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European Commissioner for Agriculture European Commissioner for Agriculture Janusz Wojciechowski speaks during a news conference on the communication in response to the European citizens’ initiative 'End the Cage Age' at the EU headquarters in Brussels, on June 30, 2021. (Photo by Francisco Seco / POOL / AFP) speaks during a news conference on the communication in response to the European citizens� initiative 'End the Cage Age' at the EU headquarters in Brussels, on June 30, 2021. (Photo by Francisco Seco / POOL / AFP)
European Commissioner for Agriculture European Commissioner for Agriculture Janusz Wojciechowski speaks during a news conference on the communication in response to the European citizens’ initiative ‘End the Cage Age’ at the EU headquarters in Brussels, on June 30, 2021. (Photo by Francisco Seco / POOL / AFP) speaks during a news conference on the communication in response to the European citizens� initiative ‘End the Cage Age’ at the EU headquarters in Brussels, on June 30, 2021. (Photo by Francisco Seco / POOL / AFP)FRANCISCO SECO (AFP)

El comisario europeo de Agricultura, Janusz Wojciechowski (Rawa Mazowiecka, Polonia, 67 años) acusa a Rusia de intentar someter a Ucrania provocando una hambruna de forma deliberada. “Es el método ruso de expansión”, afirma el dirigente comunitario, en alusión a las hambrunas que mataron a millones de ucranios durante el periodo soviético de Stalin. Wojciechowski reconoce que las acusaciones contra el régimen de Vladímir Putin se basan en datos facilitados por las autoridades de Kiev que no pueden ser verificados por fuentes neutrales. “Pero para mí es una información creíble”, sentencia durante una entrevista por videoconferencia con un grupo de medios internacionales, entre los que estaba EL PAÍS.

Pregunta. Ha asegurado que la seguridad alimentaria está garantizada en Europa a pesar de la invasión rusa a un gigante agroalimentario como Ucrania. Pero, ¿qué pasará, sobre todo, en Ucrania, si la guerra se prolonga?

Respuesta. En Europa, de momento, estamos impresionados por el heroísmo de la nación ucrania y del Ejército ucranio. Rusia no va a ser capaz de ocupar Ucrania y la producción agroalimentaria ucrania va a continuar. Pero yo soy polaco y conozco la historia de esta región mejor que la de otras zonas de Europa. Y el método ruso de expansión para dominar otras naciones es provocar hambruna. Ya pasó en Ucrania en los años 1930, con una gran hambruna, y una situación similar en Kazajistán. Ha sido la experiencia de muchas naciones. En esa época, millones de personas murieron por falta de comida. Y tenemos que abordar esta situación muy seriamente, como nos lo han indicado el ministro ucranio de Agricultura y el embajador ucranio ante la UE. El Ejército ruso está atacando infraestructuras agrícolas y matando agricultores en el campo mientras trabajan. Debemos hacer todo lo posible para lograr que continúen trabajando, porque la agricultura ucrania es muy importante para la seguridad alimentaria global. Los agricultores son héroes como los soldados, dispuestos a seguir trabajando bajo las bombas.

El Ejército ruso está atacando infraestructuras agrícolas y matando agricultores en el campo

P. ¿Tiene constancia de algún incidente concreto que demuestre que Rusia está intentando provocar una hambruna en Ucrania?

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R. No tengo información sobre incidentes concretos. El ministro ucranio de Agricultura y otras autoridades ucranias me han comentado que el Ejército ruso ataca infraestructuras agrícolas, destruyeron las granjas de pollos cercanas a Jersón con consecuencias muy serias no solo para la alimentación, sino también para las condiciones sanitarias. Es difícil verificar las informaciones porque hay una guerra, pero para mí es una información creíble.

P. Como polaco y conocedor de la historia de la región, ¿qué le parece la oferta de Ucrania de aceptar un estatuto de neutralidad si Moscú pone fin a la invasión?

R. No me gusta dar consejos a Ucrania dada la situación. Lo que puedo decir es que en mi país, Polonia, está completamente abierto para los ucranios y ya ha acogido a más de dos millones. Y mi opinión es que debemos hacer todo lo posible para apoyar las aspiraciones europeas de Ucrania, para que sea parte de la UE. Es muy importante para la seguridad de Europa. Pero, por supuesto, es una decisión de Ucrania y en esta situación específica nuestra obligación es apoyar a la nación ucrania y al pueblo ucranio.

Debemos hacer todo lo posible para apoyar las aspiraciones europeas de Ucrania

P. Polonia y otros países defienden que Ucrania ingrese cuanto antes en la UE. En ese caso, ¿cuál sería el impacto para la Política Agraria Común de la incorporación de un país con un sector primario enorme? ¿Sería un activo o un problema dada su envergadura?

