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El ex primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y su esposa, Sara, el día 10 de enero en un tribunal de Jerusalén.
El ex primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y su esposa, Sara, el día 10 de enero en un tribunal de Jerusalén.Avshalom Sassoni/POOL (AP)

El ex primer ministro Benjamín Netanyahu lo niega todo. Se ha declarado inocente de los tres cargos por corrupción por los que está siendo juzgado desde 2020. Pero durante casi dos años ha negociado en secreto con la Fiscalía General un acuerdo para cerrar el juicio con una condena que no conlleve su ingreso en prisión. El líder conservador que gobernó en Israel durante 12 años consecutivos hasta que fue apeado del poder en junio pasado por una amplia coalición opositora se resiste, sin embargo, a aceptar hasta siete años de inhabilitación para todo cargo público, lo que implicaría su salida definitiva de la escena política a los 72 años.

La salida del líder del Likud de la política, si se acaba confirmando su acuerdo con la Fiscalía, forzará un inmediato relevo al frente del partido conservador hegemónico, tras unas disputadas primarias entre barones de la organización, así como una previsible reagrupación de las fuerzas de la derecha nacionalista y religiosa, liberadas de los vetos personales suscitados por la dominante figura de Netanyahu. La derecha suma una clara mayoría en la actual Kneset (Parlamento) como recambio al actual Gabinete de heterogénea coalición.

Aireadas estos días por la prensa hebrea, las negociaciones emprendidas por los letrados de Netanyahu en busca de un pacto que libre a su cliente de largos años de incierto proceso judicial fueron confirmadas el domingo por el expresidente del Tribunal Supremo Aharon Barak, considerado uno de los jurisconsultos israelíes más influyentes, quien ha actuado durante meses con discreción como mediador del ex primer ministro con la Fiscalía.

Netanyahu fue procesado en 2019 por el fiscal general de Israel, Avichai Mandelblit, por soborno, fraude y abuso de poder en tres casos en los que estaba imputado por recibir valiosos regalos e influir para conceder ventajas económicas y fiscales a altos cargos empresariales a cambio de mejorar su imagen en medios de comunicación que estos controlaban. Se arriesga a ser condenado hasta a 10 años de prisión.

Los medios israelíes apuntan a que el acuerdo debe alcanzarse antes de que termine enero, ante el inminente fin del mandato de Mandelblit, un jurista que fue nombrado para el cargo por el mismo Netanyahu y que antes ejerció como secretario legal de varios de sus Gobiernos.

La Fiscalía ofrece la retirada de una de las acusaciones: la del llamado caso 2.000, en el que el jefe del Ejecutivo trató de influir en la línea editorial del diario Yedioth Ahronoth, el de mayor circulación de pago del país, a cambio de restringir la competencia publicitaria del periódico gratuito Israel Hayom, el de mayor difusión y el más próximo a su política. Al mismo tiempo, el Ministerio Público también se muestra dispuesto a retirar los cargos por cohecho y a limitar las acusaciones de fraude que pesan contra el exgobernante.

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“Los acuerdos con la Fiscalía dependen de los detalles, principalmente de la pena que esté dispuesto a admitir Netanyahu”, advierte el analista político Daniel Kupervaser. La condena residual a unos seis meses de cárcel, una vez dejada en suspenso la condena principal, sería sustituida además por la de trabajos en beneficio de la comunidad. “Lo más candente”, agrega Kupervaser, “es su alejamiento forzado de la política. Existe el temor a que continúe al frente del [partido] Likud, representado por un títere y a que en la práctica él siga siendo primer ministro de facto”.

La declaración de “bajeza moral”, que la Fiscalía exige a Netanyahu que se reconozca expresamente en el acuerdo, sigue siendo el principal escollo para poder cerrarlo, ya que conlleva pena de inhabilitación y la privación de los privilegios concedidos a un ex jefe del Ejecutivo, como oficina y asistentes, escolta policial y vehículo oficial. La gravedad de los hechos jugados obligaría además al tribunal a imponer en el pacto con la Fiscalía una elevada multa para el procesado.

