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La invasión rusa de Ucrania ya tiene una atrocidad con nombre propio para la historia de los presuntos crímenes de guerra: Bucha. La Unión Europea y gran parte de la comunidad internacional han reaccionado este domingo con estupor ante el descubrimiento de las matanzas cometidas en esa localidad al norte de Kiev. Se trata de la primera prueba tangible y visible de la muerte y devastación en las zonas ocupadas por las tropas del presidente ruso, Vladímir Putin, que asediaban la capital ucrania. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha asegurado que la UE colaborará con Ucrania y con las ONG para recabar las pruebas necesarias para juzgar las atrocidades del ejército ruso ante los tribunales internacionales.


 

A la condena de Bruselas se han unido Estados Unidos, en boca de su secretario de Estado, Antony Blinken, que ha manifestado que las imágenes de Bucha son un “puñetazo en el estómago” y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, que ha calificado de “brutalidad” el asesinato de civiles en esta localidad a las afueras de la capital ucrania. Esta condena internacional coincide con la publicación de un informe de la organización Human Right Watch sobre posibles crímenes de guerra en varios puntos del frente norte de la guerra.

 


Las imágenes de Bucha han revelado, tal vez por primera vez desde el inicio de la guerra el pasado 24 de febrero, la magnitud de la violencia provocada por la guerra de Putin contra un país vecino. Tras la retirada del ejército ruso, las fuerzas ucranias han encontrado decenas de civiles muertos y abandonados en plena calle y fosas comunes con cadáveres a medio enterrar.

“Consternada por las informaciones sobre crímenes indescriptibles en las zonas donde se han retirado las tropas rusas”, se ha pronunciado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. La dirigente comunitaria ha reclamado “una investigación internacional independiente” y ha asegurado que “los perpetradores tendrán que rendir cuentas”.


 

El presidente del Consejo Europeo no tiene dudas sobre quiénes son los responsables. Charles Michel se ha declarado “conmocionado por las impresionantes imágenes de las atrocidades cometidas por el ejército ruso en la región liberada de Kiev”. Michel ha prometido a Ucrania que se redoblarán las sanciones contra Rusia y que continuará la ayuda de todo tipo, incluida la militar, para que el país resista el ataque de Putin.


Pocos días después de que Putin ordenase el inicio de la ofensiva, un convoy ruso trató de cruzar la localidad de Bucha de camino a la capital, pero cayó en una emboscada. A esta derrota temporal le sucedieron numerosas embestidas de fuerzas enviadas por el Kremlin hasta la toma completa de la localidad. Tras el anuncio de Moscú el pasado 29 de marzo de una reducción de operaciones en el norte de Kiev, Ucrania relanzó la batalla para recuperar, dos días después, el control de Bucha. La huella de la batalla ha dejado tirados en las calles una veintena de cadáveres, algunos con las manos atadas.


 

El alcalde Bucha, Anatoli Fedoruk, ha manifestado que hay cerca de 300 cuerpos enterrados en una fosa común. “Algunos estaban tirados en la acera, otros al lado de un coche o de una bicicleta,” afirmó en un vídeo difundido por Facebook.

Dura reacción desde Berlín

La condena también ha sido generalizada en otras capitales europeas. El Gobierno alemán, uno de los más reacios a la ruptura total con Moscú, ha indicado que impulsará una nueva batería de sanciones, aunque no ha concretado si afectarán a las exportaciones energéticas rusas a la UE, que reportan cada día unos 700 millones de euros a las arcas de Putin. La presión para apoyar medidas más duras aumenta en Berlín. La ministra de Defensa alemana, Christine Lambrecht, ha afirmado en una entrevista en la televisión pública que es el momento de estudiar la prohibición del gas ruso.

Las atrocidades cometidas “por Putin y quienes le apoyan” van a tener “consecuencias”, ha dicho el canciller alemán, Olaf Scholz: “Vamos a decidir nuevas medidas con nuestros aliados en los próximos días”, ha afirmado, en una frase que no figuraba en el comunicado que había hecho público unas horas antes. “Continuaremos poniendo armas a disposición de Ucrania para que el país pueda defenderse de la invasión rusa”, ha añadido durante una comparecencia en la Cancillería este domingo. El canciller ha calificado las muertes de civiles como “crímenes de guerra”, y ha pedido que la Cruz Roja haga una evaluación independiente sobre el terreno, informa Elena G. Sevillano.

El vicecanciller alemán, Robert Habeck, ha señalado que “este terrible crimen de guerra no puede quedar sin respuesta”. Y se ha mostrado partidario de “endurecer las sanciones”. “Estamos trabajando en ello con nuestros socios de la UE”, ha apuntado Habeck. Berlín, sin embargo, alude a la quinta ronda de sanciones, que ya estaba en preparación antes del golpe de Bucha y que aspiraba, sobre todo, a mejorar la efectividad de las cuatro primeras rondas.

Polonia y los países bálticos, entre otros socios comunitarios, piden desde hace semanas que se aseste un golpe definitivo a las finanzas de Putin poniendo fin a la compra de gas, petróleo y carbón rusos. El temido impacto de esa decisión en las economías europeas y muy en particular en la alemana ha impedido hasta ahora dar ese paso. El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, ha advertido además que no apoya ese tipo de sanción, lo que resquebrajaría la unidad europea mantenida desde el inicio de la guerra.

Las imágenes de Bucha refuerzan a los partidarios de la mano dura. Y probablemente lograrán, como mínimo, un endurecimiento de las sanciones que se estaban ultimando. “Lo ocurrido en Bucha debe tener un impacto en un quinto paquete de sanciones”, ha defendido la ministra alemana de Exteriores, Annalena Baerbock.

