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Los socialistas franceses se preparan para la peor derrota electoral de su historia moderna y Anne Hidalgo, su candidata, para un futuro como alcaldesa de París que puede acabar lastrado por este fracaso. Las expectativas para la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el 10 de abril, son catastróficas para Hidalgo: entre el 2 y el 3% de votos, por debajo incluso del candidato comunista, Fabien Roussel.

Si se confirman las expectativas, será un resultado peor que el de 1969, cuando Gaston Defferre el candidato de la SFIO, antecedente del Partido Socialista (PS), sacó un 5% de votos. No alcanzar el 5% dejaría al PS sin la financiación de casi la mitad de los gastos de campaña que reciben los que han superado este umbral. Y dejaría a los socialistas, que todavía disponen de una sólida implantación municipal, al borde de la irrelevancia en la política nacional, y en riesgo de desaparición como marca electoral.

“El Partido Socialista va a morir”, anticipa el politólogo Gérard Grunberg, coautor de L’ambition et les remords: le socialistes français et le pouvoir, libro de referencia sobre la historia del PS. “Pienso que es el final”.

Los previsibles malos resultados de Hidalgo –una socialdemócrata europeísta, ecologista y municipalista– planean sobre su futuro en la alcaldía de París. Salió reelegida con comodidad en las municipales de 2020, y el mandato dura hasta 2026, pero sus oponentes ya afilan los cuchillos. “La noche de la primera vuelta se abrirá una crisis de legimitidad profunda”, vaticinó en Le Figaro la conservadora Rachida Dati, su rival en las últimas municipales. “Ante tal rechazo, Anne Hidalgo no podrá dirigir una de las mayores metrópolis de Europa”.

El politólogo Grunberg sostiene que lo que ocurre ahora es la culminación de lo que comenzó en 2017, cuando el centrista Emmanuel Macron conquistó el poder. Un proceso que también ha debilitado hasta el extremo a Los Republicanos (LR), el partido de la derecha moderada que, junto al PS, estructuró durante casi medio siglo la política francesa. La candidata de LR en estas presidenciales, Valérie Pécresse, aunque en mejor posición que Hidalgo, tiene pocas opciones para clasificarse para la segunda vuelta. Los sondeos le dan en torno al 10% de votos.

El declive del PS —el partido de François Mitterrand, y heredero de figuras míticas como Léon Blum o Jean Jaurès— es más grave. Hace cinco años, controlaba aún buena parte de los resortes del poder en Francia: la presidencia de la República, el Gobierno, la Asamblea Nacional, grandes ciudades. Era aún el primer partido de la izquierda. Ahora solo le quedan las ciudades; la hegemonía en la izquierda está en manos del populista Jean-Luc Mélenchon.

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Grunberg ve razones de fondo en la actual agonía socialista. “En 2017″, dice, “el Partido Socialista ya recibió un golpe casi mortal, porque su electorado de centroizquierda se marchó con Macron, y la otra parte se fue con Mélenchon”. En las presidenciales de 2012, el socialista François Hollande había sacado un 28,7% de votos en la primera vuelta. En 2017, el candidato del mismo partido, Benoît Hamon, sacó un 6,4% de votos.

Carteles electorales de la candidata socialista Anne Hidalgo, del actual presidente de Francia, Emmanuel Macron, y del comunista, Fabien Roussel, en Ciboure.
Carteles electorales de la candidata socialista Anne Hidalgo, del actual presidente de Francia, Emmanuel Macron, y del comunista, Fabien Roussel, en Ciboure.Bob Edme (AP)

“Cuando se cae tan bajo y de forma tan brutal”, analiza Grumberg, “es muy difícil recuperarse. El Partido Socialista había perdido su credibilidad gubernamental y su electorado”. Grunberg apunta a otro motivo más inmediato por el descalabro. “Aunque ahora sea un partido electoralmente pequeñito”, sostiene el politólogo, “sigue estando dividido: no ha habido una reflexión común sobre qué había que hacer en estas elecciones”.

