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Ambiente sombrío, lenguaje sin vaselina diplomática y advertencias directas y tajantes. La cumbre de la UE con China, celebrada por videoconferencia este viernes, ha sido probablemente una de las más tensas de las 23 citas bilaterales que han mantenido los dos gigantes comerciales desde 1998. Los líderes comunitarios han exigido al presidente chino, Xi Jinping, que abandone su calculada equidistancia a favor de Rusia en la guerra de Ucrania y que se implique a fondo para imponer la paz. Sin apenas miramientos, la UE ha advertido a Pekín que con su indiferencia se está jugando su reputación internacional, unas palabras que evocan la sombra del estatus de Estado paria que Occidente intenta imponer a Rusia con sus sanciones. Los líderes han recordado a Xi que el daño a su imagen ya ha provocado una estampida empresarial e inversora en Rusia, un peligro que acecharía también a China si apoya la guerra del presidente ruso, Vladímir Putin.

“Esta cumbre no ha sido una más”, ha reconocido el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, al término del encuentro con Xi. Michel ha subrayado que “China no puede cerrar los ojos ante las violaciones rusas del derecho internacional” y ha urgido a Pekín a que “ayude a parar la guerra en Ucrania”.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, añadía, por su parte, que la reunión ha transcurrido “en una atmósfera muy sobria, con la guerra de Rusia contra Ucrania como telón de fondo”. Ambos han definido el diálogo con Xi y con el primer ministro chino, Li Keqiang, como “franco y abierto”, términos que aluden a la contundencia con que Bruselas y Pekín han defendido sus respectivas posiciones.

El ministerio chino de Exteriores, en un comunicado, también ha calificado la conversación como “sincera” y “en profundidad”. Lejos de comprometerse con la presión sobre Rusia que han reclamado Michel y Von der Leyen, Pekín se limita a indicar que Xi “siempre está del lado de la paz” y “alienta las conversaciones de paz a su manera”.

Imagen de la cumbre virtual entre la UE y China, este viernes.
Imagen de la cumbre virtual entre la UE y China, este viernes.OLIVIER MATTHYS / POOL (EFE)

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Desde el comienzo del conflicto, China ha adoptado una posición de “neutralidad escorada” hacia Rusia, su socio estratégico, y ha rechazado condenar el ataque ruso, que evita calificar de “invasión” o “guerra”. Se opone a las sanciones internacionales y responsabiliza del conflicto a la OTAN y Estados Unidos por no haber tenido en cuenta las “preocupaciones de seguridad legítimas” de Rusia.

Xi ha reiterado en la cumbre esa posición, al sostener que “la raíz de la crisis en Ucrania está en las tensiones de seguridad regionales que se han creado en Europa a lo largo de los años”, y ha instado a abandonar la “mentalidad de la Guerra Fría” en las arquitecturas de seguridad regionales y globales.

La UE exige a China que asuma su responsabilidad como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y utilice su ascendiente sobre Moscú para detener la guerra cuanto antes. “También hemos dejado muy claro que China debe como mínimo no interferir en nuestras sanciones [a Rusia] si no las apoya”, ha advertido Von der Leyen.

Bruselas no amenaza expresamente a Pekín con imponerle sanciones en caso de que tercie a favor de Putin, con apoyo financiero o militar. Pero los líderes europeos han advertido a Xi de que las multinacionales están observando y evaluando la posición de cada país en el conflicto con vistas a decidir las inversiones a largo plazo.

“China se está jugando su reputación”, ha advertido Von der Leyen. Y los líderes comunitarios han recordado al presidente ruso que el daño reputacional ya ha provocado una estampida de empresas europeas en Rusia, una fuga que podría repetirse en el gigante asiático si la opinión pública europea percibe que Pekín apoya o financia la invasión de Ucrania, la muerte de civiles y la destrucción de infraestructuras neurálgicas en ese país.

El lado europeo no ha dudado en recordar a Xi la importancia del mercado comunitario para las exportaciones chinas. El comercio entre ambos bloques asciende a 2.000 millones de euros al día, mientras que el de China con Rusia es de 330 millones, según datos de la Comisión Europea.

