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Estados Unidos abre un nuevo frente en la guerra informativa contra el presidente ruso, Vladímir Putin. Washington ha hecho públicos este miércoles informes de sus servicios de inteligencia que sugieren que el presidente ruso vive engañado por sus asesores sobre la marcha real de la guerra. Así han coincidido en señalarlo la Casa Blanca, el Pentágono y el Departamento de Estado en lo que cabe interpretar como un paso más en una estrategia en la que lleva meses embarcada la Administración de Joe Biden: compartir toda la información de la que disponen sobre las intenciones del Kremlin para sabotear sus planes.

El esfuerzo comenzó antes de la invasión de Ucrania, que Putin lanzó el pasado 24 de febrero, semanas después de que Washington comenzara la publicación sistemática de secretos de inteligencia para entorpecer los intentos de Rusia de crear falsos pretextos para justificar la guerra.

La directora de comunicaciones de la Casa Blanca, Kate Bedingfield, ha debutado este miércoles en la comparecencia diaria ante la prensa y en vista de las bajas por coronavirus de la titular, Jen Psaki, y de la suplente, Karine Jean-Pierre, con esta afirmación: “Tenemos información de que a Putin lo ha engañado el Ejército ruso, lo que ha desatado las tensiones entre este y su Estado mayor. Creemos que le ocultan información sobre la incompetencia de sus tropas y sobre cuánto están afectando las sanciones a la economía de su país. Sospechamos que sus colaboradores más cercanos tienen miedo a decirle le verdad”. Bedingfield ha concluido a renglón seguido que esa es la demostración de que “la guerra de Putin ha sido un error estratégico que ha aumentado la vulnerabilidad de Rusia a largo plazo y que ha dejado al país cada vez más aislado en el escenario mundial.”

“Uno de los talones de Aquiles de las autocracias es que nadie se atreve a decirle la verdad al líder de turno”, ha añadido este miércoles el secretario de Estado, Antony Bliken, durante un viaje a Argelia. “Creo que eso es exactamente lo que vemos que está pasando ahora en Rusia”.

En su conferencia de prensa diaria, John F. Kirby, portavoz del Pentágono, ha abundado, por su parte, en esa idea. “Si Putin está mal informado o desinformado sobre lo que sucede en Ucrania, es cosa de su Ejército; es su guerra, y él la eligió”, ha dicho Kirby en Washington. “Carece del contexto y no comprende completamente hasta qué punto sus fuerzas están fallando en Ucrania, lo cual es, para ser honestos, un poco incómodo”. El Departamento de Defensa estadounidense achaca esa incomprensión al aislamiento al que se sometió Putin voluntariamente durante la pandemia y a su tendencia a reprender públicamente a los asesores que no comparten sus puntos de vista. Eso habría provocado que los colaboradores le hayan entregado informes demasiado optimistas sobre los avances de Rusia en Ucrania.

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En lo que parece una acción coordinada entre aliados, un alto cargo del espionaje británico ha incidido en el mensaje de Estados Unidos pocas horas después desde Australia. Sir Jeremy Fleming, director de la agencia de vigilancia electrónica del Reino Unido, ha hablado desde la Universidad de Canberra sobre la baja moral y la incompetencia de las tropas rusas, así como de problemas de abastecimiento militar y de alimentos. También ha dicho que los servicios de su país tienen indicios de que algunos soldados rusos se han rendido o saboteado sus propios vehículos para evitar entrar en combate.

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El presidente de EE UU, Joe Biden, presenta este lunes su propuesta de presupuestos para 2023 en la Casa Blanca.
El presidente de EE UU, Joe Biden, presenta este lunes su propuesta de presupuestos para 2023 en la Casa Blanca.Oliver Contreras / POOL (EFE)

La realidad de la guerra de Ucrania se ha colado en los presupuestos de Estados Unidos para 2023, por valor de 5,8 billones de dólares, con un aumento del 4% del gasto militar junto a numerosos programas sociales. El aumento de impuestos a las rentas más altas sufragará en parte el desembolso del Gobierno federal, en un contexto de incertidumbre por la alta inflación y las turbulencias geopolíticas internacionales, del curso de la contienda al precio y el suministro del petróleo.

La propuesta del presidente Joe Biden para el año fiscal 2023 puede reducir el déficit “en más de 1,3 billones este año”, según ha adelantado la directora de la Oficina de Administración y Presupuesto de la Casa Blanca, Shalala Young, en una llamada con periodistas. Para revitalizar su agenda y recortar el déficit en un billón en la próxima década, la Administración propondrá un gravamen a los estadounidenses más ricos. La presión se aplicaría a los hogares con rentas superiores a 100 millones de dólares, mediante un nuevo impuesto mínimo del 20% sobre los ingresos, así como sobre el valor de activos líquidos como las acciones, que actualmente se tributan solo al venderse.

El aumento fiscal, con todo, no es una novedad, sino una idea planteada desde los primeros compases de la presidencia demócrata para costear sus ambiciosos planes de infraestructuras. El nuevo impuesto para millonarios reducirá el déficit en 361.000 millones de dólares (328.315 millones de euros), mientras que las inversiones y reformas adicionales supondrán una rebaja de 1,413 billones de dólares (1,285 billones de euros).

El segundo presupuesto de la presidencia de Biden —una declaración de intenciones que luego será adelgazada por el Congreso, como sucedió el año pasado—, persigue promover la seguridad en el país y en el mundo, además de realizar las inversiones necesarias para “construir un EE UU mejor” (Build Back Better, el lema de su mandato), ha adelantado la Casa Blanca. En concreto, destina a las inversiones internas 1,6 billones de dólares, un incremento del 7%, en partidas tan dispares como la financiación adicional de viviendas asequibles, iniciativas contra la violencia armada y el apoyo a la industria local para paliar la congestión de la cadena de suministros, uno de los factores que han espoleado la inflación. Enfriar la presión de los precios, en máximos históricos, es otro de los objetivos que sobrevuela la propuesta. La ampliación de los programas de salud pública elevará, en cambio, el déficit en 365.000 millones de dólares (331.953 millones de euros).

Biden solicitará también al Congreso unos 813.000 millones en defensa, 31.000 millones más, o el 4%, con respecto al presente año fiscal, que concluye el 30 de septiembre. Entre las inversiones militares, se incluye el fomento de la investigación y el desarrollo de sistemas de alerta antimisiles, ante potenciales amenazas de países como Corea del Norte o Irán, y en medio de una coyuntura geopolítica al rojo vivo por la guerra en Ucrania y la incógnita de la respuesta final de Rusia.

