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Todo el armamento posible para Ucrania y sanciones “sin tabúes” contra Rusia. Ante la escalada bélica del presidente ruso, Vladímir Putin, y su negativa a poner fin a la invasión, la Unión Europea (UE) y Estados Unidos endurecen el mensaje y las medidas.

Los europeos y los aliados de la OTAN, sin embargo, van con pies de plomo por temor a la réplica de Rusia. Y marcando un límite de su ayuda al Gobierno de Kiev: no habrá intervención militar directa, pues podría causar un choque directo entre potencias nucleares.

Moscú da a entender que la línea no está tan clara: Putin ha dicho que las sanciones son “algo similar a una declaración de guerra”, y su viceministro de Exteriores, Serguéi Ryabkov, ha designado el suministro de armamento occidental como un “objetivo legítimo”, según varias agencias de noticias rusas.

”Vamos a seguir suministrando armas, todas las que podamos”, declaró en Antalya (Turquía) este sábado a EL PAÍS Josep Borrell, alto representante de la Unión Europea (UE) para la política exterior y de seguridad común. Y añadió: “Vamos a seguir presionando a Rusia. Ayer [por el viernes] se adoptó otro paquete de sanciones. Y se va a continuar haciendo las cosas que se pueden hacer: armar a Ucrania y sancionar a Rusia”.

Cualquier esperanza de que Putin aceptase en lo inmediato un alto el fuego o rectificase se disipó durante la llamada “franca y dificil”, según el Elíseo, que el mismo día mantuvo el presidente ruso con su homólogo francés, Emmanuel Macron, y con el canciller alemán, Olaf Scholz.

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”¿Hemos deducido una voluntad del señor Putin de cesar la guerra? La respuesta es no”, resumió tras la conversación, de hora y media, una fuente del palacio del Elíseo que pidió el anonimato. “La consecuencia es”, añadió la fuente, “que vamos a encarecer el coste de la guerra para él y adoptaremos nuevas medidas de sanciones”.

La UE, en una cumbre el jueves y el viernes en Versalles para prepararse para una nueva época bajo la amenaza rusa, aprobó más sanciones en coordinación con EE UU y el G-7, y Macron declaró que “no hay límites, no hay tabúes” respecto a las nuevas medidas punitivas que los europeos y los socios occidentales impondrán a Rusia si Putin mantiene la agresión. Al mismo tiempo, Borrell anunció en Versalles que se doblará hasta 1.000 millones de euros la contribución a Ucrania en forma de material militar y armamento.

La ayuda europea complementa la de Estados Unidos. La Casa Blanca anunció el sábado un envío de armas para la defensa de Ucrania valorado en 200 millones de dólares, algo más de 183 millones de euros. El paquete incluye misiles antitanque Javelin y misiles antiaéreos Stinger, y se suma al envío de armamento por valor de 350 millones de dólares que la Administración de Biden aprobó el mes pasado. Washington gastó en el último año 1.200 millones en armar al ejército ucranio.

Según The New Tork Times, los misiles pertenecen a los arsenales militares que Estados Unidos tiene en Europa. Primero se mandan por aire a países con frontera con Ucrania, como Polonia o Rumania, desde donde viajarán a su destino final por carretera. En estos envíos de armas, Washington ha operado en sintonía con la OTAN desde que comenzó la guerra, hace ya tres semanas.

Los analistas geoestratégicos consideran que el refuerzo de los arsenales ucranios por parte de los aliados está siendo crucial para ralentizar la invasión rusa, que se preveía relámpago y que desde hace días parece congelada a las puertas de Kiev, la capital. “Sin esta ayuda militar en armas, Ucrania difícilmente podría haber seguido resistiendo”, corroboró Borrell.

La esperanza occidental es que la combinación de sanciones masivas a Rusia y de ayuda armamentística a Ucrania eleve hasta niveles insoportables para Putin los costes de la invasión. Y le lleven a reconsiderar su posición y aceptar un alto el fuego y una negociación con Kiev

“Queremos dejarle claro que [Putin] puede elegir, y debe hacer la elección correcta”, dijo la citada fuente francesa. “La buena elección es la de la diplomacia y la diplomacia no se hace con una pistola en la sien”.

Durante la llamada con Macron y Scholz, Putin acusó a Kiev de “violaciones del derecho humanitario internacional”, según un comunicado del Kremlin. El Elíseo calificó de “mentira” esta acusación.

Macron es, junto a Scholz, uno de los pocos líderes occidentales con acceso a Putin. Hasta ahora, los esfuerzos han resultado infructuosos. Pero París considera que el diálogo deja una puerta abierta a la diplomacia si Putin reconsidera su posición, y en todo caso permite evaluar directamente sus palabras y promesas.

“El objetivo del presidente de la República, de acuerdo con los socios europeos e internacionales, es recurrir a todos los instrumentos de la diplomacia para evitar lo peor”, dijo la fuente del Elíseo. “Dentro de lo peor, también está el recurso a armas ilícitas, y escenarios como la destrucción de ciudades y violencias contra civiles”.

