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Desde la izquierda, los ministros de Exteriores de Baréin, Al Zayani; Egipto, Shoukry; Israel, Lapid; EE UU, Blinken; Marruecos, Bourita, y Emiratos, Bin Zayed, el lunes en Sde Boker (Israel).
Desde la izquierda, los ministros de Exteriores de Baréin, Al Zayani; Egipto, Shoukry; Israel, Lapid; EE UU, Blinken; Marruecos, Bourita, y Emiratos, Bin Zayed, el lunes en Sde Boker (Israel).Jacquelyn Martin (AP)

Los jefes de la diplomacia de Israel, Estados Unidos, Egipto, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Marruecos se han coordinado este lunes para disuadir a Irán de emprender aventuras expansionistas, y han creado una “nueva arquitectura regional” sustentada en un “foro permanente”. La inédita cumbre ministerial celebrada desde el domingo en Sde Boker, un antiguo kibutz (granja colectiva) del Negev, el desierto del sur de Israel, ha venido a sentar las bases del embrión de una ‘OTAN’ regional frente a “Irán y sus [milicias] satélites”, precisó Yair Lapid, el ministro de Exteriores anfitrión del cónclave.

La cita sin precedentes de los jefes de la diplomacia de Israel y los cuatro países árabes, bendecida por la presencia del secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, ha alumbrado un foro estable de “cooperación en materia de seguridad, inteligencia y tecnología” en un marco de “progreso [económico] y tolerancia religiosa”. “Esta nueva arquitectura de capacidades compartidas que estamos construyendo intimidará a nuestros enemigos comunes”, enfatizó Lapid en la conferencia de prensa conjunta que cerró la cumbre del Negev, en un simbólico alineamiento de responsables diplomáticos en un hotel de lujo del desierto. Fuentes diplomáticas israelíes han puntualizado a la prensa hebrea que la futura cooperación militar será ante todo marítima, contra la piratería y los sabotajes navales, y aérea, para neutralizar la creciente amenaza de drones.

La condena del atentado reivindicado por el Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés), en el que dos árabes israelíes mataron a tiros la noche del domingo a dos policías en la ciudad de Hadera (norte), sobrevoló todas las intervenciones de clausura. La del canciller marroquí, Nasser Bourita, fue una de las más explícitas: “Nuestra presencia aquí es la mejor respuesta [al terrorismo]”. También fue tajante la de Blinken, quien recordó que hace pocos años una reunión como la que concluía en el Negev hubiese sido “imposible de imaginar”. Los Acuerdos de Abraham de 2020 para la normalización de relaciones entre Israel y varios países árabes han propiciado el encuentro.

“Estados Unidos va a prestar todo el apoyo a este proceso de transformación de la región”, recalcó el secretario de Estado antes de advertir de que los Acuerdos de Abraham —a los que hasta ahora se han sumado Emiratos y Baréin, en el golfo Pérsico; Sudán, en África, y Marruecos, en el Magreb— no son un sustituto del proceso de paz entre Israel y los palestinos, que permanece suspendido desde 2014.

La Autoridad Palestina y Jordania, su aliado más cercano, han sido los grandes ausentes del foro del Negev. A pesar de que Amán había sido convocado al cónclave, el rey Abdalá II prefirió viajar este lunes a Ramala para no dejar en evidencia la soledad del presidente palestino, Mahmud Abbas. Cuando Blinken le visitó el domingo en la sede presidencial de la Muqata, para reiterarle que EE UU sigue defendiendo la solución de los dos Estados, el veterano rais palestino evocó la necesidad de “aplicar las ideas en las que uno cree”.

La cuestión Palestina

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Estados Unidos se conforma ahora con alentar a Israel a que pacte una “paz económica”, destinada a mejorar las condiciones de vida de los palestinos, sin impulsar las negociaciones para establecer un Estado de Palestina independiente. “Ambas partes están ahora muy alejadas”, se justificó el titular del Departamento de Estado. El presidente Abbas sostuvo que “los últimos incidentes en Europa [en alusión a la invasión rusa de Ucrania] han demostrado que existe un doble rasero (…) por el que nadie hace rendir cuentas a Israel” por la ocupación de los territorios palestinos.

La cuestión palestina fue citada en sus discursos finales ante la prensa por los ministros de Exteriores árabes. Pero Abdulatif al Zayani, de Baréin, y Abdalá bin Zayed, de Emiratos Árabes Unidos, hicieron hincapié en la reactivación del acuerdo nuclear con Irán, que EE UU está ultimando en contra del parecer de Israel y sus aliados del Golfo. También esgrimieron las amenazas que Teherán suscita en la región a través de sus socios chiíes de la milicia libanesa de Hezbolá y los rebeldes hutíes de Yemen. La salida del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución de Irán de la lista de grupos terroristas elaborada por EE UU, que Teherán reclama antes de reeditar el pacto atómico, es también una línea roja para los signatarios de los Acuerdos de Abraham.

Egipto, que mantiene relaciones diplomáticas con Israel desde hace 43 años, ha estrechado los lazos políticos tras décadas de “paz fría”, con el fin de no verse desplazado por las monarquías del Golfo como socio regional privilegiado. El canciller Sameh Shoukry subrayó que la mediación de El Cairo tras el conflicto del año pasado en la franja de Gaza ha sido determinante a la hora de rebajar la tensión. La cooperación militar entre ambos países, sin embargo, apenas ha cesado desde 1979. Las Fuerzas Armadas de Israel revelaron este mismo mes que su aviación derribó en 2021 “sobre el espacio aéreo de un país vecino” drones iraníes que transportaban armamento para las milicias de Hamás en Gaza.

Los ministros de Exteriores de Marruecos, Bourita (izquierda) y de Israel, Lapid, el lunes en Sde Boker (Israel).
Los ministros de Exteriores de Marruecos, Bourita (izquierda) y de Israel, Lapid, el lunes en Sde Boker (Israel).BOAZ OPPENHEIM/GPO HANDOUT (EFE)

Rabat recibe garantías para su integridad territorial

Mientras Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Baréin se integran en el mismo espacio de Oriente Próximo en el que se despliegan Irán y sus satélites, Marruecos parece demasiado alejado de ese escenario de tensión. El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Yair Lapid, dio por sentado en su intervención final en el cónclave diplomático que la “cumbre del Negev envía un fuerte mensaje a las fuerzas extremistas encabezadas por Irán que intentan desestabilizar la región”. Para ello se crea “un frente unido y comprometido con la paz y la prosperidad”.

Lapid dedicó a Marruecos una mención especial a fin de aclarar su presencia en Israel. “La relación especial que ha surgido trabajará en conjunto para contrarrestar los ataques a Baréin, EAU e Israel, y contra los intentos de atentar contra la soberanía y la integridad de Marruecos”. “En este contexto”, remachó el jefe de la diplomacia israelí, “la declaración de España de la semana pasada en apoyo del plan de autonomía de Marruecos para el Sáhara Occidental, que otros [países] ya han respaldado, es un paso positivo”.

Una delegación de las Fuerzas Armadas de Israel acaba de ratificar en Rabat los aspectos técnicos del acuerdo de cooperación militar suscrito por el ministro de Defensa, Benny Gantz, en su visita del pasado mes de noviembre a Marruecos. La empresa Industrias Aeroespaciales de Israel facturó el año pasado 22 millones de dólares (19,4 millones de euros) a Marruecos. Entre otros modelos, IAI fabrica el dron suicida Harop, un pequeño avión no tripulado con un radio de acción de más de 1.000 kilómetros, difícilmente detectable por los radares y capaz de transportar más de 20 kilos de carga explosiva. El Frente Polisario denunció la muerte en 2021 de una docena de civiles en bombardeos con drones en el Sáhara Occidental, en ataques que atribuyó al ejército marroquí.