Según el documento publicado este lunes por la Casa Blanca, el Gobierno federal estima que el déficit se reducirá en 2023 en 1,3 puntos porcentuales, hasta representar el 4,5% del producto interior bruto (PIB). Las cuentas prevén que el déficit presupuestario sea de 1,15 billones de dólares (1,05 billones de euros) en el conjunto de 2023, frente a los 1,415 billones (1,29 billones de euros) previstos este año. Este nivel de déficit es el resultado de registrar ingresos fiscales a nivel federal por valor de 4,638 billones de dólares (4,22 billones de euros) y 5,792 billones (5,27 billones de euros) de gastos.

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Pese a la abultada reducción del déficit en 2023 respecto a 2022, las previsiones para la próxima década se estancan en una tasa crónica en torno al 4,5%. Lo mismo sucede con la ratio de deuda pública sobre el PIB, que cerrará 2023 en casi el 102% y durante la próxima década continuará por encima del umbral del 100%. La deuda pública superó en 2021 los 30 billones de dólares por el sobrecoste de combatir la pandemia. El Gobierno federal destinó cinco billones, financiados con préstamos, a paliar los estragos de la crisis sanitaria, por lo que, en un contexto económico incierto —alta inflación y crisis energética—, la reducción es prioritaria.

“Los presupuestos son una declaración de objetivos, y el presupuesto que estamos presentando hoy envía un claro mensaje de que valoramos la responsabilidad fiscal, la seguridad en casa y en todo el mundo y las inversiones necesarias para continuar con nuestro crecimiento justo y construir un Estados Unidos mejor”, ha subrayado el presidente del país, Joe Biden, en la presentación.

El mandatario recupera su agenda doméstica tras la polémica diplomática por un comentario presuntamente favorable a desalojar a Vladímir Putin del poder, este fin de semana. Si desde el primer día de su mandato la recuperación económica y la reconstrucción del país tras la pandemia han sido prioritarias —con inversiones millonarias en infraestructuras, gasto social y energías limpias—, la guerra de Ucrania le ha obligado a corregir el paso.



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La Corte Suprema de Honduras ha fallado a favor de extraditar a Estados Unidos al expresidente Juan Orlando Hernández, que Washington reclama para procesarlo por vínculos con el crimen organizado. El exmandatario fue detenido el 15 de febrero, después de que el Gobierno de Joe Biden solicitara la extradición, que dejó su cargo en enero. Estados Unidos también le había retirado la visa estadounidense e incluido en el listado de “actores corruptos y antidemocráticos”.

La Corte “ha resuelto no ha lugar el recurso de apelación planteado [por la defensa del expresidente]”, lo que significa “que se confirma la decisión del juez de primera instancia, de conceder la extradición del ciudadano Juan Orlando Hernández”, ha informado el portavoz del Poder Judicial, Melvin Duarte.

Los 15 magistrados de la Suprema se reunieron este lunes para decidir sobre la solicitud de extradición del exmandatario, que se ha pronunciado en contra de ser trasladado a Estados Unidos. Su defensa ha dicho que el mandatario no puede ser extraditado por tener inmunidad como integrante del Parlamento Centroamericano, una estrategia que no ha funcionado para detener la solicitud para extraditar a Hernández.

Sobre Hernández, quien mantuvo el poder en 2018 bajo fuertes protestas que se desarrollaron en las principales ciudades del país, pesan fuertes acusaciones de un fiscal de Nueva York, que lo señala de haber recibido en 2013 sobornos de narcotraficantes para financiar su primera campaña presidencial. En las acusaciones, se afirma que Hernández ha dado protección a líderes “narcos” e incluso han publicado una supuesta cita del mandatario en la que afirma que quería “meter la droga en las narices de los gringos inundando los Estados Unidos de cocaína”.

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Washington ha anunciado este jueves nuevas sanciones financieras contra Rusia por la invasión de Ucrania, dirigidas contra políticos, oligarcas y la industria de defensa, según un comunicado hecho público por el Departamento de Estado. “La guerra del presidente [Vladímir] Putin continúa infligiendo horror y sufrimiento generalizado al pueblo de Ucrania”, dice la nota de prensa de la diplomacia estadounidense. “Al mismo tiempo, en Rusia, la Duma [Parlamento ruso] continúa utilizando su poder legislativo para atacar a los disidentes y opositores políticos nacionales, interrumpir el libre flujo de información y restringir los derechos humanos y las libertades fundamentales de los ciudadanos de Rusia”, destaca.

El secretario de Estado, Antony Blinken, ha informado de que las sanciones, que no han sido aún concretadas, apuntan ahora a “328 miembros de la Duma estatal rusa, además de los 12 miembros designados el pasado 11 de marzo”. La Administración de Joe Biden considera que estos cargos han apoyado las violaciones de la soberanía y la integridad territorial de Ucrania por parte del Kremlin. Una de las personas contra las que se dirige el castigo es Herman Gref, el jefe de Sberbank, el mayor prestamista de Rusia, y aliado cercano de Putin.

“Estas acciones complementan los esfuerzos en curso de nuestros aliados y socios para hacer que rindan cuentas aquellos que, por libre elección, han desatado esta inconcebible guerra contra Ucrania y su pueblo”, asegura el Departamento de Estado. La Casa Blanca está intensificando la coordinación con sus aliados occidentales. Precisamente, este jueves, el presidente Biden se encuentra en Bruselas para participar en una cumbre extraordinaria de la OTAN y un encuentro en el Consejo Europeo. El mandatario demócrata también asiste a una reunión del G-7. Luego viajará a Polonia, donde mantendrá un breve encuentro con su homólogo Andrzej Duda.

Desde Bruselas, Washington se comprometía este jueves a acoger a un máximo de 100.000 refugiados ucranios y de otras nacionalidades que hayan huido del país. Además, prevé una ayuda humanitaria a Ucrania de 1.000 millones de dólares (unos 909 millones de euros). La prioridad será acoger a aquellos ucranios “que tengan familiares en Estados Unidos”, explicó una fuente oficial estadounidense, que pidió el anonimato, en una rueda de prensa telefónica. Hasta ahora, el Gobierno de Biden había insistido en que la mayoría de los ucranios huidos tenían el deseo de quedarse lo más cerca posible de su país y que era improbable que quisieran asentarse en Estados Unidos.

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Estados Unidos es el mayor donante individual de asistencia humanitaria a la antigua república soviética. “Apoyamos al valiente pueblo de Ucrania, que está demostrando un coraje increíble y una determinación feroz al defender a su país contra la agresión del Kremlin”, dijo el Departamento de Estado. Para hablar de la “la guerra librada por el Gobierno ruso en Ucrania”, pero también de “las actividades desestabilizadoras de Irán” y las relaciones entre israelíes y palestinos, Blinken realizará una gira entre el 26 y 30 de marzo a Israel, Marruecos y Argelia. Entre otros, se entrevistará con el primer ministro israelí, Naftali Bennett; el presidente palestino, Mahmud Abbas, en Ramala, y con el jeque Mohamed Bin Zayed, gobernante de facto de Emiratos Árabes Unidos.

