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Se preveía una guerra relámpago, y no una de desgaste de duración indefinida. Pero un mes después de la invasión rusa de Ucrania, la situación parece alargarse en el tiempo. Con Moscú atascada en distintos frentes, en buena parte gracias a la resistencia de las fuerzas ucranias, la Unión Europea teme que el conflicto se podría prolongar meses o incluso años, forzando la crisis humanitaria más allá de lo esperado. Los Veintisiete, que ya cuentan con 17.000 millones de euros a su disposición facilitados por la Comisión y con el respaldo de la directiva de protección internacional —aprobada por primera vez en la historia de la UE para hacer frente a la emergencia— buscan ahora soluciones financieras y mecanismos de reparto solidario de refugiados para dar una respuesta en el largo plazo.

La guerra en Ucrania ya ha provocado el mayor éxodo en Europa desde la II Guerra Mundial, con 3,8 millones de personas atravesando las fronteras de su país en busca de refugio en la UE. Las cifras podrían elevarse hasta los ocho o incluso los 10 millones en los próximos meses, según estiman fuentes comunitarias, citando números de la ONU. “Hay que prepararse para algo estructural”, advierten.

“No sabemos cuál va a ser el próximo paso que va a dar [el presidente ruso, Vladímir] Putin. Tenemos que estar preparados”, ha asegurado este lunes en Bruselas la comisaria europea de Interior, Ylva Johansson, en una comparecencia tras una reunión extraordinaria de ministros del Interior de la UE, convocada para dar respuesta a la emergencia humanitaria. Johansson ha urgido a preparar “planes de contingencia por si la situación se deteriora”.

En la cita, los ministros han aprobado un decálogo de acciones para aliviar el drama humanitario. Entre los puntos, se reclama la creación de una plataforma europea única y centralizada para registrar a los recién llegados, con el fin de evitar duplicidades y errores de cálculo; pide coordinar entre los distintos socios comunitarios el transporte y la información, a través de puntos neurálgicos a los que puedan acudir los refugiados que quieran viajar por territorio Schengen.

Los Estados miembros también han acordado crear una especie de índice de países en función de su capacidad de recepción y acogida, para alentar el movimiento de ucranios hacia ellos, quitando presión a los Estados más saturados. Se prevé además la puesta en marcha de un plan de lucha contra la trata de seres humanos. Ya antes de la guerra, Ucrania estaba entre los cinco países con mayor tráfico de personas hacia la UE, según la Comisión. Y las ONG que actúan sobre el terreno han alertado de posibles situaciones de acoso de proxenetas.

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Plan de acogida para la infancia

Los Veintisiete buscan además una solución común y coordinada para la acogida de la infancia: los niños suman más de la mitad de las llegadas a territorio comunitario. Son tantos que, como indicaba la semana pasada el vicepresidente de la Comisión, Margaritis Schinas, es como si en un solo mes se hubiera multiplicado casi por tres el número de nacimientos anual de Polonia.

A pesar de que el flujo de llegadas ha bajado —ha pasado de las 200.000 entradas diarias a cerca de 40.000, según cifras aportadas este lunes por la comisaria de Interior—, las capitales europeas ubicadas en primera línea temen que la presión desborde sus capacidades de alojamiento, asistencia social y sanitaria y acceso a la educación en el medio y largo plazo. A Polonia, primer país receptor, han llegado más de 2,2 millones de personas en las últimas cuatro semanas, según ACNUR. Le siguen Rumania (casi 600.000), Hungría (594.000) y Eslovaquia (275.000).

En la Comisión Europea reconocen, además, que los refugiados no se han redistribuido de forma voluntaria por los Estados miembros en el volumen que se esperaba. Esta era la apuesta inicial de Bruselas: las personas ucranias, al no tener restricciones de movimientos en zona Schengen, se irían trasladando a diferentes países. Pero la mayoría se han quedado en los lugares de primera acogida, cerca de su país de origen, previsiblemente para aguardar a un posible regreso.

Bruselas ha movilizado hasta 17.000 millones para hacer frente a la emergencia, según indican fuentes comunitarias. La cantidad es un encaje de bolillos presupuestario que bebe, entre otros, de los fondos estructurales del periodo 2014-2020 aún no gastados y de la iniciativa React-EU, creada para ayudar a los territorios a fortalecer el Estado del bienestar, blindar los servicios públicos y reactivar la economía tras el impacto de la pandemia. Los mecanismos, sin descender al detalle de las sumas, fueron anunciados la semana pasada por la Comisión.

