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Mariupol va camino de convertirse en una de las ciudades borradas casi hasta los cimientos: Gernika, Coventry, Alepo, Grozni. Este domingo, después de semanas de un estrechísimo y virulento cerco a la ciudad portuaria, de intensos bombardeos y de un asedio feroz, Rusia ha dado un ultimátum a las fuerzas ucranias: que entreguen lo que queda de Mariupol, se rindan y abandonen la localidad antes de las cinco de la mañana (hora de Moscú, cuatro de la mañana hora de Ucrania y tres de la mañana hora peninsular española). El Ministerio de Defensa ruso remarca que en en la ciudad se está produciendo una “catástrofe humana” y culpa de ello a las “fuerzas nacionalistas”. Moscú ha acusado a Kiev de utilizar “nazis”, “mercenarios extranjeros” y “bandidos” para mantener como rehenes a centenares de civiles en la ciudad. “Bajen las armas. Todos los que lo hagan tienen garantizado un paso seguro fuera de Mariupol”, ha exigido el director del Centro Nacional Ruso para la Gestión de la Defensa, Mijail Mizintsev en una sesión informativa este domingo. “Las autoridades de Mariupol ahora tienen la oportunidad de tomar una decisión y pasarse al lado del pueblo, de lo contrario, el tribunal militar que les espera es solo un poco de lo que merecen por sus terribles crímenes, que la parte rusa está documentando cuidadosamente”, ha añadido.

El ultimátum llega tras días de un asalto cada vez más brutal a la ciudad y que se ha agudizado en las últimas horas. Y cuando el Kremlin, en otra exhibición de músculo militar utilizó por primera vez sus nuevos misiles hipersónicos. Lo ha hecho contra áreas civiles en el oeste de Ucrania, no demasiado lejos de territorio de la OTAN. Mientras, los combates en Mariupol son durísimos. A horas de expirar el plazo límite dado por el Kremlin, las tropas de Vladímir Putin, que invadieron Ucrania el 24 de febrero, ya controlan tres barrios y están luchando en el centro de la localidad, una zona en llamas y con edificios arrasados hasta los cimientos. Además, se han hecho con el control del puerto. Mientras, la ciudadanía de la que fue una vez una próspera urbe industrial, trata de salir como puede de la ratonera de Mariupol a través de los corredores humanitarios, bajo el fuego de artillería y dejando toda su vida atrás; en muchas ocasiones también dejando atrás a familiares y seres queridos de los que tras 25 días de guerra ya nada saben. Mariupol se ha convertido también en la ciudad de los desparecidos.

Muchos de los que pudieron escapar antes de lo que puede ser la ofensiva final vagan por el circo estatal de Zaporiyia, en el centro-sur del país, convertido en un lugar de primera acogida para desplazados por la invasión. Un circo que ya no es un circo. Ya no están los “payasos divertidos”, que anuncia el colorido cartel de la función que debía representarse estos días: “Expresión”. Tampoco “bola de coraje, una atracción única e inimitable donde motociclistas realizan trucos locos y encantadores dentro de una bola de metal”. Ahora, el circo de Zaporiyia es un núcleo de vidas rotas por la guerra de Putin contra Ucrania. De personas evacuadas que tratan de escapar de las bombas que fulminan ciudades como Mariupol y que temen qué más puede padecer la ciudad cuando expire el ultimátum del Kremlin. De personas que buscan, que revisan las decenas de carteles caseros pegados a la entrada rastreando pistas a sus seres queridos: una madre que quedó atrás en la huida, un hermano con quien se perdió el contacto hace semanas en medio de los ataques, un esposo que se cree capturado por las fuerzas de ocupación rusas, un padre que puede ser uno de esos cadáveres que yacen sin recoger y sin enterrar en las calles de lo que queda de la ciudad del mar de Azov, asediada por las tropas del Kremlin.

Un cartel con la fotografía de un chico: “Atención, residentes de Mariupol: un equipo de artistas de Ucrania, familiares y amigos buscan al artista gráfico Daniil Sergeevich Nemirovski (1993), que estuvo en el refugio de la Academia Nacional de Bellas Artes hasta el 1 de marzo y salió para buscar a sus abuelos insulinodependientes. Desde entonces no se sabe nada de él”. Vladímir lleva un buen rato de pie, muy quieto, leyendo todos los mensajes. Busca a su esposa, Alexandra, de 32 años. “Estábamos separados desde hace unos meses, pero quiero saber cómo está, dónde, no sé nada de ella”, cuenta. Él escapó de Mariupol el jueves en coche con varios compañeros de trabajo. Se unieron a un convoy humanitario y ahora busca y busca en el circo de Zaporiyia.

Cada nombre, cada letra en esas decenas de mensajes es una historia. Y quizá una decena de personas que la extrañan y buscan. O más. Cuánta gente se daría cuenta si un día faltáramos. El viernes, una mujer con dos chiquillos pequeños pegó un cartel con su nombre, su teléfono y un mensaje en el que pedía pistas de su esposo. Los soldados rusos se lo llevaron seis días antes. No le volvió a ver. Cómo se escapa de un infierno cuando se deja atrás, en el horror, a un ser querido.

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Con el avance de las tropas del Kremlin algo estancadas en la ofensiva, las fuerzas de Putin se aplican con ferocidad contra objetivos civiles y refuerzan el asedio a Mariupol, pieza clave para Rusia. Desde que Rusia la cercó, unas 24.000 personas habían logrado hasta el sábado salir de la ratonera en la que se ha convertido la localidad portuaria (con unos 400.000 censados antes de esta guerra), que lleva semanas estrangulada, bombardeada, sin agua, luz, gas o calefacción, donde escasean los alimentos y los fármacos.