Por otro lado, el departamento del Tesoro estadounidense también ha anunciado medidas contra la Corporación de Misiles Tácticos JSC (KTRV), un conglomerado de defensa ruso perteneciente al Estado. “KTRV produce equipos de defensa rusos, incluidas armas aerotransportadas y sistemas de armas para la Armada rusa”, afirma.

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Primero fue, la semana pasada, algo que pareció un desliz de Joe Biden. Luego, una declaración meditada ante la prensa del secretario de Estado, Antony Blinken. Y este miércoles ha llegado la acusación oficial: Estados Unidos considera que Rusia ha cometido “crímenes de guerra”. Así lo ha hecho saber Blinken en un comunicado: “Hoy puedo anunciar que, basándonos en la información actualmente disponible, el Gobierno de Estados Unidos entiende que miembros de las fuerzas rusas han cometido crímenes de guerra en Ucrania”.

El anuncio ha llegado mientras Biden se encontraba viajando a Bruselas, donde participará este jueves en una cumbre extraordinaria de la OTAN y otra del G7, para tratar la mejor manera de reforzar la alianza para detener a Moscú. También asistirá a un encuentro del Consejo Europeo. El viernes viajará a Varsovia para mantener una reunión bilateral con el presidente polaco, Andrzej Duda. Esta mañana (hora local), antes de abordar en Washington el avión presidencial, Biden ha declarado a la prensa que considera “muy creíble” la opción de que el Ejército ruso emplee armas químicas en el frente ucranio.

“El presidente Vladímir Putin ha desatado una violencia implacable que ha causado muerte y destrucción en todo el país. Hemos visto numerosos informes creíbles de ataques indiscriminados y ataques dirigidos deliberadamente contra civiles, así como otras atrocidades. Las fuerzas rusas han destruido edificios de apartamentos, escuelas, hospitales, infraestructuras críticas, vehículos civiles, centros comerciales y ambulancias. Esos ataques han dejado miles de civiles inocentes muertos o heridos”, continúa el comunicado de Blinken. Muchos de esos lugares estaban identificados como sitios de uso civil, como la maternidad de Mariupol, o un teatro de la misma ciudad asediada, que “estaba claramente marcado con la palabra ‘niños’ en ruso, con enormes letras visibles desde el cielo”.

Solo en esa ciudad, “hasta el 22 de marzo, las autoridades calculan que han muerto más de 2.400 civiles”, continúa el comunicado. “Sin incluir la devastación de Mariupol, Naciones Unidas ha confirmado oficialmente más de 2.500 víctimas civiles, entre muertos y heridos, y subraya que el número real es probablemente mayor”.

Blinken denuncia que “las fuerzas de Putin utilizaron estas mismas tácticas en Grozni, en Chechenia, y en Alepo, en Siria, donde intensificaron su bombardeo de las ciudades para romper la voluntad del pueblo”. “Su intento de hacerlo en Ucrania”, añade, “ha vuelto a conmocionar al mundo y, como ha atestiguado sobriamente el presidente Zelenski, ‘ha bañado al pueblo en sangre y lágrimas”.

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“Como ocurre con cualquier presunto delito, un tribunal de justicia con jurisdicción es el responsable último de determinar la responsabilidad penal”, agrega el comunicado. “El Gobierno de Estados Unidos continuará haciendo un seguimiento de las denuncias de crímenes de guerra y compartirá la información que recopile con aliados, socios e instituciones y organizaciones internacionales, según corresponda. Nos comprometemos a perseguir la rendición de cuentas utilizando todas las herramientas disponibles, incluidos los procesos penales”.

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Madeleine Albright, primera mujer en dirigir la diplomacia de Estados Unidos, ha muerto este miércoles a los 84 años, enferma de cáncer. Hija de unos refugiados checos, había huido dos veces de la tiranía -primero del nazismo y luego del comunismo- y simbolizaba esa idea América que más embelesa a propios y a ajenos. La idea en un país en el que una niña que llega a los 11 años escapando del horror de Europa puede alcanzar las esferas más altas del poder en el nuevo mundo. El presidente Bill Clinton la nombró secretaria de Estado (1997-2001) y fue el primer alto cargo de un Gobierno estadounidense en visitar Corea del Norte para tratar de abrir una negociación. Defendió la expansión de la OTAN y el intervencionismo en conflictos como el de Bosnia. Ejerció de feminista antes de comprender lo que significaba. Y era endiabladamente simpática, también cálida, en las distancias cortas.

Para la posteridad queda su baile al son de Macarena que enseñó al ministro de Botswana en la mismísima Organización de Naciones Unidas o el desparpajo con el que contaba su famosa diatriba con Colin Powell, cuando este era el jefe del Estado Mayor Conjunto, a cuenta de la guerra de Bosnia. “Ambos éramos nuevos en el cargo y Powell era ese hombre grande y guapo que venía en uniforme con medallas de lado a lado, que explicaba muy bien las cosas que podían hacerse y que nunca quería usar la fuerza. Y al final le dije: ‘General Powell, ¿para qué está reservando todo este Ejército?’. Y se enfadó mucho conmigo”, relataba al EL PAÍS en una entrevista de 2018.

[Noticia de última hora. Habrá ampliación en breve]

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Joe Biden, durante una videollamada con Emmanuel Macron, Boris Johnson y Olaf Scholz el pasado 7 de marzo.
Joe Biden, durante una videollamada con Emmanuel Macron, Boris Johnson y Olaf Scholz el pasado 7 de marzo.Adam Schultz (AP)

La Casa Blanca ha redoblado este lunes el frente diplomático occidental ante la guerra de Ucrania mediante una conferencia telefónica del presidente Joe Biden con su homólogo francés, Emmanuel Macron; el canciller alemán, Olaf Scholz, y los primeros ministros del Reino Unido, Boris Johnson, e Italia, Mario Draghi. El objetivo de la llamada, que se produce dos días antes de que Biden viaje a Europa para abordar in situ la situación con los aliados, era “discutir respuestas coordinadas al ataque injustificado y no provocado por parte de Rusia contra Ucrania”.

