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Habitantes de Tamasagra han expresado su temor por lo que le pueda suceder al joven que al parecer, tendría problemas mentales.

Noticias Pasto

En el barrio Tamasagra ubicado en la comuna 6 de Pasto, ciudadanos denunciaron se encuentran preocupados por el estado de salud de un joven que hace varios días han observado deambulando por las calles, «poniéndose en riesgo de que algún vehículo lo atropelle».

El caso ha sido dado a conocer a través de un vídeo publicado en redes sociales.

Las imágenes permiten escuchar diferentes testimonios de los habitantes del barrio, los cuales manifiestan que se sienten preocupados y piden ayuda.

“No es la primera vez que lo veo así, yo lo veo varias veces, cuando yo voy a traer el almuerzo, él se para aquí en el centro –señalando la calle- y se sienta, no hay quien lo mueva” manifestó Oscar Martínez.

A demás señaló que el joven presenta problemas de salud mental, por lo cual se le dificulta entender la gravedad de estos hechos que preocupa a la comunidad.

“Si lo vamos a ayudar le damos la mano y es imposible levantarlo, y uno arriesga su vida por ayudarlo, porque las motos pasan desenfrenadas y de pronto no lo cogen a él, pero lo agarran a uno” expresó.

Respuesta de las autoridades

Otra ciudadana manifiesta que a pesar de poner en conocimiento el caso a las autoridades, el joven sigue arriesgando su vida.

“Se le fue a decir a la estación de la policía de aquí cerca, y nos dijeron que como ya lo habían movido, el vuelve y regresa, pero no dan una buena solución, lo dejan al joven allí” dijo una mujer.

Los habitantes denuncian que el caso es grave, ya que él se queda hasta altas horas de la noche en el mismo lugar.

“Es un caso de un joven que esta orinado y sentado a la mitad de la calle, si no es por la gente de buen corazón que lo mueven ya lo hubiesen atropellado” comentan.

¿Dónde está la familia?

La ciudadanía que denuncia el caso del joven en el barrio Tamasagra, se pregunta por el paradero de sus familiares.

Quieren encontrarlos y poder evitar una tragedia.

Don Óscar Martínez asegura que los familiares del joven viven en el corregimiento de Obonuco.

Pasto y la
Comentarios vídeo denuncia ciudadana,

En los comentarios aseguran que la madre del joven ya falleció, y que los demás familiares ya no quieren hacerse cargo de él.

Pasto y la

También espiritistas se ofrecieron a curarlo.

Finalmente piden a las autoridades o alguna fundación que puedan ayudar al joven, dirigirse al barrio Tamasagra por la Manzana 52 y así evitar una tragedia.

 



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Todo comenzó con el aviso de los traileros. Mensajes de radio donde alertaban, desde el martes por la tarde, que se venía la tragedia a los pueblos. Hombres armados para destruir una ciudad, decenas de camionetas con blindaje artesanal, perforadas para encajar los rifles de asalto de un calibre capaz de tumbar helicópteros, marcadas con una X, como en una guerra, para no confundir con el enemigo. Se movían rápido hacia el norte, según avisaban los conductores de camión que trataron de alertar con horas de antelación de lo que estaba a punto de suceder. Sin nadie pisándoles los talones, conscientes del poder de sus pistolas, estos hombres vestidos de militar y equipo táctico, se tomaron el tiempo de echar gasolina a sus carros, de grabarse en vídeo presumiendo de artillería y cilindradas: “Ya llegó la Chapiza: venimos con todo”.

La noche del martes nadie miraba a Caborca, la última ciudad del desierto de Sonora que comunica con Estados Unidos, de unos 89.000 habitantes. Y los hijos despiadados del que fuera el mayor narcotraficante del mundo, Joaquín El Chapo Guzmán, estaban a punto de sitiar de nuevo una localidad completa. Mientras eso sucedía, toda la información nacional estaba rebasada por la división entre los partidarios de Andrés Manuel López Obrador y sus adversarios por una investigación periodística contra el hijo mayor del mandatario; los habitantes de las zonas acomodadas de la Roma y la Condesa, en la capital, protestaban en redes por la “invasión yanqui” que ha disparado los alquileres; los periodistas se unían por primera vez porque los están matando en las provincias; el país hervía desde el centro y mientras eso sucedía, una guerra se acababa de desatar en el norte, pero también en Michoacán, en Colima, en Guerrero o en Zacatecas, y miles de habitantes rezaban en sus casas para que las balas no atravesaran la pared. Todo esto pasa en México todos los días al mismo tiempo.

