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Mientras el mundo mira a Ucrania, Corea del Norte ha disparado este jueves lo que según Seúl y Tokio es un misil intercontinental (ICBM, por sus siglas en inglés). El lanzamiento hace saltar por los aires la moratoria a las pruebas de proyectiles de largo alcance que Pyongyang había declarado hace cuatro años y vuelve a disparar las tensiones en la península, donde las conversaciones sobre desnuclearización se encuentran estancadas desde 2019. El último lanzamiento por parte del régimen de Kim Jong-un de un ICBM, el proyectil más potente de su arsenal y capaz de alcanzar cualquier punto del territorio estadounidense, había tenido lugar en 2017.

El misil, según el Estado Mayor de Corea del Sur, fue lanzado desde Sunan, el aeropuerto de Pyongyang. Alcanzó una altura máxima de 6.200 kilómetros y recorrió una distancia de 1.080 metros antes de caer al mar en aguas de la zona económica exclusiva (ZEE) de Japón, cerca de la isla de Hokkaido, a las 15.44 horas locales (07.44, hora peninsular española). Tanto Seúl como Tokio han considerado que el lanzado este jueves es “un nuevo tipo de ICBM”. De confirmarse, podría tratarse del Hwasong-17, que Pyongyang presentó en un desfile militar nocturno en octubre de 2020, pero que no había probado hasta ahora. El Hwasong-15 que Pyongyang lanzó en noviembre de 2017 alcanzó una altura de 4.475 kilómetros y recorrió una distancia de 906 kilómetros.

Inmediatamente después de la prueba del Norte, las Fuerzas Armadas del Sur respondieron con unas maniobras conjuntas con fuego real en las que movilizaron algunos de sus principales misiles, “en una demostración de poder militar contra Corea del Norte”, ha indicado la agencia de noticias del Sur Yonhap.

Entre los equipos movilizados se encontraban un Hyunmoo-2 tierra-tierra, un sistema misil táctico del Ejército (ATACMS); un Haesung-II mar-tierra y dos misiles JDAM aire-tierra, según ha indicado el Estado Mayor del Sur, citado por Yonhap. Las maniobras, según las fuerzas surcoreanas, han “confirmado que, si es necesario, el Ejército es capaz de un ataque de precisión contra la localización de cualquier lanzamiento de misiles y su sistema de mando”. Tanto el Gobierno en Seúl como el japonés han convocado una reunión de urgencia de sus respectivos consejos de seguridad. Tokio ha calificado el lanzamiento como una “provocación”, “inaceptable” en plena crisis por la guerra en Ucrania. Tanto Estados Unidos como Corea del Sur habían advertido en los últimos días que Pyongyang podría probar su nuevo Hwasong-17 disfrazando el disparo de un lanzamiento de satélite espacial.

El lanzamiento llega dos semanas después de la victoria en las elecciones presidenciales del Sur del conservador Yoon Suk-yeol, que asumirá el poder en mayo y que ha prometido una política de dureza contra el Norte tras un mandato de su predecesor, el progresista Moon Jae-in, en el que Seúl trató de tender puentes hacia su vecino. En una primera reacción, el comité de transición del presidente electo surcoreano ha declarado que la prueba del ICBM “representa una grave provocación que amenaza nuestra seguridad” y que se encuentra “en violación directa de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU”.

Moon, el presidente saliente surcoreano, ha condenado también el lanzamiento, que recuerda que viola la promesa de Kim Jong-un “a la comunidad internacional” poco antes de la primera cumbre entre el líder supremo norcoreano y el entonces presidente estadounidense, Donald Trump, en Singapur en junio de 2018.

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Aquella declaración puso fin formal a una racha de pruebas casi semanales de misiles —y una nuclear— a lo largo de 2017 que llevó a Corea del Norte y a Estados Unidos al borde de un conflicto militar.

El proceso de deshielo iniciado en 2018 con Seúl y la cumbre con Trump dieron paso a una etapa de negociaciones diplomáticas sobre la desnuclearización de la península. Pero el estrepitoso fracaso de la cumbre de Hanoi en febrero de 2019 dejó el proceso en suspenso.

Sin señales de recuperación de las negociaciones pese a una última cumbre entre Kim y Trump en junio de 2019, y sin que la Administración de Joe Biden las haya reactivado, el líder norcoreano dio órdenes el año pasado de desarrollar nuevo armamento de tecnología punta, una prioridad que se incluyó en el nuevo plan quinquenal (2021-2025). En septiembre del año pasado, Pyongyang completó la primera prueba de lo que aseguró que era un misil hipersónico. Hasta entonces, solo Estados Unidos, Rusia y China contaban con esa tecnología, que permite que los cohetes alcancen velocidades cinco veces superiores a la del sonido y puedan maniobrar en su trayectoria tras el disparo.

Desde el comienzo de este año, Corea del Norte ha llevado a cabo una docena de pruebas de misiles, un ritmo que no se veía desde los peores tiempos de 2017. En enero, el régimen había insinuado que se planteaba una nueva prueba de un ICBM: en una reunión de su Politburó, indicó que estudiaba “el reinicio de todas las actividades suspendidas temporalmente”.

El recurso al lanzamiento de un ICBM, tras un disparo fallido también desde Sunan la semana pasada, podría representar el preludio de un regreso a las tensiones de hace cinco años, que pusieron a Pyongyang y a Washington en pie de guerra. También podría asestar el golpe definitivo a la política de acercamiento por parte de Seúl, cuando está a punto de producirse el cambio de Gobierno.

Corea del Norte, que prepara un nuevo desfile militar para el 15 de abril —el 110 aniversario del nacimiento del fundador del régimen y abuelo del actual líder, Kim Il Sung—, ha ordenado la modernización del centro Sohae de lanzamientos espaciales. Imágenes vía satélite también parecen mostrar el inicio de trabajos de construcción en el centro de pruebas nucleares de Punggye-ri, según han denunciado expertos del James Martin Center for Non Proliferation Studies. Pyongyang había clausurado esas instalaciones durante el deshielo de 2018, cuando invitó a periodistas extranjeros a presenciar la voladura de algunos de los túneles y el sellado de los accesos.

En un comunicado, la Casa Blanca ha condenado el lanzamiento de este jueves, “una descarada violación de múltiples resoluciones de la ONU, que eleva las tensiones innecesariamente y que corre el riesgo de desestabilizar la situación de la seguridad en la región”.

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El presidente de Chile, Gabriel Boric, gesticula durante una rueda de prensa con medios extranjeros acreditados en La Moneda, el 14 de marzo pasado.
El presidente de Chile, Gabriel Boric, gesticula durante una rueda de prensa con medios extranjeros acreditados en La Moneda, el 14 de marzo pasado.IVAN ALVARADO (REUTERS)

La instalación del presidente Gabriel Boric en La Moneda ha estado llena de gestos simbólicos –sobre todo a las mujeres, a los pueblos originarios y a los sectores con menos recursos–, en línea con las altas expectativas ciudadanas que despierta su gestión. Este lunes, cuando inició la segunda semana de Gobierno, La Moneda ha presentado un proyecto de ley que busca la amnistía para los presos en el marco de las revueltas sociales, que tiene limitadas opciones de aprobarse en el Parlamento. Pero el aterrizaje en la primera línea del poder de una nueva generación de políticos ha estado marcado por un hecho central y sin precedentes: la compleja visita del martes pasado de la ministra del Interior, Izkia Siches, cuando sufrió una emboscada en La Araucanía, en la zona sur del país, donde el Estado chileno mantiene desde hace años un conflicto con las comunidades mapuches que exigen la propiedad de la tierra.