Un cadáver cubierto por una manta en una calle de Mariupol, este domingo.
Un cadáver cubierto por una manta en una calle de Mariupol, este domingo. ALEXANDER ERMOCHENKO (REUTERS)

Pero se cree que todavía pueden quedar allí, en medio de los fuertes combates, unas 300.000 personas en una situación que las organizaciones sanitarias, como Médicos sin Fronteras o la Cruz Roja, con personal sobre el terreno, describen como “catastrófica”. Uno de los regimientos ucranios que lucha en la ciudad, el batallón Azov (que empezó en 2014 como una milicia voluntaria de corte ultranacionalista hasta que las Fuerzas Armadas la absorbieron como parte de la guardia nacional), afirma que cuatro buques de guerra han bombardeado la ciudad desde el mar, que ya controlan por completo. También, la planta metalúrgica AzovStal, la mayor de Europa.

Mientras se abren camino en la conquista de Mariupol, las tropas de Putin, que como parte de ese ultimátum ofrecen también un alto el fuego hasta las 10 de la mañana de Moscú (las 8.00 hora peninsular española) para organizar evacuaciones de la ciudad, han implantado la estrategia de capturar a población civil y deportarla en contra de su voluntad a Rusia, aseguran las autoridades ucranias. Y de derivar algunos de los corredores humanitarios para escapar del infierno de una ciudad en llamas al país agresor. “Lo que los ocupantes están haciendo hoy es familiar para la generación anterior, que vio los horribles eventos de la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis capturaron a la fuerza a las personas”, ha denunciado el alcalde de Mariupol, Vadym Boychenko, en una publicación en su canal de Telegram. “Es difícil imaginar que en el siglo XXI las personas sean deportadas a la fuerza a otro país”. La política de las detenciones también se repite en las ciudades ocupadas con alcaldes, concejales, periodistas y personas que han organizado marchas contra la invasión y las tropas rusas. Las fuerzas de Putin han conquistado Berdiansk, Jersón, Melitopol y otras. Pero tienen que conservarlas. No solamente frente al Ejército ucranio: allí la ciudadanía no les ha recibido con flores.

Ataque a una escuela de arte

Los ataques son constantes en Mariupol. Este domingo, mientras los servicios de emergencia buscaban supervivientes del ataque el jueves al Teatro Dramático de la ciudad, donde según las autoridades se refugiaban cientos de personas y solo se ha rescatado por ahora a 130, un nuevo bombardeo estalló en una escuela de arte, en el este de la urbe, donde se escondían unas 400 personas, según el Ayuntamiento. Kiev ha acusado a Rusia de ese nuevo ataque indiscriminado contra la población civil en su estrategia de tierra quemada. Moscú asegura que no ataca objetivos civiles y a su vez acusa a las autoridades ucranias y al Ejército de Kiev de montar farsas para culpar al Kremlin y de bombardear a sus propios ciudadanos.

Unos 4.000 civiles han muerto en Mariupol, según las autoridades locales, desde que comenzaron los combates. La ciudad es geoestratégicamente muy importante para Putin porque permitiría crear un corredor terrestre desde Crimea (que Rusia se anexionó ilegalmente en 2014) a los territorios del Donbás, que Moscú controla a través de los separatistas prorrusos. Pero también es muy simbólica porque es sede del batallón Azov.

Esos 4.000 muertos, sin embargo, son solo una estimación. Al principio los funcionarios de Mariupol llevaban un recuento —incluso un pequeño mapa— con la intención de organizar la recogida de los cuerpos. Después se hizo imposible. Hay fosas comunes con personas sin identificar. Quizá uno de esos nombres de los carteles del circo de Zaporiyia. O de los grupos de Telegram en los que los vecinos se intercambian desesperadamente cualquier información útil. Y vídeos de la ciudad. Y fotos en las que se puede ver la destrucción de sus casas.

Viktoria Káshpor ha puesto un cartel en el circo de Zaporiyia para buscar a sus abuelos, a su hermana y a su sobrino. Llegó el viernes a la ciudad con su esposo, sus dos hijos y su yerno. “No sé dónde está el resto de mi familia. Ni lo que necesitan. Sé que mis abuelos se quedaron en su garaje, pero no pudimos llegar allí. Bombardearon mi casa y desde el 4 de marzo nos escondimos en el sótano con otras personas. No salimos durante dos semanas y media. Mi hija vino a buscarme, me agarró de la mano y simplemente corrimos”, relata. Pasaron 19 controles. Varios de ellos de las tropas rusas, que ya se han hecho con el control de una buena franja del sureste del país.

Un hombre miraba el tablón de anuncios donde las personas que han huido de Mariupol buscan noticias sobre sus familiares y amigos desaparecidos.
Un hombre miraba el tablón de anuncios donde las personas que han huido de Mariupol buscan noticias sobre sus familiares y amigos desaparecidos.María Sahuquillo

Viktoria se pudo duchar el viernes por primera vez en tres semanas. Y dormir en un apartamento (prestado), en una cama, con cristales en las ventanas. Pero también dice que aunque ahora no esté bajo los bombardeos constantes, tenga calefacción, agua, gas y comida, no puede descansar porque no sabe qué ha sido de sus seres queridos. “Traté de hacerles llegar mensajes de que estamos aquí, se lo digo a todo el mundo, a cada persona que me encuentro, por si alguien les conoce o se los encuentra, o sabe qué ha sido de ellos. Puede que incluso ellos lleguen y ya no tengan teléfono móvil, pero lean estos mensajes”, dice la mujer, de 45 años, que ahora es una de los 10 millones de personas que han tenido que dejar sus casas por la guerra de Putin.

Como un matrimonio mayor, de Enerhodar, donde las tropas rusas ocuparon la central nuclear, que come un plato de sopa en el centro de diversiones de Zaporiyia, donde las taquillas son ahora un punto de registro y el puesto de palomitas —dulces y saladas—, una improvisada farmacia. El circo ha atendido ya a unas 4.500 personas que han huido de distintas ciudades del sudeste del país, explica Vladislav Moroco, concejal de cultura de la ciudad y ahora uno de los responsables del centro. En los percheros del guardarropa cuelgan abrigos y jerséis donados. En el suelo, un rosario de botes de conservas. Un poco más allá, decenas de pares de zapatos que esperan la llegada de los desplazados que aún no han logrado salir tras numerosos corredores humanitarios fallidos.