Un cuerpo abandonado en una calle de Bucha, este domingo.
Un cuerpo abandonado en una calle de Bucha, este domingo.Luis de Vega

Las sanciones impuestas hasta ahora han golpeado duramente a la economía rusa. Obligaron a mantener cerrada la Bolsa de Moscú durante un mes para evitar una estampida de los inversores, a doblar los tipos de interés para frenar la inflación y la retirada de ahorros, y a imponer un corralito parcial para impedir la salida de capital al exterior.

Pero no hay constancia de que hayan dañado la capacidad de Putin para financiar su agresión armada contra Ucrania. La retirada de tropas rusas se atribuye más bien a la fuerte resistencia de Ucrania y a los errores tácticos y estratégicos cometidos por el Kremlin. El ministro francés de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, se ha mostrado partidario de reforzar la presión económica para “obligar a las autoridades rusas a poner fin a la guerra”.

Fuentes comunitarias apuntaban hasta ahora que era necesario reservarse munición para castigar a Putin en función de lo que ocurriese en el campo de batalla. Y aunque ya se había empezado a estudiar el impacto de un corte del suministro de gas y los planes de contingencia para capearlo, se consideraba que esa posibilidad era la sanción de último recurso.

La amenaza de un ataque químico o nuclear en territorio ucranio, un riesgo apuntado por la OTAN, parecía el gatillo necesario para descargar todo el arsenal de sanciones contra Rusia. Pero las imágenes de Bucha pueden acelerar el paso si la reacción de la opinión pública europea demanda una respuesta contundente como ocurrió tras el estallido de la guerra. La primera ronda de sanciones se endureció rápidamente a la vista de la resistencia planteada por el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y la reacción a su favor de gran parte de la población europea.

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Cinco semanas después del inicio del conflicto, el avance militar de Rusia en Ucrania se ha ralentizado hasta mantenerse sin a penas nuevos avances. Este vídeo explica el punto actual en el que se encuentra la guerra y cuál podría ser el próximo paso del ejército de Vladímir Putin, presidente ruso. Además, desde que el mandatario anunció su incursión militar en el país vecino, los ataques han ido variando ante las dificultades que su ejército ha tenido para tomar ciudades clave como Kiev.

¿Cuáles son las intenciones del alto mando ruso? El periodista de EL PAÍS Óscar Gutiérrez, que cubre información internacional y está especializado en conflictos, analiza las posibles estrategias de Rusia en la guerra ante los problemas que ha encontrado en las últimas semanas para conseguir sus objetivos y los últimos anuncios del Kremlin de retirarse parcialmente de alguna de las zonas que ha atacado como la capital ucrania.

El pasado 25 de marzo el Gobierno de Putin anunció que sus tropas se reagruparían para focalizar sus ofensivas sobre la zona del Donbás, que lleva en conflicto desde 2014, y es una de las regiones más trascendentales en el enfrentamiento entre Ucrania y Rusia. Además, la negociación para la paz entre ambos países se saldó este martes con importantes avances como la intención del Ejecutivo ruso de reducir “drásticamente” sus ofensivas militares sobre Kiev.

Sin embargo, ¿son creíbles los anuncios del alto mando ruso? Gobiernos como el estadounidense o el ucranio recelan de las promesas militares del Kremlin. De hecho, este jueves se han registrado ataques sobre el norte de Ucrania a pesar de los compromisos adquiridos por Rusia ¿Hay retirada de tropas rusas? ¿Son un reagrupamiento para reforzarse? En este vídeo Gutiérrez profundiza en el contexto actual del conflicto y la posible respuesta de la resistencia ucrania ante los movimientos que el Kremlin ha anunciado.

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La marcha de las tropas internacionales que llevan nueve años combatiendo el avance yihadista en Malí ya es un hecho. Francia y sus aliados occidentales y africanos han anunciado este jueves la “retirada coordinada” del territorio maliense de sus efectivos de las operaciones Barkhane y Takuba y su traslado a otros países vecinos en los próximos meses, en vista de las dificultades cada vez mayores que las autoridades golpistas de Bamako ponen a su presencia. España no participa en estas operaciones pero sí lidera la misión europea de formación de las tropas malienses, EUTM-Malí, que continuará en el país, al menos de momento.

“Ante las múltiples obstrucciones de parte de las autoridades de transición malienses, Canadá y los Estados europeos que operan en la operación Barkhane y en el seno de la task force Takuba consideran que ya no se dan las condiciones políticas, operacionales y jurídicas para continuar de manera eficaz su compromiso militar actual en la lucha contra el terrorismo en Malí”, señalan los países afectados en un comunicado distribuido por Francia, que lidera las operaciones militares en el Sahel.

“No podemos continuar trabajando militarmente con unas autoridades de facto con las que no compartimos ni la estrategia ni sus objetivos. Es la situación en la que nos enfrentamos hoy en Malí”, ha abundado el presidente francés, Emmanuel Macron, en una rueda de prensa en el Elíseo.

La lucha contra el terrorismo no puede justificarlo todo, no debe, bajo pretexto de ser una prioridad absoluta, transformarse en un ejercicio de conservación indefinida del poder y tampoco puede justificar ni la escalada de la violencia ni el recurrir a mercenarios (…) cuyo ejercicio de la fuerza no está controlado por ninguna convención ni regla”, ha agregado en referencia a la creciente presencia de mercenarios de la empresa rusa Wagner en Malí, una situación denunciada con creciente preocupación por Europa.

No obstante, los países participantes en las misiones antiterroristas en el Sahel aseguran que están en “estrecha coordinación” con los países vecinos y reafirman en su comunicado conjunto su “voluntad de continuar implicados en la región, respetando sus procedimientos constitucionales respectivos”.