“El Gobierno debería tener más cuidado. Se observa entusiasmo, pero ha habido muestras de desconocimiento. Estas ganas de querer ir a La Araucanía, pero sin tomar las precauciones del caso, es un problema difícil, que no ha podido resolver ninguna Administración anterior, pero era evitable que este hecho haya marcado la agenda pública de la primera semana”, asegura la politóloga Javiera Arce. “Está bien la luna de miel del Gobierno, pero no se debe tensar tanto el hilo. Esta gestión nos está acostumbrando a vivir de los símbolos –la juventud, las propuestas, las mujeres en el poder, por ejemplo–, pero no se puede abusar, porque los símbolos no hacen sobrevivir un relato político. Es necesario tomar decisiones fuertes y el manejo de expectativas debe ser sustantivo”, agrega Arce, de la Red de Politólogas, que habla del Gobierno desde Instagram, en relación al gusto de esta nueva Administración a esta red social.

La emboscada ha sido el hecho de mayor relevancia de los primeros 10 días de la nueva Administración de izquierda que intenta cambiar el paradigma para resolver un conflicto histórico por las tierras ancestrales en la zona, que en los últimos años ha crecido en intensidad y violencia (en 2021 hubo al menos 1.200 atentados y en 2022 se han registrado ocho homicidios). En busca de diálogo y desmilitarización, Siches se encontró con la resistencia de grupos que no están de acuerdo con ese camino.

La visita a La Araucanía de Siches produjo diversas consecuencias. Primero, la polémica por sus declaraciones, donde se refirió a “presos políticos” de la etnia mapuche, lo que fue matizado por el ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Giorgio Jackson. Luego, el asunto fue corregido por su subsecretario del Interior, Manuel Monsalve. “No son presos políticos”, aseguró el socialista.

El conflicto en La Araucanía derivó en otra controversia para la ministra Siches, que optó por no denunciar los hechos violentos, pese a las exigencias de la ley, dado que la Fiscalía había abierto de oficio una investigación. Hubo una tercera consecuencia: a propósito del conflicto, Siches anunció la preparación de un manual de buenas prácticas para referirse al pueblo mapuche– lo que llamó la atención, sobre todo de la prensa–, aunque luego aclaró que no sería el propósito de su futuro manual servir como censura a los medios de comunicación.

La visita del Felipe VI

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Uno de los asuntos que marcó el inicio de la instalación fue la polémica que abrió el propio presidente Boric con España al criticar al rey Felipe VI porque, según el mandatario chileno, retrasó la ceremonia de cambio de mando el pasado 11 de marzo, lo que fue refutado por la Casa Real. La canciller, Antonia Urrejola, se refirió a la polémica este lunes y, a nombre del Gobierno chileno, aseguró que lo dicho por Boric “fue un error comunicacional y no debió haber sucedido”. Pese a este incidente, el sociólgo Axel Callís, director del sitio Tuinfluyes.com, piensa que “se valora el silencio que ha mantenido Boric” en este arranque, como contrapunto a sus antecesores, Sebastián Piñera y Michelle Bachelet, con una marcada presencia mediática. “La palabra presidencial se acota a lo importante y no a la coyuntura”, dice .

En el mismo plano de las relaciones internacionales, Boric ratificó el Acuerdo de Escazú, que busca mejorar el acceso a la información, a la Justicia y la participación pública en materia ambiental en países de América Latina y el Caribe. El acuerdo no fue firmado por el anterior Gobierno, el de Piñera, con el argumento de que podría exponer al país a demandas internacionales, entre otros asuntos. De aprobarse en el Congreso, Chile será el país 25 de la región en sumarse.

El tema del orden público, uno de los principales desafíos del Gobierno de Boric, ha aparecido prontamente en la agenda de La Moneda. Los ministros Siches y Jackson defendieron en el Congreso la extensión del Estado de excepción en la zona norte del país, donde la migración irregular se asoma como uno de las principales urgencias, mientras que en La Araucanía se ha optado hasta ahora por no renovar la medida cuando el 26 de marzo termine la decretada por Piñera.

El pasado viernes, cuando el presidente llevaba recién una semana en el cargo, se repitieron manifestaciones en Plaza Italia, el epicentro de las protestas desde octubre de 2019. El alcalde comunista Daniel Jadue, que perdió en las primarias presidenciales de la izquierda frente a Boric, criticó a la Administración recién asumida por lo que llamó “represión policial”. Para el militante comunista –un partido que compone el bloque original de Boric–, “el Gobierno tiene la responsabilidad de intervenir civilmente las policías para que ejerzan su labor apegados a tratados internacionales en materia de derechos humanos. ¡A no decepcionar al pueblo!”, escribió en las redes sociales.

Ese es el marco de la amnistía propuesta para los llamados presos del estallido. El Gobierno de Boric busca cumplir su promesa a aquellos que lo respaldaron en las urnas. Lo anunció este lunes el ministro Jackson luego de una reunión con la recién asumida senadora Fabiola Campillai, que quedó ciega por la acción policial. Antes, el ministro de Economía, Nicolás Grau, había ofrecido disculpas en nombre del Estado de Chile a los comerciantes de la zona de Plaza Italia por los destrozos de sus locales durante el estallido social.

Lo de la seguridad pública tendrá otra fecha compleja el 29 de marzo próximo: la conmemoración del Día del Joven Combatiente, en memoria de dos hermanos asesinados en la dictadura de Augusto Pinochet. Históricamente ha sido un día difícil por las protestas que se realizan en distintas zonas del país, pero sobre todo en los barrios populares de Santiago. No resulta evidente si con Boric en La Moneda podrán calmarse las aguas durante la jornada, cuando el Gobierno pretende desplegar una agenda enfocada en los derechos humanos.

No será el único gran desafío inmediato. En los próximos días, el Ejecutivo de Boric deberá mostrar su habilidad política en distintas instancias. En el Congreso, parte de su propio bloque aprobó este lunes discutir un nuevo retiro del 10% de los fondos de las pensiones, lo que ha rechazado el ministro de Hacienda, el socialista Mariol Marcel, por sus consecuencias negativas para la economía. La nueva Administración deberá convencer al Parlamento y a la ciudadanía de la inconveniencia de la medida, pese a que cuando estaba en la oposición el mismo Boric respaldó como diputado los retiros de los ahorros previsionales. “Es el desafío primero del Gobierno, porque si le desordena su propia bancada, tendrá consecuencias complejas a futuro”, opina la politóloga Javiera Arce.

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La presidenta del Consejo Nacional Electoral, Doris Ruth Méndez y el registrador Nacional, Alexánder Vega, este lunes en Bogotá.
La presidenta del Consejo Nacional Electoral, Doris Ruth Méndez y el registrador Nacional, Alexánder Vega, este lunes en Bogotá.Carlos Ortega (EFE)

Las inconsistencias en el conteo de votos a las legislativas, que en principio no contabilizaron 400.000 votos del Pacto Histórico, la coalición de izquierda liderada por Gustavo Petro, siguen escalando la tensión en las elecciones colombianas. Tras una semana de denuncias de fraude electoral y el llamado expreso de Álvaro Uribe a no aceptar los resultados, el presidente Iván Duque solicitó el recuento general de las papeletas.

Y este lunes, feriado en Colombia, el registrador nacional Alexander Vega, blanco de todas las críticas por las irregularidades, se sumó al pedido de recontar los votos del Senado. La decisión la tendrá que tomar el Consejo Nacional Electoral, que participará en una reunión de garantías electorales este martes; pero la solicitud de Vega ya ha causado alarmas en distintos partidos que también piden su renuncia.

“Lo que hace el registrador hoy ahora sí se llama fraude. La cadena de custodia de los votos terminó el sábado. A esta hora pueden estar llenando las bolsas de votos. Desobedecen la decisión de 5.000 jueces. Estamos ante un verdadero golpe de Estado impulsado por Uribe”, dijo el candidato presidencial Gustavo Petro, cuya coalición obtuvo 19 escaños en el Congreso por encima de los 13 que logró el Centro Democrático, partido de Gobierno fundado por Álvaro Uribe.

