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La Unión Europea contempla golpear a los familiares de los oligarcas ya sancionados para evitar que se aprovechen de posibles agujeros o fugas en las sanciones aplicadas hasta ahora, pero se resiste a ir más allá de momento en sus represalias contra Moscú. Cumplidas cinco semanas desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania y tras una cumbre europea copada por asuntos energéticos y sin resultados tangibles en materia de sanciones, la Comisión Europea multiplica estos días sus contactos con los aliados para afinar un quinto paquete de sanciones. O casi mejor –por usar la terminología manejada en el Ejecutivo comunitario– un “paquete intermedio” centrado en reforzar los cuatro golpes ya asestados contra Rusia, para evitar que empresas, oligarcas y sus familiares evadan las medidas y que el Banco Central de Rusia pueda realizar transacciones usando sus reservas de oro. Mientras, entre bambalinas, sigue trabajando en un paquete de mayor envergadura para el caso hipotético de que haya que dar respuesta a un ataque químico o similar ordenado por el presidente ruso, Vladímir Putin.

Hasta la fecha, las sanciones y la guerra han provocado que el comercio de la UE con Rusia se reduzca hasta alcanzar un cuarto de su tamaño prebélico, según cifras internas que se manejan en la Comisión. En 2021, los intercambios comerciales entre Rusia y el bloque comunitario sumaron 257.000 millones de euros. El efecto sobre el vecino euroasiático comienza a hacer mella al otro lado del telón de Putin. “La economía rusa se está contrayendo a un ritmo más rápido que desde 1998, cuando dejó de pagar su deuda”, expuso este martes Adewale Adeyemo, vicesecretario estadounidense del Tesoro, en una comparecencia pública desde Bruselas. A este lado, también se notan los efectos en forma de una inflación galopante impulsada por los precios de la energía, que en España se ha disparado hasta el 9,8%, el máximo desde 1985.

Adeyemo ha estado de visita en la capital comunitaria, donde se ha reunido con la comisaria europea de Finanzas, Mairead McGuinness (el martes) y con el de Economía, Paolo Gentiloni (el miércoles) con el objetivo de afinar y coordinar los siguientes pasos. “La clave es garantizar la aplicación efectiva y completa de las sanciones en todas las jurisdicciones. Esto es una prioridad y es un trabajo en curso”, aseveró McGuinness junto al estadounidense. “Estamos muy centrados en la elusión”, añadió Adeyemo.

Firmas tecnológicas

Tras la cita, Estados Unidos ha dado este jueves un nuevo golpe a Moscú en línea con el objetivo de tapar vías de escape. Esta vez son las empresas tecnológicas las que están en el punto de mira: el Departamento del Tesoro ha señalado 34 organizaciones (21 compañías y 13 individuos) asociadas a las redes alternativas que está empleando Moscú para sortear los efectos de las represalias impuestas en las primeras semanas del conflicto. Las nuevas medidas –desde empresas que adquieren de forma ilícita material para el Ejército ruso al mayor fabricante de chips del país– hablan de los desafíos que supone atacar las operaciones de los bancos y los movimientos de los oligarcas en un mundo interconectado y en el que las vías financieras y de abastecimiento tradicionales han sido sustituidas en parte por otras, más opacas y difíciles de rastrear, informa Iker Seisdedos.

“Hay varios agujeros en los que estamos trabajando”, reconocen fuentes de la Comisión. Entre los planes se encuentra actuar sobre familiares de determinados oligarcas y sobre empresas, para evitar maniobras o transferencias de dinero dirigidas a ocultar su riqueza y evadir las represalias. Hasta la fecha, 877 personas, incluidos el presidente ruso, su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, y más de 30 miembros de las élites económicas próximas al Kremlin, además de 62 empresas, están sujetas a una congelación de bienes bajo el régimen sancionador de la UE. A las personas también se les ha prohibido desplazarse a la UE, salvo a Putin y Lavrov, por si se abre una eventual vía diplomática.

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Otra de las fórmulas que baraja la UE es tratar de detectar componentes imprescindibles para Rusia y establecer prohibiciones teledirigidas a la exportación de esos productos críticos. No descarta tampoco actuar en las criptomonedas, que algunos rusos podrían estar usando para vadear las prohibiciones de la UE, tal y como denunció la semana pasada la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde.

