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El fin de la guerra de Vladímir Putin contra Ucrania no parece cercano. Pese a las promesas de Moscú de reducir “drásticamente” los ataques en esa zona, las tropas del Kremlin han seguido bombardeando con fuerza Chernihiv, en el noreste del país, prácticamente sitiada por las fuerzas rusas y muy castigada por los bombardeos. Un día después de las conversaciones de paz en Estambul que ofrecieron pequeños avances en la senda del diálogo, Rusia también ha atacado los alrededores de Kiev pese a que, como en Chernihiv, se comprometió a no hacerlo para “aumentar la confianza mutua” en las conversaciones.

Ante la falta de avances en la capital y con sus tropas empantanadas y problemas logísticos, Moscú sigue presionando esas zonas, aunque centra sus esfuerzos en el este de Ucrania. Sobre todo en Donbás, donde han aumentado los esfuerzos para avanzar hacia la ciudad de Sloviansk, en la región de Donetsk, y progresa en la ofensiva sobre Mariupol, la localidad portuaria arrasada por las bombas de la que ya controlan una parte y donde están tratando de forzar una capitulación.

Las tropas rusas se han reorganizado también para desbaratar la contraofensiva ucrania en el sur, donde han hecho sus mayores avances hasta ahora con la captura de Jersón, la única capital regional que controlan. Moscú trata de mantener sus logros en ese flanco donde está usando como lanzadera militar la península de Crimea —que se anexionó ilegalmente en 2014— y avanzar sobre Mikolaiv y hacia el este, con el objetivo de rodear a las tropas ucranias en el Donbás desde el noreste y desde el sur, según el último análisis del Instituto para el Estudio de la Guerra.

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, advirtió el martes por la noche que el país “no debería dejar de estar vigilante” tras el anuncio de Rusia de que reduciría sus actividades militares cerca de Kiev. El Gobierno ucranio y sus aliados occidentales son escépticos sobre los anuncios e intenciones de Putin. Este miércoles, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha recalcado que no hubo grandes avances en Estambul aunque ha señalado que la entrega de propuestas por escrito de Kiev es un “factor positivo”. “Todavía queda mucho trabajo por hacer”, ha insistido Peskov, que ha explicado que la delegación negociadora rusa se reunirá con Putin. Moscú trata de tener ventaja en la mesa de negociaciones.

Mientras, el ministerio de Defensa de Reino Unido ha señalado que las tropas de Putin se han visto obligadas a regresar a Rusia para reorganizarse y reabastecerse tras sufrir grandes pérdidas. El cambio de enfoque de Moscú hacia el Donbás es “probablemente una admisión tácita de que está luchando para mantener más de un eje de avance”. En su análisis, Londres ha advertido también de que Rusia “probablemente compense su reducida capacidad de maniobra terrestre a través de artillería masiva, ataques y misiles”.

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400 civiles muertos en Chernihiv

En Chernihiv, la situación es dramática, advierten las autoridades locales. En la ciudad han muerto unos 400 civiles desde que Putin lanzó la invasión. Quienes permanecen en la ciudad, con 285.000 ciudadanos censados antes de la guerra, una localidad tranquila y donde apenas nadie creía en la posibilidad de que el conflicto armado llegase a sus puertas, no tienen agua, electricidad ni gas. Esta noche y esta mañana han seguido allí los bombardeos. El gobernador, Viacheslav Chaus, y el alcalde, Vladislav Atroschenko, han acusado al Kremlin de mentir. “La ‘disminución de la actividad’ en la región de Chernihiv fue demostrada por el enemigo que realizó ataques en Nizhyn, incluidos ataques aéreos, y durante toda la noche atacaron Chernihiv”, ha alertado Chaus en un mensaje de Telegram. Chernihiv está a unos 140 kilómetros de Kiev.

Oleksiy Arestovich, asesor presidencial ucranio, ha advertido este miércoles de que Rusia está moviendo tropas del norte, sobre todo de la región de Kiev, al este para cercar a las fuerzas ucranias; pero no ha constatado retirada de la zona de Chernihiv. Mientras, han agudizado la ofensiva en el área del Donbás, la zona minera del sureste del país que da nombre a la operación de Putin para “desnazificar” Ucrania y liberar y “proteger” a la población rusoparlante.

Pavlo Kirilenko, el gobernador de Donetsk, una de sus dos regiones del Donbás, ha remarcado este miércoles que las tropas del Kremlin están bombardeando todas las ciudades a lo largo de la línea del frente que ha separado durante casi ocho años las fuerzas ucranias de las de los separatistas prorrusos a través de los que Moscú controla la autodenominaba “república popular” de Donetsk.

Las fuerzas de Kiev han combatido cuatro avances rusos en las regiones de Lugansk y Donetsk en los últimos días, según el Ejército ucranio. Las autoridades denuncian, además, que Rusia está bombardeando con “artillería pesada” zonas residenciales de la ciudad de Lysychansk, en la región de Lugansk. El Ministerio de Defensa de Rusia ha asegurado este miércoles que ha destruido con sus ataques “equipo militar ucranio” y dos almacenes en el Donbás.

En Mariupol, también en la región del Donbás, siguen produciéndose intensos combates. La ciudad lleva bajo asedio y cercada un mes y está prácticamente devastada. Las autoridades locales estiman en 5.000 los civiles muertos en la ciudad. Mientras, Moscú ha asegurado que no ataca a civiles y culpa a las “fueras nacionalistas” de la destrucción de la ciudad portuaria, símbolo ya del sufrimiento de la ciudadanía ucrania. Más de cuatro millones de personas han abandonado ya Ucrania por la violencia desatada por la invasión de Vladímir Putin, que pese a las grandes pérdidas de vidas humanas — y de sus propias tropas— y la condena internacional, insiste en que todo está saliendo según su plan.

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Vladímir Putin ordenó el 24 de febrero invadir Ucrania por tres frentes “para desmilitarizar y desnazificar” el país. Un mes después, su ejército da un giro de consecuencias imprevisibles y asegura que el objetivo principal es algo mucho más tangible para un posible acuerdo de paz futuro: tomar solo la región de Donbás, que los separatistas controlaban ya en parte desde 2014. “A medida que las agrupaciones individuales completan con éxito las tareas asignadas, nuestras fuerzas y medios se concentrarán en lo principal: la liberación completa de Donbás”, ha señalado este viernes en una sesión informativa el primer subjefe del Estado Mayor, el general Serguéi Rudskói.