R. Ucrania tiene un potente sector agrícola. Pero es llamativo que antes de la guerra, cuando las relaciones comerciales eran normales, yo oía muchas quejas sobre el comercio con ese país. Había quien alertaba que era un gran competidor para nuestros agricultores, que no era bueno que importásemos tantos productos ucranios. Ahora que las importaciones se han parado por la guerra, las quejas han variado y se reconoce que necesitamos las importaciones ucranias, necesitamos su maíz, sus semillas oleaginosas, para nuestra producción, sobre todo, para la alimentación en nuestras explotaciones ganaderas. Se ha visto que el ingreso de Ucrania en la UE fortalecería la Política Agraria Común. Por supuesto, esa decisión del ingreso tiene muchos ángulos políticos. Pero en agricultura, la guerra ha mostrado que necesitamos cooperar con un gran productor y exportador alimentario como Ucrania.

El ingreso de Ucrania en la UE fortalecería la Política Agraria Común

P. ¿El parón de las importaciones pone en peligro la seguridad alimentaria de Europa?

R. Las importaciones procedentes de Ucrania eran 6.000 millones de euros al año antes de la guerra. Son unas cifras importantes, pero su pérdida no crea un riesgo de seguridad para Europa. Es importante decirlo. No hay riesgo de seguridad alimentaria para Europa, pero sí para Oriente Próximo y el norte de África.

No hay riesgo de seguridad alimentaria para Europa, pero sí para Oriente próximo y el norte de África.

P. ¿Qué productos corren más peligro?

R. Ucrania es un gran exportador de cereales, maíz y oleaginosas. Entre Ucrania y Rusia, —aunque cuesta poner juntos al agredido y al agresor— representan el 30% de las exportaciones mundiales de cereales. Debemos mantener las exportaciones ucranias y evitar que Rusia se beneficie de la agresión, ocupando con sus productos los mercados donde Ucrania no pueda llegar. En Oriente Próximo y el norte de África la exportación ucrania era muy importante. Nuestra intención no es que otros países ocupen ese espacio, sino ayudar a Ucrania a mantener sus exportaciones. Una vía sería a través de Polonia hasta los puertos de los países bálticos. Y también hay que hacer llegar a Ucrania nuestras exportaciones de alimentos, que ascendían a unos 2.000 millones de euros al año antes de la guerra. El problema es cómo organizar este comercio con seguridad. Ha habido ataques en Lviv, a 70 kilómetros de la frontera polaca, y el objetivo eran los suministros de combustible necesario, por ejemplo, para los tractores.

P. La agricultura europea también está sufriendo por el encarecimiento de la energía, de los fertilizantes…

R. Hemos adoptado medidas para mejorar la situación. Hemos activado la reserva de crisis con 500 millones de euros, que con la cofinanciación de los Estados puede llegar a 1.500 millones de euros para apoyar a los agricultores afectados por la crisis provocada por la agresión contra Ucrania. Se ha derogado la norma sobre zonas no productivas, lo que posibilita poner en cultivo cuatro millones de hectáreas adicionales. Se permitirán también, de manera temporal, ayudas de los Estados de hasta 35.000 euros por explotación. Y una intervención en el sector porcino, porque su situación es realmente difícil.

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La embajadora de EE UU, Linda Thomas-Greenfield, se dirige este miércoles a la Asamblea General de la ONU.
La embajadora de EE UU, Linda Thomas-Greenfield, se dirige este miércoles a la Asamblea General de la ONU.MIKE SEGAR (REUTERS)

Dos reuniones de signo contrario, y ningún resultado concluyente, han demostrado este miércoles la parálisis de la ONU a la hora de adoptar medidas que contribuyan a paliar el sufrimiento de la población de Ucrania cuando se cumple el primer mes de la guerra. Por la mañana, una convocatoria extraordinaria de la Asamblea General ha debatido una propuesta de “resolución humanitaria” -no ejecutiva al tratarse del plenario-, que fue tildada de antirrusa por el representante del Kremlin, Vasili Nebenzia. El embajador ruso presentó por la tarde un borrador alternativo ante el Consejo de Seguridad. El máximo foro de la organización sí tiene poder ejecutivo, aunque está neutralizado en la práctica por el derecho de veto de sus cinco miembros permanentes, entre ellos Rusia y EE UU.

El ejercicio de equilibrismo diplomático en la sede de Naciones Unidas en Nueva York se prolonga hasta la extenuación como un reflejo de intereses no sólo contrapuestos, sino irreconciliables. La propuesta de “resolución humanitaria” del embajador Nebenzia omitía que la crisis humana que se desarrolla en Ucrania se debe a la invasión rusa, y evitaba definir quién es el agresor y quién el agredido. El texto, eso sí, expresaba “su seria preocupación por las informaciones de víctimas civiles, niños incluidos, en y alrededor de Ucrania” que las informaciones sobre el terreno atribuyen mayoritariamente a las fuerzas rusas, el mismo día que EE UU acusaba a Moscú de crímenes de guerra en el país vecino.

