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El ministro de Economía alemán, Robert Habeck (derecha) visita una planta de energía solar con Mohamed Jameel Al Ramahi, CEO de una empresa energética de Emiratos Árabes Unidos, durante un viaje la semana pasada a este país en busca de acuerdos en materia de suministro energético.
El ministro de Economía alemán, Robert Habeck (derecha) visita una planta de energía solar con Mohamed Jameel Al Ramahi, CEO de una empresa energética de Emiratos Árabes Unidos, durante un viaje la semana pasada a este país en busca de acuerdos en materia de suministro energético.DPA vía Europa Press (Europa Press)

Los líderes de los principales países industrializados no van a doblegarse ante la exigencia de Vladímir Putin de pagar el suministro de gas en rublos. Los países del G-7 acordaron este lunes seguir mostrando su unidad ante Moscú y rechazar de plano la compra de moneda rusa para desembolsar la factura energética. La imposición de Putin es “inadmisible”, aseguró el ministro de Economía y Clima alemán, Robert Habeck, tras una reunión virtual con los ministros de Energía del grupo. La incógnita ahora es si Rusia seguirá entregando el gas cuando compruebe que Occidente no respeta sus nuevas condiciones.

El presidente ruso anunció la semana pasada que iba a exigir el pago en rublos a los “países hostiles”, entre los que se encuentra la Unión Europea, que depende en un 40% de las importaciones de gas ruso. Los ministros del G-7 coincidieron en que la demanda de Putin supone “un incumplimiento unilateral y claro de los contratos existentes”, aseguró Habeck. Alemania preside ahora el grupo de Estados, que incluye a Alemania, Francia, Italia, Japón, Canadá, Estados Unidos y Reino Unido. En la reunión participaron también representantes de la UE. Si los contratos son válidos, las empresas deben seguir respetando lo que se especifica en ellos, añadió Habeck: “Eso significa que el pago en rublos es inaceptable”.

La contrasanción de Putin no solo pretende provocar a los aliados y tratar de provocar fisuras, sino también fortalecer el rublo y apuntalar el banco central ruso, prácticamente aislado de los mercados internacionales por culpa de las sanciones occidentales. En la situación actual, conseguir las grandes sumas de rublos necesarias para pagar la abultada factura del gas no es sencillo en los mercados de divisas, por lo que sería necesario recurrir al banco central ruso, quebrantando así sus propias sanciones.

“No entregaremos gas gratis”

Putin firmó este lunes el decreto por el que el gabinete de ministros, el banco central y Gazprom, la empresa con el monopolio del Estado para la exportación de gas, deberán acordar el mecanismo para convertir a rublos los contratos de gas ya firmados en otras divisas con los países de la Unión Europea. El conflicto sigue escalando y nadie se atreve a aventurar si podría acabar en un corte de suministro. El portavoz del presidente ruso no detalló este lunes qué hará Moscú si Europa se niega a pagar en rublos. “Resolveremos los problemas a medida que lleguen, pero el hecho de que no entregaremos gas gratis es indiscutible. En nuestra situación, no es posible ni conveniente la caridad con Europa”, dijo Dmitri Peskov.

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“Estamos preparados para todos los escenarios”, respondió Habeck en Berlín cuando le preguntaron qué pasaría si Moscú cierra el grifo de los hidrocarburos. El ministro alemán pidió a las empresas afectadas —son las compañías y no los Estados los que le compran el gas a Gazprom— que “no respondan a la petición de Putin”. Y como ya había hecho el canciller Olaf Scholz tras conocerse la exigencia del presidente ruso la semana pasada, acusó a Moscú de ser “un proveedor poco fiable”.

“Creo que hay que interpretar esta exigencia como una muestra de que Putin se encuentra entre la espada y la pared”, añadió Habeck, en referencia a que las sanciones occidentales están dañando gravemente la economía rusa.

Las empresas occidentales suelen tener firmados acuerdos de suministro a largo plazo para las importaciones de gas ruso y todavía no se sabe cómo va a implementar Moscú el cambio en la moneda de pago, que viene especificada en las cláusulas. La mayoría de contratos están en euros o en dólares. Algunas empresas ya se han pronunciado. La francesa Engie y la austriaca OMV han subrayado que los contratos no permiten el pago en rublos y que, por tanto, ellos van a seguir pagando en euros o dólares.

