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Tulueños y gremios de periodistas continuan exigiendo resultados frente al esclarecimiento de los autores intelectuales del vil asesinato que conmocionó a la Villa de Céspedes. 

Unidades de la Seccional de Investigación Criminal, Sijín, en una actividad operativa de allanamiento y registro adelantada el pasado 7 de diciembre en el barrio de Bello Horizonte de Tuluá, procedieron con la aprehensión de un menor de 15 años, como presunto autor material del asesinato del reconocido periodista Marcos Efraín Montalvo Escobar.   

Al adolescente aprehendido por el delito de fabricación, tráfico porte o tenencia de armas de fuego, accesorios, partes o municiones se le incautó dos armas de fuego tipo revólver calibre 38 y 5 cartuchos calibre 38 indumil especial y un celular color negro marca motorola.  

De acuerdo con el reporte de las autoridades, este jovencito es integrante del brazo armado sicarial de la estructura liderada por alias ‘Juaco’, quien actualmente se encuentra privado de la libertad en centro carcelario y desde este lugar dinamiza el monopolio del cartel de la cebolla en el municipio de Tuluá.  

Marcos Efraín Montalvo Escobar (izq) periodista asesinado en Tuluá el 19 de septiembre de 2021.

Asimismo, se conoció que alias ‘Juaco’ hace parte de la estructura de alias ‘Pipe’, y es hermano de alias ‘Brian’, quien también se encuentra detenido en la cárcel San Isidro de Popayán, sujeto que pertenece a la estructura criminal La Inmaculada de este municipio del centro del Valle.  

Cabe señalar que el menor de edad aprehendido aceptó los cargos imputados por el homicidio perpetrado el pasado 19 de septiembre del 2021, sobre las 7:23 de la noche, al interior de la ‘Tienda Nelly’, en el barrio La Esperanza de esta localidad, por lo cual el Juez Segundo Penal Municipal de Tuluá, con funciones de Control de Garantías le otorga medida privativa de internamiento. 

Este medio conoció que la investigación avanza y en los próximos días se procedería con nuevas capturas que lleven a esclarecer los móviles y autores intelectuales que están detrás de este infame crimen que conmocionó al corazón del Valle y generó el repudio de organizaciones nacionales e internacionales, exponiendo ante los ojos del mundo la grave situación que afronta la prensa en Tuluá.     

Hoy se cumple un mes del infame asesinato del periodista tulueño Marcos Efraín Montalvo Escobar, un hombre que vivió y murió por el periodismo.

Por Mauricio Altamirano Montalvo.

Quienes conocen de periodismo saben a qué se refiere quienes lo llaman el sagrado oficio, e ineludiblemente hay que mencionar a los periodistas, pero no a la montonera de “boletineros” ni atenidos a la información oficial, sino a aquellos que se convierten en guardianes de la memoria, esos que aprenden a escribir no solo para redactar noticias, sino que desarrollan el instinto de cronista, observador y activista para marcar hechos trascendentales en la historia local o universal.

No voy a hacer un recuento de los periodistas de esa clase que ha producido Tuluá, no son tantos realmente, me voy a referir a uno, que emocionalmente me marca no solo por la familiaridad consanguínea, ni por haber sido mi maestro en los tiempos que quería ser como él, sino porque aun ahora y en medio del dolor por su asesinato despierta mi capacidad de asombro desde lo intelectual.

Marcos Efraín Montalvo Escobar, ese quijote de complexión delgada, figura quijotesca como le describiera el ya olvidado cronista cundinamarqués Oscar Vásquez Arias “Ovasqueza”, es sin duda el máximo referente histórico del periodismo tulueño, un nombre que hoy se pone en lo más alto del olimpo periodístico centrovallecaucano, me atrevo a decirlo sin pudor alguno y sin pedir permiso a nadie, pues su leyenda es superior a la de cualquiera que ejerció, ejerciera o ejerce el sagrado oficio.