Bruselas también ha tentado a Pekín con la calidad de las vacunas europeas contra la covid-19, desarrolladas con una nueva tecnología (ARN) a la que los investigadores chinos no parecen tener acceso de momento. “Siempre estamos dispuestos a compartir conocimiento y apoyo en esta materia”, ha ofrecido Von der Leyen tras recordar que en estos momentos la UE tiene al 70% de la población vacunada y al 52% con dosis de refuerzo, mientras que en China la pandemia todavía bloquea el 30% de la economía y al 25% de la población.

China, en cambio, ha culpado a Europa y a la comunidad internacional en general de “echar leña al fuego e intensificar las tensiones” con su castigo económico a Moscú. Y considera inaceptable lo que ha calificado como una alteración “por capricho” del sistema económico global y una “instrumentalización de la economía global como arma”.

Xi ha advertido que las drásticas medidas adoptadas por Occidente para golpear a Rusia pueden acarrear “graves crisis” en sectores como las cadenas de suministro, el comercio, las finanzas globales, la energía o la alimentación. Y que si las relaciones se deterioran aún más “podrían hacer falta años, si no décadas, para volver a enderezar la situación”.

“Las sanciones también tienen un precio para nosotros en Europa, pero es el precio por defender la libertad y la democracia”, ha afirmado Michel. Y ha advertido a China: “Estaremos vigilantes ante cualquier intento de circunvalar las sanciones o de ayudar a Rusia a prolongar la guerra”.

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El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha acusado a Alemania de abandonar a su país por mantener durante años una relación con la Rusia de Vladímir Putin que ha priorizado la economía sobre otras cuestiones. Zelenski ha pedido ayuda al canciller alemán, Olaf Scholz, para parar la guerra en su territorio en un discurso en directo emitido al inicio de la sesión del Parlamento. El máximo mandatario ucranio, que ha sido recibido con aplausos de unos diputados puestos en pie en el hemiciclo del Bundestag, ha advertido de que se está construyendo “un nuevo muro de Berlín” en Europa, que separa a los Estados oprimidos de los Estados libres. Su país, dijo, no quiere quedar del lado del muro en el que “falta la libertad”.

Además de dar las gracias a Alemania por su ayuda, el presidente ucranio también ha hecho varias acusaciones contra los políticos alemanes, como la de haber actuado tarde con las sanciones para parar la guerra. También se ha referido al polémico gasoducto Nord Stream 2, construido pero sin permiso para funcionar, y ha afeado a los dirigentes alemanes que hayan antepuesto los intereses económicos durante la planificación de esta infraestructura, pensada para transportar gas directamente a Alemania desde Rusia sin pasar por Ucrania. Zelenski ha dicho que el gasoducto formaba parte de las preparaciones para la guerra de Moscú: “Les advertimos de que Nord Stream 2 era un arma. Y su respuesta fue economía, economía, economía”, ha asegurado.

El presidente ucranio ha asegurado que con cada nueva bomba que Rusia lanza sobre su territorio se sigue construyendo ese muro que pretende aislar a Ucrania. Las “dudas” de Occidente sobre el deseo de su país de unirse a la UE y a la OTAN son otras “piedras” de ese muro, ha añadido. El dirigente, que ha empezado su discurso unos minutos más tarde de lo previsto a causa de los bombardeos en Kiev, ha citado a Ronald Reagan, “actor y presidente” de Estados Unidos, en su apelación al canciller alemán: “Yo también le digo: señor Scholz, destruya este muro”. También se ha dirigido directamente a él para pedirle mayor liderazgo.

“Rusia nos bombardea constantemente, destruye todo lo que hemos construido”, ha dicho Zelenski, que ha recordado que las fuerzas rusas no distinguen entre objetivos civiles y militares. Ha señalado que han caído miles de ucranios, incluidos muchos niños. “Los ocupantes han matado a 108 niños en medio de Europa, en pleno siglo XXI”, ha dicho a los diputados, que también al final de su intervención se han levantado a aplaudirle.