Militares rusos, sobre un vehículo blindado de transporte de personal en Armyansk, en el norte de Crimea. Foto: EUROPA PRESS | Vídeo: REUTERS

Un tridente asaltó Ucrania a finales de febrero en una campaña denominada “operación militar especial para la protección de las repúblicas de Donetsk y Lugansk”. Una parte de las fuerzas armadas rusas intentó llegar a Kiev desde el norte, partiendo incluso desde un tercer país, Bielorrusia, en un ataque relámpago por la vía más rápida, Chernóbil. En el este se abrió otro frente con el apoyo de las milicias y los contratistas privados que operaban en el territorio separatista. Y al sur, desde la anexionada república de Crimea, otro asalto ha buscado unir la península del mar Negro con Donbás, dando lugar a una de las batallas más cruentas del conflicto: el asedio de Mariupol.

Pese a acotar supuestamente su ofensiva a Donbás, las fuerzas armadas rusas se guardan la carta de proseguir a continuación hacia el interior de Ucrania e intentar ocupar ciudades como Kiev y Járkov, bombardeadas desde hace semanas. “Inicialmente, no planeamos asaltar ciudades, para evitar su destrucción y minimizar las pérdidas entre el personal y los civiles, pero no excluimos esa posibilidad”, añadió Rudskói.

Un hombre hace el gesto de la victoria mientras pasea con un niño por una calle de la ciudad de Odesa, el jueves. Foto: MANUEL BRUQUE (EFE)

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El objetivo de esta campaña ha variado de una fase a otra de la guerra. El pasado 18 de marzo, el presidente Putin pronunció un discurso en un mitin-concierto celebrado en el estadio de la final del Mundial de Rusia, que estaba a reventar con su aforo de 81.300 plazas. Coreado por el público, el mandatario aseguró que “el objetivo principal de la operación militar en Donbás y Ucrania ha sido liberar a la población del genocidio”. Sin embargo, el 25 de febrero, segundo día de la guerra, instaba al ejército ucranio a dar un golpe de Estado porque sería más fácil negociar con él que con “un Gobierno de drogadictos y neonazis”. Otros pretextos empleados por el Kremlin han sido la hipotética amenaza que supondría para Crimea la entrada de Ucrania en la OTAN, y ya avanzado el conflicto, un supuesto desarrollo de armas biológicas financiado por Estados Unidos con la etnia eslava como objetivo. Washington lo desmintió categóricamente, asegurando que sus laboratorios solo se dedicaban a la detección temprana de brotes potencialmente pandémicos, como sucedió en Ucrania en 2012 y 2018 con la fiebre porcina africana.

Durante las negociaciones mantenidas estas semanas entre ambas partes, la delegación rusa ha insistido en tres exigencias clave: Ucrania debe asumir un estatus de neutralidad que la aleje de Occidente y de la OTAN; debe reconocer la integración de Crimea como parte de Rusia; y debe asumir la independencia de las repúblicas de Donetsk y Lugansk.

El Ministerio de Defensa ruso anunció también este viernes su segundo recuento de bajas en lo que va de guerra: 1.351 muertos y 3.825 heridos, según las cifras oficiales ofrecidas por Rudskói. El general aseguró que los ucranios “ya no tienen reservas y cubren sus pérdidas con personal sin capacidad de las defensas territoriales”.

Según el Estado Mayor ruso, sus rivales habrían perdido en total 30.000 de sus 260.000 combatientes, entre 14.000 fallecidos y 16.000 heridos, lo que habría obligado a Kiev a movilizar más tropas. Rusia, pese a asegurar tener muchas menos bajas, ha anunciado sin embargo que también movilizará hasta 16.000 mercenarios traídos de Oriente Medio. A estos se suman otras unidades procedentes de territorios tan dispares como el lejano oriente ruso, Chechenia y Abjasia, según la inteligencia británica.

El subjefe del Estado Mayor ruso aseguró que la supuesta “desmilitarización” de Ucrania “se está logrando con ataques de alta precisión contra instalaciones militares y los despliegues de las unidades, así como contra aeródromos, puestos de mando, arsenales y depósitos de armas”.

Los datos de Naciones Unidas contradicen que se trate de una operación quirúrgica. Según el recuento del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, 977 civiles han muerto y 1.594 han resultado heridos hasta la madrugada del 24 de marzo, aunque la cifra puede ser mayor.

Asimismo, sus datos tampoco confirman el supuesto “genocidio” con el que Putin justificó su casus belli contra el Gobierno de Volodímir Zelenski. Naciones Unidas señala que en las regiones de Donetsk y Lugansk han muerto 279 civiles en lo que va de conflicto: 224 en la zona controlada por el Gobierno y 55 en territorio separatista.

En su valoración de los progresos del ejército ruso, Rudskói recalcó además que sus tropas podrían haber sufrido contratiempos por el sabotaje ucranio. “127 puentes fueron volados por los nacionalistas ucranios para frenar nuestra ofensiva”, dijo el coronel, quien aseguró además que disponen de una superioridad total en el cielo porque “la aviación y el sistema de defensa aérea de Ucrania fueron destruidos casi por completo”.

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Un grupo de 120 internos de un centro psiquiátrico de la región del Donbás llegó la tarde del domingo a Lviv, la capital de la retaguardia en el oeste de Ucrania. Ellos, y los voluntarios que esperaban con camillas y sillas de ruedas para ayudarles a desembarcar, sumaban unas 200 personas en el andén. Pese a la aglomeración, la escena se desarrollaba en un silencio que pesaba en el alma de los presentes. El grito repentino de alguno de los enfermos sacudía esta procesión de dolor a cámara lenta en la estación. Una miembro del equipo de bomberos alemanes se apartaba para llorar; un policía se secaba las lágrimas con disimulo. Los pacientes habían sido desalojados dos días antes de Severodonetsk, después de que un ataque ruso destruyera parte de las instalaciones hospitalarias en las que residían.

El sol del atardecer se iba apagando en el cielo de Lviv mientras los voluntarios transportaban a hombres y a mujeres que a duras penas podían dar un paso sin asistencia. El trayecto en tren, desde Kramatorsk, a mil kilómetros de distancia, duró un día entero. Había ancianos y minusválidos, hombres sin piernas o sin brazos. Sobre todo se contaban personas drogodependientes y veteranos de guerra, los dos grupos de riesgo que son especialidad de la institución evacuada, el Centro de Salud Mental de Severodonetsk. Tatiana Shapovalova, empleada de la organización y responsable del traslado, iba dando órdenes de un lado para otro. Sus lugartenientes eran dos mujeres que buscaban desesperadamente a médicos que les proveyeran de alguna medicación concreta que alguno de sus pacientes había perdido en el tren.