“Condenamos enérgicamente los ataques dirigidos contra civiles e infraestructuras de carácter civil, incluidos los bombardeos indiscriminados y el emplazamiento de objetos y equipos militares en zonas densamente pobladas y cerca de bienes civiles, así como el uso de esos bienes con fines militares, [fines] que pongan en peligro la vida de la población civil en violación del derecho internacional derecho humanitario”, incidía el texto de la resolución, que solo ha logrado dos votos favorables (Rusia y China) frente a 13 abstenciones, incluida la de EE UU. “Esta maniobra no engaña a nadie”, dijo el representante de Francia en el Consejo. El embajador de República Dominicana dijo sentirse “completamente confundido” por la existencia de dos propuestas de resolución.

La iniciativa del Kremlin responde a la impulsada desde hace diez días por Francia y México, y secundada por la mayoría de los países occidentales, para garantizar el acceso a la ayuda humanitaria de la población afectada por la guerra. Fue trasladada al pleno de la Asamblea, en sesión extraordinaria, para burlar el veto de Rusia en caso de haber sido elevada al Consejo de Seguridad. Así se hizo igualmente con una resolución de condena -relativa, pues el término “condenar” fue sustituido finalmente por “deplorar” para convencer a más firmantes- adoptada por amplia mayoría en otra sesión de urgencia de la Asamblea. Con la celebrada en la mañana de este miércoles, son 12 las convocatorias extraordinarias del plenario de la organización en sus 70 años de historia; las dos últimas, en apenas 20 días.

Para acabar de corroborar la práctica inoperancia de la ONU en lo relativo al conflicto de Ucrania, a la convocatoria de la Asamblea se sumó esta mañana una tercera propuesta de resolución, presentada por Sudáfrica y que matizaba las críticas a Rusia. El embajador Nebenzia la calificó de cercana a los intereses de Moscú. Mientras algunos países han dado nuevas muestras de ambigüedad y ambivalencia, como la India, Brasil y Tailandia, otros, como Australia, Croacia, Japón o Georgia –que conoce bien lo que significa una invasión rusa, la de 2008-, han alertado de que el orden mundial se está desmoronando por la guerra de Ucrania. Pero ni siquiera el escenario más catastrofista o alarmista ha servido de estímulo para adoptar una medida, la que fuere, que saque a la ONU de su marasmo ante Ucrania.

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Vasily Nebenzya, embajador de Rusia en la ONU, el miércoles pasado en la sede del organismo en Nueva York.
Vasily Nebenzya, embajador de Rusia en la ONU, el miércoles pasado en la sede del organismo en Nueva York.John Minchillo (AP)

Que Rusia presida este mes el Consejo de Seguridad de la ONU puede verse como una simple coincidencia o una grave paradoja: el agresor disfrazado de árbitro; el zorro cuidando el corral de las gallinas. También depara escenas peculiares. Mientras el ministro de Exteriores ucranio, Dmitro Kuleba, se dirigía el pasado miércoles a la Asamblea General, el representante permanente de Rusia ante la ONU, el embajador Vasily Nebenzya, presidía una reunión del máximo órgano ejecutivo… sobre Oriente Próximo. Para escuchar a Kuleba ocupó el asiento ruso un diplomático de menor rango. Por la noche, en la segunda reunión del Consejo en apenas 48 horas, saboteada por el anuncio del Kremlin de “una acción militar especial” en Ucrania, el anfitrión Nebenzya hubo de oír, impertérrito, toda clase de condenas, que se convirtieron en un dramático duelo cuando tomó la palabra su homólogo ucranio, Sergiy Kyslytsya. Victimario frente a víctima: la dramatización del conflicto.

Es una situación sin precedentes. Ningún embajador soviético o ruso ocupaba la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU durante crisis similares. En los cinco casos más parecidos (la revolución húngara en 1956; la Primavera de Praga, 1968; la invasión soviética de Afganistán, 1979; la guerra de Georgia, en 2008, y la invasión y anexión de Crimea en 2014), “la función principal del embajador soviético o ruso era vetar cualquier resolución o declaración que condenara las acciones de su país. Probablemente, esa seguirá siendo la principal tarea del embajador Nebenzya”, sostiene Ian Johnson, de la Universidad de Notre Dame (Indiana).

El presidente aprueba el orden del día de las reuniones, concede la palabra y decide el orden de votación de las enmiendas o resoluciones. “En teoría, debería recusarse si el asunto que se discute está directamente relacionado con el Estado que representa, pero esto ha sucedido muy raramente”, explica Johnson.

