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El vehículo estrellado contra un restaurante en el norte de la ciudad de Washington, este viernes.
El vehículo estrellado contra un restaurante en el norte de la ciudad de Washington, este viernes.JIM LO SCALZO (EFE)

Dos mujeres han muerto y al menos otras 10 personas han resultado heridas después de que un vehículo se empotrara contra la terraza al aire libre de un conocido restaurante de la zona noroeste de Washington a la hora del almuerzo, según han informado la policía y los bomberos de la ciudad. Pasados unos 15 minutos del mediodía de este viernes, los servicios de emergencia recibieron un aviso de que un coche de gran volumen se había salido de la carretera y arrasado la zona de patio en la que comía un numeroso grupo de gente.

El Parthenon, nombre del local, se encuentra en el bloque 5500 de Connecticut Avenue, una zona que cuenta con otros restaurantes, cafés, una pescadería, una gasolinera Exxon y una tintorería, que fue el negocio en el que quedó finalmente empotrado el coche. Según Vito Maggiolo, portavoz del departamento de Bomberos y Servicios Médicos de Emergencia del Distrito de Columbia (DC), cinco de los hospitalizados se encuentran en estado crítico y otras tres personas fueron tratadas por heridas menores en el lugar.

Según la investigación preliminar, un anciano habría perdido el control del vehículo mientras estaba conduciendo. “Todo apunta a que estamos ante un auténtico accidente”, dijo en rueda de prensa desde el lugar el jefe de la policía de ese distrito, Duncan Bedlion, quien no aportó la edad del conductor. “No hay ninguna indicación de que haya sido intencionado”, aportó.

Ese tramo de Connecticut Avenue sirve como entrada a la ciudad del tráfico procedente de la vecina Maryland y suele estar repleta de vehículos a la hora del trágico accidente. El relato de los hechos coincidía con varias personas entrevistadas para este periódico. Una pareja joven tomaba café en Starbucks cuando oyó un fuerte acelerón y a continuación un gran estruendo. “No parecía real, nos hemos quedado paralizados”, explicaba Asher Fisher. Los empleados de la pescadería enfrente del restaurante no salían de su asombro.

Una de las empleadas de Starbucks se asomó para saber qué sucedía al oír muchas sirenas, tanto de policía como de ambulancias. “Se han llevado a gente en camillas, pero no he querido acercarme más. Ojalá que solo haya dos muertos”, deseaba Rose. Junto a ella, una clienta de la tienda de ropa para mujeres Core 72 relataba que había visto a gente atrapada debajo del coche. Varios testigos han relatado al diario The Washington Post que el anciano que conducía rondaría los 80 años y que bajó del coche por su pie, aunque parecía muy desconcertado. Saira Rivas, salvadoreña afincada en Washington desde hace casi dos décadas y que vive en uno de los muchos edificios de apartamentos que flanquean la ancha avenida, se mostraba horrorizada por el suceso: “Para morirte solo necesitas estar vivo”.

Siete personas han muerto en accidentes de tráfico en lo que va del año, el mismo número que el total del año pasado, según los registros policiales. Los datos de la ciudad muestran que unas 500 personas han resultado heridas en accidentes de tráfico hasta la fecha.

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Los vehículos y las tropas de la Guardia Nacional se despliegan en el National Mall cerca del Monumento a Washington de la capital.
Los vehículos y las tropas de la Guardia Nacional se despliegan en el National Mall cerca del Monumento a Washington de la capital.STEFANI REYNOLDS (AFP)

El presidente Joe Biden ofrecerá este martes su primer discurso del estado de la Unión en un Congreso vallado por medidas de seguridad. Las rejas que rodearon durante meses el Capitolio tras el asalto del 6 de enero de 2020 han vuelto a levantarse “por precaución”, según informó este domingo la policía, que se prepara para una posible protesta de camioneros contra las medidas sanitarias obligatorias por la pandemia, inspirada en el caso canadiense. Mientras que el alcance de la manifestación está en el aire, el Pentágono ha aprobado el despliegue de 700 miembros de la Guardia Nacional y cincuenta vehículos militares blindados para ayudar a los agentes locales en caso de algún incidente.

La autodenominada Caravana del Pueblo está transmitiendo por Facebook su viaje de 4.000 kilómetros, desde California hacia la capital. En la transmisión se alcanza a ver una fila conformada por varios camiones y gente apoyándolos en las aceras con banderas estadounidenses. Está previsto que los activistas lleguen el 5 de marzo a Beltway, una carretera de circunvalación que rodea Washington. El despliegue de la Guardia Nacional, que ayudará a controlar el tráfico en los puestos designados y en los puntos que conducen al Capitolio, se ha aprobado hasta el 8 de marzo tanto dentro como fuera de la ciudad.

Kyle Sefcik, organizador de una de las principales caravanas que han salido de California rumbo a la capital estadounidense, ha publicado este lunes que la fila de vehículos se ha disuelto por la falta de participantes. “Se me ha interrogado, censurado, detenido y acusado por agencias del gobierno federal”, afirmaba sin pruebas Sefcik en el monumento a Washington, donde adelantó que estará este martes para reclamar que la Administración de Joe Biden ponga fin al estado de emergencia declarado por su antecesor para frenar el coronavirus.

La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, y la alcaldesa de Washington, Muriel Bowser, han informado que la situación de las caravanas se está monitoreando de cerca, con un Plan de Respuesta a Incidentes Críticos para el Capitolio. “Solicité el apoyo de agencias policiales externas, así como de la Guardia Nacional, para que nos ayuden con nuestras precauciones de seguridad”, sostuvo este domingo el jefe de Policía del Capitolio,Tom Manger, en un comunicado. Los camioneros, según las informaciones, provienen de distintos puntos del país, no solo de California. Entre los participantes hay activistas que viajan desde Virginia Occidental, Pensilvania y Vermont.

Los camioneros estadounidenses decidieron organizar una caravana a la capital estadounidense cuando estallaron las manifestaciones en Canadá tres semanas atrás. Desde entonces, cada vez son más los Estados que han levantado las restricciones relacionadas con la pandemia y el pasado viernes los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) relajaron las recomendaciones sobre el uso de mascarillas. Además, el Tribunal Supremo rechazó en enero la orden firmada por Biden que exigía a los trabajadores de grandes empresas estar vacunados contra la covid-19.

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Young figure skaters at the Fairfax Ice Arena near Washington, DC.

Seven predominately Black schools in Washington were evacuated over bomb threats Wednesday and later cleared, including a high school that was threatened a day earlier during a visit by U.S. Vice President Kamala Harris’ husband, authorities said.