Montalvo, conocido desde 1991 como “El Comandante”, en alusión a ese estribillo de Carlos Puebla en su canción “Y en eso llego Fidel” que Marcos Efraín hizo suyo en diversos noticieros radiales, se puso desde inicio de los años noventa la camiseta del periodismo social y de denuncia en un maravillado y sorprendido Tuluá que jamás había visto algo así, devolviéndole a toda una ciudad la fe en los medios de comunicación y le enseñó como se hace de manera independiente e imparcial.

Marcos Montalvo entrevistó a los más importantes políticos de su época y seguía tan vigente como los mejores de su oficio.

Polémico, brillante, sagaz, contestatario y con una agudeza mental como pocas, Marcos Montalvo, tan humano y tan errático como cualquiera, hizo honor a la genética proveniente de su ancestro ecuatoriano Juan Montalvo, nombre histórico y laureado en el vecino país, nominando calles, escuelas y facultades universitarias y quiso ser un agresivo reportero en sus inicios a los 17 años en el Diario El País, donde Rodrigo Lloreda Caicedo, eximio líder conservador, lo acogió a pesar de las ideas liberales del muchacho.

Desde 1970 evolucionó hasta convertirse en esa década y en la siguiente en el mejor periodista político de Cali, pasando por todos los tipos, temas y variantes periodísticos, hasta de aquellos en los que no se sentía a sus anchas, demostrando altura y buen oficio, tuvo decenas de compañeros que destacaron como él en el periodismo del suroccidente colombiano, María Inés Pantoja, Sammy Jalil, Henry Holguín, Luis Eduardo Cardozo, Alirio Mora Beltrán, Servio Castillo, Leo Quintero, Godofredo Sánchez entre muchos y que admiraron el estilo irreverente y osado del flaco, como lo llamaban entonces.

Tan ascendente como fue su carrera periodística en Colombia lo es el misterio que rodea su decisión de volver a Tuluá, cuando aun tenía mucho por hacer en los grandes medios radiales y escritos del país, vuelve a la provincia para tomar las riendas de un proyecto personal que consistía en hacer periodismo de verdad en su tierra mientras formaba a la siguiente generación de periodistas tulueños. Ese gesto lo mete en la historia de la Villa de Céspedes y lo convierte al mismo tiempo en protagonista y testigo del crecimiento de la ciudad, desde cargos públicos y privados, caso poco común.

Montalvo acompañando como periodista a Gardeazábal en sus recorridos como alcalde de Tuluá.

Hoy, cuando enseñar a los jóvenes la historia reciente es complicado porque la memoria de las ciudades comienza a perderse dentro de los afanes de una generación que no se interesa ni se asombra por los detalles de su pasado histórico, económico y político, más ahora que, con el exceso de información de esta aldea global, lo de afuera parece más atractivo que lo local, hablar de Marcos Montalvo debe ser un ejercicio obligatorio intelectual.

Es entonces donde de forma natural Marcos se convierte en las últimas dos décadas en guardián de la memoria tulueña, se hace miembro del centro de historia y pone su saber al servicio de quienes aun tratan de que la identidad “orejona” no se pierda en modas pasajeras, estilos musicales superfluos y malos gobiernos municipales. Sin embargo, jamás renunció a ser el curioso y sagaz reportero de 17 años, aún con los 68 años que ya tenía, nunca dejó de hacer las preguntas que a otros incomodaban y le importaba un pepino las iras que causaba en los corruptos que desde el concejo y la alcaldía eran develados por los escritos de ‘El Comandante’ en redes sociales.

Montalvo, quien infundía respeto entre amigos y contradictores, entraba ya en el escenario de los septuagenarios, esas personas que siendo jubiladas o no, toman sus vidas de manera jovial y reposada, donde sus recuerdos y vivencias se transforman en enseñanzas para allegados y familiares, donde su voz de autoridad moral toma fuerza con lo cíclica que es la historia, cuyos devenires no son advertidos por los más jóvenes, sanguíneos o distraídos.