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El primer ministro de Israel, Naftali Bennett (derecha) y el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, este domingo en Jerusalén.
El primer ministro de Israel, Naftali Bennett (derecha) y el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, este domingo en Jerusalén.ABIR SULTAN (AFP)

Los Acuerdos de Abraham de 2020 para la normalización de relaciones entre Israel y varios países árabes empiezan a dar frutos. Los ministros de Exteriores de Emiratos Árabes Unidos (EAU), Baréin, Marruecos y Egipto se reúnen este domingo en un kibutz (granja colectiva) del sur de Israel con el jefe de la diplomacia israelí, Yair Lapid, y el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, quien ha iniciado una gira diplomática por Oriente Próximo y el Magreb. El cónclave sin precedentes, que se prolongará hasta el lunes en un lujoso hotel del desierto del Negev, viene marcado por la inquietud que suscita en la región la reactivación del acuerdo nuclear con Irán, suscrito por Washington en 2015 y suspendido tres años después bajo la presidencia del republicano Donal Trump, que la Administración del demócrata Joe Biden se dispone a pactar con Teherán.

Blinken se ha apresurado a garantizar en un primer encuentro bilateral en Jerusalén con el israelí Lapid el “compromiso inquebrantable” de Washington para impedir que Irán se dote del arma atómica y a hacer frente a sus amenazas. El secretario de Estado aseguró que el regreso al acuerdo de 2015 “es la mejor manera de volver poner bajo control el programa nuclear de Irán”.

La Administración de Biden se desentendió en un principio de los Acuerdos de Abraham suscritos en el tramo final de la presidencia de Trump —gracias a la mediación de la Casa Blanca— por el Estado judío con Emiratos, Baréin, Marruecos y Sudán. Ahora trata de sacar partido, empero, de la normalización de relaciones diplomáticas de Israel con países con los que estuvo enfrentado a causa del conflicto palestino. Blinken anunció a Lapid en una conferencia de prensa conjunta que Washington confiaba en “atraer a otros Estados” a los Acuerdos de Abraham.

Para Israel, el establecimiento de estrechas relaciones de cooperación económica y militar con países árabes sin vincularlo al reconocimiento de un Estado palestino –como prevé el plan de paz saudí, aprobado por la Liga Árabe en 2002– representa la culminación de una estrategia diplomática de décadas. El ministro Lapid no ha vacilado en tildar de “histórico” el cónclave. La amenaza compartida con los israelíes que representa el despliegue regional de Irán y sus aliados chiíes —como la milicia libanesa de Hezbolá y los rebeldes hutíes de Yemen— ha relegado la cuestión palestina a segundo plano en las cancillerías de los países suníes.

El secretario de Estado fue recibido también por el primer ministro israelí, Naftali Bennett, quien está actuando como intermediario entre los presidentes de Rusia, Vladímir Putin, y Ucrania, Volodímir Zelenski, “en estrecha coordinación” con EE UU, aseguró Blinken. Washington busca en Oriente Próximo el respaldo a las posiciones occidentales en la guerra de Ucrania tras no haber logrado que Israel y los países del Golfo secundasen las sanciones económicas a Rusia, que cuenta un una importante presencia militar en Siria. Bennett mantuvo su reserva sobre su papel mediador entre Moscú y Kiev, pero fue mucho más explícito al expresar la preocupación de Israel o sus socios árabes ante “la intención [de Washington] de sacar de la lista de organizaciones terroristas al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán”, como consecuencia del acuerdo nuclear con Irán.

En Jerusalén, Blinken se limitó a reclamar a Israel la “mejora tangible de las condiciones de vida” de los palestinos de Cisjordania y la franja de Gaza y a invocar, como cláusula de estilo, “el objetivo de alcanzar una solución negociada basada en dos Estados”. Pero instó, además, al Gobierno israelí a evitar medidas que puedan disparar la tensión, como frenar la expansión de los asentamientos y la violencia de los colonos hacia los palestinos y detener los desalojos de viviendas palestinas en Jerusalén Este. Posteriormente, se trasladó a la cercana Ramala, sede administrativa de la Autoridad Palestina, para entrevistarse con el presidente Mahmud Abbas y reunirse con representantes de la sociedad civil palestina.

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El Departamento de Estado ha recalcado que el jefe de la diplomacia estadounidense reitera el compromiso de su país “con la solución de los dos Estados”, informa María Antonia Sánchez-Vallejo. En la página web del Departamento que dirige Blinken se publicó el sábado un memorando sobre la ayuda prestada a los palestinos. Desde abril de 2021, Washington ha proporcionado más de 500 millones de dólares (457 millones de euros), incluidos más de 417 millones en asistencia humanitaria para la agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA, por sus siglas en inglés). La última guerra en la franja de Gaza, en mayo pasado, obligó al presidente Biden a reescribir su hoja de ruta hacia Israel para impulsar la reconstrucción del enclave palestino.

En otro memorando relativo a la relación bilateral con Israel, el Departamento de Estado recuerda que el vínculo nunca ha sido más fuerte que ahora, como demuestra, entre otros asuntos, el claro apoyo de Washington a los Acuerdos de Abraham y la ayuda de 1.000 millones de dólares concedida para recargar con cohetes interceptores del sistema antimisiles Cúpula de Hierro. EE UU ha ido dejando progresivamente de ejercer como potencia hegemónica en Oriente Próximo para centrarse en la rivalidad con China, en el Pacífico, y ahora con Rusia, en Europa. La gira de Blinken parece rectificar en parte esta deriva.

Ausencia de la cuestión palestina en el cónclave

Jordania, que mantiene relaciones con el Estado judío desde 1994, no tiene previsto asistir al cónclave del desierto del Negev, a pesar de que la diplomacia israelí le ha sugerido participar, según informa la prensa hebrea. El ministro de Exteriores jordano acompañará el lunes, sin embargo, al rey Abdalá II en su anunciada visita a Ramala para reunirse con el rais Abbas. La mitad de la población jordana es de origen palestino, y el Gobierno de Amán suele actuar con mucho tiento en una materia que es considerada como un asunto interno. Al igual que EE UU, Jordania trata de impedir que se dispare la tensión en los territorios palestinos ante el próximo inicio del Ramadán en abril. La escalada de la violencia —en Jerusalén Este en particular— dio paso hace un año a un conflicto armado entre Israel y las milicias islamistas de Gaza.

La efervescencia diplomática que vive Oriente Próximo en los últimos días es patente. El pasado martes se dieron cita en Sharm el Sheij, en la península del Sinaí, el presidente de Egipto, Abdelfatá al Sisi; el primer ministro de Israel, Naftali Bennett, y el gobernante de facto de Emiratos Árabes Unidos, el príncipe Mohamed Bin Zayed. Al Sisi y Bin Zayed volvieron a reunirse del viernes, esta vez con el rey Abdalá y el primer ministro iraquí, Mustafá al Kadhemi, en la ciudad jordana de Áqaba, también a orillas del mar Rojo. Un comunicado oficial calificó de “consultivo” el encuentro. Simbolizaba un espaldarazo a Jordania frente a las presiones de Israel y EE UU, aireadas por la prensa hebrea, para que acudiera este domingo al cónclave del kibutz de Sde Boker, donde se halla la tumba de David Ben Gurion, primer jefe de Gobierno del Estado judío.