“Las amenazas en la región, las organizaciones terroristas Al Qaeda y el Estado Islámico, han querido hacer de África, especialmente del Sahel, una prioridad en su expansión (…) con una agenda internacional. Eso justifica nuestra presencia”, ha afirmado al respecto Macron.

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En este sentido, y “a petición de los socios africanos”, las fuerzas internacionales iniciarán “consultas políticas y militares” de inmediato con Níger y los países del Golfo de Guinea que ya han manifestado su interés en “continuar su acción conjunta contra el terrorismo en la región del Sahel” y que podrían alojar a las tropas salientes, en una operación que debería estar aclarada para junio de este año.

En total, en el Sahel hay, según el Elíseo, unas 25.000 fuerzas internacionales, de las que 4.300 son franceses, de ellos 2.400 en Malí en el marco de la operación antiyihadista Barkhane y Takuba, la task force de fuerzas especiales de varios países de la UE acordada en enero de 2020 y que apoya, bajo mando francés, a las fuerzas armadas malienses en operaciones antiterroristas en el país. Francia, que ha perdido en sus nueve años de operaciones en el Sahel a más de medio centenar de militares, ya recompuso su dispositivo en Malí en 2021, reduciendo su presencia militar en el norte del país y priorizando las operaciones de Takuba.

La salida de las fuerzas francesas obligará a revisar la presencia de la misión militar europea en Malí, incluida la participación de España y Alemania que, aunque no forman parte de Takuba, son los principales contribuyentes de la veterana misión EUTM-Malí, liderada por España y que instruye al Ejército maliense para enfrentarse a los terroristas. Ambos países se han mostrado dispuestos a revisar su presencia en Malí, aunque España no es muy partidaria de la retirada. Según ha indicado Macron, en los próximos meses, mientras se consolida la retirada de las fuerzas de Barkhane y Takuba, habrá que realizar un “trabajo de reflexión y evolución de los ejercicios EUTM y de Minusma” (la misión de estabilización de Mali de la ONU) que el mandatario galo no ha querido “prejuzgar” por el momento.

La marcha del grueso de las fuerzas internacionales de Malí era dada por segura desde que, en las pasadas semanas, Francia dio a entender que actuaría en este sentido, en vista del rápido deterioro de sus relaciones con las autoridades de Bamako, que a finales de enero expulsaron al embajador galo.

La decisión ha sido anunciada horas antes del comienzo en Bruselas de una Cumbre UE-Unión Africana y está firmada por además de Francia, Alemania, Bélgica, Benín, Canadá, Chad, Costa de Marfil, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Italia, Ghana, Mauritania, Níger, Portugal, República Checa, Rumania, Senegal, Suecia y Togo, así como el Consejo Europeo, la Comisión Europea, la Coalición por el Sahel y la Comisión de la Unión Africana. Sus máximos representantes habían participado la pasada noche en una cena informal organizada en el Elíseo por Macron para, precisamente, “coordinar” la decisión de salir de Malí, una maniobra que Francia no quiere que sea vista como una decisión unilateral.

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Que Francia quiere retirar sus tropas de Malí hace tiempo que dejó de ser un secreto. Lo que falta son los detalles: el cuándo y cómo y el después. Eso es lo que el presidente francés, Emmanuel Macron, ha discutido este miércoles en una cena informal con los dirigentes del Sahel y algunos de los países europeos implicados en las diversas misiones en la zona, a cuya continuidad afectará la decisión francesa, en vísperas de la Cumbre UE-Unión Africana que empieza el jueves en Bruselas.

En un intento de evitar que la marcha gala suene a estampida unilateral al estilo de lo ocurrido en Afganistán, París busca consensuar al máximo una decisión que justifica, por un lado, con la actitud antifrancesa de las autoridades golpistas de Malí, que no están invitadas a la cita, pero también alegando un cambio de estrategia por la evolución de la amenaza terrorista en toda la región. La cuestión es si los demás países, especialmente los socios europeos que también tienen tropas desplazadas en la zona, acaban compartiendo esa visión —aunque por el momento algunos, como España, abogan por que las decisiones se tomen a nivel europeo— o si París al final tendrá que asumir solo su decisión.

La salida de las fuerzas francesas obligará a revisar la presencia de la misión militar europea en Malí, incluida la participación de España y Alemania que, aunque no forman parte de Takuba, son los principales contribuyentes de la veterana misión EUTM-Malí, liderada por España y que instruye al Ejército maliense para enfrentarse a los terroristas. Ambos países se han mostrado dispuestos a revisar su presencia en Malí, aunque España no es muy partidaria de la retirada.

La respuesta se conocerá previsiblemente en la mañana del jueves, en una rueda de prensa que Macron ha convocado en París antes de partir a Bruselas tras la cena del miércoles, en la que están invitados Mauritania, Chad y Níger, los países del Golfo de Guinea, la Unión Africana (UA) y el alto representante de la Coalición para el Sahel, Djimet Adoum. También asistirán los presidentes del Consejo Europeo y de la Comisión Europea, así como al alto representante de la UE para Asuntos Exteriores, Josep Borrell. Los grandes ausentes serán Malí y Burkina Faso, excluidos por estar suspendidos de la UA. Tampoco habrá representación de España aunque sí ha sido invitada.

Una concurrida cita, en cualquier caso, que resulta clave para la imagen de “convergencia” que busca mostrar el Gobierno francés que, a menos de dos meses de las elecciones presidenciales, no quiere que los aspirantes al Elíseo de la oposición usen la retirada de Malí, donde empezó la intervención militar gala hace nueve años, como arma arrojadiza contra Macron, que debe oficializar pronto su candidatura a un segundo mandato.