Alemania revisa su actitud pasada hacia Rusia

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El ataque de Vladímir Putin contra Ucrania ha puesto a Alemania frente al espejo de su estrecha y complicada relación con Rusia en las últimas décadas. El país, todavía en shock por una guerra a las puertas de su territorio que nunca creyó posible, empieza ahora a hacer autocrítica y a reflexionar sobre la enorme influencia que Moscú ha tenido en toda Europa a través de un interlocutor privilegiado: Berlín. Las relaciones diplomáticas y económicas con la Rusia de Putin de los excancilleres Gerhard Schröder (socialdemócrata) y Angela Merkel (conservadora) se aprecian ahora bajo otra luz, bastante más sombría, mientras arrecia el debate sobre cómo pudo Alemania colocarse a sí misma en tal situación de vulnerabilidad.

La guerra en Europa ha cambiado súbita y radicalmente la política exterior y de defensa de Berlín y los analistas coinciden en que no hay vuelta atrás. La retórica del actual canciller, el socialdemócrata Olaf Scholz, al anunciar en un discurso histórico en el Bundestag el rearme del Ejército y el envío de armas a una zona de conflicto es la mejor prueba de ello, opina Rafael Loss, analista del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR). Con su intervención, a los pocos días de iniciarse la invasión rusa, Scholz derribó los pilares de la política exterior y económica de Merkel con Moscú, que durante años significó que Alemania tenía gas barato ruso para hacer funcionar su industria y sus calefacciones y un mercado en desarrollo al que exportar bienes de consumo de alto valor.

La excanciller alemana, Angela Merkel, y el presidente ruso, Vladímir Putin, en una cumbre en Estambul en 2018 para buscar una solución a la guerra de Siria.
La excanciller alemana, Angela Merkel, y el presidente ruso, Vladímir Putin, en una cumbre en Estambul en 2018 para buscar una solución a la guerra de Siria.OZAN KOSE (AFP)

“La política alemana sobre Rusia se había reducido a las relaciones económicas, obviando completamente los aspectos geopolíticos”, asegura Loss. El mayor error de Merkel fue aumentar la relación de dependencia energética de los hidrocarburos rusos. Según datos de Eurostat, en 2010 Alemania importaba de Rusia el 36% del gas; en 2020 el porcentaje ya era del 65%. La excanciller no supo o no quiso ver las implicaciones geopolíticas de la construcción de un nuevo gasoducto, el controvertido Nord Stream 2, con el que Moscú iba a duplicar el volumen de gas que llegaría directamente a Alemania por el lecho del mar Báltico, esquivando a Ucrania, tradicional país de tránsito. Merkel sorteaba las críticas de Estados Unidos y los socios del Este de Europa asegurando que se trataba de un proyecto empresarial privado.

Scholz tomó la decisión de suspender el proceso de certificación del gasoducto al día siguiente de que Rusia iniciara la invasión de Ucrania. El Nord Stream 2 ejemplifica el “síndrome del apaciguamiento”, en definición de Stefan Meister, experto en Rusia y Europa del Este de la DGAP (el Consejo Alemán de Relaciones Exteriores, en sus siglas en alemán), que ha padecido Europa, y especialmente Alemania, respecto a Rusia. Durante años se ha confiado en que mantener el diálogo y las buenas relaciones económicas era suficiente para contener a Putin. “Alemania ha entendido finalmente que esto va de la seguridad de Alemania. Hasta ahora no quería entenderlo, rechazaba entenderlo, era un problema de mentalidad”, afirmó Meister en un encuentro organizado esta semana por el Bled Strategic Forum.

“Los anteriores Gobiernos alemanes no reconocieron el riesgo que representa Vladímir Putin, a pesar de que reveló su enfoque con una transparencia brutal”, asegura Daniela Schwarzer, analista de la Open Society Foundation. No es que Putin no hubiera dado pistas. En 2014 invadió Crimea violando el derecho internacional y la integridad del territorio ucranio y desde entonces se libra también una guerra en el este de Ucrania contra secesionistas prorrusos en la que han muerto 14.000 personas, recuerda esta experta. “A pesar de ello, los políticos alemanes asumieron que los fuertes lazos comerciales podrían evitar que se intensificara el conflicto. Merkel era de esa opinión; también el actual canciller Scholz y su partido. Ambos estaban equivocados y basaron su política rusa en ilusiones en lugar de pensar en el peor de los escenarios y preparar a Alemania y a Europa para ello”, afirma Schwarzer.

