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El presidente de Colombia, Ivan Duque, a la derecha, junto al senador Bob Menendez, este jueves en el Capitolio de Washington.
El presidente de Colombia, Ivan Duque, a la derecha, junto al senador Bob Menendez, este jueves en el Capitolio de Washington.MICHAEL REYNOLDS (EFE)

La reunión de una delegación del Gobierno de Joe Biden el pasado fin de semana en Caracas con Nicolás Maduro, el líder chavista al que consideran ilegítimo, sigue echando chispas en Estados Unidos. La Casa Blanca aseguró este jueves que sigue sin reconocer a Maduro como presidente legítimo y negó tajantemente que esté negociando un levantamiento de sanciones a cambio de la liberación de presos o acuerdos sobre petróleo, en plena crisis energética por Ucrania. La noticia de la excarcelación de dos estadounidenses en Venezuela no ha aplacado el desconcierto de la oposición por el acercamiento al régimen chavista, ni tampoco las críticas de legisladores republicanos y demócratas. El presidente colombiano, Iván Duque, se encontraba de visita en la capital norteamericana en plena polémica y se reafirmó en su condena a la “dictadura de Nicolás Maduro”.

“No reconocemos a Maduro como líder de Venezuela, pero estaba deteniendo a ciudadanos estadounidenses y nuestra prioridad era traer a esos ciudadanos estadounidenses a casa”, recalcó la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, en su rueda de prensa diaria. Psaki había dicho el lunes que la reunión del fin de semana había abordado, entre otras cuestiones, la “seguridad energética”. Este jueves aclaró que, al menos hoy por hoy, no hay abierta ninguna negociación sobre la importación de hidrocarburos de Venezuela ni tampoco sobre el levantamiento de los castigos económicos que Estados Unidos ha impuesto al régimen en los últimos años.

El 23 de enero de 2019, Washington reconoció a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela y reclamó a Maduro el abandono del poder y la celebración de elecciones justas. Biden mantuvo la política y las sanciones al llegar al poder, hace más de un año, pero la semana pasada una imagen de deshielo irrumpió en la escena para sorpresa del propio Guaidó y buena parte del Congreso de Estados Unidos. El senador Bob Menéndez, presidente del Comité de Relaciones Exteriores, no ocultaba su disgusto por la falta de información este jueves en el Capitolio. “[Maduro] no ha hecho nada para ganarse el derecho de que nos involucremos con él”, subrayó, añadiendo que se había enterado por la prensa.

Menéndez hizo estas declaraciones tras reunirse con el presidente Duque. El mandatario colombiano evitó dar su opinión sobre el acercamiento de Biden, pero sí reafirmó su postura “coherente”. “Nosotros nos mantendremos en la misma línea de política exterior que hemos mantenido, condenado la dictadura, llamando a Nicolás Maduro como lo que es, un criminal de lesa humanidad”, recalcó. Tras la reunión con Biden en la Casa Blanca, Duque ofreció además el petróleo colombiano frente al de Venezuela. “Colombia hoy es un país que tiene más capacidad de suministrar hidrocarburos de lo que tiene Venezuela”, dijo.

El miércoles por la noche, en una llamada con periodistas, un alto funcionario de la Administración de Biden ya había recalcado que no se había comprometido a ninguna cancelación de las sanciones a cambio de esta liberación y que no se había tomado “ninguna decisión” sobre la compra de crudo a Venezuela. La cuestión es qué espera Maduro ahora de Washington.

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Objetos con la imagen de Daniel Ortega están a la venta en una avenida de Managua, la capital de Nicaragua.
Objetos con la imagen de Daniel Ortega están a la venta en una avenida de Managua, la capital de Nicaragua.OSWALDO RIVAS (AFP)

Los representantes de la principal cámara empresarial de Nicaragua han expresado su disposición a negociar con el régimen de Daniel Ortega. La directiva del Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) ha afirmado en un documento interno filtrado por la prensa que está dispuesta a iniciar un diálogo para lograr la liberación de los empresarios encarcelados el año pasado, durante la fuerte represión contra las voces críticas que el Gobierno desató previo a las elecciones presidenciales en las que Ortega se declaró triunfador. Se trata de José Adán Aguerri y Michael Healy, expresidentes de la cámara y el banquero Álvaro Vargas. “Hoy tenemos que hablar de una negociación, diálogo, encuentro, todo debido a tres amigos que están desesperados y nos debemos a ellos”, dijo César Zamora, actual presidente del COSEP, según el documento filtrado el jueves por el medio Divergentes.

