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Dos directores técnicos en medio de procesos sin resultados, rumores de escándalos, discusiones, casi 700 minutos sin anotar un gol y partidos contra rivales directos en los que se perdió o empató.

Noticias Colombia.

La eliminación de la Selección Colombia en su lucha por llegar al Mundial Qatar 2022 no es una sorpresa. Los resultados de la última fecha y la tristeza que se vive hoy es algo que para muchos ya se venía divisando desde meses atrás.

La ‘Tricolor’ tuvo dos directores técnicos que buscaron lograr el objetivo de clasificar al mundial.

Carlos Manuel Brito Leal Queiroz ​el portugués que se desempeñaba como guardameta y que salió en medio de goleadas, escándalos y situaciones que nunca se aclararon.

Su paso por la Selección inició de buena manera, una respetable participación en Copa América y aunque su juego no era del gusto de muchos, conseguía resultados.

Hasta el fatídico 17 de noviembre del 2020 cuando terminaron goleados por Ecuador.

Dos goleadas que lo enterraron

Después de la estrepitosa derrota de la Selección Colombia frente a Ecuador, seis goles a uno, el proceso de Quieroz no aguantó más.

Tras la derrota por goleada, las críticas se dirigieron más hacía el DT portugués.

El juego frente a Ecuador puso un alto en el camino de los cafeteros, a quienes les recordaban que juegan en fútbol de alto nivel la mayoría en Europa y que eso, debería traducirse en mejor rendimiento con la tricolor.

El primer tiempo fue la debacle, 7, 9, 32 y 39  fueron los minutos fatídicos para la Selección Colombia, un equipo que se vio superado desde el pitido inicial por los dirigidos por el argentino Gustavo Alfaro.

Venía de perder frente a Uruguay en Barranquilla por tres goles a cero.

En diciembre del 2020 se confirmó su salida:

Atención: Carlos Queiroz dejó de ser el técnico de la Selección Colombia

La llegada de Rueda

La confirmación de la llegada de Reinaldo Rueda se dio sobre las 10 de la mañana del pasado 14 de enero del 2021.

El día anterior desde Chile habían informado la no continuidad de Rueda; una noticia que sin duda, era esperada. Pues lo querían como nuevo timonel de la tricolor.

De acuerdo al comunicado publicado por la Federación Colombiana de Fútbol en su momento: «El Comité Ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol se permite anunciar que el profesor Reinaldo Rueda es, a partir de la fecha, el nuevo director técnico de la Selección Colombia Masculina de Mayores».

Rumores, errores, escándalos y ‘anti-récord’

La llegada de Reinaldo había sido solicitada por muchos y criticada por otros, tuvo opositores, detractores y también quienes lo apoyaban.

Sin embargo sus convocatorias, estilo de juego y resultados empezaron a preocupar a todos los colombianos.

Uno de los primero episodios que empezó a generar malestar fueron los rumores en donde se hablaba de una fuerte pelea entre los jugadores.

Caso que aunque se dio en medio del proceso de Carlos Queiroz, tuvo fuertes repercusiones en el manejo que Rueda le dio a sus dirigidos.

La revelaciones

Las revelaciones fueron realizadas a través del programa Blog Deportivo, en donde detallaban el altercado que tuvieron algunos jugadores de la Selección Colombia.

«Uno apercolló al otro y los dos son de talla internacional», había dicho el comentarista deportivo Javier Hernández Bonnet, no obstante, no reveló nombres en su programa.

Sin embargo, horas más tarde en el programa La Luciérnaga de Caracol Radio, los protagonistas de la supuesta discusión fueron revelados.

De acuerdo al programa radial, James Rodríguez habría discutido con Jefferson Lerma y Davindson Sánchez.

El jugador del Al Rayyan S. C. de la Qatar Stars League se habría ido a las palabras con el mediocampista del Bournemouth y el defensor del Tottenham.

Ante esta situación, Queiroz optó por regañar al grupo a lo que uno de los futbolistas le habría respondido:»Nosotros rendimos y no moleste», esto manifestó la periodista María Alejandra Villamizar.

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Según el programa, el técnico portugués habría tomado al determinación de no alinear en la titular a este jugador en el partido que Colombia perdió 6-1 frente a Ecuador en Quito.

Los periodistas deportivos del país coinciden en que dentro del camerino de la selección existen algunos roces entre los jugadores.

El programa Blog Deportivo el cual dirige Javier Hernández Bonnet, manifestó que hay varios grupos dentro del equipo, dando a entender que entre los jugadores había discordia.

Malos resultados

El técnico vallecaucano completó 21 partidos con la Selección Colombia, consiguiente conseguido 7 victorias, 10 empates y 4 derrotas en todas las competencias.

Por su parte en las Eliminatorias fueron 4 partidos ganados, 7 empatados y 2 pedidos.

La Selección Colombia también llegó a completar un anti récord, convirtiéndose en Sudamérica, en la primera en empatar cuatro partidos y siete seguidos sin goles por una eliminatoria mundialista, en el mundo es la novena y desde 2017 no se vivía un resultado así.