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En total, en el Sahel hay, según el Elíseo, unos 25.000 efectivos internacionales, de los que 4.300 son franceses. De ellos, 2.400 están en Malí en el marco de la operación antiyihadista Barkhane y la Takuba, la misión de fuerzas especiales de varios países de la UE acordada en enero de 2020 y que apoya, bajo mando francés, a las fuerzas armadas malienses en operaciones antiterroristas en el país. Francia, que ha perdido en sus nueve años de operaciones en el Sahel a más de medio centenar de militares, ya recompuso su dispositivo en Malí en 2021, reduciendo su presencia militar en el norte del país y priorizando las operaciones de Takuba, recuerda la Agencia France Presse.

Ahora se trata de dar el paso definitivo y confirmar la retirada de su presencia militar, en pleno deterioro de las relaciones con Bamako tras dos golpes de Estado y la presencia cada vez mayor de mercenarios de la empresa rusa Wagner. “Seguir en un lugar no es un fin en sí. Hay que seguir, pero solo donde podamos tener las palancas para actuar. Y donde no se reúnen las condiciones para una acción eficaz sobre los grupos terroristas, no hay que buscar seguir a toda costa”, decía una fuente diplomática francesa hace una semana, cuando se incrementaron los rumores de una inminente salida gala de Malí.

Se espera que el contingente galo sea trasladado al vecino Níger, aunque París advierte de que no busca una mera transferencia de tropas de un país a otro, sino un replanteamiento más amplio de su presencia en la región, que no será ya “la de una operación exterior clásica, con bases militares y un estado mayor regional”, subrayan las fuentes, sino que buscará “adaptarse a las necesidades de cada país” en vista de la evolución de la amenaza terrorista en la zona en estos últimos años.

“Necesitamos reinventar nuestra alianza militar” en el Sahel, insiste el Elíseo. “No se trata de desplazar lo que se hace en Malí a otra parte, sino de reforzar lo que hacemos en Níger y apoyar más el flanco sur”, agrega.

Las cada vez más deterioradas relaciones de París con las fuerzas golpistas de Bamako sufrieron una fractura clave con la expulsión a finales de enero del embajador francés en Malí, Joël Meyer. París no obstante insiste en que la “trayectoria de ruptura con las autoridades de transición” malienses afecta al “conjunto” de los socios de la región y a los europeos que apoyan las diversas operaciones en el Sahel. De ahí la necesidad, insisten fuentes del Elíseo, de “reunir a los países implicados en el Sahel para ver qué consecuencias hay que sacar” de la situación y de la actitud de Bamako.

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Emmanuel Macron y Joe Biden, el pasado junio en Bruselas.
Emmanuel Macron y Joe Biden, el pasado junio en Bruselas.Brendan Smialowski (AP)

Los presidentes de Estados Unidos, Joe Biden, y Francia, Emmanuel Macron, consideran una “señal alentadora” el anuncio de Moscú de que va a empezar a retirar las tropas rusas estacionadas desde hace meses a lo largo de la frontera con Ucrania. No obstante, en una conversación telefónica de una hora de duración, ambos se mostraron de acuerdo en la necesidad de ser “prudentes” y, sobre todo, de poder “verificar” las afirmaciones rusas en una situación que sigue siendo muy “frágil”, dijo este martes el Elíseo.

“El desafío hoy es evaluar la calidad de los anuncios rusos sobre el fin de ciertas maniobras militares”, explicaron fuentes de la presidencia francesa tras la nueva entrevista telefónica de los mandatarios, que habían hablado por última vez el pasado sábado. Las frecuentes conversaciones —cuatro desde el comienzo de la crisis ucrania— se deben a la voluntad de Washington y París de continuar “perfectamente coordinados” ante Moscú, de acuerdo con el Elíseo. Tanto Biden como Macron coincidieron en que “hay que tomar nota de las medidas rusas” pero que también “hay que verificarlas, comprobar su alcance y significado”, según la presidencia francesa.

“Hay anuncios rusos, hay imágenes de un cierto número de hombres y material embarcados, pero sigue habiendo maniobras militares rusas aéreas, navales y terrestres de magnitud. Las maniobras rusas no han acabado (…) hay un indicio, pero el dispositivo militar ruso sigue siendo muy impresionante y para que vuelvan la confianza y la calma debe ser netamente reducido”, insiste París. “Muchas cosas son posibles” todavía en una situación que sigue siendo muy “frágil”, recalca.

Las tropas rusas regresando a sus guarniciones militares.

París considera que la promesa de retirada de tropas tras la conclusión de los ejercicios militares alegados para desplegarlas a lo largo de la frontera ucrania viene a reafirmar la estrategia de Macron a poco más de una semana de la visita de este a Putin en el Kremlin, pese a la “prudencia” con la que las dos partes subrayan que hay que tomarse todo anuncio ruso. Algo especialmente importante para el mandatario francés —sobre todo a dos meses de las elecciones presidenciales— después de que el Kremlin desmintiera tajantemente las afirmaciones del Elíseo de que Macron había logrado arrancar a Putin la promesa de que Rusia “no emprenderá nuevas iniciativas militares”.

“El movimiento de desescalada es conforme” a lo que Putin le dijo a Macron hace una semana, afirmaron las fuentes francesas, según las cuales lo fundamental es tener un “punto de partida”.