Un cartel en picuda letra cursiva entre los anuncios del circo, dice: “Atención, pistas de Nosurov Vladímir y Ludmila Nosurova (91 años); Goltvenko Natalia (92 años); Gotvenko Alexander (91 años)”. ¿Los padres de alguien? ¿Tíos? ¿Abuelos? Otro anuncio con una dirección de Mariupol muestra la fotografía de una mujer sonriente, de cabello corto y vestido de verano: “Borisova Natalia Evgenievna (1964). No se sabe nada de ella desde el 2 de marzo”. Otro más, en boli azul y letra apresurada: “Busco a mi madre, Svetlana Baranovich (64). Desaparecida en Mariupol desde el 1 de marzo”.

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El duodécimo día de invasión rusa a Ucrania amplió el listado de daños materiales y humanos, con nuevos bombardeos este lunes en la franja sur del país que une la península de Crimea con la zona de las autoproclamadas repúblicas separatistas del Donbás. Pero el día también dejó tímidos avances en el frente diplomático, como la voluntad de China para mediar en el conflicto o el debate sobre la creación de corredores humanitarios, tras tres intentos fallidos de abrir vías para evacuar a los civiles de las zonas más golpeadas por la guerra. La tercera ronda de negociaciones entre los dos países enfrentados se cerró después de que Moscú fijara sus exigencias al Gobierno de Volodímir Zelinski para lograr un alto el fuego “inmediato”, según una conversación del portavoz del Kremlin, Dimítri Peskov, con la agencia Reuters.

La tercera ronda de conversaciones entre las autoridades ucranias y rusas concluyó sin apenas avances y la sensación de que tomará mucho más tiempo antes de alcanzar la paz. “No nos hacemos ilusiones en lograr un resultado definitivo en la siguiente fase de las negociaciones con Ucrania. Es un trabajo duro”, afirmó uno de los integrantes de la delegación rusa, Leonid Slutski, al concluir la reunión.

Mientras, la guerra continúa con nuevos bombardeos este lunes en la franja sur de Ucrania que une la península de Crimea con la zona de las autoproclamadas repúblicas separatistas del Donbás. Las tropas rusas estrechan también el cerco a la capital, que se prepara para resistir al asedio.

China se declaró este lunes dispuesta a mediar en el conflicto. En sus declaraciones más claras hasta el momento sobre su interés en ocupar ese papel, el ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, indicó que su país está dispuesto “a llevar a cabo la mediación necesaria cuando haga falta”. Pero eso no implica que Pekín vaya a distanciarse de su socio estratégico. La relación con Moscú es “sólida como una roca” y se va a continuar profundizando, aseguró el ministro, informa desde Pekín Macarena Vidal Liy.

Las exigencias del Kremlin en la mesa de negociación son tres: el Gobierno ucranio debe reconocer la península de Crimea como rusa y las autodenominadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk como territorios independientes. Debe, además, rubricar en su Constitución un estatus “neutral” que le impedirá unirse nunca a ningún bloque occidental, especialmente la OTAN. El primer paso, afirma Moscú, sería el fin de la resistencia armada ucrania. “Estamos concluyendo la desmilitarización de Ucrania”, afirmó Peskov. “Lo vamos a conseguir, pero si detienen ahora su acción militar, nadie va a seguir disparando”. “Donetsk y Lugansk no quieren ser parte de Ucrania. Pero eso no significa que deban ser destruidas”, añadió el portavoz del presidente ruso, Vladímir Putin.

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El mayor éxito de la reunión fueron “unos pequeños avances en la logística de los corredores humanitarios”, según el jefe de la comitiva ucrania, Mijaíl Podoliak. Su homólogo ruso, Vladímir Medinski, no se mostró tan convencido. “Dejemos este asunto en el aire. Esperamos que los corredores funcionen mañana, la parte ucrania nos ha asegurado eso”, recalcó el representante de Moscú.

Kiev había rechazado los corredores propuestos por Moscú porque conducían a territorio ruso o bielorruso, país este último que sirvió de plataforma para el frente que ha puesto a la capital ucrania bajo asedio. Además, durante el fin de semana se frustró la evacuación de civiles en ciudades como Mariupol o Volvovaja por la ruptura del alto el fuego pactado entre las partes.

En la reunión de este jueves, que duró unas tres horas, se abordó no solo la “neutralidad” de Ucrania, sino también otras cuestiones que el Kremlin ha denunciado todos estos años, como la situación del idioma ruso en el país vecino. El ruso dejó de ser oficial en Ucrania en 2019, al final de la legislatura del anterior presidente, Petró Poroshenko, y con Zelenski se legisló recientemente que todos los medios en ruso —no así en otras lenguas— tienen que tener una versión en ucranio.

La delegación rusa esperaba firmar algunos preacuerdos en esta reunión, pero según su jefe, las expectativas “no se hicieron realidad”. “Llegamos con un gran número de documentos escritos: acuerdos, borradores, propuestas… Y esperábamos que hoy hubiera sido posible firmar al menos un protocolo sobre algunos de los puntos que en principio hemos acordado, pero la parte ucrania se llevó los documentos para estudiarlos”, explicó Medinski.