El Ejecutivo comunitario no descarta ampliar las cantidades ante el drama que se avecina. En el Consejo Europeo celebrado este jueves y viernes en Bruselas, los jefes de Estado y de Gobierno emplazaron al Ejecutivo comunitario a buscar más recursos, según las conclusiones pactadas durante la cumbre. Los Veintisiete piden que “se completen con urgencia los trabajos sobre las recientes propuestas de la Comisión tendentes a respaldar a los Estados miembros, de manera que pueda movilizarse con rapidez la financiación de la UE para los refugiados y para quienes los acogen, e invita a la Comisión a que trabaje sobre otras propuestas para reforzar el apoyo de la UE”.

“Está claro que nuestros recursos y capacidades de acogida no serán suficientes para hacer frente al creciente flujo de personas”, asegura una carta enviada al Ejecutivo comunitario de forma conjunta por los ministros de Interior de Alemania, Nancy Faeser, y de Polonia, Mariusz Kaminski, a cuyo contenido ha tenido acceso EL PAÍS. “Esto es especialmente cierto a largo plazo”, añade la misiva, fechada el pasado viernes, y cuya intención era en parte marcar el debate de los ministros de Interior, reunidos este lunes para abordar la emergencia.

En Polonia se han quedado en torno a un millón y medio de personas, según cifras de la Comisión. Hasta Alemania han llegado ya cerca de 300.000 en movimientos secundarios desde los países fronterizos. A otros países, como Francia, se han desplazado al menos 30.000, según cifras aportadas este lunes por el ministro del Interior de este país (el 80% de ellas mujeres). En la carta, Berlín y Varsovia reclaman a la Comisión esquemas financieros que alivien a las capitales más afectadas de forma urgente, como por ejemplo aportar 1.000 euros por cada refugiado acogido en los primeros seis meses desde el inicio de la guerra.

El texto asegura que Polonia estima haber gastado hasta ahora 2.200 millones de euros en la asistencia humanitaria a los refugiados. “Eventos extraordinarios requieren medidas extraordinarias”, asevera la misiva, que reclama además potenciar la “plataforma de solidaridad” para “facilitar la posibilidad de viajar en condiciones seguras a otros Estados miembros”.

La carta se mueve en línea con el decálogo aprobado por los ministros de Interior. Aunque, de momento, la UE no tiene previsto activar ningún mecanismo obligatorio de cuotas de refugiados, la idea es alentar su desplazamiento voluntario con mayor información sobre los países con capacidades de acogida disponibles y el fomento de centros de transporte con acceso a trenes, autobuses e incluso vuelos.

La respuesta a la crisis de refugiados ha marcado un hito en la UE. Solo una semana después de que comenzara ala guerra, activó por primera vez una regulación jamás utilizada antes, la directiva de protección internacional, que permite la entrada en territorio comunitario de un número ilimitado de personas que huyen de una catástrofe. Los ucranios tienen derecho con su pasaporte a tres meses de estancia en la UE. Esta directiva, sin embargo, amplía la protección hasta el año, renovable automáticamente dos veces por periodos de seis meses, y permite el acceso a vivienda, escuelas, atención sanitaria y empleo. Hasta ahora, 800.000 personas han solicitado el amparo de esta directiva, según ha detallado la comisaria Johansson en su comparecencia.

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La guerra rusa de Ucrania se recrudecerá en las próximas semanas, Vladímir Putin buscará el control total del país y la ocupación puede prolongarse años, según los cálculos que se barajan en varias capitales occidentales 11 días después del inicio de la invasión. La agresión ha chocado con una resistencia ucrania mayor de lo que esperaba Moscú, aunque solo unos pocos dirigentes consideran que puede frenar a Moscú. La mayoría de los aliados están convencidos de que el presidente ruso quiere llegar hasta el final y en las próximas semanas los ataques se recrudecerán. Estos son los escenarios que se manejan en varias capitales occidentales: casi todos ellos prevén una guerra larga y sangrienta.

Estos son los escenarios que se manejan en varias capitales occidentales:

Escenario 1: “El milagro del Dniéper”

Según este escenario, que el laboratorio de ideas Atlantic Council llama “el milagro del [río] Dniéper”, los ucranios, ayudados por el suministro de armas aliadas, frenan el avance ruso. Putin, sometido al aislamiento internacional y a las sanciones occidentales, se repliega.

El secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, indicó el viernes a la BBC que no hay que dar por segura la victoria de Rusia. “Si la intención de Moscú es hacer caer al Gobierno e instalar un régimen títere, 45 millones de ucranios lo rechazarán de una forma u otra”, dijo.

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Una vez asumido que los países occidentales no intervendrán directamente, la idea es que las sanciones y las armas pongan las cosas difíciles a Putin y le fuercen a modificar su comportamiento. En palabras de una fuente del palacio del Elíseo, que pidió anonimato, se trata de “encarecer el precio de la guerra de modo que renuncie a ella”.

Pero el jueves, tras una conversación telefónica entre Putin y el presidente francés, Emmanuel Macron, la misma fuente del Elíseo decía: “La anticipación del presidente, teniendo en cuanta lo que le ha dicho el presidente Putin, es que lo peor está por llegar”. François Heisbourg, consejero del laboratorio de ideas Fondation pour la Recherche Stratégique, apunta: “Vladímir Putin ha mostrado que, cuando afronta dificultades, no reduce sus ambiciones, sino que aumenta sus medios”.

Escenario 2: La guerra se recrudece hasta la ocupación total

La campaña militar en sí durará semanas, no meses, pero la guerra será más larga y la posguerra puede durar años y tener un resultado incierto. Es el diagnóstico que hacen los máximos asesores militares del Gobierno español.

Los aliados calculan que Kiev podría caer en 5 o 10 días, pero no será el fin de la guerra, precisa una fuente diplomática. Empezará entonces una guerra de guerrillas en las que la resistencia ucrania se beneficiará de armamento occidental como los misiles tierra-aire Stinger, los mismos que, en manos de los muyahidines afganos en los años ochenta, hicieron la vida imposible al ocupante soviético.

Este escenario lo han corroborado altos cargos de la Administración Biden (Blinken y la directora Nacional de Inteligencia, Avril Haines, entre otros) esta semana en una sesión a puerta cerrada en el Capitolio. Según algunos legisladores, el Gobierno de EE UU prevé una lucha encarnizada por la capital, Kiev, que puede resolverse en favor de Rusia en cuestión de semanas, y que el conflicto que pueda enquistarse y languidecer durante años.

La estrategia rusa, según las fuentes españolas, consiste en estrangular las grandes ciudades ucranias para forzar su rendición. Si no se rinden, el Ejército ruso entrará a sangre y fuego y causará un gran número de víctimas civiles, de las que culpará al presidente ucranio, Volodímir Zelenski.

El desenlace, según estos cálculos, llevaría a la ocupación total de Ucrania. “Nuestro análisis de las operaciones militares en curso es que la ambición rusa, en efecto, es tomar el control de toda Ucrania”, dice la fuente francesa. Macron no contempla como escenario probable la partición del país: considera que lo que Putin quiere es controlar todo Ucrania y, en todo caso, la partición seguiría violando la soberanía del país invadido y sería igualmente inaceptable.

Heisbourg, de Fondation pour la Recherche Stratégique, observa: “Este es el escenario de base: la toma de las grandes ciudades ucranias en todo el territorio, porque se quiere evitar que un Gobierno legítimo continúe presente en Ucrania”.

Las fuentes consultadas en Madrid detallan que el resultado más probable de la guerra será la aparición de un nuevo país, Nueva Rusia o Novorróssiya. Este proyecto de confederación lo pusieron en pie en 2014 las provincias separatistas de Lugansk y Donetsk y luego renunciaron.

En su versión más modesta, según estas fuentes, el nuevo Estado abarcaría desde el Donbás hasta Crimea, incorporando Mariúpol y convirtiendo al mar de Azov en un mar interior ruso. En su versión más ambiciosa, conectaría con el Transdniéster, la región separatista moldava, y se anexionaría Odesa, privando a Ucrania de salida al mar. Lo lógico, según este escenario, sería que Putin se anexionase Nueva Rusia, como hizo con Crimea, pero podría mantenerla como república satélite.

La estrategia de Putin, estiman los estrategas españoles, pasa por colocar en Kiev a un Gobierno títere, que se comprometería a no incorporar a Ucrania a la OTAN ni a la UE. Para asegurarse su control, Putin mantendría tropas rusas acuarteladas en Ucrania, pero evitando que patrullasen para no ser blanco del hostigamiento de una resistencia reconvertida en guerrilla. Esto, reconocen las fuentes españolas, se parecería mucho a la Francia ocupada por Hitler con el régimen colaboracionista de Vichy.

