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Ucrania solo es un frente más de la misión histórica que se ha impuesto Vladímir Vladímirovich Putin. La batalla más dolorosa, la que está segando numerosas vidas humanas, pero no la única que tiene en mente. Cuando el presidente ruso ordenó la invasión el fatídico 24 de febrero, advirtió de que su objetivo era proteger lo que se conoce como el Russki Mir (el Mundo Ruso), un concepto ambiguo que va más allá de las fronteras de la Federación de Rusia y supondrá un eterno casus belli en el espacio que va de Bielorrusia a Asia Central, desde los países bálticos al Cáucaso sur.

“No han cesado hasta hace poco los intentos de utilizarnos en su propio interés; de destruir nuestros valores tradicionales e imponernos sus pseudovalores. Estos podrían corroer por dentro a nuestro pueblo. Unas actitudes que ya están implantando agresivamente en sus países y que conducen a la degradación y la degeneración porque contradicen la mismísima naturaleza del hombre”, dijo Putin en su discurso a la nación mientras comenzaban a caer las primeras bombas sobre la hermana Ucrania, un trocito de lo que antiguamente se conocía como “La sexta parte de la Tierra”, es decir, el imperio ruso en su máximo esplendor.

La mayoría de la gente no esperaba una guerra. Se decía que sería muy malo para Rusia y el presidente siempre ha sido una persona calculadora. “Pero la visión de Putin de la situación política actual no se basa en el realismo y en un racionalismo seco”, explica Intigam Mamédov, vicedecano de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Estatal Lomonósov de Moscú.

“Estas acciones son la implementación por V. V. Putin de su misión histórica personal. La meta personal de Putin es unir a los pueblos de Rusia, Ucrania y Bielorrusia para contrarrestar la amenaza de que desaparezcan la lengua y la cultura rusas”, afirma Mamédov en un intercambio de correos. “Putin siente que la misión histórica de Rusia es convertirse en un actor importante de la resistencia global frente a un orden internacional injusto; un sujeto capaz de contrarrestar los dictados del neoliberalismo y la globalización estadounidense”, agrega.

El Kremlin tiene una visión hegeliana de la historia. Su reforma constitucional de 2020 incluyó un artículo donde se asegura que la Federación de Rusia, “unida por una historia milenaria, y preservando la memoria de sus antepasados, que nos traspasaron los ideales y la creencia en Dios, y en continuidad con el desarrollo del Estado ruso, reconoce la unidad del Estado que fue establecido históricamente”. Además, la nueva Constitución remarca que la familia la compone exclusivamente un hombre y una mujer, a diferencia de la “degeneración” occidental y sus corrientes liberales. Cuando comenzaron las protestas de Maidan por el rechazo del entonces presidente Víktor Yanukovich a firmar su acuerdo comercial con la Unión Europea, uno de los argumentos esgrimidos en contra de este pacto era que algún día gobernarían Kiev los homosexuales.

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El verano de 2021, Putin, amante de la historia, pero no historiador profesional, publicó un ensayo “sobre la histórica unidad de los rusos y ucranios”, donde afirmaba que son “un solo pueblo, un único todo”, y acusaba a Occidente de “buscar socavar nuestra unidad, la conocida fórmula de ‘divide y vencerás”. Aunque el mandatario reconocía que hubo “muchos siglos de fragmentación y diferentes Estados”, acusó a Polonia y otros países de intentar fomentar el nacionalismo, y a los soviéticos de “experimentar con las fronteras”.

Según la tesis de Putin, “las fronteras no se percibían como estatales durante la URSS, pero de pronto, en 1991, las personas que vivían allí se encontraron en el extranjero”. El mandatario defiende, por tanto, que el Mundo Ruso debería recuperar los territorios previos al tratado de 1922 que dio lugar a la Unión Soviética. “En otras palabras, vete con lo que viniste”, fue su mensaje a las antiguas repúblicas.

El rearme contra Ucrania no comenzó en noviembre del año pasado, aquello fue el segundo acto. El primer gran despliegue tuvo lugar en la primavera, cuando algunos expertos creen que Putin tiró la toalla con el Gobierno de Volodímir Zelenski al ver que cerraba los canales prorrusos del político opositor Víktor Medvedchuk, de cuya hija es padrino el jefe del Kremlin, e intentaba juzgarle por financiar a los separatistas, apoyados militarmente por Rusia desde que comenzaron la guerra en 2014. Otro gran agravio fueron las nuevas leyes como obligar a que los medios en ruso, que ha dejado de ser oficial, tuvieran tirada en ucranio.

