Una pantalla muestra el resultado de la votación de la Asamblea General, este jueves en la sede de la ONU en Nueva York.BRENDAN MCDERMID (REUTERS)
La Asamblea General de la ONU, reunida en sesión especial, ha aprobado este jueves por amplia mayoría la segunda resolución, no vinculante, sobre la guerra de Ucrania. Se trata de una iniciativa, calificada de humanitaria, que pide a Rusia “el cese inmediato de hostilidades contra Ucrania y en especial de cualquier ataque contra civiles y objetivos civiles”, así como el fin del asedio de la ciudad portuaria de Mariupol. De los 193 miembros que forman el plenario, la resolución ha sido adoptada por 140 y rechazada por cinco (Rusia, Siria, Eritrea, Bielorrusia y Corea del Norte), mientras que 38 se han abstenido. El resto de Estados miembros se han ausentado. El texto venía siendo pergeñado desde hace semanas por Francia y México, con el pleno apoyo de Ucrania.
Pese a tener un rango menor, puramente declarativo, que las resoluciones del Consejo de Seguridad, tampoco le ha resultado fácil al plenario de la organización sacar adelante esta “resolución humanitaria”. Sudáfrica presentó este miércoles su propio borrador, que no citaba a Rusia como agresor, y que por eso recibió el respaldo del embajador del Kremlin, Vasili Nebenzia. El argumento esgrimido por la embajadora sudafricana para no citar a Rusia en el texto fue la necesidad de “despolitizar” las cuestiones humanitarias.
La Asamblea ha demostrado estar enredada en cuestiones de procedimiento, más que de fondo, al proponer una votación sobre si debía someterse a votación la resolución sudafricana, que el embajador de Ucrania, Sergii Kislitsia, tildó de “placebo, medicamento genérico, marca blanca (…) proporcionado por un gran proveedor”, en alusión a Rusia; “un intento de confundir a la Asamblea”. La votación sobre la propuesta sudafricana se saldó con mayor división de opiniones: 50 a favor, 67 en contra y 36 abstenciones. No hubo aplausos, a diferencia de algunos, más bien tímidos, que saludaron la aprobación de la resolución principal.
Instalada en un frenesí de reuniones desde los primeros minutos de la guerra —el anuncio oficial del Kremlin de una “operación especial militar en Ucrania” se produjo durante una reunión del Consejo de Seguridad—, la ONU no ha acertado a impulsar una resolución ejecutiva. Si ha llevado semanas lanzar la “resolución humanitaria” de Francia y México, la posibilidad de avanzar en la práctica parece lejana, pese a la intensa actividad diplomática “para retomar la senda del diálogo y las negociaciones”, una vez conseguido un alto el fuego, según el texto de la resolución aprobada este jueves. El secretario general, António Guterres, “ha estado en contacto frecuente con el enviado ruso, pero no revelará detalles, excepto para decir que las discusiones se centran en la ayuda humanitaria en Ucrania”, según un portavoz. Cualquier asedio a una ciudad complica sobremanera la provisión de ayuda humanitaria, recuerda la resolución.
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Mariupol se ha convertido en símbolo del ensañamiento de las tropas rusas con los civiles en Ucrania. Los equipos de rescate buscan este jueves supervivientes del bombardeo, 24 horas antes, de un teatro en el que se habían refugiado cientos de personas del asedio al que están sometidos desde hace 13 días. Dos grandes letreros, visibles desde el aire, con la palabra “niños” en ruso no detuvieron el ataque que destruyó el Teatro Dramático de la ciudad. Aunque todavía se desconoce el número de muertos y heridos, un halo de esperanza ha llegado este jueves al conocerse que el refugio antiaéreo del teatro resistió el ataque. “Ahora se están retirando los escombros. Hay supervivientes. Todavía no sabemos el número de víctimas”, ha dicho el asesor de la alcaldía de Mariupol, Petro Andrushchenko, a la agencia Reuters por teléfono, tras señalar que se están realizando trabajos de rescate.
La situación es desesperada para los habitantes de Mariupol, sitiada por las tropas rusas desde hace más de dos semanas, sin calefacción ni agua corriente, y que por primera vez esta semana pudo evacuar a unos 20.000 civiles. Ubicada a orillas del mar de Azov, lleva días siendo uno de los principales objetivos de los ataques de los soldados rusos, que en varias ocasiones han impedido que se cumpla la promesa de facilitar corredores humanitarios para permitir la salida de la población. La urbe ya fue escenario la semana pasada de un ataque sobre un hospital materno-infantil.
Después de que este miércoles el ministro de Exteriores de Ucrania, Dmitro Kuleba, calificara de “crimen de guerra” el bombardeo del teatro “en el que se escondían cientos de civiles inocentes” ―según el vicealcalde de Mariupol, Serhii Orlov, entre 1.000 y 1.200 personas― y asegurara que “los rusos no podían ignorar que se trataba de un refugio de civiles”, las autoridades rusas desmintieron que su país haya llevado a cabo un bombardeo desde el aire sobre ese edificio, según fuentes del Ministerio de Defensa citadas por la agencia RIA. Este jueves, la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, Maria Zakharova, calificó la acusación de los ucranios de “mentira”. “Las fuerzas armadas de Rusia no bombardean pueblos y ciudades”, ha sostenido, una afirmación que el Kremlin realiza de forma sistemática.
El teatro de Mariupol, antes y después del bombardeo.
La situación en Mariupol ha sido descrita como “apocalíptica” por la Cruz Roja por la falta de suministros básicos que la gente necesita para sobrevivir y los constantes bombardeos rusos. La población ha tenido que improvisar fogatas en la calle para cocinar y ha enterrado a los muertos en fosas comunes ante la gran cantidad de fallecidos. El número de decesos asciende a 2.500 civiles y 200.000 personas necesitan ser evacuadas con urgencia, según las autoridades ucranias.
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La ciudad, que tenía unos 400.000 habitantes antes de que comenzar la invasión rusa el pasado 24 de febrero, es clave para Vladímir Putin, ya que es la última gran localidad en manos ucranias con salida al mar de Azov. Si Moscú se hace con ella, podría crear un corredor desde la zona del Donbás, donde están los territorios prorrusos de Donetsk y Lugansk, hasta la península de Crimea, anexionada por Rusia en 2014 de forma ilegal tras un referéndum que la comunidad internacional no reconoce.
El fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), Karim Khan, que visitó este miércoles el oeste de Ucrania y Polonia para evaluar sobre el terreno las consecuencias del conflicto, mandó un mensaje “muy claro” a “todos aquellos que están participando en las hostilidades”. Advirtió de que su oficina está facultada para tomar medidas que garanticen que quienes no hayan actuado respetando la convención internacional de derechos humanos y hayan cometido crímenes internacionales, rindan cuentas de conformidad con lo establecido en el Estatuto de Roma. Khan trasladó que ya están recopilando “de forma activa” evidencias para poder cumplir con ese objetivo, y remarcó que realizan su trabajo de forma independiente e imparcial. “Es esencial que la Federación de Rusia participe activamente en esta investigación y estoy dispuesto a reunirme con ellos”, dijo en un comunicado.
