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Eduardo Wado De Pedro es el hombre clave del Gobierno argentino. Hijo de desaparecidos, niño robado por la dictadura -su madre murió ametrallada por los represores después de meterle a él en la bañera y protegerle con su cuerpo acribillado- es el hombre clave de Cristina Kirchner en el Ejecutivo que dirige Alberto Fernández desde 2020. Da poquísimas entrevistas, pero en un viaje a España para visitar el Mobile en Barcelona y reunirse con empresarios, aprovecha para explicar a EL PAÍS su posición sobre el acuerdo con el FMI que acaba de firmarse y aún debe ser votado en el Congreso argentino, en un delicadísimo equilibrio dentro de la coalición de Gobierno.

Pregunta. ¿Cómo está Argentina? ¿Qué les ha contado en este viaje a los empresarios que le preguntan?

Respuesta. Tuvimos una situación compleja con restricciones externas producto de un gobierno que hiperendeudó a la Argentina [el anterior, de Mauricio Macri, de 2015 a 2019]. Pero después de cuatro años de un Gobierno que destruyó al sistema productivo y dos años de pandemia, estamos en vías de recuperación y hay muchas oportunidades. El 5G, por ejemplo, es un asunto clave para Argentina, por eso el viaje al Mobile. Estamos en números superiores a los de pre pandemia. En 2021 crecimos al 10%. Tenemos récord de producción de gas y de exportaciones agropecuarias, aumentamos la del petróleo, la metalmecánica o la del litio.

P. Europa está en shock por la guerra en Ucrania. ¿Argentina está con Putin?

R. El presidente de la nación y el canciller fueron contundentes a la hora de condenar la invasión a Ucrania. Argentina defiende los principios de la integridad territorial, respeto a los derechos humanos, la solución pacífica de los conflictos. Recordemos que Argentina sigue reclamando la soberanía de las Islas Malvinas, como también apoyamos la reivindicación de España por Gibraltar. Estamos en contra de las guerras.

P. ¿Entonces por qué Alberto Fernández fue el 4 de febrero a Moscú y mostró esa cercanía con Putin?

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R. El viaje estaba enmarcado en una gira de otra connotación, que nada tenía que ver con la discusión del conflicto con Ucrania.

P. ¿Fue un error?

R. Creo que el presidente y el canciller fueron claros a la hora de mantener la posición de Argentina sobre Ucrania.

P. ¿Ese viaje puede hacer que EE UU endurezca su posición sobre Argentina en el FMI?

R. Nosotros acabamos de llegar a un acuerdo con el FMI que ahora fue enviado al Congreso. No creo que sea bueno para los organismos internacionales que se usen los organismos financieros para condicionar la libertad de los países.

Queremos pagar. La pregunta es si el FMI tiene la voluntad de dejar que Argentina crezca para poder cumplir

Eduardo de Pedro

P. ¿Pero dónde está ahora Argentina, más cerca de Rusia o de EEUU?

R. Nosotros apostamos al fortalecimiento de la región de América del Sur, a integrar a los países en una alianza que genere estabilidad política y económica como Europa, con una moneda única y una solidaridad que se mostró en la pandemia. Apostamos a sacar de la pobreza al 50% que tenemos en Argentina, y lo mismo quiere Lula [da Silva] y otros muchos. Queremos generar economías fuertes, democracias fuertes, con un nivel mucho menor de dependencia de las potencias que juegan en la región. El Gobierno argentino quiere tener autonomía para poder resolver los problemas.

P. ¿Cuál es su opinión sobre el acuerdo del FMI que acaba de presentar su Gobierno?

R. La deuda que tomó el Gobierno de Cambiemos [Macri] fue irresponsable. Fueron más de 44.000 millones de dólares, y 9 de cada 10 se utilizaron para financiar la fuga de capitales. Nada de ese dinero se usó para construir la infraestructura necesaria o fortalecer el sistema de salud, o el científico. Es una cifra similar a que va a recibir España para digitalizar toda su economía y hacer la transición energética, unos 47.000 millones. En Argentina se usó para fugar capitales. No hay un ladrillo, una computadora, un parque eólico nuevo.

P. ¿Es un buen o un mal acuerdo?

R. Es un acuerdo que evita una catástrofe económica en lo inmediato en Argentina. Ahora comienza una etapa donde vamos a seguir necesitando el apoyo internacional para que el FMI siga contemplando la voluntad del Gobierno de resolver el problema, pero en una coyuntura que cambió a raíz de esta guerra.