Entre los Veintisiete, algún país ha expresado preocupación por el hecho de que dos vecinos muy próximos y que aspiran a formar parte de la UE algún día, Turquía y Serbia, actúen como posibles grietas en las represalias. Turquía es el único miembro de la OTAN que no participa en las sanciones contra Rusia.

En Bruselas son conscientes de que las medidas barajadas no tienen el atractivo de otras rondas; pero creen en el potencial de sumar una miríada de pequeños ajustes, entre los que también se incluye el mandato del G-7, tras su reunión en Bruselas el pasado jueves, de coordinar las “respuestas relacionadas con la evasión de las medidas, incluidas las relativas a las transacciones de oro del Banco Central de Rusia”, cuyas reservas en la UE han sido congeladas.

Empresas ‘offshore’

Las redes financieras globales opacas son uno de los diversos agujeros por los que se diluyen las sanciones con un manto de legalidad. Una reciente investigación de EL PAÍS constató el vínculo de 40 rusos sancionados por Bruselas con 27 empresas offshore activas que aparecen en registros públicos.

“Debemos asegurarnos de que quienes prestan servicios –financieros, jurídicos y de otro tipo– a los oligarcas para facilitar la evasión de las sanciones son plenamente conscientes de los riesgos que corren. Investigaremos todos y cada uno de los esfuerzos por infringir nuestra legislación en materia de sanciones y las infracciones tendrán consecuencias”, afirmó hace un par de semanas la comisaria McGuiness, al filo de la segunda reunión de trabajo de una división especial de la UE creada para coordinar la aplicación de las sanciones contra oligarcas rusos y bielorrusos.

Bautizado como Freeze and Seize (congela e incauta), este grupo operativo reúne a miembros de la Comisión, los Estados miembros, Eurojust (Agencia de la UE para la Cooperación Judicial Penal) y Europol (cooperación policial) para facilitar el intercambio de información y coordinar a las 27 capitales, para incautar y, en su caso, confiscar los activos de los oligarcas. “Corresponde a los Estados miembros aplicar las sanciones”, aclara un portavoz del Ejecutivo comunitario.

La UE ha multiplicado además sus contactos con los aliados para cerrar posibles grietas y coordina sus trabajos con el G-7 (Alemania, Francia, Italia, Canadá, Estados Unidos, Reino Unido y Japón) y Australia a través de otra división recién creada, llamada REPO (acrónimo en inglés de Élites, apoderados y oligarcas rusos).

El bloque comunitario nunca había hecho hasta la fecha un seguimiento tan quirúrgico de las sanciones ni había desplegado una cooperación tan estrecha con terceros países (incluido el santuario financiero de Suiza) para garantizar su efectividad.

La “hijastra” de Lavrov

Entre los golpes más sonados contra esta élite económica y sus círculos más íntimos se encuentra el nombre de Polina Kovaleva, de 26 años, sancionada por el Reino Unido como “hijastra” de Serguéi Lavrov, a pesar de que no existe un lazo directo entre ellos: es hija de la pareja sentimental del ministro de Exteriores, que sigue casado con otra persona, según medios de la disidencia rusa. Kovaleva vive desde hace años en el Reino Unido; en 2016, a los 21, cuando era un estudiante sin ingresos conocidos en la universidad inglesa de Loughborough, compró a tocateja un piso en el lujoso barrio londinense de Kensington por valor de 4,4 millones de libras (5,2 millones de euros). “Esto envía una fuerte señal de que aquellos que se benefician de la asociación con los responsables de la agresión rusa están en el ámbito de nuestras sanciones”, advirtió el Gobierno británico en un comunicado. Poco antes de ser sancionada, la semana pasada, Maria Pevchikh, una investigadora de la fundación anticorrupción del opositor ruso Alexéi Navalni, denunció a través de redes sociales la “glamurosa” vida de esta joven cuyo “historial de Instagram parecen unas vacaciones interminables”.