Las conversaciones entre las autoridades de Kiev y Moscú se produjo el mismo día en el que los 27 países de la Unión Europea acordaron iniciar el proceso para que Ucrania, Moldavia y Georgia se puedan convertir, en un futuro, en miembros del club comunitario, tras la petición que estos tres países hicieron a Bruselas la semana pasada, informa desde Bruselas Manuel V. Gómez. Se trata de un primer paso, pero tiene un mensaje político claro en un momento en el que Ucrania está luchando contra las tropas rusas que tratan de invadir su territorio. Según informó la presidencia francesa de la Unión en su cuenta oficial de Twitter, los Veintisiete pidieron el lunes a la Comisión que dé el primer paso en ese camino, elaborando el informe necesario para decidir si los países de la UE conceden a Ucrania, Moldavia y Georgia el estatus de país candidato.

El presidente Zelenski firmó la petición de adhesión a la UE la semana pasada, como parte de la respuesta a la invasión que Rusia inició el 24 de febrero. Moldavia y Georgia siguieron sus pasos acto seguido, ante el temor a Moscú. El último informe de la ONU señala que 406 civiles han perdido la vida desde el 24 febrero, día del inicio del ataque ruso en Ucrania, aunque la organización reconoce que la cifra real es superior.

Los aliados han decidido mantener la presión contra Putin a través de las sanciones pese a las turbulencias que generan en sus propias economías y las diferencias que suscita un asunto crucial como el veto a las importaciones rusas de petróleo, especialmente lesivas para los europeos. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, mantuvo una llamada telefónica con los líderes de Francia, Emmanuel Macron, Alemania, Olaf Scholz, y el de Reino Unido, Boris Johnson, en la que compartieron “determinación en continuar elevando los costes” contra Rusia por la invasión de Ucrania, según el resumen hecho público por la Casa Blanca, una invasión “injustificada y no provocada”, informa Amanda Mars desde Wahsington.

En el duodécimo día de agresión, en el que las fotografías de civiles muertos tratando de huir de las bombas rusas han causado estupor en medio mundo, los dirigentes también subrayan su compromiso en continuar proporcionando ayuda económica, humanitaria y en materia de seguridad a Ucrania. La cuestión es cómo se materializa todo este respaldo. El Congreso de Estados Unidos impulsa una votación de carácter bipartito para prohibir las importaciones de crudo de Rusia y el secretario de Estado, Antony Blinken, aseguró el domingo que los países occidentales están negociando intensamente esta medida con el fin de endurecer la respuesta Vladímir Putin, pero Alemania ha recalcado este lunes que no planean suspender las compras del petróleo ruso.

La vía diplomática no se ha cerrado completamente, pese a todo. Los ministros de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y ucranio, Dmitro Kuleba, tienen previsto reunirse por primera vez este jueves en Turquía para tratar de buscar una salida al conflicto desatado por la invasión rusa de Ucrania. En principio, lo harán en la ciudad sureña de Antalya y en un formato a tres, con la presencia de su homólogo turco, Mevlüt Çavusoglu. “Nuestro objetivo más urgente es el cese de los combates”, explicó el jefe de la diplomacia turca al anunciar la cita, que consideró un “paso importante” hacia la paz y la estabilidad. Posteriormente, la portavoz de Exteriores rusa, María Zajarova, confirmó a la agencia TASS la participación rusa en la reunión, según informa desde Estambul Andrés Mourenza.

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Habitantes de la provincia de Donetsk hacían cola para subir a un tren tras ser evacuados de la zona rebelde, este domingo en la región rusa de Rostov, a pocos kilómetros de la frontera con Ucrania.
Habitantes de la provincia de Donetsk hacían cola para subir a un tren tras ser evacuados de la zona rebelde, este domingo en la región rusa de Rostov, a pocos kilómetros de la frontera con Ucrania.AP

Mientras Moscú fija su tenaza militar en torno al flanco norte y este de Ucrania, la tensión en la región oriental del Donbás va in crescendo. Desde el viernes, los martilleantes ataques de artillería se han intensificado a lo largo de la línea del frente de la guerra entre el Ejército ucranio y los separatistas prorrusos sustentados por el Kremlin. Este domingo, después de alegar temores de una ofensiva inminente de Kiev, funcionarios de los territorios secesionistas han asegurado, sin dar detalles, que bombardeos de las fuerzas ucranias han matado a dos civiles y que la zona es objetivo de sabotajes de infraestructuras fundamentales. Kiev lo niega y denuncia que todo es una operación de propaganda para “demonizar” a las fuerzas ucranias.

El Kremlin, que ha repartido en la región casi un millón de pasaportes y que lleva semanas asegurando que los habitantes del Donbás están sufriendo un “genocidio”, ha abierto una investigación por la supuesta muerte de civiles. La escalada y la participación cada vez más abierta de Rusia en el conflicto que impulsó hace ocho años eleva las alertas del Gobierno ucranio, Estados Unidos y la OTAN, que creen que Moscú está preparando una intervención en las provincias rebeldes de Donetsk y Lugansk con el pretexto de defender a la población.

En otro día de escalada verbal contra lo que Moscú ha tildado de “histeria de Occidente”, el Kremlin advirtió de que la situación en el Donbás es extremadamente delicada. “Una chispa, cualquier incidente no planificado o provocación menor planificada puede tener consecuencias irreparables”, insistió Dmitri Peskov, el portavoz del presidente ruso, Vladímir Putin.

El Ejército ucranio, que informó de que dos soldados fallecieron el sábado a consecuencia de ataques desde territorios separatistas, ha asegurado que desde el jueves se están produciendo los bombardeos más intensos en años.

Las violaciones del frágil alto el fuego negociado en 2019 (el enésimo) han aumentado de forma “drástica”, ha advertido la misión de observación de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en la zona. En el asentamiento de Shastia, en la parte de Lugansk controlada por el Gobierno ucranio, un bombardeo derribó un pequeño puente, según un portavoz del Ejército. Hasta la semana pasada, se producían unos cinco o seis incidentes de bombardeos y disparos a lo largo de los 400 kilómetros de línea del frente. Ese número se ha multiplicado por más de 10 en los últimos tres días, aseguró Oleksandr Pavliuk, el jefe de las fuerzas ucranias en el Donbás.

