la concesión de más de 700.000 pasaportes rusos a una población que por el conflicto y las sanciones se encontraba en un limbo legal.

Asimismo, las repúblicas asumen el rublo ruso como moneda de curso legal y Moscú les ayudará en la creación de un sistema bancario propio, lo que tiene como objetivo “favorecer la integración económica” con Rusia.

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Reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para tratar la crisis ucrania, la noche del lunes.
Reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para tratar la crisis ucrania, la noche del lunes.TIMOTHY A. CLARY (AFP)

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha celebrado la noche del lunes (horario de Nueva York) una reunión convocada de urgencia para tratar la situación en Ucrania. En ella, la mayor parte de los 15 miembros del Consejo, encabezados por Estados Unidos, han denunciado el reconocimiento del presidente Vladímir Putin, hecho público horas antes, de la independencia de las autodenominadas “repúblicas populares de Donetsk y Lugansk”, así como la decisión de desplegar tropas en la zona. Han considerado esas medidas como una violación de la ley internacional y de los fundamentos de Naciones Unidas. La reunión, solicitada por Ucrania, que no forma parte del Consejo, estaba presidida por Rusia, uno de los cinco miembros permanentes.

Linda Thomas-Greenfield, representante de Estados Unidos ante la ONU, ha definido las últimas decisiones de Putin como un “claro ataque, sin que haya mediado provocación alguna”. “Les llaman fuerzas del mantenimiento de la paz, y eso es un sinsentido”, ha añadido Thomas-Greenfield en referencia al modo en el que el Kremlin ha justificado un despliegue militar. “Todos sabemos lo que son en realidad”.

Un soldado ucranio, en Donetsk.Foto: ALEKSEY FILIPPOV (AFP) | Vídeo: EPV

Al término del encuentro, que ha durado una hora y media, Thomas-Greenfield ha anunciado a los periodistas presentes que Washington, en coordinación con sus aliados, impondrá este martes sanciones a Moscú por “atentar contra la soberanía de Ucrania”, según informa la agencia Reuters.

Antes, ha hablado la secretaria general adjunta de las Naciones Unidas para Asuntos Políticos, Rosemary Di Carlo, que ha sentenciado que “el riesgo de un conflicto a gran escala es real y necesita ser prevenido a toda costa”. Los argumentos de la embajadora estadounidense han sido compartidos por varios de los países presentes, de México (que se ha dicho comprometido “con la integridad territorial de Ucrania”) a India, y de Francia (que ha definido lo ocurrido este lunes “como una violación de la Carta de las Naciones Unidas”) al Reino Unido, cuya embajadora, Barbara Woodward, ha prometido “severas consecuencias económicas para Rusia”. Estados Unidos y sus aliados consideran que la decisión de Putin constituye una ruptura de los acuerdos de Minsk y una violación de la Resolución 2202 (2015) del Consejo de Seguridad.

Vasily Nebenzya, representante ruso ante la ONU, ha dicho, tras escuchar todas las críticas e ir dando paso a los intervinientes, incluido al embajador ucranio, que su país “sigue abierto a la diplomacia”, pero que no permitirá “un baño de sangre en el Donbás [región que comprende Donetsk y Lugansk]”. “[Reconocer a los territorios separatistas] no es algo que hayamos decidido súbitamente”, ha añadido, antes de pedir a los países occidentales que “se lo piensen dos veces” y que “no empeoren con sus decisiones la situación en Ucrania”.

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“Estamos en nuestra tierra. No le tenemos miedo a nada ni a nadie. No le debemos nada a nadie y no regalaremos nada a nadie”, ha aseverado Sergiy Kyslytsya, representante ucranio, en una intervención desafiante. “No debe haber ninguna duda”.

En un ejercicio de equilibrismo diplomático, Zhang Jun, el enviado de Pekín, ha optado por suavizar el tono de las intervenciones previas. “Todas las partes involucradas deben actuar con moderación y evitar cualquier acción que pueda alimentar las tensiones”, ha dicho. “Llamamos a los implicados a que continúen el diálogo y busquen soluciones razonables para abordar las preocupaciones de los demás, sobre la base de la igualdad y el respeto mutuo”.