“Si los ataques se dirigen intencionadamente contra la población civil, es un crimen de guerra que mi oficina puede investigar y enjuiciar. Si los ataques se dirigen intencionadamente contra objetivos civiles, incluyendo los hospitales, es un crimen que mi oficina puede investigar y enjuiciar. Aquellos que tomen parte en este tipo de hostilidades, ya sea como miembros de las fuerzas armadas, milicias o en grupos de autodefensa, deben saber que aunque vistan uniforme o porten armas, no están exentos de responsabilidad y, de hecho, tiene una responsabilidad legal extra”, indicó.
Ni Ucrania ni Rusia son signatarios del Estatuto de Roma, la convención fundacional del TPI, por lo que, en principio, quedan fuera de la jurisdicción de esta corte. Sin embargo, Kiev ha facultado al tribunal para que investigue los posibles crímenes cometidos desde 2014, con la anexión rusa de Crimea.
Los avances que este miércoles han sacado a relucir los equipos negociadores de Kiev y Moscú en torno a las conversaciones de paz contrastan con la cruda realidad de la guerra sobre el terreno. Dos incidentes han teñido de tragedia una jornada en la que se han cumplido las tres semanas desde que el presidente ruso, Vladímir Putin, ordenara a sus tropas invadir y atacar Ucrania. Por un lado, un grupo de civiles que esperaba su turno para comprar el pan ha sufrido un ataque en la localidad de Chernígov, al noreste de Kiev, según han denunciado fuentes diplomáticas de Estados Unidos. Por otro, un teatro de la ciudad de Mariupol donde desde hace días se refugiaban cientos de vecinos ha sido bombardeado, según denuncian las autoridades locales. Kiev ha culpado de las agresiones a Moscú, que niega su responsabilidad en ambos casos.
El Gobierno de Kiev ha calificado de “crimen de guerra” el bombardeo sobre el teatro de Mariupol “en el que se escondían cientos de civiles inocentes”, según ha denunciado el ministro de Exteriores, Dmitro Kuleba, a través de su cuenta de la red social Twitter. El tuit va acompañado de una fotografía del edificio antes de ser atacado y de una segunda en la que, supuestamente, aparecen las mismas instalaciones completamente destruidas. Hasta el momento no se ha hecho ningún balance oficial de víctimas. “Los rusos no podían no saber que se trataba de un refugio de civiles”, ha añadido el jefe de la diplomacia ucrania.
Another horrendous war crime in Mariupol. Massive Russian attack on the Drama Theater where hundreds of innocent civilians were hiding. The building is now fully ruined. Russians could not have not known this was a civilian shelter. Save Mariupol! Stop Russian war criminals! pic.twitter.com/bIQLxe7mli
Las autoridades rusas, que niegan sistemáticamente que estén llevando a cabo ataques contra civiles en la antigua república soviética, han desmentido que su país haya llevado a cabo un bombardeo desde el aire este miércoles sobre ese teatro, según fuentes del Ministerio de Defensa citadas por la agencia RIA.
Fuentes del Parlamento de Ucrania dicen desconocer si hay supervivientes y añaden que en los alrededores del edificio se desató una fuerte batalla y que nadie puede acceder a la zona, informa la agencia Efe. Serhii Orlov, vicealcalde de Mariupol, aseguró que en el teatro se escondían entre 1.000 y 1.200 personas. La ciudad, a orillas del mar de Azov, lleva días siendo uno de los principales objetivos de los ataques del Ejército ruso, que en varias ocasiones ha impedido que se cumpla la promesa de facilitar corredores humanitarios para permitir la salida de la población. Mariupol ya fue escenario la semana pasada de un ataque de las tropas del Kremlin sobre un hospital.
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En el otro gran ataque que ha marcado la jornada del miércoles, 10 personas han muerto mientras esperaban su turno para abastecerse de pan en la ciudad de Chernígov, próxima a la frontera con Bielorrusia y a unos 140 kilómetros al noreste de Kiev. “Hoy, las fuerzas rusas dispararon y mataron a 10 personas que hacían cola para el pan en Chernígov. Esos horribles ataques deben acabarse. Estamos considerando todas las opciones disponibles para garantizar la rendición de cuentas por cualquier crimen atroz que se cometa en Ucrania”, señaló la Embajada de Estados Unidos en Kiev en un informe publicado en sus perfiles de Twitter y Facebook.
“A las diez de la mañana, soldados rusos dispararon contra la gente que hacía cola para comprar pan cerca de una tienda de comestibles en una zona residencial de Chernígov. Según el primer balance, 10 civiles fueron asesinados”, denunció la Fiscalía en un comunicado, informa la agencia France Presse. Se ha abierto una investigación por “asesinatos premeditados” cometidos con la ayuda de “armas de fuego”, agregó la misma fuente.
Como en el ataque sobre el teatro de Mariupol, ha sido el Ministerio de Defensa ruso el que ha afirmado que no han llevado a cabo esa acción, que califican de “engaño” de las autoridades de Kiev, según el portavoz Igor Konashenkov. “Ningún soldado ruso está o ha estado en Chernígov. Todas las unidades se hallan fuera de los límites de la ciudad” y no están participando en ninguna “acción ofensiva”, agregó, al tiempo que calificaba de “falsedad” el comunicado de Washington.
En Ucrania, tras tres días de compromisos incumplidos de un alto el fuego, el estruendo de las armas ha cesado este martes y ha dado lugar a las primeras vías de salida segura para los civiles acordadas por Kiev y Moscú en Sumi (noreste) y junto a Irpin, una localidad a las puertas de Kiev, a 25 kilómetros de la capital. Un pequeño grupo de 150 personas ha logrado salir de esas dos urbes a las nueve de la mañana de este martes, ha confirmado Oleksi Kuleba, gobernador de la región de la capital, que ha precisado que la evacuación de civiles proseguirá durante el resto de la jornada. El Ministerio de Exteriores ucranio ha difundido después en un tuit con imágenes de la salida en autobuses de este primer grupo de residentes de Sumi. Sin embargo, en Mariupol, en el sureste del país, la operación ha fracasado: el Gobierno ucranio ha denunciado que las tropas rusas han bombardeado un convoy de ocho camiones cargados con ayuda humanitaria y 30 autobuses que se dirigían a esa urbe bajo asedio desde hace días para recoger a civiles, el segundo fracaso del alto el fuego en tres días.