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El Ejército de Kiev afirma que “pese a las provocaciones” no responde y solo dispara en modo “defensivo” y en “circunstancias excepcionales”. ”La artillería enemiga está disparando desde atrás de los civiles. Y, de acuerdo con nuestros principios, no devolvemos el fuego a los civiles”, aseguró a los periodistas en Kramatorsk, el centro administrativo de la región de Donetsk de la parte controlada por el Gobierno.

“Que los rusos no lleguen a mi cocina”

Kramatorsk, que vivió duros combates al inicio de la guerra, en 2014, se ha convertido ahora en el centro militar y en la sede de las pocas ONG que trabajan en la zona, explica Galina Zolotujina mientras espera el autobús y apura un cigarrillo. La funcionaria, de 46 años, teme que la guerra que se ha estado librando desde hace años en las trincheras vuelva a los combates encarnizados; y que esconderse en los sótanos sea otra vez algo cotidiano en Kramatorsk, una ciudad a una hora en coche de la línea del frente y de la zona donde el percutir de los morteros y las granadas es habitual. “Por no pensar algo peor… como que los rusos entren y avancen directamente hasta mi cocina”, dice encogiéndose de hombros.

Al otro lado de la línea de contacto, en Donetsk y Lugansk, los líderes separatistas alzados por Moscú han decretado la movilización de los reservistas y han prohibido salir de los territorios a todos los hombres de entre 18 y 55 años. Además, han impulsado como un goteo durante todo el fin de semana la evacuación de civiles a la vecina Rusia. Este domingo, citando peligro para la población, suspendieron todas las actividades públicas, desde los espectáculos culturales a los actos educativos, según un comunicado publicado en su canal de Telegram. Tras mostrar en sus canales de televisión pública a un supuesto espía ucranio capturado, reiteraron que tienen información de que Kiev lanzará ataques inminentes para recuperar el control del territorio.

Un hombre observaba este domingo un coche destrozado por la artillería en la localidad de Tamarchuk (provincia de Donetsk), situada en la línea del frente.
Un hombre observaba este domingo un coche destrozado por la artillería en la localidad de Tamarchuk (provincia de Donetsk), situada en la línea del frente.STANISLAV KOZLIUK (EFE)

Casi 40.000 personas han llegado ya a Rusia, a la región de Rostov, según fuentes oficiales de Moscú. Allí, a petición del presidente Putin, los servicios de emergencia han preparado un operativo de acogida. Vídeos y fotografías en varios medios y en las redes sociales mostraban tiendas de campaña con literas para los primeros en llegar. Este domingo, medios sobre el terreno como The Guardian, informaron de que las autoridades han empezado a trasladar en trenes a muchos de los evacuados. Algunos relataban que los bombardeos habían aumentado en los últimos días; otros se mostraban desconcertados y algo molestos por una evacuación que veían innecesaria. En Rusia, donde Putin ha dictado que cada recién llegado de las autodenominadas “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk reciba una ayuda de 10.000 rublos (114 euros), las regiones de Rostov, Kursk y Voronezh, fronterizas con Ucrania, anunciaron estados de emergencia, citando la afluencia de personas.

Muchas menos personas han llegado a Ucrania desde las zonas de Lugansk y Donetsk en manos de los separatistas, que solo mantienen abierto un puesto fronterizo hacia el territorio controlado por el Gobierno. Por él han cruzado casi 900 ciudadanos desde el sábado, según el Ejército ucranio. Kiev asegura que la movilización de reservistas y la evacuación de civiles a Rusia es teatro y que su Ejército no tiene ninguna intención de lanzar una ofensiva para recuperar el control del Donbás.

“Es una movilización falsa en respuesta a una amenaza falsa”, asevero el sábado el ministro del Interior ucranio, Denys Monastyrski. “Están tratando de crear pánico, también de nuestro lado y entre nuestra gente”, añadió. Monastyrski, otros miembros del Gobierno y varios diputados de la Rada (el Parlamento) visitaron el sábado la línea del frente con un grupo de periodistas. Allí, bajo varios ataques de artillería, algunos comprobaron cómo el conflicto del Donbás, la última guerra de Europa, es una realidad que se masca desde 2014.

El ministro del Interior aseguró que el servicio de espionaje ucranio tiene datos de que Rusia ultima ya en las regiones separatistas una operación de falsa bandera, es decir una treta preparada por el Kremlin para intervenir y justificar una invasión en toda regla con el pretexto de proteger a la ciudadanía de los territorios secesionistas. Monastyrski afirmó que mercenarios del grupo Wagner han llegado a Donetsk y Lugansk con órdenes de volar puntos claves de infraestructuras y culpar a Kiev. La compañía de contratistas militares Wagner —considerado el ejército en la sombra del Kremlin y que ha servido a los intereses de Rusia en Siria, Libia y África— también estuvo presente en el principio del conflicto ucranio, según distintos informes, donde Rusia siempre ha negado su presencia.

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El presidente ruso, Vladímir Putin, se prepara para exhibir su músculo militar entre alertas de Estados Unidos y la OTAN de que el Kremlin está contemplando una invasión inminente de Ucrania. El líder ruso supervisará este sábado maniobras militares que incluirán el lanzamiento de misiles balísticos y de crucero (capacitados para transportar ojivas nucleares), según ha informado el Ministerio de Defensa ruso. El Kremlin ha asegurado que las maniobras de este fin de semana son las que no se pudieron llevar a cabo en 2020 y 2021 debido a la pandemia de coronavirus, y que estaban en la agenda desde hace tiempo. Pero los ejercicios militares elevan la tensión en plena crisis con Occidente y cuando Estados Unidos y la OTAN han intensificado sus llamadas de alerta de que Rusia puede estar preparando un ataque contra Ucrania. Además, Moscú, insatisfecha con las propuestas de Washington a sus demandas de reescribir la arquitectura de seguridad europea, reiteró este jueves su amenaza de iniciar medidas “técnico-militares” si fracasa la negociación.