La incógnita es cuánto tiempo podrá mantener este esquema un Putin convertido en paria internacional, y con una Ucrania ocupada cuya población es abrumadoramente hostil.

El congresista estadounidense Ruben Gallego, veterano de la guerra de Irak, compara este escenario con la larga lucha de EE UU contra los insurgentes tras haber derrotado al Ejército iraquí y haber ocupado el país. Una diferencia importante, declaró Gallego en la cadena PBS, es que entonces era una tercera parte del pueblo la que apoyaba la lucha contra el ocupante, mientras que el porcentaje de ucranios que se opone a Rusia es mucho mayor. Otra distinción, añadió, es la factura humana: “En todos aquellos años aquella guerra hubo unas 4.500 bajas, pero Rusia puede sufrir lo mismo en días”.

Antes del inicio de la guerra, fuentes de la Administración estadounidense citadas por la prensa local plantearon que en una invasión podrían morir entre 25.000 y 50.000 civiles, entre 5.000 y 25.000 militares ucranios, y de 3.000 a 10.000 soldados rusos. El número de bajas rusas puede elevarse ya unos 2.500, cinco veces más de lo que Moscú reconoce, según la citada fuente diplomática. Otra fuente del Congreso de EE UU citada por la CBS cree que el conflicto puede prolongarse hasta 20 años con Rusia como tardío perdedor.

Escenario 3: Rusia avanza más allá de Ucrania y desafía directamente a la OTAN

“Un escenario bastante probable es que, después de Ucrania, [Putin] tome el poder en Moldavia”, dice Heisbourg. Pero este escenario, sostiene el consejero de la Fondation pour la Recherche Stratégique, conduce a un tercer escenario, en el que Putin intentaría recrear en Europa la situación previa a la ampliación de la OTAN. “Imagine que el señor Putin acaba de ganar la guerra de Ucrania. Ha tomado el poder en Moldavia. Por primera vez, tiene una frontera político-militar continua desde el cabo Norte hasta el mar Negro. De un lado, están las tropas rusas, y del otro las tropas de los países miembros de la OTAN, con riesgos de accidentes y de acciones violentas involuntarias. Entonces, Putin puede decirse: ‘Voy a intentar dividir a los Occidentales”.

Los Balcanes podrían ser un campo propicio para la agitación. Apunta el Elíseo: “Estamos muy atentos a lo que Rusia pueda hacer en su entorno próximo”.

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La agenda que llevó al presidente francés Emmanuel Macron a Moscú el lunes era de relevancia mundial: la crisis de Ucrania que amenaza con un nuevo enfrentamiento militar global. Pero el escenario que impuso para las discusiones su par ruso, Vladímir Putin, una gigantesca mesa blanca que mantuvo a los dos mandatarios a seis metros de distancia, acabó robándose buena parte del protagonismo de una cita seguida atentamente desde varias capitales del planeta y sigue siendo objeto de polémica, ahora en torno a la seguridad, sanitaria y hasta política, de los jefes de Estado.

Aunque Macron no ha sido el único dignatario obligado a sentarse al borde de ese mueble exagerado, muchos quisieron ver en el escenario una constatación del distanciamiento político entre dos líderes que, pese a diversos intentos, sobre todo de París, en los últimos años, no han logrado hacer cuajar una relación fluida. Metáforas diplomáticas aparte, las bromas y memes sobre la ya famosa mesa se han multiplicado desde entonces.

En las últimas horas incluso salió una teoría digna de la guerra fría y los tiempos de gloria del KGB: según la agencia Reuters, Macron rechazó hacerse una PCR rusa para evitar que Moscú se hiciera con su ADN. “No podíamos aceptar que se hicieran con el ADN del presidente”, dijo una fuente conocedora del protocolo del presidente francés a la agencia de noticias, sin hacer referencia, sin embargo, a que en su encuentro, que incluyó un almuerzo, ofrecía muchas otras formas menos rocambolescas de hacerse con una muestra genética de Macron.

Han sido tantos los rumores —y las chanzas— que Moscú y París se han visto obligados este viernes a desmentir, o al menos a matizar, el contexto. Cierto es, han confirmado ambos gobiernos, que el presidente francés rechazó hacerse una PCR rusa. Pero no hay que ver, insisten desde las dos capitales, amenazas de espionaje o mensajes subliminales tras ello.