En la mesa estaba la opción de una candidatura conjunta con los ecologistas. Se descartó. Y, para salvar los muebles, o intentar el milagro, el partido recurrió a la figura con mayor proyección nacional: la alcaldesa de París. “El problema”, juzga Grunberg, “es que Anne Hidalgo ha sobrestimado sus cualidades y su posición”. Pero matiza: “Ni siquiera un buen candidato habría hecho más del 3, 4 o 5%”.

Serge Raffy, biógrafo de Hidalgo y de otras figuras políticas y editorialista del semanario L’Obs, apunta: “Anne Hidalgo estaba en el vagón de un tren que iba al precipicio. No es ni su personalidad ni su campaña lo que está en cuestión. Es el hecho de que ella, a su pesar, encarna el hundimiento del Partido Socialista en Francia”. Raffy desconfía de los obituarios precipitados del PS. “No sabemos qué ocurrirá”, dice. “Lo seguro es que hoy ya hay maniobras para retomar el Partido Socialista y crear una fuerza política”.

Uno de los que ha dado un paso al frente para tener un papel en el nuevo PS es el expresidente Hollande. “Hay mucho para reconstruir, incluso más allá de las elecciones”, dijo a EL PAÍS en febrero. En la misma entrevista, declaró: “Soy socialista, votaré por el candidato socialista”.

Otro expresidente, Nicolas Sarkozy, no ha seguido el mismo camino y estos días concentra toda la atención, porque a una semana de la elección, todavía no ha declarado su apoyo a Pécresse, la candidata de LR, el partido que él fundó. A Sarkozy nunca le gustó perder.

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La hipótesis más probable para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, que debe celebrarse el próximo 24 de abril, es la repetición del duelo entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen de hace cinco años. Así lo indican todos los sondeos, que también vaticinan el triunfo del actual presidente en la vuelta definitiva. Las expectativas electorales de Macron, sin embargo, muestran un claro empeoramiento en los últimos días, paralelo a la mejora de Le Pen. La victoria del actual inquilino del Elíseo no parece comprometida, ya que goza de una ventaja cercana a los diez puntos, pero no deja de ser preocupante la tendencia a la convergencia entre ambos candidatos que se observa últimamente.

En cualquier caso, la ventaja de Macron sobre Le Pen en esta hipotética segunda vuelta sería claramente inferior a la obtenida por el mismo Macron en 2017. Entonces, el actual presidente obtuvo dos terceras partes del total de votos, es decir, dobló en apoyos a los obtenidos por la candidata ultra. De ser ciertos los pronósticos a un mes de la celebración de la segunda vuelta, Macron obtendría hoy un resultado significativamente inferior. La media de las encuestas realizadas en el mes de marzo da al presidente menos del 60% de los votos, mientras que a Le Pen se le supone un resultado superior al 40%. La diferencia entre ellos habría pasado de los más de 30 puntos hace cinco años a la mitad.

Si retrocedemos a hace 20 años, cuando la extrema derecha accedió por vez primera a la segunda vuelta de las presidenciales, superando por sorpresa al candidato socialista, Lionel Jospin, el entonces líder del Frente Nacional, el patriarca Le Pen, obtuvo un mínimo del 18%, frente a un Jacques Chirac que pasó del 80%. La tendencia es más que evidente: el voto a la extrema derecha en la elección definitiva para la presidencia ha pasado de menos del 20% al 33% y podría superar el 40% dentro de menos de un mes. O lo que es lo mismo, la ventaja sobre la extrema derecha ha pasado de los 60 puntos de hace 20 años a los 30 de hace cinco, y podría acabar en 15 esta vez.

¿A qué se debe esta evolución? Los datos de las encuestas son contundentes al respecto. En 2002, cuando Le Pen padre accedió por primera vez a la segunda vuelta, se produjo un movimiento de extraordinaria intensidad entre los votantes de los demás partidos para apoyar a Chirac y cortarle el paso a la extrema derecha. Más del 80% de los que habían votado a Jospin en la primera vuelta optaron por el líder conservador, al igual que el 85% de los votantes de centro o el 71% de los votantes de la izquierda. La movilización republicana en defensa de la democracia fue lo que llevó a Chirac a superar el 80% de los sufragios.