Dado el poder de veto de Rusia, uno de los cinco miembros permanentes de los 15 que componen el Consejo, las reuniones de urgencia del lunes y el miércoles no arrojaron ningún resultado concreto. Esgrima verbal, el habitual cruce de acusaciones y alguna intervención reseñable quedaron en nada, como suele pasar con las convocatorias relativas al conflicto israelo-palestino por el continuo veto de EE UU. Pero quien esperara algún beneficio o baza por parte de Rusia por su especial protagonismo, lo hizo en vano. “No está claro si ocupar la presidencia presenta alguna ventaja para Rusia en esta crisis. Nebenzya intentó celebrar la reunión del lunes a puerta cerrada. Pero aparentemente bajo presión de EE UU, admitió celebrarla públicamente”, añade el profesor de Notre Dame.

Tampoco debería verse premeditación en lo que es una simple coincidencia. “Dado que la presidencia rotatoria se determina a finales del otoño tras la elección de nuevos miembros, considero que no es creíble sugerir que los rusos vieron este turno como parte de su plan para invadir Ucrania, algo que podrían explotar a su favor. Aun así, cabe notar, ahora que la invasión está en pleno apogeo, la presidencia a partir del 1 de marzo [Emiratos Árabes Unidos] bien puede limitar el debate y la discusión sobre el tema”, sostiene George A. Lopez, profesor emérito de Estudios de Paz en Notre Dame.

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La diplomacia, cuando se juega en el máximo foro de la ONU, es a veces algo más que lengua de madera. Dos momentos, pertenecientes cada uno de ellos a las reuniones del lunes y el miércoles, pasarán a la historia de la organización: el discurso del embajador de Kenia, Martin Kimani, alertando de los peligrosos estertores de imperios caídos (en alusión a la URSS), y la entereza de Kyslytsya el miércoles, minutos después de conocer la declaración de guerra del Kremlin, encarándose con su homólogo ruso.

“Creo que se ha exagerado la importancia de la presidencia rusa del Consejo; el presidente en realidad tiene poderes bastante limitados. Los rusos no pudieron impedir el debate, y eso fue vergonzoso cuando el embajador de Kenia pronunció un brillante discurso atacando el comportamiento imperialista de Moscú”, señalaba horas antes de la segunda cita Richard Gowan, experto en la ONU del International Crisis Group. Gowan, no obstante, concede algo de crédito personal a Nebenzya “por presidir la reunión de manera bastante profesional, especialmente cuando, parece, se está recuperando de un caso bastante desagradable de covid”. Nebenzya replicó brevemente a su homólogo ucranio el miércoles, no más que dos frases lacónicas sobre las intenciones de Moscú.

“Los rusos intentaron utilizar la reunión anterior del Consejo, el 17 de febrero, sobre los acuerdos de Minsk para acusar a Ucrania de incumplir sus obligaciones en el Donbás”, subraya Gowan. “Pero unos días después, Putin dinamitó los acuerdos de Minsk para siempre. Eso hace que parezca que el equipo ruso en Nueva York [ante la ONU] estaba siendo engañoso o bien no estaba informado de los planes de Putin”. Miembros del Consejo, como Kenia y Gabón, que se mostraron escépticos en un debate sobre Ucrania en enero, han cambiado de posición desde entonces y son severamente críticos con Rusia, subraya el experto. “Creo que Moscú está perdiendo la batalla por controlar la narrativa política sobre Ucrania en la ONU, pero la triste realidad es que Putin ignorará a la ONU, y lo que importa es el verdadero equilibrio de fuerzas en Ucrania, no los buenos discursos en Nueva York”. Unas palabras proféticas, confirmadas horas después.

“Hemos visto dos sesiones extraordinarias del Consejo, incluida esta noche [la del miércoles], con fuertes condenas del secretario general y de Estados miembros. Sí, el embajador ruso pronunciará afirmaciones grandiosas sobre la legalidad y los ‘objetivos limitados’ de su acción, pero Guterres y el Consejo no se lo creen. Moscú no podrá escapar a gran parte de estas críticas, a pesar de que “controla la pluma” [el relato]. Moscú está solo (a excepción de Bielorrusia, parece) en sus afirmaciones y acciones. Pero a Putin no parece importarle”, concluye Lopez.

Junto al discurso histórico del embajador de Kenia, para muchos el mejor escuchado en la ONU en años, y el tenso cara a cara de los diplomáticos ucranio y ruso, esta semana convulsa, también diplomáticamente hablando, ha dejado otra imagen para el recuerdo: Kyslytsya, esgrimiendo el lunes un papel que enfrentaba el texto de los decretos que Vladímir Putin firmó en vísperas de la invasión de Georgia en 2008 y, este lunes, para reconocer a las irredentas repúblicas del este de Ucrania: como dos gotas de agua. La historia se repite. Hungría, Praga, Afganistán, Georgia, Crimea. Y Ucrania.

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