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Luego de un prolongado período de negociaciones y gestiones legales, el Gobierno venezolano ha decidido devolver a sus dueños el Centro Comercial Sambil La Candelaria, un gigantesco centro comercial construido en una zona muy transitada del centro de Caracas por la constructora del mismo nombre, y que había sido expropiado por el fallecido Hugo Chávez en el año 2008, cuando estaba a punto de ser inaugurado.

La noticia causó cierta sorpresa en la opinión pública, parte de la cual no quería darle crédito a los rumores sobre la devolución del inmueble. Esta medida viene a engrosar una lista en progreso de bienes y activos –fincas, hoteles e industrias- que fueron expropiados y estatizados por el chavismo en estos años, cuando estaban en su mayoría en excelentes condiciones, y que ahora son selectivamente devueltos a sus propietarios originales, casi siempre en medio de un gran deterioro.

El proceso de devolución del Sambil La Candelaria –una gran edificación de 5 pisos y 21.000 metros cuadrados– fue gestionado en la denominada Comisión legislativa de Diálogo, Paz y Reconciliación Nacional, creada luego de la cuestionada elección del parlamento en 2020, que domina el chavismo, e integrada por diputados chavistas y opositores moderados.

Vista superior del centro comercial Sambil de La Candelaria.
Vista superior del centro comercial Sambil de La Candelaria.Andrea Hernández Briseño (EL PAÍS)

La constructora Sambil es propiedad de la familia Cohen, venezolanos de origen judío que han levantado numerosos condominios residenciales en Caracas en estas décadas, y que se hizo célebre por haber construido estas gigantescos y populares plazas comerciales de consumo y entretenimiento masivo, en la capital, y también en ciudades como Maracaibo, Valencia, Barquisimeto, San Cristóbal y Punto Fijo, así como en la vecina isla de Curaçao, República Dominicana, e incluso en Madrid, España. El primer Centro Sambil, terminado en 1998, fue construido en la zona de Chacao.

Cuando el éxito de los centros Sambil era arrollador, y la organización planificaba sus planes de expansión, tuvo lugar el incidente del Sambil La Candelaria. Estando muy cerca de ser inaugurado, un Hugo Chávez en la cumbre de su popularidad, y en pleno proceso de profundización revolucionaria, cuestionó la construcción del centro comercial y ordenó a la Alcaldía de Caracas que expropiara la obra.

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“En esa zona de La Candelaria, donde no cabe un alma, van a levantar un Sambil. Eso va a colapsar el centro de Caracas. No, no y no. Ese centro comercial no va ahí. Vamos a expropiar eso y a convertirlo en una clínica, no sé, en una escuela, una universidad”, afirmó Chávez en 2008. Aunque muy protestada por la oposición, la medida fue acatada de inmediato y sin fisuras por el chavismo. “¿Cómo vamos a hacer el socialismo entregándole los espacios vitales del pueblo al Sambil o a ese comercio desmesurado, consumista? Aquí en Caracas una hectárea vale oro”, afirmó entonces.

Mural del empresario colombiano Alex Saab en una esquina del centro comercial Sambil de La Candelaria el 19 de marzo de 2022.
Mural del empresario colombiano Alex Saab en una esquina del centro comercial Sambil de La Candelaria el 19 de marzo de 2022.Andrea Hernández Briseño (EL PAÍS)

Los asesores de Chávez le hicieron saber que era imposible tener una clínica o una universidad en aquellas estructuras. Los Cohen guardaron silencio, y aunque no se fueron de Venezuela, se concentraron en proyectos de construcción en el exterior.

En todo este tiempo, las estructuras del Sambil La Candelaria, estuvieron abandonadas y en ruinas. Por un tiempo, el Gobierno de Chávez metió en su seno a refugiados y damnificados por causa de las lluvias. Fue centro de acopio y depósito de materiales de construcción. Se intentaron infructuosamente variantes de “comercio socialista”. Colectivos y organizaciones sociales del chavismo organizaron en estos espacios actividades políticas y entregas de juguetes a personas en la extrema pobreza.

“Esos refugiados lo que hacían era portarse mal, orinarse en las calles, robar. Chávez ha sido una desgracia para Venezuela. Estoy contento, claro, como todo el mundo, porque con esto hay oportunidades para trabajar, a lo mejor hasta lo meten a uno ahí, quien quita”, afirma Douglas Matos, que trabaja en la calle aparcando coches.

Douglas Matos posa para un retrato frente al centro comercial Sambil de La Candelaria en Caracas, Venezuela.
Douglas Matos posa para un retrato frente al centro comercial Sambil de La Candelaria en Caracas, Venezuela.Andrea Hernández Briseño (EL PAÍS)

“De noche, por acá no se podía pasar, menos mal que desalojaron a esos refugiados. Eso era oscuridad, desorden, suciedad. Yo estoy feliz con esta noticia, soy vecina de la zona y camino mucho por acá. Un centro comercial es luz, oportunidades de empleo, comercio, más seguridad” dice Carmen Alvarado, quien trabaja en una panadería que está al lado del recinto.