La confianza en la transparencia electoral se ha resquebrajado en la última semana, pero es un proceso que viene en deterioro desde hace meses. Durante la semana posterior a las elecciones, tanto la misión de observación electoral nacional como la de la Unión Europea, confirmaron “comportamientos atípicos en los resultados” que afectaban en su mayoría al Pacto Histórico. “La discrepancia entre los resultados del preconteo para el Senado y los que arroja esta primera etapa del escrutinio, ha sido inusualmente grande. Sobre todo para algunos partidos y coaliciones”, agregó la misión de la UE.

Las inconsistencias iban desde tachaduras en los formularios que llenaban los jurados de votación (que son ciudadanos elegidos al azar por una base de datos), manipulación de los datos, en algunos casos, y sobre un problema en el diseño de los formulario y la falta de transmisión de los números que correspondían a ciertos partidos. El registrador atribuyó las irregularidades a errores de los jurados de votación. “La instrucción que se les dio a los jurados fue poner un asterisco al lado de la votación, tenemos información oficial de que varias agrupaciones políticas y los propios jurados no cumplieron con lo ordenado en la capacitación”: dijo. “Hay tachaduras en formularios y esto genera imprecisiones en el preconteo, pero los votos están”, agregó este lunes.

En efecto, tras las evidencias sobre la ausencia de votos que inundaron las redes sociales, líderes políticos como Petro, informaron haber recuperado al menos 486.000 votos que no habían sido reportados inicialmente. De esa manera, se reconfiguró el Congreso y el Pacto Histórico pasó de 16 a 19 escaños, convirtiéndose en la mayor bancada en el Senado.

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Ante ese hecho, el uribismo, cuyo partido perdió poder en el Congreso y pasó de ser de la primera a la quinta fuerza política en el Senado, sugirió que esa recuperación de votos de la izquierda era sospechosa y que al Centro Democrático también le desaparecieron votos en zonas usualmente controladas por el partido de Gobierno. Tanto el expresidente Álvaro Uribe como Andrés Pastrana señalaron la existencia de fraude electoral e insistieron en abrir de nuevo las bolsas de los votos.

De cara a la primera vuelta presidencial, en dos meses, el ambiente está caldeado en unas elecciones donde la izquierda aparece entre los primeros lugares de las encuestas y el partido de Gobierno no tiene candidato propio y se enfrenta a un declive. Vega aseguró que no hubo fraude y que está garantizada la “transparencia” para el 29 de mayo.

“Estamos en una situación delicada. Nadie cree en el resultado del preconteo, ni petristas ni uribistas. Uribe pide desconocer el resultado, lo que es una irresponsabilidad”, dijo Humberto de La Calle, ex negociador de paz y senador electo. “Ha surgido la idea de volver a contar los votos que están ahí, es muy difícil oponerse a eso, en cambio me parece muy grave para la democracia que la duda que hoy existe se prolongue indefinidamente de cara a las elecciones de mayo y junio”, agregó De la Calle, que pide una auditoria y presencia internacional.

Pero la solicitud de Vega ya ha causado efectos en las presidenciales. El candidato de centro, Sergio Fajardo, dijo que el reconteo no solo debe hacerse para el Senado sino también para la Cámara de Representantes y “con todo rigor”. “El caos electoral generado por las fallas de la Registraduría afectó la confianza en la transparencia de las elecciones presidenciales. Se requiere, además, adoptar medidas adicionales para mayo”.

Mientras, Petro informó que no asistirá a debates electorales “hasta que se garantice la transparencia del voto”. El candidato de la izquierda dijo que actuará con prudencia a la espera de la actuación de veedurías internacionales e insistió en que “en este momento no hay cadena de custodia transparente sobre los votos ya escrutados”, que están en poder del Consejo Nacional Electoral “de mayoría uribista”.

Este martes, después de la reunión de la comisión de garantías electorales, se sabrá si el país contará de nuevo las papeletas que han causado tanta desconfianza y temor de cara a los comicios a presidente.

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Kiev se ha instalado en algo parecido a una tierra de nadie dentro de la guerra que comenzó hace 25 días en Ucrania. Las tropas rusas no han accedido al corazón de la capital ni han llevado a cabo incursiones o bombardeos intensos, aunque sí se producen intensos combates en las localidades de sus alrededores. Pero los cientos de miles de habitantes que todavía siguen viviendo en Kiev no tienen ni un solo día de calma. Este domingo ha vuelto a haber un ataque en un barrio residencial sin que se hayan producido víctimas mortales y al caer la noche, el fuego antiaéreo ha retumbado en toda la ciudad. Se calcula que aproximadamente la mitad de los tres millones de personas que vivían en la principal urbe del país la han abandonado desde que comenzó la invasión de las tropas del Kremlin el pasado 24 de febrero.

Los controles militares, las barricadas y los bloques de hormigón con los que se trata de frenar la posible incursión rusa en la capital forman ya parte de la nueva fisonomía. El tráfico es escaso y las aceras están desiertas casi a cualquier hora del día, pero a veces se forman atascos en los puntos en los que militares o policías requieren a los conductores que se identifiquen o que abran el maletero del coche para comprobar qué es lo que transportan. Hay miles de personas entre civiles y uniformados pendientes de la seguridad de la ciudad, pero los carros de combate rusos no se han acercado al centro.

Sin embargo, a las dos de la tarde del domingo una explosión se escuchó a varios kilómetros de distancia tras sacudir una zona residencial a medio camino entre el centro de Kiev y la localidad de Irpin, escenario desde hace días de intensos combates. Varios coches han ardido junto a un cráter horadado junto a un edificio de viviendas de 10 plantas. Los alrededores han quedado alfombrados de cristales que sonaban al crujir bajo el calzado, conforme los vecinos se iban acercando a contemplar lo ocurrido. No era la primera vez en los últimos días que caía un proyectil en esta zona.

Cientos de ventanas y las fachadas de varios bloques habían quedado dañadas. Las autoridades no han informado de víctimas mortales, pero sí se han registrado cinco heridos. Como ha ocurrido en los ataques que han tenido lugar en los últimos días, hasta la escena se ha desplazado con rapidez el alcalde de la capital, el antiguo campeón de boxeo Vitali Klichko. Junto a las ambulancias, que han trasladado a dos de los heridos al hospital, han llegado también camiones de bomberos para apagar el incendio. Es una ceremonia que se repite desde que, el segundo día de la guerra, Rusia atacó por vez primera en la capital un edificio donde viven civiles en una acción que se ha repetido en varias ocasiones desde entonces.

Eugeni, de 33 años, contempla lo ocurrido este domingo en su edificio a cierta distancia en compañía de una vecina de avanzada edad de la que se está haciendo cargo. Esperan a que la zona deje de estar acordonada por las fuerzas de seguridad para volver a casa pese a los destrozos. De fondo se escucha el trabajo para acabar de retirar los cristales del que fue su colegio, a unas decenas de metros del edificio donde habita. Contempla la escena con nostalgia. “Esta es mi ciudad y pienso regresar a mi casa”, cuenta decidido Eugeni señalando hacia la fachada dañada de su bloque. Con los ojos llorosos, pese a su determinación, explica que su mujer embarazada de seis meses se ha tenido que marchar lejos de Kiev. Ambos esperan un niño que será su primer hijo.

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Decenas de periodistas de todo el mundo han acudido hasta el lugar de la explosión para tomar imágenes o realizar conexiones en directo. Uno de los militares que custodia la zona se queja de lo que él entiende que son mirones. “La gente aquí vive bajo presión porque llevamos recibiendo cohetes de los rusos desde hace un mes. Vivimos bajo un peligro muy grande”, cuenta Anton, de 32 años, otro vecino, que se expresa en español. “La gente que vive aquí son completamente civiles. Aquí no hay ningún objetivo militar, como dice la Federación rusa que está bombardeando, y sí mucha gente que vive aquí, mujeres con niños, personas que no quieren dejar su ciudad natal. Cada noche, muchos han de refugiarse en los sótanos”, añade mientras de fondo se escuchan las detonaciones y suenan las alarmas que alertan ante un posible ataque aéreo.