The District of Columbia Police Department said four public high schools and three charter schools had received threats.

Washington police later declared Dunbar High School, where Harris’ husband, Douglas Emhoff, was rushed to safety after Tuesday’s bomb threat, and the others “cleared with no hazardous material found.”

Authorities have not indicated a connection to race in the spate of bomb threats, and police said Tuesday’s incident did not appear targeted at Emhoff, who was visiting Dunbar for a Black History Month event.

But the incidents have further raised fears among Black communities already rattled by a series of bomb threats made last week to at least a dozen historically Black colleges and universities, or HBCUs, nationwide.

“Americans have a right to be safe at work, in houses of worship and at school,” Harris said in a statement. “We must stand up against any threat of violence in our communities.”

No explosives were found at any of the HBCUs, but the threats are being investigated by the FBI. Washington police say they are investigating this week’s threats to Dunbar, considered the first high school for Black Americans in the United States, and the other schools.

“These are troublesome incidents that we take very seriously,” D.C. Public Schools Chancellor Lewis Ferebee said, adding the school system “will continue to offer support to our school communities while the (police) investigations are ongoing.”



Pocos líderes mundiales se han reunido tantas veces como el chino Xi Jinping y el ruso Vladímir Putin: 38. Pero desde hace ocho años, cuando Rusia acababa de ocupar Crimea, ningún encuentro entre ambos había generado tanta expectación como el previsto este viernes. El líder ruso, que viaja a Pekín para presenciar la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, tratará con su homólogo chino sobre una “visión común de la seguridad”, según el Kremlin, en plena crisis con Occidente en torno a una posible invasión rusa de Ucrania. Será la primera cita cara a cara de Xi con otro mandatario desde los primeros tiempos de la pandemia, en un gesto simbólico de la relación cada vez más estrecha entre ambos países.

Esa amistad cada vez más intensa entre China y Rusia, tras décadas de profunda desconfianza, es algo que beneficia a ambos. Los dos perciben a Estados Unidos como el rival común contra el que se apoyan mutuamente. Comparten una misma visión —escéptica cuando menos— sobre los valores democráticos occidentales. Hay química entre Putin y Xi, quien calificó al ruso de “viejo amigo” en una videoconferencia en diciembre. Además, han celebrado juntos los respectivos cumpleaños.

La reunión de este viernes —un almuerzo de trabajo antes de que acudan al estadio de El Nido para presidir la ceremonia inaugural— guarda notables similitudes con la de 2014. Entonces, tras la anexión de la península ucrania de Crimea, Rusia se encontraba contra las cuerdas. Se había convertido en un paria a ojos de Occidente. Su economía se había contraído a raíz de las duras sanciones internacionales. Pero la firma de un acuerdo por 400.000 millones de dólares [unos 350.000 millones de euros al cambio actual] para el suministro de gas natural a China le supuso una tabla de salvación, tanto económica como diplomáticamente. No solo Moscú encontraba una nueva fuente de ingresos para suplir la pérdida de las ventas de combustible a Europa; el pacto también enviaba el mensaje de que no estaba aislado ante Occidente.

Aquella firma marcó el despegue de una relación que, convertida en una alianza informal, no hace sino fortalecerse en todos los campos. China ya representa el 20% del comercio ruso, frente al 10% de 2014. Ambos países desarrollan maniobras militares conjuntas. Incluso han firmado un memorando para construir juntos una base lunar.

El gran amigo de Moscú

Como en 2014, Ucrania vuelve a ser el telón de fondo. Occidente trata de alejar el fantasma de una invasión rusa. Y China, ahora consolidada como potencia mundial, mucho más fuerte que hace ocho años y con mayor peso internacional que su vecino y socio, vuelve a perfilarse como el gran amigo de Moscú.

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Los dos líderes firmarán una quincena de acuerdos sobre energía y finanzas, según ha adelantado el Kremlin. Sobre la mesa hay un nuevo acuerdo de expansión de suministro de gas que complemente el del gasoducto Poder de Siberia, que recorre 4.000 kilómetros y se encuentra operativo desde 2019. Y, en particular, subrayarán su “visión común” en materia de seguridad en una declaración conjunta sobre “la entrada de las relaciones internacionales en una nueva era”, según ha adelantado un portavoz del Gobierno ruso.

El propio Putin ha enfatizado esa visión común. “Nuestros países desempeñan un papel estabilizador importante en el complicado clima internacional actual, promoviendo una mayor democracia en el sistema de relaciones internacionales para hacerlo más equitativo e incluyente” ha indicado en un artículo bajo su firma publicado por la agencia de noticias oficial china Xinhua. Los dos países “coinciden, o están muy cerca” en la mayoría de asuntos internacionales, ha sostenido el presidente ruso.

Pekín dio un paso adelante en esa cercanía la semana pasada, cuando en una conversación telefónica con el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken el ministro chino de Exteriores, Wang Yi, apoyó la posición rusa en Ucrania y Europa del Este, donde Moscú reclama que la OTAN renuncie a expandirse. Wang opinó entonces que “las preocupaciones razonables de Rusia sobre seguridad deben tenerse en cuenta”, criticó la “mentalidad de la Guerra Fría”, en una velada alusión a Washington, y subrayó que “no se puede garantizar la seguridad regional sobre la base de expandir un bloque militar”, en referencia a la Alianza Atlántica.

Esa declaración va más lejos que las que Pekín —opuesto a respaldar cualquier iniciativa de apoyo a movimientos independentistas— llegó a formular nunca sobre otras intervenciones de Rusia, en opinión de Evan Feigenbaum, del Carnegie Endowment for International Peace en Washington. Antes de la ocupación de Crimea, que China nunca ha reconocido, Moscú envió tropas a Georgia para apoyar la secesión de la región de Abjasia precisamente durante los primeros Juegos Olímpicos de Pekín, en 2008, sin que el Gobierno chino se alineara con el Kremlin.

Pero desde entonces, la relación entre China y Estados Unidos se ha deteriorado, y Rusia ha ganado valor como socio. “Entre la inconsistencia con los principios y la realidad geopolítica, el Gobierno chino ha optado por la realidad geopolítica, que se impone a todo lo demás”, consideraba Feigenbaum en una mesa redonda este miércoles.