“Esta zona ha estado horrible estos años. Parecía un baño público. Cuando sacaron a los refugiados y a los colectivos, ha mejorado mucho, quedó más tranquilo. El centro comercial es fuente de trabajo y entretenimiento. No solo yo, todos los vecinos de La Candelaria están contentos con esta noticia. No conozco a uno que no lo esté, hasta los chavistas lo quieren”, afirma Lina Pérez, una ama de casa de la zona.

Al comunicar formalmente la novedad, Alfredo Cohen, propietario de la constructora Sambil, publicó en su cuenta de Instagram un video dentro del mall. “Tengo una enorme emoción. Puedo decir que las instalaciones están en buenas condiciones. Hay pocas cosas dañadas. Nos preparamos desde ya para trabajar con nuestros comerciantes y contratistas para tener este lugar abierto que va a generar más de 3.500 empleos.”

Los vecinos han sido informados de que el Sambil La Candelaria debe estar en operaciones en noviembre de este año. “No me explico por qué Chávez expropió el Sambil. Con eso no ganó nadie. Inversión, oportunidades, empleo es lo que necesitamos en el país. La mejora de la zona valoriza estos apartamentos, las autoridades municipales pueden recaudar más recursos. Todo el mundo gana”, afirma Henry Rodríguez, vendedor ambulante y vecino.

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El ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, junto a la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, la semana pasada.
El ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, junto a la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, la semana pasada.RUSSIAN FOREIGN AFFAIRS MINISTRY (EFE)

Un día Nicolás Maduro asegura su apoyo irrestricto a Vladímir Putin en Ucrania. Al otro, modera su respaldo y llama al diálogo entre los dos países en conflicto, justo después de recibir en Miraflores a la delegación estadounidense de más alto nivel que visita Venezuela desde 1999. Cuatro días después, su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, se hace fotos con el canciller ruso, “el amigo Serguei Lavrov” en Turquía, en un encuentro en el que, aseguraron, hablaron sobre sus relaciones bilaterales. Así comienza Venezuela un juego a dos bandas en el terreno internacional.

El vuelco que ha dado la geopolítica mundial en el último mes sin duda abre una ventana de oportunidad a Maduro. El chavismo surfea la ola de la crisis por la invasión rusa a Ucrania para intentar mejorar su posición, después de años arrinconado por las sanciones económicas de Washington y los señalamientos de violaciones a los derechos humanos por las que le espera una investigación en la Corte Penal Internacional.

La reunión del 5 y 6 de marzo entre representantes de la Administración de Joe Biden y Nicolás Maduro sorprendió a todos. Ambas partes han reconocido que discutieron asuntos de “seguridad energética”. Tras el encuentro, el chavismo ha enviado alguna señal sobre peticiones que insistentemente ha hecho Estados Unidos. Anunció que retomará las negociaciones en México, de las que se levantó después de la extradición del empresario Álex Saab, acusado de lavado de dinero y señalado como testaferro de altos cargos del Gobierno, un tema que no ha vuelto a ser mencionado, especialmente desde que se supo que el colombiano estaba colaborando con la DEA desde 2018. También liberó a dos estadounidenses detenidos arbitrariamente, en respuesta a una negociación que llevaba meses empujando el enviado especial para rehenes Roger Carsten.

Pero un objetivo ulterior de este acercamiento tiene que ver directamente con el contexto energético, en el que Rusia, uno de los principales productores de petróleo del mundo, ha sido vetado por Estados Unidos y Reino Unido. La nación norteamericana era el mejor cliente —comprador seguro y buen pagador— que tenía Venezuela en la venta de petróleo hasta que en 2019 se impuso el embargo.

En ese convulso año en el que Juan Guaidó desafió al chavismo y logró un reconocimiento internacional como presidente interino, Maduro hizo movimientos para blindarse. Uno de ellos fue mudar la sede que tenía PDVSA en Europa de Lisboa a Moscú. Un año después, Washington respondió con la aplicación de sanciones a Rosneft —el puntal petrolero de Putin, una compañía estatal con capital privado ruso— por ignorar el veto que había puesto sobre las transacciones con PDVSA. Los rusos no tardaron en retirar sus inversiones en Venezuela y marcharse, pero siguieron asumiendo un importante rol en la arquitectura comercial de la venta del sancionado petróleo venezolano.

“La soluciones que ofrecía Rusia con la comercialización del crudo, alguna que otra inversión y el lavado de activos ya no están en la mesa”, señala el internacionalista Andrei Serbin, especializado en temas de defensa. “Pero Venezuela pasó de ser el socio más aislado de Rusia al menos aislado en este momento”, agrega el analista, para quien el renovado vínculo con Estados Unidos no significa un deslinde total de los rusos, sino una instrumentalización de la relación.

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Estados Unidos ha tratado de bajarle el volumen a uno de los asuntos discutidos con Maduro: la posibilidad de que Venezuela vuelva a ser su proveedor de crudo y tome el mercado que suplía Rusia, apenas 1% de su consumo y 3% de sus importaciones. Otro de los temas discutidos ha sido la reapertura de los vuelos entre ambos países, que ayudaría a salir de parte de su aislamiento al país sudamericano.