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El líder supremo iraní, ayatolá Alí Jamenei, el lunes en una intervención televisada  en Teherán.
El líder supremo iraní, ayatolá Alí Jamenei, el lunes en una intervención televisada en Teherán.AP

La reactivación del acuerdo nuclear que las grandes potencias cerraron con Irán en 2015, para evitar que Teherán pueda dotarse del arma atómica, estaba prácticamente ultimado tras 11 meses de negociaciones cuando Rusia invadió Ucrania. El estallido del conflicto armado en Europa está lastrando la culminación de la promesa electoral del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, –vicepresidente del también demócrata Barack Obama cuando se firmó– de reavivar la vigencia de un pacto que fue dejado en suspenso en 2018 por el republicano Donald Trump. Los esfuerzos diplomáticos han proseguido, pese a todo, en Viena para tratar de resucitar el oficialmente denominado Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés), avalado por China, Francia, Reino Unido, Alemania, Rusia y EE UU.

Ambas superpotencias dejaron en el limbo la firma definitiva tras las sanciones impuestas a Moscú por los países occidentales por la invasión de Ucrania. Rusia, cuya misión de recuperar parte del uranio enriquecido iraní es determinante para el éxito del acuerdo nuclear, exigió que las represalias económicas por su intervención militar no afectaran a sus relaciones bilaterales con Teherán. Su ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, aseguró la semana pasada que había recibido “garantías por escrito” para poder seguir cumpliendo su papel en el acuerdo nuclear “mediante empresas y técnicos” rusos. La Unión Europea, que coordina las conversaciones indirectas de Viena, explicó a través del Alto Representante para Política Exterior y de Seguridad Común, Josep Borrell, que “factores externos habían forzado una pausa”, sin ofrecer más detalles.

El portavoz del Departamento de Estado de EE UU, Ned Price, se apresuró a puntualizar que “no se va a sancionar la participación de Rusia en proyectos nucleares destinados a reanudar la aplicación del JCPOA, aunque no hemos dado otras garantías que se vayan a ir más allá”. “Estamos muy cerca del acuerdo, pero aún no lo hemos cerrado”, reconoció a continuación el portavoz diplomático estadounidense.

Tras la optimista respuesta de Washington para deslindar el acuerdo nuclear iraní del curso de la guerra en Ucrania, ha retornado la incertidumbre en menos de una semana. “Ha habido progresos. Sin embargo, el acuerdo no es inminente ni está asegurado. Nos preparamos para cualquier escenario”, replicó Price el lunes por la tarde a las preguntas de la prensa. “Estamos preparados para tomar decisiones difíciles con el fin de reactivar el acuerdo nuclear, pero no vamos a responder a la petición de levantar sanciones [específicas]”, remachó el portavoz del Departamento de Estado, en referencia a eventuales exigencias de Moscú. Washington teme que el Kremlin recurra a la vía comercial iraní para burlar las sanciones por la agresión a Ucrania.

Tanto Rusia como Estados Unidos han frenado el avance final de las conversaciones de Viena mientras las bombas siguen cayendo sobre las ciudades de Ucrania. En la táctica negociadora juega a favor de las partes el parón de la actividad oficial en Teherán que representan las festividades del Nworuz, el año nuevo iraní que coincide con el inicio de la primavera. El gesto de liberar, al hilo de esas celebraciones, a dos ciudadanos británicos que llevaban años detenidos en Irán ha sido bien recibido por los negociadores occidentales, que confían en que continúe con la próxima excarcelación de varios estadounidenses.

El entendimiento para reactivar el JCPOA en sus términos originales de 2015 lleva tiempo consensuado. Pero nada estará pactado mientras no se hayan resuelto los últimos puntos, estiman analistas de la prensa internacional, que han seguido de cerca las negociaciones. Dan por hecho que se mantendrán las cláusulas acordadas hace siete años bajo la Administración del presidente Obama, algunas de las cuales podrían seguir en vigor hasta 2025 o 2030, e incluso indefinidamente, según los casos.

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Uno de los escollos más espinosos, junto al control de los misiles balísticos de Irán, está siendo el de la retirada del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución iraní de la lista de organizaciones terroristas de EE UU, un punto que no figuraba en el acuerdo de 2015. El presidente Trump adoptó tres años después la decisión sin precedentes de incluir en la lista negra a una fuerza de un Estado internacionalmente reconocido.

Washington afronta el dilema de atender esa última exigencia de los negociadores de Teherán para dar vía libre al pacto nuclear o desairar a sus aliados en Oriente Próximo, que ven en la Fuerza Al Quds, el cuerpo expedicionario de los Guardianes de la Revolución, como sostén de grupos extremistas en la región. Una nada velada alusión a la milicia chií libanesa de Hezbolá, desplegada en la guerra de Siria, y los rebeldes hutíes de Yemen.

En una inesperada cumbre regional, el presidente de Egipto, Abdelfatá al Sisi; el primer ministro de Israel, Naftali Bennett, y el gobernante de facto de Emiratos Árabes Unidos, el príncipe Mohamed Bin Zayed, se han reunido desde el lunes y hasta este martes en Sharm el Sheij, en la península del Sinaí. El mensaje de frente común ante el levantamiento de las sanciones a Teherán y a su fuerza expedicionaria ha calado, a pesar de la vaguedad de los comunicados oficiales. El gabinete del primer ministro israelí solo dio cuenta de la celebración de conversaciones entre los tres países para “estrechar lazos a todos los niveles”.

También ha trascendido que el conflicto de Ucrania fue uno de los asuntos centrales de la reunión de alto nivel, junto a la “amenaza continuada de Irán”, como sostiene Jaled Okasha, director del Centro de Estudios estratégicos de Egipto, citado por Reuters. El viceministro de Asuntos Exteriores israelí, Idan Roll, fue aún más explícito en declaraciones a la radio pública hebrea al asegurar que el cónclave del mar Rojo había consolidado un “eje de cooperación económica y de defensa en Oriente Próximo”. “Israel está comprometido”, apostilló, “en la construcción de una alianza con todos los socios posibles frente al eje radical de Irán”.

Desde la izquierda, el gobernante de facto de Emiratos, Bin Zayed; el presidente de Egipto, Al Sisi, y el primer ministro de Israel, Bennett, el martes en Sharm el Sheij (Egipto).
Desde la izquierda, el gobernante de facto de Emiratos, Bin Zayed; el presidente de Egipto, Al Sisi, y el primer ministro de Israel, Bennett, el martes en Sharm el Sheij (Egipto).EGYPTIAN PRESIDENCY HANDOUT (EFE)

Cónclave del eje regional frente a Teherán

“Egipto se limitó a informar, en un breve comunicado del portavoz de la Presidencia, Basam Rady, tras el encuentro que los tres dirigentes abordaron en Sharm el Sheij, entre otros asuntos, el estado del sector energético, la estabilidad en los mercados y la seguridad alimentaria, informa Marc Español desde El Cairo. Se trata de tres cuestiones que generan especial preocupación en Egipto, sobre todo en el actual estado de volatilidad económica global, puesto que es un importador neto de crudo, derivados del petróleo y alimentos básicos y que desde el estallido de la guerra en Ucrania ha sufrido una dolorosa fuga de capitales que añade presión a sus problemas de liquidez.