Los expertos coinciden en que a partir de ahora los líderes alemanes, y los de toda Europa, deben convertir en una prioridad el que la Unión Europea sea más independiente de los “socios problemáticos”, como los denomina Schwarzer, en particular de los regímenes autoritarios o dictatoriales. La energía es una pata de ese cambio de rumbo, pero también se mencionan las cadenas de suministro de tecnología y la seguridad y la defensa. El histórico anuncio del canciller Scholz va en esa dirección. Berlín ha abandonado el pacifismo de las últimas décadas e invertirá 100.000 millones de euros en mejorar sus fuerzas armadas, tan necesitadas de fondos que el teniente general Alfons Mais, el oficial de mayor rango del Ejército, aseguró públicamente el mes pasado que no estarían preparadas para defender al país en caso de un ataque.

Los 16 años de Angela Merkel al frente de la locomotora de Europa se están cuestionando. La excanciller se entendía de igual a igual con Putin, ya que habla ruso y conoce de primera mano el espacio soviético al haber vivido 35 años en la República Democrática Alemana. Pero Loss asegura que la excanciller se dedicó a la economía y no se ocupó personalmente de la política alemana con Rusia, que se la dejó a otros en su Gobierno. El “error” del Nord Stream 2, ahora paralizado, es enteramente suyo, añade.

Pero fue el socialdemócrata Gerhard Schröder, su predecesor, el que impulsó el primer gasoducto por el Báltico y luego trabajó activamente para que se construyera el segundo. Schröder se ha convertido en un apestado en Berlín desde que Rusia empezó a amenazar a Ucrania con el movimiento de tropas junto a las fronteras, pero tras el ataque su situación se ha vuelto insostenible. Todavía no ha renunciado a sus puestos en los consejos de administración de varias empresas estatales rusas, entre ellas, la gasista Gazprom. Su viaje, la semana pasada, a Moscú para ejercer presuntamente de mediador con Putin ha vuelto a aflorar todo tipo de sospechas sobre él. Se desconoce de qué habló con el presidente ruso, pero sí se sabe que actuó por su cuenta, sin avisar a su partido ni al Gobierno alemán.

Como resultado de este brusco despertar a la realidad, Alemania está ahora reflexionando “muy críticamente sobre su pasividad, lo cual es muy necesario”, apunta Schwarzer. “Debemos aprender de nuestros errores pasados no solo con respecto a Rusia, sino también al mirar hacia nuestra asociación con China. La guerra en Ucrania muestra que existe un conflicto sistémico entre las democracias occidentales y el autoritarismo, y China observa muy de cerca lo que la UE y Estados Unidos están dispuestos a hacer para defender la democracia”, concluye.

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La decisión de Washington y Londres de cortar las importaciones de petróleo ruso redobla la presión sobre la Unión Europea para que adopte un castigo similar. Pero la UE se resiste a cortar la importación de petróleo por temor a que Moscú responda con un corte del suministro de gas que desencadenaría consecuencias muy graves para las economías del Viejo Continente y, en particular, para Alemania.

El viceprimer ministro ruso para asuntos energéticos, Alexander Novak, ya ha advertido este martes que Moscú cortará el flujo del gasoducto Nord Stream I si la UE sigue poniendo en duda la credibilidad y estabilidad del suministro ruso de hidrocarburos. “Sabemos que estamos completamente legitimados para tomar esa decisión y declarar un embargo del gas que transita por el Nord Stream I, que está funcionando al 100% de su capacidad”. Ese gasoducto, con capacidad de 55.000 millones de metros cúbicos, llega directamente desde Rusia hasta la costa de Alemania por el lecho del mar Báltico. “No hemos tomado esa decisión”, ha señalado el dirigente ruso, que ha precisado que en esta batalla de la UE por reducir su dependencia “no habrá ganadores”.

La amenaza de Novak ha llegado el mismo día en el que la Comisión Europea presentaba sus planes para reducir la dependencia energética europea de los hidrocarburos rusos y cuando las capitales de la UE comenzaban a ponderar, bajo presión de EE UU, la posibilidad de sanciones energéticas contra Rusia.

