La maquinaria de propaganda rusa tergiversa e incluso inventa información desde finales de 2021 para justificar o disfrazar el desplazamiento de tropas hacia la frontera con Ucrania, según constata EUvsDisinfo, un equipo de la Unión Europea especializado en combatir las mentiras rusas sobre Europa. De acuerdo con sus análisis, tanto el propio Gobierno de Vladímir Putin como los medios cercanos al Kremlin han construido una narrativa alternativa a los hechos en la que responsabilizan a Kiev y a la OTAN de la concentración de soldados rusos en las puertas de su país vecino.
Los medios pro Kremlin han publicado decenas de informaciones que defienden la idea de que Rusia ha movilizado a sus soldados para prepararse contra el “inminente ataque de Ucrania”, una nación a la que acusan de estar dominada por “neonazis” entrenados por las potencias occidentales. Un ejemplo de este tipo de mensajes es la advertencia lanzada por varios medios de comunicación prorrusos de que la OTAN pretende instalar bases militares en Ucrania para invadir Rusia o incluso de que 10.000 soldados de la alianza atlántica ya se encuentran sobre el terreno, como publicó sin pruebas de.rt.com el pasado 20 de diciembre. “El aviso de que Ucrania prepara una agresión es una narrativa muy frecuente” dentro de la desinformación rusa para culpar a Occidente de la escalada de tensión en el este de Europa, asegura la brigada antibulos de la UE.
Sin embargo, existen otro tipo de mensajes que pueden resultar contradictorios con esta narrativa. Algunos medios de la órbita del Kremlin difundieron que la prensa europea culpaba a Moscú de una falsa agresión contra Ucrania para justificar la venta de armas a Kiev. O que la población prorrusa de la región ucrania del Donbás estaba en peligro, motivo que había obligado a desplegar soldados rusos en la zona.
Estas aparentes incoherencias son, sin embargo, parte de una estrategia de desinformación en la que el mensaje principal es la confusión. Según EUvsDisinfo, es la puesta en práctica de la teoría militar rusa sobre la guerra de la información, que defiende la necesidad de crear una narración de forma preventiva para ocupar “los espacios vacíos en el flujo de información”. Es decir, el objetivo no es extender una idea o un mensaje sino confundir a la audiencia con exceso de información para generar desconfianza.
Este tipo de narrativas no solo son promovidas desde medios de comunicación. El pasado 17 de diciembre, el Ministerio de Exteriores ruso publicó los borradores de dos propuestas de acuerdos, uno con Estados Unidos y otro con la OTAN, para rebajar la tensión en la frontera con Ucrania. Entre sus cláusulas aparece el compromiso de “no ampliar más la alianza atlántica, incluida la adhesión de Ucrania y otros Estados”. Aunque los documentos, elaborados por Moscú, no constituyen una oferta seria de negociación, encierran en su redacción las narrativas tradicionales de desinformación: que Rusia es una superpotencia rodeada por fuerzas hostiles o que Ucrania es una amenaza para Rusia.
Ucrania, los neonazis y los lazos históricos con Rusia
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Fotograma del vídeo en el que supuestamente soldados ucranios disparan a migrantesEUvsDisinfo
Los medios de comunicación pro Kremlin han intentado presentar a Ucrania como un país despiadado. Medios como RT o Sputnik difundieron en sus redes sociales a principios de diciembre un vídeo en el que supuestamente guardias fronterizos ucranios mataban a un grupo de inmigrantes que intentaban entrar en el país a través de la frontera con Bielorrusia. En las imágenes, imposibles de geolocalizar y aparentemente grabadas con una cámara de infrarrojos, se aprecia a un grupo de personas que se desplazan por la noche sobre el terreno, cuando de repente son tiroteadas. El Gobierno ucranio ha asegurado que las imágenes son falsas.