Los mandatarios trataron además, según las mismas fuentes, una serie de cuestiones regionales e internacionales. Uno de los escenarios de mayor importancia para El Cairo en este ámbito es el vecino Sudán, donde tanto Egipto como Israel y los Emiratos Árabes Unidos han adoptado posturas muy cercanas a los generales que ejecutaron un golpe de Estado en octubre. El Cairo también se ha mostrado inquieto por la rapidez con la que avanza la normalización de relaciones entre Israel y el Golfo por temor a ver reducida su influencia regional.

Desde principios de año, el presidente egipcio ha acelerado su actividad diplomática en la región del Golfo y se ha reunido con los dirigentes de Arabia Saudí, Baréin, Kuwait y con el propio Mohamed Bin Zayed, el gobernante de facto emiratí, a fin de coordinar una respuesta conjunta ante la creciente tensión entre Rusia y Occidente y, más crítico todavía para sus intereses, asegurarse asistencia financiera para afrontar sus crecientes problemas económicos.

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Mientras Ucrania acapara la atención del mundo, los archienemigos de Oriente Próximo siguen intercambiando golpes. Los Guardianes de la Revolución de Irán se han atribuido este domingo el disparo de una docena de misiles balísticos caídos la noche anterior en las proximidades de la futura sede del Consulado de Estados Unidos en Erbil, capital de la región autónoma kurda en el norte de Irak. Un comunicado de la fuerza de élite ideológica del régimen iraní aseguró que el objetivo alcanzado era “un centro estratégico de conspiración y actos diabólicos sionistas”, en alusión a una base del Mosad, el servicio de espionaje exterior de Israel. La nota justificaba el ataque como respuesta “a recientes crímenes del régimen sionista”.

El impacto de los misiles en Erbil se produce una semana después de la muerte de dos guardianes de la revolución en un bombardeo con misiles lanzado por Israel contra instalaciones militares proiraníes en las inmediaciones de Damasco. La aviación israelí lleva a cabo desde hace casi una década ataques en Siria contra las fuerzas afiliadas a Teherán, con el fin de evitar que se afiancen territorialmente en el vecino país árabe y transfieran armas avanzadas, como cohetes con sistema de guiado de precisión, a Hezbolá, el partido-milicia chií contra el que Israel libró una guerra abierta en 2006 en Líbano.

Los misiles balísticos procedentes de Irán impactaron cerca de la nueva sede del Consulado estadounidense en Erbil, según confirmaron fuentes de la Administración del presidente Joe Biden. El Departamento de Estado informó de que el bombardeo no había causado víctimas en sus instalaciones. “Condenamos este ataque intolerable y esta muestra de violencia”, indicó en un comunicado un portavoz del Departamento de Estado. Washington está tratando de cerrar en las últimas semanas un acuerdo para reactivar el pacto nuclear de 2015 con Teherán, dejado en suspenso por el republicano Donald Trump en 2018.

Medios iraníes citados por Efe publicaron una lista de supuestas víctimas en el ataque con misiles. El Gobierno regional del Kurdistán iraquí dio cuenta de un civil herido a causa de las explosiones y de que se habían registrado algunos daños materiales en la futura legación diplomática y en una zona residencial aledaña, sin haber afectado al cercano aeropuerto de Erbil, donde se encuentra una base de la coalición internacional contra el Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés). La cadena de televisión local Kurdistan24, cuyos estudios se hallan cerca de la nueva sede consular, publicó en sus redes sociales imágenes de oficinas dañadas, con partes del techo derrumbadas y cristales rotos.

Irak sufre frecuentes ataques con cohetes o drones armados, principalmente contra intereses estadounidenses y las tropas de la coalición antiyihadista internacional, que Washington atribuye a facciones iraquíes proiraníes. El último ataque con cohetes balísticos contra una base de EE UU, sin embargo, se produjo en enero de 2020 tras la muerte del jefe de la fuerza Al Quds de los Guardianes de la Revolución, general Qassem Soleimani, en un ataque estadounidense en el aeropuerto de Bagdad.

El Ejército de Israel, que mantiene la política de no hacer comentarios sobre acciones armadas en el exterior, ha puesto en estado de alerta a sus fuerzas en el norte del país ante la amenaza de ataques de represalia con cohetes o drones lanzados desde Líbano y Siria. “Avisamos al régimen criminal sionista de que la repetición de cualquier acto maligno tendrá consecuencias decisivas y devastadoras”, advertía el comunicado difundido por los Guardianes de la Revolución iraní.

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El duodécimo día de invasión rusa a Ucrania amplió el listado de daños materiales y humanos, con nuevos bombardeos este lunes en la franja sur del país que une la península de Crimea con la zona de las autoproclamadas repúblicas separatistas del Donbás. Pero el día también dejó tímidos avances en el frente diplomático, como la voluntad de China para mediar en el conflicto o el debate sobre la creación de corredores humanitarios, tras tres intentos fallidos de abrir vías para evacuar a los civiles de las zonas más golpeadas por la guerra. La tercera ronda de negociaciones entre los dos países enfrentados se cerró después de que Moscú fijara sus exigencias al Gobierno de Volodímir Zelinski para lograr un alto el fuego “inmediato”, según una conversación del portavoz del Kremlin, Dimítri Peskov, con la agencia Reuters.

La tercera ronda de conversaciones entre las autoridades ucranias y rusas concluyó sin apenas avances y la sensación de que tomará mucho más tiempo antes de alcanzar la paz. “No nos hacemos ilusiones en lograr un resultado definitivo en la siguiente fase de las negociaciones con Ucrania. Es un trabajo duro”, afirmó uno de los integrantes de la delegación rusa, Leonid Slutski, al concluir la reunión.

Mientras, la guerra continúa con nuevos bombardeos este lunes en la franja sur de Ucrania que une la península de Crimea con la zona de las autoproclamadas repúblicas separatistas del Donbás. Las tropas rusas estrechan también el cerco a la capital, que se prepara para resistir al asedio.

China se declaró este lunes dispuesta a mediar en el conflicto. En sus declaraciones más claras hasta el momento sobre su interés en ocupar ese papel, el ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, indicó que su país está dispuesto “a llevar a cabo la mediación necesaria cuando haga falta”. Pero eso no implica que Pekín vaya a distanciarse de su socio estratégico. La relación con Moscú es “sólida como una roca” y se va a continuar profundizando, aseguró el ministro, informa desde Pekín Macarena Vidal Liy.

Las exigencias del Kremlin en la mesa de negociación son tres: el Gobierno ucranio debe reconocer la península de Crimea como rusa y las autodenominadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk como territorios independientes. Debe, además, rubricar en su Constitución un estatus “neutral” que le impedirá unirse nunca a ningún bloque occidental, especialmente la OTAN. El primer paso, afirma Moscú, sería el fin de la resistencia armada ucrania. “Estamos concluyendo la desmilitarización de Ucrania”, afirmó Peskov. “Lo vamos a conseguir, pero si detienen ahora su acción militar, nadie va a seguir disparando”. “Donetsk y Lugansk no quieren ser parte de Ucrania. Pero eso no significa que deban ser destruidas”, añadió el portavoz del presidente ruso, Vladímir Putin.

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El mayor éxito de la reunión fueron “unos pequeños avances en la logística de los corredores humanitarios”, según el jefe de la comitiva ucrania, Mijaíl Podoliak. Su homólogo ruso, Vladímir Medinski, no se mostró tan convencido. “Dejemos este asunto en el aire. Esperamos que los corredores funcionen mañana, la parte ucrania nos ha asegurado eso”, recalcó el representante de Moscú.