Según el comunicado difundido por la Casa Blanca, “los líderes intercambiaron su profunda preocupación sobre las tácticas brutales de Rusia en Ucrania, incluidos sus ataques contra civiles. [Los cinco] Subrayaron su continuo apoyo a Ucrania, brindando asistencia de seguridad a los valerosos ucranios que defienden su país de la agresión rusa y ayuda humanitaria a los millones de personas que han huido de la violencia. Los líderes también revisaron los esfuerzos diplomáticos recientes en apoyo del esfuerzo de Ucrania por alcanzar un alto el fuego”, explica lacónicamente el texto.

En Bruselas, Biden participará este jueves en una cumbre extraordinaria de la OTAN, en la que coincidirán todos ellos, así como en el Consejo Europeo. El único que no estará presente será Johnson. El mandatario demócrata, que acude en calidad de invitado, también asistirá a una reunión del G-7. El viernes y el sábado viajará a Polonia, donde mantendrá un breve encuentro con su homólogo, Andrzej Duda.

Desde el inicio de la guerra, hace casi un mes, Biden ha venido manteniendo contactos con dirigentes europeos de forma periódica varias veces por semana. Además de con los mandatarios citados, en algunas ocasiones se han sumado a las videollamadas la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel.

A medida que se prolonga la contienda —este jueves hará un mes de la invasión—, entre las preocupaciones de EE UU y sus aliados figura la imprevisible respuesta de Moscú, que ha hallado mucha más resistencia en Ucrania de la prevista. Por eso, entre las amenazas potenciales que contemplan destaca la posibilidad de una nueva andanada de ciberataques para yugular infraestructuras básicas en Occidente. Antes de conversar con los dirigentes europeos, Biden ha alertado este lunes de que Moscú podría redoblar sus ciberataques contra objetivos estratégicos estadounidenses a causa del “coste económico sin precedentes que hemos impuesto a Rusia”, ha dicho, en alusión a la batería de sanciones adoptadas contra el Kremlin.

La advertencia de Biden se producía al tiempo que la Casa Blanca recomendaba a las empresas que brindan servicios esenciales reforzar su defensa cibernética “por amenazas digitales en curso de Rusia”, explicó Ane Neuberger, responsable de ciberseguridad de la Casa Blanca. El Gobierno de EE UU ha visto una “actividad preparatoria de piratería [de Rusia] contra numerosas empresas estadounidenses”, aunque “no tiene certeza” de que los ataques vayan a concretarse. La potencial amenaza se basa en “datos de inteligencia actualizados”, indicó la funcionaria. La Administración ha impartido recientemente sesiones informativas a cientos de empresas que pueden ser objetivo de los piratas informáticos rusos. Los ataques contra uno de los mayores oleoductos del país, en mayo pasado, y una importante planta procesadora de carnes, un mes después, mostraron la vulnerabilidad de infraestructuras críticas para el aprovisionamiento de energía y alimentos en el país. Ambos fueron atribuidos a ciberpiratas rusos.

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Joe Biden y Vladímir Putin se vieron cara a cara por primera vez en marzo de 2011, en Moscú. El primero era entonces vicepresidente de Estados Unidos y tenía la misión de convencer al ruso —primer ministro, por aquel entonces— de que no debía temer el nuevo despliegue de lanzamisiles en Europa, que estaban destinados a interceptar posibles ataques desde Irán. Biden recordaba que cuando George W. Bush conoció a Putin, dijo que había mirado en sus ojos y había captado “una idea de su alma”. Biden no encontró nada durante esa infructuosa cita. Al terminar, sonrió a su anfitrión y le dijo: “Señor primer ministro, le estoy mirando a los ojos. No creo que usted tenga alma”. El otro respondió: “Veo que nos entendemos”.

La guerra de Crimea estallaría tres años después. Biden había visto de primera mano las protestas contra el Gobierno prorruso durante un viaje a Kiev y contemplado con impotencia la posterior anexión ilegal de dicha península. Luego, los incumplimientos del tratado de Minsk. Pasó colgado del teléfono por la crisis ucrania el último Acción de Gracias que pasó con su hijo Beau, sentenciado por el cáncer. El demócrata cuenta todos estos episodios en Promise Me, Dad, una memoria del año de lucha contra el tumor de Beau, que coincidía con la deliberación sobre postularse a las elecciones presidenciales de 2016. En ellas, Putin es un personaje omnipresente. Beau murió en 2015. Biden no se presentó a los comicios. Luego, llegó Donald Trump.

Los putinólogos han establecido que Ucrania es algo casi personal para Putin. Putin y Ucrania son también una cuenta personal para Biden. Siete años después, la historia ha puesto al veterano político, casi octogenario, cara a cara de nuevo contra una de sus bestias negras, en medio de una monumental crisis europea. Frente a los pronósticos menos halagüeños, la tormenta ha fortalecido los maltrechos lazos trasatlánticos tras la tormentosa era de Trump, algo que solo se entiende a partir de un doble movimiento de Washington.

Biden, que viaja esta semana a Bruselas y Polonia, lanzó primero una arriesgada apuesta diplomática, la de compartir arsenales de información de inteligencia con los aliados europeos y de la OTAN sobre los planes del Kremlin, multiplicar los viajes de altos cargos a Europa durante los meses previos a la invasión para discutir las sanciones. Disparó las alarmas públicamente sobre la inminencia del ataque. Aireó los posibles castigos que aplicaría. Luego, una vez comenzada la guerra, dio un paso atrás y cedió el protagonismo a los socios europeos.

“Algo que Putin no quería hacer es unir el frente Occidental, pero ha fracasado. Biden es profundamente atlantista y ha hecho un trabajo fabuloso en coordinación, información y diálogo con los aliados. Ha hecho un esfuerzo especial en hablar no solo con los aliados de la OTAN; sino también con los líderes europeos y creo que los europeos han agradecido esto. Que la próxima semana acuda no solo a la cumbre de la OTAN, sino también al Consejo Europeo, es una señal de eso”, coincide Daniel Hamilton, profesor de la universidad Johns Hopkins y exdirector del Centro de Relaciones Trasatlánticas.

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“Obra maestra de la diplomacia”

Desde Bruselas, Rosa Balfour, directora del centro de análisis Carnegie Europe, califica de “obra maestra de la diplomacia pública y privada” la estrategia estadounidense con la información de inteligencia. “Los gobiernos europeos habían empezado las preparaciones, pero permanecían incrédulos porque consideraban que Putin no lanzaría esa apuesta y, en privado, se preguntaban por qué Biden no paraba de hablar de invasión”, afirma. “Cuando esto ocurrió, el 24 de febrero, todo cambió y todos estaban preparados para las sanciones. Desde entonces, la cooperación entre Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá no tiene precedentes en intensidad y efectividad, según personas implicadas”, continúa.