La UE también ha probado ya su munición contra la familia de algunos poderosos rusos: el 9 de marzo, le llegó el turno al piloto de fórmula 1 Nikita Mazepin, de 23 años, hijo de Dmitry Mazepin (también sancionado), propietario del grupo Uralchem, un fabricante ruso de productos químicos, como abonos minerales y amoníaco. “Dado que Uralchem patrocina al equipo Haas de Fórmula 1, Dmitry Mazepin es el principal patrocinador de las actividades de su hijo en dicho equipo”, detalla el documento de las sanciones. Unos días antes, Haas rescindió su contrato con la compañía patrocinadora y con el piloto (e hijo del dueño de la empresa).

En la lista negra comunitaria también figuran Galina Pumpyanskaya (56 años) y Alexander Pumpyansky (34 años), esposa e hijo de Dmitry Pumpyansky, director de Pipe Metallurgical Company, uno de los líderes mundiales en la fabricación de gasoductos y oleoductos, al considerarlos “asociados” al empresario sancionado.

Y el círculo de Lavrov también ha sido alcanzado desde Bruselas: la UE ha incluido en su nomenclatura al yerno del ministro de Exteriores, Alexander Vinokurov, de 39 años, empresario con intereses en el comercio minorista de alimentos, productos farmacéuticos, agricultura e infraestructuras; casado con Ekaterina Vinokurova, vástago de Lavrov; e hijo de Semen Vinokurov, que fue director de la empresa pública “Capital Pharmacies” y al que la UE considera “uno de los principales empresarios de la industria farmacéutica rusa”.

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vía Magangué -Ovejas

¿Una ‘colombianada’?, autoridades deberán explicar por qué la demarcación que se hizo en la vía Magangué -Ovejas

Noticias Caribe.

«El señor que ha pintado las rayas de la mitad que dividen la vida, o estaba teniendo un ataque cardíaco o se había metido tres tragos», dicen quienes van en un vehículo y al ver la demarcación torcida, decidieron grabar cuando pasaban por la vía Magangué -Ovejas.

vía Magangué -Ovejas demarcado
La demarcación se hizo al parecer en toda la carretera.

De hecho, «en el vídeo no se ve tan bien (lo torcido que quedó) como en vivo y en directo. Esto es increíble».

  • Cuántos kilómetros son, quién adjudicó ese contrató, qué entidad intervino y supervisó. Las dudas sin resolver.

Sin embargo, la Gobernación de Sucre si le respondió a una usuaria en Twitter, que la obra es ejecutada por la Agencia Nacional de Infraestructura, ANI.

Anunciaron que este lunes le harán un requerimiento oficial a la ANI sobre este demarcado en la vía que conecta a Bolívar con Sucre.

El vídeo se ha viralizado en las últimas horas.

 





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Vestido de camuflaje verde y marrón, Oleksiy Shevchuk se cuida de no pisar el camino que bordea la frontera entre Ucrania y Bielorrusia, cubierto por un denso manto de nieve. “Así se ven mejor señales y rastros si alguien atraviesa”, avisa el primer subcomandante de la Guardia Fronteriza Ucrania de Dobryanka, mientras avanza por una estrecha senda perimetrada con un largo cable negro, que sirve de guía. “No se ven, están vestidos de blanco y gris para ocultarse mejor entre la nieve, pero tenemos desplegados hombres en esta zona”, asegura.

En Bielorrusia, al otro lado de la linde, decenas de miles de soldados rusos y bielorrusos han empezado las maniobras Resolución Aliada, que pueden reunir a más de 30.000 militares. Es el mayor despliegue ruso en Bielorrusia desde la Guerra Fría, ha alertado la OTAN. Con este último movimiento, que se une a los más de 100.000 militares que Rusia ha concentrado a lo largo de sus fronteras occidentales, desatando una mayúscula crisis de seguridad en Europa del Este, el Kremlin mantiene a Ucrania rodeada en todo su flanco oriental; como en una media luna de tropas.

En el cruce de Novi Yarylovychi, apenas unos cuantos camiones de mercancías y una familia cargada con fardos y bolsas de tela aguardan para atravesar desde Bielorrusia a través de la autopista E-95. Desde el punto de control hasta Kiev apenas hay 200 kilómetros, y recién asfaltados; dos horas y media en coche hasta la vibrante capital ucrania, la ruta más corta para una hipotética intervención, dicen los observadores. El jefe del Consejo de Seguridad de Ucrania, Oleksiy Danilov, asegura que no hay señales inmediatas de una agresión militar desde Bielorrusia, pero que no es descartable como posible “trampolín” para un ataque. Aunque los majestuosos bosques de pinos y abedules y el terreno pantanoso lo complicarían mucho, explica el subcomandante Shevchuk. “No siento la amenaza”, dice el militar, de 34 años.