La doctrina occidental se resume en el apoyo total a Ucrania, pero sin participar con militares propios en la guerra. De ahí el rechazo, por parte de la OTAN, a establecer la zona de exclusión aérea que pide el presidente ucranio, Volodímir Zelenski: mantenerla pondría a los aviones aliados en la situación de tener que derribar aviones rusos que la violaran.

El temor es la confrontación directa entre países dotados de la bomba atómica, una situación inédita entre potencias mundiales y de consecuencias imprevisibles. La compleja aplicación de esta doctrina explica el embrollo diplomático-militar, esta semana, entre EE UU y Polonia, un aliado fronterizo con Ucrania y con el enclave ruso de Kaliningrado.

Polonia ofreció ceder su treintena de cazas de fabricación soviética para que los pilotos ucranios, que están familiarizados con su uso, los emplearan contra Rusia. El plan, que preveía enviar los aviones desde una base estadounidense en Alemania, se dio de bruces con la oposición del Pentágono, que consideró que el gesto podría acarrear una escalada indeseada del conflicto.

Que en Moscú un viceministro de Exteriores haya designado los suministros de armamento como “objetivo legítimo” no cambia los cálculos de Francia y Europa, según el Elíseo. En un encuentro con la prensa, fuentes del Pentágono explicaron que Rusia no había atacado aún esos envíos previos, ocupado como estaba su Ejército en otros frentes de la guerra.

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“Por favor, no entren en Ucrania, den la vuelta, es muy peligroso”. Las primeras palabras que los periodistas de EL PAÍS escuchan en el puesto fronterizo de Shehyni, en Ucrania, es esta advertencia de un joven africano. Su rostro, demacrado, muestra la extenuación de haber estado tres días recorriendo kilómetros a pie y durmiendo al raso para cruzar a Polonia. Soldados armados con rifles AK-47 y voluntarios con bates de béisbol vigilaban este lunes la cola de miles de ciudadanos que ni son ucranios ni europeos, pero que, como el resto, quieren dejar atrás la guerra. Hacinados, improvisando hogueras con plásticos y papeles para calentarse por unos minutos, aguardan para huir de un conflicto que no vieron venir.

Naciones Unidas ha afirmado este martes que la invasión rusa de Ucrania ya ha forzado el desplazamiento de 660.000 personas a países vecinos, con la principal presión de los huidos sobre Polonia. Para llegar a Sheyni hay una cola de más de 30 kilómetros formada por turismos, furgonetas y autobuses. Conducen padres de familia o voluntarios que llevan a las mujeres y niños ucranios a las puertas de la Unión Europea. Esperan una media de tres días para alcanzar Polonia. La mayoría de estos puede dormir dentro de los vehículos; en cambio, los miles de africanos y asiáticos lo hacen a la intemperie, bajo la nieve y a temperaturas de varios grados bajo cero. En la estación de tren de Lviv, de la que sin horario regular salen algunos convoyes hacia la frontera polaca, la prioridad es que embarquen las mujeres y niños ucranios.

En el puesto fronterizo de Sheyni se marca una división: en una fila, sobre todo hay hombres subsaharianos, magrebíes y asiáticos —también hay mujeres, aunque en menor medida—; en la otra fila, menos concurrida, se encuentran mujeres ucranias con sus hijos menores de edad a punto de superar los últimos metros antes de llegar a Polonia. Los varones ucranios de entre 18 y 60 años han sido movilizados y no pueden abandonar el país. Pasada la frontera empezará otra epopeya, la de conseguir algún hogar en la UE para aguardar al final de la ofensiva rusa contra Ucrania.

Colas de vehículos y personas que huyen de la ofensiva rusa, en el paso fronterizo de Shehyni, en Ucrania.
Colas de vehículos y personas que huyen de la ofensiva rusa, en el paso fronterizo de Shehyni, en Ucrania.Jaime Villanueva

Hay cuatro kilómetros de carretera entre el punto fronterizo de Sheyni y el control militar que supervisa a los miles de vehículos que se acercan. Las autoridades permiten el acceso del transporte rodado a cuentagotas para descargar a sus pasajeros en la aduana. Muchos tienen que superar esta distancia —o incluso 10 kilómetros más, donde se ubica la estación de ferrocarril más cercana— andando y cargados con sus pertenencias. En este recorrido hay ciudadanos locales que ofrecen socorro a ucranios y a extranjeros. La escuela del pueblo de Sheyni se ha reconvertido en albergue para mujeres. En la puerta aguarda este lunes con dos amigas Cassandra, una estudiante de Ghana de 23 años. Ucrania es un consolidado destino universitario para ciudadanos de países en desarrollo. Cassandra y sus amigas transportan maletas y dos jaulas con sendos gatos que adoptaron hace tres años, cuando se instalaron en Ucrania. Quieren llegar a Francia y, pese al engorro de cargar a los animales, prometen que no los abandonarán.