Es entonces cuando Washington dejó el megáfono durante dos semanas cruciales. Acababa de demostrar un acierto trascendental de sus servicios de inteligencia, lo que consolidó la unidad del bloque, pero Estados Unidos anunció sanciones personales contra Putin solo después de que lo hiciera la Unión Europea; lo mismo ocurrió con el bloqueo al sistema internacional de pagos SWIFT, el cierre del espacio aéreo a las aerolíneas rusas o la cancelación del Nord Stream 2.

Que el presidente de Estados Unidos no fuera el rostro impulsor de las represalias a Moscú ayudó a la unidad europea, entre gobiernos, y dentro de los propios países, donde el recuerdo de aventuras belicistas con la guerra de Irak siguen esgrimiendo como argumentos casi 20 años después. Y que líderes como el francés Emmanuel Macron o el alemán Olaf Scholz hayan copado el protagonismo en estas dos semanas, sobre todo en las conversaciones directas con Putin, ha complicado que el dirigente ruso explique esta crisis a sus ciudadanos como un duelo con Washington, un viejo villano muy socorrido para la estrategia de comunicación del Kremlin.

“Es importante que se vea a los europeos como los responsables de la respuesta a Rusia, no solo porque el conflicto está pasando en Europa, sino porque la credibilidad de Estados Unidos no es la que era. En la opinión pública europea permanece el escepticismo sobre las motivaciones de Washington y, en una parte, también sentimientos antiamericanos y anti-OTAN. La Administración de Biden es consciente del problema de imagen que tiene desde que Estados Unidos intervino en Irak con argumentos falsos. Además de eso, las consecuencias económicas y humanitarias de las sanciones se van a sentir desproporcionadamente en Europa en precios de la energía y en flujo de refugiados”, explica Balfour.

Biden llegó a la Casa Blanca en enero de 2021 con la promesa de restablecer los vínculos con Europa y de enterrar los años de conflicto de su predecesor, Donald Trump, que trató a los viejos aliados como adversarios y mostró una complicidad desconcertante con el propio Putin. Tras aquella gira de la reconciliación de junio, las buenas palabras y gestos, Biden cometió dos tropiezos catedralicios: el desaguisado con la retirada de Afganistán en agosto y, acto seguido, el acuerdo para proveer de submarinos nucleares a Australia, que incluía al Reino Unido, y se hizo de espaldas a los socios europeos.

Esta crisis ha brindado a Biden la oportunidad de resarcirse, pero también ha mostrado, en opinión de Daniel Hamilton, un giro más profundo en la Casa Blanca: la vuelta de Estados Unidos “como poder europeo”, frente al “poder en Europa”, que había sido en la última década. Hamilton lo explica así: “Estados Unidos fue, durante 60 o 70 años un poder europeo, lo que significa que estaba completamente involucrado en cualquier cosa que los europeos hicieran entre ellos, siempre era una parte más de cualquier acuerdo, coalición o compromiso porque daba las garantías de que podría funcionar. Creo que, sin Estados Unidos, las viejas rivalidades europeas habrían resurgido”. “Esto —continúa—, cambió en los últimos 10 años o más, antes de la llegada de Trump. Se convirtió en un poder en Europa, que significa que solo te involucras en las cosas selectivamente, en función de un interés u otro. Biden entiende muy bien esto y quiere mostrar que Estados Unidos sigue siendo un poder europeo, que seguimos completamente implicados en lo que pasa. Eso es un cambio respecto a las dos últimas Administraciones. Lo que dure o no es otra cosa”.

Biden se encontró de nuevo con Putin el pasado junio, en una cumbre bilateral en Ginebra que sirvió de muy poco. En la rueda de prensa posterior a aquella cita, ante un paisaje verde deslumbrante propio del verano suizo, el estadounidense se negó a hacer balance de la cita o aventurar resultados. Mucho menos, responder si el exagente le inspiraba ahora más confianza. “Esto no va de confianza, va de interés mutuo”, dijo, “el verdadero test será dentro de seis meses”. Llegó, finalmente, a los ocho. También para las potencias occidentales.

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El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, se dirigió este miércoles al Congreso de Estados Unidos con un discurso dramático, mientras las bombas seguían golpeando a su población, para implorar más ayuda militar que frene la sangrienta invasión rusa. Vestido con camiseta color caqui militar y con el rostro cansado, Zelenski invocó grandes traumas históricos estadounidenses como la matanza de Pearl Harbor y los atentados del 11-S para convencer al más poderoso de sus aliados de dar un paso más y, entre otras medidas, activar una zona de exclusión aérea para impedir los ataques de aviones rusos sobre Ucrania. “Os necesitamos ahora. Os pido que hagáis más”, clamó. “Hoy ser el líder del mundo significa ser el líder de la paz”, recalcó, apelando a Joe Biden.

El líder norteamericano compareció horas después en la Casa Blanca y firmó la entrega de 800 millones de dólares (unos 727 millones de euros) adicionales de ayuda militar a Ucrania, que forma parte del gran programa aprobado de 13.600 millones (12.370, en euros) la semana pasada por el Congreso. Además de munición y sistemas de misiles, incluirá drones. Biden saludó el “excepcional” discurso del ucranio y aseguró, en respuesta directa al mandatario: “Vamos a hacer más en los próximos días y semanas”.

Zelenski, que intervino por videoconferencia, no es el primer líder extranjero que habla al Capitolio —antes lo han hecho un puñado de franceses y británicos, la alemana Angela Merkel, el papa Francisco o Nelson Mandela—, pero pocas intervenciones alcanzan el calado histórico de la intervención de la mañana de este miércoles, llevada a cabo en el vigésimo primer día de guerra. Ochenta años atrás, el 26 de diciembre de 1941, fue Winston Churchill quien tocó a rebato ante los legisladores de Washington. Estados Unidos acababa de entrar en la II Guerra Mundial, a raíz del bombardeo de la base naval estadounidense de Pearl Harbor (Hawái) por parte de Japón.

El líder ucranio agitó ese recuerdo desde la pantalla ante los congresistas y senadores de Estados Unidos, que le escuchaban reunidos en sesión conjunta en el vestíbulo de visitantes del Capitolio, pues el vídeo en gran formato no se podía reproducir en la sala de plenos. “Ahora os necesitamos, os pido que recordéis Pearl Harbor, cuando fuisteis atacados. Recordad el 11-S”, subrayó. Zelenski ha solicitado a las potencias occidentales más sanciones, más armamento (especialmente aviones) y, lo más controvertido, su involucración en la defensa aérea del país, lo que pasa por la tan traída y llevada activación de una zona de exclusión aérea, que Occidente, por el momento, rechaza para tratar de evitar una escalada.