Desde que los agentes de la brigada anticorrupción de la policía comenzaron a investigar las supuestas irregularidades de Netanyahu en 2016, Israel entró en un ciclo de inestabilidad y bloqueo político que desembocó en cuatro elecciones legislativas celebradas entre 2019 y 2021. Tras los últimos comicios, tres partidos de la derecha que habían apoyado al bloque del Likud antes de romper con Netanyahu se unieron a una coalición participada por dos fuerzas centristas, otras dos de izquierda y un partido islamista de la minoría árabe para conformar un Gobierno alternativo.

Rechazo al pacto con la Fiscalía

Un 52% de los israelíes se opone a un eventual acuerdo para cerrar el juicio por corrupción contra el ex primer ministro, según una encuesta difundida el lunes por el canal estatal de televisión Kan. La Fiscalía aceleró el proceso en noviembre al presentar a su testigo de cargo más sólido, Nir Hefetz, quien durante cinco años ejerció como asesor de prensa y hombre de confianza del entonces jefe del Gobierno. Hefetz ha aportado un testimonio clave en el llamado caso 4.000, que implicaba al conglomerado de telecomunicaciones Bezeq.

El afán por el control de los medios de comunicación desde el poder y una hedonista afición al lujo gratuito marcan los tres casos contra Netanyahu. En el primero, el llamado caso 1.000, el multimillonario israelí y productor de Hollywood Arnon Milchan estableció con otros magnates una “línea de suministro” de regalos —puros habanos Cohiba, champán francés o joyas— evaluados en cientos de miles de euros para el encausado y su familia.

Netanyahu ha sido el primer jefe de Gobierno en ejercicio del cargo que se ha sentado en el banquillo de los acusados en la historia de Israel. Tras el inicio de la vista fue apeado del poder. Su predecesor inmediato, Ehud Olmert, pagó con 14 meses de cárcel el cobro de comisiones por un escándalo urbanístico en su etapa como alcalde de Jerusalén, aunque dimitió tras ser imputado.

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Un vehículo blindado estacionado a la entrada de la sinagoga en Colleyville, Texas.
Un vehículo blindado estacionado a la entrada de la sinagoga en Colleyville, Texas.SHELBY TAUBER (REUTERS)

Un hombre armado irrumpió este sábado en una sinagoga en Colleyville, Texas, a unos 40 kilómetros al noroeste de Dallas, y tomó a varias personas como rehenes mientras celebraban la ceremonia del sabbat. Tanto el FBI como los equipos de acción rápida de la policía fueron movilizados y los negociadores se pusieron en contacto con el sospechoso que retenía al menos a cuatro personas, una de ellas un rabino, según informaba la cadena de noticias CNN. Según los medios de EE UU, uno de los rehenes, un hombre, ha sido liberado.

Las primeras informaciones que manejan los medios norteamericanos era que el secuestro podía tener una motivación ligada al terrorismo de Al Qaeda, ya que el asaltante buscaba la liberación de una miembro del grupo terrorista del fallecido Osama Bin Laden que cumple una cadena de 86 años de cárcel. El presidente Joe Biden fue informado sobre el desarrollo de la situación y los principales miembros de su equipo de seguridad nacional están en contacto con los líderes federales encargados de hacer cumplir la ley, según un tuit de la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki.

Citando a un alto funcionario de la Administración demócrata, la cadena ABC reportó que el hombre era hermano de Aafia Siddiqui, una mujer apodada Lady Qaeda por los diarios estadounidenses, y exigía que su hermana fuera liberada de la cárcel. Siddiqui está recluida en la prisión del Centro Médico Federal (FMC) en Fort Worth, Texas. Científica paquistaní, Siddiqui fue sentenciada por un tribunal de Nueva York en 2010 a 86 años de prisión por intento de asesinato de oficiales estadounidenses en Afganistán. Su caso provocó indignación en Pakistán.