El borrador de las conclusiones de la cumbre europea que se celebra este jueves y viernes en Versalles (Francia) prevé “eliminar” la dependencia del gas, el petróleo y el carbón rusos. Pero el texto añade que la desaparición de esas materias primas rusas del mercado europeo se hará “gradualmente”. Y la Comisión Europea calcula que el relevo por otras fuentes u otros proveedores no se completará hasta 2030.

Alemania, cuyo consumo de gas depende en un 55% de las importaciones rusas, lidera al grupo de países contrarios a cortar los lazos energéticos con Moscú. Las importaciones de gas ruso también superan el 50% en Finlandia, Bulgaria, Eslovaquia y Hungría. Y llegan al 100% en Letonia o Chequia. En petróleo, los países más dependientes son Finlandia, Polonia, Letonia y Eslovaquia.

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El canciller alemán, Olaf Scholz, señaló este lunes que “el suministro de energía en Europa para calefacción, movilidad, electricidad e industria no puede garantizarse en la actualidad de otra manera” que con el suministro ruso. El petróleo ruso también supone un tercio de las importaciones alemanas de esa fuente energética.

Sin embargo, el mantenimiento de una relación comercial estable con Moscú resulta cada vez más difícil de defender para Berlín. Y fuentes comunitarias no descartan que, tarde o temprano, Alemania tenga que ceder, como ya ocurrió con la paralización del gasoducto Nord Stream II —decisión adoptada cuando Putin reconoció la independencia de las autoproclamadas repúblicas ucranias del Donbás— y con la desconexión de ciertos bancos rusos de Swift tras el inicio de la guerra.

El recrudecimiento de los bombardeos rusos en Ucrania y la muerte diaria de civiles ucranios pone en cuestión cada vez más unos flujos energéticos que reportan 700 millones de dólares diarios a las arcas de compañías controladas en gran parte por el Kremlin. La impresión de que las importaciones europeas de energía rusa financian la matanza cunde cada vez más entre la opinión pública de la UE.

Alemania y otros países reacios a prescindir del gas ruso confían en que las sanciones económicas dobleguen a Putin y le obliguen a buscar una salida del conflicto antes de llegar a una ruptura del suministro muy peligrosa para las economías europeas.

La UE cubre con importaciones el 60% de su consumo energético. La dependencia del exterior llega al 90% en gas, 97% en petróleo y 70% en carbón, según datos de la Comisión Europea. En todas esas partidas Moscú es una pieza clave. De Rusia llega el 45% de las importaciones europeas de gas, el 46% de las de carbón y el 27% de las de petróleo.

Fuentes europeas reconocen que las más fáciles de reducir o cortar son las de petróleo, tanto por la menor dependencia de Rusia como por la mayor facilidad para diversificar el suministro. Pero Bruselas teme el efecto dominó de un embargo del crudo sobre el resto de importaciones procedentes de Rusia, lo que podría condenar a la UE a una grave crisis energética.

La UE prefiere desengancharse progresivamente de los 200.000 millones de metros cúbicos de gas ruso y de los 150 millones de toneladas de crudo ruso que consume cada año. Bruselas calcula que sus planes de transición energética reducirán en 155.000 millones de metros cúbicos el consumo de gas ruso antes de 2030.

Para este mismo año, Bruselas calcula que podría importar 50.000 millones de metros cúbicos más de gas natural licuado y aumentar en 10.000 millones de metros cúbicos las importaciones procedentes de Argelia, Azerbaiyán o Noruega. Ese incremento, más las medidas de eficiencia y el impulso a las renovables, podría reducir un 66% las importaciones de gas ruso a finales de 2022. “Es difícil, increíblemente difícil”, ha reconocido el vicepresidente de la Comisión Europea para asuntos energéticos, Frans Timmermans. Tan difícil que la Agencia Internacional de la Energía calcula que la UE debería aspirar a reducir este año un tercio sus importaciones.