“Pedimos ayuda para poner fin a este terror. ¿Es demasiado pedir que cierren el cielo para salvar la vida de las personas?”, exclamó el presidente. Grosso modo, una zona de exclusión aérea consiste en prohibir todos los vuelos militares en una determinada área, lo que implica que cualquier aparato que entre en la zona de exclusión puede ser derribado. Rusia ha advertido de que consideraría esa medida una declaración de guerra por parte de la OTAN.

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El dirigente advirtió de que no es solo Ucrania lo que el líder ruso Vladímir Putin ha atacado desde que lanzó la invasión, el 24 de febrero, sino Europa y los valores democráticos en todo el mundo. “Ahora mismo se decide el destino” de Ucrania, dijo, pero también “valores humanos” universales. ”En el momento más oscuro para nuestro país, para toda Europa, os pido que hagáis más. Se necesitan nuevos paquetes de sanciones, constantemente, todas las semanas, hasta que se detenga la máquina militar rusa”, subrayó.

Pronunció la mayor parte de su discurso en ucranio, pero terminó en inglés para apelar directamente a Biden: “Usted es el líder de su gran nación. Quiero que sea el líder del mundo y ser el líder del mundo hoy significa ser el líder de la paz”.

El nombre de Zelenski, un excómico de profesión de 44 años que llegó al poder tras arrasar en las elecciones de 2019, ya había sonado muchas veces en ese Capitolio antes de esta guerra. Las presiones que el líder ucranio recibió del presidente Donald Trump —incluyendo la congelación de las ayudas militares— para tratar de perjudicar la carrera electoral de Biden en 2020 motivó el primer juicio de impeachment contra el republicano. La historia ha querido colocarlo este miércoles, de nuevo y en una situación más amarga, en el centro del templo de la democracia estadounidense. Esta vez, sin embargo, republicanos y demócratas han encontrado en la crisis de Ucrania uno de los escasos puntos de consenso, y el presidente ucranio ha logrado una ovación unánime.

El Congreso ha presionado a Biden desde el principio de la crisis para que aprobase sanciones contra Putin y redoblase las ayudas a la antigua república soviética. La semana pasada salió adelante, por amplia mayoría, un programa de gasto gubernamental que incluye alrededor de 12.370 millones de euros adicionales para el país, en materia de apoyo humanitario y militar. Varios legisladores también se han pronunciado a favor del envío de cazas para que Ucrania pueda utilizarlos, algo con lo que no están de acuerdo los aliados, pero la zona de exclusión aérea apenas concita consenso.

“Haremos que Putin pague el precio”, ha prometido Biden desde la Casa Blanca, tras el discurso de Zelenski. La partida de 727 millones de euros en material de guerra se suma a los 318 millones aprobados tras la invasión, que a su vez se habían añadido a los 590 millones de euros que Estados Unidos ya había destinado a la seguridad de Ucrania el año pasado.

Ucrania no es un país miembro de la OTAN y por eso los países de la Alianza (Estados Unidos, la Unión Europea, Reino Unido, Canadá, entre otros) rechazan enviar a sus tropas a luchar del lado ucranio, pero sí han respondido a Rusia con un arsenal de sanciones económicas sin precedentes y han entregado a Kiev recursos para su defensa.

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El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha intervenido este miércoles por videoconferencia ante las dos cámaras del Congreso de Estados Unidos: “Ahora os necesitamos, os pido que recordéis Pearl Harbour cuando fuisteis atacados. Recordad el 11-S”, ha reclamado a los congresistas. “Pedimos ayuda para poner fin a este terror. ¿Es demasiado pedir que cierren el cielo para salvar la vida de las personas?”. El mandatario ucranio reclama desde hace días el cierre del espacio aéreo de su país. Es la segunda ocasión en la que se dirige a los legisladores estadounidenses desde que comenzó la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero. Esta misma semana, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha firmado una ley que contempla 13.600 millones de dólares (casi 12.300 millones de euros) en ayuda militar y humanitaria para Ucrania y los países del flanco este de la OTAN.

En el vídeo mostrado ante la Cámara de Representantes y el Senado, , aparecen varias ciudades ucranias antes y después de las bombas junto al lema “Cerrad el cielo de Ucrania”. Incluía algunas de las secuencias más impactantes que también hemos mostrado en EL PAÍS, como el bombardeo de una sede administrativa y un colegio en el corazón de Járkov, una de las ciudades más afectadas por la guerra, los ataques a civiles en Irpin, a unos 20 kilómetros de la capital ucrania, o los impactos de misiles contra edificios en el centro de Kiev en el primer día de la invasión rusa.



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La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó la madrugada del jueves, con apoyo bipartito, una partida de ayudas para Ucrania dotada de 13.600 millones de dólares (12.300 millones de euros), dentro de un gran paquete de gasto por valor de 1,5 billones de dólares (1,4 de euros), que asegura la financiación del Gobierno federal hasta septiembre. Republicanos y demócratas votaron también, con una abrumadora mayoría, a favor de un proyecto de ley para vetar la importación de petróleo y gas procedente de Rusia, medida que ya ha sido impulsada por la Administración de Joe Biden y que convierte esta legislación en un símbolo de apoyo.

La invasión rusa de Ucrania ha suscitado una cohesión poco común entre conservadores y progresistas en el Capitolio estadounidense. Antes de que la Casa Blanca hubiese decidido el embargo de los hidrocarburos del gigante euroasiático, legisladores de uno y otro signo ya se habían puesto de acuerdo en una ley que prohibiera esas importaciones y que hubiese puesto a Biden en una situación complicada. Esa es la que salió adelante la noche del miércoles en la Cámara baja, con 414 votos a favor y 17 en contra, para su posterior debate en el Senado y firma final del presidente.

La partida de apoyo a Ucrania es de carácter militar y humanitario, con unos 6.700 millones de dólares (algo más de 6.000 millones de euros) en fondos para responder a la gran crisis de refugiados que ha desencadenado el conflicto —ya hay 2,2 millones de desplazados—, y ayudas económicas al país atacado, y alrededor de 6.500 millones (unos 5.900 millones de euros) para el apoyo militar del Pentágono.

Es el auxilio de Ucrania lo que ha ayudado a salvar el programa de gasto de 1,5 billones (1,4 de euros) dos días antes de que venciese la fecha límite de financiación del Gobierno federal, lo que ha evitado un cierre de la Administración federal, es decir, la suspensión de actividades no esenciales. El plan incluye fondos para combatir la violencia machista, aunque los demócratas han tenido que desistir de incluir el paquete de ayudas para la pandemia, de 15.600 millones de dólares (14.130 millones de euros) por disputas con los republicanos sobre su coste. El fondo, que el presidente Biden había reclamado al Congreso, debía servir para la compra de test, financiación de terapias y vacunas.