Kiev había rechazado los corredores propuestos por Moscú porque conducían a territorio ruso o bielorruso, país este último que sirvió de plataforma para el frente que ha puesto a la capital ucrania bajo asedio. Además, durante el fin de semana se frustró la evacuación de civiles en ciudades como Mariupol o Volvovaja por la ruptura del alto el fuego pactado entre las partes.

En la reunión de este jueves, que duró unas tres horas, se abordó no solo la “neutralidad” de Ucrania, sino también otras cuestiones que el Kremlin ha denunciado todos estos años, como la situación del idioma ruso en el país vecino. El ruso dejó de ser oficial en Ucrania en 2019, al final de la legislatura del anterior presidente, Petró Poroshenko, y con Zelenski se legisló recientemente que todos los medios en ruso —no así en otras lenguas— tienen que tener una versión en ucranio.

La delegación rusa esperaba firmar algunos preacuerdos en esta reunión, pero según su jefe, las expectativas “no se hicieron realidad”. “Llegamos con un gran número de documentos escritos: acuerdos, borradores, propuestas… Y esperábamos que hoy hubiera sido posible firmar al menos un protocolo sobre algunos de los puntos que en principio hemos acordado, pero la parte ucrania se llevó los documentos para estudiarlos”, explicó Medinski.

Las conversaciones entre las autoridades de Kiev y Moscú se produjo el mismo día en el que los 27 países de la Unión Europea acordaron iniciar el proceso para que Ucrania, Moldavia y Georgia se puedan convertir, en un futuro, en miembros del club comunitario, tras la petición que estos tres países hicieron a Bruselas la semana pasada, informa desde Bruselas Manuel V. Gómez. Se trata de un primer paso, pero tiene un mensaje político claro en un momento en el que Ucrania está luchando contra las tropas rusas que tratan de invadir su territorio. Según informó la presidencia francesa de la Unión en su cuenta oficial de Twitter, los Veintisiete pidieron el lunes a la Comisión que dé el primer paso en ese camino, elaborando el informe necesario para decidir si los países de la UE conceden a Ucrania, Moldavia y Georgia el estatus de país candidato.

El presidente Zelenski firmó la petición de adhesión a la UE la semana pasada, como parte de la respuesta a la invasión que Rusia inició el 24 de febrero. Moldavia y Georgia siguieron sus pasos acto seguido, ante el temor a Moscú. El último informe de la ONU señala que 406 civiles han perdido la vida desde el 24 febrero, día del inicio del ataque ruso en Ucrania, aunque la organización reconoce que la cifra real es superior.

Los aliados han decidido mantener la presión contra Putin a través de las sanciones pese a las turbulencias que generan en sus propias economías y las diferencias que suscita un asunto crucial como el veto a las importaciones rusas de petróleo, especialmente lesivas para los europeos. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, mantuvo una llamada telefónica con los líderes de Francia, Emmanuel Macron, Alemania, Olaf Scholz, y el de Reino Unido, Boris Johnson, en la que compartieron “determinación en continuar elevando los costes” contra Rusia por la invasión de Ucrania, según el resumen hecho público por la Casa Blanca, una invasión “injustificada y no provocada”, informa Amanda Mars desde Wahsington.

En el duodécimo día de agresión, en el que las fotografías de civiles muertos tratando de huir de las bombas rusas han causado estupor en medio mundo, los dirigentes también subrayan su compromiso en continuar proporcionando ayuda económica, humanitaria y en materia de seguridad a Ucrania. La cuestión es cómo se materializa todo este respaldo. El Congreso de Estados Unidos impulsa una votación de carácter bipartito para prohibir las importaciones de crudo de Rusia y el secretario de Estado, Antony Blinken, aseguró el domingo que los países occidentales están negociando intensamente esta medida con el fin de endurecer la respuesta Vladímir Putin, pero Alemania ha recalcado este lunes que no planean suspender las compras del petróleo ruso.

La vía diplomática no se ha cerrado completamente, pese a todo. Los ministros de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y ucranio, Dmitro Kuleba, tienen previsto reunirse por primera vez este jueves en Turquía para tratar de buscar una salida al conflicto desatado por la invasión rusa de Ucrania. En principio, lo harán en la ciudad sureña de Antalya y en un formato a tres, con la presencia de su homólogo turco, Mevlüt Çavusoglu. “Nuestro objetivo más urgente es el cese de los combates”, explicó el jefe de la diplomacia turca al anunciar la cita, que consideró un “paso importante” hacia la paz y la estabilidad. Posteriormente, la portavoz de Exteriores rusa, María Zajarova, confirmó a la agencia TASS la participación rusa en la reunión, según informa desde Estambul Andrés Mourenza.

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Más de medio millón de ucranios han salido de su país durante la última semana huyendo de la guerra provocada por el líder ruso, Vladimir Putin, según los datos que maneja ACNUR, la Agencia de la ONU para los refugiados. Es solo la punta del iceberg. El escenario no deja de agravarse y en las próximas semanas pueden llegar a ser hasta cuatro millones: el mayor éxodo desde la Guerra de los Balcanes, según el Alto Comisionado de la institución, Filippo Grandi. Aunque sabemos que las principales vías de salida se sitúan en las fronteras de países como Polonia o Moldavia, todavía es una incógnita dónde se quedarán los refugiados que cruzan estos países en su precipitada marcha.

En el vídeo que acompaña esta noticia, EL PAÍS analiza, junto a la redactora especialista en migraciones María Martín, los posibles destinos de los refugiados que están abandonando Ucrania. Todavía es pronto para saber cómo será el paisaje final, pero hay algunos elementos que contribuyen a ir dibujando el mapa que dejará a su paso la guerra.

El primero que analiza la pieza parte de observar qué países cuentan ya con una comunidad de ucranios numerosa. El segundo se basa en examinar la evolución de las peticiones de asilo en los Estados receptores desde 2014, momento en el que Rusia se anexionó la península ucrania de Crimea y estalló el conflicto en la zona del Donbás. El escenario de hace ocho años podría repetirse ahora. El último elemento que puede condicionar el reparto final es la activación por parte de la Unión Europea de la directiva que permite la acogida ilimitada de refugiados en los países miembro. Aunque existía esa posibilidad desde 2001, no se había activado antes, y otorga a los solicitantes de protección ciertos derechos y garantías.

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El francés Benjamin Brière, detenido desde mayo de 2020 en Irán, ha sido condenado a ocho años de cárcel por “espionaje”, según anunció este martes uno de sus abogados. Brière, de 36 años y que se encuentra en huelga de hambre, compareció el pasado jueves ante un tribunal revolucionario de Mashhad, al este del país, que le juzgó a puerta cerrada. Además, la sentencia suma otros ocho meses por “propaganda” contra el régimen.

El letrado, Philippe Valent, ha calificado el proceso de “farsa”, según el comunicado del que se hace eco la agencia de noticias France Presse. “Benjamin Brière nunca se ha beneficiado de ninguna forma de juicio justo ante jueces imparciales”, afirma antes de precisar que no había tenido acceso a su expediente y no pudo prepararse para la vista.

“Esta condena, que no se sustenta en nada, es inaceptable”, dijo en una declaración una portavoz del Ministerio de Exteriores de Francia, informa la agencia Efe. “Seguiremos con la mayor atención la situación de nuestro compatriota, que ha decidido apelar”, añadió en su declaración. La diplomacia francesa dice que sigue de cerca el asunto y que la última visita consular para tratar de desatascar el caso tuvo lugar el pasado 17 de enero.