El pasado 9 de febrero, en las negociaciones previas a la guerra, Putin se reunió con Emmanuel Macron en Moscú, y según varias fuentes de Reuters, el líder ruso “le dio cinco horas de revisionismo histórico”. “Su pasión influye en su visión de las relaciones internacionales modernas, en su opinión sobre la justicia del orden mundial actual y el equilibrio de poder”, afirma Intigam. “Es difícil para una persona tan familiarizada con la historia no extrapolar el pasado para analizar el presente o predecir el futuro”, añade el experto.

Los frentes de Putin

“El objetivo de Putin no es revivir el proyecto soviético, los objetivos actuales se limitan más bien a las relaciones de Rusia con Ucrania y Occidente”, afirma Intigam. Su opinión la comparte Dmitri Trenin, director del Centro Carnegie de Moscú. El analista, antiguo coronel de la inteligencia rusa, subraya en un reciente ensayo que “no tiene fundamento” pensar que Rusia busque restaurar la URSS. “De hecho, lo que quiere es establecerse como principal potencia a lo largo de sus nuevas fronteras”, añade.

“La seguridad es su principal preocupación, pero no la única. La orientación hacia Occidente de Kiev implica que parte del núcleo histórico del Estado ruso se perdería para siempre. No todo el mundo en Moscú puede aceptarlo”, advertía Trenin.

Ucrania es solo una pieza del puzle. Bielorrusia es otra, y allí el régimen de Aleksandr Lukashenko realizará un referéndum constitucional este domingo que acercará aún más su integración en Rusia. Después de que el Kremlin le rescatase de las protestas por el fraude electoral de 2020, ambos mandatarios han negociado en secreto los protocolos del Estado de la Unión, una entidad supranacional firmada en 1999 para impulsar su unidad. A diferencia de Ucrania, su adhesión de facto se realiza sin recurrir a los tanques, solo a la policía, y podría permitir desplegar armas nucleares en aquel territorio.

Otras dos regiones que Putin considera su zona de influencia son el Cáucaso sur y Asia central. “Rusia logró limitar los daños en Nagorno Karabaj en 2020″, afirma Trenin del conflicto donde “la vieja y nueva rival” Turquía logró más influencia a través de su aliada Azerbaiyán.

El conflicto con Ankara también se traslada a Asia Central, donde el Kremlin ha acusado a sus autoridades de ceder ante Recep Tayyip Erdogan y promover el panturquismo en discriminación de la población rusoparlante. Para evitar perder su presencia en la región, el pasado enero Putin movilizó por primera vez a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO) con el fin de salvar al régimen de Kasim-Yomart Tokáyev.

“Ha usado la fuerza para detener a la OTAN en Ucrania; ha empleado medios políticos y económicos para promover la integración bielorrusa; ha ejercido la diplomacia en el Cáucaso sur y ha organizado una misión multilateral para estabilizar Kazajistán. Moscú ha logrado de lejos proteger su seguridad y sus intereses con relativamente pocos medios”, resumía Tremin, aunque “la tarea de ser una gran potencia, no un imperio, tomará un gran esfuerzo durante mucho tiempo”.

Desde think tanks más próximos al Kremlin, la opinión es que EE UU y Europa han intentado entrar donde no debían. “Con sus acciones, Occidente empujó a Rusia a hacer lo que mejor sabe hacer: luchar. Y esto es solo el principio”, asegura a este periódico Aleksandr Borisov, profesor del Instituto Internacional de Relaciones Exteriores de Moscú.

Extender las sanciones al presidente ya es una completa locura y quemar todos los puentes para el diálogo”, afirma Borisov, que opina que las sanciones han pavimentado el camino hasta aquí: “Es la variante japonesa, el ataque a Pearl Harbor del 7 de diciembre de 1941 como respuesta a las sanciones estadounidenses. Muchos rusos comenzaban a considerar las sanciones como un acto bélico, sin aprobación de la ONU, y por tanto se podía responder legítimamente con una declaración de guerra”.

Según el analista, “es extraño que Occidente no tuviera en cuenta esto”. “Si Rusia es arrinconada, hará cualquier cosa, y eso puede significar el fin del mundo si los Poseidón [drones submarinos nucleares] alcanzan las costas de Estados Unidos. Como dijo uno de nuestros poetas, Rusia no se puede entender con la mente”, advierte Borisov.

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despenalización del aborto en Colombia
Hace más de dos años empezó un duro debate, incluidas protestas en las calles, sobre la despenalización del aborto, este lunes la Corte la aprobó.  

Hace más de dos años empezó un duro debate, incluidas protestas en las calles, sobre la despenalización del aborto, este lunes la Corte la aprobó.

Noticias Colombia.

Febrero del 2020 fue un mes clave para la discusión sobre la despenalización del aborto en Colombia, este lunes dos años después, se aprobó por parte de la Corte Constitucional. «¡Es ley!» gritan eufóricas a las afueras de la institución cientos de personas que llegaron para escuchar la decisión.