Por la tarde, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, había avanzado una orden ejecutiva para prohibir “las inversiones, el comercio y la financiación de personas estadounidenses hacia, desde o en las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk”. Esas primeras medidas, ha recordado Thomas-Greenfield, preceden a las sanciones “rápidas y severas” con las que viene amenazando Biden hace semanas si “Rusia decide entrar en Ucrania”. “[Putin] está poniendo a prueba nuestro sistema internacional, para ver hasta dónde puede llegar”.

La noche del lunes, poco antes de que comenzara la reunión en la ONU, el Departamento de Estado de Estados Unidos había decidido sacar de Ucrania rumbo a Polonia a sus diplomáticos. Washington había ordenado la semana pasada el cierre de su Embajada en Kiev para reubicarla, en una versión reducida, en Lviv, ciudad cercana a la frontera con Polonia, y, por lo tanto, más alejada del este del país, que linda con Rusia. “Por razones de seguridad, el personal del Departamento de Estado que se encuentra actualmente en Lviv pasará la noche en Polonia”, ha escrito el secretario de Estado, Antony Blinken, en un comunicado enviado a la prensa en la noche del lunes. “Nuestro personal regresará regularmente para continuar su trabajo diplomático en Ucrania y brindar servicios consulares de emergencia. Continuarán apoyando al pueblo ucranio y al Gobierno ucranio, coordinando los esfuerzos diplomáticos. El compromiso de Estados Unidos con la soberanía y la integridad territorial de Ucrania frente a la agresión de Rusia es inquebrantable. El hecho de que estemos tomando precauciones, como hacemos habitualmente en todo el mundo, no socava en modo alguno nuestro apoyo a Ucrania o nuestro compromiso con Ucrania”.

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Taxista en Pasto sigue desaparecido, el vehículo fue abandonado, pero alcanzó a enviar mensaje a su familia

Autoridades señalan que hay varias hipótesis. El conductor alcanzó a comunicarse con su familia para alertar una algo sospechoso.

Noticias Pasto

Conmoción ha causado en la ciudad de Pasto la desaparición de un taxista de quien no se tiene información de su paradero desde el jueves 10 de febrero en horas de la noche

Se trata de Cesar Fredy Villota, quien fue reportado como perido.

De acuerdo con el comando de Policía Metropolitana de Pasto, apenas se conoció el caso, desplegaron operativos en la ciudad.

«Hallamos un taxi Hiunday por el sector de la Variante (Dolores) y continuamos con la búsqueda del conductor», señalaron.

Taxista

Manifestaron que durante la madrugada se continuó con la búsqueda, sin respuesta alguna.

Sin embargo enfatizaron en que minutos antes de la desaparición, envió un mensaje a su familia y allegados, alertando sobre la actitud sospechosa de los pasajeros.

«En medio de esta situación, se activaron las alarmas y se reportó al CTI para investigar lo sucedido», añadieron.

Por otro lado, señaló que en investigaciones con su familia, manifestaron que el taxista no tenía ningún problema con nadie, mucho menos deudas o amenazas.

Agregaron que las hipótesis las mantendrán en secreto para no entorpecer la investigación.

Finalmente señaló que no hubo signos de violencia en el lugar.

«No se evidenciaron robos al vehículo, razón por la cual se está inspeccionando el lugar para dar cuento antes con su paradero», dijo.

 



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El canciller alemán, Olaf Scholz (derecha), saluda al presidente francés, Emmanuel Macron, este martes al inicio de su reunión en Berlín.
El canciller alemán, Olaf Scholz (derecha), saluda al presidente francés, Emmanuel Macron, este martes al inicio de su reunión en Berlín.MICHELE TANTUSSI (AFP)

Alemania se mantiene firme en su decisión de no enviar armas a Ucrania, pese a la escalada de tensión por la presencia de decenas de miles de tropas rusas junto a su frontera y a las críticas de las autoridades de Kiev, que se consideran abandonadas por Berlín.