“Algunos líderes siguen sus propias reglas y no contemplan el intercambio de pruebas para interactuar con el anfitrión. Tratamos esto con comprensión, es una práctica internacional normal”, dijo este viernes el portavoz del mandatario ruso, Dmitri Peskov, en un intento de quitar hierro a la decisión del dirigente francés, que se había realizado las pruebas necesarias para la detección del coronavirus antes de viajar a Moscú.

“Entra en el protocolo de medidas extra para proteger la salud de nuestro presidente y de nuestros invitados”, agregó Peskov, que rehusó aclarar ante la prensa si Putin entrega su prueba a los médicos de la parte invitada: “No me gustaría entrar en más detalles con esto. Dejemos algo fuera de lo público”.

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Una larga mesa separó a los presidentes ruso, Vladímir Putin, y francés, Emmanuel Macron, durante su encuentro el lunes en Moscú.
Una larga mesa separó a los presidentes ruso, Vladímir Putin, y francés, Emmanuel Macron, durante su encuentro el lunes en Moscú.Europa Press

Fuentes del Elíseo indicaron por su parte: “Las condiciones protocolarias que permitían una entrevista entre los dos jefes de Estado con una distancia menor [contacto con apretón de manos y mesa más pequeña] imponían un protocolo sanitario que no nos parecía ni aceptable ni compatible con las restricciones de agenda que teníamos”. Por ello, agregaron los franceses, visiblemente molestos con los rumores de presunto espionaje o amenazas a la integridad de Macron, se optó por “la otra opción propuesta por el protocolo ruso”, es decir, la inmensa mesa que ya ha utilizado Putin en otros encuentros políticos.

Cierto es que el presidente ruso no tuvo problemas en darse un efusivo abrazo el pasado 3 de febrero con el presidente argentino, Alberto Fernández, que está vacunado con la Sputnik y pasó posteriormente la enfermedad. Sin embargo, un día antes, el jefe del Kremlin había guardado la distancia de la mesa con el húngaro Viktor Orbán, uno de sus principales baluartes dentro de la Unión Europea, pero vacunado con la variante de la china Sinopharm.

Los requisitos médicos para reunirse con el presidente ruso suelen ser muy estrictos e incluyen varios test PCR e incluso en ocasiones han supuesto una cuarentena previa, como sucedió con los veteranos que fueron invitados a la celebración del primer Día de la Victoria de la pandemia. A pesar de ello, su entorno ha protagonizado varias polémicas. El propio Peskov reconoció en junio del pasado año no haberse vacunado porque decía tener inmunidad celular y anticuerpos tras haber contraído la enfermedad en mayo de 2020, y Putin afirmó en septiembre que “no una ni dos, sino decenas de personas” de su entorno más cercano habían enfermado de la covid.

La vacunación del mandatario ruso también ha sido motivo de debate. Tras la aprobación general de la vacuna Sputkiv V en diciembre de 2020, Putin dijo que esperaría hasta que hubiera una vacuna para su franja de edad. Meses después, en marzo de 2021, anunció que había sido inoculado contra el coronavirus en secreto, y en noviembre aseguró haber recibido la versión nasal de la vacuna como refuerzo.

Putin apenas ha abandonado el país desde el inicio de la pandemia, aunque en ningún momento se le ha visto con mascarilla. Con motivo de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín, hizo un viaje exprés en el que evitó al máximo el contacto con las autoridades tanto al aterrizar como en el estadio. Sin embargo, no tuvo problemas para estar cerca de Xi Jinping. Asimismo, esta semana recibió al presidente de Kazajistán, Kasim-Yomart Tokáyev, con quien departió separado por una pequeña mesa.

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Susana Vergas enfocó su investigación sobre lo que supuso el caso Barraza para toda la sociedad mexicana.

Perfil de Barraza

En 2005, la neuropsicóloga Feggy Ostrosky recibió una llamada del gobierno de Ciudad de México.

La contactaban para establecer una conexión entre los misteriosos asesinatos de ancianas que llevaban produciéndose ya varios años. Querían confirmar si se trataba de un asesino en serie.

«Había claramente un patrón. Todas las víctimas eran ancianas que vivían solas. La puerta nunca estaba forzada. Alguien dejaba entrar a la persona que cometía los crímenes», dijo Ostrosky al programa Witness de la BBC.

Barraza, una exluchadora de lucha libre apodada «La dama del silencio», se ganaba la confianza de sus víctimas, muchas veces ofreciéndose para ayudar a cambio de algo de dinero, y luego las mataba en sus domicilios.

Ostrosky cuenta las dificultades para resolver el caso.