Inicialmente el primer encuentro fue ante Uruguay en condición de visitante y a pesar de tener la posibilidad de haberlo ganado, según analistas, lo empató 0 a 0.

Luego se enfrentó a Brasil en el estadio Metropolitano Roberto Melendez de Barranquilla y volvió a empatar sin goles. Para muchos, un punto de oro porque el rival y los resultados de otros equipos.

Y cuando las ilusión era más grande para conseguir el triunfo ante Ecuador en casa, muchos esperando el 2 a 0, la red no se infló y una vez más igualó sin goles.

Luego perdió contra Perú en un encuentro que nadie tenía entre sus planes perder.

Casi 700 minutos sin goles

En la fecha pasada la Selección Colombia se enfrentó contra su similar de Bolivia, el encuentro inició marcado con una tricolor encima de los dirigidos por el venezolano César Farias.

Los goles de Colombia llegaron tras 685 minutos sin marcar, ese día los goles fueron hechos por ‘Lucho’ Díaz, Borja y Uribe.

El milagro no se está dando, aunque Colombia gana y Perú derrota desde temprano a Paraguay

 

 





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Las dos instituciones que han controlado durante más tiempo las riendas del Reino Unido han demostrado esta semana que son capaces de desplegar la crueldad de una máquina trituradora cuando se trata de asegurar su propia supervivencia. El Partido Conservador comienza a debatir cómo deshacerse de Boris Johnson —y que no parezca un accidente, sino una ejecución—, abochornado por el escándalo que no cesa de las fiestas prohibidas en Downing Street, ajenas a las restricciones sociales impuestas por la pandemia al resto del país. Al mismo tiempo, el Palacio de Buckingham ha borrado al príncipe Andrés, con precisión de photoshop, de la vida pública y de la imagen de la familia real. Isabel II es consciente de que la acusación de abuso sexual a una menor vertida contra su hijo favorito puede erosionar a la institución monárquica mucho más que 100 chascarrillos sobre Meghan Markle, el príncipe Enrique y sus continuas cuitas con el resto de miembros de la Casa de Windsor.

El Reino Unido comienza a despertar de la resaca de un Brexit, que prometió un futuro brillante que no ha acabado de llegar, y de una pandemia cuya gestión estuvo plagada de errores, hasta el punto de alcanzar el macabro récord de ser el país europeo con más muertes por covid. El comienzo de 2022 tiene aroma de naufragio, y los británicos están sumidos en una profunda desconfianza hacia sus centenarias instituciones democráticas.

Clement Attlee irradió toda su vida una gran elegancia moral y estética. Aquel primer ministro laborista que, en apenas seis años y desde las ruinas de un país devastado por la Segunda Guerra Mundial, asentó las bases del moderno estado del bienestar británico, se ganó la vida en sus últimos años escribiendo artículos de prensa en los que analizaba, con inteligencia y ternura, el carácter y la personalidad de sus colegas políticos contemporáneos. “Hay un hecho incuestionable en la política: si un hombre se dedica a ella el tiempo suficiente, acaba revelando quién es. Y no solo obtiene lo que merece, sino que encuentra en su destino el reflejo de sus propias fortalezas y debilidades”, escribió Attlee en una tribuna llamada, acertadamente, Flaws at the Top (Errores en el mando, pero también imperfecciones, fallos o defectos).

Pocos británicos se habrán sorprendido estos días al descubrir el descontrol ético —y etílico— de Downing Street bajo el mandato de Johnson. Lo verdaderamente hiriente para muchos de ellos ha sido más bien darse cuenta de que el político que tanto les hacía reír, posiblemente, de quien se estaba riendo era de ellos. “En cierto sentido, este asunto se ha convertido en algo personal. Todo el mundo recuerda lo que estaba sucediendo en su propia vida cuando, aparentemente, Downing Street era una fiesta continua. El sentimiento es de traición íntima”, reflexiona para EL PAÍS Fintan O’Toole, el escritor irlandés que con más acierto ha diseccionado la rodada cuesta abajo de un Reino Unido entregado a Johnson y a los euroescépticos. “Es algo que han sentido siempre los más cercanos a él, y que ahora experimenta toda la ciudadanía. No puedo comprar la idea de que todo esto amainará cuando la pandemia desaparezca. No es cuestión de si Johnson se va o no se va, sino de cuándo lo hace”, añade.

Isabel II recibe a Boris Johnson en el Palacio de Buckingham el 24 de julio de 2019.
Isabel II recibe a Boris Johnson en el Palacio de Buckingham el 24 de julio de 2019.WPA Pool

El equipo de leales de Johnson ha comenzado a trabajar en una estrategia de supervivencia. Operation Save Big Dog (Operación Salvar al Jefazo es la traducción más aproximada) la han bautizado, según el diario The Independent. Es dudoso que tal frivolidad sea el nombre oficial del esfuerzo, pero sirve para dar una idea del autoengaño en que vive un primer ministro que, a todas luces, tiene los días contados.