Imagen de Aafia Siddiqui divulgada por el FBI en 2003.
Imagen de Aafia Siddiqui divulgada por el FBI en 2003. FBI | Getty

Siddiqui nació en Pakistán en 1972, pero vivió en EE UU en la década de los noventa. Se dedicó al campo de la neurociencia: estudió en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) y realizó un doctorado en la Universidad de Brandeis, en ese mismo Estado. Su nombre estuvo en la lista de “los más buscados” elaborada por el FBI.

De acuerdo con la versión de funcionarios estadounidenses en 2014, Siddiqui volvió a casarse y en esa ocasión lo hizo con Ammar al-Baluchi, el sobrino de Khalid Sheikh Mohammed, el autor intelectual de los atentados contra el Pentágono y las Torres Gemelas.

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La toma de rehenes se produjo durante un servicio religioso en la sinagoga de la congregación Beth Israel, que se estaba emitiendo en vivo por la página web de la comunidad en Facebook, según informó el diario local Fort Worth Star-Telegram. Debido a los rigores que impone la pandemia, muchos de los fieles seguían el servicio religioso desde sus casas.

La policía de Colleyville, a través de su cuenta de Twitter, informó que estaba respondiendo con un equipo SWAT a una llamada de emergencia en el número 6100 de la calle Pleasant Run. “Todos los residentes del área inmediata están siendo evacuados. Por favor, evite la zona”, advirtió la policía.

Más de 8.000 personas se conectaron al vídeo de la retransmisión en directo una vez que se conocieron las primeras informaciones en redes sociales sobre lo ocurrido, hasta que finalmente la emisión se suspendió sin que la situación en el interior de la sinagoga se hubiera resuelto.

La periodista Jessika Harkay, del diario Fort Worth Star-Telegram, se encuentra retransmitiendo en directo a través de Twitter desde el lugar de los hechos. Según Harkay, se oyeron frases del secuestrador, aunque no había imágenes de lo que ocurría. “No llores en el teléfono conmigo”, se escucha en el audio del streaming por Facebook. “No me lloren, joder. Tengo seis hermosos niños… Hay rehenes en la sinagoga que van a morir… ¿Por qué lloras?”.

Y continúa: “Voy a morir, ¿me estás escuchando?… Voy a morir haciendo esto, ¿de acuerdo? ¿Me estás escuchando? Me voy a morir. No llores por mí”. También se escucha que dice: “Algo anda mal en Estados Unidos”.

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Este miércoles, mientras la OTAN y Rusia negociaban bajo una enorme presión la desescalada militar en el este de Europa, más de 10.000 soldados del país eslavo han comenzado unos nuevos ejercicios militares en las regiones próximas a Ucrania y Georgia, países a los que la Alianza prometió en 2008 una futura adhesión a la organización atlántica. El Ministerio de Defensa ruso ha informado del inicio de unas maniobras militares con fuego real de batallones motorizados y acorazados del Ejército de tierra y navíos de las flotas del mar Negro y del Caspio en el sur de Rusia y el Cáucaso, zonas colindantes con las dos antiguas repúblicas soviéticas a las que Moscú quiere vetar para siempre en la OTAN. También, en la península ucrania de Crimea, que Moscú se anexionó en 2014 con un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional.

Las maniobras iniciadas este miércoles tienen el objetivo, según el Ministerio de Defensa ruso, de mejorar la preparación de las unidades contra la artillería y los francotiradores enemigos. Los ensayos están llevándose a cabo en las regiones de Rostov (oeste) y Osetia del Norte (Cáucaso), desde las que Rusia lanzó respectivamente dos intervenciones militares: en Donetsk y Lugansk, en 2014 y 2015, y en Osetia del Sur para hacer frente al Ejército georgiano en 2008.