En Sumi e Irpin, las únicas ciudades donde las autoridades ucranias han confirmado ya la apertura de los pasillos seguros, la evacuación prosigue a cuentagotas y tiene previsto continuar hasta las ocho de la tarde, las nueve en Ucrania. Si se respeta el fugaz alto el fuego acordado, la tregua en la vía de evacuación de civiles habrá durado 11 horas. “Las personas discapacitadas, las embarazadas y los niños de los orfanatos tendrán la prioridad”, ha precisado el gobernador de Sumi, Dmitro Zhivitskiy, en una declaración en vídeo. La vice primera ministra del país, Iryna Vereshchuksaid, ha puntualizado que otros ciudadanos de esa localidad siguen a los autobuses del convoy de evacuación en sus coches particulares.
En Irpin, la ciudad situada a 25 kilómetros de Kiev donde un bombardeo ruso mató a una familia de cuatro personas-los padres y dos niños- el domingo, el cese de los combates este martes ha permitido que, de nuevo, los residentes de esta castigada localidad volvieran a aventurarse en las calles para tratar de escapar. “La ciudad está prácticamente en ruinas y en mi barrio no quedan apenas casas que no hayan sido bombardeadas”, explicó a Reuters una madre que sostenía a su bebé en brazos envuelto en una manta, con otra hija a su lado. “Ayer [por el lunes] fue el bombardeo más fuerte y las luces y el estruendo eran aterradores. Todo el edificio temblaba”, rememoró esta mujer, que ha emprendido el camino de la huida que dos millones de refugiados han tomado ya en dirección a los países vecinos, según datos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
El tuit del Ministerio de Exteriores ucranio sobre estos primeros grupos de evacuados precisa que el destino de las personas que han tomado el pasillo humanitario de Sumi es Poltava, otra ciudad ucrania a 175 kilómetros al sur. El lunes, Ucrania había acusado a Rusia de frustrar con sus bombardeos la salida de ciudadanos desde esa misma ciudad, así como desde Kiev, Mariupol, Járkov, Volnovaja y Mijolaiv, estas cuatro últimas algunas de las urbes más castigadas por el fuego y el asedio ruso. El Gobierno ucranio rechazó a su vez, tildándola de “inmoral”, la pretensión rusa de que una buena parte de estos corredores humanitarios tuvieran como destino Rusia o su aliado Bielorrusia.
Una obligación del Derecho Internacional Humanitario
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Los corredores humanitarios se utilizan para permitir a los civiles una vía segura para escapar de la guerra. Según el Derecho Internacional Humanitario, no se trata de una concesión de los contendientes, sino de una obligación legal, establecida en la 4ª Convención de Ginebra de 1949 y en sus protocolos adicionales de 1977, que obligan a las partes a proteger a los civiles en tiempo de guerra, facilitar su retirada en condiciones de seguridad y permitir el libre paso de alimentos, material médico y otros bienes esenciales. En principio, los corredores humanitarios o “pasillos seguros” consisten en un cese temporal de los combates para permitir la huida de la población civil por trayectos previamente acordados. El término se evocó por primera vez en los años noventa, durante la Guerra de Bosnia, en la antigua Yugoslavia, cuando Naciones Unidas estableció lo que definió como “áreas seguras” para que los civiles salieran de las zonas de guerra y, sobre todo, de las ciudades que, como sucede ahora en Ucrania, están bajo asedio. La Asamblea General de Naciones Unidas mencionó por primera vez de forma explícita estos corredores en 1990 en su resolución 45/100.
Aquel primer intento de Naciones Unidas en Bosnia pronto se reveló fallido. La ONU no tenía medios para dar seguridad a los civiles y los contendientes de aquella guerra no respetaron sus compromisos. Ese fracaso fue el primero de una serie de ellos. En un caso, el de Siria, en cuya guerra se implicó Moscú en apoyo del régimen de Bachar el Asad en 2015, Rusia rompió sus promesas de hacer callar a las armas para que los civiles huyeran en ciudades como Homs, Hama y Alepo, según denunciaron entonces los civiles sirios, una acusación secundada por las organizaciones internacionales. Organismos como el Comité Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (CICR), que ahora media entre Rusia y Ucrania para permitir la salida de los civiles, son las encargadas de vigilar el cumplimiento del compromiso de respetar las vidas de la población civil.
Esa misma organización, el CICR, fue la que el lunes denunció que el supuesto “corredor humanitario” preparado por Rusia para los civiles de Mariupol, en el sureste de Ucrania, estaba plagado de minas. El director de operaciones de la organización, Dominik Stillhart, así lo afirmó en declaraciones a la cadena BBC.
Después de dos fracasos seguidos en tres días, esta localidad es uno de los puntos donde es más necesaria la evacuación de civiles que llevan días soportando condiciones críticas: sin agua ni luz y bajo bombardeos. En esa ciudad, un niño murió de sed este lunes, ha denunciado el ministro ucranio de Exteriores, Dmitro Kuleba, que ha asegurado que 300.000 personas “son rehenes” de las tropas rusas en esa urbe en la que testigos han descrito escenas de personas sedientas bebiendo agua de los charcos. El Ministerio de Defensa ruso ha asegurado este martes a la agencia Interfax que tanto el corredor humanitario de Mariupol, como los de Kiev, Chernigov (norte) y Járkov (este) están ya están abiertos.
Para el CICR y otras organizaciones internacionales, como Médicos sin Fronteras (MSF), los corredores humanitarios son un mal menor y, en ocasiones, incluso una trampa. El Derecho Internacional Humanitario obliga a proteger los civiles, estén donde estén, y los pasillos seguros sitúan a la población ante el ultimátum de huir cuándo y por dónde se les diga o morir en unos ataques que a menudo se recrudecen tras el cierre de estos corredores.
En un comunicado difundido el domingo, MSF recordaba que “tras su experiencia de décadas trabajando en guerras, sabemos que los corredores humanitarios ocasionales ayudan pero no son suficientes”, precisó Stephen Cornish, director general de la organización. “Varias veces hemos sido testigos de cómo se animaba a los civiles a salir a través de corredores de evacuación de civiles con límite de tiempo y, luego, los que no podían o no querían huir se encontraban con una violencia extraordinaria e indiscriminada desatada contra todos y todo lo que quedaba atrás”.
En Ucrania hay un gran número de personas que tienen dificultades para huir, o a quienes les resulta imposible, por ejemplo, los mayores. Uno de cada cuatro ucranios tiene más de 60 años, de acuerdo con un informe publicado esta semana por la organización humanitaria HelpAge. Muchas de estas personas tiene problemas de movilidad, así como una mayor resistencia a dejar su vida atrás. En su comunicado del domingo, Médicos sin Fronteras recordaba que los civiles “no deberían perder su condición” como tales incluso si prefieren quedarse o se ven imposibilitados de escapar. La organización reclama que los pasillos humanitarios no tengan plazos; que los civiles puedan huir con seguridad en cualquier momento. Esta y otras organizaciones han reiterado también que los corredores seguros no deberían servir para lavar la cara de quienes cometen crímenes de guerra.