Analistas como Katja Yafimava, del Instituto de Estudios Energéticos de la Universidad de Oxford, creen que Gazprom continuará suministrando gas. “No le interesa aislar a Europa y dar a los europeos un pretexto para intentar terminar sus contratos antes de que expiren”, explica por correo electrónico. La modificación no sería en sí misma un incumplimiento de contrato, sino el inicio de un cambio con el que un comprador europeo “podría estar de acuerdo o no”. En cualquier caso, el contrato no puede modificarse unilateralmente, explica. Si una empresa sigue pagando en euros, Gazprom podría someter la disputa a arbitraje.

Hacia la independencia del gas ruso

La Unión Europea ha evitado hasta ahora imponer sanciones a las importaciones energéticas de Moscú, como sí han hecho Estados Unidos y el Reino Unido, mucho menos dependientes del gas y el petróleo rusos. Washington se comprometió la semana pasada con Bruselas a aumentar sus envíos de gas natural licuado (GNL) a la UE para acelerar el cierre del grifo ruso. Este acuerdo se enmarca en el esfuerzo de Bruselas para intentar reducir en dos tercios la dependencia de gas ruso antes de que acabe el año. Es decir, pasar de los más de 150.000 a 50.000 millones de metros cúbicos. Para ello ya está negociando con nuevos suministradores, como el propio Estados Unidos, Qatar y Noruega.

El ministro de Economía alemán viajó la semana pasada a Qatar y a Emiratos Árabes Unidos para buscar alternativas rápidas al suministro de gas ruso. Allí presentó sus objetivos para reducir drásticamente la dependencia de la energía rusa. Berlín, que hasta ahora importaba el 55% del gas que consume y un tercio del petróleo de Rusia, se volverá “prácticamente independiente” del segundo a finales de este año y se ha comprometido a abandonar completamente el gas a mediados de 2024.

El Kremlin también instruyó este lunes a Gazprom a mantener sus volúmenes de suministro una vez cambie el sistema de pago, aunque el margen de tiempo que tendrán los clientes europeos es mínimo: el ministro de Finanzas ruso, Antón Siluanov, agregó que el mecanismo para cobrar en rublos “aún está en desarrollo”.

“El proceso para las entregas de gas es muy, muy complicado. No es como coger cualquier cosa en la tienda y pagar. Están los suministros, los pagos y hacer balances”, añadió Peskov. Según un estudio de la agencia de noticias estatal Interfax, Rusia se anotó unos ingresos récord de unos 8.860 millones de euros en enero por la exportación de gas. De esta cifra, alrededor de 5.500 millones de euros procedían de países hostiles.

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El banco de desarrollo de China anuncia que suspende sus inversiones en Rusia y Bielorrusia

El Banco Asiático de Inversion en Infraestructuras (BAII), la institución financiera internacional creada a iniciativa de China en 2016, ha anunciado la suspensión y revisión de todas sus actividades en Rusia y Bielorrusia como consecuencia de la guerra en Ucrania.

En un comunicado, publicado este jueves en su página web, el banco con sede en Pekín ha indicado que “mientras continúa la guerra en Ucrania, el BAII extiende sus condolencias y tiene en sus pensamientos a todos los afectados. Nuestros corazones están con los que están sufriendo”.

China es el principal socio de la institución financiera, con una participación en torno al 30% en su capitalización, mientras que Rusia es el tercero, con una participación del 6,7%. Ni Ucrania ni Bielorrusia figuran entre los 105 miembros actuales de la institución, a la que Estados Unidos se opuso en el momento de su creación al considerar que intentaría rivalizar con el Banco Mundial y otras entidades multilaterales. Washington alegaba su temor a una falta de transparencia o de rigor en la concesión de préstamos.