P. ¿Qué tiene de bueno y qué de malo?

R. El acuerdo es el comienzo de la solución. Evita una catástrofe en lo inmediato. Ahora el FMI tiene que comprender la nueva etapa en la que Argentina necesita mantener el nivel de crecimiento y de inclusión social y bajar los niveles de pobreza. Necesitamos que el Fondo contemple la nueva coyuntura en el marco de una guerra que está cambiando la economía mundial.

P. ¿Cuál es el riesgo?

R. Así como la UE en 2009 trató a los países de una forma y en 2020 en pandemia cambió la forma de resolver los problemas, necesitamos que el FMI tenga una actitud distinta a la que tuvo en 2009 con Grecia y Portugal y entienda la nueva realidad de los países. Necesitamos que nos dejen crecer para poder cumplir.

“Cristina Kirchner preside el Senado. Hay discusiones, pero el que toma las decisiones es el presidente”.

Eduardo de Pedro

P. ¿Este acuerdo va a salir en el Congreso? No está claro siquiera si lo apoyaría su propio grupo.

R. Este acuerdo modifica el acuerdo hecho por Cambiemos en 2018. De no salir la votación en el Congreso, quedaría vigente el acuerdo de 2018. Apelamos a la responsabilidad de la oposición y confiamos en que van a acompañar la solución a un acuerdo que ellos tomaron en 2018.

P. ¿Y su grupo? La Cámpora, el grupo que usted lidera, enviaba estos días mensajes muy duros en redes sociales contra el FMI.

R. La Cámpora ha recordado las palabras de Néstor Kirchner donde hay muchos ejemplos de que el FMI no contribuyó a resolver los problemas sino que terminó profundizando las desigualdades. Nosotros seguimos apelando a que la independencia económica y soberanía política son fundamentales para que los países crezcan. Hay determinados condicionamientos del FMI que no concuerdan con la realidad que vivimos en Argentina.

P. ¿El Gobierno, con las divisiones internas que hay, tendrá fuerza para aplicar el acuerdo del Fondo en los dos años que quedan?

R. Es un Gobierno que recibió el país con fuertes restricciones, que a los tres meses tuvo la fortaleza de enfrentar una pandemia sin ayuda externa como la que tuvo Europa. Fortalecimos el sistema de salud, hicimos el plan de vacunación gratuita más grande de la historia. Pudimos sostener el sistema productivo. Mantuvimos el poder adquisitivo de los argentinos con un ingreso universal. Este Gobierno va a tener la fortaleza de un pueblo que siempre supo salir de las peores crisis.

P. ¿Argentina va a pagar al FMI?

R. Los Gobiernos peronistas siempre pagaron las deudas que generaron otros. Néstor Kirchner canceló [en 2006] el total de la deuda con el FMI. Queremos volver a esa autonomía. El Gobierno argentino tiene la voluntad de pagar. La pregunta es si el FMI tiene la voluntad de dejar que Argentina crezca para poder cumplir.

P. ¿Está descartado el escenario de que el plan no salga en el Congreso o haya un default como en 2001?

R. Recuerdo bien el 2001 porque acabé en el hospital por los golpes de la policía cerca de la plaza de Mayo. Hoy los opositores argentinos son los mismos que gobernaron en la crisis de 2001 y se terminaron yendo. Esperamos que no sean otra vez los responsables de generar una crisis como en 2001.

“El presidente fue contundente en el rechazo a la invasión en Ucrania. El viaje a Moscú fue en otro contexto”

Eduardo de Pedro

P. Máximo Kirchner [hijo de Cristina] abandonó el liderazgo de su grupo parlamentario como rechazo al acuerdo con el FMI. ¿Cómo debemos interpretar eso?

R. Máximo no abandonó el Frente de Todos, sigue siendo parte. Puso a disposición del presidente la presidencia del bloque por tener diferencias en el modo en que se llegó al acuerdo con el FMI.

P. ¿Eso pone en riesgo la votación?

R. Eso quiere decir que el presidente de la Nación tiene el control total sobre la presidencia del bloque de diputados. Eso fortalece la posición del presidente en el Congreso. Máximo es respetuoso de las instituciones y puso en sintonía al presidente de la Nación con la presidencia del bloque en la Cámara de Diputados.

P. ¿Estuvo de acuerdo con esa decisión?

R. Fue una decisión muy personal de Máximo Kirchner.

P. Usted dimitió tras los últimos resultados electorales, malos para el peronismo, forzó un cambio de Gobierno y siguió. ¿Cómo es su relación ahora con el presidente Fernández?