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“Buscamos una salida de la crisis y para ello hay que empezar en alguna parte. Un buen punto de partida es la reducción del dispositivo militar ruso en las fronteras de Ucrania (…) No extraemos más conclusiones, no es decir que lo anunciado sea la salida de la crisis, eso hay que construirlo y será gradual”, matizó el Elíseo. El objetivo, recordó, sigue siendo, además de la desescalada rusa en la frontera ucrania, “relanzar las negociaciones en el marco del formato de Normandía” sobre el Donbás y abrir a otros socios una discusión “más ambiciosa” en torno a la seguridad en Europa.

París adelantó que Macron conversará este miércoles también con el presidente chino, Xi Jinping. Aunque China no forma actualmente parte de las negociaciones, como miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tiene “una responsabilidad particular en materia de mantenimiento de la paz y seguridad internacionales”, justifica Francia la inminente entrevista, en la que Macron le comunicará a su homólogo chino “el interés común en lograr que Rusia entre en un diálogo útil” con Francia y sus aliados.

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Verdadera desescalada, señal o despiste. El Ministerio de Defensa ruso ha anunciado este martes que las unidades de los distritos miliares del oeste y del sur de Rusia, concentradas a lo largo de las fronteras con Ucrania desde hace meses, empezarán a volver a sus bases tras concluir su entrenamiento. El anuncio, que provocó una reacción positiva en los mercados y en el rublo, que ha estado bajo presión, coincide con la llegada a Moscú del canciller alemán, Olaf Scholz, para reunirse con el presidente ruso, Vladímir Putin, y se produce un día después de que el Kremlin señalase que aún hay espacio para el diálogo diplomático. Sin embargo, mientras anuncia que algunos grupos de tropas vuelven a sus cuarteles, Rusia mantiene las maniobras militares en varios sectores y sigue concentrando tropas en otras zonas cercanas a Ucrania.

En la primavera pasada, cuando Rusia anunció la retirada de militares que había concentrado en sus fronteras occidentales y que había desatado la alarma de la Unión Europea y la OTAN, dejó sobre el terreno a varios equipos y la mayoría del armamento pesado. Este martes, el portavoz del ministerio de Defensa ruso, Igor Konashenkov, ha hablado de retirada de contingentes de dos distritos, pero ha anunciado que las tropas rusas seguirán las maniobras “en varios sectores operativos”. “Las Fuerzas Armadas rusas continúan con una serie de ejercicios a gran escala que involucran prácticamente todos los distritos militares, las flotas y las Fuerzas Aerotransportadas”, dijo Konashenkov, citado por la agencia rusa Interfax. Defensa señaló que también se están desarrollando maniobras navales que involucran “barcos de superficie, submarinos y aviación marina en sectores operativos de los océanos del mundo y los mares adyacentes al territorio ruso”.

Rusia ha concentrado a unos 140.000 soldados a lo largo de las fronteras con Ucrania, en la península ucrania de Crimea, que se anexionó ilegalmente en 2014 y en suelo bielorruso, donde realiza maniobras conjuntas con tropas de Minsk, según las estimaciones del Ministerio de Defensa ucranio y de Estados Unidos. El Ejército ruso ha trasladado también hacia el oeste baterías de cohetes y ha desplegado más sistemas de misiles tierra-tierra Iskander. El comandante de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Valeriy Zaluzhny, dijo este lunes que Rusia había movilizado entre 85 y 87 grupos tácticos de batallón cerca de Ucrania, con unos 20 más en constante movimiento.

Ante las alertas de Estados Unidos, que ha asegurado que esta semana es decisiva y que el Kremlin podría lanzar una invasión a gran escala en breve, Moscú niega que tenga intención de emprender otra agresión militar contra Ucrania, donde se desarrolla la última guerra de Europa, en el Donbás, ente el Ejército de Kiev y los separatistas prorrusos apoyados por el Kremlin.

Rusia argumenta que puede mover las tropas dentro de su territorio como desee y que es la OTAN la que amenaza la seguridad y la soberanía rusa y que la maniobras belicistas de la Alianza Atlántica (que invitó a Kiev a unirse en 2008, aunque esa membresía no ha avanzado) en Ucrania están provocando la crisis. Moscú acusa a Occidente de preparar provocaciones para iniciar una guerra, mientras Washington cree que Rusia podría estar preparando una operación de falsa bandera para intervenir en Ucrania con la excusa de defender a los ciudadanos de las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk, donde ha entregado alrededor de un millón de pasaportes rusos, según estimaciones de altos funcionarios de Rusia.

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Frente a las alertas constantes de Estados Unidos —donde informes de espionaje han llegado a poner incluso fecha a la supuesta invasión, el 16 de febrero, este miércoles—, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, se esfuerza por pedir calma a una ciudadania que parece tranquila. El Gobierno ucranio teme que en esta guerra de asfixia, Moscú logre su objetivo de desestabilizar el país. “Hoy están asustando a Ucrania con una gran guerra y, una vez más, están fijando la fecha para una invasión militar, pero nuestro estado es más fuerte que nunca”, dijo Zelenski en un discurso televisado el lunes por la noche. El presidente ucranio ha declarado el 16 de febrero como el Día de la Unidad de Ucrania y ha decretado que la bandera ondee en todos los edificios oficiales y que a las 10 de la mañana suene el himno nacional.

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Francia ha decidido sacar sus tropas de Malí, el país del África subsahariana al que llegaron en enero de 2013 para frenar el avance yihadista y evitar la caída de la capital, Bamako. Pero París no quiere irse solo. La imagen de la retirada francesa evoca la reciente debacle de la OTAN en Afganistán y puede ser demoledora para el presidente Emmanuel Macron a solo dos meses de la primera vuelta de las elecciones al Elíseo. Por eso, según fuentes diplomáticas, París busca el acompañamiento de los socios europeos en su salida. Esa retirada conjunta supondría el abandono de uno de los principales proyectos europeos contra el radicalismo en la región africana del Sahel.