Fuera del cordón de seguridad se ha instalado una carpa de la Cruz Roja donde son atendidos algunos vecinos. Diana, una voluntaria de 21 años cuenta que muchas son personas mayores a las que han de escuchar y a las que ofrecen un té y un café. “A muchas les cuesta abandonar su casa” incluso en días con ataques como este porque es “donde han vivido toda su vida”, comenta la joven voluntaria.

Mientras, lejos del lugar del ataque del domingo, la plaza que se abre delante de la catedral de Santa Sofía, en el centro, una alfombra de un millón y medio de tulipanes recuerda a los caídos en la guerra. La explanada se ha convertido en lugar de peregrinación para algunos kievitas que acuden a contemplar la escena o a fotografiarla con su móvil.

Un millón y medio de tulipanes forman una alfombra en honor de los caídos en la guerra delante de la catedral de Santa Sofía de Kiev.
Un millón y medio de tulipanes forman una alfombra en honor de los caídos en la guerra delante de la catedral de Santa Sofía de Kiev.Luis de Vega

A unos 700 kilómetros de esa plaza, en el sur del país, se ha registrado el segundo ataque con misiles hipersónicos, de acuerdo a la información rusa. Ha sido en Konstantinovka, una ciudad de 70.000 habitantes, donde el proyectil lanzado desde Crimea y capaz de burlar las defensas antiaéreas, habría destruido “un gran almacén de combustible”, según el Kremlin. “Desde esa base se efectuaban los principales suministros de combustible para vehículos blindados ucranios en áreas de combate en el sur de Ucrania”, ha asegurado el Ministerio de Defensa ruso.

Ucrania ha denunciado este domingo otra matanza de civiles que asegura se produjo el 11 de marzo en Kreminna, una ciudad de 23.000 habitantes de Lugansk. Serhii Haidai, comandante del óblast de Lugansk —zona controlada por las tropas ucranias en esta región contestada por los separatistas prorrusos—, ha denunciado este domingo en su Telegram el Ejército ruso mató a 56 personas en una residencia de ancianos. “Lo hicieron de forma deliberada y cínica”, ha afirmado. Haidai ha añadido que no han podido recuperar los cadáveres, y que 15 supervivientes fueron trasladados a un geriátrico en la zona ya ocupada por Rusia de Svatove.

La Defensora del Pueblo ucrania, Ludmila Denisova, ha calificado el ataque de “genocidio”, y ha pedido que se establezca un Tribunal Militar Especial. “Por cada crimen de este tipo, por cada vida inocente quitada, el liderazgo del Estado agresor debe rendir cuentas con toda la severidad del derecho penal internacional”, ha afirmado en un mensaje de Telegram.

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Mientras se agrava la tensión en Ucrania, en los márgenes se multiplican los contactos diplomáticos. El consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, se reúne este lunes en Roma con el más alto representante de la diplomacia china, el consejero de Estado Yang Jiechi. El encuentro se produce entre temores en la OTAN a que los ataques rusos puedan provocar un incidente en territorio aliado; cuando, según funcionarios estadounidenses, Moscú ha pedido a China el envío de equipos militares -algo que Pekín niega como “desinformación”-, y en la misma jornada en la que Ucrania y Rusia retoman sus negociaciones.

En sendos comunicados emitidos por sus respectivos Gobiernos a última hora de este domingo se indicaba que los dos altos funcionarios abordarán asuntos “regionales” y tratarán de mantener abiertas sus líneas de comunicación. La declaración del Consejo de Seguridad de la Casa Blanca precisaba que ambos abordarán “el impacto de la guerra de Rusia contra Ucrania en la seguridad global y regional”. La versión del Ministerio de Exteriores chino no menciona a Ucrania, y solo se refiere a “cuestiones internacionales y globales de interés para ambos”.

China ha rechazado calificar lo que sucede en Ucrania de “guerra” o “invasión”, y se refiere a ello como “situación”, “crisis” o “conflicto”. Sus medios de comunicación, controlados por el Gobierno o rígidamente censurados, siguen la línea oficial a la hora de informar. Diplomáticos y medios de comunicación oficiales se han hecho eco de acusaciones rusas sin pruebas en las que denuncian la existencia de casi una treintena de laboratorios estadounidenses de armas químicas en Ucrania.

Sullivan ha dejado claro que piensa advertir a Yang sobre cualquier posibilidad de ayudar a Rusia en el conflicto, sea lanzándole un salvavidas para evadir o paliar las sanciones que Occidente ha impuesto a Moscú, sea perjudicando a Ucrania. “Estamos comunicando en privado y directamente a Pekín que absolutamente por descontado habrá consecuencias en respuesta a intentos de evasión a gran escala de las sanciones, o un apoyo a Rusia para paliarlas”, declaró el consejero de la Casa Blanca en una entrevista emitida este domingo en la cadena de televisión CNN. “No permitiremos que eso ocurra y que Rusia cuente con una tabla de salvación frente a esas sanciones por parte de ningún país, en ningún lugar del mundo”.

Equipos militares

Sullivan no hizo referencia explícita al suministro de equipos militares, pero altos funcionarios de Defensa estadounidenses han asegurado que Moscú ha solicitado a Pekín envíos de ese tipo, sin detallar el tipo exacto de material. En Pekín, el Ministerio de Exteriores ha calificado esas acusaciones de “desinformación procedente de Estados Unidos”. En Washington, el portavoz de la Embajada china, Liu Pengyu, negó tener conocimiento de ningún tipo de sugerencia de que Pekín tenga intención de asistir a su socio estratégico. “China está profundamente preocupada y dolorida por la situación en Ucrania”, ha indicado, “esperamos que la situación se calme y la paz vuelva tan pronto como sea posible”.

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Tradicionalmente China —el segundo inversor del mundo en Defensa tras Estados Unidos y con un gasto militar de unos 200.000 millones de euros, que este año crecerá un 7,1%— ha comprado armamento a Rusia, el tercer país del mundo por presupuesto militar. Pero Pekín, que moderniza su Ejército a marchas forzadas, cuenta con equipos que podrían ser útiles a Moscú en esta guerra, desde drones a munición.

Desde el comienzo de la guerra, China ha optado por una posición de neutralidad sesgada en favor de Rusia. Moscú es el socio estratégico con el que calcula que podrá hacer frente a Estados Unidos y a los intentos que percibe por parte de Washington de limitar la influencia china en el escenario global. Lo dejó claro con la reunión en Pekín del 4 de febrero entre el presidente chino, Xi Jinping, y el ruso, Vladímir Putin, en el que ambos proclamaron una relación “sin límites”. El ministro de Exteriores chino, Wang Yi, lo reiteraba en una rueda de prensa hace una semana: la cooperación entre las dos capitales es “sólida como una roca” y seguirá haciéndose cada vez más profunda “por oscuras que sean las circunstancias”.

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El Ejército ruso lanzó en la madrugada del domingo 30 misiles contra una base militar de Ucrania situada en la región de Lviv, en el oeste del país, a tan solo unos 25 kilómetros de la frontera con Polonia, un país miembro tanto de la Unión Europea como de la OTAN, según confirmaron las autoridades militares de la región. Se trata del Centro para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad Internacionales, una instalación de entrenamiento militar situada en la localidad de Yavoriv que ha recibido visitas de diferentes delegaciones de la Alianza Atlántica. El gobernador de la región de Lviv ha señalado que el ataque ha causado al menos 35 muertos y 134 heridos, mientras el ministro de Defensa de Ucrania, Oleksii Reznikov, ha informado de que en la instalación había “instructores extranjeros”. Con este bombardeo, el presidente ruso, Vladímir Putin, no solo redobla su amenaza a Ucrania, sino que endurece su pulso con la Unión Europea y la OTAN un día después de que la UE expresara su intención de enviar al país todas las armas que sean necesarias. Moscú ha designado el suministro de armamento a Kiev como “objetivo legítimo”.