El trasiego de militares es constante. Según estimaciones de Estados Unidos, el Kremlin tiene desplegados más de 100.000 soldados alrededor de Ucrania. Las Fuerzas Armadas rusas anunciaron el pasado 25 de diciembre que unos 10.000 militares regresaban a sus bases tras un mes de entrenamiento. Sin embargo, el pasado martes, un día después de la cumbre bilateral de Ginebra (Suiza), Moscú anunció el envío de otros 3.000 soldados y 300 vehículos de combate a cuatro zonas próximas a Ucrania.

Un tanque ruso abría fuego, este miércoles en la región de Rostov.
Un tanque ruso abría fuego, este miércoles en la región de Rostov.AP

Al mismo tiempo que los militares empezaban sus ensayos, el presidente ruso, Vladímir Putin, atendía otros frentes no menos importantes para el Kremlin: las pensiones y la crisis sanitaria provocada por el coronavirus. En un encuentro con su Gabinete de ministros, el mandatario ha instado a fijar la revalorización de los subsidios a los jubilados por encima del aumento general de los precios, que la agencia de estadísticas Rosstat situó en el 8,39% en 2021. “Al 8,6%, con un pequeño margen porque aún no hay cifras finales sobra la inflación”, ha ordenado Putin, quien ha reconocido que este problema preocupa a millones de ciudadanos.

La inflación es una de las grandes debilidades del Gobierno ruso. El Banco Central de Rusia atribuye el brusco aumento de los precios a los problemas de suministro que afectan a todo el planeta, y a lo largo del pasado año se vio obligado a revisar hasta siete veces los tipos de cambio, que se elevaron del 4,25% al 8,5%.

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Este aumento de la inflación no se ha visto acompañado por un aumento a la par de ni los salarios ni de las pensiones: el Gobierno había fijado en un principio que los ingresos de los jubilados subieran un 5,9% a partir de Año Nuevo. Según dijo a la agencia RIA Novosti la vicepresidenta de la Comisión de Política Social de la Cámara alta rusa, Elena Bibikova, el aumento propuesto por Putin haría que la pensión media suba unos 1.400 rublos (16 euros) más al mes, puesto que la pensión media ronda actualmente los 16.000 rublos (188 euros). Nada más recibir las instrucciones del presidente, el Ministerio de Finanzas ha informado de que esta revalorización le costará al presupuesto estatal 549.700 millones de rublos (6.500 millones de euros) adicionales, una importante carga para un fondo de pensiones dotado este año con 3,7 billones de rublos de las arcas públicas

Otro frente para el Gobierno ruso es la crisis sanitaria provocada por la pandemia de coronavirus y la variante ómicron. “Vemos lo que está pasando en el mundo, tenemos al menos un par de semanas para prepararnos”, ha dicho Putin este miércoles al primer ministro, Mijaíl Mishustin, a quien ha instado a a aumentar el ritmo de vacunación, especialmente en las regiones periféricas. Putin también ha alabado la vacuna rusa Sputnik V. “Aparentemente está funcionando de forma efectiva, incluso más que otras vacunas que se usan en el mundo”, ha afirmado el mandatario.

Las autoridades han anunciado este miércoles la detección de 698 nuevos positivos por ómicron, una cifra que contrasta por ejemplo con los 17.946 nuevos casos de coronavirus. Las autoridades, que no dan una cifra de vacunados actualizada, situaron el porcentaje de población inmunizada en un 63,2%, que incluye tanto a ciudadanos que han recibido al menos una dosis como los que han estado infectados de covid anteriormente.

El presidente ha cerrado este miércoles su agenda con una visita a la Fiscalía General de Rusia por su 300º aniversario. Putin ha pedido a su personal que vigilen el cumplimiento de los derechos humanos en las cárceles. En otoño, la filtración al portal Gulagu de varios vídeos de torturas a presos llevó a la destitución de varios responsables de las prisiones rusas. Pese a comprobarse la autenticidad de sus denuncias, la web sigue estando prohibida.

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