Esta vuelta a las relaciones comerciales podría ocurrir a partir del levantamiento de sanciones o la emisión de licencias especiales a empresas como Chevron para retomar las operaciones en cuatro campos petroleros en el país sudamericano; también a la petrolera india Reliance que ha hecho una fuerte inversión en cabildeo para obtener permisos para seguir comprando crudo merey a PDVSA. Esta es una opción que podría considerar Washington ante el actual descalabro del mercado energético mundial y lo que esto puede suponer para la política interna estadounidense por el alza de los combustibles.

“Desde que Biden asumió el poder ha habido una aversión a tomar una posición activa o relevante sobre lo que llaman el expediente Venezuela”, apunta el abogado Mariano de Alba, especialista en Derecho Internacional. “No hay decisión fácil y rápida sobre Venezuela y en el Congreso hay importantes figuras en ambos partidos que ven con malos ojos esto que está ocurriendo. Reunirse con Maduro tiene un costo político. El descontento no va a cambiar, pero Biden tiene que asumir el riesgo y dar la impresión de que está haciendo cosas para que la gasolina no suba a precios exorbitantes de cara a las elecciones de medio término”.

Maduro también tiene un serio problema interno que resolver. Debe lograr una notable mejora económica de aquí al 2024 para asegurarse ser candidato del chavismo en las presidenciales de esa fecha, para lo que necesita no solo los votos de los venezolanos sino el apoyo dentro de su coalición, donde hay quienes ponen en entredicho la fuerza de su liderazgo para asegurar la permanencia en el poder.

Las elecciones regionales del 21 de noviembre de 2021, pero sobre todo la repetición de las del Estado de Barinas, el feudo de los Chávez, han sido un plomo en el ala para Maduro. Pese a todo el esfuerzo y el derroche de recursos, perdieron esa importante plaza, “por lo que en el chavismo hay mucho temor de lo que pueda ocurrir en 2024″, apunta De Alba.

“La gran apuesta de Maduro fue aumentar los vínculos con Rusia, China, Irán, Turquía, pero los resultados no se han dado a la velocidad que se esperaba. Ahora su aliado más importante está en una situación bastante complicada y de largo plazo”, señala el también asesor sénior de International Crisis Group. “Maduro no tiene la intención de traicionar a Putin, sino explorar qué réditos puede sacar de este acercamiento con Estados Unidos, haciendo las menores concesiones posibles, aumentando los ingresos y terminando de enterrar al Gobierno interino de Juan Guaidó para llegar a una mejor posición en 2024″.

Aun así, de Alba advierte que esta relación que apenas inician Venezuela y Estados Unidos es frágil y dependerá también de los avances que puedan darse en México. “Va a ser una relación tensa, porque hay muchos enemigos del proceso”. Todo está por verse en el turbulento escenario geopolítico mundial.

La Casa Blanca ha tenido que aclarar esta semana que el acercamiento no implica un reconocimiento a Maduro como presidente y ratificar su respaldo a Juan Guaidó. Durante el viaje a Turquía de la delegación venezolana, el canciller Félix Plascencia lanzó que si Estados Unidos quiere retomar las relaciones deben “aceptar que el único y legítimo Gobierno de Venezuela es el que lidera el presidente Nicolás Maduro”.

Maduro tiene que construir una narrativa sobre el punto medio y maniobrar con las fisuras que pueda generar este paso después de años de retórica antiamericana. Dentro de las facciones de poder del chavismo el impacto ha tenido distintos tenores. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino, asiduo viajero a Moscú, se ha sumado a la tesis del diálogo y ha condenado la aplicación de sanciones a Rusia. Diosdado Cabello, cabeza del Partido Socialista Unido de Venezuela, inicialmente desdijo a Maduro sobre el regreso a las negociaciones y en los últimos días ha señalado que “Venezuela tiene el petróleo que Estados Unidos necesita, pero tienen que pagarlo”. Desde la Asamblea Nacional, plegada a Maduro, diputados chavistas lanzaron proyecciones sobre que, si se levantan las sanciones, para mediados de año PDVSA podría vender crudo a Estados Unidos y Europa.

En tiempos de Hugo Chávez se comenzó a forjar la relación Rusia-Venezuela. Las primeras inversiones se centraron en la construcción de viviendas y la venta de armas y suplementos militares. Una eterna promesa de esta alianza ha sido el levantamiento en Venezuela de la primera fábrica de fusiles kalashnikov de América Latina, ofrecida en 2001 y que el Gobierno ruso aseguró el año pasado que podría inaugurarse este 2022. Chávez también intentó proveer a Rusia de flores venezolanas como las orquídeas, calas y gerberas. Este negocio germinó en una mesa en Moscú adornada con lirios en la que estaban reunidos los dos mandatarios, pero se marchitó rápidamente. “¿Esas flores de dónde vienen?” le preguntó Chávez a Putin, contó Nicolás Maduro años atrás, cuando el líder bolivariano estaba recién fallecido y el sucesor rearmaba sus alianzas.