El canciller alemán, Olaf Scholz, respondió el martes a las acusaciones de falta de solidaridad asegurando que Alemania “ha hecho mucho para apoyar el desarrollo económico y democrático” de la antigua república soviética. En la cuestión del armamento, sin embargo, no habrá marcha atrás pese a que tanto Estados Unidos como el Reino Unido y los países bálticos están dando apoyo militar a Kiev. Berlín se queda cada vez más aislado en su veto. “Alemania decidió hace años no enviar armas letales a zonas de conflicto”, zanjó Scholz en una conferencia conjunta con el presidente francés, Emmanuel Macron.

A la tradicional reticencia alemana a la exportación de armamento a países en guerra se suma el hecho de que el veto figura también en el acuerdo de coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales. Scholz recordó que la negativa tiene también una dimensión histórica que se justifica por “los acontecimientos de las últimas décadas”. El canciller aseguró que Kiev puede contar con Berlín como ha hecho hasta ahora y recordó el compromiso alemán de mantener a Ucrania como país de tránsito de gas. En las últimas semanas Scholz se ha mostrado a favor de paralizar la puesta en marcha del gasoducto Nord Stream 2, controlado por la empresa estatal rusa Gazprom, en caso de ataque.

La situación en Ucrania es “grave”, coincidieron ambos mandatarios, reunidos en Berlín. El mensaje que trasladaron fue de unidad, aunque Macron empleó un tono más firme que su homólogo. “El precio será muy alto” se escuchó tanto en francés como en alemán. Vladímir Putin tiene que saber a qué se expone si pasa de la amenaza al ataque contra la integridad de Ucrania, aseguraron ambos líderes, que apostaron también por mantener las conversaciones con el Kremlin en todos los formatos posibles.

“Nunca abandonaremos el diálogo con Rusia”, aseguró Macron, que enumeró los distintos foros en lo que las potencias occidentales mantienen contactos y reuniones con Moscú: con Estados Unidos, la OTAN, la OSCE, la UE o el conocido como formato de Normandía (Rusia, Ucrania, Francia y Alemania). “Todas y cada una de estas vías deben ser explotadas hasta el final para llegar al objetivo de la desescalada con respecto a Ucrania”, subrayó el presidente francés.

Diálogo “difícil”

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A preguntas de los periodistas sobre el papel de Europa en las conversaciones y del protagonismo de Washington en el diálogo con el Kremlin, Macron insistió en que este último formato es “algo positivo”, pero deslizó que todavía no ha dado ningún resultado claro. Reconoció asimismo que los resultados del formato de Normandía tampoco han estado “a la altura del esfuerzo” que le han dedicado sus participantes. “El diálogo con Rusia siempre es difícil”, constató. Este miércoles se producirá una nueva reunión del formato de Normandía.

Ninguno de los dos mandatarios se atrevió a calificar cuáles son las auténticas intenciones de Putin en el conflicto de Ucrania. “No creo que tenga sentido especular sobre las intenciones de terceros más allá de lo que han dicho en público”, contestó un comedido Scholz. Sin hacer predicciones, Macron sí se extendió en el peligro que supone Rusia para la seguridad europea. “Se están multiplicando los actos de desestabilización contra Estados soberanos que antes formaron parte de la Unión Soviética”, aseguró, y mencionó ejemplos de ofensivas híbridas protagonizadas por Moscú, como los ciberataques, la amenaza migratoria y las maniobras militares. “Rusia se está convirtiendo en una potencia desestabilizadora”, aseguró.

Macron está dispuesto a pedir “aclaraciones” sobre las intenciones de Rusia hacia Ucrania en una llamada telefónica que mantendrá con Putin el viernes. De esa cita de mediación espera “un diálogo con voluntad de exigencia y lucidez”, aseguró. La conversación se enmarca dentro de la estrategia europea de apostar por el diálogo constante con Rusia y por acelerar la vía diplomática en busca de una salida a la crisis. En un primer momento, Moscú anunció que participaría en la conversación el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, pero posteriormente modificó la información. La cita con Scholz ha permitido al presidente francés coordinar su posición con Alemania después de la videoconferencia que mantuvieron los principales líderes europeos con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, el lunes por la noche.