Sus economías se complementan: China puede proveer a Rusia de infraestructuras, alta tecnología y semiconductores, Moscú proporciona armamento moderno, productos agrícolas y gas y petróleo para las inmensas necesidades energéticas de su vecino. El comercio entre ambos alcanzó los 147.000 millones de dólares (unos 129.000 millones de euros) el año pasado, y ambos Gobiernos esperan que este año se superen los 200.000 millones de dólares. Los dos países zanjaron las disputas sobre su frontera, la más larga del mundo con más de 4.000 kilómetros, con un tratado que les ha permitido reasignar fondos presupuestarios y soldados.

“En parte, la concentración rusa de tropas en la frontera con Ucrania es consecuencia indirecta del tratado fronterizo con China”, apunta Alexander Gabuev, del Centro Carnegie en Moscú. “El número de soldados desplegados en la frontera [ruso-china] hoy es el más bajo desde 1922”.

Suspicacias y escepticismo

Pero esa cercanía tiene límites. En Moscú persiste cierta suspicacia hacia el vecino cada vez más poderoso: la relación es “asimétrica” y el sentimiento es que Rusia necesita más a China que viceversa, matiza Gabuev. “China es muy pragmática y tiene mucha capacidad de presión. Su posición negociadora se fortalece cada día, así que es mejor firmar un acuerdo con China hoy que mañana”, agrega este experto.

Y aunque contemporiza, China contempla con escepticismo las intervenciones de Rusia en apoyo de movimientos separatistas, como los de Crimea o Abjasia, ante el temor a alentar reclamaciones en ese sentido dentro de su propio territorio, en Tíbet, Xinjiang o Hong Kong. Ninguna de las dos partes ha tenido nunca interés en formalizar su alianza con un tratado.

Es difícil que el respaldo chino a las acciones de Rusia en Ucrania vaya más allá de declaraciones como las del ministro Wang. Pekín mantiene buenas relaciones con Kiev, una pieza importante en su iniciativa de red mundial de infraestructuras conocida como la Nueva Ruta de la Seda. Ucrania, además, le suministra armamento y es un importante socio comercial: su intercambio de productos agrícolas creció un 33% en 2021 con respecto al año anterior. La antigua república soviética le suministra el 80% de sus importaciones de maíz.

Sobre todo, China no desea un conflicto en el que tenga que elegir entre el apoyo a su aliado o el cumplimiento de lo que a todas luces serían una duras sanciones internacionales. Y en el que se arriesgaría a verse enfrentada a la Unión Europea, su segundo socio comercial.

En su conversación con Blinken, Wang apuntó el deseo de una solución de la crisis por la vía diplomática. “China apoyará cualquier esfuerzo que se alinee con la dirección y el espíritu” del acuerdo de Minsk, declaró el ministro, en referencia al alto el fuego entre Rusia y Ucrania suscrito en 2015 con Francia y Alemania como mediadores.

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The U.S. National Football League’s Washington franchise announced Wednesday it will now be known as the Washington Commanders, 18 months after dropping its previous name following years of complaints it was derogatory and racist.

The team, founded as the Boston Braves, became the Redskins in 1932 before moving to Washington in 1937. But since the 1970s the team received criticism from Native American activists and others who viewed its name as offensive.

Current team owner Daniel Snyder vowed repeatedly never to change it. But in 2020, following the worldwide protests sparked by the killing of George Floyd while in police custody, the national discussion about racial equality brought new pressure on the team.

The Washington Post reports pressure from public officials as well as threats from top sponsors such as FedEx, Nike and Pepsi prompted the team to drop “Redskins.” The team had been known simply as The Washington Football Team – or WFT – while team management conducted the process of selecting a new name.

In a statement, team owner Snyder said, “As an organization, we are excited to rally and rise together as one under our new identity, while paying homage to our local roots and what it means to represent the nation’s capital.”

The Washington Commanders join the Cleveland Guardians – formerly, the Indians -among major North American professional sports teams abandoning names linked to Native Americans. But the Associated Press reports other teams, such as the NFL’s Kansas City Chiefs, the National Hockey League’s Chicago Blackhawks and baseball’s Atlanta Braves have said they have no plans to change their names.

Some information for this report was provided by the Associated Press.

“Washington is the one generating tensions, not Moscow. We are not going to step back and stand firm in response to threats of sanctions” from the United States.

With this message published on the Twitter network, the Russian embassy in the United States responded to a statement from the State Department in which it recalled that it was Russia that invaded Ukraine in 2014 and occupied Crimea.



El domingo pasado, en una entrevista en la NBC, el periodista Chuck Todd preguntó al secretario de Estado estadounidense al hilo de la crisis de Ucrania: “¿Por qué parece que Estados Unidos está más preocupado por la seguridad de Europa que Europa?”. Anthony Blinken respondió raudo y veloz que no es así, que la preocupación es grave para todos los aliados, y que, de hecho, debería inquietar al mundo entero. Sin embargo, sí parecen mucho más preocupados los estadounidenses, pese a que son los europeos los que tienen el incendio en el umbral de su puerta.

La Unión Europea y EE UU comparten el objetivo de evitar a toda costa una agresión de Rusia contra Ucrania, pero los caminos para llegar a esa meta son a veces divergentes, cuando no contradictorios. Bruselas aboga por mantener la presión sobre el presidente ruso, Vladímir Putin, pero sin romper los canales de comunicación ni transgredir ninguno de los principios fundacionales de la seguridad europea después de la guerra fría.

Washington, por su parte, combina una retórica belicista que retroalimenta la de Putin con señales de que está dispuesto a negociar con Moscú los despliegues en Europa del Este, lo que, de facto, pone en cuestión la arquitectura de seguridad europea de los últimos 30 años. EE UU no deja de enviar mensajes que cimentan la idea de una intervención rusa inminente, mientras al otro lado del Atlántico los portavoces tratan de rebajar el peligro.

La cacofonía se ha hecho evidente en las últimas 72 horas. La OTAN informó el lunes de que los países aliados habían puesto a sus tropas “en alerta” para una posible movilización, pero EE UU fue más allá: cifró en 8.500 los soldados preparados y detalló las zonas dónde las desplegaría en caso de necesidad. El Gobierno de Joe Biden avanzó el domingo que reduciría el personal de su Embajada en Kiev ante el riesgo creciente de conflicto —medida secundada por Londres— y Bruselas prefirió mantener la calma. De hecho, tiene previsto redoblar su presencia política e institucional. “Mientras continúen las negociaciones, no creo que debamos salir de Ucrania. Pero quizá el secretario Blinken tenga información que compartir con nosotros”, replicó Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea.