R. Hoy la relación es muy buena. En toda coalición política hay discusiones internas. Nosotros las promovemos. La discusión es la parte más rica, a partir de ahí se toman mejores decisiones, no la vemos como un problema. Cuando se suprime la discusión se toman peores decisiones.

P. ¿Alberto Fernández debería ser candidato a la reelección?

R. En Argentina, los Gobiernos con buena gestión reeligen a sus presidentes.

P. Pero ha tenido mucho desgaste.

La deuda que tomó Macri fue irresponsable. Los peronistas siempre pagan la deuda de otros

Eduardo de Pedro

R. El desgaste natural de todos los gobiernos durante una pandemia y más teniendo en cuenta la situación económica con la que llegamos. Creemos que la recuperación económica va a fortalecer la figura del presidente.

P. ¿Y la relación entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner? Algunos dicen que prácticamente es nula.

R. Argentina es un país presidencialista, la gestión está a cargo del presidente. La vicepresidenta preside el Senado. Es una relación que entra dentro de la lógica de la coalición. Hay debates y discusiones, pero el que toma las decisiones es el presidente.

P. ¿Argentina tiene arreglo?

R. Sí, tiene arreglo porque tiene la experiencia. Entre 2003 y 2015 Argentina creó 4 millones de puestos de trabajo nuevos, incluyó 6 millones de personas en el sistema jubilatorio, se crearon 275.000 empresas, se desendeudó, entramos al grupo de países productores de satélites, creamos 20 universidades nuevas, construimos hospitales. No fue un periodo perfecto, siempre se cometen errores, pero se ensanchó la clase media, sacamos a millones de argentinos de la pobreza.

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La ONU ha pedido este martes 5.000 millones de dólares (unos 4.400 millones de euros) para evitar la catástrofe humana en Afganistán. Se trata del mayor llamamiento humanitario para un país en la historia de la organización. Su objetivo es brindar ayuda vital a 23 millones de personas dentro de Afganistán, y apoyar a los 6 millones de afganos desplazados en los países vecinos y a las comunidades que los acogen. El reto es doble: los donantes no solo tienen que mostrar su generosidad, sino lograr un entendimiento con el régimen talibán que permita hacer efectiva la ayuda.

Durante la presentación del Plan de Respuesta Humanitaria para Afganistán (que puede consultarse aquí) los representantes de las diferentes agencias de Naciones Unidas han reiterado las escandalosas cifras del desastre que afronta el país asiático. Al menos 23 millones de sus casi 40 millones de habitantes pasan hambre, con cerca de 9 millones a un paso de la hambruna. Un millón de niños de menos de cinco años corren el riesgo de morir de malnutrición. Las condiciones son especialmente graves para los 3,5 millones de desplazados internos que están pasando el invierno en tiendas o asentamientos informales sin suficiente abrigo.

Esa situación, explica la ONU, es “el resultado de décadas de conflicto, desastres naturales recurrentes (incluida la peor sequía en tres décadas), una economía en caída libre, la falta de recuperación de crisis pasadas y la incertidumbre añadida de los últimos acontecimientos políticos”. La fragilidad del país, el 75% de su gasto público dependía de la asistencia internacional, se hizo evidente cuando los Gobiernos occidentales decidieron interrumpir su ayuda y congelar los haberes afganos en respuesta a la toma del poder por los talibanes. El Plan de Respuesta Humanitaria intenta evitar el colapso de las infraestructuras básicas en salud, educación o electricidad.

Ya antes de la llegada de los fundamentalistas, la mitad de la población vivía bajo la línea de pobreza. El Programa de Desarrollo de Naciones Unidas ha advertido de que el 97% de los afganos estará en esa situación para mediados de este año.

El conflicto armado ha remitido desde entonces. Sin embargo, los afganos siguen huyendo tanto por las carencias como por el miedo a las represalias de los talibanes y su forma de gobierno, un autoritarismo de inspiración religiosa sin marco legal estable. Su crueldad resulta especialmente evidente en el trato a las mujeres. Desde que se hicieron con el poder, han restringido su acceso al trabajo y a la educación, puesto trabas a su movilidad y cerrado las instituciones que prestaban ayuda a viudas, divorciadas o maltratadas.

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) tiene registrados como tales a 2,2 millones de afganos y estima que otros 4 millones se encuentran alojados con diferentes condiciones en países vecinos, la mayoría en Irán y Pakistán. De ahí que el llamamiento de la ONU incluya 623 millones de dólares para apoyar a las comunidades de acogida.