Alrededor de las siete de la tarde del martes, un convoy con más de 20 camionetas desfiló desde Altar (Sonora) hacia Caborca, unos 35 kilómetros al norte. Este puñado de millas desérticas divide el poder de dos principales cárteles de la droga, históricamente unidos. En Altar se han hecho fuertes los hijos de El Chapo, conocidos como Los Chapitos, más sanguinarios e impredecibles de lo que fuera su padre, según los expertos consultados. En este pueblo recóndito a pocos kilómetros de Estados Unidos, el narcotráfico ha encontrado en los últimos años otro negocio muy rentable: los migrantes. Hasta este punto llegan todos los dramas que riegan el resto del país, los miles de hacinados en Tapachula, los otros miles que logran salir de centros de detención, los que consiguen avanzar hacia el norte. Un embudo de cientos de ellos cada día que buscan cruzar del otro lado por precios que van desde los 4.500 dólares a los 7.500 por persona.

Y en Caborca mantienen el poder los herederos del histórico capo de los noventa, Rafael Caro Quintero, agrupados bajo su lugarteniente, apodado El Cara de Cochi. Todos de Sinaloa y todos antiguos socios que han controlado las rutas del desierto desde hace décadas para el tráfico de droga hacia Estados Unidos. La desgracia de los cabecillas, la de El Chapo, cumpliendo cadena perpetua en Estados Unidos, y la de Caro, tras 28 años en prisión y ahora prófugo, ha fragmentado al poderoso cartel de Sinaloa, que se pelea esta codiciada plaza. Los Chapitos quieren todo el negocio: las rutas de la droga, las armas y los migrantes, cuentan veteranos reporteros de la zona. Por este motivo, amenazan y sitian, cuando se les antoja, la ciudad del enemigo.

Los balazos se escuchaban cada vez más cerca. Una vecina de Caborca, de 45 años, cuenta desde el otro lado del teléfono cómo desde las siete de la tarde del martes sabían, a través de grupos de Whatsapp, lo que habían avisado los traileros. También lo supo desde ese momento la policía, la Guardia Nacional y hasta el Ejército. Se metieron en sus casas y esperaron a que comenzara el asedio de su pueblo sin que una autoridad lo impidiera. Desde sus salones y habitaciones escucharon balazos sin tregua durante horas, el rafagueo de metralletas cada vez con más claridad. Y la taquicardia, la psicosis colectiva: “¿Nos vamos de aquí?, ¿a dónde?, ¿a un hotel?, ¿vendrán a por mí?”. “Empieza como si estuvieras en una zona de guerra, como si se fueran contra la ciudad. Los primeros balazos los escuchamos a las 12 de la noche y los últimos a las seis de la madrugada del miércoles. Nadie durmió”, cuenta la mujer, que prefiere no dar su nombre por miedo a represalias del narco.

Lo que ningún vecino de Caborca comprende es cómo un convoy de ese tamaño pudo pasar por delante del destacamento de la Guardia Nacional, con más de 150 hombres, y después, de otro de la Secretaría de la Defensa, sin que nadie, ni un solo soldado, se asomara a defender el pueblo. Mucho menos la policía municipal. “No hubo una sola autoridad que saliera a enfrentarlo, se escondieron todas las corporaciones. Nos dejaron solos, nos abandonaron”, señala la vecina. Y no es la primera vez que sucede algo así, esos mismos hombres, que en aquel momento sumaban más de 100, tomaron la ciudad en marzo del año pasado.

No se trató de un enfrentamiento entre carteles, sino de una declaración de intenciones. De una exhibición de fuerza que comenzó con la toma de la ciudad, desolada a esas horas, con balaceras a casas, agujereadas sus fachadas, el asesinato de dos hombres que quedaron tendidos en la calle y la búsqueda de posibles enemigos en casas. “Una vecina me contó cómo los sicarios se asomaban por las ventanas, por las azoteas, con sus armas, como buscando a gente, posiblemente narcomenudistas de los contrarios, con toda la impunidad del mundo”, agrega la mujer.