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Juan Guaido (C), ofrece una habla a la prensa la semana pasada en Caracas, cuando todavía no se había dado a conocer la entrevista.
Juan Guaido (C), ofrece una habla a la prensa la semana pasada en Caracas, cuando todavía no se había dado a conocer la entrevista.DPA vía Europa Press (Europa Press)

Los miembros más conocidos de la oposición venezolana han asistido atónitos al acercamiento entre altos funcionarios de Estados Unidos y el líder bolivariano Nicolás Maduro. Tanto que se han quedado sin palabras. El mutismo de la plana dirigente opositora fue particularmente notorio el día sábado 5 de marzo, cuando se celebró el encuentro. Juan Guaidó, el opositor más destacado, dijo este miércoles, cuatro días después, que solo una Venezuela democrática podría ser “un proveedor energético confiable y eficiente para el mundo”. Fuera de esa alusión, ni siquiera se ha referido a la reunión de forma directa, como si no hubiera existido.

Según Washington, en ese encuentro hablaron de “seguridad energética” y de la situación de estadounidenses detenidos arbitrariamente en Venezuela. Las conversaciones se producen en medio de la invasión de Rusia a Ucrania, mientras el mundo afronta el alza en los precios del petróleo frente a la amenaza de veto a la producción rusa, que en el caso estadounidense se concretó este lunes. El martes, el Gobierno chavista liberó al menos a dos presos estadounidenses, uno de ellos un ejecutivo de la refinería Citgo que fue detenido arbitrariamente en noviembre de 2017 y el otro, un cubanoamericano arrestado en 2021 por llevar encima un dron, por lo que se le acusaba de terrorismo.

En unas declaraciones posteriores al encuentro con los estadounidenses, Maduro abrió también la posibilidad de retomar las negociaciones de México, rotas en protesta por la detención del empresario colombiano y su presunto testaferro Alex Saab, que afronta un juicio por lavado de dinero en Miami. Aunque en las filas opositoras nadie ha querido ofrecer alguna explicación de la reunión de la delegación estadounidense con el chavismo, las fuentes consultadas insistieron en que la reunión de los funcionarios estadounidenses con Maduro “ya se sabía” cuando se hizo pública.

La delegación estadounidense presente en Caracas conversó también con Guaidó y Gerardo Blyde, quien fuera el delegado de la oposición venezolana en el diálogo con el oficialismo establecido el año pasado en México y ahora paralizado. Fue el domingo, después de haber ido a Miraflores. Según esas fuentes, James Story, el embajador estadounidense en Caracas; Juan González, asesor de la Casa Blanca para América Latina, y Roger Carstens, enviado especial para asuntos de rehenes, se reunieron además en Bogotá con representantes de los partidos más importantes de la oposición, agrupados en la llamada Plataforma Democrática para hablarles del plan.

El silencio de la dirigencia, sin embargo, ha sido notorio. Entre los partidos opositores, sin criterio unitario para atender este nuevo escenario, destaca como excepción el comunicado de Primero Justicia, uno de los más importantes del bloque, en la cual se esbozan algunas declaraciones generales de principios que bordean la circunstancia del encuentro sin entrar a calificarla o ponderarla.

El texto habla del compromiso del campo democrático con la negociación y el diálogo político; de la necesidad de reactivar la agenda de México y del imperativo de organizar unas elecciones limpias y justas “en las que la ciudadanía derrote a Nicolás Maduro y retome la senda de la calidad de vida”. Para ello, agrega, “es fundamental atender las demandas del informe de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea sobre las elecciones regionales de 2021″.

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Hace poco más de una semana, un grupo importante de dirigentes opositores, —Stalin González y tres gobernadores recién electos—, se había reunido en Bogotá con el embajador Story. El objetivo de los políticos venezolanos era intercambiar reflexiones con el diplomático sobre los perjuicios de las sanciones internacionales. Se habló de fortalecer las condiciones para que ambas partes se sienten en la mesa de trabajo en México, una perspectiva que estaba siendo abordada con optimismo en los corrillos políticos e informativos de estos días.

“Los resultados de los primeros contactos entre Estados Unidos y Maduro no han sido espectaculares, ni nada digno de ser llamado un viraje” comenta Julio Castillo, dirigente político opositor, profesor universitario y articulista de prensa. “Es natural que el Gobierno de Estados Unidos sienta la necesidad de ir a buscar al Gobierno de Venezuela luego de la crisis con Rusia y sus implicaciones energéticas y petroleras. Pero en las formas, claro que hay un cambio de actitud para con el Gobierno interino. Nada de esto impedía al Gobierno de Estados Unidos hacer lo que procede diplomáticamente, esto es, avisar con antelación de la iniciativa.”

El Gobierno de Estados Unidos ha reiterado que reconoce y apoya a Juan Guaidó, y no parece estar planteando un cambio en este tema al menos en el mediano plazo. Victoria Nuland, subsecretaria de Estado, se lo sostuvo reiteradamente al senador Marco Rubio, con quien tuvo un prolongado careo en el Congreso en la cual ésta le aseguró que Guaidó fue informado previamente de toda la operación mientras Rubio se lo negaba.

El propio Joe Biden ha declarado que Guaidó estaba al tanto del paso dado, y que lo siguen reconociendo como presidente legítimo del país. “Pero aquí hay un cambio de conducta”, sostiene Castillo, “Estados Unidos podría estar tentado a escuchar otros factores, a valorar otros puntos de vista, a proponer una ampliación de la representación opositora en el diálogo con el chavismo en México.”

Aunque en estos encuentros se ha conversado sobre la necesidad de procurar un adelanto de elecciones, el acercamiento de Estados Unidos a Miraflores, y el horizonte y objetivos inmediatos de la mayoría de las organizaciones opositoras del momento, sugiere que, en lo tocante a una cita electoral o un acuerdo con el chavismo, todos los caminos conducen a 2024, fecha en la cual el cuestionado Gobierno de Maduro debe terminar su período.

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Ebonni Chrispin de AIDS Healthcare Foundation habla durante una conferencia en oposición al proyecto de ley “Don't Say Gay”, el 2 de febrero en Tallahassee, Florida.
Ebonni Chrispin de AIDS Healthcare Foundation habla durante una conferencia en oposición al proyecto de ley “Don’t Say Gay”, el 2 de febrero en Tallahassee, Florida.AP

Los profesores de Florida no podrán hablar libremente con sus alumnos pequeños sobre la orientación sexual e identidad de género. El proyecto de ley conocido popularmente como “No digas gay” ha sido aprobado este martes por el Senado estatal controlado por los republicanos, por 22 votos a favor y 17 contra. La medida también permite que los padres demanden a los distritos escolares si sienten que sus hijos han recibido lecciones inapropiadas. Para que la ley entre en vigor solo falta la firma del gobernador conservador Ron DeSantis, quien ya ha adelantado que la promulgará.