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Jan Egeland, secretario general del Consejo Noruego para los Refugiados (NRC, una ONG con 1.400 empleados sobre el terreno), ha recordado en un comunicado que la “ayuda humanitaria es un salvavidas para Afganistán y una responsabilidad conjunta de todos”. No obstante, también ha precisado que el “llamamiento carecerá de sentido si el mundo exterior y el Gobierno talibán no trabajan con rapidez para asegurar el acceso al dinero en efectivo dentro del país”.

Los talibanes han desplegado todos sus esfuerzos diplomáticos para lograr el reconocimiento internacional y tener acceso tanto a las reservas afganas como a la asistencia exterior que frene la caída libre de su economía. Sin embargo, la distancia entre sus declaraciones y sus hechos no han logrado romper el bloqueo. A pesar de haber decretado una amnistía general, raro es el día sin noticias de ejecuciones extrajudiciales (sobre todo de miembros de las antiguas fuerzas de seguridad) o detenciones de personas críticas. En la última semana, han encarcelado a un respetado profesor, Faizullah Jalal, a un periodista, Faisal Modarres, y a varias mujeres sin identificar que protestaron en la provincia de Kapisa.

Tampoco en el terreno político han cumplido con su promesa de formar un Gobierno inclusivo. El 98% de los nombramientos son miembros de la etnia pastún (la minoría más numerosa y de la que se nutren los talibanes), en detrimento del resto de las minorías. Su último gesto, una reunión del ministro de Exteriores talibán, Amir Khan Muttaqi, con el líder del Frente Nacional de Resistencia (FNR), Ahmad Masud, en Teherán, ha chocado con la misma piedra. Mientras un portavoz talibán anunciaba que el hijo del legendario Ahmad Shah Masud (que se opuso a la invasión soviética) podía volver sin problemas a Afganistán, un portavoz del FNR explicaba que los fundamentalistas “rechazaron sus peticiones de un Gobierno descentralizado con presencia de mujeres, que respete los derechos civiles y la libertad de expresión”.

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América Latina se ha convertido en la región del mundo más afectada por la pandemia en todo el mundo.

Retraso, vacilación y negación

«El Panel Independiente ha encontrado eslabones débiles en todos los puntos de la cadena de prevención y respuesta. La preparación fue inconsistente y con fondos insuficientes. El sistema de alerta era demasiado lento y demasiado modesto», dice el panel tras realizar cientos de entrevistas en los últimos 8 meses.

«La Organización Mundial de la Salud tenía poco poder. El liderazgo político global estuvo ausente», se lee en el documento.

Para los expertos, el daño económico es incalculable y a estas alturas parece claro que la respuesta ha exacerbado las desigualdades.

El panel, que copresiden la exmandataria de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf, y la exprimera ministra de Nueva Zelanda, Helen Clark, cree que se dio «un cóctel tóxico» de vacilaciones y mala coordinación que hizo que las señales de advertencia no fueran atendidas.

Las primeras respuestas al brote detectado en Wuhan, China en diciembre de 2019 «carecieron de urgencia».

Wuhan, China.
El primer caso conocido fue el de un hombre de unos 70 años que cayó enfermo el 1 de diciembre en la ciudad de Wuhan, en China.

«Febrero fue un mes perdido en el que muchos más países podrían haber adoptado medidas serias para contener la propagación del SARS-CoV-2″, dijo el panel.

Pero los expertos también señala que las instituciones «fallaron en proteger a las personas» y que los líderes que negaron los argumentos científicos erosionaron la confianza pública en las medidas sanitarias.

Respaldada por las conclusiones del informe, la exprimera ministra de Nueva Zelanda dijo en la presentación del documento que la emergencia global podría haber sido declarada ya el 22 de enero, tras la primera reunión del Comité de Emergencia de la OMS.

Pero que «la mayoría de gobiernos optaron por esperar a ver lo que pasaba» y no fue hasta que «empezaron a ver que las unidades de cuidados intensivos se llenaban que empezaron a actuar, pero ya era demasiado tarde».

Helen Clark
Helen Clark, exprimera ministra de Nueva Zelanda, fue la encargada de presentar al público el informe.

Evitar futuras pandemias

Pero más allá de señalar la cadena de errores que han llevado a la comunidad internacional a esta crisis sanitaria, el informe que lleva por título «Covid-19: que sea la última pandemia», argumentó que el sistema de alarma global necesitaba una revisión para evitar una catástrofe similar.

El panel pide a los países más ricos que donen 1.000 millones de dosis de vacunas a los más pobres y que financien un mecanismo internacional que mantenga una capacidad de respuesta continua frente a posibles pandemias.


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