Paciente procedente del Centro Neurológico de Severodonetks, en el Donbás, a su llegada a la Estación Central de Lviv, en Ucrania.
Paciente procedente del Centro Neurológico de Severodonetks, en el Donbás, a su llegada a la Estación Central de Lviv, en Ucrania. Jaime Villanueva (EL PAÍS)

Quienes podían andar cruzaban el pasillo humano guiados por un voluntario. Las suyas eran miradas perdidas, de personas que no eran conscientes de dónde se encontraban, personas con una frágil salud a quien han expulsado de su espacio de seguridad. Pese a la desorientación, muchos agarraban con fuerza el poco equipaje que cargaban consigo, sin dejar que lo sujetara el personal de la estación. Descendían las escaleras que conectan las vías con los accesos a la estación y allí, en unos autobuses escolares, esperaban a que toda la comitiva hubiera salido del tren. Los autocares los trasladarían de noche a un centro psiquiátrico de Chernivtsi, a seis horas por carretera, no muy lejos de la frontera con Rumanía.

Los impactos de artillería rusa en las instalaciones sanitarias de Severodonetsk no han sido una excepción. El precedente más conocido fue el bombardeo de una maternidad en Mariupol. También se han producido ataques en otros centros psiquiátricos, uno de la localidad de Izyum, en la región de Járkov, y otro en Borodyanka, en Kiev.

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Traslado a Chernivtsi

Los internos esperaban sentados en los autocares, excepto aquellos que no podían valerse por sí mismos. Estos últimos yacían en las camillas, colocadas en fila en el suelo, y esperaban turno para que el personal médico les subiera a vehículos adaptados. Trabajadores de ONG repartieron dentro de los autobuses bandejas con la cena, y la comida fue devorada en cuestión de minutos. Luego, decenas de hombres dejaron sus asientos en los autocares para abalanzarse sobre un voluntario que repartía cigarrillos, mientras otro los iba encendiendo. “Fumar, en el caso de personas drogodependientes, calma muchísimo. En un momento como este, es una bendición”, explica Carlota Boyer, una psicóloga alicantina que ejerce estos días de voluntaria en la estación de tren de Lviv con la asociación cultural Causas Comuns.

Uno de lso pacientes del Centro Neurológico de Severodonetks, en el Donbás, a su llegada a la Estación Central de Lviv, en Ucrania.
Uno de lso pacientes del Centro Neurológico de Severodonetks, en el Donbás, a su llegada a la Estación Central de Lviv, en Ucrania. Jaime Villanueva (EL PAÍS)

Boyer tiene experiencia en asistencia en centros penitenciarios, pero también en crisis humanitarias. Para personas con trastornos psiquiátricos, dice, “la situación puede ser cuatro veces más estresante que para los demás”. “Ellos necesitan su rutina, saber dónde está el baño, cuándo hay que comer. Las caras desconocidas, también la mía por mucho que les sonría, les hacen sentir incómodos”. Boyer recuerda de la llegada de los pacientes de Severodonetsk y como muchos insistían con la misma pregunta: a dónde iban.

Kiril Dovzhik es un veinteañero que lleva cuatro días en la estación de tren de Lviv sirviendo como voluntario del Servicio de Defensa Territorial, en el departamento de reservistas y voluntarios de Ucrania. Él es de Zaporiyia, donde trabajaba como profesor de bailes latinos. En esa ciudad y su región se están produciendo choques entre el Ejército ucranio y el invasor. Por eso decidió trasladarse con su madre al Oeste, a una zona más seguras. A Zaporiyia se están trasladando en los últimos días miles de civiles procedentes de Mariúpol, la urbe más castigada por la guerra. Dovzhik explica que los testimonios de los desplazados de Mariupol que llegan a Lviv son descorazonadores; cita el caso de una familia que le relató cómo intentaron salvar su casa incendiada en un bombardeo con cubos de agua. Pero Dovhzik confirma que hasta el momento no había presenciado nada como esta comitiva del centro psiquiátrico de Severodonetsk: “Piense que soy bailarín profesional, antes de la guerra me dedicaba a dar clases de chachachá o de tango; es difícil estar preparado para algo así”.

Con los internos viajan también los familiares de las enfermeras. Dos hermanas adolescentes aguardaban a la partida de los autobuses con una jaula en la que tenían a sus mascotas, dos ratas. Algún paciente pedía acariciar a los animales y ellas los sacaban de la jaula. A Shapovalova la esperaba en Lviv su nieta y los padres de esta. Se habían mudado del Donbás cuando estalló la guerra de 2014 entre los separatistas prorrusos y el Gobierno ucranio. La niña tenía por entonces 10 años, ahora tiene 18. Acompaña a su abuela haciendo llamadas o traduciendo del ucranio al inglés. Su nombre, dice, es Dasha, pero su madre la corrige: ella se llama Daryna, “lo de Dasha se ha acabado”. Dasha es el diminutivo en ruso de su nombre. Ellos son de una región en el Donbás en la que ruso es el principal idioma de la población local. “Ahora ya no quieren saber nada del ruso o de Rusia”, dice Daryna, antes Dasha.

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Las habitaciones del hospital de Vuhledar están llenas de cascotes. Las camas, algunas perfectamente hechas, con sus colchas rosadas, y otras deshechas, como cuando alguien se levanta con mucha prisa, permanecen cubiertas de cristales, yesos y polvo. “¿Ves?”, dice Nadia, sanitaria de 38 años, “esto es lo que pasa en la guerra, que al final las personas no importan”. El jueves, no mucho después de que el presidente ruso, Vladímir Putin, anunciase una “operación militar en el Donbás”, un ataque de artillería impactó contra la carretera de entrada a este centro sanitario de la región de Donetsk, a unos 60 kilómetros de la zona controlada por los separatistas prorrusos y por el Kremlin. Los proyectiles alcanzaron a una profesora de 50 años, que caminaba hacia el hospital, y a dos coches. Sus ocupantes, cuatro, han muerto, según el jefe de la administración regional, Pavel Kirilenko. La fachada del hospital, que da servicio a una zona ya muy dañada por la guerra de casi ocho años entre el ejército ucranio y los secesionistas, está ahora llena de cicatrices.