El proyecto de ley, oficialmente llamado Proyecto de Ley de los Derechos de los Padres, establece que “las enseñanzas del personal de la escuela o de terceros sobre orientación sexual o identidad de género no pueden ocurrir desde la guardería hasta el tercer grado [cuando los niños tienen entre ocho y nueve años] o de una manera que no sea apropiada para la edad o el desarrollo de los estudiantes de acuerdo con las normas estatales”.

La Casa Blanca, los legisladores demócratas y las organizaciones a favor de los derechos LGBTQ+ han criticado que el texto no especifica qué se entiende por “apropiada para la edad” o el “desarrollo de los estudiantes” y que podrían interpretarse de manera tan subjetiva que cualquier grado de discusión sobre el tema podría desencadenar una demanda por parte de los padres por violar la futura ley. Este riesgo, plantean los contrarios al proyecto, podría derivar en que los educadores no aborden el tema en absoluto.

Una vez aprobada la normativa en el Senado estatal, el secretario de Educación de EE UU, Miguel Cardona, sostuvo en un comunicado que “los líderes en Florida están dando prioridad a proyectos de ley odiosos que perjudican a algunos de los estudiantes más necesitados”. “El Departamento de Educación ha dejado en claro que todas las escuelas que reciben fondos federales deben cumplir con la ley federal de derechos civiles, incluidas las protecciones del Título IX contra la discriminación basada en la orientación sexual y la identidad de género”, agregó.

El texto “envía un mensaje terrible a nuestra juventud de que hay algo mal con las personas LGBTQ, que hay algo tan peligroso o inapropiado en nosotros que tenemos que prohibirnos y censurarnos en el salón de clases”, ha planteado el congresista demócrata Carlos G. Smith, quien es gay. La postura de los republicanos de Florida es que son los padres los que deben abordar estos temas con sus hijos, no los profesores.

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La Administración de Joe Biden ha decidido prohibir la importación a Estados Unidos de petróleo ruso, según fuentes cercanas al Gobierno citadas por la prensa estadounidense. Esta decisión supone un paso adelante trascendental en la estrategia de sanciones que ha adoptado Occidente por la invasión de Ucrania. Washington adopta esta medida en solitario, ya que los aliados europeos han rechazado por el momento un castigo que supone un daño importante también a sus propias economías, mucho más dependientes que la estadounidense de la energía rusa.

La Casa Blanca lleva días sopesando el embargo, un golpe letal para la economía del gigante euroasiático. El Congreso ha presionado al Gobierno en esa dirección, con un proyecto de ley de apoyo bipartito cuya votación estaba prevista esta semana. La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, señaló el lunes que no se había tomado aún “ninguna decisión” y admitió que las implicaciones a un lado y otro del Atlántico no resultan iguales.

“Las importaciones rusas suponen alrededor de un tercio de todas las importaciones de petróleo de Europa”, apuntó. “En 2021, antes de la invasión, Estados Unidos compraba unos 700.000 barriles al día y los europeos unos 4,5 millones de barriles al día, así que somos muy conscientes de que las implicaciones serían muy diferentes para unos y para otros”, subrayó.

La Casa Blanca planea anunciar este martes la medida, avanzada en primer lugar por la agencia Bloomberg, con una comparecencia de Biden prevista a las 10.45 de la mañana (hora local). El mercado ya lleva días agitado por esta posibilidad. El domingo, el secretario de Estado, Antony Blinken, explicó en una entrevista televisiva que Estados Unidos estaba debatiendo “intensamente” con los socios europeos sobre este asunto, aunque Alemania aclaró el lunes que no pensaba vetar el crudo. “En este momento no es posible otra manera de suministrar energía a Europa para la generación de calefacción, movilidad y electricidad para la industria”, apuntó en un comunicado el canciller alemán, Olaf Scholz. Aun así, el precio del gas y del oro negro se desbocaron.

Este martes, desde Tallin, Blinken ha emplazado a los países europeos a ganar autonomía energética respecto a Rusia. “Es imperativo que haya finalmente un movimiento para reducir esa dependencia”, ha subrayado el jefe de la diplomacia estadounidense en la capital de Estonia. Acuciada por este nuevo escenario bélico, la Comisión Europea presentó este martes un plan para reducir las importaciones de gas ruso en dos tercios este año. El programa se debatirá en una cumbre en París a finales de esta semana.

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Para Estados Unidos, que vive la peor escalada de inflación en 40 años, la medida tampoco resulta inocua, pues ese crudo ruso representa el 8% de las importaciones y las repercusiones globales también pasan factura a las perspectivas de las empresas. El índice selectivo S&P de la Bolsa de Nueva York bajó el lunes un 3%, la peor caída desde octubre de 2020, lastrado por las perspectivas de un embargo. El barril de petróleo Texas (WTI), de referencia en Estados Unidos, escalaba un 4% al inicio de la sesión este martes, hasta los 124,35 dólares, lo que repercute de forma automática en las estaciones de servicio: el precio medio de la gasolina ha tocado este año los cuatro dólares por galón (3,7 litros), una cota no vista desde 2008.

Aun así, Biden llevaba semanas sintiendo la presión de legisladores republicanos y demócratas para que adoptara una medida que golpea el corazón de la economía de Rusia, que ha puesto a Europa ante una crisis inédita desde la Segunda Guerra Mundial. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ha confirmado este martes que planea seguir adelante con la votación del embargo al petróleo. Un senador, el demócrata Chris Coons, resumía con esta palabras en la cadena CNN el sentir de los políticos de Washington: “Vamos a ver aumentos de precios de la gasolina en Estados Unidos y en Europa contemplarán subidas drásticas, pero ese es el precio que tiene ponerse del lado de la libertad y al lado del pueblo ucranio”.

Para contrarrestar el golpe en el bolsillo de sus propios ciudadanos, la Administración de Biden ha dado el paso incluso a un acercamiento a Venezuela. La portavoz de la Casa Blanca confirmó el lunes que una delegación estadounidense se había reunido este fin de semana con el régimen de Nicolás Maduro para abordar diferentes asuntos, entre ellos, “la seguridad energética”. Biden también ha dado luz verde a la liberación de 30 millones de barriles de las reservas estadounidenses del petróleo con el fin de contener la escalada global de precios.

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