Un portavoz de las Fuerzas Armadas de Ucrania ha apuntado que el ataque golpeó una de las unidades militares de la base de Yavoriv, tal y como ha trasladado la Administración Militar de Lviv. Es una de las instalaciones de adiestramiento militar más grande del país, con 360 kilómetros cuadrados. Se ha dedicado fundamentalmente al entrenamiento de tropas ucranias y es donde se han realizado la mayoría de los programas de formación con países de la OTAN. Se puso en marcha en 2007 para entrenar a los militares ucranios, sobre todo aquellos destinados a misiones de paz de la ONU en todo el mundo, según fuentes de Defensa. Hace cinco días, el presidente, Volodímir Zelenski, anunció que retiraba a los soldados de su país desplegados en este tipo de misiones para poder hacer frente a la invasión rusa.

La instalación militar atacada también ha recibido visitas de las delegaciones de la Alianza Atlántica, según información del organismo de cooperación militar, y suele acoger a tropas internacionales, que aprenden allí habilidades como la retirada de minas para misiones de paz. Ucrania no es miembro de la OTAN —a la que aspira a entrar desde que recibió la invitación en 2008—. Su membresía es una de las líneas rojas esgrimidas por el Kremlin para justificar la invasión.

Un militar herido en el ataque de la base militar de Lviv, este domingo.
Un militar herido en el ataque de la base militar de Lviv, este domingo.Luis de Vega

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El ministro Reznikov ha asegurado en un mensaje en las redes sociales que en la base trabajan instructores extranjeros. “Se está aclarando la información sobre las víctimas. Este es un nuevo ataque terrorista contra la paz y la seguridad cerca de la frontera entre la Unión Europea y la OTAN. Se deben tomar medidas para detener esto”, ha señalado.

Un periodista de EL PAÍS ha logrado llegar este domingo a la entrada del recinto. En la puerta de acceso podía verse un gran trasiego de ambulancias entrando y saliendo de la instalación militar. En la puerta, un grupo de militares ucranios comentaban entre ellos que el ataque se produjo entre las cuatro y las cinco de la madrugada, pero se negaban a facilitar más información a los medios de comunicación.

Sobre las 10.45 de la mañana, horas después del ataque, sonaron las sirenas de alarma en los núcleos urbanos que rodean a la inmensa base militar. Tras oírlas, los habitantes de la zona se dirigieron rápidamente a los refugios antiaéreos ante el aviso de posibles nuevos bombardeos. La mayoría de los ciudadanos corrían nerviosos para buscar resguardo lo antes posible, mientras la megafonía de las calles también advertía de un posible nuevo ataque. Mientras, en la cercana localidad de Novoiavorivsk, familiares de los militares esperaban junto al hospital local para saber si sus seres queridos se encuentran entre las víctimas, entre el movimiento de soldados heridos entrando y saliendo del centro sanitario.

“Fue como si nos hubiera llegado el fin del mundo”, ha afirmado al recordar lo sucedido Volodymyr Matseliukh, el alcalde de Novoyavorivsk. Sin querer interferir en asuntos militares, el edil ha reconocido desde la sede municipal que primero empezaron a sonar las alarmas y, después, tuvo lugar el ataque con “enormes explosiones”. “Ni una sola persona en todo Ucrania está segura frente a los misiles de Putin”, ha añadido Matseliukh, quien ha instado a la OTAN que cierre el espacio aéreo ucranio.

Una militar herida en el ataque de la base militar de Lviv, este domingo.
Una militar herida en el ataque de la base militar de Lviv, este domingo.Luis De Vega Hernández

El Kremlin ha lanzado este domingo otros ataques en diferentes zonas del país, entre ellas Mikolaiv, una importante ciudad portuaria del mar Negro de la que las tropas rusas tratan de apoderarse desde hace casi dos semanas. En uno de los ataques más mortíferos contra una zona residencial, nueve personas han fallecido este domingo en un bombardeo al norte de esa localidad, según el gobernador de la región, Vitali Kim. Mikolaiv, de unos 500.000 habitantes, bajo ataques intensos que han dañado sus infraestructuras y también dos hospitales los últimos días, tiene uno de los puertos más grandes del país. Es un enclave estratégico en el avance ruso en su ofensiva al flanco sur y fundamental en su camino para conquistar Odesa, el principal puerto del país y sede del las fuerzas navales ucranias.

Los ataques de este domingo ahondan en la estrategia de Moscú, con la que busca quebrar la cadena de suministros de armas y de ayuda humanitaria desde los países aliados a Ucrania, y también dificultar su transporte. Además, los ataques tan cerca de la ciudad de Lviv, al oeste de Ucrania y que se ha convertido en un gran centro logístico y de salida para cientos de miles de refugiados, aumenta las alarmas.

El viernes, otros dos ataques de las tropas de Putin alcanzaron objetivos lejos del frente más caliente y se dirigieron a dos ciudades del oeste, Ivano-Frankivsk y Lutsk. El patrón se ha repetido este domingo en otro intento por impedir que Ucrania se reabastezca: esta vez el objetivo ha sido de nuevo aeropuerto de Ivano-Frankivsk, una localidad de 230.000 habitantes situada a 153 kilómetros de la frontera con Rumania, según ha confirmado su alcalde, Ruslan Martsinkiv.

Un militar herido en el ataque de la base militar de Lviv.
Un militar herido en el ataque de la base militar de Lviv. Luis de Vega

Ataques cada vez más cerca de la UE

El bombardeo de esta madrugada ha sido el que más se ha acercado hasta el momento a la frontera con la Unión Europea. Los ataques se han ido aproximando desde el viernes, cuando las fuerzas de Putin atacaron la base aérea de Lutsk, a unos 80 kilómetros de Polonia, causando la muerte a cuatro soldados y dejando heridos a seis. Fueron las primeras víctimas mortales de la guerra en un punto tan cercano a la UE y al territorio de la OTAN.

El sábado, el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, aseguró que cualquier envío de armas a Ucrania sería considerado “objetivo militar legítimo”. Pese a las amenazas, los aliados del país del este han asegurado que seguirán suministrando material de defensa. De hecho, Estados Unidos anunció el sábado que agilizaría el aporte de 200 millones de dólares, algo más de 183 millones de euros, en fondos adicionales para armas pequeñas, armas antitanque y antiaéreas. Hasta ahora, Rusia ha tenido un éxito limitado en interrumpir los convoyes de suministro u otro tráfico militar en Ucrania.

Los envíos siguen llegando a Ucrania, aunque de una manera menos pública que hace semanas. El sábado, al menos siete aviones militares de carga de los aliados de la OTAN aterrizaron en Rzeszow, en un pequeño aeródromo en el sur de Polonia que se está usando como punto receptor para los suministros que después van a Ucrania.

Ejercicios militares en la base de Yavoriv, el 28 de enero, en una foto facilitada por el Ejército ucranio.
Ejercicios militares en la base de Yavoriv, el 28 de enero, en una foto facilitada por el Ejército ucranio.UKRAINIAN DEFENCE MINISTRY (via REUTERS)

Además, las autoridades ucranias han denunciado este domingo que las localidades del este Sievierodonetsk y Rubiyne han sufrido continuos bombardeos en las últimas horas, que se han extendido a las cercanas zonas de Popasna y Lisichansk. Por su parte, la ciudad costera de Mariupol (sudeste, en el mar de Azov) continúa bajo asedio constante, y se espera que un convoy humanitario llegue a lo largo de la jornada a la localidad, que padece una situación de catástrofe humana, según las autoridades locales.