Un guarda fronterizo ucranio patrulla en la linde con Bielorrusia.
Un guarda fronterizo ucranio patrulla en la linde con Bielorrusia.M. R. S.

Hasta hace no mucho, el Gobierno ucranio no había barajado la idea de reforzar su frontera con Bielorrusia, un país con el que históricamente ha mantenido buenas relaciones. Ahora, las cosas han cambiado por la cercanía del líder autoritario Aleksandr Lukashenko al presidente ruso, Vladímir Putin, y su dependencia cada vez mayor de Moscú, que le apoyó tras las protestas contra el fraude electoral y por la democracia que sacudieron la antigua república soviética en verano de 2020 y le sostiene con préstamos y gas a buen precio. “No importa lo que los demás quieran, devolveremos a Ucrania al redil del eslavismo”, dijo hace una semana Lukashenko en su discurso anual a la nación y al Parlamento. “Estamos obligados a hacerlo”, clamó el líder autoritario, que acusó a Occidente de intentar “ahogar” en sangre la hermandad ruso-ucrania. Aferrándose al salvavidas político que le ofrece Putin, prometió ir a la guerra por Moscú en caso de que Rusia fuera atacada.

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Con esa escena en el país vecino, Ucrania está ahora tratando de alguna forma de cubrir los 900 kilómetros de porosa frontera que le separan de Bielorrusia. En otoño, cuando Lukashenko orquestó la crisis migratoria, enviando a decenas de migrantes vulnerables hacia las fronteras de Polonia y Lituania en lo que la Unión Europea definió como una “guerra híbrida”, Kiev ya empezó a enviar refuerzos a la linde con el país vecino. Desplegó entonces a unos 8.500 soldados en patrullas formadas por policías de fronteras, guardia nacional y militares; aunque el grueso de las fuerzas militares ucranias sigue teniendo el foco en la protección de la línea de demarcación del Donbás, donde la guerra con los separatistas prorrusos apoyados por Moscú va a cumplir ocho años.

Hoy apenas se ven patrullas, aunque, según el jefe del Consejo de Seguridad, se están acelerando los despliegues y la entrega de munición, combustible y suministros. También se usan drones y puntos de observación, comenta la oficial de seguridad fronteriza Oleksandra Stupak. El 70% de la frontera está ya protegida con barreras, concertinas u otras estructuras, asegura el departamento de seguridad fronteriza. “De momento no vemos fuerzas bielorrusas o rusas cerca del puesto. Si viene alguna amenaza, el tiempo de reacción es rapidísimo”, asegura la oficial.

Puesto fronterizo de Novi Yarylovychi, Ucrania.
Puesto fronterizo de Novi Yarylovychi, Ucrania.M. R. S.

La patrulla ha colocado, además, una enorme estrella de hierro al costado de la carretera, junto al punto de control, para desplegarla como barricada en caso necesario. “Tenemos que estar especialmente alerta a las provocaciones”, dice el subcomandante Shevchuk, sin entrar en detalles. Este jueves, el Gobierno bielorruso ha acusado a Ucrania de espiar una instalación militar con un dron. Kiev ha desestimado las acusaciones y ha asegurado que se trata de “provocaciones”.

‘Maskirovka’ o maniobra de engaño

A suelo bielorruso lleva semanas llegando material militar desde Rusia para las dos fases de maniobras que está previsto que finalicen el 20 de febrero y que Moscú y Minsk han descrito como entrenamientos para “repeler la agresión extranjera”. Sobre el terreno, dice la OTAN, Moscú ha desplegado ya fuerzas de operaciones especiales (spetsnaz), aviones de combate SU-35, sistemas de defensa aérea S-400, misiles Iskander con capacidad nuclear, tanques y otros vehículos blindados. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha acusado a Moscú de llevar a cabo otra acumulación de tropas “bajo el disfraz de maniobras” y envolver con ella a Ucrania. “Estas son tropas altamente capaces y listas para el combate, y no hay transparencia en estos despliegues. Se suma a las tensiones y demuestra que no hay desescalada. Por el contrario, en realidad son más tropas, más capacidades en más países”, dijo hace unos días en Bruselas.