Otro ejemplo recurrente de intento de desprestigio de la imagen de Ucrania es la supuesta relación entre sus dirigentes y el neofascismo. La web Ria.ru publicó el pasado diciembre que en el país impera un “terrorismo de Estado” solo comparable a “los tiempos de la ocupación nazi”. También akhbarak.net y arabic.rt.com acusaron en sus páginas al “régimen ucranio” de “asesinar a la oposición con la ayuda de los neonazis”.
Y la única vía de salvación ante el ocaso ucranio, según la propaganda rusa, es el retorno a los brazos de la madre patria. El pasado 12 de julio, el presidente ruso, Vladímir Putin, publicó un artículo de 5.000 palabras titulado Sobre la unidad histórica de rusos y ucranios, en el que el líder del Kremlin expresa su amor por Ucrania – porque “rusos, bielorrusos y ucranios son todos descendientes de la Antigua Rusia”-, pero al mismo tiempo lanza amenazas si el país se separa de la influencia rusa. En su particular visión de la historia, que aparentemente procede de sus investigaciones personales, Putin afirma: “Ucrania fue arrastrada a un peligroso juego geopolítico destinado a convertirla en una barrera entre Europa y Rusia, en un trampolín contra Rusia”. Y advierte: “Había una necesidad del concepto de ‘anti Rusia’ que nunca aceptaremos”.
En Popayán están sorprendidos por la mentira que puso en alerta en la ciudad y generó pánico entre las mujeres.
Noticias Cauca
Con el cabello bien amarrado y hasta con temor de salir a la calle estaban las mujeres en Popayán, Cauca, tras la denuncia de una adolescente que aseguraba que le habían robado el suyo.
Una foto circula en redes, muestra la parte de atrás de la cabeza de una mujer, trasquilado.
Le cortaron con una tijera por mechones, eso dijo.
Sería la víctima del hurto de cabello que resultó ser falsa denuncia.
Denunció que la habían amarrado y estaba indefensa.
Sin embargo, la Policía de Infancia y Adolescencia que tomó el caso, investigó lo ocurrido. La forma de corte del cabello, llamó la atención.
Encontraron que a la jovencita, nadie la había atracado, sino que habría vendido su cabello por $200.0000.
Hasta ahora, no se ha informado cómo y dónde lo vendió, tampoco si la contactaron o ella fue a ofrecerlo, entendiendo además que es menor de edad y requería de un permiso de sus acudientes.
Cuando la policía le pidió contar qué había pasado, contó la verdad: “Lo vendí”.
Dijo que había sentido temor de que en su casa la regañaran.
El caso está siendo manejando con acompañamiento psicológico, pero se están revisando las implicaciones de la denuncia que se hizo y todo lo que generó.
Esto generó alarma nuevamente, luego de que en agosto del año pasado, una joven fuera agredida con su cabello.
Dos sujetos en moto la abordaron cuando ella salía de una peluquería en el barrio Ciudad Jardín, y le echaron pegante, lo que llevó a que perdiera parte del cabello.
Por ahora la policía en Popayán no ha hecho un anuncio oficial del reciente caso de falsa denuncia.
Cuando el congresista Vicente González se topó con los asaltantes en los túneles del Capitolio hace un año, se quitó la corbata y el pin que le identificaba y echó a caminar, ni muy deprisa ni muy despacio, hasta perderlos de vista. Primero oyó los gritos desaforados, luego empezaron los disparos, y cuando vio a la policía apuntando con pistolas a los hombres y mujeres que trataban de entrar en la Cámara, pensó que cualquier cosa era posible. Temió un baño de sangre. Al poco, los evacuaron y los trasladaron a un búnker. “Estábamos todos juntos, los republicanos y los demócratas, rezando juntos”, cuenta González, texano y demócrata, de 54 años.