La policía detuvo a Brière, que viajaba en una autocaravana, cuando grababa imágenes con un dron (tipo helicam) por una zona desértica cercana a la frontera con Turkmenistán en mayo de 2020. Los responsables iraníes, que no lo hicieron público hasta febrero del año siguiente, le acusaron de “espionaje y propaganda contra la República Islámica”, dos cargos que él siempre ha negado a través de sus abogados.

Su caso se sumó al de una veintena de detenidos extranjeros que, según las organizaciones de derechos, Teherán pretende utilizar como moneda de cambio en sus relaciones con Occidente.

En opinión de Valent, “la sentencia es el resultado de un juicio puramente político”, por lo que insta a las autoridades francesas a que se impliquen en el caso. “La familia [de Brière] está muy preocupada por su salud física y sicológica, en particular tras el anuncio del veredicto”, señala.

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El abogado iraní que ha defendido a Brière ante el tribunal revolucionario, Saeid Dehghan, manifestó después del juicio que esperaba que le declarasen “inocente porque no había ningún fundamento jurídico para las extrañas acusaciones de propaganda y espionaje”. En conversación con EL PAÍS, también manifestó su preocupación por que el juez hubiera empleado la palabra “intercambio” durante la vista. En su opinión, eso significaba “intercambio de prisioneros”.

Irán ha recurrido a esa fórmula en el pasado. El último caso conocido fue en junio de 2020 cuando logró que Estados Unidos excarcelara al científico iranoestadounidense Majid Taherí, acusado de violar las sanciones al país asiático, a cambio del regreso a casa del veterano de la Marina norteamericana Michael White. Pero no hay constancia de que algún ciudadano iraní se encuentre encarcelado en Francia en la actualidad.

El juicio a Brière coincide, sin embargo, con las negociaciones nucleares en Viena, en las que el régimen iraní acusa a Francia de no cooperar y de defender los intereses de su archienemigo Israel. Algunos analistas señalan que no es coincidencia que a principios de este mes, un juez volvió a encarcelar a la antropóloga iranofrancesa Fariba Adelkhah, que cumplía una condena de cinco años bajo detención domiciliaria. Francia reclamó su inmediata puesta en libertad, pero Irán no reconoce las dobles nacionalidades y considera que cualquier comentario al respecto constituye una interferencia en su sistema judicial.

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Benjamin Brière, un turista francés al que Irán acusa de espionaje, ha comparecido este jueves ante un Tribunal Revolucionario de la ciudad de Mashhad, en el este del país. Brière, que lleva encarcelado casi 20 meses, se encuentra entre la veintena de detenidos extranjeros que, según las organizaciones de derechos, Teherán intenta utilizar como moneda de cambio en sus relaciones con Occidente.

El juicio a Brière, de 36 años, se ha celebrado a puerta cerrada, pero ha sido grabado en vídeo, según ha revelado uno de sus abogados, Saeid Dehghan. El letrado ha declarado a EL PAÍS que no cree que haya otra sesión y que espera la sentencia para la próxima semana. También ha manifestado su preocupación porque el juez haya empleado la palabra “intercambio” durante la vista. En su opinión, eso significa “intercambio de prisioneros”.

Irán ha recurrido a esa fórmula en el pasado. El último caso conocido fue en junio de 2020 cuando logró que Estados Unidos excarcelara al científico iranoestadounidense Majid Taherí, acusado de violar las sanciones al país asiático, a cambio del regreso a casa del veterano de la Marina de Estados Unidos Michael White. Pero no hay constancia de que algún ciudadano iraní se encuentre encarcelado en Francia en la actualidad.

La policía iraní detuvo a Brière en mayo de 2020 cuando volaba un pequeño dron con cámara (helicam) en una zona desértica cercana a la frontera con Turkmenistán, aunque las autoridades no lo hicieron público hasta febrero del año siguiente. Un mes después, fue acusado de “espionaje y propaganda contra la República Islámica”.

Dehghan explicó entonces que el cargo de espionaje se fundaba en que “estaba haciendo fotos en zonas prohibidas” y el de propaganda en que había suscitado en sus redes sociales “la cuestión de por qué el hiyab es obligatorio en la República Islámica, pero opcional en otros países islámicos”. El abogado también difundió una imagen de Brière y la autocaravana en la que viajaba por Irán.

La detención de Brière se sumó a la de una veintena de ciudadanos extranjeros o con doble nacionalidad que se encuentran atrapados en el sistema judicial iraní bajo acusaciones que los activistas de derechos humanos cuestionan. Entre ellos está también la antropóloga iranofrancesa Fariba Adelkhah, condenada a seis años de cárcel en mayo de 2020 por acusaciones relacionadas con la seguridad nacional.

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Poco después, debido a su estado de salud, Adelkhah, de 62 años y a quien también defiende Dehghan, fue autorizada a cumplir esa pena en su piso de Teherán controlada con un brazalete electrónico. Sin embargo, la semana pasada, el poder judicial volvió a ordenar su ingreso en prisión por “violar las condiciones del arresto domiciliario”.

El juicio a Brière y el regreso a la cárcel de Adelkhah se producen cuando Irán negocia con las grandes potencias en Viena la vuelta de Estados Unidos al acuerdo nuclear de 2015. Algunos analistas consideran que no se trata de una coincidencia. “Es una forma de presionar a Francia”, estima una periodista iraní que sigue el proceso. “Teherán considera que los franceses no están cooperando en las negociaciones, que representan el punto de vista de Israel”, añade.

En un gesto que subraya el carácter político de estas detenciones, el exrehén estadounidense Barry Rosen ha iniciado esta semana una huelga de hambre en Viena para pedir la liberación de todos los extranjeros y binacionales detenidos por Irán. “Son seres humanos, no piezas de un juego. Su libertad debiera preceder a cualquier acuerdo que hagamos con un régimen que no es de fiar”, asegura en su cuenta de Twitter.

Rosen, de 77 años, fue uno de los 52 secuestrados por los revolucionarios iraníes durante la toma de la Embajada de Estados Unidos en Teherán hace 42 años. El entonces consejero de prensa lleva tiempo haciendo campaña para que no se olvide a quienes considera también rehenes. El enviado especial de EE UU para Irán, Robert Malley, le aseguró durante una visita el miércoles que el asunto tiene toda su atención y le instó a cesar su huelga.

Malley ha hecho varios llamamientos a la liberación de los ciudadanos con pasaporte iraní y estadounidense. Pero Irán, que no reconoce la doble nacionalidad, responde que se trata de una interferencia en los asuntos judiciales de la República Islámica.

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Rambod Namdar, supuesto agente del espionaje iraní, en una foto de su perfil de Facebook.
Rambod Namdar, supuesto agente del espionaje iraní, en una foto de su perfil de Facebook.

Las redes sociales se han apresurado a bautizarla como la “red de las abuelas espías” en una inopinada vuelta de tuerca a la guerra soterrada que libran Israel e Irán. El Shin Bet, el servicio de contraespionaje israelí, anunció el miércoles la desarticulación de la trama tras la detención de cuatro mujeres de mediana edad —tres de las cuales ya cuentan con nietos, como es usual en Israel, según confirma Reuters— y ascendencia iraní. Están acusadas de obtener información para un agente de Teherán que las captó en internet y les envió sumas de dinero. El marido de una de ellas, que la ayudó en una misión, también ha sido arrestado.