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Una exposición sobre la esclavitud, el pasado mayo en el Rijksmuseum, en Ámsterdam.
Una exposición sobre la esclavitud, el pasado mayo en el Rijksmuseum, en Ámsterdam.KENZO TRIBOUILLARD (AFP)

El banco central de Países Bajos (DNB, por sus siglas en holandés) estuvo involucrado, en parte de forma indirecta, en la esclavitud durante el siglo XIX. Más de una decena de sus fundadores tenían lazos con las plantaciones en las colonias del Caribe y en Surinam (Sudamérica), y entorpecieron la liberación de los esclavos para no perder su patrimonio. Esa es la conclusión de la primera investigación efectuada sobre este capítulo de la historia colonial de Países Bajos, que no aparece en los libros del propio banco. En la presentación del informe, este miércoles en Ámsterdam, la actual dirección de la entidad ha asegurado que “lamenta profundamente” la actuación de algunos de sus fundadores y no excluye pedir disculpas de manera oficial una vez analizado el trabajo junto con representantes de la sociedad civil.

Los 16 fundadores del banco fueron comerciantes, financieros o armadores, y 11 de ellos tenían intereses directos en las plantaciones. Por otro lado, las compañías activas en la esclavitud obtenían préstamos bancarios a cambio de los productos producidos en ultramar. El estudio revela que hasta un 30% de estos bienes (tabaco, azúcar o café) servía de aval y procedía del trabajo esclavo. Durante la presentación telemática del estudio, Karwan Fatah-Black, uno de los historiadores que ha participado en la investigación, ha dicho que “los empresarios con intereses en las colonias de Surinam y el Caribe fueron compensados a través del banco después de la abolición de la esclavitud”. Esta debía entrar en vigor en 1863, pero en Surinam, los esclavos liberados tuvieron que trabajar hasta 1873 por un salario mísero. El Gobierno resarció a los esclavistas para que no perdieran dinero, y varios de los responsables del DNB presionaron para que de facto la entrada en vigor de la abolición se prorrogara esa década.

El rey Guillermo I promovió la creación de la entidad en 1814 —año en que se prohibió en Países Bajos la trata transatlántica— para reforzar las instituciones del Estado holandés, que había formado parte del imperio francés entre 1810 y 1813. Las materias primas coloniales eran vendidas en los puertos holandeses por grandes sumas, y el banco no estaba obligado a rechazar a los clientes que hubieran creado su fortuna en las colonias. De este modo, participó durante medio siglo de los beneficios a través de sus directores e inversores. Según Fatah-Black, han encontrado documentos sobre Johanna Borski, “que aportó un 40% del capital inicial del banco, obtenido con el trabajo de 565 esclavos, y también sobre Jacobus Hermanus Insinger, un antiguo director que ganó dinero con la esclavitud”. No se trata solo de que los responsables del banco estuviesen ligados a título personal, política o administrativamente, a las plantaciones coloniales. “También se apoyaba al Ministerio de las Colonias en sus pagos y transacciones”. añade.

El tráfico de esclavos por parte de Países Bajos comenzó en 1621 y corrió a cargo de dos empresas: la Compañía de las Indias Orientales y la Compañía de las Indias Occidentales. La primera operaba en África del Sur y Asia, en la actual Indonesia, y los cálculos históricos le atribuyen el comercio de entre 600.000 y más de un millón de personas. La otra negociaba en Surinam, Brasil y el Caribe, y sometió a cerca de 600.000 seres humanos.

Klaas Knot, presidente del DNB, ha reconocido este miércoles en el encuentro con la prensa que “la historia del banco corre pareja a la del tráfico transatlántico de esclavos, y los directores de la época se preocuparon más de sus intereses personales que de la situación de las personas sometidas”. Considera “una posibilidad” pedir “disculpas de forma oficial”, aunque prefiere centrarse en “desvelar y compartir una historia en la que primó el racismo y la discriminación, todavía presentes en nuestra sociedad actual”.

El estudio ha seguido el ejemplo del llevado a cabo por el Banco de Inglaterra, que pidió disculpas en 2020 por sus lazos históricos con el tráfico de esclavos. “Fue un capítulo inaceptable, en los siglos XVIII y XIX, de nuestra historia”, reza el comunicado publicado por la entidad en junio de ese año. El banco británico señaló que, como institución, no estuvo directamente involucrado en la esclavitud, “pero no ignoramos los lazos al respecto de varios gobernadores y directores, y pedimos disculpas”. En 2021, retiró los retratos y bustos de esos directivos. En el DNB tomarán una decisión sobre ese tema a partir de 2024, cuando terminen las obras de la sede central, situada en Ámsterdam. El banco holandés ABN Amro también investiga su pasado colonial.