Esta misma semana, un grupo de familiares de presos políticos han pedido la libertad sin condiciones de los detenidos por el régimen, que incluyen a siete aspirantes a la presidencia, feministas, defensores de derechos humanos, activistas políticos, exdiplomáticos, estudiantes universitarios y tres exguerrilleros sandinistas, que fueron compañeros de Ortega en la lucha guerrillera contra la dictadura somocista. “La libertad de nuestros presos no es un asunto de preferencias partidarias, ni es una maniobra en una lucha por el poder. Su liberación, más bien, se puede ver como el paso inicial en un proceso que conlleve un mayor grado de serenidad para los hogares nicaragüenses, dentro y fuera de nuestras fronteras; y que ayude gradualmente a reducir grietas en nuestra sociedad”, dijeron los familiares en una carta hecha pública el pasado martes.

La filtración del comunicado de los empresarios ha generado molestias no solo entre los familiares de los presos políticos, sino entre otras organizaciones de la oposición cuyos liderazgos también han sido apresados por el régimen. De hecho, el mismo Zamora ha expresado que “hay un ambiente fuerte contra el sector privado, hay muy poca disposición para hacer el diálogo”. El líder empresarial es consciente de que cualquier acercamiento con el Ejecutivo de Ortega será visto con malos ojos en un país donde el 73% de la población considera injusta la detención de las voces críticas, según un sondeo divulgado en diciembre por la firma Cid Gallup.

José Adán Aguerri había afirmado en 2018 en una entrevista con este periódico que el presidente Daniel Ortega debe dejar “lo más pronto posible” el Gobierno. La afirmación era evidencia de la ruptura en la “relación de consenso” que durante más de una década mantuvieron los grandes empresarios del país con Ortega, en la que las grandes negociaciones sobre temas económicos se hacían entre esos dos bandos, sin interlocutores. El mandatario permitió que ellos hicieran negocios, garantizando una estabilidad sostenida con mano de hierro, mientras él se hacía con todo el poder político en este país centroamericano. “Los empresarios nos equivocamos con Daniel Ortega”, admitió entonces el ahora preso político.

Tras las críticas desatadas por el comunicado emitido el jueves, la patronal ha tenido moderar su posición y ha afirmado que de haber un acercamiento con el régimen, este debe ser sin condiciones previas y con la vista puesta en liberar a todos los detenidos y no solo a sus empresarios. El COSEP se unió al comunicado de los familiares y en una nota de prensa informó: “Nos sumamos a este llamado llenos de esperanza, con la confianza de que apoye un proceso que unifique a toda la ciudadanía nicaragüense”. Los empresarios agregaron que se comprometen “de manera franca a la búsqueda de soluciones viables, prontas y sin precondiciones, que prioricen solucionar la encrucijada que atraviesa la nación”.

El analista político Óscar René Vargas advierte de que si finalmente los empresarios negocian con el mandatario “van a hacerle el juego al dictador”. “Nadie sabe bien cuál será el próximo movimiento de Ortega. Es parte de su poder. Su capacidad de mantener ocultos sus próximas jugadas, de despistar a propios y extraños, de engañar al gran capital y a los poderes fácticos. Después de 15 años en el poder, los políticos siguen sin descifrar al dictador. La voluntad de quedarse en el poder sigue en su mente”, explica.

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La noticia del acercamiento de los empresarios se da mientras el régimen atraviesa su peor crisis de legitimidad tras los resultados electorales de noviembre. La mayoría de países del continente rechazaron esos resultados y han exigido que se repitan las elecciones, pero con garantías democráticas y sin presos políticos. Ortega está cada vez más aislado, por lo que ha tenido que recurrir a nuevos aliados en busca de legitimidad y oxígeno económico para mantener su modelo autoritario. Recientemente, el Gobierno ha anunciado acuerdos con Irán, Rusia y China, tras romper relaciones con Taiwán, isla que fue la principal donante del régimen. “Todo parece indicar que Ortega está dispuesto a seguir tirando de la cuerda (incrementando la represión, buscando el paraguas de sus nuevos socios estratégicos de Rusia y China, renunciando a la OEA, emitiendo declaraciones en contra de Colombia, considerando a EEUU un problema sistémico, etcétera), lo que indica que promueve una estrategia heavy metal para obtener concesiones internacionales que, desde su perspectiva, garanticen su permanencia en el poder y su papel en tablero político centroamericano”, afirma el analista Vargas.

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