El embajador de Ucrania ante la ONU, Sergii Kislitsia, este lunes en la reunión del Consejo de Seguridad en Nueva York.Michael M. Santiago (AFP)
El Consejo de Seguridad de la ONU se ha reunido este lunes en Nueva York para abordar la crisis humana provocada por la invasión rusa de Ucrania. Los 15 miembros del máximo foro de Naciones Unidas han recibido información de Martin Griffiths, responsable de la oficina humanitaria del organismo (OCHA, en sus siglas inglesas), y Catherine Russell, la directora ejecutiva de Unicef, el fondo para la infancia. A la sesión informativa seguirán consultas a puerta cerrada. Es la enésima vez que el Consejo se reúne en las últimas semanas, sin resultado práctico hasta la fecha por el derecho de veto de Rusia a cualquier resolución de condena.
Con 1,7 millones de desplazados, entre los refugiados huidos a los países vecinos y los internos, la convocatoria urgente del Consejo no planteaba hoy ninguna acción concreta, sólo un intercambio de información sobre el estado de la cuestión humanitaria en Ucrania, con llamamientos unánimes -salvo el representante de Rusia- a la inmediata apertura de corredores que permitan la salida segura de civiles. Mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmaba al menos 13 ataques contra hospitales y centros de salud en Ucrania, con nueve muertos y 16 heridos, los países miembros del Consejo seguirán negociando un borrador de resolución, propuesta la semana pasada por Francia y México, para garantizar el suministro de ayuda.
Griffiths urgió a todas las partes a facilitar a los civiles que huyen una salida segura en la dirección que elijan -Moscú ha planteado corredores sólo a Rusia y Bielorrusia, una oferta que el embajador de Francia calificó de “cínica”-, así como el suministro de ayuda a esas áreas. “Las partes deben velar constantemente por evitar a los civiles, las zonas residenciales y las infraestructuras de uso civil en sus operaciones militares”, ha dicho. La OCHA ha enviado un equipo a Moscú para trabajar en una mejor coordinación de la ayuda entre instancias militares y civiles.
En el mismo sentido se ha manifestado la embajadora de EE UU, Linda Thomas-Greenfield, que recordó que más de la mitad de los desplazados son menores. “EE UU está indignado por el aumento de los ataques a civiles”, dijo la diplomática. “Mi colega polaco justo acaba de informarnos de que cien refugiados ucranios cruzan a Polonia cada minuto y la situación va a deteriorarse aún más; la cuestión es cuánta devastación está dispuesto a causar el presidente Putin por este enorme error”, ha subrayado, en alusión a la invasión de Ucrania. La protección a los civiles debe reforzarse en el caso de las mujeres y las niñas, incidió Thomas-Greenfield, “especialmente vulnerables a la violencia de género”, las personas del colectivo LGBTQI, “así como los adultos mayores y las personas con discapacidad”. “Necesitamos el compromiso firme, claro, público e inequívoco de Rusia de permitir y facilitar el acceso humanitario inmediato y sin trabas para los socios humanitarios en Ucrania”, ha concluido.
El embajador de Ucrania, Sergii Kislitsia -siempre el más enérgico y combativo, sobre todo ante su antagonista, ante quien se encara habitualmente-, ha acusado a Moscú de romper el acuerdo alcanzado en las últimas horas al insistir en que los corredores humanitarios deben desembocar en Rusia y Bielorrusia. “Insto a los rusos a retractarse y volver a lo acordado previamente para permitir a los civiles ucranios y extranjeros [residentes en Ucrania] ir a Europa”, pidió el diplomático.
El embajador de Rusia, Vasili Nebenzia, no se ha apartado un milímetro del discurso del Kremlin. “Sabemos que sigue instrucciones, pero recuerde lo que escribió [el disidente soviético y premio Nobel de la Paz] Aleksandr Solyenitsin: al ser humano no sólo le ha sido dada la vida, también la conciencia”, le interpeló su colega británica, Barbara Woodward. Sin inmutarse, Nebenzia repitió el argumentario de Moscú como salvador de los ucranios prorrusos, objeto de un “genocidio” por parte del Gobierno de Kiev según el Kremlin. “Rusia ha declarado un alto el fuego, pero Kiev no coopera, los radicales no dejan salir a la población civil de Mariúpol. Tienen a los civiles como escudos humanos, además de mantener como rehenes a más de 1.500 extranjeros, africanos incluidos; hemos lamentado la muerte de estudiantes indios… El uso de armamento pesado en áreas pobladas se ha convertido en una práctica para los batallones nacionalistas” de Ucrania, a los que calificó también de neonazis.
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El mensaje del máximo órgano de la ONU parece ir desinflándose a medida que la guerra se enquista y degenera, con el considerable impacto en los civiles. La resolución que se negocia deberá hacer un ejercicio de contorsionismo léxico para vencer la oposición de Rusia, que siempre tiene listo el botón del derecho de veto.
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Varios proyectiles de mortero han caído a lo largo de la mañana del domingo en la carretera por la que están siendo evacuados a pie los civiles de la localidad de Irpin, en dirección a Kiev y a unos 20 kilómetros de la capital. En el vídeo que acompaña esta noticia puede ver las consecuencias de esta ofensiva rusa y la evacuación apresurada de los vecinos de Irpin con la ayuda de los militares ucranianos. Hay, al menos, tres muertos causados por uno de estos morteros en el cruce principal del pueblo de Romanov, según han confirmado a EL PAÍS varios reporteros presentes durante los ataques. Los cuerpos permanecían tapados delante de la iglesia y del monumento a los caídos en la Segunda Guerra Mundial, a escasos metros de donde el Ejército ucranio tiene un destacamento en retaguardia desde el que salen constantemente militares hacia la línea del frente.
Los morteros cayeron de manera repetida por el mismo lugar en el que en los últimos días pasan de manera constante miles de vecinos camino de Kiev, a tan solo 24 kilómetros de Irpin. La mayoría son mujeres y niños que, en algunos casos, son acompañados por los hombres que, posteriormente, regresan a la localidad y colaboran en su defensa. Romanov contaba hasta el comienzo de la guerra el 24 de febrero con unos 2.000 habitantes. Esta localidad tenía uno de los dos puentes que da acceso a Irpin y que los propios militares locales dinamitaron la semana pasada para tratar de frenar el avance de las tropas del Kremlin.
Rusia y Ucrania se han acusado mutuamente este mediodía del segundo fracaso consecutivo de un alto el fuego para establecer un corredor humanitario que permita a los civiles salir de la ciudad ucrania de Mariupol (sureste del país). Es la segunda vez —la primera fue ayer sábado— que las partes intentan establecer estas vías seguras para que la población pueda huir de la ciudad, sitiada desde hace días por las tropas rusas y sin electricidad ni agua.