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Cientos de personas que intentaban escapar de Kiev se han agolpado en el andén del tren a Leópolis, cerca de la frontera con Polonia, que partía desde la Estación Kiev-Pasazhyrskyi. Solo unas horas después de que el ejército ruso haya entrado en las calles de la capital, el miedo se hace presente entre los ciudadanos, que en esta ocasión han sido testigos de cómo una ráfaga de disparos intentaba dispersar a la multitud para evitar tumultos.

Los testimonios del vídeo dan muestra de las horas de espera a pie de los andenes, en la necesidad de conseguir una plaza en el tren en su interés por salir del territorio ucranio. Además, algunas de las personas que estaban la estación explican en el vídeo que no es la primera ocasión en la que se han visto en la necesidad de salir dejando atrás todo, ya que habían vivido en Donbás. Los ciudadanos ucranianos han mostrado su apoyo a sus fuerzas armadas, rompiendo en aplausos al toparse con ellos en la estación de Kiev-Pasazhyrskyi.

Los ataques en territorio ucraniano se han intensificado en las últimas horas y los soldados rusos ya han entrado en Kiev, según informa Luis de Vega, enviado especial de El País a la capital ucraniana. Muchos ciudadanos han pasado la noche en los búnkeres, buscando refugiando ante los sonidos de las alarmas antiáreas. Consulta las últimas imágenes de la guerra de Rusia y Ucrania aquí.



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Las autoridades rusas reiteraron una y otra vez en los últimos dos meses que no había motivos de preocupación en torno a su despliegue militar porque estaba previsto que sus tropas abandonarían el flanco bielorruso con Ucrania tras concluir este 20 de febrero las maniobras Resolución Aliada. Pero este domingo se ha hecho oficial algo que era un secreto a voces: la tensión continuará, ya que no habrá retirada, una de las principales demandas de Kiev y de los países de la OTAN para apaciguar la muy volátil situación en Ucrania.

“Los presidentes de la República de Bielorrusia y de la Federación de Rusia han decidido seguir probando las fuerzas de respuesta del Estado de la Unión [la entidad supranacional que une a Moscú y Minsk]”, anunció a través de un comunicado el ministro de Defensa bielorruso, Víktor Jrenin, justo el día que debían volver a casa los 30.000 soldados enviados a la zona junto a numerosas armas pesadas y aviones y helicópteros de combate. La decisión ha sido justificada con “el aumento de la actividad militar cerca de las fronteras exteriores del Estado de la Unión y el empeoramiento de la situación en Donbás [la región separatista del este de Ucrania]”.

El Kremlin ha mantenido en los últimos meses un doble discurso sobre estas maniobras. Porque aunque las autoridades insistían en que estaba previsto que concluyeran este domingo, al mismo tiempo argumentaban que era su derecho soberano prolongarlas durante el tiempo que consideraran oportuno. El portavoz de Vladímir Putin, Dmitri Peskov, había asegurado tres días antes de la supuesta conclusión de las maniobras que las tropas rusas regresarían a sus bases. “Al acabar cada una de las fases de los ejercicios militares, estas regresarán a sus zonas de despliegue permanente”, afirmó Peskov, quien subrayó que este repliegue “está fuera de toda duda” aunque tomaría varias semanas completarlo.

Sin embargo, Moscú siempre jugó con la incertidumbre. El pasado 10 de febrero, tras el encuentro con la ministra de Exteriores británica, Liz Truss, el responsable de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, ya dejó caer que podrían prorrogarse las maniobras porque “esto es un derecho soberano de cada Gobierno” aunque “el regreso de las tropas tras los ejercicios militares es lo habitual”. Lavrov consideró las preocupaciones estadounidenses y europeas “una comedia” porque auguró que tras el regreso de los soldados occidente “dirá con mucho ruido que ha logrado la desescalada con Rusia, aunque habrá vendido aire”.

El Kremlin desmintió también al presidente francés, Emmanuel Macron, que tras su gira por Kiev y Moscú a principios de febrero dijo a los jefes de Gobierno de Alemania y Polonia que Putin le había prometido que no habría más maniobras en Bielorrusia tras el 20 de febrero. “No son correctas”, respondió Peskov al ser preguntado por estas informaciones.

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Minsk y Moscú justifican la presencia militar ya no por unas maniobras programadas, sino por la posibilidad de una guerra con Ucrania. Kiev denunció el pasado 17 la intensificación de los bombardeos en la línea de contacto con las autodenominadas repúblicas separatistas de Donbás. El Gobierno ucranio mostró aquel día imágenes de varios emplazamientos civiles que habían sido alcanzados por las bombas. Un día después, las autoridades de Donetsk y Lugansk anunciaron la evacuación inmediata de sus civiles por la supuesta amenaza de un ataque ucranio. “Hoy, 18 de febrero”, llegó a decir uno de los jefes separatistas, Denis Pushilin, aunque se descubrió por los datos del vídeo que había sido grabado el 16, justo antes de los bombardeos.

129.000 soldados en la frontera, según Kiev

El ministro de Defensa ucranio, Oleksii Reznikov, cifró esta semana en unos 129.000 soldados la suma total del despliegue del ejército de tierra ruso alrededor de sus fronteras. El Kremlin, por su parte, argumenta que se trata solo de ejercicios militares y que estos grupos de combate están en su territorio. Aunque el Ministerio de Defensa ruso ha publicado estas semanas varios vídeos de la retirada de algunas unidades a sus bases tras concluir sus ejercicios, la OTAN no ha dado credibilidad al repliegue y ha subrayado que siguieron llegando otras tropas a las inmediaciones con Ucrania.

La escalada comenzó en noviembre del pasado año, cuando Washington denunció el aumento de las tropas observado por sus servicios de espionaje. En la primavera de 2021 hubo una escalada similar que fue desactivada por el encuentro del 16 de junio en Ginebra de los presidentes ruso, Vladímir Putin, y estadounidense, Joe Biden. Sin embargo, Washington constató que parte de las armas no fueron retiradas con el repliegue de las tropas a sus bases.

“El riesgo de un ataque (contra Ucrania) es muy alto”, advirtió este sábado el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en el canal alemán ARD. El máximo responsable de la Alianza Atlántica señaló que sus informaciones sugieren que Rusia “planea un ataque total” contra el país vecino y estaría preparando pretextos para ello.

Las advertencias sobre el despliegue ruso y la posibilidad de una guerra inminente no han gustado al Kremlin. Este domingo, el portavoz de Putin culpó a los países de la OTAN de alimentar el riesgo de un conflicto con sus avisos. “Esto conduce directamente a la tensión, y cuando se eleva al máximo, como ahora en la línea de contacto [de la región del Donbás], entonces cualquier chispa, cualquier incidente casual o cualquier provocación menor planeada pueden conducir a consecuencias irreparables”, opinó el representante de Putin en el canal Rossiya 1.

En plena escalada, el Kremlin sigue insistiendo en que el Gobierno ucranio debe conceder un estatus especial a las regiones separatistas del Donbás, uno de la docena de protocolos firmados en Minsk en 2015 que no se han cumplido hasta ahora. Durante la entrevista, Peskov dijo que Putin piensa que el líder ucranio, Volodímir Zelenski, es incapaz de cumplir su parte de los acuerdos, pero rechazó un encuentro entre ambos para buscar una solución. “No somos parte del conflicto”, aseguró el portavoz del presidente ruso, que esta misma semana recibió una iniciativa de la Duma Estatal para reconocer las repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk, territorios a los que el Kremlin no solo ha concedido asistencia financiera y militar todos estos años, sino también más de 700.000 pasaportes rusos.

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Moments of tension and discussion were experienced during a debate of candidates for Congress organized by the Universidad San Buenaventura.

The candidate of the Radical Change party, Juanita Catañoverbally confronted students, including other candidates.

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The event was proceeding normally, but when the issue of the national strike was brought up, the discussions began.

Former deputy Cataño ignited the spirits when she described the strike as “a guerrilla takeover.”