En 2017, ante un escenario similar, esta vez con Marine Le Pen en la segunda vuelta, esta movilización republicana entre los votantes de los candidatos eliminados en la primera vuelta fue más matizada. Entre los socialistas, el voto a Macron fue diez puntos inferior al voto a Chirac y 25 puntos inferior entre el electorado del izquierdista Mélenchon. Del voto conservador, solo la mitad apoyó a Macron.

Esta vez los datos son aún peores. Entre los que muestran intención de votar a Mélenchon en la primera vuelta, solo el 30% apoyará a Macron en la segunda. Entre los votantes de Anne Hidalgo solo dos terceras partes y un 46% entre los que votarán a la conservadora Pécresse. El resto, mayoritariamente, optará por la abstención. Así lo manifiestan casi la mitad de los votantes de Mélenchon, por un cuarto de los socialistas y de los conservadores. De aquí que la ventaja de Macron sea hoy la mitad de lo que fue hace cinco años.

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Los datos muestran que no es que se haya producido un trasvase significativo de apoyos hacia la extrema derecha (aunque en parte sí), sino que se ha producido una distensión en esa mayoría republicana que era capaz de dar su voto a un candidato muy alejado de sus postulados con el único fin no tanto de evitar la victoria de la extrema derecha, que también, como de enviar el mensaje de que el electorado francés no estaba dispuesto a aceptar que la participación de los ultras se normalizara.

Hoy en día, esa reacción democrática, esa movilización republicana, ya no se da, lo cual es un indicador del grado de normalización que la presencia de la extrema derecha ha adquirido, a la vez que también nos dice algo sobre los efectos de la polarización, que impide a los electores a prestarse a otras fuerzas para perseguir un fin que se entiende que va más allá de la estricta división partidista.

Francia está mandando un mensaje y su eco resuena más allá de sus fronteras. Atención.

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Hay un aire de optimismo en la campaña de Marine Le Pen, líder del Reagrupamiento Nacional (RN) y candidata por tercera vez a la presidencia de Francia. “Las cosas van mejor”, dice al teléfono Louis Aliot, alcalde de Perpiñán, expareja de Le Pen y vicepresidente del RN. “Pienso que hay una verdadera oportunidad y es posible ganar esta elección”, añade el dirigente del partido heredero del Frente Nacional, la fuerza histórica de la ultraderecha francesa fundado por el padre de la candidata, el patriarca Jean-Marie.

Le Pen (Neuilly-sur-Seine, 53 años) se está imponiendo en el pulso con Éric Zemmour, el popular tertuliano que en otoño irrumpió en la arena electoral e intentó disputarle el liderazgo de la extrema derecha. Y ya sueña con batir al actual presidente, Emmanuel Macron.

Antes de que Zemmour entrase en campaña, se daba por hecho que en 2022 se repetiría el duelo de 2017: Macron contra Le Pen. Todo cambió en unas semanas. Con su descaro retórico, su erudición de barra de bar y las andanadas contra musulmanes y extranjeros que le han llevado varias veces ante los tribunales, el tertuliano desestabilizó a la jefa del RN. Y trastocó las previsiones.

Zemmour captó a algunos dirigentes del partido y a la figura más preciada: Marion Maréchal, sobrina de Marine y nieta favorita de Jean-Marie. Además, quería romper el dique que, con mayor o menor éxito, ha separado durante décadas a la derecha tradicional de Los Republicanos (LR) —el partido hermano en Francia del PP español— de la extrema derecha.

En noviembre y diciembre de 2021, Zemmour igualó o superó a Le Pen en los sondeos. Parecía un candidato en condiciones de clasificarse para la segunda vuelta y disputarle la victoria al centrista Macron.

Pero, como tantas veces en la carrera de Marine Le Pen, se le dio por liquidada antes de tiempo. Ahora, cuando falta poco más de una semana para la primera vuelta de las elecciones, el 10 de abril, los sondeos son unánimes: en la extrema derecha, Le Pen derrotará a Zemmour. La segunda vuelta, en la que participan los dos candidatos más votados, se celebra el 27 de abril.