Francia, que ostenta este semestre la presidencia de la UE, ha convocado para este viernes una videoconferencia de ministros de Defensa para analizar la situación en el Sahel. España, principal contribuyente de la misión europea de adiestramiento EUTM—Malí, con 530 militares (la mitad del total), apuesta por continuar en el país.

Macron ya anunció en julio pasado su intención de reducir en un 40% los 5.100 efectivos de la Operación Barkhane de lucha contra el yihadismo y sustituirlos, en parte, por las fuerzas especiales, más reducidas, de la nueva Operación Takuba. Sin embargo, la situación se ha precipitado a raíz de la expulsión, el pasado 31 de enero, del embajador francés en Malí, Joël Meyer, después de que el jefe de la diplomacia gala, Jean-Yves Le Drian, calificara de ilegítima la junta militar que gobierna Bamako y tachara de “irresponsables” sus decisiones.

París ya ha comunicado a los socios europeos su decisión de trasladar al vecino Níger la mayor parte de las tropas que ahora tiene en el país. Bamako, por su parte, ha expulsado al contingente danés de la fuerza Takuba, alegando que no contaba con autorización para desplegarse, y Noruega ha anunciado que retirará sus efectivos. Fuentes militares dan por hecho que este movimiento acabará arrastrando a la quincena de países europeos (entre los que no está España) que participan en dicha misión.

El problema se plantea con la misión EUTM-Malí, de instrucción del Ejército maliense, que no depende de Francia sino de la UE. Las fuentes consultadas aseguran que París no ha pedido expresamente la salida de la misión europea, pero sí ha señalado que no es viable mantenerla en Malí sin la presencia de las tropas francesas, que hasta ahora son las que han asumido el combate contra el yihadismo. La EUTM-Malí cuenta con 1.100 efectivos de 25 países.

Tanto el alto representante de la UE para Política Exterior, Josep Borrell, como el Gobierno español, según las fuentes consultadas, son partidarios de mantener la misión de adiestramiento, tanto por la posición estratégica de Malí en el Sahel como por temor a que el vacío que dejen los europeos sea ocupado por Rusia. Esa sustitución ya ocurre. Fuentes de la inteligencia militar aliada cifran en 1.100 los militares rusos desplegados en Malí; algunos son militares regulares y otros mercenarios de la empresa Wagner, a la que recurre el Kremlin para tareas cuya responsabilidad no quiere asumir.

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La ministra española de Defensa, Margarita Robles, habló el viernes pasado por teléfono con su homóloga francesa, Florence Parly; y el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, se reunió el miércoles con Le Drian en Lyon (Francia).

La continuidad de la presencia militar europea en Malí dependerá en buena medida de cuál sea la decisión de Alemania, que es el segundo contribuyente de la EUTM-Malí, con 325 militares, y constituye el pilar de la Minusma (la misión de Naciones Unidas para Malí) con 1.300 efectivos. La ministra de Exteriores germana, Annalena Baerbock, se preguntó la semana pasada si, “a la vista de las medidas tomadas por Malí, los requisitos previos para nuestro compromiso conjunto siguen vigentes”. “El compromiso”, advirtió, “no es un fin en sí mismo”. El Parlamento alemán debe votar en mayo la continuidad de su presencia militar en Malí.

Más allá de la voluntad política de los europeos, los expertos subrayan que la retirada de las tropas francesas puede provocar un rápido deterioro de la seguridad que haga inviable la continuidad de la EUTM-Malí, a pesar de que su mandato no expira hasta 2024. Fuentes militares admiten que, en el mejor de los casos, habrá que proceder a una “profunda revisión” de la misión, que estaba en fase de expansión, con el envío de patrullas móviles a distintos puntos del país, la construcción de nuevas bases y su ampliación a los otros países del G5 del Sahel (Níger, Burkina Faso, Chad y Mauritania).

Una manifestación contra la presencia de militares franceses en Malí, el pasado día 4 en Bamako.
Una manifestación contra la presencia de militares franceses en Malí, el pasado día 4 en Bamako.PAUL LORGERIE (REUTERS)

Además de las dificultades militares, hay graves obstáculos políticos. En el origen del conflicto con Francia está el propósito de la actual junta militar de perpetuarse en el poder, posponiendo cinco años las elecciones e incumpliendo su compromiso de celebrarlas en febrero. En mayo pasado, los militares, encabezados por el coronel Assimi Goïta, dieron el segundo golpe de Estado, interrumpiendo la transición iniciada después de que, en agosto de 2020, fuera derrocado el presidente Ibrahim Boubacar Keita.

En enero pasado, la Comisión Económica de Estados de África del Oeste (Cedeao), que agrupa a los países vecinos de Malí, adoptó duras sanciones contra el régimen militar de Bamako, que incluyen la retirada de embajadores, el cierre de fronteras y la suspensión de los intercambios comerciales, salvo productos básicos. La UE ha respaldado las sanciones de la organización africana, pero mantiene su misión de adiestramiento del Ejército que ocupa ilegalmente el poder.

El Ejército francés rechaza actuar con mercenarios rusos

Marc Bassets

Tras la expulsión del embajador francés de Malí, fuentes diplomáticas francesas respaldaron esa idea de que la acción en el Sahel solo tiene sentido si es concertada. “La consulta y coordinación internacional es esencial porque este no es un problema franco-maliense”, argumentaron. “Solo tiene sentido participar cuando se puede actuar de manera efectiva sobre la amenaza”, señalaron para justificar la decisión de retirar las tropas de su país de Malí. “Quedarse en un lugar no es un fin en sí mismo. Debemos seguir comprometidos, pero donde podamos tener las palancas para actuar. Y donde no se dan las condiciones para tener una acción efectiva sobre estos grupos terroristas, no debemos intentar a toda costa seguir”, añadieron. 