Mientras prosiguen los esfuerzos diplomáticos para evitar un conflicto bélico junto a la frontera oriental de la UE, la OTAN ha anunciado que sus aliados están poniendo sus fuerzas en “estado de alerta” y enviando barcos y aviones de combate hacia la zona para reforzar el flanco oriental de la alianza. Estados Unidos tiene a 8.500 soldados en “alerta máxima” para un posible despliegue en las repúblicas bálticas (Estonia, Letonia y Lituania). España enviará en febrero cuatro cazas a Bulgaria, una contribución a las misiones internacionales en las que participa Madrid ya prevista anteriormente.

Los planes se conocieron al mismo tiempo que EE UU autorizaba a todo su personal no esencial la salida de Ucrania y recomendaba a sus ciudadanos que abandonen el país, en un movimiento que parece indicar la inminencia del ataque, o al menos el convencimiento que tienen tanto Washington como Londres de que se va a producir. También el Reino Unido ha adoptado esta medida, a diferencia de la UE, que afirma no verlo necesario. Rusia, por su parte, mantiene que la escalada de tensión obedece a la “histeria informativa” de Estados Unidos y la OTAN.

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En un ambiente cada vez más eléctrico por la acumulación de tropas rusas junto a las fronteras ucranias y las alertas de Occidente sobre otra invasión al estratégico país del este, Moscú eleva la tensión con nuevas maniobras militares conjuntas con Bielorrusia. Los ejercicios, que empezarán el 10 de febrero, añaden otro punto caliente al escenario en Ucrania, que comparte alrededor de un millar de kilómetros de fronteras con Bielorrusia, y se suman a otras maniobras rusas en el mar Negro, el Caspio y regiones del sur del Cáucaso próximas a Georgia. Blindados rusos han comenzado este martes a llegar a Bielorrusia. Se unen al movimiento de trenes cargados de decenas de vehículos y armamento que siguen avanzando desde lejanos puntos de Rusia hacia las fronteras orientales.

El Reino Unido, mientras, envió armas a Ucrania, un apoyo “defensivo” en respuesta al “comportamiento cada vez más amenazante de Rusia”, según el responsable de Defensa británico, Ben Wallace. “Hemos tomado la decisión de suministrar a Ucrania sistemas ligeros de armas defensivas antitanque”, dijo Wallace, que invitó a su homólogo ruso, Serguéi Shoigu, a Londres para conversaciones.

Además, “un pequeño número” de especialistas británicos entrenará al ejército ucranio en el uso del armamento suministrado. Instructores de Reino Unido han estado en Ucrania desde 2015, en programas de entrenamiento de las fuerzas armadas y Londres también ha vendido barcos a Kiev y le ha proporcionado un préstamo de unos 2.000 millones de euros para modernizar su armada. Rusia considera una provocación los acuerdos de defensa de Ucrania con sus aliados de Occidente y también la presencia de especialistas militares en el país que va a cumplir ocho años de guerra en la región del Donbás con los separatistas prorrusos apoyados militar y políticamente por el Kremlin. La última guerra de Europa se ha cobrado ya unas 14.000 vidas.

Las maniobras militares de los ejércitos ruso y bielorruso —las segundas importantes de este año, tras las del pasado septiembre— se realizarán entre el 10 y el 20 de febrero. Con el nombre de Determinación Aliada-2022, se desarrollarán en dos puntos: el borde occidental de Bielorrusia, cerca de Lituania y Polonia (ambos miembros de la OTAN), y a lo largo de la frontera con Ucrania, un escenario que la inteligencia de Kiev y de Occidente ya habían anticipado como uno de los puntos posibles de entrada de la amenaza rusa, cuando Minsk y el Kremlin están cada vez más cerca. También temen que estas maniobras sean una treta para colocar de manera semi-permanente botas rusas en Bielorrusia.

Moscú no ha revelado cuántos soldados participarán en las maniobras ni cuánto armamento pesado se va a trasladar, aunque el viceministro de Defensa ruso, Alexander Fomin, apuntó en una sesión informativa este martes con agregados militares que planea enviar 12 cazas Su-35 avanzados y dos baterías de sistemas antiaéreos S-400. Participarán en medidas de búsqueda y destrucción de “formaciones ilegales” y la defensa de la frontera contra “grupos armados de militantes”, según remarcó Fomin, citado por la agencia estatal Tass.