Tanto Serbin como el politólogo Jonathan Benavides, especialista en geopolítica de Rusia, coinciden en que esta alianza se ha sobreestimado y el valor agregado que daba el Kremlin a Maduro ya no está tan claro. “La presencia rusa en Venezuela está centrada en instancias de soporte técnico para el material militar, capacitación y entrenamiento y apoyo operativo en los sistemas de defensa antiaéreo y el uso de drones. Pero no hay bases militares rusas en Venezuela”, apunta Serbin.

Para Benavides la presencia rusa en Venezuela ha sido más de discurso para alimentar las tensiones con Occidente. “Es la amenaza creíble de que están tocando el patio trasero de Estados Unidos, así como ellos se han metido en el de Rusia”, señala el profesor universitario. “Es una alianza estratégica para molestar a Estados Unidos”. Pero agrega que en términos de intercambio comercial, Rusia provee 80% del trigo que consume Venezuela. La guerra podría significar una escasez del rubro en un país que ya arrastra una crisis alimentaria, dentro de la emergencia alimentaria mundial que han pronosticado que traerá el conflicto en Ucrania.

“Hay temas que había que hablar con Rusia”, comenta Benavides sobre la reunión entre Delcy Rodríguez y Serguei Lavrov. La más importante es el movimiento del dinero de la venta del petróleo venezolano que está en bancos rusos sancionados por Estados Unidos. También otros asuntos como el futuro de la oficina de la estatal Conviasa en Moscú que había anunciado el aumento de frecuencias a la capital rusa y de la sede de la PDVSA. El analista político también apunta a una segunda tesis para explicar este encuentro justo después del que tuvieron con Washington. “Es posible especular que se esté usando a Venezuela como un canal de comunicación entre las dos potencias y es válido hacerlo porque en todas las guerras puedes estar en conflicto armado en la calle y en las oficinas estás buscando canales de contacto”.

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El ministro de Exteriores, Sergei Lavrov, junto a Delcy Rodríguez, durante el encuentro de este jueves en Antalya, Tuquía, días después del acercamiento de Maduro con la Casa Blanca.
El ministro de Exteriores, Sergei Lavrov, junto a Delcy Rodríguez, durante el encuentro de este jueves en Antalya, Tuquía, días después del acercamiento de Maduro con la Casa Blanca.RUSSIAN FOREIGN AFFAIRS MINISTRY (EFE)

La vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez y el canciller Félix Plasencia se reunieron este jueves con el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, en Turquía, en medio de la crisis por la invasión a Ucrania. El encuentro, de cuyas conversaciones aún no ha trascendido información, se produce apenas cuatro días después de que una delegación estadounidense visitara Venezuela para dar inicio a un inesperado acercamiento entre Washington y Caracas, sin relaciones diplomáticas desde hace tres años y con una fuerte tensión por las sanciones impuestas al país petrolero.

Tanto Nicolás Maduro como la Casa Blanca confirmaron el lunes el inicio de las conversaciones —el fin de semana pasado— en la que ha sido la visita de más alto nivel de funcionarios estadounidenses a Caracas en años. El líder bolivariano las calificó de respetuosas y rebajó en su discurso el apoyo irrestricto a Vladímir Putin en el conflicto, tomando una postura más moderada, cercana a la de China y Cuba que abogan por el diálogo para resolver la crisis entre Rusia y Ucrania.

Como parte de ese viraje en la política exterior venezolana, Delcy Rodríguez aseguró que Venezuela “nunca estaría en las filas de la guerra”. Luego del encuentro con los representantes de la Administración de Joe Biden, Maduro anunció el regreso a las negociaciones con la oposición en México, una reiterada petición de Estados Unidos. El diálogo estaba congelado desde octubre pasado, cuando el chavismo se retiró en protesta por la extradición a Estados Unidos del empresario Alex Saab, acusado por lavado de dinero y señalado como el presunto testaferro de altos cargos venezolanos. Caracas también liberó a dos estadounidenses, uno de ellos un exgerente de la refinería Citgo, detenidos arbitrariamente desde hace varios años. Dos pasos que evidencian el interés de Maduro de mantener el canal de comunicación abierto haciendo algunas concesiones.

Estados Unidos acude a Venezuela en medio del descalabro del mercado energético mundial a raíz de la invasión rusa, que ha disparado los precios del petróleo. La Casa Blanca señaló que en la agenda de la reunión se incluyeron asuntos de “seguridad energética”. Esto abre la posibilidad de que Venezuela vuelva a convertirse en un proveedor de crudo para la nación norteamericana, tomando la pequeña cuota que aportaba Rusia, cuyo petróleo ha sido vetado por Estados Unidos y Reino Unido. Hasta ahora, Rusia no ha reaccionado públicamente a estos acercamientos, que suponen un vuelco en la geopolítica de la región y del conflicto.