EE UU lleva al menos dos semanas dando detalles del paquete de sanciones con que golpearía a Moscú si interviene la antigua república soviética —”Sería un desastre para Rusia”, advirtió Biden— como forma de disuasión, pero Europa prefiere no mostrar aún esas cartas y no dice ni pío de las posibles penalizaciones.

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La dependencia energética de Europa respecto a Rusia ayuda a comprender parte de esta diferencia ante el Kremlin. Prueba de que ese elemento flota en el ambiente es que EE UU ha abierto conversaciones con países grandes productores de energía sobre un posible desvío de suministros a Europa en caso de que se produzca la invasión rusa, según informaron este martes fuentes de la Administración norteamericana.

Las diferencias entre Bruselas y Washington no llegan, de momento, a poner en peligro el frente occidental, del que también forman parte el Reino Unido y Canadá, contra una posible agresión militar rusa. Pero la apreciación de los riesgos y, sobre todo, la forma de neutralizarlos, revela una brecha transatlántica que podría agrandarse si el conflicto se encona o se prolonga en una negociación sin límites claros.

La discrepancia más evidente es el pronóstico sobre una posible invasión militar de territorio ucranio. Para EE UU, esa amenaza es “inminente”, según repite Blinken. Para Borrell, esa amenaza parece mucho más lejana. “No, no creo que haya nada nuevo que indique un aumento del temor a un ataque”, dijo el lunes. Borrell tampoco dispara las alarmas por el hecho de que Putin haya desplegado tropas rusas en Bielorrusia.

Viajes de apoyo

El comisario europeo de Ampliación, Olivér Verhály, viajará miércoles y jueves a Kiev para mostrar el apoyo europeo al Gobierno de Volodimir Zelenski. También irán a Ucrania en los próximos días los ministros de Exteriores de Francia y Alemania. Una delegación de parlamentarios europeos llegará a la capital ucrania a finales de mes. Y algunos socios europeos incluso han propuesto celebrar en Kiev una reunión extraordinaria de los 27 ministros de Exteriores de la UE. Esta nutrida agenda parece destinada tanto a mostrar la solidaridad con Ucrania como a poner en duda la tesis del ataque inminente defendida por Washington.

Bruselas tampoco se muestra satisfecha con los vaivenes de Joe Biden. A finales del año pasado, el presidente de EE UU se apresuró a descartar una intervención militar para defender Ucrania. El anuncio, según fuentes comunitarias, sonó, deliberadamente o no, a un desentendimiento de Washington sobre el conflicto en Europa. Biden ha retomado después un tono mucho más beligerante, pero con tropiezos tan graves como el de haber admitido en público las diferencias en el seno de la OTAN sobre la respuesta a Moscú o la posibilidad de que Rusia proceda a una “incursión menor” en territorio ucraniano que podría resultar aceptable. Biden rectificó este desliz acto seguido y recalcó que cualquier traspaso de fronteras causará serias represalias.

“Rusia quiere una negociación bilateral con EE UU que deje aparte a los europeos”, señaló este martes el ministro francés de Asuntos Exteriores, Yves Le Drian, que consideró “inadmisible” que Putin busque arrastrar a Biden hacia “una especie de Yalta 2″, en alusión a una de las cumbres que tras la Segunda Guerra mundial fijó el reparto de influencia de las tres potencias vencedoras (EE UU, Reino Unido y la URSS) en el continente europeo. Ese marco quedó superado tras el desmoronamiento del bloque soviético. Y el orden geoestratégico europeo de la posguerra fría quedó fijado por el acta de Helsinki, la carta de París y el acuerdo de entendimiento entre la OTAN y Moscú. Bruselas considera innegociables esos tres textos.

“El concepto de ‘esferas de influencia’ no tiene espacio en el siglo XXI”, señalan las conclusiones aprobadas el lunes, de manera unánime, por los 27 ministros de Exteriores de la UE. El documento, uno de los más duros aprobados por la UE en relación Rusia, condena la incesante agresividad de Moscú contra Ucrania y reitera la amenaza de imponer unas sanciones económicas sin precedentes si el Kremlin consuma un ataque armado. EE UU, mientras, trata de recalcar que no hay división entre los aliados.

Sanciones en una mano y disposición a pactar en la otra

Entre las sanciones a Moscú que planea EE UU figura una medida inédita: la activación de una regla de productos producidos en el extranjero que restringiría el acceso de Rusia a los escasos y valioso microchips, básicos para la economía, así como un reguero de sanciones a los grandes bancos rusos. Otra medida resultaría trascendental para toda Europa: la cancelación del proyecto de gasoducto Nord Stream (NS2), un proyecto controlado por Gazprom que busca transportar gas de Rusia a Alemania directamente por el lecho del mar Báltico sin pasar por Ucrania. Biden señaló este martes que también se plantea sanciones individuales contra el líder ruso.
Para Bruselas, el empeño de Washington de airear las sanciones contrasta con la disposición a entrar con Putin en un regateo sobre la estructura de seguridad en el viejo continente. El dirigente ruso se permitió a finales de año publicar dos proyectos de tratados internacionales, con EE UU y la OTAN, respectivamente, que supondrían un cambio radical al marco europeo de los últimos 30 años.
“Solo los vencedores de una contienda se permiten poner unos textos así sobre la mesa”, apunta una alta fuente diplomática. Para Bruselas ambos textos son innegociables. Pero EE UU aceptó una primera reunión en Ginebra para estudiar los términos planteados por Moscú. Y Blinken se ha comprometido a dar una respuesta por escrito, algo que también hará la OTAN.

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El canciller alemán, Olaf Scholz (derecha), saluda al presidente francés, Emmanuel Macron, este martes al inicio de su reunión en Berlín.
El canciller alemán, Olaf Scholz (derecha), saluda al presidente francés, Emmanuel Macron, este martes al inicio de su reunión en Berlín.MICHELE TANTUSSI (AFP)

Alemania se mantiene firme en su decisión de no enviar armas a Ucrania, pese a la escalada de tensión por la presencia de decenas de miles de tropas rusas junto a su frontera y a las críticas de las autoridades de Kiev, que se consideran abandonadas por Berlín.

El canciller alemán, Olaf Scholz, respondió el martes a las acusaciones de falta de solidaridad asegurando que Alemania “ha hecho mucho para apoyar el desarrollo económico y democrático” de la antigua república soviética. En la cuestión del armamento, sin embargo, no habrá marcha atrás pese a que tanto Estados Unidos como el Reino Unido y los países bálticos están dando apoyo militar a Kiev. Berlín se queda cada vez más aislado en su veto. “Alemania decidió hace años no enviar armas letales a zonas de conflicto”, zanjó Scholz en una conferencia conjunta con el presidente francés, Emmanuel Macron.