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El último sondeo del instituto Ifop, que publica uno al día, sitúa la intención de voto para Le Pen en un 21%, 10 puntos más que Zemmour. La candidata del RN queda así en una confortable segunda posición que la clasificaría de nuevo, como en 2017, para la segunda vuelta. Macron encabeza las intenciones de voto con un 27,5%.

Un margen mucho más estrecho

En 2017, Macron ganó con un 66% de votos. Le Pen sacó un 34%, Ahora el margen sería mucho más estrecho. Según Ifop, el presidente sacaría un 53%; su rival en la extrema derecha, un 47%. Otro sondeo, instituto Elabe, estrechaba el martes aún más el margen y contemplaba una victoria de Le Pen.

“Poco a poco nos aproximamos al margen de error”, celebra Aliot. En su opinión, la clave para ganar en la segunda vuelta es la participación: “Cuanto más importante sea la participación, más importante el resultado de Marine Le Pen. Porque tenemos un electorado de clase popular, de clase media más bien baja, y esta gente solo va a votar cuando hay algo en juego y piensa que podemos ganar”.

Aliot ganó en 2020 la alcaldía de Perpiñán —la mayor ciudad gobernada por el RN— con una estrategia parecida a la de Le Pen: suavizar los ángulos más antipáticos del discurso, presentarse como un gestor pragmático más que un ideólogo y apoyarse en el rechazo a la administración saliente para aglutinar votos de otras tendencias políticas.

Le Pen llevaba años embarcada en el llamado proceso de desdiabolización. Se trataba de limpiar la imagen de su partido, asociado al racismo, la xenofobia y al antisemitismo. Expulsó a su padre. Rebautizó el partido. Decía que ella no era ni de izquierdas ni de derechas y usaba el discurso populista de “los de abajo” contra “los de arriba”. Como el Partido Comunista durante décadas, el FN y después el RN se presentaban como el “primer partido obrero” de Francia.

La propia candidata, que en 2017 demostró su incompetencia en el debate televisado ante Macron, se ha esforzado estos años en prepararse mejor y en aparecer como una política fiable, y amable.

Pero la desdiabolización dejó libre el terreno de la vieja extrema derecha. Y lo ocupó Zemmour, hijo de judíos argelinos que reivindica la figura de Philippe Pétain, el líder de la Francia que colaboró con los nazis, y promueve la teoría racista de la gran sustitución de los europeos blancos por africanos y árabes.

Después de vivir su momento de gloria, Zemmour se desinfla. “Ha hecho una campaña muy agresiva, muy violenta: la gente vio que no tenía el porte de un presidente de la República”, juzga el alcalde de Perpiñán.

La radicalidad de Zemmour, por contraste, permite a Le Pen parecer más moderada, aunque sus ideas sobre la inmigración no sean tan distintas. “Durante estos cinco años ha trabajado mucho”, dice Aliot. “Está serena, nada inquieta. Los franceses perciben esta solidez”.

Las provocaciones y salidas de tono, que al entrar en campaña atrajeron los focos sobre el tertuliano, le han acabado perjudicando. La invasión rusa de Ucrania lo deja en mala posición. No solo por su entusiasta admiración por Vladímir Putin. También Le Pen era admiradora del presidente ruso, y más que eso: lo visitó durante la campaña 2017, y en una campaña anterior se financió con el préstamo de un banco ruso.

Ambos, sin embargo, no reaccionaron igual tras la invasión del 24 de febrero. Le Pen defendió la acogida en Francia de los refugiados ucranios. Zemmour mantuvo su discurso de siempre. “Prefiero que estén Polonia”, dijo. “No está bien arrancar a la gente tan lejos de su país, y desestabilizar Francia, que ya está sumergida por la inmigración”.

Quizá creía demostrar coherencia ideológica. Quizá, como señala Brice Teinturier, del instituto demoscópico Ipsos, era una muestra de “rigidez”, de su incapacidad para salirse de sus teorías. Y esta es otra ventaja de Le Pen: ella se ha adaptado a las inquietudes del electorado. Ha dejado la inmigración en un segundo plano; ahora habla sobre todo de economía.