El 6 de enero de 2021 una turba de seguidores del entonces presidente Donald Trump marchó hasta el Congreso con el propósito de impedir la confirmación de la victoria electoral de Joe Biden tras una oleada de bulos de fraude espoleada por el propio mandatario. “Vamos a bajar caminando hasta el Capitolio y vamos a animar a nuestros valientes senadores y congresistas”, arengó Trump por la mañana a la muchedumbre a la que había convocado ante la Casa Blanca. “A algunos no los vamos a animar mucho porque nunca recuperaréis vuestro país con debilidad, tenéis que mostrar fuerza y ser fuertes”, añadió.
Pocos minutos después comenzó la invasión de la Cámara, el episodio más violento desde la guerra civil, y Estados Unidos oteó el abismo. Murieron cinco personas, resultaron heridos 140 policías. Sobre las tres y media de la madrugada, con el Congreso ya convertido en una fortaleza, senadores y congresistas se reunieron de nuevo y certificaron el resultado electoral.
Jacob Anthony Chansley, durante su protesta en el interior del Capitolio el 06 de enero del 2021.Manuel Balce Ceneta (AP)
Para el congresista González, el balance, un año después, es mixto. “Conseguimos asegurar una transición pacífica aquella noche, la democracia funcionó”, dice. Sin embargo, “esa gente ha tenido su éxito, no podemos hacer como que no existe. El 6 de enero fue otro 11 de septiembre, uno interno, de americanos atacando a americanos. Ahora tratan de minimizarlo y a los republicanos, salvo algunos héroes, les ha faltado valor político de ponerle límites a las mentiras de Trump”.
No hay barreras estos días en los jardines del Capitolio. Sí trineos y niños que alborotan, caen y ríen a cámara lenta, entorpecidos por la nevada. Recuerdan la escena al ralentí de la guerra de almohadas de la película Cero en conducta. Hacen que parezca inverosímil que hace solo un año, allí mismo, se derramó sangre intentando evitar la confirmación de un presidente. Hoy la seguridad se ha reforzado, la justicia ha actuado (por el momento, 725 imputados y 71 condenados) y el sistema ha resistido, pero el próximo desafío a la voluntad popular del país más poderoso del mundo tal vez no necesite puertas y ventanas.
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Alrededor de un 70% de los votantes de Trump sigue creyendo que Joe Biden llegó a la Casa Blanca gracias al fraude electoral; buena parte de los republicanos que pararon los pies a su presidente en 2020 han sido defenestrados y varios Estados conservadores, como Georgia y Arizona, han impulsado leyes electorales que, de facto, lastran el voto de las minorías y refuerzan el papel de las Cámaras legislativas estatales para anular votos y certificar los resultados. El terreno, en otras palabras, resulta más propicio que hace un año para una cruzada como la que Trump puso en marcha a lomos de un bulo tumbado decenas de veces en los tribunales. Y este bulo, lejos de marchitarse, sigue formando parte del menú habitual de medios como Newsmax o Infowars y de los correos electrónicos que el exmandatario —el favorito de las bases de cara a 2024— envía pidiendo donativos.
Un año después del asalto al Capitolio que conmocionó a EE UU y desconcertó al mundo, la llamada “Gran Mentira” ha arraigado en el país y se ha embarcado en un segundo asalto que se libra, también, a cámara lenta. El movimiento no se encuentra orillado en los márgenes de la sociedad, sino en su centro, de ahí su potencia de tiro. Entre los insurrectos de hace un año había miembros de grupos de extrema derecha como los conocidos Proud Boys o los Oath Keepers, pero la gran mayoría era gente de a pie, algo que rompe los esquemas de los expertos en violencia política y arroja señales preocupantes sobre cómo el repudio al sistema ha gangrenado en parte de la población general.
Donald Trump durante su mitin del 06 de enero del 2021. MANDEL NGAN (AFP)
Robert A. Pape, un reputado estudioso en este campo que dirige el Proyecto en Seguridad y Amenazas de la Universidad de Chicago, ha pasado este año analizando los perfiles de los asaltantes sobre la base de la documentación judicial de los centenares de imputados. “Lo que me sorprendió”, explica por teléfono, “es que había mucha gente que formaba parte de la sociedad mainstream. Este tipo de sucesos solía estar ligado a grupos extremistas, pero si miras las características de la gente que asaltó el Capitolio, alrededor de la mitad eran pequeños empresarios, profesionales cualificados, abogados, arquitectos…”.