Dieciséis de los alrededor de 100 pacientes resultaron heridos por las esquirlas de los vidrios de las ventanas y por trozos de pared. El centro, explica la médico Natalia Nikolaevna, tuvo que ser evacuado. “No tiene agua y acabamos de recuperar el suministro eléctrico”, dice. Ahora, el edificio de pasillos amarillentos y suelos de mármol se ha convertido en un refugio improvisado para escapar de los ataques que arrecian en la zona durante la noche. La línea del frente está cerca. Yulia, una enfermera de 28 años —que como la mayoría de gente desde que empezó la crisis prefiere no decir su apellido—, no sabe qué pensar. “Todavía estoy en shock, pero la verdad, lo que tenga que ser será”, dice, sobre el avance de las tropas enviadas por Putin y que están avanzando casi sin tregua en puntos estratégicos del país.

Un coche destrozado junto al hospital de Vuhledar, en el Donbás, tras un bombardeo que causó cuatro muertos.
Un coche destrozado junto al hospital de Vuhledar, en el Donbás, tras un bombardeo que causó cuatro muertos.

Lo que Putin anunció como una operación en el Donbás se ha convertido en realidad en un ataque a gran escala, veloz y extremadamente agresivo en todo el país. Pero en las regiones de Donetsk y Lugansk aún controladas por el Gobierno, aunque ha habido ataques y bajas, la situación no es tan crítica por ahora como en la capital, Kiev, o en la zona de la frontera con Bielorrusia. Los servicios de espionaje ucranios y estadounidenses creen que las fuerzas rusas están tratando de hacer una tenaza a la zona y envolverla para, después, anexionar por completo la región reclamada por los secesionistas. Pero Pavel, maestro jubilado de 67 años, cree que Putin ya no se conformará solo con el Donbás. “No parará”, dice, sentado en uno de los bancos de madera de lo que hasta el jueves era la antesala de la recepción del hospital de Vuhledar. “Quién sabe qué va a pasar mañana. Un día te levantas, vienes al hospital y al siguiente te ha caído una granada”, dice.

Este viernes, otro proyectil impactó contra un antiguo centro de rehabilitación que ahora utilizaba el ejército y lo incendió. Un pegajoso olor a quemado lo impregna todo. Como la sensación de espera que envuelve gran parte de la región de Donetsk controlada por el Gobierno. En Vuhledar, las calles están casi vacías y quien camina lo hace apresuradamente. Lo que era importante ya no lo es tanto, dice Lena, de 50 años. Huyó de la ciudad de Donetsk en 2014, cuando pasó a manos de los separatistas prorrusos alzados por el Kremlin, y se instaló en Vuhledar, con su madre y su marido, un antiguo minero con una lesión laboral. Dice que esta vez, si la ciudad pasa a control ruso, no se marchará. Está cansada. “Llega un momento en que pienso que qué más da, si todos son iguales”, apunta encogiéndose de hombros.

En las carreteras de Donetsk casi no se ven coches con destino este, hacia Rusia, hacia el territorio controlado por los secesionistas. Cientos de ciudadanos están saliendo en masa de ciudades como Kostantinivka, que en la época soviética se desarrolló como un centro de producción de vidrio, hierro, zinc y acero.

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Alexéi también ha metido lo que ha podido en el coche y ha dejado su casa. Lleva en el vehículo a su vecina y sus tres hijos, apretados en el asiento de atrás. En 2014, Kostantinivka estuvo unos meses bajo control de los separatistas y Alexéi dice que no quiere volver a vivirlo. “No me fui ayer [por el jueves], cuando empezaron los ataques fuertes, porque estaba en shock, pero hora está claro que es real. Quien se queda es porque es un insensato y le da igual o porque está con ellos”, dice.

El río de coches en la precaria carretera que sale de Kostantinivka a Dnipro es interminable. “La cosa está tranquila, todavía”, dice un conductor bajando la ventanilla, “por ahora, la ciudad es nuestra, pero quién sabe”.

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Horas después de que el presidente ruso, Vladímir Putin, ordenara el lunes la entrada de sus tropas en las zonas separatistas del este de Ucrania, no se veía en el horizonte ni uno solo de los vehículos blindados que se podían encontrar con facilidad el día anterior a lo largo de la porosa frontera rusa de Rostov con las zonas secesionistas de Donetsk y Lugansk. Ni un vehículo militar en una de las principales entradas a la región del Donbás ni un helicóptero en el aire durante horas este martes en el que posiblemente ha sido el día más tranquilo en el oblast (provincia, en ruso) en mucho tiempo. Y aunque en Moscú, muy lejos de la guerra, aseguran que la operación no ha empezado, en esta provincia rusa ya dan por hecho que los militares han ido entrando en las autodenominadas repúblicas populares, reconocidas este lunes por el Kremlin en medio del rechazo internacional. A lo largo de la jornada de este martes, fotografías distribuidas por varias agencias de noticias muestran blindados rusos en algún punto de la zona.

Novoshajtinsk es el último pueblo ruso justo antes de llegar a una de las principales entradas a Lugansk. Ese enclave lo cruza la carretera Jarkóvskaya, una de las pocas vías para acceder al territorio separatista del este de Ucrania. De ella sale una bifurcación secundaria que pone rumbo a la capital de la provincia rusa, Rostov del Don, en paralelo a la frontera. “Aquí vi ayer varias columnas de vehículos. Han debido meterlo todo [en el Donbás] por la noche”, cuenta un testigo de esta zona que quiere permanecer en el anonimato para evitar problemas. La frontera está a unos pocos cientos de metros, pero las fuerzas rusas han desaparecido, al menos en estos terrenos, y solo se ven unos pocos coches particulares rumbo a Rusia, como si huyeran de una catástrofe inminente. Otros testigos ratifican que el día anterior había militares que ahora no están. Tampoco se ven vehículos del ejército a lo largo de la autovía M-4, que une Krasnodar, Rostov del Don y Vorónezh, tres ciudades habituadas a los ejercicios bélicos y que estos últimos meses han protagonizado gran parte de las masivas maniobras rusas a las puertas del país vecino. Y si se levanta la vista del suelo, el cielo de la frontera también está despejado pese a que un día antes sobrevolaban ese territorio numerosos helicópteros de transporte Mi-8, uno de los más producidos del mundo, y de ataque Ka-50 Tiburón Negro y Ka-52 Aligator.

“Habrá sanciones y habrá guerra”, vaticina un vecino de Rostov junto a una fábrica. “Este punto lo bombardearon los ucranios en 2014″, rememora en una zona que no languidece por la guerra, sino por la crisis económica. Cuenca minera, la zona se está despoblando poco a poco porque los jóvenes buscan trabajo fuera. Pese a los problemas, Rostov es la región hacia donde se ha encauzado gran parte de la evacuación a Rusia que anunciaron el pasado viernes las autoridades separatistas de Donetsk y Lugansk tras recrudecerse los bombardeos en las líneas del frente con el Ejército ucranio. El mensaje de los jefes de las autoproclamadas repúblicas rebeldes llamando a la población a marcharse a Rusia, sin embargo, se había grabado ya dos días antes de elevarse la tensión.