El Kremlin, ha afirmado el ministro de Defensa ucranio, podría usar el territorio de Bielorrusia para amenazar no solo a Ucrania, sino a “toda Europa”. A algunos analistas militares les preocupa también que Moscú pueda emplear estos ejercicios militares —fuera de su calendario— para hacer una maniobra de engaño (lo que los rusos llaman maskirovka), posicionando fuerzas para una invasión bajo la tapadera de las prácticas militares, cuando acaben en algo menos de 20 días.

Este jueves, el ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, ha pasado revista a las tropas conjuntas de Resolución Aliada en Bielorrusia, donde tenía previsto reunirse con Lukashenko. Rusia niega que tenga intención de realizar una nueva agresión militar en Ucrania y ha acusado a la OTAN y a los aliados occidentales de Kiev de fomentar la tensión, armar a los ucranios para incitar a que intervengan militarmente para recuperar Donetsk y Lugansk y preparar “provocaciones”.

Putin ha exigido a la Alianza Atlántica y a Estados Unidos —a quien ha tomado como interlocutor ignorando a la Unión Europea— que se retire toda fuerza de Europa del Este, Asia Central y el Cáucaso, que considera su esfera de influencia, y que retire la invitación de membresía de la OTAN a Ucrania y a Georgia. En respuesta, Washington y la Alianza ofrecen a Moscú acuerdos de desarme, según los documentos a los que tuvo acceso EL PAIS; una oferta que Putin cree decepcionante.

Incluso con la acumulación de tropas en Bielorrusia, los expertos y el Gobierno ucranio consideran que Moscú aún no tiene números suficientes para una intervención a gran escala. Aunque hay otros escenarios sobre la mesa. Y uno de ellos implica también a Minsk. Y no solo como “trampolín”, como apuntaba el jefe del Consejo de Seguridad de Ucrania. El Kremlin ha amenazado con tomar medidas “político-militares” si no se atiende a sus demandas. Y una de esas medidas podría ser colocar armas nucleares en territorio bielorruso, que hace frontera con tres países de la OTAN (Polonia, Letonia y Lituania), además de con Ucrania.

La ciudad de Chernihiv, Ucrania, el pasado lunes.
La ciudad de Chernihiv, Ucrania, el pasado lunes.M. R. S.

En Chernihiv, a 60 kilómetros de los postes de madera y el alambre de púas que ribetean parte de la frontera, Nastia Lutshchenko dice que no le preocupa una posible invasión en absoluto. “Hace tiempo que dejé de ver las noticias. Prefiero no creer todo esto de la amenaza. No tengo miedo ninguno”, dice la joven de 25 años, empleada en una tienda de golosinas del centro de la ciudad, de 285.000 habitantes. En el terraplén de la catedral de Santa Catalina, donde decenas de niños y jóvenes se lanzan con trineo, Alexandr Skorapick, de 36 años, tampoco siente especial presión. “Es todo una gran paranoia. Todo está bajo control, llevamos viviendo así con esta tensión por la guerra del Este desde 2014″, dice Skorapick, gerente en una planta textil, que espera que las maniobras de Bielorrusia no deriven en nada más. “Además, qué iban a hacer en Chernihiv, una ciudad pequeña…”, plantea.

Dmytro Naumenko, director de la ONG de derechos humanos M.A.R.T., tiene una opinión algo más sombría. Le preocupa más la posibilidad de que Moscú coloque a escasos kilómetros armas nucleares. “Ese problema además, sería un problema para toda Europa no solo para Ucrania, aunque todo en esta guerra lo es”, apunta. En la unidad de cáncer del hospital infantil regional de Chernihiv, el oncólogo Egor Pavlenko comenta que prefiere no pensar en escenarios de una guerra caliente. Las maniobras de desestabilización o cibertaques ya serían suficientemente malos. Como la mayoría en Chernihiv, cree que no hay peligro y que toda esta escalada es un inmenso juego político de Putin. “Siempre hay que estar alerta, pero de momento no hay ningún plan de contingencia especial”, afirma, “y eso es buena señal”.

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