La presencia de mercenarios franceses en Malí es uno de los motivos esgrimidos por las mismas fuentes para justificar la salida de los militares franceses. “Es inconcebible que el Ejército francés esté vinculado directa o indirectamente a Wagner. No es un compañero como los demás. Es un grupo que trabaja con reglas de enfrentamiento que no tienen nada que ver con las nuestras”.

Francia niega que su salida de Malí implique que tira la toalla en la lucha contra el yihadismo en el Sahel. “Hay una amenaza que está ahí y tiene dos nombres que conocemos: Al Qaeda y Estado Islámico. Estas organizaciones dicen en sus escritos que África Occidental es su principal objetivo. Su agenda es internacional, con proyección exterior, incluso hacia Europa y tenemos interés en poder seguir actuando y limitar su expansión. Luchar contra ellas no es solo estar en Malí. Debemos ser capaces de actuar con toda la región”, explicaron.

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A veces los cambios sirven para garantizar que, al menos, todo siga igual. El juez progresista del Tribunal Supremo Stephen Breyer tiene intención de jubilarse al término de este año judicial, en julio, según se ha conocido este miércoles. A sus 83 años, se trata del magistrado más veterano de los nueve que forman el alto tribunal.

Su retirada permitirá a Joe Biden, presidente de Estados Unidos, nombrar a otro juez progresista, antes de las elecciones de medio mandato, que se celebrarán en noviembre, cuando presumiblemente los demócratas perderán la mayoría en el Senado. El mandatario ha expresado en varias ocasiones su intención de que el testigo lo tome, por primera vez, una mujer negra.

Ese nombramiento garantizará mantener el status quo actual del órgano judicial, con una supermayoría conservadora de seis contra tres, una situación que no se había dado en Estados Unidos en los últimos ochenta años.

Los cargos son vitalicios en el Tribunal Supremo y una determinada composición puede influir en el devenir del país durante décadas ―dada la capacidad de sus decisiones para sentar precedente constitucional e influir en la vida cotidiana de la gente― en asuntos como el aborto, los criterios para la admisión en las universidades o la tenencia de armas (tres temas que ahora mismo debaten). Activistas y analistas de izquierda y políticos demócratas habían presionado en los últimos meses a Breyer para que considerase echarse a un lado y evitar así un momento Ruth Bader Ginsburg.

La jueza progresista, icono del feminismo y lo más parecido a una estrella del pop que ha dado la judicatura de este país, aguantó en su puesto hasta el final, pese a su estado de salud. Murió víctima del cáncer a los 87 años el 18 de septiembre de 2020, semanas antes de las elecciones presidenciales, celebradas ese mes de noviembre. Eso permitió a Donald Trump nombrar a otra jueza conservadora (Amy Coney Barrett, entonces de 48 años, a día de hoy, la más joven de la corte), lo que disparó la brújula del Supremo, compuesta hasta entonces por cinco conservadores y cuatro progresistas, más a la derecha. Coney Barrett fue el tercer nombramiento de Trump en el alto tribunal (tras los de Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh), lo que en cierto modo ha contribuido a perpetuar su legado.

La jubilación de Breyer permitirá a Biden evitar que la tendencia se acentúe (y el tribunal se divida en siete contra dos). El hecho de irse antes de las elecciones legislativas de noviembre garantiza a los demócratas, que cuentan en el Senado con 50 de 100 escaños, y el voto cualificado de la vicepresidenta, Kamala Harris, autonomía para decidir el nombre de quien lo sustituya. Eso será posible porque el nombramiento de los jueces del Supremo es una de las pocas decisiones del Congreso que no requieren de una mayoría de 60 asientos, que, de facto, es obligatoria en la mayor parte de las leyes de calado, debido a la práctica del filibusterismo, que permite al partido en minoría bloquear los avances de sus contrincantes.

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La presión sobre Breyer, que fue nombrado en 1994 por Bill Clinton, se ha desplegado en muchos frentes: desde el mundo académico (el profesor Erwin Chemerinsky, de la Universidad de Berkeley, le invitó en mayo desde una tribuna de The Washington Post a “poner la institución y el país que ama por encima de sus propios intereses”), hasta el activismo. Una asociación progresista llamada Demand Justice (Reclama justicia) alquiló un camión para que diera vueltas alrededor del edificio del Supremo con el siguiente mensaje: “Breyer, retírate. Llegó la hora de una mujer negra en el Tribunal Supremo”.

Y todo indica que eso es precisamente lo que sucederá. Biden ya expresó durante la campaña que le llevó a la Casa Blanca su deseo de hacer historia. Ahora tendrá la oportunidad al nombrar para el cargo a la primera afroamericana. “Es necesario que tengan representación de una vez, hace mucho tiempo [que es necesario]”, dijo en marzo de 2020. Tras conocerse la decisión de Breyer, los medios estadounidenses han corrido a echar sus quinielas. En todas ellas figura el nombre de Ketanji Brown Jackson, quien recibió el apoyo de los 50 demócratas y de tres republicanos cuando fue propuesta el año pasado para un cargo de jueza del Circuito del Distrito de Columbia.