El hotel Transpark de la provincia de Rostov aloja a un puñado de familias divididas, como la de Svetlana y tres hijos.
El hotel Transpark de la provincia de Rostov aloja a un puñado de familias divididas, como la de Svetlana y tres hijos.

El acceso a las personas desplazadas es complicado. En Novoshajtinsk hay una iglesia, la del Icono de la Madre de Dios, cuyo techado azul ha dado cobijo y ayuda a los llegados del Donbás. Sin embargo, a los periodistas no se les concede permiso para entrar y los policías impiden el paso, igual que ocurre en los demás puntos de acogida, como la Escuela Deportiva Reserva Olímpica N.º 13. Pero las autoridades organizaron este martes una visita a uno de estos enclaves, el hotel de carretera Transpark. Las familias están constituidas exclusivamente por madres o abuelas con hijos y nietos, y pese a la cercanía del Donbás, a menos de una veintena de kilómetros, algunas habitaciones de la planta de arriba están vacías. “La situación es muy mala, nadie se hace una idea”, cuenta Kristina Kolésnikova, madre de una niña. “Queremos volver a casa. Mis padres se quedaron en Brianka”, agrega, más tranquila que el día de su llegada porque había logrado hablar con su madre y esta le dijo que “todo está más tranquilo” al otro lado de la cercana frontera.

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Otra mujer, Svetlana, está en ese momento en la misma habitación con sus tres hijos. No quiere dar su apellido. “Todo el mundo está disgustado, todos tienen pánico”, explica. Svetlana lamenta que sus niños estén “perdiendo el tiempo cuando debería estar en el colegio”. Los abuelos de los chicos también se han quedado en Donbás. Por el pasillo de arriba deambula Ígor, un pensionista que tampoco quiere ser citado por su nombre ni dar su edad. Este lunes escuchó el discurso de Putin, en el que el líder ruso anunció el reconocimiento de la independencia de Donetsk y Lugansk. “Lo apoyo al cien por cien, fue muy bueno”, dice tras mostrar su pasaporte ruso, aunque aún no tiene claro si prefiere vivir en Rusia o en una de las autoproclamadas repúblicas. Moscú ha repartido casi un millón de pasaportes en las zonas separatistas.

El hotel no es muy grande. En la primera de sus habitaciones se hospedan Irina Petrovna, de 72 años, y su nieto Vladislav (de 9 años). “Mi marido es ruso y yo ucrania, siempre pensé que debíamos convivir unos con otros”, dice esta abuela, quien siente “indiferencia, y no odio”, ante la bandera azul y amarilla ucrania. “El pueblo ucranio es bueno”, subraya. Esta es la tercera vez que Irina Petrovna abandona su casa. En la primera ocasión su nieto tenía dos años. “Escuché que sería cosa de una semana y estuvimos aquí tres meses. Y la guerra sigue y han pasado ocho años”, se resigna. Profesora de ruso, solo quiere volver a casa, donde están muchos de sus vecinos. “Creo que se quedó la mitad. Puede ser por lo que pasó la primera vez, en 2015. Al regresar, todas las ventanas estaban rotas, sin luz. Fue terrorífico”, recuerda la anciana, que solo suplica que su gente “pueda volver a trabajar y criar a sus niños”.

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El reconocimiento del presidente ruso, Vladímir Putin, de la independencia de las regiones ucranias de Donetsk y Lugansk, autodenominadas repúblicas por los separatistas prorrusos, sitúa la crisis abierta en torno a Ucrania en un escenario nuevo en el que, sin duda, existe un mayor riesgo para que se desate la violencia. En este videoanálisis le resumimos las razones de este reconocimiento por parte de Rusia, su contexto en el marco de los acuerdos de Minsk de 2015 y el trasfondo de este movimiento político. Putin no ha tomado esta decisión de forma espontánea, ha seguido la hoja de ruta marcada por la Cámara baja rusa. Esta era precisamente una de las vías de posible escalada de tensión, en paralelo al despliegue militar.

La decisión llega cuando más cuestionados están los acuerdos de Minsk, que en 2015 sellaron un alto el fuego en la región. El objetivo era que Ucrania diera mayor autonomía a esta región con un nuevo estatus, pero ni esto se logró ni desapareció la violencia. Con este nuevo movimiento político, en el mejor de los casos, Rusia está dando un nuevo tirón en su negociación con armamento pesado y volver a las fronteras de seguridad de la Guerra Fría. El objetivo, que la OTAN retroceda en el crecimiento en su vecindario. Aunque la crisis ha subido un escalón y está más cerca de las armas que de la política, Rusia o, más bien Putin, mantienen la de cal y la de arena, porque pese a todo, no rechaza todavía sentarse cara a cara con Estados Unidos y cerrar un nuevo acuerdo.



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La decisión del presidente ruso, Vladímir Putin, de reconocer a las autoproclamadas Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania, y el envío de tropas del Kremlin este lunes a esa zona de la región del Donbás controlada por separatistas prorrusos constituyen no solo una violación del derecho internacional, sino también un posible preludio de la invasión a gran escala del país, según ha denunciado la comunidad internacional. El anuncio de Moscú del despliegue de lo que define como “fuerzas de mantenimiento de la paz” en esa región hace temer además el recrudecimiento de una guerra que dura desde 2014, cuando Rusia se anexionó la república ucrania de Crimea y ofreció su apoyo militar y económico a los separatistas del Donbás. En esa contienda han muerto en estos casi ocho años de conflicto 14.000 personas. Tanto Estados Unidos como la Unión Europea han anunciado una primera ronda de sanciones económicas en respuesta a la decisión rusa.

Una región en una frontera estratégica

La región histórica del Donbás, dividida en dos oblast (unidades administrativas) —Donetsk y Lugansk—, se encuentra en el sureste de Ucrania en su frontera con Rusia. Su posición es estratégica pues tiene salida a través de Donetsk al Mar Negro, cuyas aguas permiten el acceso al Mediterráneo. Antes de la guerra que empezó en 2014, esta región era conocida sobre todo por sus riquezas minerales y por constituir un importante centro de producción industrial de acero y carbón.