Putin presenciará los ejercicios desde un centro de operaciones del Ministerio de Defensa, según el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. “Estas maniobras son imposibles sin el jefe de Estado. Ya saben, la famosa maleta negra y el botón rojo”, ha dicho este viernes Peskov, que ha apuntado que el líder ruso duerme “tranquilo” estos días de alta tensión.

Putin ha asegurado que mantiene la vía diplomática abierta y que mantendrá nuevas conversaciones con Occidente para resolver la crisis en torno a Ucrania, pero que sus demandas de “garantías de seguridad”, que pasan por reescribir los términos del desenlace de la Guerra Fría y devolver a la OTAN a posiciones anteriores a 1997, así como el veto a la membresía de Ucrania y Georgia en la Alianza Atlántica, deben ser escuchadas. “Estamos listos para emprender el camino de la negociación con la condición de que todas las cuestiones se consideren juntas, sin separarse de las principales propuestas de Rusia”, ha dicho Putin este viernes en una conferencia de prensa en Moscú junto al líder autoritario bielorruso, Aleksandr Lukashenko.

Cuando las conversaciones diplomáticas de alto nivel contra el reloj parecen no tener fin, Estados Unidos ha elevado este viernes su alerta al insistir en que Rusia, en vez de retirar sus tropas de las cercanías de la frontera con Ucrania como ha anunciado, está acumulando hasta 190.000 soldados, según un documento de Washington enviado a la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa). Un número superior a los 150.000 que estimó el presidente estadounidense, Joe Biden, esta semana.

Las maniobras previstas este sábado se suman a otras que Rusia desarrolla junto a Bielorrusia —con fecha de finalización este domingo—, así como ejercicios en el mar Negro y también en la península ucrania de Crimea, que Rusia se anexionó en 2014 con un referéndum no reconocido por la comunidad internacional. Putin muestra habitualmente el potencial del ejército ruso como maniobra de fuerza, intimidación y también de amenaza. En 2018, en su discurso anual sobre el estado de la nación, anunció una nueva generación de armas nucleares, incluido un misil de crucero intercontinental “invencible” y un torpedo nuclear. Y lo hizo con una presentación vistosa, con vídeos animados que mostraban múltiples ojivas nucleares dirigidas a Florida, donde el entonces presidente estadounidense, Donald Trump, tiene su casa de vacaciones en Mar-a-Lago.

“Se desarrollará un ejercicio programado de las fuerzas de disuasión estratégica”, ha informado el Ministerio de Defensa de Rusia sobre las maniobras. El objetivo, según explica una nota del departamento dirigido por Serguéi Shoigú, el ministro más cercano a Vladímir Putin, es verificar la preparación de los “comandos militares y las tripulaciones de los sistemas de misiles, buques de guerra y bombarderos” y la fiabilidad “de las armas de las fuerzas estratégicas nucleares y convencionales”.

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Esta nueva flexión de músculo militar llega, además, en un momento de especial tensión en la zona del Donbás, donde el Gobierno ucranio y los separatistas prorrusos apoyados por el Kremlin, que luchan desde hace ocho años en un conflicto que se cocina a fuego lento, intercambian acusaciones de ataques contra la población civil y de romper el alto el fuego. Kiev ha informado este viernes a mediodía de 60 violaciones del alto el fuego en las 24 horas anteriores, incluidos 43 disparos de artillería que alcanzaron una guardería y un colegio en la parte de la región de Lugansk controlada por el Gobierno. Mientras, los líderes separatistas de Donetsk, Denis Pushilin, y Lugansk, Leonid Pasechnik, respaldados por Moscú, han asegurado que van a iniciar una “evacuación masiva de civiles” a la vecina Rusia alegando ataques de las fuerzas ucranias. El Kremlin afirma que no tenía conocimiento de estos planes. Tampoco conocían esos planes las autoridades de la vecina ciudad de Rostov, donde, según Pushilin, se trasladaría a los civiles.

El anuncio añade más tensión a una situación caliente y en la que EE UU y la OTAN sospechan que Moscú está preparando una operación de falsa bandera; es decir, un ataque orquestado por el Kremlin para usarlo como excusa para una incursión militar, una intervención en el Donbás, donde ha repartido casi un millón de pasaportes rusos. Putin, que ha ahondado en los últimos meses en su retórica de que en las regiones de Donetsk y Lugansk se está produciendo un “genocidio” de personas de hablar rusa, habló este viernes de “escalada” e insistió en que la situación es preocupante.

El Gobierno ucranio, por su parte, negó las acusaciones de los jefes separatistas. También la oleada de noticias en medios de la órbita del Kremlin que hablan de que Kiev prepara una ofensiva para recuperar las áreas del Donbás en poder de los secesionistas y de que habría lanzado ya un ataque contra una instalación estratégica de la región. “Refutamos categóricamente los informes de desinformación rusos sobre las supuestas operaciones ofensivas o actos de sabotaje de Ucrania en las instalaciones de producción química”, ha remarcado el ministro de Exteriores, Dmytro Kuleba. “Ucrania no lleva a cabo ni planea ninguna acción de este tipo en el Donbás. Estamos totalmente comprometidos con la resolución diplomática de conflictos”, ha añadido.

Tras una madrugada particularmente activa en la que se han producido cortes de electricidad y de algunos operadores telefónicos en las regiones del Donbás controladas por el Gobierno, el ministro de Defensa ucranio, Oleksii Reznikov, insistió en que Rusia y sus representantes [los separatistas prorrusos] buscan desencadenar un pretexto para lanzar una agresión. “Lo más probable es que esperaran que la parte ucraniana tomara represalias para poder culparnos por empeorar la situación”, dijo en una intervención en el Parlamento. “Las provocaciones no terminarán. Nuestro objetivo es mantener la cabeza fría, responder adecuadamente pero no dejarnos provocar. Estimamos que la probabilidad de una gran escalada es baja”, añadió.