En una entrevista, concedida en agosto a The New York Times, Breyer afirmó que se debatía sobre cuándo sería el momento idóneo para renunciar, y recordó unas palabras de Antonin Scalia, juez progresista fallecido en 2016 (y reemplazado por Neil Gorsuch al principio de la era Trump): ”Me dijo: ‘No quiero que nombren a alguien que revierta todo lo que he hecho durante los últimos 25 años”, recordó Breyer. “Así que no creo que me quede en el puesto hasta que muera, espero que no”, añadió.

Jen Psaki, secretaria de prensa de la Casa Blanca, tuiteó a los pocos minutos de desvelarse la intención de Breyer, tal vez para despejar cualquier sospecha de presión por parte de Biden: “Siempre es decisión de cualquier juez del Tribunal Supremo retirarse. Así como el cuándo y cómo quieren anunciarlo. Así ha sido hoy”. En el mensaje agregaba que la Casa Blanca no tenía detalles adicionales o información para compartir.

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La bandera europea ha dejado de ondear en el Arco del Triunfo de París, pero la polémica no se ha disipado con la retirada, este domingo, del símbolo con el que el Gobierno de Emmanuel Macron buscaba marcar el inicio de la presidencia francesa de la UE con la llegada de 2022. Lo que pretendía ser una exaltación de los valores que unen a los Veintisiete, que los próximos seis meses estarán bajo liderazgo galo, se transformó rápidamente en símbolo de la división política de una Francia inmersa ya en la campaña de las presidenciales de abril, y después de que los candidatos de todo el espectro de la derecha, desde la moderada Valérie Pécresse a los ultras Marine Le Pen y Éric Zemmour, criticaran el gesto como una “traición” a los valores patrios.

A pesar de los desmentidos del Gobierno, que acusó a la oposición de hacerle el juego a la extrema derecha, el domingo la bandera azul y estrellada ya no lucía bajo el arco del monumento erigido por Napoleón en 1806 para conmemorar las victorias del Ejército francés bajo su mando.

La polémica comenzó el viernes, horas antes de la llegada del año nuevo y con ella el inicio de la presidencia francesa de la UE, cuando se izó la bandera de la UE bajo el Arco del Triunfo, lugar donde tradicionalmente ondea la tricolor francesa durante eventos conmemorativos nacionales. Rápidamente, la líder del Reagrupamiento Nacional, Marine Le Pen, se declaraba “indignada” por una “provocación que ofende a los que lucharon por Francia” y reclamó a Macron “restablecer de inmediato” la bandera gala. Su reclamo adquirió fuerza el sábado, cuando anunció su intención de denunciar ese “atentado a la identidad” francesa ante el Consejo de Estado, la máxima instancia judicial de Francia en materia administrativa. Con ese gesto, Macron “ha traicionado una vez más los deberes de su cargo y demuestra de nuevo su desprecio arrogante por nuestra historia”, insistió.

Los demás candidatos de derechas no dudaron en azuzar la controversia. “El Arco del Triunfo bajo Macron: tras el saqueo y el empaquetado, el ultraje”, tuiteó también otro candidato ultra, Éric Zemmour, en referencia a los graves daños que sufrió el monumento nacional durante las protestas de los chalecos amarillos a finales de 2018 y al proyecto temporal de envolver el Arco el pasado septiembre, un celebrado aunque como siempre controvertido proyecto póstumo del artista búlgaro Christo, que en vida cubrió otros iconos como el Reichstag de Berlín.

La disputa subió unos grados más cuando a las denuncias de la extrema derecha se unió la de la candidata de Los Republicanos, Valérie Pécresse. “¡Presidir Europa sí, borrar la identidad francesa no!”, tuiteó la que muchos analistas consideran la rival más peligrosa para Macron, quien aunque aún no ha declarado su candidatura se espera que busque su reelección en abril. “Demando solemnemente a Emmanuel Macron que restablezca nuestra bandera tricolor al lado de la de Europa bajo el Arco del Triunfo. Se lo debemos a todos nuestros combatientes que derramaron su sangre por ella”, agregó la candidata conservadora.

El sábado, el secretario de Estado francés para Asuntos Europeos, Clément Beaune, acusó a la derecha de “correr desesperadamente tras las polémicas estériles de la extrema derecha” y aseguró que se trata solo de una “instalación simbólica y temporal que acompaña el 1 de enero y el inicio de la presidencia francesa de la UE”.

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“La bandera francesa será evidentemente reinstalada (…) el dispositivo ha sido creado por unos días, con las iluminaciones” de múltiples monumentos nacionales que desde la noche del 31 lucen azules, entre otros la Torre Eiffel o el Panteón, insistió. Es la misma iluminación, recordó, que eligió el último mandatario francés que estuvo al frente de la UE, el conservador Nicolas Sarkozy en 2008.

No obstante, el Arco del Triunfo amaneció este domingo sin bandera alguna, lo que fue rápidamente celebrado por Le Pen como una “bella victoria patriótica”, mientras Zemmour retuiteaba con un “bravo” unas fotos de jóvenes seguidores del ultra posando ante el monumento con banderas francesas.

En declaraciones remitidas a la Agencia France Presse, el Elíseo aseguró que “la bandera europea fue retirada durante la noche, conforme al calendario previsto”. Por su parte, Beaune rechazó en la emisora France Inter que el Gobierno haya dado “marcha atrás” y aseguró que “no necesita lección alguna de patriotismo de Le Pen, Zemmour o Pécresse, que se está convirtiendo en una fotocopiadora de la extrema derecha”. Poco después, en un tuit en el que volvía a colocar una foto de la bandera europea bajo el Arco del Triunfo, Beaune agregó otro mensaje para los políticos críticos: “Pueden estar ustedes seguros de que en los próximos días, en todas partes en Francia, como estaba previsto, el azul europeo iluminará nuestras ciudades y nuestros monumentos”.

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