A la tradicional reticencia alemana a la exportación de armamento a países en guerra se suma el hecho de que el veto figura también en el acuerdo de coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales. Scholz recordó que la negativa tiene también una dimensión histórica que se justifica por “los acontecimientos de las últimas décadas”. El canciller aseguró que Kiev puede contar con Berlín como ha hecho hasta ahora y recordó el compromiso alemán de mantener a Ucrania como país de tránsito de gas. En las últimas semanas Scholz se ha mostrado a favor de paralizar la puesta en marcha del gasoducto Nord Stream 2, controlado por la empresa estatal rusa Gazprom, en caso de ataque.

La situación en Ucrania es “grave”, coincidieron ambos mandatarios, reunidos en Berlín. El mensaje que trasladaron fue de unidad, aunque Macron empleó un tono más firme que su homólogo. “El precio será muy alto” se escuchó tanto en francés como en alemán. Vladímir Putin tiene que saber a qué se expone si pasa de la amenaza al ataque contra la integridad de Ucrania, aseguraron ambos líderes, que apostaron también por mantener las conversaciones con el Kremlin en todos los formatos posibles.

“Nunca abandonaremos el diálogo con Rusia”, aseguró Macron, que enumeró los distintos foros en lo que las potencias occidentales mantienen contactos y reuniones con Moscú: con Estados Unidos, la OTAN, la OSCE, la UE o el conocido como formato de Normandía (Rusia, Ucrania, Francia y Alemania). “Todas y cada una de estas vías deben ser explotadas hasta el final para llegar al objetivo de la desescalada con respecto a Ucrania”, subrayó el presidente francés.

Diálogo “difícil”

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A preguntas de los periodistas sobre el papel de Europa en las conversaciones y del protagonismo de Washington en el diálogo con el Kremlin, Macron insistió en que este último formato es “algo positivo”, pero deslizó que todavía no ha dado ningún resultado claro. Reconoció asimismo que los resultados del formato de Normandía tampoco han estado “a la altura del esfuerzo” que le han dedicado sus participantes. “El diálogo con Rusia siempre es difícil”, constató. Este miércoles se producirá una nueva reunión del formato de Normandía.

Ninguno de los dos mandatarios se atrevió a calificar cuáles son las auténticas intenciones de Putin en el conflicto de Ucrania. “No creo que tenga sentido especular sobre las intenciones de terceros más allá de lo que han dicho en público”, contestó un comedido Scholz. Sin hacer predicciones, Macron sí se extendió en el peligro que supone Rusia para la seguridad europea. “Se están multiplicando los actos de desestabilización contra Estados soberanos que antes formaron parte de la Unión Soviética”, aseguró, y mencionó ejemplos de ofensivas híbridas protagonizadas por Moscú, como los ciberataques, la amenaza migratoria y las maniobras militares. “Rusia se está convirtiendo en una potencia desestabilizadora”, aseguró.

Macron está dispuesto a pedir “aclaraciones” sobre las intenciones de Rusia hacia Ucrania en una llamada telefónica que mantendrá con Putin el viernes. De esa cita de mediación espera “un diálogo con voluntad de exigencia y lucidez”, aseguró. La conversación se enmarca dentro de la estrategia europea de apostar por el diálogo constante con Rusia y por acelerar la vía diplomática en busca de una salida a la crisis. En un primer momento, Moscú anunció que participaría en la conversación el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, pero posteriormente modificó la información. La cita con Scholz ha permitido al presidente francés coordinar su posición con Alemania después de la videoconferencia que mantuvieron los principales líderes europeos con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, el lunes por la noche.

Mientras prosiguen los esfuerzos diplomáticos para evitar un conflicto bélico junto a la frontera oriental de la UE, la OTAN ha anunciado que sus aliados están poniendo sus fuerzas en “estado de alerta” y enviando barcos y aviones de combate hacia la zona para reforzar el flanco oriental de la alianza. Estados Unidos tiene a 8.500 soldados en “alerta máxima” para un posible despliegue en las repúblicas bálticas (Estonia, Letonia y Lituania). España enviará en febrero cuatro cazas a Bulgaria, una contribución a las misiones internacionales en las que participa Madrid ya prevista anteriormente.

Los planes se conocieron al mismo tiempo que EE UU autorizaba a todo su personal no esencial la salida de Ucrania y recomendaba a sus ciudadanos que abandonen el país, en un movimiento que parece indicar la inminencia del ataque, o al menos el convencimiento que tienen tanto Washington como Londres de que se va a producir. También el Reino Unido ha adoptado esta medida, a diferencia de la UE, que afirma no verlo necesario. Rusia, por su parte, mantiene que la escalada de tensión obedece a la “histeria informativa” de Estados Unidos y la OTAN.

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La Unión Europea se ha mostrado este lunes dispuesta a mantener su presencia diplomática en Kiev a pesar de que EE UU y Reino Unido han anunciado la retirada de Ucrania de parte de su personal civil por razones de seguridad. Bruselas considera de momento innecesario ese movimiento de precaución e, incluso, quiere aumentar su apoyo económico y empresarial para contrarrestar la desestabilización que están provocando en el país las continuas amenazas bélicas de Rusia.

La UE ha reiterado que cualquier ataque de Moscú desencadenará represalias económicas sin precedentes. Y la OTAN ha hecho recuento del despliegue de fuerzas de los aliados en el flanco oriental, un gesto de fuerza que ha llevado al Kremlin a asegurar que la probabilidad de un conflicto es más alta que nunca.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha anunciado un paquete de asistencia macrofinanciera de 1.200 millones de euros para ayudar al gobierno de Volodimir Zelenski “a afrontar las necesidades financieras originadas por el conflicto”. Von der Leyen confía en que el Consejo de la UE y el Parlamento Europeo aprueben rápidamente la propuesta “para proceder rápidamente a un primer desembolso de 600 millones de euros”.

Bruselas casi doblará, además, las subvenciones a fondo perdido que ofrecerá a Ucrania este año, añadiendo 120 millones de euros a los 160 millones ya previsto, según ha detallado la presidenta de la Comisión.