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Vuelven los malos viejos tiempos. Aquellos de 2017, en los que Corea del Norte efectuaba pruebas de misil a ritmo casi semanal. Este lunes, el régimen de Pyongyang ha disparado lo que parecen ser dos nuevos misiles balísticos de corto alcance desde los alrededores del aeropuerto Sunan de la capital, el cuarto lanzamiento en lo que va de año y con el que busca -como los tres primeros- desarrollar sus nuevas tecnologías de armamento y aumentar la presión sobre Estados Unidos.

Los dos proyectiles, disparados poco antes de las 09.00 hora coreana (01.00 hora peninsular española) apenas tres días después de otro lanzamiento doble -aquel llevado a cabo desde un tren-, tuvieron un recorrido de unos 380 kilómetros y alcanzaron una altura de unos 42 kilómetros en un vuelo en dirección noreste, antes de caer sobre el mar, según el Estado Mayor surcoreano.

El ministerio de Defensa de Japón, por su parte, ha calculado que los misiles recorrieron una distancia de 300 kilómetros y llegaron a una altura de 50 kilómetros en una “trayectoria balística normal”.

La Casa Azul, la sede de la presidencia de Corea del Sur, calificó el nuevo lanzamiento de “muy lamentable” y convocó una reunión de urgencia de su consejo de seguridad nacional en Seúl.

Desde el comienzo del año Corea del Norte ha llevado a cabo otras tres pruebas de misiles, un ritmo que no se veía desde los peores tiempos de 2017, cuando las tensiones con Estados Unidos amenazaron con desatar un conflicto violento. Pero en noviembre de aquel año el líder supremo norcoreano Kim Jong Un declaró completado el programa de armamento nuclear de su país. En 2018 se abrió un proceso de deshielo con Seúl y se inició una etapa de negociaciones con Estados Unidos, dentro de la que Pyongyang declaró una moratoria en sus lanzamientos.

La serie de cumbres que Kim mantuvo con el entonces presidente estadounidense Donald Trump toparon con un estrepitoso fracaso en Hanoi en febrero de 2019. Desde entonces el proceso ha languidecido, sin que la nueva Administración de Joe Biden haya dado grandes señales de interés en retomarlo.

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Sin indicios de recuperación de las negociaciones, el líder supremo norcoreano dio órdenes el año pasado de desarrollar nuevo armamento de tecnología punta, una prioridad que se recogió en el nuevo plan quinquenal (2021-2015). En septiembre del año pasado Pyongyang llevó a cabo su primera prueba de un misil hipersónico, una tecnología con la que hasta el momento solo cuentan Estados Unidos, Rusia y China y que permite que los cohetes alcancen velocidades cinco veces superiores a la del sonido y puedan maniobrar en su trayectoria tras el disparo. Los dos primeros lanzamientos de este año también han sido de misiles hipersónicos, según los medios estatales norcoreanos. Seúl asegura que se trata de tecnología aún muy rudimentaria y que sus sistemas antimisiles están en condiciones de neutralizar esos cohetes si se dispararan contra su territorio.

El tercer lanzamiento en lo que va de este año llegó el viernes, dos misiles de corta distancia que se dispararon desde un tren en las cercanías de la frontera con China. Esa prueba llegó un día después de que Washington impusiera nuevas sanciones contra funcionarios norcoreanos implicados en el programa de armamento de ese país. Pocas horas antes del disparo, Corea del Norte había amenazado con una respuesta “más fuerte” a esos castigos, que consideró una “provocación”.

La nueva racha de pruebas, bien desde un tren o bien de misiles hipersónicos, indica que Corea del Norte “busca mejorar su tecnología y sus capacidades operativas para llevar a cabo lanzamientos secretos, con el fin de que otros países tengan problemas para detectar los indicios de que se prepara un disparo”, ha indicado el ministro japonés de Defensa, Nobuo Kishi, en una rueda de prensa. “No se puede hacer caso omiso del notable desarrollo de la tecnología de misiles de Corea del Norte, por el bien de la seguridad de Japón y del resto de la región”, ha añadido.

El nuevo y frenético impulso a la tecnología de armamento llega cuando el propio Kim ha reconocido dificultades en el suministro alimenticio, causadas por una combinación de las sanciones internacionales, desastres meteorológicos y el hermético cierre de las fronteras para proteger de la covid a la empobrecida nación.

Precisamente, este fin de semana un tren de mercancías norcoreano cruzó la frontera sobre el río Yalu y entró en China, según informó la agencia surcoreana Yonhap, en lo que podría significar la reactivación del comercio entre Corea del Norte y su gigante vecino, de donde procedía el 90% de los productos que importaba el régimen de Pyongyang.

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Las expectativas sobre las conversaciones mantenidas este lunes en Ginebra (Suiza) entre Washington y Moscú eran poco optimistas por ambas partes y nada de lo ocurrido en la cita alteró el guion. La presión militar de Rusia en la frontera con Ucrania, casi ocho años después de la anexión de Crimea, ha desatado los temores tanto en Estados Unidos como en Europa, y el encuentro no ha rebajado la tensión. La delegación del Kremlin prometió que no planea intervenir en la antigua república soviética, pero también advirtió a la Administración estadounidense, en tono amenazante, de que no buscar un acercamiento a Rusia, que pasa por reducir la presencia de la OTAN en el este de Europa, supone “un gran error en perjuicio de la seguridad europea”, en palabras del jefe de la delegación rusa, Serguéi Riabkov.