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Mariupol, la estratégica ciudad portuaria asediada y bombardeada por las tropas rusas, se asoma este domingo al desastre después del fracaso del segundo intento de alto fuego para evacuar a cientos de miles de personas atrapadas en la ciudad, que se ha convertido en una ratonera. Mientras, el Ejército ruso ha redoblado su ofensiva contra Kiev: el suburbio de Irpin, a 25 kilómetros de la capital ucrania, se encontraba este domingo bajo un intenso de bombardeo de artillería, mientras los civiles trataban de huir bajo el sonido de los bombazos.
Tras una conversación con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, el presidente ruso, Vladímir Putin, aseguró que no tenía intención de frenar la ofensiva. Según el resumen de la conversación ofrecida por el Kremlin, Rusia solo detendrá sus operaciones militares si Ucrania deja de combatir y se cumplen las exigencias de Moscú. Putin sostuvo que la operación se desarrollaba según el plan y el calendario previstos, y que esperaba que los negociadores ucranios adoptaran un enfoque más constructivo en las conversaciones previstas para el lunes y tuvieran en cuenta la realidad sobre el terreno, según el Kremlin.
Rusia y la Guardia Nacional de Ucrania se acusaron mutuamente de impedir el establecimiento de un corredor humanitario en Mariupol. La televisión Ukraine 24 mostró a un combatiente del Regimiento Azov de la Guardia Nacional que sostuvo que las fuerzas rusas que han rodeado la ciudad portuaria de unos 400.000 habitantes seguían bombardeando las zonas que, en teoría, deberían estar protegidas por el alto el fuego. La agencia de noticias Interfax citó a un funcionario de la Administración separatista de Donetsk que acusó a las fuerzas ucranias del fracaso del alto el fuego.
Los funcionarios locales de Mariupol tenían programado que un convoy encabezado por la Cruz Roja ayudase a sacar a la población civil del municipio, completamente sitiado por las tropas rusas y sin agua, calefacción, electricidad ni cobertura desde hace varios días. Este domingo por la mañana las autoridades locales habían dicho a los residentes que se reunieran en tres lugares diferentes de la ciudad y que estuvieran preparados para la evacuación, informa The New York Times, aunque el plan de evacuación no pudo llevarse a cabo, según las confusas informaciones sobre el terreno.
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La salida de civiles acordada un día antes, este sábado en Mariupol y en la pequeña localidad sureña de Volnovaja, también en condiciones críticas, tuvo que suspenderse por el fracaso del alto el fuego en esas poblaciones y de solo cinco horas pactado por Kiev y Moscú. El Gobierno ucranio acusó al Kremlin de bombardear la zona establecida como corredor humanitario para la salida de los civiles y la entrada de productos sanitarios y medicamentos, y de utilizar “artillería pesada y cohetes” contra Mariupol, que Rusia pretende controlar. El presidente ruso, Vladímir Putin, culpó a las autoridades ucranias de “sabotear” el acuerdo y el corredor para civiles.
Situación desesperada
Cientos de miles de personas resisten desde hace cuatro días en condiciones límite en Mariupol. “Ayer recogimos agua de nieve y de lluvia para poder beber. Hoy hemos tratado de conseguir agua en las distribuciones, pero la cola es enorme”, relataba este sábado uno de los trabajadores en la zona de Médicos sin Fronteras (MSF) en una nota enviada por la organización, que ha advertido de que la situación en la ciudad es crítica.
Una mujer que lograba salir de Mariupol en la noche del sábado contaba que los disparos en las calles no cesan, que los supermercados están desabastecidos y venden los alimentos que quedan, muchos ya caducados, informa Margaryta Yakovenko.
Residentes y funcionarios locales describieron a The New York Times condiciones de “pesadilla” después de cuatro días de bombardeos de las fuerzas rusas a la ciudad. “La gente bebe de los charcos en las calles”, dijo Petro Andryushchenko, asesor del alcalde de Mariupol, de casi medio millón de habitantes. “No hay electricidad, ni calefacción, ni conexión telefónica. Es un horror absoluto”. El bombardeo ha destruido el distrito de la orilla izquierda de la ciudad, que ahora “es incompatible con la vida humana”, consideró Andryushchenko.
Mientras, la ofensiva rusa se ensaña también con la zona de Kiev. Varios proyectiles de mortero han caído a lo largo de la mañana de este domingo en la carretera por la que están siendo evacuados a pie los civiles de la localidad de Irpin en dirección a Kiev ―las dos localidades están a solo unos 20 kilómetros—. Hay, al menos, tres muertos causados por uno de esos morteros en el cruce principal del pueblo de Romanov, según han confirmado a EL PAÍS varios reporteros presentes durante los ataques. Los cuerpos permanecían tapados delante de la iglesia y del monumento a los caídos en la Segunda Guerra Mundial, a escasos metros de donde el Ejército ucranio tiene un destacamento en retaguardia desde el que salen constantemente militares hacia la línea del frente.
Los morteros cayeron de manera repetida por el mismo lugar en el que en los últimos días pasan de manera constante miles de vecinos camino de Kiev. La mayoría son mujeres y niños que, en algunos casos, son acompañados por los hombres que, posteriormente, regresan a la localidad y colaboran en su defensa. Romanov contaba hasta el comienzo de la guerra el 24 de febrero con unos 2.000 habitantes. Esta localidad tenía uno de los dos puentes que da acceso a Irpin y que los propios militares locales dinamitaron la semana pasada para tratar de frenar el avance de las tropas del Kremlin.
La huida de ciudadanos de Ucrania tampoco deja de crecer. Filippo Grandi, alto comisionado de refugiados de Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados, ha informado este domingo de que Naciones Unidas eleva ya a 1,5 millones las personas desplazadas desde Ucrania hacia los países limítrofes por culpa de la invasión de Rusia hace 11 días.
La directora de operaciones de Médicos Sin Fronteras, Christine Jamet, ha exigido este domingo que se reanuden las evacuaciones. “Las personas que buscan seguridad tienen que poder ponerse a salvo sin miedo a sufrir los efectos de la violencia”. La ONG considera que los corredores humanitarios no son suficientes. “El paso y acceso seguro para la ayuda humanitaria debe ser un derecho, no un privilegio”, sostienen en un comunicado.
“Hemos sido testigos, en varias ocasiones, de cómo se alentaba a los civiles a salir a través de corredores de evacuación civil con límites de tiempo, y de cómo, todos aquellos que no pudieron o no quisieron huir, se encontraron con una violencia extraordinaria e indiscriminada desatada contra todo el mundo y contra todo lo que quedaba atrás, incluyendo muchos médicos y civiles”, ha aseverado Stephen Cornish, director general de la organización, que ha pedido a todos los militares que luchan en este conflicto que respeten las reglas de la guerra; que tomen todas las precauciones para evitar dañar a la población civil y que les consideren como civiles en todo momento.
En Ucrania están muriendo civiles. No hay cifras completas ni definitivas, pero es un hecho: la ONU cuenta al menos 351 muertes de no militares, la mayoría en bombardeos, y advierte de que esa cifra es una infraestimación.