El Alto Representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, ha descartado por su parte secundar la decisión de Washington de comenzar a reducir la presencia diplomática en Kiev a menos que EE UU facilite información que justifique la alerta. “No vamos a hacer lo mismo [que EE UU]”, ha señalado Borrell a su llegada a la reunión del consejo de ministros de Exteriores de la UE en Bruselas. El jefe de la diplomacia europea considera que “mientras las negociaciones [con Moscú] continúen, y de momento continúan, no pienso que sea necesario salir de Ucrania”.

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La UE parece apostar así por una escalada de tensión a medio plazo pero sin un desenlace armado inmediato. Washington, en cambio, asegura que el ataque de las fuerzas rusas contra Ucrania podría producirse en cualquier momento. Y Moscú acusa una y otra vez a Kiev, este mismo lunes de nuevo, de estar preparando un ataque militar contra las provincias ucranianas del Donbás que están en manos de rebeldes prorrusos, una amenaza que, real o no, podría brindar al Kremlin la excusa para irrumpir en el territorio de su país vecino.

Los ministros de Exteriores de la UE han analizado la posibilidad de ese ataque en una reunión por videoconferencia con el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken. Y después, a puerta cerrada, los europeos han abordado los planes de represalias y contingencia que se adoptarían en caso de que el presidente ruso, Vladímir Putin, consume una invasión del territorio ucraniano.

Los ministros de Exteriores de la UE han aprobado por unanimidad un texto en el que reiteran la advertencia a Moscú de que “cualquier nueva agresión militar de Rusia contra Ucrania tendrá consecuencias enormes y costes elevadísimos”. El documento detalla de manera oficial por primera vez que las represalias económicas de la UE y de sus aliados occidentales no afectarán solo a altos cargos rusos sino también “a una amplia gama de sectores”.

Los 27 consideran innegociables ni susceptibles de revisión los textos fundacionales de la seguridad europea tras la Guerra Fría, como el acta de Helsinki o la carta de París. Y señalan que su violación por parte de Moscú sería “una amenaza para la paz y la estabilidad en nuestro continente”.

El documento, cargado de párrafos muy duros contra la Rusia de Putin, mantiene la oferta de diálogo como la mejor vía para resolver el conflicto. Y ofrece un apoyo sin fisuras a la integridad y la soberanía de Ucrania frente a las agresiones que viene sufriendo.

“Cualquier forma de agresión por parte del Gobierno ruso tendrá una postura clara, una respuesta clara por parte de los europeos junto con los estadounidenses y en el marco de la OTAN”, ha señalado la ministra alemana de Exteriores, Annalena Baerbock, a su llegada a Bruselas. Pero ha añadido que mientas se contemplan todos los escenarios, la prioridad debe ser la ayuda económica al país asediado.

“Es importante que vigilemos la la situación económica de Ucrania, su estabilización”, ha afirmado Baerbock antes de la reunión de los ministros europeos. Y ha añadido que “estamos trabajando muy estrechamente con Ucrania, tanto en términos de apoyo financiero como de asistencia económica”.

Baerbock también se ha desmarcado de la retirada de personal diplomático anunciada por Washington y ha insistido en que la presencia diplomática y empresarial en Ucrania puede contribuir a estabilizar la situación y a propiciar una desescalada de la tensión. La ministra ha asegurado que la seguridad del personal es la prioridad absoluta “pero también es importante que no contribuyamos a aumentar la incertidumbre de la situación, sino que sigamos apoyando claramente al gobierno ucraniano y, sobre todo, que mantengamos la estabilidad del país”.

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Thousands of anti-mask and vaccine mandate protesters rallied on the mall in Washington, D.C., on Sunday to voice opposition to the Biden administration’s COVID-19 mask and vaccine policies.

Gathering at the base of the Washington Monument, and then marching to the Lincoln Memorial, the protesters held signs saying, “Make Love Not Mandates!!” and “Coercion is Not Choice.”

COVID-19 has killed more than 860,000 people in the United States – and more than 5.5 million globally — over the two-year-long pandemic and has weighed heavily on the economy.

On January 13, the U.S. Supreme Court blocked President Joe Biden’s COVID-19 vaccination-or-testing mandate for large businesses — a policy the conservative justices deemed an improper imposition on the lives and health of many Americans — while endorsing a separate federal vaccine requirement for health care facilities.

Many U.S. companies have implemented mandatory mask-wearing policies to protect their workers, as have various municipalities and cultural organizations.

Masks remain polarizing. Biden, a Democrat, recently urged people to wear masks and noted that about a third of Americans report they do not wear masks at all. Many Republican-leaning states have no mask requirements. Some Democratic-governed states such as California have reimposed indoor mask mandates.



Estados Unidos y la Unión Europea sospechan que Rusia solo intenta escenificar falta de flexibilidad por parte de Occidente cuando se siente para negociar una solución al conflicto con Ucrania, justificando así poner fin a la vía diplomática. Esto es, de forma indirecta, lo que hay detrás de las acusaciones de Washington a Moscú cuando achaca al Kremlin urdir un pretexto para invadir de nuevo a su vecino occidental. Y también son las conclusiones que sacan de sus encuentros con los negociadores rusos. “Habrá al menos una ronda más de negociación entre EE UU y Rusia para permitir a [Vladimir] Putin argumentar que ha intentado la vía diplomática. Serguéi [Riabkov, viceministro ruso de Asuntos Exteriores] tenía las instrucciones de dar la impresión de que las conversiones podrían no continuar más”, señala un documento diplomático europeo al que ha tenido acceso EL PAÍS sobre la reunión que mantuvo la subsecretaria de Estado, Wendy Sherman, con los embajadores de los Veintisiete en el Comité Político y de Seguridad del Consejo de la UE para informarles sobre el encuentro del pasado lunes en Ginebra con el citado viceministro.

El pasado martes 11 de enero, un día después de verse con Riabkov, Sherman acudió a Bruselas para preparar con sus socios de la OTAN el encuentro con Rusia que se iba a celebrar el día siguiente en la sede de la Alianza Atlántica en Bruselas. Les contó en privado cómo había ido el encuentro y les informó de las posiciones de Moscú. “Rusia muestra un 100% de rigidez en tres puntos clave de sus demandas subrayadas en los borradores de tratados compartidos en diciembre”, empieza el resumen de dos páginas del encuentro. Los dos primeros puntos, que son rechazados de plano, se refieren a la renuncia de una ampliación de la OTAN y la vuelta a las fronteras militares de 1997. El tercero, “casi imposible”, reclama la garantía de que no habrá armas ofensivas cerca de la frontera. Con esos tres naipes, como en la brisca, volvió a presentarse la delegación rusa en la sede de la Alianza, como esperaba Sherman.