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Juan Guaido (C), ofrece una habla a la prensa la semana pasada en Caracas, cuando todavía no se había dado a conocer la entrevista.
Juan Guaido (C), ofrece una habla a la prensa la semana pasada en Caracas, cuando todavía no se había dado a conocer la entrevista.DPA vía Europa Press (Europa Press)

Los miembros más conocidos de la oposición venezolana han asistido atónitos al acercamiento entre altos funcionarios de Estados Unidos y el líder bolivariano Nicolás Maduro. Tanto que se han quedado sin palabras. El mutismo de la plana dirigente opositora fue particularmente notorio el día sábado 5 de marzo, cuando se celebró el encuentro. Juan Guaidó, el opositor más destacado, dijo este miércoles, cuatro días después, que solo una Venezuela democrática podría ser “un proveedor energético confiable y eficiente para el mundo”. Fuera de esa alusión, ni siquiera se ha referido a la reunión de forma directa, como si no hubiera existido.

Según Washington, en ese encuentro hablaron de “seguridad energética” y de la situación de estadounidenses detenidos arbitrariamente en Venezuela. Las conversaciones se producen en medio de la invasión de Rusia a Ucrania, mientras el mundo afronta el alza en los precios del petróleo frente a la amenaza de veto a la producción rusa, que en el caso estadounidense se concretó este lunes. El martes, el Gobierno chavista liberó al menos a dos presos estadounidenses, uno de ellos un ejecutivo de la refinería Citgo que fue detenido arbitrariamente en noviembre de 2017 y el otro, un cubanoamericano arrestado en 2021 por llevar encima un dron, por lo que se le acusaba de terrorismo.

En unas declaraciones posteriores al encuentro con los estadounidenses, Maduro abrió también la posibilidad de retomar las negociaciones de México, rotas en protesta por la detención del empresario colombiano y su presunto testaferro Alex Saab, que afronta un juicio por lavado de dinero en Miami. Aunque en las filas opositoras nadie ha querido ofrecer alguna explicación de la reunión de la delegación estadounidense con el chavismo, las fuentes consultadas insistieron en que la reunión de los funcionarios estadounidenses con Maduro “ya se sabía” cuando se hizo pública.

La delegación estadounidense presente en Caracas conversó también con Guaidó y Gerardo Blyde, quien fuera el delegado de la oposición venezolana en el diálogo con el oficialismo establecido el año pasado en México y ahora paralizado. Fue el domingo, después de haber ido a Miraflores. Según esas fuentes, James Story, el embajador estadounidense en Caracas; Juan González, asesor de la Casa Blanca para América Latina, y Roger Carstens, enviado especial para asuntos de rehenes, se reunieron además en Bogotá con representantes de los partidos más importantes de la oposición, agrupados en la llamada Plataforma Democrática para hablarles del plan.

El silencio de la dirigencia, sin embargo, ha sido notorio. Entre los partidos opositores, sin criterio unitario para atender este nuevo escenario, destaca como excepción el comunicado de Primero Justicia, uno de los más importantes del bloque, en la cual se esbozan algunas declaraciones generales de principios que bordean la circunstancia del encuentro sin entrar a calificarla o ponderarla.

El texto habla del compromiso del campo democrático con la negociación y el diálogo político; de la necesidad de reactivar la agenda de México y del imperativo de organizar unas elecciones limpias y justas “en las que la ciudadanía derrote a Nicolás Maduro y retome la senda de la calidad de vida”. Para ello, agrega, “es fundamental atender las demandas del informe de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea sobre las elecciones regionales de 2021″.

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Hace poco más de una semana, un grupo importante de dirigentes opositores, —Stalin González y tres gobernadores recién electos—, se había reunido en Bogotá con el embajador Story. El objetivo de los políticos venezolanos era intercambiar reflexiones con el diplomático sobre los perjuicios de las sanciones internacionales. Se habló de fortalecer las condiciones para que ambas partes se sienten en la mesa de trabajo en México, una perspectiva que estaba siendo abordada con optimismo en los corrillos políticos e informativos de estos días.

“Los resultados de los primeros contactos entre Estados Unidos y Maduro no han sido espectaculares, ni nada digno de ser llamado un viraje” comenta Julio Castillo, dirigente político opositor, profesor universitario y articulista de prensa. “Es natural que el Gobierno de Estados Unidos sienta la necesidad de ir a buscar al Gobierno de Venezuela luego de la crisis con Rusia y sus implicaciones energéticas y petroleras. Pero en las formas, claro que hay un cambio de actitud para con el Gobierno interino. Nada de esto impedía al Gobierno de Estados Unidos hacer lo que procede diplomáticamente, esto es, avisar con antelación de la iniciativa.”

El Gobierno de Estados Unidos ha reiterado que reconoce y apoya a Juan Guaidó, y no parece estar planteando un cambio en este tema al menos en el mediano plazo. Victoria Nuland, subsecretaria de Estado, se lo sostuvo reiteradamente al senador Marco Rubio, con quien tuvo un prolongado careo en el Congreso en la cual ésta le aseguró que Guaidó fue informado previamente de toda la operación mientras Rubio se lo negaba.