Con una de las camionetas tumbaron el portón eléctrico de la casa de los Uribe a las tres de la madrugada. Cuando la madre de Eduardo Uribe se despertó, un grupo de 10 sicarios había rodeado su cama. Buscaban a su hijo. Estaba durmiendo en otro cuarto con su amigo, Sebastián Manríquez, hijo de un veterano periodista de Caborca. Se los llevaron a los dos a la fuerza, pese a los gritos y súplicas de la madre desesperada. Los subieron a dos camionetas distintas. A las ocho de la noche del día siguiente, miércoles, apareció Manríquez. Su amigo ha aparecido con vida este jueves. Otros tres más fueron secuestrados esa noche, todavía hay dos desaparecidos.

Este jueves, Caborca sigue herida. Las escuelas han cerrado, el presidente municipal, Abraham David Mier Nogales, ha recomendado a los comercios un toque de queda no oficial para las 10 de la noche. “Reconozco que los hechos vividos esta madrugada rebasaron el nivel de respuesta de las corporaciones policiacas, ya que no fuimos capaces de prevenir estos lamentables hechos”, reconoció el alcalde. El Ejército, la policía y la Guardia Nacional se desplegaron el miércoles en las entradas del municipio, cuando los balazos hacía horas que no se escuchaban. “Ya sabemos cómo es esto. Los operativos duran dos o tres días y luego se relajan las corporaciones. Y vuelve la misma situación. Como si les estuvieran dando chance a los sicarios, vacaciones, mientras ellos simulan que tienen el control”, señala una vecina indignada.

Hace solo seis días, López Obrador emprendía una gira por Sonora, gobernada por el que fuera su jefe de Seguridad, Alfonso Durazo, gobernador desde septiembre. El recorrido incluía la revisión de las obras en estadios de béisbol y reuniones con autoridades de los pueblos yécora, seri y yaqui. La estrategia del Gobierno federal, como ha sucedido en otro de los puntos más calientes del país, Michoacán, es aumentar la presencia de soldados y agentes de la Guardia Nacional. Pero la cantidad de uniformados no ha evitado los balazos, ni en Sonora ni tampoco en Michoacán o Zacatecas, otro de los Estados con más presencia del crimen organizado en el último año.

El Estado, de casi tres millones de habitantes, tiene una tasa de homicidios que ronda los cinco al día. En 2021 murieron asesinadas 1.968 personas, una cifra que no ha dejado de crecer y que batió un récord letal de 23% más muertes que el año anterior. Durazo convirtió el tema de la inseguridad en su eje principal de campaña en las elecciones de junio del año pasado, y llegó a sacar pecho de los siete cuarteles de la Guardia Nacional construidos en el Estado, así como del despliegue de casi 3.000 efectivos del polémico cuerpo de espíritu castrense nacido ex profeso para controlar la violencia en el país. Formada por exmilitares y expolicías, el mando civil de la Guarda Nacional estuvo a cargo de Durazo como responsable de Seguridad. Pero la violencia, después de sus cinco meses de Gobierno en la entidad, sigue siendo la principal deuda pendiente.

Los criminales abandonaron Caborca después de 24 horas de sitio. Al menos un centenar de hombres con la capacidad de pasear con armas largas y grabarse en vídeos que publicaron en redes sociales mientras tomaban las calles sin que una autoridad les pusiera un freno. Escondida en sus casas, una ciudadanía acorralada por el poder real que gobierna su pueblo. Y así, hasta la próxima intervención. Las promesas de campaña, la pomposidad de los soldados y los cuarteles, se han silenciado a fuerza de balazos.

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Muriel lo demandaron por alimentos
Muriel le había dicho a su expareja que ella asumiera la educación y salud de las tres hijas que tienen en común, él pagaba lo demás.

El jugador colombiano le había dicho a su expareja que ella asumiera la educación y salud de las tres hijas que tienen en común, él pagaba lo demás. Ahora de nuevo demandaron a Muriel, y plantean que el acuerdo sea, por la mitad de su sueldo.

Noticias Colombia.

El futbolista colombiano Luis Fernando Muriel, que milita en el Atalanta y que es baja en la Selección para la fecha de eliminatorias del Mundial 2022 por contagio de Covid, ahora además se enfrenta a una posible demanda que su expareja le quiere poner porque no ha recibido completo, el millonario pago de la manutención de sus tres hijas.

Los pagos hechos en los últimos dos meses han sido por 26 millones.

Lo que ha trascendido es que, la pareja en medio de su separación hizo un acuerdo por ese pago.

Es una consignación de 30 millones de pesos (colombianos) mensuales por parte del jugador, que es la manutención de sus tres hijas, y según denunció Rentería, durante los últimos meses «sólo ha pagado 26 millones».