El Gobierno de Joe Biden se presentó en la reunión con una oferta para negociar sobre el despliegue de misiles y el alcance de los ejercicios militares en Europa, además de con la advertencia de fuertes sanciones económicas, que irán “mucho más allá” de las aplicadas por la anexión de Crimea en 2014, si el presidente ruso, Vladímir Putin, lanza una intervención en Ucrania. La subsecretaria de Estado, Wendy Sherman, explicó tras el encuentro que la peticiones planteadas por Rusia en un documento hace semanas “son lo contrario a puntos de partida” y que así se lo había hecho saber a su contraparte. El Kremlin reclama garantías legales de que la OTAN no se reforzará en las fronteras europeas de Rusia, sobre todo en la de Ucrania, y de que la Alianza Atlántica asuma, además, “la obligación de impedir una ampliación de la OTAN a otros Estados [de Europa del este, el Cáucaso o Asia central], incluida la adhesión de Ucrania”.

El diplomático ruso hizo unas declaraciones en tono muy duro. “Si esto no sucede [las concesiones occidentales a Moscú], entonces la cuestión será analizada teniendo en cuenta todos los sectores”, dijo Riabkov, que lanzó a continuación la siguiente reflexión: “Sin anticipar nada, sin adelantarme a los eventos, puedo decir que realmente no me gustaría enfrentarme a una situación en la que los países de la OTAN, liderados por Estados Unidos, cometan tal error y vuelvan a actuar en detrimento tanto de su propia seguridad como la de todo el continente europeo”.

Ningún país, respondió Sherman este lunes, “dictará la política exterior de otro”, ni puede prohibirle “tejer alianzas”. La subsecretaria de Estado lamentó que Rusia no haya dado ningún paso para frenar la escalada de tensión, una “desescalada”, dijo, que pasa por retirar a “todos los soldados” concentrados en la frontera y devolverlos a “a sus cuarteles”. “Hemos dejado claro que si Rusia invade Ucrania habrá costes significativos y consecuencias que irán más allá de lo que afrontaron en 2014″, señaló Sherman. Entre las penalizaciones que Estados Unidos estudia con sus aliados figuran las sanciones financieras, los controles a las exportaciones de industrias clave, el refuerzo de las posiciones de la OTAN en territorio aliado y un aumento del apoyo en materia de seguridad para Ucrania.

La subsecretaria de Estado, Wendy Sherman, y el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Ryabkov, este lunes en Ginebra.
La subsecretaria de Estado, Wendy Sherman, y el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Ryabkov, este lunes en Ginebra.DENIS BALIBOUSE (REUTERS)

La nota más positiva de la ronda de reuniones de este lunes, que se prolongó durante ocho horas, es que la vía diplomática no está muerta y que ambos Gobiernos quieren seguir hablando. No participó ninguna autoridad europea en el encuentro, pese a que sus resultados afectan directamente al Viejo Continente, si bien Washington no deja de insistir en que cualquier decisión o medida relativa a esta crisis se adoptará de forma coordinada con los aliados europeos. Las conversaciones continuarán a nivel multilateral, de hecho, a lo largo de la semana. El miércoles se reunirá el Consejo OTAN-Rusia en Bruselas y el jueves está prevista una sesión de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en Viena. Aun así, el diplomático ruso advirtió de que el éxito o fracaso de las negociaciones no serán una cuestión de meses sino de días.

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“La posición de Rusia es dura, no un ultimátum”, añadió Riabkov. Rusia quiere que la OTAN vuelva a sus límites de 1997 y renuncie a los miembros que se unieron posteriormente. Aquel año, el entonces secretario general, Javier Solana, y el ministro de Exteriores ruso, Yevgueni Primakov, firmaron el Acta Fundacional de Cooperación Mutua, que permitía la ampliación de la OTAN sin conflictos. Tras ello llegó la adhesión de todo el espacio actual al este de Alemania, incluidos Polonia, Rumania y los países bálticos.

Riabkov señaló que no hay motivos para que Estados Unidos tema una escalada en torno a Ucrania, junto a cuyas fronteras Rusia desplegó más de 100.000 soldados en los últimos meses del pasado año. “No tenemos intención de invadir Ucrania”, afirmó el alto cargo.

En Kiev ven con preocupación el futuro tras las negociaciones. El ministro de Exteriores ucranio, Dmytro Kuleba, quiso “llamar a las cosas por su nombre” en Twitter unas horas antes del encuentro. “Putin exige a Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea que acepte la esfera de influencia de Rusia sobre los Estados vecinos. Pero la Guerra Fría ha terminado y con ella las esferas de influencia”, señaló el jefe de la diplomacia ucrania.

Andriy Zagorodnyuk, ministro de Defensa de Ucrania entre 2019 y 2020 y actualmente asesor del presidente, Volodímir Zelenski, dijo a EL PAÍS por Skype que cualquier concesión de Washington “solo hará que la situación empeore y las líneas rojas vayan más lejos”. “Sería un gran error ceder ante Rusia justo ahora porque sería visto como una señal de debilidad de Estados Unidos”, afirmó Zagorodnyuk, que preside además el Centro para las Estrategias de Defensa.

“Es ridículo y no tiene ningún sentido que la OTAN vuelva a su posición de 1997. Los rusos hacen demandas irreales conscientemente. La cuestión es qué pasará después, cuando Europa diga ‘no, no aceptamos sus demandas”, agregó Zagorodnyuk. Según el asesor del presidente ucranio, “la guerra está igual de lejos o cerca que hace un mes”. “Ahora no tienen suficientes tropas desplegadas para ello. Podrían realizar operaciones limitadas, pero para sostener una guerra abierta necesitan más soldados. Pero si las negociaciones no logran un avance, y existe una gran posibilidad de ello, desplegarán más”, advirtió Zagorodnyuk.

La reunión de este lunes se enmarca en la ronda de conversaciones del foro Diálogo de Seguridad Estratégica que Biden y Putin decidieron poner en marcha en la cumbre que ambos mantuvieron el pasado junio, también en Ginebra. Este canal abierto aborda también otros asuntos como el armamento nuclear, pero la crisis ucrania emerge como el problema más urgente.

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