Cientos de vídeos y fotografías compartidos en redes sociales muestran ataques contra infraestructuras civiles. EL PAÍS ha analizado una treintena de eventos, centrándose en los recogidos por grupos de verificación como el Centre for Information Resilience y Bellingcat. Los mostramos al final del texto.
Un ejemplo es el bombardeo sobre unos bloques de pisos en Borodyanka, al oeste de Kiev.
Un video grabado en el parque contiguo muestra los edificios en ruinas y un tobogán entre escombros y árboles caídos. A 50 metros está la escuela infantil Pinocho, que tiene ahí su patio de recreo.
Otra toma con diferente ángulo muestra una de las construcciones en llamas. El restaurante Donde Sasha, que ocupaba los bajos del edificio, tenía un arco a la entrada que ahora está derruido y un jardín que ha desaparecido. La rotonda está llena de escombros.
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El 1 de marzo en Borodyanka hubo 21 muertos civiles y más de cien heridos, según informó la administración regional.
El 25 de febrero se produjo un ataque de artillería sobre una guardería de Okhtyrka, una ciudad de 50.000 habitantes a unos 100 kilómetros al oeste de Járkov. Murió una niña de siete años y otras cinco personas más, según la ONG Save the Children.
Un video verificado por el grupo de investigación Bellingcat muestra el momento después del ataque. Se aprecian media docena de impactos sobre el techo de la escuela y en el patio que hay a la entrada. También se ven dos cuerpos tendidos en el suelo.
En los alrededores de la escuela hay otros centros de estudios y multitud de bloques de viviendas.
El 1 de marzo, un misil ruso impactó contra el edificio de la administración regional de Járkov, que preside la Plaza de la Libertad y está rodeado de oficinas, cafés y restaurantes. El momento del ataque lo capturó un vídeo difundido por el Ministerio de Defensa ucranio.
Los servicios de emergencia estatales dicen que hubo al menos siete fallecidos en la explosión, aunque las autoridades locales dieron cifras de muertos diferentes a lo largo del día.
El edificio está en el centro de Járkov, la segunda ciudad más poblada del país, que ha sufrido duros bombardeos durante esta semana.
Unos 500 metros hacía el sur, otro vídeo captó el derrumbe de la facultad de Economía de la Universidad Karmazin. El edificio está en una manzana universitaria, rodeado de bares y cafeterías. El edificio contiguo es un centro de la policía, también dañado.
Los rusos también han bombardeado zonas residenciales a las afueras de Járkov. El 28 de febrero, un bloque de pisos del suburbio de Obriy recibió el fuego de un ataque aéreo. Vídeos y fotografías muestran explosiones a los pies del edificio, que está cerca de una clínica, un colegio, una farmacia y un mercado.
En los alrededores de Kiev hay bombardeos e intensos combates desde los primeros días de la invasión. Especialmente en el noroeste, cerca del aeropuerto de Gostomel, que pronto quedó inutilizado por las bombas.
Vídeos tomados entre el 28 de febrero y el 1 de marzo muestran las consecuencias del ataque en un barrio residencial de Irpin, localidad que se toca con Kiev. En las imágenes se ven bloques de casas reducidos a escombros. En la zona hay una guardería privada, un parque y tiendas de comestibles. Según autoridades locales citadas por la BBC, hubo varias víctimas civiles.
Centro médico
y consultas
Centro médico
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Hemos destacado cinco bombardeos sobre zonas urbanas, pero los ataques contra civiles se cuentan por decenas. El mapa a continuación los señala en Kiev, Bucha, Járkov, Mariupol, Mykolay, Jersón o Cernihiv. Por desgracia, no es una lista completa ni definitiva.
En algunos de estos ataques se ha documentado el uso de bombas de racimo, un arma prohibida por convenciones internacionales, aunque ni Rusia ni Ucrania las suscribieron. Estas bombas explotan en dispersión sobre una gran superficie, de manera indiscriminada, lo que las convierte en una amenaza directa contra la población. Amnistía Internacional ha certificado su uso contra civiles en Járkov el 28 de febrero y Humans Rights Watch denuncia su utilización en el bombardeo a un hospital en Vuhledar, en el Donbás.
Nota
Todas las imágenes verificadas para este artículo han sido recopiladas entre el 28 de febrero y el 4 de marzo de 2022. Puede acceder en este enlace al listado completo.
El padre Tadeus imparte la bendición a dos feligreses a los que ha sacado en su coche de Irpin tras varios días de asedio de las tropas rusas. La despedida es rápida en la carretera que lleva a Kiev. Esta vía se ha convertido en un torrente por el que escapan miles de personas. Vestido con sotana y estola, este sacerdote católico de 62 años se da media vuelta y regresa decidido en sentido contrario del que toma el éxodo que huye de la guerra y que está vaciando el casco urbano. El cura asegura que no tiene intención de dejar su iglesia.
El padre Tadeus imparte la bendición a dos feligreses a los que ha sacado en su coche de Irpin.luis de vega
Los combates se han recrudecido en esta localidad de alrededor de 60.000 habitantes situada a unos 25 kilómetros del centro de la capital de Ucrania. Las bombas han caído este fin de semana junto a la estación de trenes y una parte importante de la población ya no dispone de agua, electricidad o gas, según el testimonio de varios de los ciudadanos. “Tenemos que quedarnos a proteger esta ciudad, aunque yo no tengo arma”, explica Dimitri, de 40 años, que ejerce de conductor voluntario para las personas que desean salir.
Las detonaciones se escuchan con frecuencia y las columnas de humo negro se elevan tanto al este como al oeste. Un misil surca el cielo disparando aún más el estado de nervios de los presentes. Grupos de militares ucranios se dirigen a pie hacia el frente preparados para entrar en combate con los rusos, que hostigan esta zona al noroeste de Kiev desde hace una semana. Con inmenso dolor y cierto orgullo patrio, los ven pasar los civiles que dejan atrás su ciudad. Los habitantes comprueban con la incredulidad dibujada en el rostro que la guerra ha llegado a la misma puerta de sus casas. No saben cuándo regresarán, cuándo podrán normalizar su vida de nuevo.
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Desde antes de llegar a Irpin por la carretera que conduce desde Kiev, se intuyen las dimensiones del movimiento de refugiados por los nutridos grupos de personas que caminan por el arcén y el carril bici. Artem, de 30 años, avanza junto a su mujer y un grupo de conocidos. Cuenta que la ciudad está tomada por el Ejército, pero que no ha visto a uno solo de los soldados rusos. “Lo peor han sido los tres últimos días”, comenta sobre los combates.