El propio Joe Biden ha declarado que Guaidó estaba al tanto del paso dado, y que lo siguen reconociendo como presidente legítimo del país. “Pero aquí hay un cambio de conducta”, sostiene Castillo, “Estados Unidos podría estar tentado a escuchar otros factores, a valorar otros puntos de vista, a proponer una ampliación de la representación opositora en el diálogo con el chavismo en México.”

Aunque en estos encuentros se ha conversado sobre la necesidad de procurar un adelanto de elecciones, el acercamiento de Estados Unidos a Miraflores, y el horizonte y objetivos inmediatos de la mayoría de las organizaciones opositoras del momento, sugiere que, en lo tocante a una cita electoral o un acuerdo con el chavismo, todos los caminos conducen a 2024, fecha en la cual el cuestionado Gobierno de Maduro debe terminar su período.

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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, la semana pasada en Caracas.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, la semana pasada en Caracas.Rayner Peña R (EFE)

Las autoridades venezolanas anunciaron el arresto de dos diputados y dos alcaldes, pertenecientes al oficial Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), acusados de los delitos de corrupción y narcotráfico, y de dos fiscales del Ministerio Público, junto a otros trabajadores de la estatal Petróleos de Venezuela, por formar parte de una red de traficantes de gasolina. Las detenciones responden a una iniciativa anticorrupción denominada operación Mano de Hierro, que ha sido muy comentada estos días por el presidente Nicolás Maduro, y por otros mandos de la revolución bolivariana, como Diosdado Cabello, Tarek El Aissami y Jorge Rodríguez.

El Gobierno ha dado a entender que se trata de un operativo en desarrollo, a gran escala, que busca combatir a las mafias enquistadas en el Estado venezolano que trafican con gasolina y sustancias ilícitas en algunas zonas del país. Estos grupos han sido responsabilizados de ser los causantes de la escasez de ciertos bienes en el pasado.

La alcaldesa judicializada es Keyrineth Fernández, del municipio Jesús María Semprún, y junto a ella dos diputados, Taína González y Luis Viloria. Fernández es una dirigente indígena juvenil del Estado Zulia con un discurso político comprometido e intransigente. La Policía Nacional Bolivariana informó tras detenerla de que portaba seis kilos de cocaína. Algunas versiones informativas han denunciado que Fernández ya había sido señalada por esas causas en el pasado y a pesar de eso estaba en libertad. Se acusa a los tres de formar parte de una red de narcotráfico que operaba entre los Estados occidentales de Zulia y Falcón.

Tarek El Aissami, actual Ministro de Petróleo –exministro del Interior y abogado criminalista-, está a cargo de esta operación y ha declarado que el Gobierno de Maduro “llevaba varios meses” trabajando para dar con los hilos de esta organización. “Presentamos este duro golpe al pueblo para que quede claro que no se aceptará ni se dará tregua a los funcionarios corruptos que fueron electos por voluntad soberana”, añadió.

Por su parte, el Fiscal General del régimen chavista, Tarek William Saab, anunció la detención de Jorge Peña, Fiscal Superior del estado Delta Amacuro, y Manoel Gil Da Silva, Fiscal Superior del Estado Bolívar, al oriente y sur oriente del país, acusados, junto al alcalde del municipio Independencia, Carlos Vidal, de traficar y contrabandear gasolina, un bien escaso en la Venezuela de Maduro en los últimos años. En el operativo fue apresado también Juan Carlos Barragán, un trabajador de Petróleos de Venezuela.

“El PSUV condena de manera absoluta, clara, diáfana, total, cualquier acto de desviación de los valores revolucionarios, más cuando estos actos tengan que ver con hechos de corrupción, de narcotráfico, de delincuencia organiza”, ha declarado a su vez Diosdado Cabello, numero dos del régimen chavista y vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela. Cabello ha confirmado que estas personas han quedado expulsadas de la organización.

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El agravamiento de la corrupción como un mal endémico en Venezuela ha sido uno de los argumentos más usados por la oposición venezolana cuando toca hacer un diagnóstico sobre las causas del derrumbe de la economía venezolana y el fracaso del modelo de desarrollo chavista. Lo habitual es que la dirigencia bolivariana no dé respuesta a estas acusaciones. El tono de algunos altos dirigentes del chavismo estos días, sin embargo, indica que esta operación está en desarrollo y que puede caer más gente, dirigentes políticos o funcionarios comprometidos en delitos graves.

“Si a algún otro diputado lo cazamos, no necesitará una carta astral para saber su futuro”, ha declarado en una alocución transmitida por el canal estatal Venezolana de Televisión, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y hombre de confianza de Nicolás Maduro. “Yo se lo voy a decir de una vez: irá a la cárcel si se convierte en un nauseabundo traidor.”

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Estado Barinas chavismo
Este resultado y como se cumplieron las elecciones en ese estado, podría abrir un nuevo escenario de lucha política en Venezuela y su impacto en la región. 