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Pocos líderes mundiales se han reunido tantas veces como el chino Xi Jinping y el ruso Vladímir Putin: 38. Pero desde hace ocho años, cuando Rusia acababa de ocupar Crimea, ningún encuentro entre ambos había generado tanta expectación como el previsto este viernes. El líder ruso, que viaja a Pekín para presenciar la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, tratará con su homólogo chino sobre una “visión común de la seguridad”, según el Kremlin, en plena crisis con Occidente en torno a una posible invasión rusa de Ucrania. Será la primera cita cara a cara de Xi con otro mandatario desde los primeros tiempos de la pandemia, en un gesto simbólico de la relación cada vez más estrecha entre ambos países.

Esa amistad cada vez más intensa entre China y Rusia, tras décadas de profunda desconfianza, es algo que beneficia a ambos. Los dos perciben a Estados Unidos como el rival común contra el que se apoyan mutuamente. Comparten una misma visión —escéptica cuando menos— sobre los valores democráticos occidentales. Hay química entre Putin y Xi, quien calificó al ruso de “viejo amigo” en una videoconferencia en diciembre. Además, han celebrado juntos los respectivos cumpleaños.

La reunión de este viernes —un almuerzo de trabajo antes de que acudan al estadio de El Nido para presidir la ceremonia inaugural— guarda notables similitudes con la de 2014. Entonces, tras la anexión de la península ucrania de Crimea, Rusia se encontraba contra las cuerdas. Se había convertido en un paria a ojos de Occidente. Su economía se había contraído a raíz de las duras sanciones internacionales. Pero la firma de un acuerdo por 400.000 millones de dólares [unos 350.000 millones de euros al cambio actual] para el suministro de gas natural a China le supuso una tabla de salvación, tanto económica como diplomáticamente. No solo Moscú encontraba una nueva fuente de ingresos para suplir la pérdida de las ventas de combustible a Europa; el pacto también enviaba el mensaje de que no estaba aislado ante Occidente.

Aquella firma marcó el despegue de una relación que, convertida en una alianza informal, no hace sino fortalecerse en todos los campos. China ya representa el 20% del comercio ruso, frente al 10% de 2014. Ambos países desarrollan maniobras militares conjuntas. Incluso han firmado un memorando para construir juntos una base lunar.

El gran amigo de Moscú

Como en 2014, Ucrania vuelve a ser el telón de fondo. Occidente trata de alejar el fantasma de una invasión rusa. Y China, ahora consolidada como potencia mundial, mucho más fuerte que hace ocho años y con mayor peso internacional que su vecino y socio, vuelve a perfilarse como el gran amigo de Moscú.

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Los dos líderes firmarán una quincena de acuerdos sobre energía y finanzas, según ha adelantado el Kremlin. Sobre la mesa hay un nuevo acuerdo de expansión de suministro de gas que complemente el del gasoducto Poder de Siberia, que recorre 4.000 kilómetros y se encuentra operativo desde 2019. Y, en particular, subrayarán su “visión común” en materia de seguridad en una declaración conjunta sobre “la entrada de las relaciones internacionales en una nueva era”, según ha adelantado un portavoz del Gobierno ruso.

El propio Putin ha enfatizado esa visión común. “Nuestros países desempeñan un papel estabilizador importante en el complicado clima internacional actual, promoviendo una mayor democracia en el sistema de relaciones internacionales para hacerlo más equitativo e incluyente” ha indicado en un artículo bajo su firma publicado por la agencia de noticias oficial china Xinhua. Los dos países “coinciden, o están muy cerca” en la mayoría de asuntos internacionales, ha sostenido el presidente ruso.