Para aquel encontes, la discusión era permitirlo luego de las 16 semanas, lo aprobado este lunes es histórico: se permitirá hasta las 24 semanas de gestación.

La Silla Vacía reveló que la votación en la Cortes fue:

  • A favor: magistrados Alberto Rojas, Antonio J. Lizarazo (hiz la ponencia en 2021), José Fdo. Reyes, Diana Fajardo y Julio Andrés Ossa (conjuez)
  • En contra: Cristina Pardo, Jorge E. Ibáñez, Paola Meneses y Gloria Ortiz

Después de las 24 semanas, el aborto se basará en las tres causales que la Corte definió en 2006.

Aborto legal

Cabe recordar que en Colombia el aborto está despenalizado en tres causales y se reconoce como un derecho humano según la Sentencia C-355 de 2006.

aborto
Plantón sobre aborto de siete meses en Popayán.

Más de 45 organizaciones sociales de derechos humanos, de mujeres, feministas y alrededor de 60 activistas, prestadoras y prestadores de servicios de salud, integrantes de la academia y centros de investigación de toda Colombia, se unieron en 2020 para lograr la eliminación del delito de aborto del Código Penal.

Causa Justa buscaba que las mujeres puedan de manera libre e informada tomen decisiones autónomas basadas en su propia conciencia moral.

Quieren que se reconozca como un verdadero derecho fundamental y no un derecho parcial.

Esta victoria del 21 de febrero es prácticamente suya.

En próximas horas deberán conocerse todas las condiciones de la decisión y cómo quedará definido en el sistema de salud del país.





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El socialista António Costa ha ganado las elecciones en Portugal con una mayoría absoluta, que se puede considerar histórica en un país poco dado a dar victorias aplastantes a un solo partido. Es la segunda vez que el socialismo logra superar los 116 escaños, la barrera de la mayoría absoluta en una Cámara de 230. La anterior ocurrió en 2005, bajo el liderazgo de José Sócrates, y nadie del actual equipo de Costa tiene interés en recordarla. Sócrates está pendiente de ser juzgado por varios delitos relacionados con la corrupción durante su mandato. “Una mayoría absoluta no es el poder absoluto, no es gobernar solos, es una responsabilidad para gobernar para todos los portugueses”, proclamó Costa en su discurso en el hotel de Lisboa donde celebraron el triunfo este domingo. “Uno de mis objetivos es reconciliar a los portugueses con la mayoría absoluta y con el hecho de que son buenas para la democracia”, dijo casi al final de su intervención. En ese momento, el Partido Socialista (PS) ya daba por seguros los 117 diputados.

Aunque están pendientes de escrutarse parte de los sufragios procedentes del exterior (más de 1,55 millones de portugueses emigrados pueden participar), con el 99% ya computado, el PS había logrado el 41,6% de los votos frente al 27,8% del Partido Social Demócrata (PSD, conservador). Una diferencia entre ambos de 734.000 apoyos, que ninguna de las encuestas de los últimos días pronosticó. Casi todas daban un empate entre sus líderes y alguna llegó a colocar al candidato del PSD, Rui Rio, por delante del socialista. Lo que ninguna vaticinó fue que el respaldo a Costa sería tan contundente que le permitiría alcanzar la mayoría absoluta que le dará la estabilidad parlamentaria que buscaba. A título personal, el triunfo es un hito que le convertirá en el primer ministro que más tiempo permanezca en el cargo desde la Revolución de los Claveles. Superará así al conservador Aníbal Cavaco Silva, que gobernó 10 años, entre 1985 y 1995.

“Se han juntado a los socialistas muchos portugueses de distintas ideas que entienden que en este momento somos el partido que puede garantizar las condiciones de estabilidad”, señaló en un guiño hacia los votantes que ha podido captar tanto en los caladeros de la izquierda, porque les han decepcionado los dos partidos de la geringonça ―los socios parlamentarios minoritarios del PS, Bloco de Esquerda (BE) y Partido Comunista Portugués (PCP)―, como del centro. Ofreció diálogo a todos los grupos parlamentarios, pero también avisó de que gobernará con fidelidad al programa socialista y a las medidas que figuraban en el proyecto de Presupuestos de 2022, tumbados en la Asamblea por sus aliados, BE y PCP.

La tercera legislatura de Costa, que ha ido creciendo en cada cita en las urnas (como ya le ocurrió en los tres mandatos que se presentó a la Cámara Municipal de Lisboa), será mucho más cómoda que las dos anteriores, aunque enfrente tendrá una Cámara más hostil, con dos formaciones de derechas en ascenso más beligerantes que el PSD, el ultraderechista Chega y la Iniciativa Liberal. Ambas fuerzas han crecido a costa de las fugas del PSD, que ha perdido ocho escaños (de 79 a 71), y de la extinción del Centro Democrático Social (CDS), una formación de largo historial en Portugal y experiencia de gobernación. Por vez primera en 47 años de democracia se quedó fuera del Parlamento, lo que llevó a su líder, Francisco Rodrigues dos Santos, a dimitir y reprochar el escaso apoyo interno: “Nunca tuve tregua de mis opositores”.