“In the social outbreak as you call the guerrilla takeover, alias 19 gave orders from prison to damage, burn and destroy not only the infrastructure of Mio and the Police, but many other things that affect the Colombian people. Yes, even if they prick their conscience, it was a guerrilla takeover that the country suffered”, said the candidate.

Immediately, some of those attending the event complained about her words and the candidate immediately attacked: “Respect because what happened in Colombia was a guerrilla takeover, even if you don’t like it… with bandits and political accomplices.”

(Also read: The controversies of leaders of the Democratic Center for security in Cali).

Despite the moderator’s intervention, tempers heated up even more, Cataño challenged the students to try to get her out of the auditorium.

At the moment of tension, the candidate Tejada also intervened, whom he described as a “bandit.” Given this situation, the candidate expressed his intention to withdraw, but after mediation by the moderator, the event continued.

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CALI



El presidente ruso, Vladímir Putin, se prepara para exhibir su músculo militar entre alertas de Estados Unidos y la OTAN de que el Kremlin está contemplando una invasión inminente de Ucrania. El líder ruso supervisará este sábado maniobras militares que incluirán el lanzamiento de misiles balísticos y de crucero (capacitados para transportar ojivas nucleares), según ha informado el Ministerio de Defensa ruso. El Kremlin ha asegurado que las maniobras de este fin de semana son las que no se pudieron llevar a cabo en 2020 y 2021 debido a la pandemia de coronavirus, y que estaban en la agenda desde hace tiempo. Pero los ejercicios militares elevan la tensión en plena crisis con Occidente y cuando Estados Unidos y la OTAN han intensificado sus llamadas de alerta de que Rusia puede estar preparando un ataque contra Ucrania. Además, Moscú, insatisfecha con las propuestas de Washington a sus demandas de reescribir la arquitectura de seguridad europea, reiteró este jueves su amenaza de iniciar medidas “técnico-militares” si fracasa la negociación.

Putin presenciará los ejercicios desde un centro de operaciones del Ministerio de Defensa, según el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. “Estas maniobras son imposibles sin el jefe de Estado. Ya saben, la famosa maleta negra y el botón rojo”, ha dicho este viernes Peskov, que ha apuntado que el líder ruso duerme “tranquilo” estos días de alta tensión.

Putin ha asegurado que mantiene la vía diplomática abierta y que mantendrá nuevas conversaciones con Occidente para resolver la crisis en torno a Ucrania, pero que sus demandas de “garantías de seguridad”, que pasan por reescribir los términos del desenlace de la Guerra Fría y devolver a la OTAN a posiciones anteriores a 1997, así como el veto a la membresía de Ucrania y Georgia en la Alianza Atlántica, deben ser escuchadas. “Estamos listos para emprender el camino de la negociación con la condición de que todas las cuestiones se consideren juntas, sin separarse de las principales propuestas de Rusia”, ha dicho Putin este viernes en una conferencia de prensa en Moscú junto al líder autoritario bielorruso, Aleksandr Lukashenko.

Cuando las conversaciones diplomáticas de alto nivel contra el reloj parecen no tener fin, Estados Unidos ha elevado este viernes su alerta al insistir en que Rusia, en vez de retirar sus tropas de las cercanías de la frontera con Ucrania como ha anunciado, está acumulando hasta 190.000 soldados, según un documento de Washington enviado a la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa). Un número superior a los 150.000 que estimó el presidente estadounidense, Joe Biden, esta semana.

Las maniobras previstas este sábado se suman a otras que Rusia desarrolla junto a Bielorrusia —con fecha de finalización este domingo—, así como ejercicios en el mar Negro y también en la península ucrania de Crimea, que Rusia se anexionó en 2014 con un referéndum no reconocido por la comunidad internacional. Putin muestra habitualmente el potencial del ejército ruso como maniobra de fuerza, intimidación y también de amenaza. En 2018, en su discurso anual sobre el estado de la nación, anunció una nueva generación de armas nucleares, incluido un misil de crucero intercontinental “invencible” y un torpedo nuclear. Y lo hizo con una presentación vistosa, con vídeos animados que mostraban múltiples ojivas nucleares dirigidas a Florida, donde el entonces presidente estadounidense, Donald Trump, tiene su casa de vacaciones en Mar-a-Lago.

“Se desarrollará un ejercicio programado de las fuerzas de disuasión estratégica”, ha informado el Ministerio de Defensa de Rusia sobre las maniobras. El objetivo, según explica una nota del departamento dirigido por Serguéi Shoigú, el ministro más cercano a Vladímir Putin, es verificar la preparación de los “comandos militares y las tripulaciones de los sistemas de misiles, buques de guerra y bombarderos” y la fiabilidad “de las armas de las fuerzas estratégicas nucleares y convencionales”.

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Esta nueva flexión de músculo militar llega, además, en un momento de especial tensión en la zona del Donbás, donde el Gobierno ucranio y los separatistas prorrusos apoyados por el Kremlin, que luchan desde hace ocho años en un conflicto que se cocina a fuego lento, intercambian acusaciones de ataques contra la población civil y de romper el alto el fuego. Kiev ha informado este viernes a mediodía de 60 violaciones del alto el fuego en las 24 horas anteriores, incluidos 43 disparos de artillería que alcanzaron una guardería y un colegio en la parte de la región de Lugansk controlada por el Gobierno. Mientras, los líderes separatistas de Donetsk, Denis Pushilin, y Lugansk, Leonid Pasechnik, respaldados por Moscú, han asegurado que van a iniciar una “evacuación masiva de civiles” a la vecina Rusia alegando ataques de las fuerzas ucranias. El Kremlin afirma que no tenía conocimiento de estos planes. Tampoco conocían esos planes las autoridades de la vecina ciudad de Rostov, donde, según Pushilin, se trasladaría a los civiles.

El anuncio añade más tensión a una situación caliente y en la que EE UU y la OTAN sospechan que Moscú está preparando una operación de falsa bandera; es decir, un ataque orquestado por el Kremlin para usarlo como excusa para una incursión militar, una intervención en el Donbás, donde ha repartido casi un millón de pasaportes rusos. Putin, que ha ahondado en los últimos meses en su retórica de que en las regiones de Donetsk y Lugansk se está produciendo un “genocidio” de personas de hablar rusa, habló este viernes de “escalada” e insistió en que la situación es preocupante.

El Gobierno ucranio, por su parte, negó las acusaciones de los jefes separatistas. También la oleada de noticias en medios de la órbita del Kremlin que hablan de que Kiev prepara una ofensiva para recuperar las áreas del Donbás en poder de los secesionistas y de que habría lanzado ya un ataque contra una instalación estratégica de la región. “Refutamos categóricamente los informes de desinformación rusos sobre las supuestas operaciones ofensivas o actos de sabotaje de Ucrania en las instalaciones de producción química”, ha remarcado el ministro de Exteriores, Dmytro Kuleba. “Ucrania no lleva a cabo ni planea ninguna acción de este tipo en el Donbás. Estamos totalmente comprometidos con la resolución diplomática de conflictos”, ha añadido.

Tras una madrugada particularmente activa en la que se han producido cortes de electricidad y de algunos operadores telefónicos en las regiones del Donbás controladas por el Gobierno, el ministro de Defensa ucranio, Oleksii Reznikov, insistió en que Rusia y sus representantes [los separatistas prorrusos] buscan desencadenar un pretexto para lanzar una agresión. “Lo más probable es que esperaran que la parte ucraniana tomara represalias para poder culparnos por empeorar la situación”, dijo en una intervención en el Parlamento. “Las provocaciones no terminarán. Nuestro objetivo es mantener la cabeza fría, responder adecuadamente pero no dejarnos provocar. Estimamos que la probabilidad de una gran escalada es baja”, añadió.

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More than six hours completes a harassment against the police station in the village of Ospina Pérez from the municipality of Ricaurte, in Nariño, where several videos recorded by its inhabitants show the strong shots that leave them in the middle of a dangerous crossfire.