Un hombre bien parecido llamado Rambod Namdar —de acuerdo con las imágenes de su perfil en Facebook— contactó con las cuatro mujeres de nacionalidad israelí, de edades comprendidas entre los 47 los 57 años, a través de WhatsApp haciéndose pasar por un miembro de la minoría judía iraní que quería emigrar a Israel, como ellas mismas o sus familias habían hecho en el pasado.

Lo que comenzó como una relación de amistad entre paisanos desembocó en el envío sistemático de fotografías de centros oficiales israelíes y de una sede diplomática de Estados Unidos. El cerebro de la trama pidió a una de las mujeres, masajista de profesión, que fotografiara desnuda a una diputada para chantajearla. También requirió a dos de ellas para que sus hijos se alistaran en la unidad de inteligencia del Ejército al cumplir el servicio militar.

“La acusación de espionaje contra la red formada por israelíes de origen iraní es una mezcla de graves delitos y de comedia bufa”, sostiene Amos Harel, analista de seguridad del diario Haaretz. “Puede que se debiera a su encanto personal [de Namdar] o a que los regalos y sumas que enviaba enamoraban a las receptoras. Pero, a pesar de que sospechaban que se trataba de un intento de captarlas como espías, todas siguieron manteniendo el contacto a través de internet”, argumenta este experto. Además, aceptaron más encargos del apuesto judío iraní y recibieron sumas de hasta 5.000 dólares (4.375 euros) en contrapartida.

El Shin Bet, la agencia de seguridad interior israelí, en colaboración con el Yahbal, la brigada policial de investigación internacional, han presentado ante la Fiscalía del Estado cargos contra los cinco detenidos —cuyas identidades permanecen bajo secreto sumarial— que pueden acarrear largas condenas de cárcel, a pesar de que ninguno de ellos logró tener acceso a secretos de seguridad nacional. El primer ministro israelí, Naftali Bennett, aprovechó la ocasión para advertir a los ciudadanos de que tengan cuidado con los contactos que mantienen en las redes sociales.

Uno de los abogados de las detenidas alegó ante las cámaras de televisión que su cliente solo pretendía ayudar a un iraní que aspiraba a emigrar a Israel, y por ello le mostró “fotografías del país para que se fuera ambientando”. Entre las imágenes que remitió a Namdar figuraban varias de la legación de EE UU en Tel Aviv, de dependencias del Ministerio de Interior y oficinas gubernamentales y las de un centro comercial.

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Los analistas de seguridad de la prensa hebrea creen que la trama ahora desarticulada formaba parte de una fase inicial de reclutamiento de informadores en Israel, centrada en objetivos sencillos, con el fin de evaluar las capacidades de futuros agentes. Como asegura Amos Harel, “la caída de esta red constata también el creciente fenómeno de desaparición de agentes humanos en la captación de informadores y su sustitución por agentes virtuales en las redes sociales, en una era marcada por el cierre de fronteras”.

A una de las mujeres arrestadas, de 57 años y residente en Bet Shemesh, localidad de la provincia de Jerusalén, le fue encomendada a través de WhatsApp la misión de organizar un club de israelíes de ascendencia iraní (la comunidad judía originaria de Irán ronda las 70.000 personas) a fin de recabar sus datos personales. En Irán se estima que viven aún unos 12.000 judíos, que tienen reconocido el derecho como minoría con representación en el Parlamento.

A la detenida de mayor edad también se le solicitó que infiltrara a uno de sus hijos en la unidad del Ejército de ciberguerra, especializada en ataques informáticos contra centros nucleares e instalaciones estratégicas en Irán. Otras de las mujeres de la trama, de 50 años y residente en Jerusalén, colaboró en la organización de actos de caridad para la comunidad de origen iraní en Israel.

Dinero iraní en un suburbio de Tel Aviv

Una tercera integrante de la trama, de 47 años y vecina de Kfar Saba, en el área metropolitana de Tel Aviv, llegó a recibir dinero de Namdar a través de un familiar iraní que había viajado a Israel para visitarla. La misión de la cuarta mujer detenida, cuya edad (en la cuarentena) no fue precisada y afincada en Holón, suburbio del sur de Tel Aviv, fue la más arriesgada. Sus movimientos fueron detectados por guardas de seguridad de la legación diplomática de Estados Unidos. Esta sospechosa mantuvo una relación de contactos digitales con el cerebro de la red en Teherán durante varios años y también intentó alistar a su hijo en los servicios de inteligencia castrenses. Su esposo le acompañó en al menos una de las misiones de espionaje prescritas.

El pliego de cargos presentado por el Shin Bet registra también tintes de sainete que han disparado comentarios grotescos en las redes sociales del Estado judío. La masajista de Bet Shemesh se puso en contacto con la diputada del partido Likud (conservador) Keti Shitrit, que no ocupa cargos destacados en el grupo parlamentario del ex primer ministro Benjamín Netanyahu. Le ofreció un masaje terapéutico con el objetivo de fotografiarla y grabarla desnuda. Otra de las arrestadas recibió el encargo de obtener un papel como extra en la serie israelí Teherán, que gira en torno a las peripecias de una espía israelí en la capital de Irán.

Casi todas las misiones encomendadas en las redes por el galante agente Namdar fracasaron y apenas lograron su propósito. La caída de la llamada trama de las abuelas espías le acerca ahora más al historial de chapuzas del inspector Clouseau, bufón de la letanía de películas de La pantera rosa, que a la implacable hoja de servicios del general Javadi, el villano jefe de la inteligencia iraní en la serie Homeland.

Gonen Segev, junto a dos policías, en un tribunal de Tel Aviv en 2004.
Gonen Segev, junto a dos policías, en un tribunal de Tel Aviv en 2004.Yariv Katz

El exministro que se vendió al enemigo

El espionaje iraní también ha marcado algún tanto en Israel. El exministro Gonen Segev, que ocupó la cartera de Energía entre 1995 y 1996, fue condenado en 2019 a 11 años por espiar en favor de Irán y ayudar al enemigo en tiempo de guerra. Fue extraditado al Estado judío en 2018 tras haber sido detenido en Guinea Ecuatorial. Segev, de 65 años, brilló como capitán de la Fuerza Aérea, se tituló como médico en la Universidad de Ben Gurion y en 1992 resultó elegido diputado. Tres años después, fue designado ministro en el Gobierno de coalición dirigido por Isaac Rabin. Pensaba que había llegado la hora de triunfar también como empresario en su país. Aparentemente, no lo logró.

El contraespionaje detectó que el exministro había sido reclutado por la inteligencia iraní en 2012 en Nigeria. Llegó a reunirse con los responsables de la red en territorio de Irán. Pasó información sobre el mercado de energía israelí, la localización de infraestructuras críticas y sobre altos cargos políticos y de los servicios de seguridad. Para ello Segev se sirvió de los contactos que mantenía en sectores de la defensa y la diplomacia. Intentó incluso captar a alguno de sus informantes para incorporarlos a la red de espionaje iraní en Israel.

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Después de ocho rondas negociadoras, Irán y Estados Unidos han acabado 2021 sin haber sido capaces de reactivar el acuerdo que puso coto al programa nuclear iraní. Las posturas de ambos están tan distantes que ni siquiera se sientan a la misma mesa en Viena (Austria), donde se celebran las conversaciones con la mediación de la UE y los otros países firmantes del pacto abandonado por la Administración de Donald Trump hace tres años. Numerosos analistas alertan de que no hay alternativa a la vía diplomática porque recurrir a la acción militar sería un desastre para ambos. El problema es que el tiempo apremia.