El candidato del PSD, Rui Rio, tras el discurso donde reconoció su derrota, en Lisboa.
El candidato del PSD, Rui Rio, tras el discurso donde reconoció su derrota, en Lisboa. STRINGER (REUTERS)

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También el presidente del PSD, Rui Rio, abrió la puerta a su salida aunque sin ser muy explícito: “Si se confirma que el PS tiene mayoría absoluta y, por lo tanto, un horizonte de gobierno para cuatro años, no veo cómo puedo ser útil en este marco, pero el partido decidirá”. Rio reconoció al Partido Socialista como el gran vencedor al movilizar el voto útil de la izquierda. “En la derecha no hubo la misma unión, se dispersó. Y nosotros no alcanzamos, ni de lejos ni de cerca, los objetivos que queríamos”, sostuvo.

Las dos fuerzas tradicionales de la derecha, PSD y CDS, pierden peso empujadas por dos partidos nuevos, que entraron por vez primera a la Asamblea en 2019 con un solo escaño y un discurso más radical. El Chega logró convertirse en la tercera fuerza, con el 7,15% de los votos, que le dieron 12 parlamentarios. El salto le permitió desbancar al Bloco de Esquerda, que era uno de los principales objetivos de su líder, André Ventura. Del otro, sobrepasar el listón del 10%, se quedó lejos. En una noche de euforia, Ventura criticó al PSD, su partido hasta 2018, y avisó a los socialistas: “La derecha no ha sabido estar a la altura de sus responsabilidades. Pasó todo el tiempo diciendo que no haría acuerdos con el Chega y el resultado está ahí. ¡António Costa, ahora voy a por ti!”. La consolidación de Ventura acaba con la excepcionalidad portuguesa en Europa, ya que ha sido uno de los últimos países en asistir al crecimiento de un partido de extrema derecha.

Iniciativa Liberal, que ha pasado de uno a ocho diputados, se convierte en la cuarta fuerza y da un gran espaldarazo a su líder, João Cotrim de Figueiredo, que defiende un liberalismo a ultranza en la economía (propone eliminar la progresividad fiscal en favor de una tasa única del 15%, entre otras medidas). La diferencia con Chega reside más en la posición ante nuevas reivindicaciones sociales, como la eutanasia o la gestación de vientres de alquiler, que los ultras rechazan.

Los votantes han castigado duramente a los socios minoritarios del Partido Socialista que habían formado en 2015 la geringonça, el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista Portugués. Ambas formaciones votaron en contra del Presupuesto de 2022 por discrepancias con el PS en materias como la subida del salario mínimo o el refuerzo del Sistema Nacional de Salud, y parecen haber sido responsabilizados por los electores. El Bloco, que se mantenía como tercera fuerza desde 2015, con 19 diputados, ha sufrido un varapalo mayúsculo y solo ha logrado retener cinco escaños, su peor resultado desde 2002. Tras una sangría de 252.000 votos, pasa a ser la sexta fuerza, por detrás de la coalición formada por comunistas y Los Verdes (CDU), que pierde la mitad de los representantes (de 12 a 6), aunque su fuga de votos es más contenida que la del Bloco. Al retroceso comunista también ha podido contribuir que su candidato, Jerónimo de Sousa, se tuvo que retirar de la campaña para someterse a una intervención de urgencia y solo se reincorporó en los últimos días.

Lo cierto es que a los comunistas les ha ido mal en las urnas cuando han apoyado a los socialistas, como en la primera legislatura de la geringonça, y cuando los han dejado en la estacada, como ahora. El electorado del Bloco, sin embargo, se ha comportado de forma distinta. En 2019 le concedió el mismo apoyo que en 2015, cuando sumaron fuerzas al Partido Socialista y al Partido Comunista Portugués para presentar una moción de censura contra Pedro Passos Coelho (PSD), que había ganado las elecciones con un margen estrecho. Esa primera legislatura, Costa contó con la complicidad permanente de sus socios para dar estabilidad institucional y presupuestaria al país.

El entendimiento se torció a partir de la segunda legislatura, en 2019, hasta llegar a la ruptura final del pasado noviembre, cuando el Gobierno no pudo aprobar los Presupuestos. La incertidumbre política decidió al presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, a disolver la Cámara y convocar elecciones anticipadas. A partir del martes, Rebelo de Sousa comenzará a recibir a los líderes políticos en el palacio de Belém antes de encargar la formación de Gobierno.

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