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En una gasolinera, el encargado del establecimiento obsequia con té a un grupo de indios y a una familia vietnamita, y les permite que duerman unas horas tumbados entre pasillos con las estanterías de productos vacías. En la capilla de San Juan Bautista, en Sheyni, algunos católicos aprovechan para orar en completo silencio, unos minutos de paz y recogimiento. Tres feligresas ofrecen té o alimentos calientes y el sacerdote distribuye dos finas mantas por persona a quien lo requiera.

La mayoría de los vehículos que descargan a ucranios en Sheyni vuelven hacia la ciudad de Lviv, a 70 kilómetros, trasladando a los compatriotas que regresan de la UE para alistarse en el Ejército o para ayudar en la resistencia contra Rusia. Otros vehículos también transportan ayuda humanitaria que llega por la frontera: es el caso de Fernando, un madrileño casado con una ucrania que ha transportado material médico financiado por ucranios en España. Fernando —no quiere revelar su apellido— admite que en cuando pueda, dejará Ucrania con su esposa, aunque quizá para regresar en los próximos días con más productos de primera necesidad.

Los 70 kilómetros a Lviv se recorren en coche en dos horas. Una vez en los accesos a la ciudad, los controles militares convierten el ingreso a la capital de la Ucrania occidental en otro atasco perpetuo. En un autobús de línea que conecta las afueras de la ciudad con la estación de tren, el marroquí Mouad Kanti cuenta su historia: hace cuatro años que estudia Medicina en la Universidad Alfred Nobel de Dnipró, uno de los enclaves más violentos de la guerra. Kanti salió de Dnipró al segundo día de la invasión rusa en un tren que le llevó a Lviv, a 1.000 kilómetros hacia el oeste. Intentó abandonar Ucrania por Sheyni, pero tras 48 horas desistió porque la experiencia era demasiado dura. Optó por regresar a Lviv y probar suerte por la frontera eslovaca, donde, según le comunicó el decano de su facultad, hay menos aglomeraciones.

Un anciano en el autobús habla airadamente señalando a Kanti y a este periodista. “No le gustan los extranjeros”, dice en voz baja el joven marroquí, aunque añade acto seguido que su experiencia durante estos años había sido muy positiva. Dos ucranios que han llegado de Sheyni intervienen para acallar al hombre. Cargados con mochilas y esterillas, se apean del autobús frente a la estación de tren de Lviv, dispuestos a alistarse en el frente contra los rusos.

La noche ya cae en la antigua capital de la región histórica de Galitzia, antaño austrohúngara, polaca y ucrania. Una hora más tarde sonarán las primeras sirenas antiaéreas de la noche que advierten de un posible ataque ruso. Las calles de Lviv se vacían en cuestión de minutos, con sus habitantes apresurándose para cobijarse en los refugios antiaéreos habilitados sobre todo en los sótanos de sus edificios. Mientras, en la estación de tren continúa el trasiego de las masas de ucranios que llegan de zonas de conflicto y de voluntarios que se disponen a partir para defender a su patria.

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24Horas.cl Tvn

01.05.2021

El ministerio de Salud entregó un nuevo balance de contagio de cifras diarias sobre los contagios del COVID-19 en el país.  De acuerdo a lo informado, durante las últimas 24 horas, se reportaron 6.469 nuevos casos positivos y 104 fallecidos por el virus pandémico.

En dicha instancia, además del ministro de Salud, Enrique Paris, y la subsecretaria de Salud, Paula Daza, participó el Presidente Sebastián Piñera quien entregó novedades sobre la campaña de vacunación masiva en la población para las próximas dos semanas.

«Esta semana cerramos un nuevo acuerdo, para adquirir 3 millones de dosis adicionales de sinovac. Este nuevo contrato significa que hemos logrado un acuerdo por 40 millones de dosis. Esto nos permite asegurar la vacunación de toda la población objetiva. Ya empezamos la vacunación de las embarazadas con todos los protocolos. Esto nos permite acelerar el programa para llegar de forma anticipada a las generaciones mas jóvenes«, detalló el Mandatario.

 

«Esta semana (del 3 al 7 de mayo)al podrán vacunarse toda las personas de 44, 43, 42, 41 y 40 años. Luego (a partir del 10 de mayo) todas las personas de 39 hasta los 35. Además de las personas rezagadas»; agregó.

Estas medidas, permitirán que para las elecciones del próximo 15 y 16 de mayo, de candidatos a constituyentes, gobernadores regionales, alcaldes y concejales, se hayan vacunado 9 millones de personas al menos con una dosis y 7 millones con el tratamiento completo.

 

«Estamos trabajando sin descanso para que estas elecciones sean participativas y seguras. Es decir que participe la mayor cantidad de ciudadanos posibles y que protejamos su salud y sus vidas. Por eso hoy queremos ratificar un compromiso que adquirimos el día que propusimos las elecciones y es llegar con 7 millones de personas vacunadas con sus dos dosis«, aseguró Piñera.

Hasta este viernes, de acuerdo al ministro Paris, en el país ya se han administrado 14.777.093 vacunas contra el COVID-19, donde 8.133.995 personas han sido inoculadas con la primera dosis y 6.733.872 que ya han completado sus dos dosis.



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