En la base de las demandas rusas actuales, para las que el conflicto de Ucrania juega el papel de punta de lanza, está una interpretación radicalmente distinta a la que se hace de la Carta de París, firmada en 1990, y del acta fundacional de 1997 del Consejo OTAN-Rusia, el órgano que se reunió el pasado miércoles. La primera, todavía suscrita por la URSS, buscaba reforzar la democracia, los derechos humanos y el derecho a autodeterminación de los Estados, algo que choca ahora con la pretensión de Putin de la vuelta a “esferas de influencia” de la Guerra Fría, como denuncia el alto representante de la UE para la Política Exterior, Josep Borrell y que también apareció en la reunión de la que dio cuenta Sherman. La diplomática estadounidense le habría reiterado a su contraparte en Ginebra que “Rusia no tiene derecho de veto sobre el derecho de otros Estados soberanos a llegar a sus propios acuerdos de seguridad ni sobre esferas de influencia”. Sobre el acuerdo de 1997, fuentes occidentales subrayan que “el único compromiso fue el de no instalar misiles nucleares en los nuevos aliados del este y se ha cumplido totalmente”.

Las sospechas de Sherman se pudieron reforzar el pasado viernes, cuando el jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, recalcó que a Moscú se le ha “acabado la paciencia”. “Con buena voluntad siempre es posible encontrar una solución mutuamente aceptable”, añadió, pero a continuación subrayó que Rusia se estaba preparando para cualquier evento.

Esta última opción es la que ya ven como más probable en muchas cancillerías occidentales. “A Putin le va a ser muy difícil no hacer nada ahora. Ha llegado muy lejos”, apuntaba una fuente diplomática este sábado. Y a partir de ahí comenzaría el despliegue de “trucos” con los que buscar excusas para justificar la invasión que se teme desde que Estados Unidos hizo público que Moscú había apostado unos 100.000 soldados en la frontera con Ucrania. La misma fuente señala que la ocupación no es el único escenario que contempla Occidente, también están los ataques cibernéticos.

Precisamente esto es lo que sucedió el viernes pasado. Varias páginas web del Gobierno ucranio fueron atacadas y la Administración de Joseph Biden tienen claro por dónde empezar a buscar al culpable: “Forma parte de las herramientas de Rusia”, ha declarado este domingo una alta responsable del Departamento de Estado, Victoria Nuland, al diario Financial Times. La responsable estadounidense no llega a señalar inequívocamente a Moscú, pero sí recuerda que ya ha hecho cosas similares en el pasado y que forma parte de su modus operandi. Sí que da el paso Ucrania, según la agencia AFP, al afirmar que tiene “evidencias” de que su gran vecino oriental está detrás de lo sucedido.

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En la cita de Sherman con sus aliados también se habló de coordinar la comunicación por la “habilidad de Rusia para la desinformación”. Esto llevó a la estadounidense a pedir a los socios que se combata en este campo con “informes, llamadas telefónicas, conferencias de prensa”, incluso “retuiteándose” unos a otros y escenificando una gran unidad. Horas antes, Estados Unidos había emitido un comunicado en el que daba cuenta de, al menos, 100 tipos de contactos (reuniones, llamadas) con sus aliados sobre la crisis actual.

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Las expectativas sobre las conversaciones mantenidas este lunes en Ginebra (Suiza) entre Washington y Moscú eran poco optimistas por ambas partes y nada de lo ocurrido en la cita alteró el guion. La presión militar de Rusia en la frontera con Ucrania, casi ocho años después de la anexión de Crimea, ha desatado los temores tanto en Estados Unidos como en Europa, y el encuentro no ha rebajado la tensión. La delegación del Kremlin prometió que no planea intervenir en la antigua república soviética, pero también advirtió a la Administración estadounidense, en tono amenazante, de que no buscar un acercamiento a Rusia, que pasa por reducir la presencia de la OTAN en el este de Europa, supone “un gran error en perjuicio de la seguridad europea”, en palabras del jefe de la delegación rusa, Serguéi Riabkov.

El Gobierno de Joe Biden se presentó en la reunión con una oferta para negociar sobre el despliegue de misiles y el alcance de los ejercicios militares en Europa, además de con la advertencia de fuertes sanciones económicas, que irán “mucho más allá” de las aplicadas por la anexión de Crimea en 2014, si el presidente ruso, Vladímir Putin, lanza una intervención en Ucrania. La subsecretaria de Estado, Wendy Sherman, explicó tras el encuentro que la peticiones planteadas por Rusia en un documento hace semanas “son lo contrario a puntos de partida” y que así se lo había hecho saber a su contraparte. El Kremlin reclama garantías legales de que la OTAN no se reforzará en las fronteras europeas de Rusia, sobre todo en la de Ucrania, y de que la Alianza Atlántica asuma, además, “la obligación de impedir una ampliación de la OTAN a otros Estados [de Europa del este, el Cáucaso o Asia central], incluida la adhesión de Ucrania”.

El diplomático ruso hizo unas declaraciones en tono muy duro. “Si esto no sucede [las concesiones occidentales a Moscú], entonces la cuestión será analizada teniendo en cuenta todos los sectores”, dijo Riabkov, que lanzó a continuación la siguiente reflexión: “Sin anticipar nada, sin adelantarme a los eventos, puedo decir que realmente no me gustaría enfrentarme a una situación en la que los países de la OTAN, liderados por Estados Unidos, cometan tal error y vuelvan a actuar en detrimento tanto de su propia seguridad como la de todo el continente europeo”.

Ningún país, respondió Sherman este lunes, “dictará la política exterior de otro”, ni puede prohibirle “tejer alianzas”. La subsecretaria de Estado lamentó que Rusia no haya dado ningún paso para frenar la escalada de tensión, una “desescalada”, dijo, que pasa por retirar a “todos los soldados” concentrados en la frontera y devolverlos a “a sus cuarteles”. “Hemos dejado claro que si Rusia invade Ucrania habrá costes significativos y consecuencias que irán más allá de lo que afrontaron en 2014″, señaló Sherman. Entre las penalizaciones que Estados Unidos estudia con sus aliados figuran las sanciones financieras, los controles a las exportaciones de industrias clave, el refuerzo de las posiciones de la OTAN en territorio aliado y un aumento del apoyo en materia de seguridad para Ucrania.