Ucranios depositaban flores el pasado viernes en Kiev, en el memorial  de las víctimas de la represión en las protestas del Euromaidán en 2014.
Ucranios depositaban flores el pasado viernes en Kiev, en el memorial de las víctimas de la represión en las protestas del Euromaidán en 2014.SERGEY DOLZHENKO (EFE)

¿Qué ha sucedido en el Donbás desde 2014?

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En marzo de 2014, Rusia se anexionó mediante un referéndum ilegal la península ucrania de Crimea —situada en el Mar Negro y que alberga la base naval rusa de Sebastopol— después de que las multitudinarias protestas del Euromaidán en Ucrania derrocaran al presidente prorruso Victor Yanukóvich, que había congelado por presiones del Kremlin la firma de un acuerdo de asociación con la Unión Europea. En abril de ese año, y también con apoyo de Moscú, separatistas prorrusos celebran sendos referéndums en Donetsk y Lugansk para declarar su independencia de Ucrania y proclamar dos “repúblicas populares” que ningún Estado, ni siquiera Rusia, había reconocido hasta este lunes. En los casi ocho años transcurridos, Rusia ha proporcionado armas y apoyo económico a estas entidades separatistas y concedido la nacionalidad rusa a más de 700.000 de sus habitantes. La guerra entre los separatistas y Ucrania, que trata desde entonces de recuperar esos territorios, se ha cobrado ya 14.000 vidas. Los llamados acuerdos de paz de Minsk, firmados por Kiev, Rusia y las dos repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk en 2014 y 2015, bajo los auspicios de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), no han bastado para lograr un alto el fuego duradero.

¿Quién controla la región?

Desde 2014, el Donbás está escindido en dos zonas: la controlada por los separatistas respaldados por Rusia, en la frontera con ese país, y la que aún sigue bajo dominio de las Fuerzas Armadas de Ucrania, en el oeste. Una línea de frente marca esa división. Los separatistas reclaman todo el territorio de Donetsk y Lugansk, pero solo controlan un tercio de su superficie—unos 6.500 kilómetros cuadrados según la OSCE—.

Un hombre sujeta lo que queda de un mortero que explotó frente a un edificio de viviendas en Schastia, cerca de la ciudad ucrania de Lugansk este martes.
Un hombre sujeta lo que queda de un mortero que explotó frente a un edificio de viviendas en Schastia, cerca de la ciudad ucrania de Lugansk este martes. ARIS MESSINIS (AFP)

El reconocimiento de Putin de su independencia y el temor a una invasión de toda Ucrania

El reconocimiento ruso de las autodenominadas Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk y la entrada de tropas del Kremlin en esos territorios apunta a un presagio de invasión de Ucrania, a juicio de la comunidad internacional. Occidente teme una ocupación militar a gran escala de, al menos, todo el territorio ucranio situado al este del río Dniéper, —incluida la capital, Kiev— que parte Ucrania en dos y marca para Rusia una frontera natural; de su región meridional ribereña del Mar Negro o incluso de todo el país, en el escenario considerado más improbable de los tres citados. El Kremlin se aseguraría de esa forma avanzar en su objetivo de establecer una zona tampón entre la OTAN, la UE y sus fronteras, imprescindible a sus ojos para garantizar su seguridad. Desde noviembre, de acuerdo con datos de los países occidentales, Moscú ha desplegado al menos a 100.000 soldados junto a las fronteras ucranias. Estados Unidos cree que las tropas rusas que flanquean esos confines, en Bielorrusia y en la anexionada república ucrania de Crimea podrían llegar incluso a las 190.000.

Blindados del ejército ruso en una carretera de la región de Rostov, fronteriza con Ucrania, este martes.
Blindados del ejército ruso en una carretera de la región de Rostov, fronteriza con Ucrania, este martes.YURI KOCHETKOV (EFE)

¿Qué quiere la población del Donbás?

La población de los enclaves separatistas de Donetsk y Lugansk, ahora reconocidos como independientes por Rusia, es de unos 2,3 millones y 1,5 millones de personas, respectivamente, según cálculos aproximados de las organizaciones internacionales. De acuerdo con el último censo oficial ucranio, de 2001, la mitad de la población de Crimea y de Donetsk tenía el ruso como lengua materna, pero el paralelismo automático entre la identidad lingüística y cultural y la pertenencia nacional en Ucrania es reduccionista. El Donbás es un crisol de las dos lenguas y culturas, ambas de origen eslavo: en la región se habla ucranio, ruso y también un dialecto que mezcla ambos idiomas, el surzhik. Según una encuesta efectuada por el diario The Washington Post en 2021, en la zona del Donbás bajo control de Kiev, la mayoría de la población quiere seguir formando parte de Ucrania, mientras que en el área bajo dominio separatista, la mitad de sus habitantes apoya la integración en Rusia.

Un militante de la autoproclamada república popular de Donetsk, en la región ucrania del Donbás, supervisa la evacuación en tren de parte de la población hacia Rusia, este martes.
Un militante de la autoproclamada república popular de Donetsk, en la región ucrania del Donbás, supervisa la evacuación en tren de parte de la población hacia Rusia, este martes.ALEXANDER ERMOCHENKO (REUTERS)

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A medida que el presidente ruso, Vladímir Putin, eleva sus amenazas sobre la soberanía de Ucrania, Kiev se prepara para afrontar los peores escenarios. El Gobierno ucranio ha comenzado a reforzar las tropas destacadas en la zona del Donbás, después de que Rusia, inmediatamente tras reconocer como Estados a las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk, dictase el envío allí de fuerzas militares. El nuevo despliegue ucranio busca cubrir más terreno de una línea del frente de 400 kilómetros de largo en la que luchan desde hace ocho años contra los secesionistas prorrusos apoyados por el Kremlin. Mientras, los bombardeos siguen en el este de Ucrania. Zelenski ha convocado a algunos grupos de reservistas por un periodo especial, pero descartado una movilización general.

Este martes, Putin subió su apuesta en el desafío a la legislación internacional al recalcar que Rusia reconoce las “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk dentro de sus “fronteras constitucionales”. Los secesionistas prorrusos reclaman con esa delimitación el total de las dos regiones —incluidas las principales ciudades controladas por el Gobierno, como la portuaria Mariúpol—; ahora manejan un tercio de ese territorio. Así, el jefe del Kremlin, que instó a Kiev a negociar directamente las “fronteras” con los jefes separatistas, fuerza otra palanca de presión contra Ucrania y contra Occidente.

Tras una jornada de frenesí diplomático para tratar de arañar sanciones más duras contra Moscú, el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha alertado de que la decisión de Putin y el despliegue ruso en la zona sientan las bases para una mayor agresión armada rusa —entre otras cosas para capturar el territorio reclamado por los separatistas prorrusos— y ha advertido que no cederá ni un palmo de territorio.