“Hemos centrado nuestro argumentario en el poder adquisitivo”, defiende Aliot, “y hoy es esto lo que preocupa a los franceses: cómo llegar a fin de mes con el aumento de los precios de la alimentación y de la energía”.

La batalla interna en la extrema derecha revela una corriente de fondo de esta campaña: los temas del bolsillo se imponen a los temas de la identidad. Le Pen tomó nota pronto de ello; Zemmour, no.

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Francia Márquez y polémica con Marbelle

Francia Márquez a quien se le ha comparado con king kong en un tema calificado de racismo pero que divide opiniones, respondió a la cantante Marbelle, y la artista también le dijo: «Le devuelvo su abrazo».

Noticias Colombia.

En un mensaje de Twitter y luego en un debate vicepresidencial, Francia Márquez respondió a los polémicos trinos de Marbelle, en los que la ha calificado como King Kong; aunque la artista no ha hablado del color de piel, ni ha dejado explicito el tema de racismo, para muchos, si son mensajes racistas y ya incluso le interpusieron dos denuncias penales.

La artista había escrito: «Los mamertos jamás entenderán que no es un tema de color…me aterra esa señora (…)».

Márquez, formula vicepresidencial de Gustavo Petro por el Pacto Histórico no había hablado directamente de la cantante, lo hizo hace unas horas.

«El racismo no solo hiere, sino tambien mata. El racismo no solo nos daña a nosotros, sino daña a quien lo expresa porque no se permite construir desde el amor y la diferencia. A @Marbelle30 le mando un abrazo ancestral para que se sane y construyamos desde la diferencia», escribió. 

Eso mismo respondió durante un debate cuando Vicky Dávila le preguntó por esa polémica.

Si bien a la lideresa caucana también le preguntaron por el mensaje de Gustavo Bolívar que «trataba» de defenderla y eso una foto de king kong con un mensaje, no lo ha mencionado.

La respuesta de Márquez:

Y la artista vallecaucana (nacida en Buenaventura), respondió que «no me trago sus mentiras».

«Y le devuelvo su abrazo ancestral para que se lo guarde», respondió y le dijo que no la presenta, «no me venga con el discurso barato con el que quieren engañar a la gente».

Insultos, burlas y hasta amenazas van y vienen en Twitter teniendo como protagonista a la cantante Marbelle, ferrea defensora del expresidente Álvaro Uribe y detractora de Gustavo Petro, su frase: «Cacas y King kong» en referencia a Francia Márquez, en un trino que duró más de 20 horas publicado, desató toda una ‘guerra’ de insultos, ofensas y demás.

Ese ha sido uno de los temas más álgidos de las redes sociales esta semana.

Delito de discriminación: «Por discriminación y racismo se entiende cualquier acción realizada que arbitrariamente impida, obstruya o restrinja el pleno ejercicio de los derechos de las personas por razón de su raza (color de piel), nacionalidad, sexo u orientación sexual)».

  • Constituye: prisión de 12 a 36 meses, multa de diez a 15 salarios mínimos legales vigentes (más de $13 millones). Ley 1482 de 2011.

El candidato del Pacto Histórico, contestó en la red social: «¿Es libertad de expresión o xenofobia?».

Frente a este tema, se pronunció el Observatorio de Discriminación Racial, que anunció que «iniciará acciones jurídicas por los comentarios discriminatorios publicados en redes sociales».

Piden que las autoridades tomen medidas.

Y ya se entablaron dos penales contra Marbelle, acusándola de racista y de promover mensajes de odio y discriminación, ella respondió que está para lo que «la justicia necesite».

Mensaje contradictorio

El trino de Gustavo Bolívar, que para unos intentaba defender a Francia pero terminó complicando la polémica, también fue borrado por el reelegido senador.

Una discusión de redes sociales que ha pasado a la interacción personal, y que complica aún más la polarización del país.

Es un problema el racismo, clasismo, bullying por la figura; el cuerpo y la apareciencia de una persona, pero en el marco de la discusión política a puertas de unas elecciones, señalan analistas, han logrado desviar la atención a la discusión sobre el futuro del país.

No hay debates tan acalarados que lleven a la gente a discutir sanamente, con datos, con investigaciones sobre las propuestas de los candidatos, por ejemplo.