La subsecretaria de Estado, Wendy Sherman, y el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Ryabkov, este lunes en Ginebra.
La subsecretaria de Estado, Wendy Sherman, y el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Ryabkov, este lunes en Ginebra.DENIS BALIBOUSE (REUTERS)

La nota más positiva de la ronda de reuniones de este lunes, que se prolongó durante ocho horas, es que la vía diplomática no está muerta y que ambos Gobiernos quieren seguir hablando. No participó ninguna autoridad europea en el encuentro, pese a que sus resultados afectan directamente al Viejo Continente, si bien Washington no deja de insistir en que cualquier decisión o medida relativa a esta crisis se adoptará de forma coordinada con los aliados europeos. Las conversaciones continuarán a nivel multilateral, de hecho, a lo largo de la semana. El miércoles se reunirá el Consejo OTAN-Rusia en Bruselas y el jueves está prevista una sesión de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en Viena. Aun así, el diplomático ruso advirtió de que el éxito o fracaso de las negociaciones no serán una cuestión de meses sino de días.

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“La posición de Rusia es dura, no un ultimátum”, añadió Riabkov. Rusia quiere que la OTAN vuelva a sus límites de 1997 y renuncie a los miembros que se unieron posteriormente. Aquel año, el entonces secretario general, Javier Solana, y el ministro de Exteriores ruso, Yevgueni Primakov, firmaron el Acta Fundacional de Cooperación Mutua, que permitía la ampliación de la OTAN sin conflictos. Tras ello llegó la adhesión de todo el espacio actual al este de Alemania, incluidos Polonia, Rumania y los países bálticos.

Riabkov señaló que no hay motivos para que Estados Unidos tema una escalada en torno a Ucrania, junto a cuyas fronteras Rusia desplegó más de 100.000 soldados en los últimos meses del pasado año. “No tenemos intención de invadir Ucrania”, afirmó el alto cargo.

En Kiev ven con preocupación el futuro tras las negociaciones. El ministro de Exteriores ucranio, Dmytro Kuleba, quiso “llamar a las cosas por su nombre” en Twitter unas horas antes del encuentro. “Putin exige a Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea que acepte la esfera de influencia de Rusia sobre los Estados vecinos. Pero la Guerra Fría ha terminado y con ella las esferas de influencia”, señaló el jefe de la diplomacia ucrania.

Andriy Zagorodnyuk, ministro de Defensa de Ucrania entre 2019 y 2020 y actualmente asesor del presidente, Volodímir Zelenski, dijo a EL PAÍS por Skype que cualquier concesión de Washington “solo hará que la situación empeore y las líneas rojas vayan más lejos”. “Sería un gran error ceder ante Rusia justo ahora porque sería visto como una señal de debilidad de Estados Unidos”, afirmó Zagorodnyuk, que preside además el Centro para las Estrategias de Defensa.

“Es ridículo y no tiene ningún sentido que la OTAN vuelva a su posición de 1997. Los rusos hacen demandas irreales conscientemente. La cuestión es qué pasará después, cuando Europa diga ‘no, no aceptamos sus demandas”, agregó Zagorodnyuk. Según el asesor del presidente ucranio, “la guerra está igual de lejos o cerca que hace un mes”. “Ahora no tienen suficientes tropas desplegadas para ello. Podrían realizar operaciones limitadas, pero para sostener una guerra abierta necesitan más soldados. Pero si las negociaciones no logran un avance, y existe una gran posibilidad de ello, desplegarán más”, advirtió Zagorodnyuk.

La reunión de este lunes se enmarca en la ronda de conversaciones del foro Diálogo de Seguridad Estratégica que Biden y Putin decidieron poner en marcha en la cumbre que ambos mantuvieron el pasado junio, también en Ginebra. Este canal abierto aborda también otros asuntos como el armamento nuclear, pero la crisis ucrania emerge como el problema más urgente.

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Pasar cuentas con los responsables del asalto al Capitolio no es una tarea fácil. Ni siquiera está claro que lo consigan el departamento de Justicia, con el auxilio del FBI, y la comisión especial de investigación de la Cámara de Representantes. Los medios desplegados son notables, como lo es la documentación sobre el asalto: grabaciones de video, registros de llamadas, mensajes digitales, testigos de las reuniones preparatorias, testimonios de las víctimas de las agresiones…

El mayor obstáculo lo constituye una institución tan veterana y fundamental en el sistema político estadounidense como es el partido republicano, ahora en la oposición, con sus 50 senadores, sus 212 congresistas, los 28 gobernadores y los seis jueces del Supremo nombrados por presidentes republicanos. En manos de los republicanos estuvo la culminación de los dos fracasados juicios de destitución o impeachment contra Trump, el primero por abuso de poder y obstrucción a la justicia iniciado el diciembre de 2019, y el segundo, por incitación a la insurrección, en su última semana presidencial.

La acción de la policía y de la justicia se ha demostrado sumamente eficaz en la investigación y persecución de los asaltantes, gracias a la colaboración involuntaria de los exhibicionistas rebeldes trumpistas, que recogieron en sus teléfonos móviles un rosario de pruebas de sus hazañas. No está claro, en cambio, que el castigo alcance a los responsables máximos del intento insurreccional y del autogolpe de Estado perpetrado desde la Casa Blanca. Son muy pocos los republicanos que han podido escapar de la capacidad de intimidación del trumpismo para que no colaboraran en la investigación. No pudo constituirse la comisión bipartidista que correspondía a la gravedad de los hechos, y los demócratas tuvieron que conformarse con una comisión solo de la Cámara de Representantes, donde cuentan con mayoría, salvada a efectos bipartidistas por la vicepresidencia de Liz Cheney, la muy conservadora pero dignísima hija de Dick Cheney, que fue vicepresidente de George W. Bush.

El trumpismo está recurriendo a todos los medios a su alcance, como desatender las convocatorias o negarse a entregar documentos, aun a riesgo de incurrir en desacato, seguidas de recursos judiciales, que en el caso de Trump terminarán en el Supremo, donde se dirimirá si el expresidente puede acogerse todavía al privilegio de reserva presidencial como sostiene. El objetivo es llegar a las elecciones de mitad de mandato del 8 de noviembre de 2022, que pintan mal para los demócratas, sin que la investigación haya llegado al núcleo de la conspiración, es decir, a Donald Trump.

No es una cuenta con el pasado lo que está pendiente. Es la posibilidad de que Trump, o alguien como él, pueda regresar a la presidencia en 2024. También el futuro de la democracia en Estados Unidos, del que depende en buena parte el futuro de la democracia en el mundo. Si la democracia se hunde en Washington, la autocracia sube en todas partes y especialmente en Europa, donde ya está al acecho en Moscú.

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