En un emotivo mensaje, el ministro de Defensa ucranio, Oleksi Reznikov, instó al ejército a estar preparado. “El Kremlin ha dado un paso más hacia la resurrección de la Unión Soviética, con un nuevo Pacto de Varsovia y el Muro de Berlín. Lo único que se interpone es Ucrania y su ejército”, dijo. “A continuación habrá un juicio difícil. Habrá pérdidas. Habrá que atravesar el dolor y superar el miedo y el desánimo”, añadió Reznikov.

Los intensos disparos de artillería y morteros que desde hace cinco días sacuden el Donbás han continuado este martes a lo largo de toda la línea del frente. En la ciudad de Schastia, que significa “felicidad” en ucranio y en ruso, los bombardeos continuos forzaban una y otra vez las alarmas de los coches aparcados, que se sumaban a un ruido atronador. Los ataques, que el ejército ucranio atribuyó a los separatistas prorrusos, que tienen sus posiciones a solo unos kilómetros de la ciudad, alcanzaron una planta de energía y causaron un incendio que empeoró el precario suministro que sufre toda la zona en los últimos días. Un humo negro pegajoso y denso se extendió por la ciudad de 10.000 habitantes, que ha estado bajo fuego desde el jueves.

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“Llevo días histérica”, se lamentaba Veronika Melnik, de 53 años, cuando trataba de salir del portal de su casa, lleno de desconchones. En su calle, los disparos de artillería han alcanzado varios edificios. Uno de los apartamentos recibió el disparo de un francotirador, que atravesó el cristal limpiamente e hirió a una mujer. “Mi gato se escapó el sábado y no ha vuelto por casa. Esto es insoportable”, comentaba una vecina. Las autoridades locales se preparan para evacuar la ciudad, de unos 10.000 habitantes, si los ataques siguen a este ritmo, señala el jefe de la administración regional, Serguéi Gaidai.

Imagen de la ciudad de Schastia, donde han caído fuertes bombardeos, este martes. / MARÍA R. SAHUQUILLO
Imagen de la ciudad de Schastia, donde han caído fuertes bombardeos, este martes. / MARÍA R. SAHUQUILLO

En la línea del frente más cercana a Schastia, una zona de senderos culebreantes y carreteras convertidas en un enorme socavón, los soldados apenas se han podido mover de sus posiciones. “Ahora estamos bajo el fuego día y noche”, comenta Bogdan. Las nuevas reglas de protección del ejército dictan que los soldados, como el joven de 23 años, no den su apellido. En un puesto avanzado de las Fuerzas Armadas ucranias, en medio del barro, Bogdan ahonda en su teoría de que Rusia y sus “marionetas” —los separatistas— no lanzarán una invasión a gran escala, pero sí “pequeñas operaciones” para ganar terreno en las regiones de Donetsk y Lugansk. Unos 2,5 millones de personas viven en las zonas controladas por el Gobierno.

Fuentes del ejército creen que el incremento de los ataques de los últimos días es una forma de “disfrazar” el movimiento de tropas al otro lado de la línea de contacto, donde algunos observadores han visto ya numerosos vehículos armados entrando desde Rusia.

En la carretera que une Severodonetsk y Schastia, una larga comitiva de vehículos militares aguarda en un punto de control. Varios soldados apuran un cigarrillo tras otro, fuera de los camiones. El ejército ucranio ya estaba en alerta máxima. “Ucrania está reforzando su defensa y lo seguirá haciendo”, remarca Anton Gerashchenko, exviceministro del Interior y ahora asesor del Gobierno, que habla sobre el refuerzo de las tropas en una zona que ya estaba altamente militarizada. Cuántos son y cuántos llegan es información confidencial, afirma. “No cederemos. Si Putin mueve sus tropas hacia una ofensiva los confrontaremos”, añade.

En una estación de servicio de Severodonetsk, a una hora de la línea del frente de Lugansk, Galina Bondarchuk carga el tanque de su coche apresuradamente para salir hacia Jarkiv. Primera parada. Y de allí a Kiev. “Llevamos así casi una década. Yo ya no puedo más”, lamenta. Hace una semana llevó a sus dos hijas con su madre a Kiev. “Los políticos insisten en que no hay que tener miedo, que el pánico daña el país, pero yo lo tengo. Tengo miedo”.

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La última guerra de Europa, la que desde hace ocho años enfrenta al Ejército ucranio y a los separatistas prorrusos en la región del Donbás, amenaza ahora con extenderse al resto de Ucrania y arrastrar a Europa y Occidente al abismo de una nueva Guerra Fría con Rusia.

22 de febrero

Rusia manda tropas a la región ucrania del Donbás


Putin ha ordenado el envío de tropas al Donbás para realizar funciones de “mantenimiento de la paz.”

Zona separatista

bajo control

de Rusia

Putin ha ordenado el envío de tropas al Donbás para realizar funciones de “mantenimiento de la paz.”

Zona separatista

bajo control

de Rusia

Zona separatista

bajo control

de Rusia

Putin ha ordenado el envío de tropas al Donbás para realizar funciones de “mantenimiento de la paz.”

Zona separatista

bajo control

de Rusia

Putin ha ordenado el envío de tropas al Donbás para realizar funciones de “mantenimiento de la paz.”

El reconocimiento que consumó ayer Putin de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk y el envío de tropas del Kremlin este lunes a la zona bajo control separatista de la región ucrania del Donbás —situada en el sureste de Ucrania, junto a su frontera con Rusia— hacen temer a la comunidad internacional que este movimiento sea el preludio de una escalada bélica en la lucha entre los separatistas prorrusos y Ucrania e incluso una invasión a gran escala de la exrepública soviética por parte de las tropas rusas, que ya han comenzado a desplegarse en estos dos territorios.

En marzo de 2014, Rusia se anexionó, tras un referéndum que la comunidad internacional consideró ilegal, la península de Crimea y ofreció apoyo militar y económico a los separatistas del Donbás. Un mes después, estos proclamaron su independencia de Ucrania, lo que precipitó el inicio del conflicto que dura ya ocho años y que ha dejado más de 14.000 muertos.

La contienda ha dejado el Donbás dividido en dos áreas separadas por la línea del frente: la zona controlada por los separatistas respaldados por Rusia, en la frontera con ese país, y la que sigue bajo dominio de las Fuerzas Armadas de Ucrania, en el oeste. Los separatistas reclaman todo el territorio de Donetsk y Lugansk, pero solo controlan un tercio —unos 6.500 kilómetros cuadrados según la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE)—.