Ese perfil, advierte Pape, “encaja además con las encuestas, el número de personas que simpatizan con ese sentimiento de insurrección: representan unos 21 millones de ciudadanos. Es mucho más de lo que se podría esperar de un movimiento marginal”, añade. Y la edad media de los encausados se sitúa en los 41,8 años, cuando la tendencia en los extremistas violentos en Europa, EE UU y Oriente Próximo tiende a situarse en los 20 y 30 años.
El equipo de investigación, cuyas conclusiones fueron publicada primero en la revista The Atlantic, trató de buscar algún patrón que sirviese para explicar las motivaciones, pero no hallaron correlaciones muy evidentes: los insurgentes no procedían de los territorios más trumpistas, no predominaban los rurales, ni tampoco los residentes en condados donde los ingresos de los trabajadores blancos bajaban. La única tendencia clara resultó la demográfica: los vándalos tenían más probabilidad de proceder de territorios en los que la población blanca estaba encogiendo frente a minorías.
“Es la teoría del Gran Reemplazo, la idea de que los blancos están siendo sobrepasados; solía ser algo marginal, pero lo piensa el 75% de esos 21 millones de ciudadanos”, dice Pape. “Cuando ves apoyo de parte de la sociedad a la violencia política ya no tienes el típico problema de seguridad, tienes un grave problema político y social y debes estar preocupado porque las elecciones [legislativas] de 2022 son un barril de dinamita, porque tienes a 21 millones de personas que tienen ese sentimiento de insurrección”.
A Tiffany Polifko, analista conductual de 39 años, le cuesta creer que Biden haya llegado a la presidencia de forma limpia. “Ya sabemos que hubo fraude en muchos Estados y ya estábamos advertidos de que si esa gran cantidad de votos por correo llegaban, todo iba a ser cuestionable”, afirma desde Ashburn (Virginia). Ante el rechazo que esta teoría encontró en los tribunales, Polifko responde que “muchos sencillamente se negaron siquiera a mirar la cuestión, no es que explorasen el asunto”. Shawnda Gorosieta, de 54 años y de la misma ciudad, piensa que no hubo suficiente “supervisión en los votos por correo y no se tabularon de forma correcta”. Para Gorosieta, jefe de proyectos en el sector de la construcción, “es una cuestión también de sentido común: ¿por qué hubo tanta participación en esta elección? ¿De dónde sacaron todos esos votos para Biden? Ni [Barack] Obama logró tantos”.
Las elecciones del 3 de noviembre de 2020 registraron una participación del 66%, la mayor en 120 años. Biden se convirtió, en efecto, en el presidente que obtuvo el mayor número de apoyos en términos absolutos, 81,2 millones de sufragios frente a los 74,2 millones de Trump, que también resultó el segundo candidato más votado hasta ahora, pero esas papeletas no las cuestionan sus votantes. Ninguna de las auditorías realizadas en territorios que fueron críticos para el resultado final ha cambiado las tornas, aunque eso no ha acabado con los recelos.
Seguidores de Trump participan en el mitin de Washington el 06 de enero de 2021.John Minchillo (AP)
Esa cruzada, judicial y política, se estrelló contra los tribunales y contra un puñado de funcionarios y cargos electos, muchos de ellos republicanos, que sencillamente se negaron a participar en la escaramuza. Fue un abogado republicano llamado Aaron Van Langevelde, miembro del Consejo Electoral de Michigan, quien se plantó ante las presiones y emitió el voto decisivo que certificó los resultados en ese territorio bisagra. En Georgia, otra plaza fundamental en la victoria demócrata, fue el secretario de Estado, Brad Raffensperger, quien no cedió a la presión directa del presidente para encontrar esos “11.780 votos” que le faltaban para ganar.