La demanda fue en diciembre, sin embargo, fue hasta ahora que Paula Andrea Rentería Bryon, decidió hablar.

Aseguró que el jugador «no ha cumplido con las obligaciones contraídas luego de su separación en cuanto a la alimentación de sus hijos», menores de 4, 6 y 8 años de edad.

El acuerdo, se firmó en agosto del 2020 en la Procuraduría 5 Judicial II de Familia de Barranquilla.

Dicho acuerdo es:

  • 18 millones de pesos deben ser consignados mensualmente en la cuenta de banco de Paula Rentería.
  • 12 millones de pesos deben estar a disposición de la mujer y sus tres hijas en una tarjeta de crédito que debe pagar.

Sgeún la expareja del jugador internacional, «él cambió desde que tiene a su nueva pareja», con quien se casó a mitad del 2021.

Además de la cuota fija de manutención, también paga servicios de uz, internet y otros.

Nueva demanda

Dado este ‘incumplimiento’, Rentería procedió a demandarlo ahora no solo para que pague esos 30 millones, sino, para que ahora el pago sea la mitad del sueldo que se gana Muriel, es decir en pesos colombianos, más de 3 mil millones de pesos.

Él gana 1.8 millones de euros, al cambio de pesos colombia eso superaría los 3000 millones, al menos 327 millones de pesos mensuales.

Dicha demanda está en estudio, la representa De La Espriella Lawyers, según reveló Zona Cero.

En este caso, las hijas de Muriel viven en Barranquilla en estrato 6, pero si se fueran a vivir a Estados Unidos, allí también tendría que proveerles entre otras, un vehículo a su disposición tiempo completo.

Colegios privados, salud prepagada, costosas vacaciones, son parte de las exigencias.

Hasta ahora, el futbolista que se cayó de la convocatoria de la tricolor, no ha respondido. Su entorno más cercano evalúa la situación que se estaría dando de manera pública para presionarlo, pues desde la firma del acuerdo hace más de un año y medio, no ha dejado de pagar.



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Una ilustración de un móvil infectado con el sistema Pegasus.
Una ilustración de un móvil infectado con el sistema Pegasus.Fernanda Castro

Los teléfonos celulares de más de la mitad de los trabajadores del medio digital salvadoreño El Faro estuvieron intervenidos entre junio de 2020 y noviembre de 2021, según pudieron verificar The Citizen Lab, un laboratorio especializado en ciberseguridad de la Universidad de Toronto, y Access Now, una organización que vela por la protección de los derechos digitales. Ambas organizaciones examinaron durante tres meses, de septiembre a diciembre de 2021, los teléfonos iPhone de todos los miembros de El Faro y la conclusión es contundente: los aparatos telefónicos de 22 miembros del periódico fueron intervenidos con Pegasus, el software de espionaje de la empresa israelí NSO Group.

El espionaje detectado y que este miércoles reveló El Faro fue dirigido contra todos los estamentos posibles del diario: editores, redactores, miembros de Junta Directiva y hasta personal administrativo. En casi todos los casos, el equipo permaneció bajo constante vigilancia a lo largo de 226 intervenciones distintas.

Desde su llegada al poder en junio de 2019, el diario salvadoreño está en el centro de las iras del Presidente Nayib Bukele después de que el periódico digital revelara, entre otras cosas, el acuerdo entre su Gobierno y las pandillas para la pacificación del país, así como otros casos de corrupción que afectan a sus colaboradores.

La empresa dueña del software, NSO Group, ha declarado que solo vende el programa de espionaje Pegasus a Gobiernos bajo la autorización del Ministerio de Defensa de Israel. Las organizaciones internacionales que han hecho el peritaje de los teléfonos de El Faro han liderado procesos similares con periodistas, activistas u opositores de otros países en las que concluyeron que todo apuntaba que fueron los respectivos gobiernos los que estuvieron detrás de las intervenciones. EL PAÍS ha tratado de obtener la versión del portavoz del Gobierno salvadoreño, Ernesto Sanabria, sin que haya habido respuesta alguna.

En un comunicado enviado a la agencia Reuters, la oficina de comunicaciones de Bukele dijo no ser cliente de NSO Group. Además, asegura que su Gobierno está investigando el supuesto ataque cibernético y que tienen indicios de que algunos altos funcionarios podrían también tener sus teléfonos intervenidos y ser “víctimas de ataques”.