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Despliegue de tropas y grupos de batalla en la localidad rusa de Soloti, cerca de la región del Donbás. 13 de febrero.

Convoy del batallón de fusileros en movimiento al noreste de la guarnición de Soloti. 20 de febrero.

Nuevo destacamento ubicado al este de Valuyki, en Rusia. 20 de febrero.

Pequeño destacamento desplegado junto a una línea de árboles al noroeste de Belgorod. 20 de febrero.

Fotos satélite: Maxar Technologies © 2022.

Despliegue de tropas y grupos de batalla en la localidad rusa de Soloti, cerca de la región del Donbás. 13 de febrero.

Convoy del batallón de fusileros en movimiento al noreste de la guarnición de Soloti. 20 de febrero.

Nuevo destacamento ubicado al este de Valuyki, en Rusia. 20 de febrero.

Pequeño destacamento desplegado junto a una línea de árboles al noroeste de Belgorod. 20 de febrero.

Fotos satélite: Maxar Technologies © 2022.

Despliegue de tropas y grupos de batalla en la localidad rusa de Soloti, cerca de la región del Donbás

 

13 de febrero

Convoy del batallón de fusileros en movimiento al noreste de la guarnición de Soloti

 

20 de febrero

Nuevo destacamento ubicado al este de Valuyki, en Rusia

 

20 de febrero

Pequeño

destacamento desplegado junto a una línea de árboles al noroeste de Belgorod

 

20 de febrero

 

Fotos satélite: Maxar Technologies © 2022.

22 de febrero

Rusia manda tropas a la región ucrania del Donbás


El 21 de febrero Putin reconoce la independencia de las provincias de Lugansk y Donetsk y ordena el envío de tropas a la región.

Crimea fue anexionada a Rusia en 2014. Donbás es una región ucrania en la que separatistas apoyados por Rusia controlan un tercio del territorio.

Sin número

de tropas

conocido

El 21 de febrero Putin reconoce la independencia de las provincias de Lugansk y Donetsk y ordena el envío de tropas a la región.

Crimea fue anexionada a Rusia en 2014. Donbás es una región ucrania en la que separatistas apoyados por Rusia controlan un tercio del territorio.

Sin número

de tropas

conocido

El 21 de febrero Putin reconoce la independencia de las provincias de Lugansk y Donetsk y ordena el envío de tropas a la región.

Crimea fue anexionada a Rusia en 2014. Donbás es una región ucrania en la que separatistas apoyados por Rusia controlan un tercio del territorio.

Sin número

de tropas

conocido

Sin número

de tropas

conocido

Actualizado:

20 de febrero

Rusia mantiene presencia militar en la región separatista moldava de Transnistria desde los años noventa

El 21 de febrero Putin reconoce la independencia de las provincias de Lugansk y Donetsk y ordena el envío de tropas a la región.

Crimea fue anexionada a Rusia en 2014. Donbás es una región ucrania en la que separatistas apoyados por Rusia controlan un tercio del territorio.

Rusia comenzó en noviembre a acumular tropas y armamento junto a su frontera con Ucrania. La consultora Rochan Consulting, que ha estado monitorizando el despliegue, calculaba el 27 de enero que más de 100.000 soldados rusos estaban ya desplegados cerca de la frontera. Los últimos movimientos de Rusia y el inicio de lo que Rochan califica como “una nueva fase”, en la que las unidades están pasando de congregarse en puntos de reunión a actuar en zonas de maniobras más dispersas, complica ahora seguir y cuantificar los destacamentos en el terreno. De acuerdo con “fuentes occidentales” citadas por la británica BBC dos tercios de estas tropas rusas se encuentran ahora a menos de 50 kilómetros de la linde con el territorio ucranio.

Además de los soldados desplegados junto al confín con Ucrania, Moscú mantiene a 30.000 soldados, armamento pesado y aviones y helicópteros de combate en Bielorrusia.

El embajador de Estados Unidos ante la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), Michael Carpenter, calculó el viernes que entre las tropas rusas instaladas junto a la frontera ucrania, las que Moscú mantiene en Crimea y las desplegadas en Bielorrusia, el Kremlin puede tener desplegados a entre 169.000 y 190.000 militares en Ucrania y sus cercanías. A ese importante despliegue, hay que sumar los alrededor de 2.000 militares que, según datos del think tank polaco Warsaw Institute, Moscú mantiene en Transnistria, una región cuya población de lengua y cultura rusa declaró su independencia de Moldavia en 1990.

29 de enero

Opciones de invasión

Los analistas creen que los escenarios más plausibles de una supuesta invasión rusa de Ucrania son tres:

1. Opción Sur. Las tropas rusas tratarían de conquistar la franja de territorio ucranio ribereño del mar Negro. Esa franja iría desde la región del Donbás hasta llegar a Transnistria, en Moldavia, pasando por la península de Crimea, anexionada ilegalmente por Rusia en 2014. Esta posibilidad aseguraría el suministro de agua a Crimea, que Kiev cortó hace ocho años, y dejaría a Ucrania sin salida al mar.

2. Opción Este. Los soldados rusos podrían penetrar en las zonas separatistas del Donbás, sin avanzar más en Ucrania, o bien intentar conquistar todo el territorio ucranio al este del río Dniéper, que divide el país en dos mitades. Este avance militar incluiría la toma de Kiev con la posible colaboración de las tropas rusas estacionadas en Bielorrusia, cuya frontera se encuentra a 80 kilómetros de la capital.

3. Opción total. Una invasión de toda Ucrania es el escenario que los expertos consideran más improbable por la dificultad de controlar un territorio de más de 600.000 kilómetros cuadrados y a una población de 44 millones de personas, según el Banco Mundial. La oposición de la ciudadanía es un factor que puede ser más determinante incluso que la resistencia puramente militar de las Fuerzas Armadas ucranias, en manifiesta inferioridad frente al Ejército ruso. Además de la diferencia abismal en términos de armamento, Ucrania cuenta solo con 209.000 militares en activo frente a los 900.000 del Ejército ruso, de acuerdo con datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI en sus siglas en inglés).

Fuentes: Centro para los Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), Maxar Technologies, Rochan Consulting.

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Más información

Un militar ucranio, en la línea de frente con Lugansk,  la provincia separatista reconocida por Rusia, este martes cerca de Troitske.
Un soldado ucranio vigila la línea del frente en el este del país, este lunes en Travneve (región de Donetsk).

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