La discusión no se centra en lo que vendrá en materia de gobernabilidad.

Eso ha llevado a un debate en el dime y direte, en el que parece que no hay discusión ni racionamiento para decir: «Me equivoqué» ni ofrecer disculpas, que por lo menos ayuden a calmar ánimos.

Al contrario, se suman opiniones, se recuerdan declaraciones.



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Tiwtter debate racismo Francia Márquez y Marbelle
Una discusión de redes sociales que ha pasado a la interacción personal, y que complica aún más la polarización del país.

Marbelle terminó borrando el trino en el que señalaba a Francia Márquez como ‘king kong’ y a Gustavo Petro también lo descalificaba, la respuesta de cientos a la vallecaucana, fue de burlas a su figura, a su voz, a su carrera y a su vida personal.

Noticias Colombia.

Insultos, burlas y hasta amenazas van y vienen en Twitter teniendo como protagonista a la cantante Marbelle, ferrea defensora del expresidente Álvaro Uribe y detractora de Gustavo Petro, su frase: «Cacas y King kong» en referencia a Francia Márquez, en un trino que duró más de 20 horas publicado, desató toda una ‘guerra’ de insultos, ofensas y demás.

Se refería a Petro, y a su fórmula vicepresidencial.

Delito de discriminación: «Por discriminación y racismo se entiende cualquier acción realizada que arbitrariamente impida, obstruya o restrinja el pleno ejercicio de los derechos de las personas por razón de su raza (color de piel), nacionalidad, sexo u orientación sexual)».

  • Constituye: prisión de 12 a 36 meses, multa de diez a 15 salarios mínimos legales vigentes (más de $13 millones).

La candidata caucana no ha hablado al respecto, pero el mismo candidato del Pacto Histórico, contestó en la red social: «¿Es libertad de expresión o xenofobia?».

Márquez no se ha pronunciado directamente sobre esos mensajes en tono de racismo y de burlas a su color de piel y figura, que se han disparado estos últimos días. A ella misma algunos también le reclaman, un «lenguaje más moderado» cuando hace sus críticas.

Marbelle si lo hizo en su cuenta de Twitter: «Los mamertos jamás entenderán que no es un tema de color…me aterra esa señora (…)».

Y si se pronunció el Observatorio de Discriminación Racial, que anunció que «iniciará acciones jurídicas por los comentarios discriminatorios publicados en redes sociales».

Piden que las autoridades tomen medidas.

Las respuestas contra Marbelle:

Otros, han preferido ser más mesurados; llevar el debate al tema puntual del racismo, el bullying por el físico de una persona, y los insultos y hasta amenazas disfrazadas de ‘libertad de expresión’.

La misma Marbelle, sigue respondiendo a quienes la atacan, también con insultos, burlas. Y le han denunciado su cuenta aunque no se la han cerrado.

Para muchos, «no todo vale», y menos, si se trata de defender posiciones políticas.

El trino de Gustavo Bolívar, que para unos intentaba defender a Francia pero terminó complicando la polémica, también fue borrado por el reelegido senador.

Una discusión de redes sociales que ha pasado a la interacción personal, y que complica aún más la polarización del país.

Es un problema el racismo, clasismo, bullying por la figura; el cuerpo y la apareciencia de una persona, pero en el marco de la discusión política a puertas de unas elecciones, señalan analistas, han logrado desviar la atención a la discusión sobre el futuro del país.

No hay debates tan acalarados que lleven a la gente a discutir sanamente, con datos, con investigaciones sobre las propuestas de los candidatos, por ejemplo.

El debate sobre los candidatos al Congreso también se centro en candidaturas presidenciales y opiniones partidistas, ahora, la discusión tampoco se centra en lo que vendrá en materia de gobernabilidad.

Eso ha llevado a un debate en el dime y direte, en el que parece que no hay discusión ni racionamiento para decir: «Me equivoqué» ni ofrecer disculpas, que por lo menos ayuden a calmar ánimos.

Al contrario, se suman opiniones, se recuerdan declaraciones.