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El plan tendría las siguientes fases: Sue Gray, la alta funcionaria encargada de investigar todo el escándalo de las fiestas, emite en pocos días un duro informe, en el que señala el declive de la ética de trabajo de Downing Street. Los “viernes de vino”, la costumbre tan habitual entre el personal y los asesores del Gobierno británico de regar con alcohol el final de la semana de trabajo, se convirtió en una actitud intolerable durante la pandemia. Pero Gray, siempre según los cálculos del plan de escape, evita la sugerencia de posibles actos delictivos. Y evita cualquier juicio de valor sobre el propio Johnson. Comienzan a rodar cabezas. Posiblemente, Martin Reynolds, el secretario privado de Johnson que envió el correo electrónico a más de 100 personas para convocarlas a una de las fiestas; o Jack Doyle, director de Comunicación de Johnson. Y junto a la remodelación de todo el equipo de Downing Street, comienzan a airearse los aparentes logros del Gobierno para salir de la pandemia (el único destacable: sus aciertos en la campaña de vacunación). Se trata de un plan con demasiado voluntarismo, con demasiadas hipótesis, para rescatar a un primer ministro de cuya honestidad duda un 70% de los británicos, según la última encuesta de YouGov. Según ese mismo sondeo, un 63% quiere que Johnson dimita ya.

“Es un hombre muerto. En circunstancias políticas normales ya se habría marchado”, asegura, con el ímpetu políticamente incorrecto que siempre le ha caracterizado, Alastair Campbell, el astuto director de Comunicación del ex primer ministro Tony Blair. “Pero todo lo que ocurre no es normal, porque [Johnnson] ha normalizado la mentira y la corrupción, y ahora tiene a su Gabinete centrado, no en los retos a los que se enfrenta el país, sino en ayudarle a aferrarse al puesto”, denuncia.

La supervivencia del político británico más popular de las últimas décadas ya no depende, sin embargo, de él mismo. Está en manos de los diputados conservadores, abochornados con el espectáculo, que no dudarán ni un minuto en activar una moción de censura interna para derrocarlo si comprueban que puede arrastrarles en su caída. “Hasta un tercio del grupo parlamentario conservador es de nueva hornada. Muchos ocupan escaños de circunscripciones de tradición laborista, que nunca pensaron que podrían ganar. No se imaginaban como diputados, ni se han hecho a los usos y costumbres parlamentarias por culpa del coronavirus”, explica Paul Goodman, exparlamentario conservador y director de la página web ConservativeHome, clave para entender las interioridades del partido. “Se manejan más por sus particulares grupos de WhatsApp que por las órdenes de la dirección del grupo. Son muy difíciles de controlar”, señala Goodman.

La posición de Isabel II

Paradójicamente, los desmanes de Johnson y su equipo han podido ayudar a Isabel II, quien vive su propia crisis institucional por las graves acusaciones de abusos sexuales a una menor a las que se enfrenta su hijo, el príncipe Andrés. La información de que al menos 30 trabajadores de Downing Street, entre funcionarios y asesores, estuvieron bebiendo, bailando y festejando hasta pasada la madrugada, en las horas previas al funeral del esposo de la reina, Felipe de Edimburgo, ha producido en la misma medida un bochorno incontenible hacia el primer ministro y una nueva ola de afecto con la monarca, de 95 años. Los británicos han vuelto a recordar la imagen de la reina, el pasado 17 de abril, sola y pequeña en un banco de la capilla de Windsor, cumpliendo a rajatabla la distancia social que imponía la pandemia mientras velaba el cuerpo de Felipe de Edimburgo.

Pero la institución monárquica vislumbra serios nubarrones en su estabilidad. Desde 2019, después de la desastrosa entrevista del duque de York en la BBC en la que fue incapaz de mostrar arrepentimiento por su turbia relación con el millonario pedófilo estadounidense Jeffrey Epstein, el apoyo entre los más jóvenes (18-24 años) sufre un serio declive. Si en aquel año un 46% de los consultados prefería un monarca y solo un 26% a un jefe de Estado elegido democráticamente, hace seis meses el giro fue radical: solo un 31% aspiraba a que continuase la Monarquía. Un 41% manifestaba sentimientos republicanos.

La humillación sin contemplaciones de despojar a Andrés de títulos militares, patronatos reales o el título de Su Alteza Real, y condenarlo al ostracismo absoluto es más una decisión de futuro que de presente. Carlos de Inglaterra, el heredero directo, y su hijo Guillermo, segundo en línea de sucesión, han sido clave en un movimiento destinado a salvar la institución. Isabel II está ya en otras latitudes. Este año celebrará su Jubileo de Platino. 70 años de reinado. Todo apunta a que la reina deberá decir adiós a su decimocuarto primer ministro. Y encargar la formación de un nuevo Gobierno al decimoquinto.

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