El banco, que se fundó con 57 socios originales —entre ellos España— y un capital de 100.000 millones de dólares, siempre ha asegurado que se gestiona con independencia del gobierno chino. En su declaración utiliza la palabra “guerra”, a diferencia de tras instituciones relacionadas con Pekín han evitado esa denominación para referirse al conflicto en Ucrania, que describen como “situación”, “operación especial” o “crisis”. Destaca que “la adhesión al Derecho internacional es uno de los pilares de nuestra institución”.

“El BAII está dispuesto a proporcionar financiación de manera rápida y flexible y a apoyar a los miembros que puedan haberse visto afectados negativamente por la guerra, de manera directa o indirecta”, apunta el comunicado.

“Nuestro banco supervisa activamente la situación y evalúa su impacto en las operaciones y las economías de nuestros miembros. Haremos cuanto esté en nuestra mano para salvaguardar la integridad financiera del BAII, frente a la cambiante situación económica y financiera. Bajo estas circunstancias, y para proteger los intereses del Banco, su dirección ha decidido que todas las actividades relacionadas con Rusia y Bielorrusia queden en suspenso y bajo revisión”.

En la página web del banco, que tiene en su cartera 168 proyectos, no aparecen listados proyectos en Bielorrusia, pero sí figuran como aprobados dos proyectos en Rusia. El más antiguo, de 2019 y fecha de último pago en agosto de 2026, está dotado con 500 millones de dólares para el desarrollo de infraestructura de transporte. El segundo, de 2020, tiene como finalidad facilitar financiación y liquidez para la lucha contra la covid en el sistema ferroviario del país.Además, la página web precisa que la asamblea anual de la institución tenía previsto celebrar este año su asamblea anual en Rusia, aunque no se había publicado una fecha. Informa Macarena Vidal Liy.





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Andrés de Inglaterra, el 11 de abril de 2021, en el Castillo de Windsor.
Andrés de Inglaterra, el 11 de abril de 2021, en el Castillo de Windsor.Steve Parsons (AP)

El príncipe Andrés de Inglaterra (Londres, 61 años) ha rechazado toda sugerencia de zanjar discretamente su batalla legal en Estados Unidos y resignarse a un ostracismo social que salvaguarde la imagen de la familia real británica. Su equipo jurídico ha presentado ya ante el juzgado de Nueva York que instruye la acusación de abuso sexual a una menor contra el duque de York un escrito de 11 páginas en el que niega rotundamente los hechos. Andrés solicita además que el asunto sea expuesto ante un jurado popular, y que sea esta institución la que decida sobre su culpabilidad o inocencia. Un juicio de esas características garantiza una publicidad máxima de todas las versiones, detalles y contradicciones de las partes, y supone varios meses de bombardeo constante en los medios de comunicación. Isabel II celebra este año su Jubileo de Platino ―70 años de reinado― y su equipo ha intentado alejar de la conmemoración cualquier elemento de escándalo. La reina decidió a mediados de enero retirar a Andrés todos sus títulos militares y sus participaciones en patronatos reales, en una nueva muestra de la voluntad de la familia real británica de alejar de la escena pública al duque de York.

Andrés admite en el escrito presentado ante el juez la relación que mantuvo con el millonario pedófilo estadounidense Jeffrey Epstein, pero niega haber participado en cualquier acto de abuso sexual. Desmiente además, a pesar del caudal de fotos y publicaciones que han surgido a lo largo de los años, que fuera amigo de Ghislaine Maxwell, la novia de Epstein y conseguidora de muchas de las menores de las que abusó el financiero. La hija del magnate británico de los medios, Robert Maxwell, fue declarada culpable de cinco delitos contra la libertad sexual por un jurado popular estadounidense, y permanece en prisión a la espera de que se dicte sentencia.

El hijo de Isabel II mantiene su versión de que nunca conoció a Virginia Giuffre, la mujer ―de 38 años y residente en Australia― que acusa a Andrés de haber abusado de ella al menos en tres ocasiones, cuando era una menor, de 17 años, de apellido Roberts. Hasta 40 veces niega el escrito de la defensa los hechos presentados por el equipo jurídico de Giuffre, encabezado por el prestigioso abogado, David Boies. Pero también más de 40 veces utiliza el confuso argumento de “falta de información” para evitar responder a los datos más controvertidos. Por ejemplo, respecto a la famosa foto de Andrés agarrando por la cintura a Giuffre en el apartamento londinense de Maxwell, los abogados del duque persisten en la estrategia de sembrar dudas sobre la veracidad de la foto, a la vez que admiten no disponer de pruebas para demostrar que sea falsa.