«Las autoridades intentaban dar con el asesino, basándose en la información de testigos, pero todos estábamos un poco perdidos», dice.

Se sospechó que podría tratarse de un travesti o transexual, porque algunos testigos apuntaban que el homicida era alto, fuerte y de espaldas anchas. Incluso se llegó a valorar la posibilidad de que hubiera dos personas involucradas en los crímenes.

Tras la captura de Barraza, la doctora Ostrosky la entrevistó varias veces para desentrañar su móvil.

La mataviejitas confesó a la especialista el comportamiento abusivo de su madre alcohólica.

A los 13 años, la madre de Barraza la entregó a un hombre a cambio de alcohol. La adolescente acabó embarazada.

Ostrosky concluyó que la turbulenta relación con su madre condujo muy probablemente a los asesinatos.

Una sociedad «deshumanizada»

Dos días antes del arresto de Barraza, otro asesino en serie fue arrestado en México: Raúl Osiel Marroquín, alias «El sádico», quien secuestraba homosexuales, los torturaba y asfixiaba hasta perder el conocimiento.

Cuando volvían en sí, los asfixiaba otra vez. Así hasta matarlos. Luego los descuartizaba y guardaba en maletas y los dejaba en algún punto del Distrito Federal.

Cartel amenazante en México.
El tirón mediático de la mataviejitas sorprendió a Vargas por ser insólito en un país plagado de homicidios y violencia.

Pero dice Susana Vargas que en absoluto ese caso tuvo más repercusión que el de la mataviejitas.

«Me sorprendió que solo con el caso de Barraza saliera el procurador Renato Sales Heredia a decir que México se había convertido en una sociedad deshumanizada, que el crimen se había globalizado y lo que solo pasaba en Estados Unidos y las películas se había importado al país», cuenta Vargas.

A las víctimas de feminicidios entonces las torturaban, con muertes «feas y violentas».

«Por no hablar del caso de las Poquianchis, las hermanas que en los años 40 prostituían indígenas, las mataban si quedaban embarazadas y luego las enterraban en cemento», ejemplifica Vargas.

La socióloga descubrió que detrás de la obsesión, mediatización y despliegue sin precedentes detrás de Barraza se ocultaba mucho más que la justicia, sino también toda una serie de estereotipos que constituyen lo que es ser o no un buen mexicano.

La socióloga Susana Vargas
La socióloga Susana Vargas se ha entrevistado varias veces con Juana Barraza, la mataviejitas.

La «buena mexicanidad»

Vargas escribió el libro «La mataviejitas: los sensacionalizados crímenes de la primera mujer asesina en serie de México» y allí contó las dificultades para encontrar al asesino y los condicionantes culturales detrás del caso.

La investigadora apunta que la mediatización de estos asesinatos se debió en parte a que afectaba de lleno a una figura primordial dentro del arquetipo de la mexicanidad: las abuelitas.

«En México las abuelitas se les trata como si fuera la Vigen de Guadalupe. Es algo instaurado en la cultura mexicana que se aprecia hasta en el cine, como en las películas famosas de Pedro Infante durante la Época de Oro del cine mexicano», describe la investigadora.

También subraya que el hecho de que los testigos hablaran de un sospechoso corpulento y que las autoridades creyeran que detrás de los asesinatos se encontraba una «mente brillante», omitía las posibilidades de que el asesino en realidad fuera una mujer.

«Nuestra cultura define lo que es ser un buen mexicano, pero esta suele ser una asunción muy patriarcal y machista«, añade Vargas.

Obra de teatro sobre la mataviejitas en Ciudad de México.
El caso de la mataviejitas conmocionó México y tuvo un gran impacto mediático. En su historia se han basado hasta representaciones teatrales.

La socióloga se ha entrevistado varias veces con Barraza. No le gusta hablar sobre su personalidad o motivos.

A Vargas le sorprendió encontrarse con una «mirada dulce y amable» en lugar de la «mirada fría y calculadora».

«Barraza piensa que los medios destruyeron su vida y la de sus hijas. Sigue sin entender por qué, habiendo otros responsables de asesinatos de mujeres de la tercera edad, no han sido estigmatizados como ella».

Vargas no quiere que se le confunda y que se piense que intenta defender a la condenada.

«Obviamente no estoy de acuerdo en nada de lo que hizo Barraza, pero me sorprendió lo mucho que insiste en que se considera una buena madre. En eso sí estoy de acuerdo con ella. Hasta la supuesta peor asesina en serie de la historia de México sabe que es peor ser una mala madre«.


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