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Periódicos de izquierdas y de derechas han definido a Jonathan Sumption como “la mente más brillante del Reino Unido”, y fue él quien defendió al oligarca Roman Abramóvich frente a su exsocio y luego enemigo acérrimo, Boris Berezovsky. En los mentideros legales se habló de una minuta que rondó los seis millones de euros. Fue en 2012. Un año después, Berezovsky, el oligarca que prosperó con Boris Yeltsin pero tuvo que huir de Rusia por su enfrentamiento visceral con Vladímir Putin, apareció ahorcado en el baño de su mansión de Sunninghill, en la campiña inglesa. Abramóvich disfrutó de una década de triunfos deportivos, al frente de su Chelsea F.C., y un establishment británico dispuesto a mirar para otro lado, ignorar el origen de su fortuna, y ponerle la alfombra roja.

El bombardeo en 2014 del rutilante Dombas Arena de Donetsk, único estadio de fútbol con categoría de seis estrellas de la UEFA, alertó a los viejos dirigentes ingleses que periódicamente se reunían en las oficinas del Chelsea sobre la guerra indescifrable que dividía el sudeste de Ucrania. Cuando el dueño del club les invitó a un café, lo primero que hicieron fue preguntarle por la postura de su amigo Putin. Según uno de los presentes en esa reunión informal, su respuesta fue sombría. “No creo que esta guerra tenga solución”, les dijo Abramóvich. “Entre Putin y Yeltsin hay una diferencia importante. Yeltsin tenía cosas negativas que son muy positivas en este tipo de conflictos, mientras que Putin tiene cosas positivas que se convierten en negativas en situaciones así. Putin debería leer menos libros de historia y ver menos películas del Telón de Acero”.

La opinión pública británica, en mayor o menor grado, jamás dejó de relacionar a Abramóvich con la mafia rusa. Pero el consejo de sabios del Chelsea le tuvo por un benefactor excéntrico. Alguien poco amigo de sonreír, dueño de un sentido del humor cáustico, adusto pero cortés, sin pretensiones de clase y sensible para escuchar, incluso cuando le advertían de que estaba tirando su dinero a la basura porque invertía constantemente en proyectos y bienes sobrevalorados o deficitarios, repartido como andaba entre el ocio, el arte, y sus obsesiones altruistas, como la financiación con decenas de millones de euros del Museo del Holocausto de Yad Vashem.

Hablaba poco de política rusa pero cuando lo hacía, sin darse mucha importancia, todos sabían que su autoridad era insuperable. Ese día del verano de 2014 sus interlocutores interpretaron que mientras que a Yeltsin le gustaba más la vida que el poder, a Putin no había manera de comprarle cuando se interponía su sueño bizantino de recuperación de la Unión Soviética. “Esto”, dice esta fuente; “para los oligarcas rusos, que son los más hedonistas, siempre fue un problema”.

El que se convertiría en el más poderoso y célebre de los oligarcas rusos fue un personaje casi anónimo hasta 1999. Tan huidizo que cuando aquel año Putin se hizo cargo de la jefatura del Gobierno de Boris Yeltsin, ningún medio de comunicación había publicado una foto suya, aunque para entonces ya era el propietario de Sibneft, la mayor productora de petróleo de Rusia.

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Alexei Venediktov, entonces director de Radio Ekho de Moscú, advirtió movimientos inusuales en el Kremlin, cuando en la mañana del 9 de agosto de 1999 Putin se bajó del coche oficial que lo dejó en la puerta del Edificio de la Presidencia, en su primer día en el cargo. Agonizaba el segundo mandato de Yeltsin y los funcionarios de alto rango se apelotonaban en los pasillos como actores esperando la llamada del supervisor del casting. Por turnos entraban en el despacho donde Abramóvich, por entonces un joven barbudo de 33 años, les interrogaba pacientemente antes de certificar su idoneidad para ocupar los distintos ministerios.

Cerca del poder

Abramóvich formaba parte de lo que en Moscú llamaban La Familia, un grupo tan allegado a Yeltsin que acabó por reunirse sistemáticamente en su dacha. “Te prometo que no estoy interesado en la política”, le dijo a Venediktov cuando le vio por última vez, según contó el periodista a los autores del libro Abramóvich, el milmillonario de ninguna parte. “Cuando le recordé cómo le vi con mis propios ojos mientras ayudaba a seleccionar al primer gabinete de Putin, él me dijo: ‘Eso nunca sucedió”.

Nació en Saratov en 1966 en el seno de una familia pobre de origen judío. Antes de cumplir tres años se quedó huérfano de madre y de padre y pasó al cuidado de tíos y abuelos. Abandonó el colegio a los 16 años, trabajó como mecánico e incluso probó suerte en el Ejército Rojo. Su aventura empresarial comenzó con la venta de juguetes de plástico en mercadillos callejeros. Pero cuando Mijaíl Gorbachov legalizó la iniciativa empresarial privada fundó Uyut, una compañía de fabricación de juguetes que le permitió ganar 20 veces más que un funcionario medio y le puso en contacto con la Administración en el momento en que colapsaba la Unión Soviética.