Pero la estrategia más arriesgada de Andrés ―y la que puede acabar rebotando negativamente sobre toda la familia real británica― es la de cuestionar los motivos y la personalidad de la propia Giuffre. A lo largo de más de una decena de peticiones expresas de que el caso sea sobreseído, los abogados del duque exigen que las acusaciones de la mujer sean desestimadas, por “su conducta incorrecta” y por “no tener las manos limpias”. Este último argumento es un concepto procesal estadounidense por el cual “aquel que reclama justicia debe acudir con las manos limpias”. El equipo de Andrés intentará demostrar que Giuffre, quien convivió durante unos años con Epstein y Maxwell, también fue partícipe a la hora de atraer menores al entorno del financiero.

“La respuesta del príncipe Andrés sigue incidiendo en la idea de negar todas las acusaciones en su contra, y de intentar transmitir la idea de que la víctima es, de algún modo, culpable de todo lo que le sucedió”, ha contestado el abogado Boies al escrito del duque.

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Joe Biden, durante su discurso en el campus de la Universidad de Clark Atlanta, en Georgia.
Joe Biden, durante su discurso en el campus de la Universidad de Clark Atlanta, en Georgia.ERIK S. LESSER (EFE)

La Casa Blanca trasladó este martes hasta territorio sagrado de los derechos civiles su mensaje de apoyo a la reforma electoral, a la que se oponen los republicanos, y que languidece en el Senado por el rigor que impone la arraigada práctica del filibusterismo, lo que traducido en números supone la necesidad de reunir tres quintos (60 votos del total de 100) para que una ley pueda ser aprobada. Bajo enorme presión dentro de sus propias filas para actuar, Joe Biden pronunció en Atlanta (Georgia) un importante discurso con el que comenzó a forjar el escenario del cambio que, al menos, sirva para poder obviar de forma puntual ese anacronismo de la política estadounidense. “Estoy harto de permanecer callado”, declaró el presidente de Estados Unidos, para a continuación proclamar que estaba dispuesto a apoyar “cualquier” método que devolviera al Senado la función para la que estaba diseñado debatir: votar y aprobar legislación.

“No me echaré atrás. No vacilaré. Defenderé vuestro derecho al voto y nuestra democracia contra los enemigos de dentro y de fuera”, dijo el demócrata en la Universidad de Clarke Atlanta. Biden, quien fue senador durante 36 años, se resistió durante toda su carrera en la Cámara Alta a tocar esa enraizada costumbre parlamentaria. Sin embargo, con 19 Estados de la Unión que aprobaron el año pasado 34 leyes que dificultan el acceso al voto de las minorías en general, pero especialmente de los negros, el presidente declaraba en julio la lucha contra las restrictivas normas de los republicanos como “la prueba más significante que enfrenta la democracia americana desde la Guerra Civil”.

Para el presidente norteamericano, “la batalla por el alma de América no ha acabado”. Con varias referencias al primer aniversario del asalto al Capitolio, que cumplió un año la semana pasada, el mandatario dejó claro en su discurso que la democracia no está garantizada si no se protege el voto. “Este es el momento de decidir, de defender nuestras elecciones y nuestra democracia”, pronunció el demócrata. “No quedará otra opción que cambiar las normas del Senado, incluyendo terminar con el filibusterismo”, advirtió Biden, quien casi deletreando dijo: “Apoyo cambiar reglas del Senado”.

El discurso de Biden de este martes era importante porque daba respuesta a las preguntas que se planteó en su alocución de la semana pasada. “¿Vamos a ser una nación que acepta la violencia política como norma? ¿Una donde permitimos a cargos electorales partidistas anular la voluntad legalmente expresada de los ciudadanos? ¿Una que no se guía por la luz de la verdad, sino a la sombra de mentiras?”. El presidente recordó a los ciudadanos que existía una palabra que definía a Estados Unidos, libertad. Y de nuevo, el estadista unió ese concepto con el derecho al voto.