El asesinato de Marcos Efraín en el barrio La Esperanza de Tuluá ese 19 de septiembre a las 7.30 de la noche, del menor de los hermanos varones de don Eduardo y doña Flor de María, conmociona de verdad a una ciudad acostumbrada al asesinato, porque saben que no se trató de un error de identidad, ni de una bala perdida o de una venganza personal, es un mensaje de parte de una generación perversa, irrespetuosa, ignorante y vacía, que tiene por valor ganar dinero sobre la dignidad propia y ajena, la misma actitud de quienes también asesinaron a otros periodistas cuando Montalvo era joven en Cali. Una generación de corruptos que se reproducen como la mala hierba, pero que así mismo son cortados de cuando en cuando…

Gardeazábal afirmó que el asesinato del periodista tulueño «advierte el peligro que se corre por emitir opiniones que generen controversia o le hagan cosquillas a los verdaderos dueños del poder en Tuluá».

Por Robert Posada Rosero

Que fuerte y contundente mensaje han enviado a Tuluá la noche del domingo los violentos. El vil asesinato del periodista Marcos Efraín Montalvo Escobar es un claro mensaje de las estructuras criminales que dominan al corazón del Valle, y que no están dispuestos a ser expuestos ni cuestionados por nadie y mucho menos por una prensa libre.

No basta con salir a decir que Marcos era irreverente o el maestro de maestros del periodismo local, o que enseñó el oficio a tantos que trabajaron a su lado en los diferentes espacios en los que compartieron con él. Hoy tenemos que alzar la voz para exigir JUSTICIA, así esta no llegue, pero nuestro mayor homenaje es exigir de las autoridades claridad sobre los perpetradores y las causas de su crimen.

Marcos era una voz solitaria, pero fuerte e incomoda en una ciudad en donde el periodismo se compra con monedas; no siempre coincidimos y no pocas veces fui blanco de su pluma mordaz, pero siempre respeté su carácter, estilo y capacidad para escribir y decir las cosas con la claridad y sabiduría que dan los años en este trabajo.

Escribo con dolor, rabia e impotencia. Escribo con lágrimas en los ojos al corroborar una vez más que nuestra ciudad perdió toda capacidad de asombro, y que duro es comprobar que esta gente no tiene límites, que son capaces de cualquier cosa, hasta de lo impensable. Sí, lo impensable, porque familiares y colegas coinciden en que es increíble que llegaran a tanto, pero lo hicieron.

¿Quiénes son los verdaderos dueños del poder en Tuluá?

Hace uno días, sostuve, por esas cosas del azar, una amena conversación con un concejal de la coalición de gobierno en la ciudad, a quien le dije que todos éramos responsables por la terrible situación que vivía Tuluá, y hablamos específicamente del tema de seguridad, en donde ya nadie se siente seguro. Esa tarde le manifesté que quienes teníamos la oportunidad de hacer algo teníamos la responsabilidad de hacerlo.

No me extrañó que esta mañana el alcalde de Tuluá, John Jairo Gómez, haya afirmado en Blu Radio que como autoridades locales no conocían de amenazas contra la integridad y vida de Marcos Efraín Montalvo, lo mismo manifestaron esas mismas autoridades locales a la Unidad Nacional de Protección, UNP, cuando esta entidad me realizó en el primer semestre de este año un estudio de seguridad, tras las amenazas que he recibido por mi ejercicio periodístico, concluyendo que como periodistas conocíamos los riesgos por lo que escribíamos y que debíamos asumirlos.

Hoy me reafirmo en mis convicciones y mi libertad para escribir y ejercer el periodismo. Cada tulueño sabe que grado de responsabilidad le cabe en la debacle de nuestra ciudad, cada uno sabe si quiere seguir mintiendo y mintiéndose, pero al final no habrá espacio para mentirle a la conciencia. El infame asesinato de Marcos Efraín Montalvo debería servir para que cada tulueño haga un mea culpa. Mataron a Marcos, pero no mataran la verdad ni al periodismo…

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