El primero no volvió a ser nominado para el puesto en el Consejo en Michigan y el segundo fue censurado por su partido y retirado de la presidencia del Consejo Electoral del Estado. A Adam Kinzinger, un congresista republicano que votó a favor del impeachment de Trump por incitación a la insurrección, lo repudió buena parte de su familia. Forma parte de la comisión que investiga el 6 de enero en el Congreso, pero ya ha avanzado que no se presentará a la reelección. Y muchos de los candidatos que se presentan a las legislativas de noviembre, cita clave en todo este asunto, se han alineado con Trump.
“Las consecuencias del día del asalto no pueden separarse de las consecuencias de lo que pasó en los meses siguientes, el modo en el que el Partido Republicano no rechazó a Trump y sus tácticas. Tenemos a un 70% de republicanos que cree que Biden ganó mediante fraude. La confianza en el proceso electoral se ha socavado y la falta de confianza en los resultados de las urnas es potencialmente muy peligrosa”, señala Alex Keyssar, historiador de Harvard especialista en elecciones.
El debate sobre la seguridad de las elecciones no es nuevo. Los republicanos siempre han tendido a pedir más restricciones alegando la facilidad de fraude y los demócratas han pedido facilidades arguyendo el menoscabo a las minorías. Ahora, los demócratas tratan de impulsar una ley de ámbito nacional que precisamente amplíe y favorezca la participación en respuesta a las reformas conservadoras aprobadas. Las legislativas de 2022 se han convertido en un capítulo crítico del propio sistema electoral. “Si el partido demócrata no hubiera estado en la mayoría de la Cámara ese día, la elección de 2020 no se hubiese certificado y EE UU sería una república bananera”, apunta González.
El desánimo ha hecho mella en el personal que trabaja en el Capitolio. Más de un centenar de policías habían dimitido hasta diciembre pasado, una cifra muy superior a la de años anteriores. Y las amenazas recibidas por miembros de las Cámaras o su personal escalaron hasta las 9.600 en 2021, cuando no alcanzaban las 4.000 en 2017, según The Washington Post. Para Rich Luchette, asesor del congresista demócrata David N. Cicilline durante 13 años, el asalto de hace un año fue la gota que colmó el vaso. Se encontraba en la oficina de su jefe cuando comenzó el tumulto. De la extrañeza pasó al miedo y del miedo, al enfado. “Llegar a ese punto es algo que me indignó. Un presidente que había estado sembrando desconfianza en el sistema, había acabado llamando a sus seguidores a manifestarse allí ese día. Fue un punto de inflexión, llevaba tiempo pensando en cambiar y aquello me acabó de decidir a dejar el trabajo”, cuenta.
Al igual que la mayor parte de analistas, Luchette está convencido de que, si Trump vuelve a postularse para las presidenciales, será el candidato, “y si pierde de nuevo, rechazará el resultado”. El historiador Keyssar cree que Trump “ha llegado a creerse su propia mentira y para él presentarse en 2024 es una forma de redención”.
Este jueves, en el primer aniversario de aquel día aciago, Biden pronunciará un discurso en el que atribuirá a Trump la “responsabilidad única por el caos y la carnicería”, según avanzó la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki.
El exmagnate barrunta sobre su futuro en Florida y se afana en seguir en el foco. Tenía prevista una rueda de prensa hoy que decidió cancelar en el último momento. Sí mantiene convocado un mitin en Arizona este mes donde promete novedades. El 78% de los republicanos quiere que Trump se presente en 2024, según una encuesta de Quinnipiac University, referente en estos sondeos.
El culto a Trump resiste un año después. El historiador británico James Bryce emprendió a mediados de 1880 un largo viaje para estudiar EE UU y escribió The American Commonwealth, donde advirtió del peligro de que la democracia estadounidense cayese víctima de “un tirano”, pero no “un tirano contra las masas”, matizó, “sino un tirano con las masas”.
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