Barinas, el pequeño estado llanero en Venezuela, donde también residen muchos colombianos y nació Hugo Chávez, ganó relevancia porque el gobierno de Nicolás Maduro movilizó más de 20 mil soldados en visperas de las elecciones de gobernador.

Noticias Internacionales.

Sergio Garrido, un opositor descrito como tranquilo, sin radicalismo pero que siempre estuvo contra el chavismo y su forma de gobernar, ganó la Gobernación del Estado Barinas este domingo, el bastión de ese movimiento político, social y hasta de culto que creo el fallecido Hugo Chávez, que siguieron sus hermanos y el hoy presidente Nicolás Maduro.

Los resultados electorales fueron, 172. 497 votos para el candidato opositor, y 128 mil para el oficialista.

Barinas, viral

Barinas se puso en el plano noticioso internacional por lo que significa para el chavismo.

A pesar de que miles barineses han protestado, han acudido a elecciones en cada llamado donde en algunas ocasiones llegaron a terminar en fuertes represiones, no había estado en el ojo internacional más allá de ser la ‘cuna de Chávez’.

«Es la tierra de Chávez»; pero no solo eso, estuvo gobernado entre 1998 y 2021, por Hugo Chávez Frías, padre, y por los hermanos Adán y Argenis Chávez.

La Gobernación de Barinas fue ocupada más de 20 años, por la familia Chávez, en varias elecciones, hubo acusaciones de fraude pero nunca se habían repetido.

Además de hermanos, primos y otros familiares ocupando cargos en alcaldías de varios municipios de este estado llanero, pegado al Táchira en la frontera con Colombia.

Repetían elecciones y ‘militarizaron’

El presidente Nicolás Maduro dijo que la movilización de más de 20 mil militares hacia ese estado, era para prevenir hechos violentos y que la jornada electoral, una de las más de 30 que han vivido estos años, «se cumpliera en paz».

Precisamente, cuando se empezaron a viralizar los vídeos, fotos y quejas ciudadanas por ese despliegue de soldados y guardias, el mundo puso sus ojos en estas elecciones.

Que en el marco de la situación que vive Venezuela, significan mucho.

Un bastión del chavismo en disputa.

Eran elecciones repetidas, porque el pasado 21 de noviembre ganó por un estrecho margen, el opositor Freddy Superlano al entonces aspirante oficialista a la reelección, Argenis Chávez.

En ese momento un tribunal frenó la victoria opositora pero fue el mismo Chávez, quien reconoció la derrota y se retiró, pero Superlano tampoco pudo ocupar el cargo.

Fue acusado y le abrieron una investigación (por supuesta malversación de recursos y homicidio) quedando inhabilitado.

Chavismo y oposición

Por años, uno de los contrincantes fuertes del chavismo en ese estado fue el exdiputado Julio César Reyes, a quien presuntamente le hicieron fraude en dos ocasiones.

Desde hace un par de años, no figura en la arena política y señala la oposición, «porque el chavismo lo arrinconó».

Así que el chavismo desde Caracas puso a Jorge Arreaza, yerno del fallecido Chávez, también excanciller. Y la oposición a Sergio Garrido, un exdiputado.

En este caso, la oposición quiso poner a alguien que si bien políticamente no era tan fuerte, si estuviera ‘libre’ de escándalos y problemas.

El domingo en la noche se conocía la victoria en las urnas: la oposición había ganado.

«Barinas querida. La información que recibimos de nuestras estructuras del PSUV, indican que, aunque aumentamos en votación, no hemos logrado el objetivo», anunció Arreaza.

Temen a los ‘protectores’

Ahora, en Barinas temen que el nuevo gobernador que aún no ha sido juramentado por el CNE para ocupar cargo, no pueda tener real potestad sobre el estado.

En este caso, temen que ocurra como en otras zonas donde la oposición ha llegado a gobernar alcaldías y gobernaciones, desde Caracas se nombran a los llamados ‘protectores’.

Son cargos que se crean para poner practicamente, un gobernante con facultades, poder de decisión y recursos, del chavismo.

Este resultado y como se cumplieron las elecciones en ese estado, podría abrir un nuevo escenario de lucha política en Venezuela.





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Este domingo, en Barinas vuelve a medirse el descontento contra el chavismo. Los comicios regionales se repetirán en el Estado llanero del sur de Venezuela, luego de que el candidato de la opositora Mesa de la Unidad Democrática derrotara a Argenis Chávez, hermano del fallecido presidente Hugo Chávez y parte de la dinastía que ha gobernado ese territorio por más de 20 años como un feudo, como la cuna del líder de la revolución bolivariana. Una victoria que ha descalabrado al chavismo y que el Tribunal Supremo, aliado de Nicolás Maduro, bloqueó con una sentencia que ordenó hacer nuevas elecciones este 9 de enero, bajo el argumento de que el ganador, el opositor Freddy Superlano, tenía una supuesta inhabilitación.