En el caso de El Faro, entre los más espiados destacan el jefe de redacción, Óscar Martínez, víctima de 42 pinchazos, el subjefe de Redacción, Sergio Arauz, con 14; el corresponsal de El Faro en Estados Unidos, José Luis Sanz, 13 y el editor mexicano, Daniel Lizárraga, antes y después de que el Gobierno salvadoreño lo expulsara del país en julio.

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El caso más llamativo es el del periodista Carlos Martínez, quien ha firmado todas las publicaciones relacionadas con pactos de políticos y pandillas desde 2012. El reportero estaba siendo escuchado en el momento mismo en que Citizen Lab y Access Now analizaban su teléfono en noviembre de 2021. En esos momentos, Martínez ya investigaba las negociaciones de la MS-13 con el Gobierno y había publicado que las negociaciones incluyeron a las tres pandillas. Este pinchazo revela para los investigadores “un caso sin precedentes”, según el laboratorio de Toronto. “Es muy raro agarrar una infección cuando está viva”, según el investigador de The Citizen Lab Scott-Railton. Contactado por EL PAÍS, el periodista Carlos Martínez considera que Bukele está detrás del robo de información. “Esta operación de espionaje ilegal contra el periódico es coherente con los distintos ataques de Bukele contra El Faro desde que comenzó su gestión. Este ataque tiene que ver con las campañas de difamación contra nosotros, con la utilización de instituciones públicas para atacar al periódico y las abusivas auditorías o las acusaciones en televisión sobre que somos lavadores de dinero. Las escuchas a las que somos sometidos son coherente con esta forma de actuar”, explicó.

Otro de los casos destacados es el de Carlos Dada, director de El Faro y presidente de la junta directiva, quien fue víctima de 12 pinchazos. Por la duración de los mismos, la investigación permite concluir que éstos se mantuvieron activos durante 167 días distribuidos entre julio de 2020 y junio de 2021. Cada uno de estos pinchazos, que cuesta miles de dólares, permite al programa el acceso completo al contenido del teléfono: extracción de mensajes, imágenes o cualquier archivo, activación de la cámara y el micrófono, robo de sesiones en aplicaciones de redes sociales, acceso a los adjuntos de los mensajes de texto, aplicaciones de mensajería, de correo electrónico, y también la posibilidad de que acceder a las bitácoras de geolocalización, registros de llamadas y actividad de navegación en sitios de internet.

Entre los periodistas con diez o más robos de información están Gabriel Labrador, con 20, Julia Gavarrete, con 18 (incluidas 15 intervenciones en su teléfono personal y tres en el institucional), Gabriela Cáceres, con 14; Roxana Lazo, con 12: y Efren Lemus, con diez. Además, hay implicados periodistas del medio Gatoencerrado contra quien Bukele ha dirigido varios de sus ataques.

Fernanda Castro

Durante los meses en que los periodistas fueron espiados, se realizaron investigaciones sobre la negociación entre el Gobierno y las pandillas, el robo de alimentos destinados a la pandemia por parte del director de Centros Penales y su madre, las negociaciones secretas de los hermanos de Bukele para el desembarco del Bitcoin o el patrimonio de algunos funcionarios del actual Gobierno.

El espionaje contra El Faro, sin embargo, no se limitó a la redacción. El teléfono del gerente general, Carlos Salamanca, estuvo intervenido entre septiembre y octubre de 2020, justo cuando se intensificaron las auditorías de Hacienda contra el periódico. Lo mismo sucedió con el gerente administrativo, Mauricio Sandoval. Sandoval fue intervenido, en otros momentos, el 6 de julio día que recibió la notificación institucional enviada por Migración que ordenaba al editor Daniel Lizárraga abandonar el país en 24 horas.

Precisamente Lizárraga representa uno de los casos más sangrantes del espionaje contra los periodistas. Lizárraga ha sufrido el brutal espionaje de Pegasus en dos ocasiones: la primera en México, como miembro del equipo de la periodista Carmen Aristegui y la segunda en El Salvador como parte de El Faro. Su caso puso por primera vez el escándalo de Pegasus sobre la mesa cuando se descubrió que el gobierno de Peña Nieto utilizó el programa para espiar a Lizárraga, quien participó en las revelaciones sobre la ‘Casa Blanca’ como se conoció el escándalo que implicaba a la esposa de Peña Nieto en la compra de una mansión con dinero de un constructor agraciado en la concesión de obras públicas. El escándalo reveló que, para espiar, Pegasus es el arma favorita de los gobiernos con tentaciones autoritarias.

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