El Ejército local se divide las tareas en Irpin. En el frente, trata de frenar el avance de las tropas rusas. En la retaguardia, ayudan junto a los milicianos a evacuar la población. Miles de personas se agolpaban este sábado entre los restos del puente que los propios soldados ucranios dinamitaron la semana pasada para intentar retrasar el avance hacia Kiev de las tropas del Kremlin. Los pilares que todavía aguantan forman un corredor bajo la carretera por el que acceden los refugiados al cauce del río por un vomitorio que se queda estrecho ante la gran afluencia. Pese a la muchedumbre, apenas un puñado de militares van dando paso porque, de manera sorprendente, el orden apenas se ve alterado en el tumulto. Eso sí, los cascotes de ese puente volado en el pueblo de Romanov hacen ahora de embudo cuando los civiles necesitan escapar.
Miles de personas intentan escapar de Irpin bajo un puente que las tropas ucranias dinamitaron para retrasar el avance del Ejército ruso.luis de vega
Este sábado se multiplican los testimonios del horror dejado atrás. Como el de María, de 22 años, que viene casi con lo puesto desde Bucha, cinco kilómetros más allá de Irpin. Ese ha sido en la última semana otro escenario de los más feroces combates con imágenes de una columna de blindados rusos calcinada en una de las calles principales. María, que apenas se detiene a hablar con el reportero, trata de llegar junto a su prima a la estación de tren de Kiev y después a Polonia.
Jóvenes uniformados del Ejército ucranio se afanan en ayudar a pasar a los bebés, a los niños, a los ancianos y a los que han huido con más equipaje del que pueden transportar por sí mismos. Son muchos los que no dejan atrás a sus mascotas. Los perros y gatos son también protagonistas de la escapada. Para otros, lo que no hay que dejar atrás son iconos religiosos y la Biblia. La más absoluta incredulidad se dibuja tras las gafas de Shirley, originaria de Hong Kong y casada con Jan, un ucranio, como ella, de 33 años. Ambos, residentes en Irpin, van fuertemente cogidos de la mano hacia donde la marea humana les lleve.
Todo vale para ayudar a trasladar a las personas con dificultades por encima de los tablones habilitados sobre el cauce del río Irpin. Hay mujeres, sin fuerza para seguir avanzando, que son alzadas sobre mantas en la parte más agreste; a otras directamente las recogen los militares y las cargan sobre ellos. Algunos necesitan todavía más ayuda, pues llegan en silla de ruedas. Superado el puente, hay varias carretillas de las que los voluntarios tiran con personas que avanzan casi desfallecidas por la carretera de Romanov. Oxana, una doctora militar, está atenta para asistir a los que ve más derrumbados.
Salida de ciudadanos de Irpin, cerca de Kiev (Ucrania).luis de vega
En uno de los cruces, delante de un carro de combate, espera una veintena de personas que apenas pueden desplazarse por sí mismos. Son pacientes evacuados del hospital de Irpin a primera hora del sábado, confirma Serguéi, de 33 años, un doble amputado que se mueve sobre dos prótesis. Explica que están esperando a que los trasladen a un centro médico de Kiev. Muchos a su alrededor van sobre muletas o caminan con piernas ortopédicas. Uno, incluso, lleva su pierna de plástico sobre la bolsa de deporte donde porta sus pertenencias.
Cerca de la iglesia de Romanov, Vlod, un militar de 19 años, trata de calmar el llanto de Emma, una niña de cinco meses que lleva en sus brazos. Julia, su madre, llora desconsolada porque la situación le supera. Por unos instantes no encuentra a su marido, Oleg. “Estos últimos 11 días han sido los más terroríficos de mi vida”, cuenta en el momento en que logran acomodarla en el asiento delantero de una furgoneta con el bebé en su regazo. “Nuestra vida era perfecta en Irpin. Sus parques… ahora es una ruina. Esto es muy duro”, lamenta Julia todavía con el rostro bañado en lágrimas.
Vlod, militar de 19 años, sostiene a Emma, de cinco meses, hija de Julia (izquierda), desesperada en medio de la evacuación de Irpin.luis de vega
Sin calefacción, casi sin agua y sin electricidad. Un millón de personas resisten desde hace tres días en condiciones críticas en Mariupol, sitiada por las fuerzas de Vladímir Putin. Este sábado, la evacuación de la ciudad portuaria y de la pequeña localidad sureña de Volnovaja, también en condiciones críticas, se ha suspendido por el fracaso del alto el fuego puntual y de solo varias horas acordado por Kiev y Moscú. El Gobierno ucranio ha acusado al Kremlin de bombardear la zona establecida como corredor humanitario para la salida de los civiles y la entrada de productos sanitarios y medicamentos, y de utilizar “artillería pesada y cohetes” contra Mariupol, que Rusia aspira conquistar. El presidente ruso, Vladímir Putin, ha acusado a las autoridades ucranias de “sabotear” el acuerdo y el corredor para civiles y ha elevado aún más sus amenazas sobre Kiev. Mientras, miles de personas siguen atrapadas bajo los bombardeos en una situación desesperada.
Los expertos ya habían dudado del cumplimiento ruso de la medida. Advertían, además, de que el alto el fuego podría beneficiar a Rusia, que podría aprovechar para reagruparse, reabastecerse y, tras la salida de la mayoría de la población civil, lanzar una dura ofensiva para ocupar Mariupol, de una gran importancia industrial y estratégica en el mar de Azov para avanzar en sus planes de crear un corredor desde la península ucrania de Crimea, que se anexionó ilegalmente en 2014, y el Donbás.
Cientos de personas se habían reunido en los puntos de recogida de Mariupol para montar en vehículos y autobuses habilitados para salir a través de los corredores humanitarios este sábado cuando han estallado nuevos ataques rusos, ha asegurado el alcalde de la ciudad, Vadim Boichenko, de donde necesitan salir unas 200.000 personas. “Valoramos la vida de cada habitante de Mariupol y no podemos arriesgarnos, por eso detuvimos la evacuación”, afirmó a la televisión local.
Más de 15.000 aspiraban a utilizar los corredores humanitarios supervisados por la Cruz Roja desde Volnovaja, situada entre el Mar de Azov y la ciudad de Donetsk, controlada por Moscú y reclamada por los separatistas prorrusos apoyados por el Kremlin desde 2014. La localidad, de 21.000 habitantes, está prácticamente arrasada por los bombardeos, los cadáveres yacen en las calles sin poderse recuperar y la ciudadanía que queda en Volnovaja permanece acurrucada en los refugios por los constantes ataques. No hay suministros y se están quedando sin comida, advirtió el diputado local Dmitro Lubinets.
Médicos sin Frontera, que tiene personal en la zona ha advertido que la situación en las dos ciudades es crítica. “Ayer recogimos agua de nieve y de lluvia para poder beber. Hoy hemos tratado de conseguir agua en las distribuciones, pero la cola es enorme”, ha relatado uno de sus trabajadores en una nota. “Las farmacias no tienen medicamentos”, ha alertado. Christine Jamet, directora de operaciones de la veterana ONG ha exigido que las evacuaciones se reanuden. “Las personas que buscan seguridad tienen que poder ponerse a salvo sin miedo a sufrir los efectos de la violencia”, ha dicho. Apenas 400 personas han podido abandonar las dos ciudades esta mañana.