Si bien el oficialismo se quedó con la mayor parte de las alcaldías y gobernaciones en los comicios del 21 de noviembre, no tuvo los mejores resultados y perdió buena parte de su caudal de votos. Pero el triunfo opositor en Barinas ha resultado una sorpresa para la que en este segundo intento han mostrado los dientes. Casi todo el Gobierno nacional está desplegado en esa región, se han movilizado recursos del Estado para mejorar el abastecimiento de gasolina y gas escasos en todo el país, han llegado góndolas con neveras y electrodomésticos para entregar en la veloz campaña que ha emprendido Jorge Arreaza, excanciller y exesposo de Rosa Virginia, la hija mayor de Hugo Chávez y padre del llamado “Gallito”, el nieto del que siempre hablaba el expresidente en sus alocuciones.

Despliegue militar

También se han desplegado 24.000 funcionarios de seguridad, seis veces más que en el proceso pasado, según denuncias de algunas ONG, por lo que la votación será en un ambiente militarizado. El contingente militar que custodia las máquinas y el material de la votación es clave. En noviembre, cuando Superlano llevaba una ventaja de un centenar de votos, la totalización de los votos no se completó por la falta de tres actas que no entregaron los funcionarios.

“Los mecanismos de fiscalización y penalización disponibles para el Consejo Nacional Electoral son insuficientes para controlar una acción concertada del Estado, en campaña electoral, como la que se ha evidenciado en Barinas”, ha reconocido el rector Roberto Picón esta semana en una serie de tuits en los que enumeró todas las violaciones a la norma que se han cometido.

La de Barinas es una fotografía que explica la crisis democrática del país: el chavismo solo está dispuesto a presentarse en elecciones en las que no pierda ni amenacen la permanencia de Maduro en el poder. Las pasadas regionales formaron parte de las negociaciones del Gobierno con la oposición, una parada en la ruta para encontrar una salida a la deriva institucional del país. Y ha sido el proceso electoral con mayores garantías en mucho tiempo como el cambio del árbitro con la incorporación, por primera vez en la era chavista, de dos rectores sin vínculos y afinidades con el Gobierno, y la presencia de misiones de observación internacionales que no venían al país hace 15 años.

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Las nuevas elecciones de Barinas, sin embargo, no tendrán observación internacional. La misión de la Unión Europea fue expulsada luego de haber presentado su informe preliminar. De las circunstancias en las que ocurren estos segundos comicios han sido enterados los delegados por parte de la oposición, pero está en suspenso que la misión regrese al país para dar su evaluación final, así como que se retomen las negociaciones políticas de México que han quedado estancadas.

El venezolano Aliender Zarraga, un migrante que pone rumbo a Colombia con su familia, pasa delante de un cartel del candidato chavista Jorge Arreaza en Barinas.
El venezolano Aliender Zarraga, un migrante que pone rumbo a Colombia con su familia, pasa delante de un cartel del candidato chavista Jorge Arreaza en Barinas.Matias Delacroix (AP)

Lo que parecían avances se han estrellado con la ausencia de separación de poderes en Venezuela y la voracidad del chavismo. Pero en esta ocasión, la oposición se ha plantado distinto. No solo concurrió unida a las elecciones de noviembre pasado, sino que también aceptó volver a competir en Barinas en condiciones aún más desiguales para ratificar el triunfo que aseguran tener en las manos. En 2018, en los comicios regionales anteriores, el chavismo también aplicó maniobras en los estados Bolívar y Zulia y arrebató esas gobernaciones ganadas por la oposición.

“El Gobierno convirtió las elecciones en un plebiscito”, dice el nuevo candidato opositor Sergio Garrido, en un claro de señal telefónica durante su gira por Barinas esta semana. “El triunfo de Barinas ha sido una manifestación de esperanza para todo el país. Estoy preparado para todos los escenarios. Tenemos los pies sobre la tierra. Sabemos que van a tratar de torcer el proceso, que son capaces de llevar a la gente amarrada a votar, que están intentando comprar la consciencia de los electores, pero contamos con el respaldo de gente”, ha dicho.

El propio Superlano, al que despojaron del triunfo en noviembre, líderes y cabezas de varios partidos de la oposición como Juan Guaidó, Henrique Capriles Radonski (Primero Justicia), Carlos Prosperi (Acción Democrática), e incluso de David Uzcátegui (Fuerza Vecinal), una facción desprendida de los grupos mayoritarios, han visitado el Estado en respaldo a Garrido como si se tratara de un asunto nacional.

El candidato chavista ha recorrido las calles del Estado alzando un cuadro con el retrato del que fue su suegro, el expresidente fallecido. Su designación quedó en manos de Maduro y no de la dirección nacional del Partido Socialista Unido de Venezuela, algo que abrió nuevas fisuras en los grupos de poder del chavismo, la propia familia Chávez y en el partido, que podrían pasarle factura el domingo. Aunque los sondeos electorales vaticinan un triunfo para la oposición, está por verse el efecto la operación del Gobierno y la inscripción de una tercera candidatura apoyada por un sector opositor que ha pactado con el oficialismo y que podría dividir el voto. También habrá que ver si el chavismo aceptará perder por segunda vez.

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