According to the videos, shots and rifle bursts have been recorded since the early hours of this Thursday from the mountainous area of ​​that town located in the coastal foothills of Nariño, which apparently would be launched by members of the self-styled National Liberation Army ( Eln), which are present in that territory.

(You can read: Prosecuted the alleged perpetrators of the crime of a father and his son)

You can also see the moment in which a tank with several Army soldiers travels along the road to the sea and approaches the mountainous area, from where the constant shots are fired.

From a humble house nearby, the cries of a mother are heard asking her defenseless children not to go out and remain lying on the floor, so as not to be the target of the bullets.

In those moments of panic and terror, the woman is heard when she shouts “very careful Sebastian, stay still and don’t go out.”

Faced with this serious public order situation in that jurisdiction of Nariño, car traffic on the road that leads from Pasto to Tumaco has been suspendedso a large number of passengers in private and public service vehicles are waiting for the situation to return to normal.

(We recommend: ‘Don’t kill us more children, please’: the cry of a family in Cali)

The Mayor’s Office of Ricaurte, weeks ago, had adopted several special measures, including a curfew from February 18 to 20, between 8 p.m. and 5 a.m., in order to maintain security and coexistence citizen in the municipality.

It is still unknown if there have been deaths or injuries among the civilian population and members of the Public Force.

So far, neither the security agencies nor the Government of Nariño have ruled on these events.

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El Gobierno ucranio y los separatistas prorrusos respaldados por Moscú han intercambiado este jueves acusaciones de ataques a lo largo de la línea del frente en el Donbás, en días clave en la crisis ucrania. Proyectiles de artillería han alcanzado esta mañana una guardería en la ciudad de Stanytsia Luganska, en la parte de la región de Lugansk controlada por el Gobierno de Ucrania. Hirieron a tres civiles, según el Ejército ucranio, que informó de otra veintena de lugares en la zona de contacto que fueron objeto de disparos. A su vez, líderes de las regiones secesionistas de Donetsk y Lugansk denunciaron ataques de las fuerzas ucranias.

El Kremlin —que insiste en que el conflicto es una “guerra civil” pese a las evidencias de apoyo político y militar a los separatistas— culpó al Ejecutivo ucranio de la escalada. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, se mostró preocupado por el recrudecimiento de la tensión, al igual que el presidente estadounidense, Joe Biden. Ambos alertaron de que Rusia podría estar intentando lo que se conoce como una operación de falsa bandera, es decir, un ataque orquestado por el Kremlin para usarlo como excusa en una incursión militar en Donetsk y Lugansk.

Los ataques no son algo inhabitual en una guerra que va a cumplir ocho años y que ha dejado ya unos 14.000 muertos, según estimaciones de la ONU. Los sucesivos acuerdos de alto el fuego se rompen constantemente, según los informes de la misión de observación de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en la zona, que informó de “múltiples incidentes de bombardeos” este jueves por la mañana en el Donbás.

Sin embargo, este aumento de las escaramuzas añade más tensión a un conflicto que, desde que cesaron los combates encarnizados que dejaron una línea en el frente que apenas ha variado, lleva mucho tiempo cociéndose a fuego lento y en el que una pequeña espita puede derivar en un recrudecimiento de los enfrentamientos y de nuevo en guerra caliente. Este miércoles era el día al que la inteligencia occidental apuntaba como la posible fecha para una invasión rusa.

Moscú lleva semanas hablando de que teme “provocaciones” en la zona y asegurando que Kiev se prepara para lanzar una ataque para recuperar el control de todo el Donbás. Ucrania, Estados Unidos y la OTAN sospechan, sin embargo, de que Rusia podría tener en la recámara una operación encubierta para usar como pretexto de intervención en las regiones separatistas, donde ha repartido alrededor de un millón de pasaportes rusos, según estimaciones de altos funcionarios, y donde ha asegurado que se está produciendo un “genocidio contra personas de habla rusa”. “Tenemos motivos para creer que [Moscú] está involucrado en una operación de bandera falsa para tener una excusa para entrar”, ha dicho Joe Biden este jueves. “Todos los indicios que tenemos son que están preparados para entrar en Ucrania y atacar a Ucrania”, añadió el presidente de EE UU.

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El ataque de artillería contra Stanytsia Lugansk, que también cortó la electricidad y provocó la evacuación de los vecinos a los sótanos de la ciudad para refugiarse, se produce en una zona muy cercana al frente y también próxima a la frontera con Rusia. En esa zona, Moscú continúa con una gran acumulación de tropas, según Occidente, pese a los anuncios de repliegue.

Los vídeos y las imágenes difundidos por el centro de operaciones del ejército ucranio muestran la guardería dañada, con una de las habitaciones de juegos llena de escombros. Los niños estaban en otra sala durante el ataque. Pero un guardia de seguridad, un empleado de limpieza y una maestra resultaron heridos por conmoción cerebral, según los informes. Los incidentes se producen, además, el mismo día que el Consejo de Seguridad de la ONU habla sobre la situación en Ucrania.

El ministro de Exteriores ucranio, Dmytro Kuleba, culpó a Rusia de una “grave violación” del débil alto el fuego en el Donbás, y el presidente Volodímir Zelenski aseguró que los ataques son una “provocación”. El líder ucranio señaló la importancia de que los diplomáticos y la OSCE permanezcan en la zona. “Necesitamos un mecanismo eficaz para registrar todas las violaciones del alto el fuego”, dijo en las redes sociales. En los últimos días, varias embajadas occidentales importantes han cerrado sus puertas en Kiev y han evacuado a su personal, ante el temor de que Rusia lanzase una agresión militar a gran escala, como alertaba la inteligencia de Estados Unidos. Además, Washington y Londres han retirado a sus ciudadanos de la misión de la OSCE.

Un edificio residencial destrozado tras un bombardeo en Vrubivka, en la región de Lugansk.
Un edificio residencial destrozado tras un bombardeo en Vrubivka, en la región de Lugansk.NATIONAL POLICE OF UKRAINE (via REUTERS)

En medio de la escalada militar, el incidente de este jueves en el Donbás preocupa en Occidente. Además de la concentración de tropas rusas a lo largo de las fronteras con Ucrania, Moscú desarrolla maniobras conjuntas en Bielorrusia. El alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, ha asegurado este jueves que Rusia está lanzando “mucha desinformación” y que lo hace “para crear una atmósfera de ataques contra rusos en esta parte de Ucrania”.

El jefe de la diplomacia europea ha hablado con inquietud de los bombardeos en la línea del frente, pero ha manifestado que los países de la UE no aprobarán las sanciones contra Rusia hasta que “el nivel de intensidad de la agresión lo requiera”. “Hemos tenido noticias sobre una retirada de tropas [rusas], pero no hay evidencia de eso”, ha dicho Borrell tras una reunión de los jefes de Estado y de Gobierno de la UE para tratar la tensión en torno a Ucrania, en la que no adoptaron ninguna decisión.

En Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo que al Gobierno le preocupa profundamente “un intercambio de ataques en curso” en el frente y que “el primer ataque provino del lado ucraniano”. “Hemos advertido muchas veces que la concentración excesiva de las fuerzas armadas de Ucrania junto a la línea de contacto, sumado a la posibilidad de provocaciones, podría ser altamente peligrosa. Y ahora podemos ver que están ocurriendo estas provocaciones”, dijo Peskov en una rueda de prensa telefónica.

“Está claro que la situación en el Donbás se está intensificando. La situación en las fronteras de Rusia puede estallar en cualquier momento”, añadió el portavoz del Kremlin. El Gobierno ruso ha rechazado la idea de que Moscú esté buscando un pretexto para invadir Ucrania. “Los intentos de echar toda la culpa de lo que está sucediendo en Ucrania a Rusia no tendrán éxito”, asevero este jueves el ministro de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov.

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