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La guerra de Putin contra Ucrania ha cumplido ya 10 días y este sábado ha vuelto a endurecer la ofensiva. La resistencia del Ejército ucranio —en desigualdad numérica y con menos capacidad de lucha aérea y carencias de sistemas de defensa antiaérea— y de la sociedad civil ha ralentizado el avance de las tropas rusas, que han cambiado de estrategia y han pasado a poner en la diana infraestructuras civiles y zonas residenciales. El Kremlin está atacando el corazón de las ciudades, de donde más de 1,2 millones de personas se han visto obligadas a huir, según la ONU, que contabiliza 351 civiles muertos por la guerra pero avisa de que la cifra “subestima” la realidad.
El Ejército ruso se ha aplicado con dureza en zonas civiles de Járkov, la segunda ciudad más poblada del país, en el este de Ucrania; Chernihiv, cerca de la frontera con Bielorrusia y donde un duro ataque contra una zona residencial mató el jueves a 47 personas; Sumi, al noreste del país, escenario de duros ataques y donde hay atrapados cientos de estudiantes internacionales; y los alrededores de Kiev, la capital, hacia donde se dirige desde hace días un kilométrico convoy de blindados rusos que, sin embargo, está encontrando muchas dificultades para avanzar. Rusia ha tomado también un hospital psiquiátrico a las afueras de la capital, según ha afirmado este sábado el gobernador regional, Oleksi Kuleba.
Mientras, el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Igor Konashenkov, ha recalcado que el cerco a Mariupol —que, según sus palabras, está aplicando las fuerzas de la autoproclamada “república popular” de Donetsk— se sigue estrechando. Rusia, que asegura que no ataca zonas civiles y que sus ataques son quirúrgicos, ha afirmado que se ha hecho con el control de otras pequeñas localidades del este de Ucrania. El Estado Mayor ucranio ha anunciado por su parte que emprenderá una contraofensiva.
Las fuerzas de Putin, que asegura que quiere “desnazificar” Ucrania, siguen tratando de avanzar por otros flancos del sur, donde han obtenido por ahora los mayores logros. Ya controlan la costera ciudad de Jersón, de 290.000 habitantes, y la primera gran urbe en caer en manos rusas, que puede actuar como otra lanzadera en su camino hacia Odesa, también en el mar Negro, en una maniobra que podrían combinar con una invasión anfibia, han advertido los analistas militares. El objetivo de Moscú es arrebatar a Ucrania el control del mar.
Sin embargo, ya han estallado protestas en ciudades y pueblos bajo la ocupación rusa. En Jersón, que las tropas del Kremlin han tratado de aislar con el corte de las redes de telecomunicaciones ucranias, varios cientos de personas salieron a la calle este sábado con banderas ucranias y al grito de “vergüenza” o “iros a casa”. Imágenes similares se dieron hace dos días en la ciudad de Melitopol, Beriansk (en el mar de Azov) y otras localidades de población mayoritariamente rusoparlante, aquella que el presidente Putin afirma proteger.
Con el fracaso del alto el fuego puntual para las evacuaciones de este sábado también ha descarrilado la reunión entre las delegaciones ucrania y rusa que iba a celebrarse en Bielorrusia, cerca de la frontera con Ucrania. Está previsto que la nueva mesa de diálogo —la tercera— tenga lugar el lunes. Es posible que se acuerde un nuevo alto el fuego temporal y parcial. Aunque la ministra para los territorios ocupados de Ucrania, Iryna Vereshchuk, ha advertido que las tropas rusas pueden aprovecharlo para avanzar sobre posiciones ucranias.
Emma Beals, investigadora no residente en el Middle East institute, que ha estudiado las pautas de las estrategias rusas en Siria, por ejemplo, donde su apoyo fue clave para el régimen de Bachar el Asad, destaca que el alto el fuego y los corredores humanitarios son extremadamente necesarios para evacuar a la población civil y la entrada de asistencia humanitaria, pero que los acuerdos rusos deben tomarse con “grandes dosis de escepticismo”. “En Siria, hemos visto a Rusia aceptar ese alto al fuego que no cumplió y ofrecer corredores humanitarios que eran inseguros o inapropiados y no podían utilizarse”, señala. “Históricamente, Rusia ha aceptado aplicar un cese al fuego solo cuando está en línea con sus ambiciones estratégicas, con lo que puede ser una victoria militar completa”, advierte Beals.
A medida que la ofensiva rusa se endurece, el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, va elevando el tono para reclamar ayuda a sus aliados. Este sábado, el líder ucranio ha lanzado una llamada desesperada a los legisladores estadounidenses en una reunión por videoconferencia para obtener más aviones y apoyo para que la OTAN cree una zona de exclusión aérea sobre Ucrania. Para el país del Este, el más grande de Europa, el mayor desafío son los ataques aéreos.
Avance de tropas rusas (a 4 de marzo)
Anexionada por
Rusia en 2014
Fuentes: Territorios ocupados
(Instituto para el Estudio de la Guerra).
Avance de tropas rusas (a 4 de marzo)
Anexionada por
Rusia en 2014
Fuentes: Territorios ocupados
(Instituto para el Estudio de la Guerra).
Avance de tropas rusas (a 4 de marzo)
Anexionada por
Rusia en 2014
Fuentes: Territorios ocupados (Instituto para el Estudio de la Guerra).
La OTAN ya rechazó el viernes por la noche establecer la zona de exclusión aérea que el presidente Zelenski había pedido, y reclamó que no intervenga por aire ni por tierra por temor a que Rusia extienda su agresión a otras partes de Europa. Crear la zona de exclusión, explicó el secretario de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, requeriría desplegar aviones de combate de la OTAN y posiblemente “derribar aviones rusos”. “Como aliados de la OTAN, tenemos la responsabilidad de evitar que esta guerra se intensifique más allá de Ucrania”, dijo Stoltenberg. “Hemos dejado claro que no vamos a entrar en Ucrania, ni en tierra ni en el espacio aéreo ucranio”, añadió.
Zelenski cargó contra la decisión de la Alianza que ve como una señal de debilidad y división de la OTAN. “Todas las personas que mueran a partir de este día también morirán por vuestra culpa”, dijo el presidente ucranio en un vídeo, en el que agregó que el rechazo de la Alianza a actuar ha supuesto para Moscú una señal de “luz verde” para atacar pueblos y ciudades de Ucrania.
Ante las reclamaciones del líder ucranio, Putin ha advertido este sábado de que cualquier intento de otra potencia de imponer una zona de exclusión aérea en Ucrania sería considerado por Rusia como un paso hacia el conflicto militar. Tal paso, ha aseverado, tendría consecuencias catastróficas para Europa y el mundo.