Pekín dio un paso adelante en esa cercanía la semana pasada, cuando en una conversación telefónica con el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken el ministro chino de Exteriores, Wang Yi, apoyó la posición rusa en Ucrania y Europa del Este, donde Moscú reclama que la OTAN renuncie a expandirse. Wang opinó entonces que “las preocupaciones razonables de Rusia sobre seguridad deben tenerse en cuenta”, criticó la “mentalidad de la Guerra Fría”, en una velada alusión a Washington, y subrayó que “no se puede garantizar la seguridad regional sobre la base de expandir un bloque militar”, en referencia a la Alianza Atlántica.

Esa declaración va más lejos que las que Pekín —opuesto a respaldar cualquier iniciativa de apoyo a movimientos independentistas— llegó a formular nunca sobre otras intervenciones de Rusia, en opinión de Evan Feigenbaum, del Carnegie Endowment for International Peace en Washington. Antes de la ocupación de Crimea, que China nunca ha reconocido, Moscú envió tropas a Georgia para apoyar la secesión de la región de Abjasia precisamente durante los primeros Juegos Olímpicos de Pekín, en 2008, sin que el Gobierno chino se alineara con el Kremlin.

Pero desde entonces, la relación entre China y Estados Unidos se ha deteriorado, y Rusia ha ganado valor como socio. “Entre la inconsistencia con los principios y la realidad geopolítica, el Gobierno chino ha optado por la realidad geopolítica, que se impone a todo lo demás”, consideraba Feigenbaum en una mesa redonda este miércoles.

Sus economías se complementan: China puede proveer a Rusia de infraestructuras, alta tecnología y semiconductores, Moscú proporciona armamento moderno, productos agrícolas y gas y petróleo para las inmensas necesidades energéticas de su vecino. El comercio entre ambos alcanzó los 147.000 millones de dólares (unos 129.000 millones de euros) el año pasado, y ambos Gobiernos esperan que este año se superen los 200.000 millones de dólares. Los dos países zanjaron las disputas sobre su frontera, la más larga del mundo con más de 4.000 kilómetros, con un tratado que les ha permitido reasignar fondos presupuestarios y soldados.

“En parte, la concentración rusa de tropas en la frontera con Ucrania es consecuencia indirecta del tratado fronterizo con China”, apunta Alexander Gabuev, del Centro Carnegie en Moscú. “El número de soldados desplegados en la frontera [ruso-china] hoy es el más bajo desde 1922”.

Suspicacias y escepticismo

Pero esa cercanía tiene límites. En Moscú persiste cierta suspicacia hacia el vecino cada vez más poderoso: la relación es “asimétrica” y el sentimiento es que Rusia necesita más a China que viceversa, matiza Gabuev. “China es muy pragmática y tiene mucha capacidad de presión. Su posición negociadora se fortalece cada día, así que es mejor firmar un acuerdo con China hoy que mañana”, agrega este experto.

Y aunque contemporiza, China contempla con escepticismo las intervenciones de Rusia en apoyo de movimientos separatistas, como los de Crimea o Abjasia, ante el temor a alentar reclamaciones en ese sentido dentro de su propio territorio, en Tíbet, Xinjiang o Hong Kong. Ninguna de las dos partes ha tenido nunca interés en formalizar su alianza con un tratado.

Es difícil que el respaldo chino a las acciones de Rusia en Ucrania vaya más allá de declaraciones como las del ministro Wang. Pekín mantiene buenas relaciones con Kiev, una pieza importante en su iniciativa de red mundial de infraestructuras conocida como la Nueva Ruta de la Seda. Ucrania, además, le suministra armamento y es un importante socio comercial: su intercambio de productos agrícolas creció un 33% en 2021 con respecto al año anterior. La antigua república soviética le suministra el 80% de sus importaciones de maíz.

Sobre todo, China no desea un conflicto en el que tenga que elegir entre el apoyo a su aliado o el cumplimiento de lo que a todas luces serían una duras sanciones internacionales. Y en el que se arriesgaría a verse enfrentada a la Unión Europea, su segundo socio comercial.

En su conversación con Blinken, Wang apuntó el deseo de una solución de la crisis por la vía diplomática. “China apoyará cualquier esfuerzo que se alinee con la dirección y el espíritu” del acuerdo de Minsk, declaró el ministro, en referencia al alto el fuego entre Rusia y Ucrania suscrito en 2015 con Francia y Alemania como mediadores.

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