Aleksandr Lukashenko, que gobierna con mano de hierro Bielorrusia desde hace décadas, aseguró el lunes que las maniobras militares conjuntas son necesarias debido al supuesto incremento de fuerzas de la OTAN en Polonia y los Bálticos y por el aumento de soldados ucranios junto a las fronteras con Bielorrusia, una linde bastante porosa que Kiev empezó a reforzar recientemente. Lukashenko, que tradicionalmente había sido un amortiguador entre Rusia y Occidente, está cada vez más cerca del presidente ruso, Vladímir Putin, su apoyo fundamental desde las protestas contra el fraude electoral y por la democracia que sacudieron Bielorrusia en 2020 y que reprimió con dureza.

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El Gobierno ucranio ya ha advertido de que Rusia puede lanzar un nuevo ataque —en 2014 se anexionó la península de Crimea con un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional y celebrado con presencia militar rusa— desde varias direcciones, incluido desde Bielorrusia. Según los cálculos de la inteligencia ucrania y la de EE UU, Rusia ha concentrado unos 80.000 soldados junto a las fronteras ucranias y varios miles más en Crimea. Creen también que el Kremlin no ha tomado aún una decisión sobre otra intervención militar, pero también sostienen que podría estar esperando a que el lodoso suelo de sus fronteras orientales y el este de Ucrania se congele para operar sin problemas con los vehículos pesados.

Moscú, mientras, niega planes de invasión, argumenta que puede movilizar a sus tropas con total libertad dentro de sus fronteras y que lo hace por la “amenaza creciente” de la OTAN. Putin exige a la Alianza Atlántica y a Estados Unidos garantías por escrito de que Ucrania y otros países miembros de la antigua URSS (como Georgia) no se unirán a la organización, pese a que recibieron la invitación en 2008; una invitación que está lejos de materializarse.

El Kremlin busca, además, algún tipo de acuerdo legal que obligue a la OTAN a retirarse a las posiciones que ocupaba en 1997. Moscú, Washington y la Alianza han mantenido conversaciones diplomáticas este mes sobre el tema sin llegar a ninguna solución para desescalar una situación cada vez más caldeada.

Cuando la tensión aumenta, el Ministerio de Defensa de Ucrania ha anunciado este martes que acelerará los planes para formar batallones de reservistas, que permitirán el despliegue rápido de unos 130.000 reclutas para sumar a su ejército de unos 240.000 militares; batallones que incluirán a voluntarios de las Fuerzas de Defensa Territorial, a las que se han apuntado personas de entre 18 y 60 años.

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Los apoderados del colegio indican que están «muy tranquilos» debido a todos los protocolos que ha tomado el colegio y porque se hizo seguimiento de los contactos estrechos tras presentarse los casos activos.

Al respecto, el propio ministro de Educación, Raúl Figueroa, señaló que «lo más importante en el proceso de apertura de los establecimientos es la seguridad, por eso se han diseñado protocolos exigentes tanto para organizar los establecimientos como para reaccionar a tiempo en el evento en que existan casos confirmados o sospechosos de Covid».

El secretario de Estado agregó que «si se identifican casos, se toman las medidas que van desde aislar un grupo, a suspender cursos y eventualmente suspender por un tiempo el funcionamiento del establecimiento».

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La situación generó críticas desde el Colegio de Profesores. Su presidente, Carlos Díaz, dijo que «no compartimos desde ningún punto de vista que en fase 2 se pueda volver a clases presenciales, prueba de ello es lo que ha ocurrido en el colegio donde el ministro manda a sus hijas, es decir, donde el ministro es apoderado. Si eso ocurre, en el colegio Los Alerces, colegio pagado, de la comuna de Lo Barnechea, imaginemos qué es lo que puede ocurrir en el resto de los establecimientos del país».

Vale mencionar sobre el caso que, hasta el momento, el recinto, que tiene 935 alumnas, sigue funcionando con normalidad.

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