Al poco de iniciarse la octava ronda el pasado lunes, el ministro iraní de Exteriores, Hossein Amirabdollahian, dio a entender que se estaba avanzando. “Las conversaciones de Viena van en la buena dirección”, declaró a los periodistas antes de manifestar que el acuerdo dependía de la “buena fe” de la otra parte. Sin embargo, el negociador estadounidense, Rob Malley, ha asegurado que apenas quedan “unas semanas” para avivar el acuerdo si Irán continúa con su actual ritmo de actividades nucleares.

No está claro si el tono positivo de Amirabdollahian busca evitar que se responsabilice a Irán de una eventual ruptura del diálogo, o intenta enviar una señal de mayor flexibilidad ante la impaciencia de estadounidenses y europeos. Para estos, el desarrollo del programa iraní amenaza con dejar sin sentido el Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC), el nombre oficial del pacto, que Joe Biden ha tratado de recuperar desde que llegó a la Casa Blanca en enero de 2021.

El progreso logrado en la primera mitad del año pasado quedó interrumpido con la elección del ultraconservador Ebrahim Raisí como presidente de Irán. La formación de un nuevo equipo negociador retrasó la vuelta a Viena hasta finales de noviembre. Desde entonces, los avances han sido imperceptibles, algo que tanto los funcionarios estadounidenses como europeos atribuyen a que el nuevo Gobierno ha rechazado los compromisos alcanzados por su predecesor, Hasan Rohaní.

La periodista iranoestadounidense Negar Mortazavi, autora de un podcast titulado Irán, admite que los nuevos gobernantes iraníes tienen “una postura más dura hacia Occidente, especialmente Estados Unidos, y también respecto a las negociaciones nucleares”. Para los conservadores, la decisión de Trump confirmó su recelo hacia cualquier compromiso con aquel país. Aun así, defiende que “quieren un acuerdo, y prefieren el PIAC [a otra alternativa], porque traerá alivio de las sanciones, la economía iraní está bajo mucha presión y para mejorarla, no hay otra forma”.

El problema es que las posiciones de partida de unos y otros son muy distantes. Teherán insiste en que se levanten todas las sanciones antes de frenar su actividad nuclear y quiere garantías de que un futuro presidente de EE UU no volverá a renegar del pacto. Mientras, Washington, bajo su exigencia de “cumplimiento por cumplimiento”, lo que quiere, según explica a EL PAÍS el analista político Ali Ahmadi, es que “Irán dé marcha atrás a los avances tecnológicos que ha hecho” desde que Trump se retiró del PIAC e impuso durísimas sanciones a Irán.

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La República Islámica respondió a esa política de “máxima presión” acelerando de forma significativa su programa atómico. Su calculado goteo de violaciones ha esquivado hasta ahora la denuncia del resto de los firmantes del PIAC (China, Rusia, Reino Unido, Francia, Alemania y la UE) ante el Consejo de Seguridad de la ONU, pero ha ido vaciando de contenido el acuerdo.

Según los últimos informes del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) —encargado de supervisar el cumplimiento técnico del acuerdo—, Teherán regresó a la mesa de negociaciones el pasado noviembre con 11 veces más de uranio enriquecido de lo permitido. Además, buena parte de ese combustible alcanza hasta el 60% de pureza, un grado muy por encima del 3,67% que le autorizaba el pacto y más cerca del 90% que se requiere para un eventual uso militar. El plazo para que Irán disponga de suficiente uranio enriquecido para una bomba atómica se ha reducido de un año a uno o dos meses.

De ahí el temor de los expertos a que la crisis nuclear que el PIAC trataba de evitar se haga realidad a principios de 2022. Algo distinto es la capacidad o la voluntad de convertir ese material en un arma. El director general del OIEA, Rafael Mariano Grossi, ha declarado que no tiene “ninguna información de que Irán cuente con un programa de armas nucleares o alguna actividad que lleve a un programa de armas nucleares”. Los dirigentes iraníes siempre han negado que sus ambiciones nucleares, que preceden a la fundación de la República Islámica en 1979, tuvieran objetivo militar.

Mortazavi reconoce que “la brecha es grande”, pero estima que “ambas partes son serias sobre querer la diplomacia y alcanzar un acuerdo”. En su opinión, la diferencia estriba en que Estados Unidos abandonó el acuerdo por completo, mientras que Irán “tardó un año en responder” y “no se ha salido del todo”. De ahí que considere que, si bien el pacto firmado en 2015 se mantiene “con respiración asistida”, todavía no está muerto.

La periodista insiste en la necesidad de que ambos hagan concesiones. Pero la desconfianza recíproca dificulta el primer paso. Tampoco ayuda la imagen distorsionada que cada uno tiene del otro. Estados Unidos sigue esperando que la presión económica fuerce la determinación de Teherán, mientras que los dirigentes iraníes han interpretado la retirada norteamericana de Afganistán como una prueba de que Washington no tiene estómago para una nueva guerra en Oriente Próximo. Ese empecinamiento en imponerse al otro bloquea cualquier salida.

Para Ahmadi, lo que hace que, a pesar de todo, Irán y EE UU “sigan negociando es que no hay una alternativa real al PIAC para ninguna de las partes”. Mortazavi coincide. “La alternativa a una solución diplomática será más costosa y peligrosa, ya que probablemente incluirá una escalada militar dañina tanto para Irán como para Estados Unidos, y otros países de Oriente Próximo”, asegura.

Según Ahmadi, Estados Unidos “hace mucho que sabe que los ataques militares solo retrasarán el programa y, al mismo tiempo, probablemente convenzan a Irán de que necesita una disuasión nuclear y que la política de máxima presión ha fracasado”. Por otra parte, Irán necesita que se levanten las sanciones para reavivar su economía. “Incluso sus lazos con China dependen de que las empresas chinas sepan que no van a ser sancionadas”, afirma el analista.

De ahí que una de las medidas que se han puesto sobre la mesa para acercar posiciones sea un entendimiento para que Irán congele su actividad nuclear a los niveles actuales a cambio de algunos beneficios económicos. Pero sea cual sea el resultado de las negociaciones, la investigación y el desarrollo que Teherán ha obtenido durante los dos últimos años es irreversible.

Detenciones controvertidas

Coincidiendo con el inicio de la octava ronda de las negociaciones nucleares, la familia de Benjamin Brière, un francés encarcelado en Irán, anunció el pasado lunes que este había iniciado una huelga de hambre para protestar contra sus condiciones de detención. Brière, de 36 años, fue arrestado en un parque natural del norte del país en mayo de 2020 y acusado de espionaje y propaganda contra el régimen iraní por “fotografiar zonas prohibidas”, algo que su familia rechaza.

Al menos una docena de ciudadanos con pasaportes occidentales, la mayoría binacionales, se encuentran detenidos en Irán. Varios grupos internacionales de derechos humanos consideran que se trata de una forma de presión para obtener concesiones. Al hilo de la huelga de hambre de Brière, algunos activistas recuerdan que todos los países democráticos que negocian con Teherán en Viena tienen algún ciudadano en esa situación. Tal es el caso de Nazanin Zaghari-Ratcliffe, Anush Ashuri y Morad Tahbaz (irano-británicos); Nahid Taghavi y Jamshid Sharmahd (irano-alemanes), y los irano-franceses Fariba Adelkhah y Nazak Afshar. Incuso el país anfitrión de las conversaciones, Austria, cuenta con los casos de Kamran Ghaderi y Massud Mossaheb. Pero Irán no reconoce segundas nacionalidades. 

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