Abramóvich detectó su oportunidad haciéndose con una licencia de exportación de hidrocarburos. “Una licencia de exportación a comienzos de los noventa en Rusia equivalía a una licencia para imprimir dinero”, observó Christia Freeland, del Financial Times. Empezó a comerciar con petróleo y gas, dos recursos abundantes en Rusia y mal gestionados durante la época soviética. Su privatización, en connivencia con la autoridad del momento, creo gran parte de esa saga de mega multimillonarios, los llamados oligarcas.

Ahogado por la crisis económica de 1995, Yeltsin necesitaba fondos para reconstruir la confianza en su Gobierno y ganar las siguientes elecciones. Los consiguió mediante un plan de préstamos por acciones que se convirtió en el programa privatizador más colosal de la historia. Fue así como Abramóvich y su socio, Boris Berezovsky, pidieron un crédito y mediante el diseño de múltiples sociedades simularon la puja que les permitió adquirir el 49% de Sibneft por 100 millones de dólares. El Gobierno se financió a cambio de malvender las compañías estatales en un marco repleto de lagunas legales. Si la operación no fue revisada fue porque el propio Yeltsin ignoró al chivato de la Cámara de Auditoría de la Federación Rusa, que en 1998 estimó que “el valor de mercado del 51% de Sibneft era de 2.800 millones de dólares, 25 veces superior al precio inicial subastado”.

Son pocos los oligarcas rusos que salieron indemnes de la transición de Yeltsin a Putin. Si Abramóvich prosperó fue por su olfato para interpretar que debía ponerse del lado de Putin en los sucesivos conflictos que enfrentaron al presidente con los capitalistas. Cuando Putin se propuso nacionalizar la producción de energía, cedió de inmediato. En septiembre de 2005, tras recoger 1.000 millones en dividendos, vendió Sibneft a Gazprom por unos 9.000 millones de euros. La operación le convirtió en el hombre con más liquidez del mundo un año después de comprar el Chelsea por 150 millones. “Para nosotros fue como ganar la lotería”, recuerda un dirigente del club que prefiere el anonimato.

Por sus vínculos con la comunidad judía de Ucrania, el Gobierno de Volodímir Zelenski le propuso como intermediario en las negociaciones de paz que mantiene con Rusia desde hace una semana. La presencia de Abramóvich en la conferencia de Bielorrusia contrasta con su precipitado distanciamiento de Londres y con la puesta en venta del Chelsea.

La invasión de Ucrania ha colocado a los poderosos del Reino Unido ante la evidencia de sus relaciones con los multimillonarios rusos a los que ahora amenaza con sanciones. Abramóvich es el epítome de esta riqueza. El Gobierno de Boris Johnson, sin embargo, ha sido incapaz hasta ahora de ir a por el oligarca más famoso de todos.

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24Horas.cl Tvn

31.05.2021

Desde heridas que prevalecen y parecen no mejorar, hasta lunares nuevos o antiguos que van cambiando su forma, textura y color.  

Estos son algunos de los síntomas visibles del melanoma, un tipo de cáncer a la piel que, según explica American Cancer Society, conforma solo el 1% de los casos de este tipo de cáncer, pero es el principal causante de muerte entre estos.

Según los últimos informes publicados por la organización internacional del cáncer Globocan, durante el año 2020 se reportaron 857 casos por melanoma en la piel en Chile. La organización catalogó este tipo de cáncer como uno de los que más ha aumentado su incidencia en el Occidente.

A esto, se le suma el reporte del Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) donde se da cuenta de un promedio de 462 fallecimientos por melanoma y otros tumores malignos por año, entre 2016 y 2019.

*Los datos de 2020 aún se siguen actualizando.

¿Cómo es la enfermedad?

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El cáncer de melanoma habita, principalmente, en la piel y ocurre cuando las células que producen el pigmento que le da color a esta se vuelven cancerosas. Las causas exactas aún no están claras, pero sí existe la certeza de que la exposición a la radiación solar aumenta el riesgo de padecer este tipo de cáncer.

Según American Cancer Society, comúnmente el riesgo de contraer este tipo de cáncer se incrementa al envejecer. Sin embargo, plantean que esto nos es en todos los casos y el cuidado para prevenir debe iniciar en edades tempranas.  “Al momento del diagnóstico, la edad promedio de las personas es de 65 años. Pero el melanoma no es poco común incluso entre las personas menores de 30 años. De hecho, es uno de los cánceres más comunes en los adultos jóvenes (especialmente en mujeres jóvenes)”, afirman.

Además, agregan que el melanoma es más común en hombres que en mujeres. Sin embargo, en las personas menores a 50 años las tasas de las mujeres superan a los hombres.

Si bien el melanoma no es una enfermedad frecuente entre los tipos de cáncer a la piel, se cataloga como uno de los más peligrosos, debido a las altas probabilidades que tiene de esparcirse por otras partes del cuerpo y su rapidez en el crecimiento. De ahí, la importancia de la detección temprana.

Detección temprana: ABCDE de los lunares

Si existen antecedentes familiares de cáncer, tienes muchos lunares y/o estás expuesto más al sol por tu localidad de residencia, trabajo o pasatiempos, debes observar los cambios en tu piel. Una forma de guiarte es recordando el ABCDE de los lunares que pueden indicar la presencia de un melanoma.

 

Usar protector solar incluso en días nublados, evitar la exposición continua al sol y el uso de medios artificiales de radiación, como solarium, son consejos de los especialistas para cuidar tu piel y evitar este tipo de cáncer que podría ser mortal.



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