En manos de un Congreso partido por la mitad se encuentran dos iniciativas definitivas para crear un marco legislativo federal que frene la proliferación de lo que el fiscal general de EE UU, Merrick Garland, calificó como normativas que tiene como propósito “negar o reducir el derecho de los negros a votar”. A lo que aspira la Casa Blanca es a que, de una vez por todas, salgan adelante las normas conocidas como la Ley John Lewis de Avance de los Derechos Electorales y la Ley de Libertad para Votar. “Este es uno de esos momentos decisivos. Realmente lo es. Las personas serán juzgadas por la historia por su posición antes y después de estas votaciones”, declaró Biden. “La historia lo va a juzgar, por lo que es necesario asegurarse que la gente entienda cuán importante es lo que está pasando”.

El pasado marzo, Georgia aprobaba una ley estatal, impulsada por el gobernador republicano Brian Kemp, que incluye plazos más cortos para el sufragio por adelantado, endurecimiento de los requisitos para registrarse o menos horas para depositar la papeleta. Esos cambios, denuncian los activistas por la libertad del voto, están diseñados para privar de sus derechos civiles a las minorías. Minorías que suelen votar demócrata.

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Si todo se desarrolla según el calendario establecido por el líder de la mayoría en el Senado, Charles Schumer, la reforma electoral debería de votarse antes del próximo lunes 17 de enero, día festivo en EE UU, jornada en la que se celebra la vida y los logros de Martin Luther King. “Pretendo someter una vez más a debate un arsenal legislativo destinado a combatir las amenazas a la democracia y proteger el acceso de los ciudadanos al voto”, ha anunciado Schumer. La oposición republicana rechaza las leyes, ya que en su opinión, se trata de un intento de los demócratas de “tomar el control de las elecciones” en Estados Unidos, en palabras del líder conservador del Senado, Mitch McConnell. Sin embargo, al menos dos demócratas centristas, el senador de Virginia Occidental Joe Manchin y la senadora de Arizona Kyrsten Sinema se han dejado oír alto y claro hasta ahora en contra de cambiar las reglas del filibusterismo.

“Los próximos días, cuando estos proyectos de ley lleguen a votación, marcarán un punto de inflexión en esta nación”, planea decir Biden el martes, según declaraciones avanzadas por la Casa Blanca este martes por la mañana. “¿Elegiremos la democracia sobre la autocracia, la luz sobre la sombra, la justicia sobre la injusticia?”.

Con tan ingente labor por delante, una vez más, el frente demócrata no está unificado. Las ausencias en el discurso de Biden en Atlanta dejaban ver la disociación entre Washington y la política local o las organizaciones de activistas. Stacey Abrams, la abogada que se convirtió en el rostro del vuelco progresista que sufrió Georgia en las pasadas elecciones presidenciales, no estaba este martes junto a Biden y la vicepresidenta Kamala Harris. Oficialmente, un portavoz de Abrams alegaba “un conflicto de agenda” como excusa para no asistir. Oficiosamente, la afroamericana de 47 años necesita acción legislativa y no discursos.

Con su discurso en Georgia instando al Congreso a aprobar una legislación sobre el derecho al voto, Biden denunció una vez más los intentos de los republicanos seguidores de Donald Trump para anular las elecciones de 2020 y limitar el voto en los Estados. El presidente recuperaba también, viajando a ese Estado, una parte de la historia del movimiento por los derechos civiles. El presidente llegaba por la mañana al antiguo distrito en Atlanta del representante John Lewis, fallecido en julio de 2020 a los 80 años de edad. Figura monumental del Partido Demócrata, Lewis fue uno de los últimos supervivientes del círculo íntimo de Martin Luther King y del grupo de activistas que puso las bases del movimiento de los derechos civiles. Biden depositó una ofrenda floral en la cripta del reverendo Martin Luther King y su esposa, Coretta Scott King. Posteriormente visitó la Iglesia Baptista Ebenezer, donde King fue pastor.

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