Twitter se ha convertido en el ‘ring’ y caballo de batalla de diferentes temas.





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El presidente francés, Emmanuel Macron, se ha convertido, desde la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero, en el favorito indiscutible para ganar las elecciones presidenciales del 10 y el 24 de abril en Francia. Pero la condición de favorito —en una “campaña presidencial sin impulso”, como la describe Le Monde, de tono menor y con pocos mítines— entraña un riesgo: la desmovilización.

Para disipar el exceso de confianza, Macron (Amiens, 44 años) volvió el lunes a hacer lo que le gusta. En Dijon, la ciudad de la mostaza y capital de la Borgoña, Macron se dio un baño de masas y discutió cara a cara con los ciudadanos, práctica que, durante su mandato de cinco años, le ha metido en más de una situación inesperada. En Francia todos recuerdan la ocasión en la que regañó a un chaval por llamarle “Manu”, o la vez que un hombre le abofeteó. En Dijon, flanqueado por veteranos políticos locales procedentes del Partido Socialista, dio una rueda de prensa a pie de calle, lo que le permitió hacer algo, que, como presidente de la República, quizá eche de menos: bajar al barro partidista.

Macron, en otras palabras, hizo campaña de verdad. Debería ser lo natural a menos de dos semanas de la primera vuelta de las elecciones, y cuando oficialmente la campaña se da por iniciada, aunque hace meses que arrancó. No lo es. Porque no hay nada normal en esta campaña desde que Vladímir Putin lanzó sus tanques, misiles y aviones contra Ucrania.

La guerra tuvo dos efectos. Primero, anuló la campaña. Los mítines escasean y los debates y polémicas tiene poco recorrido. Segundo efecto: el centrista Macron consolidó su condición de favorito. El sondeo más reciente del instituto Ifop da al presidente vencedor en la primera vuelta, el 10 de abril, con un 28% de votos, seguido de Marine Le Pen, líder de la extrema derecha, con un 21%. Ambos se clasificarían para la segunda vuelta, el 24 de abril, y Macron derrotaría a Le Pen.

Y este es el peligro, según los macronistas: confiar en exceso en estos escenarios. Lo avisaba la semana pasada el ministro del Interior, Gérald Darmanin, en la cadena France 5: “Siempre he pensado que la señora Le Pen, con quien me cruzo desde que me dedico a la política, es peligrosa, es peligrosa para el presidente de la República, puede ganar estas elecciones”.

El frente ultra

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Hay táctica movilizadora en la apelación a la amenaza ultra. Pero también es cierto que, después de un quinquenio marcado por las reformas económicas, las protestas sociales y la pandemia, nadie quiere dar nada por seguro. Existe un fondo de descontento en Francia: detestan a Macron en sectores de la sociedad, que lo ven como el presidente de los ricos, una figura arrogante y desconectada de la Francia de a pie.

El candidato a la presidencia de Francia, Eric Zemmour, en un acto de campaña en la plaza de Trocadero de París el 27 de marzo.
El candidato a la presidencia de Francia, Eric Zemmour, en un acto de campaña en la plaza de Trocadero de París el 27 de marzo. BERTRAND GUAY (AFP)

En las anteriores presidenciales, en 2017, Macron también se enfrentó a Le Pen en la segunda vuelta. Macron sacó un 66% de votos. Le Pen, un 34%. Esta vez el margen sería mucho más estrecho. Marine Le Pen, desde entonces, ha suavizado su imagen, marcada por su padre, Jean-Marie Le Pen, patriarca de la ultraderecha europea. La hija ha repudiado el antisemitismo del padre y sus posiciones abiertamente xenófobas y racistas. Ha adquirido experiencia y pone tanto o más el acento en temas sociales y económicos que en la inmigración. La candidatura, en la campaña actual, del tertuliano ultra Éric Zemmour, le ha ayudado a parecer moderada.

“La extrema derecha sigue ahí y la sigue representando un clan”, dijo Macron en Dijon, en alusión a los Le Pen (a Jean-Marie y Marine hay que añadir Marion, la sobrina, que apoya a Zemmour). Y, en alusión a la doble candidatura ultra, Le Pen y Zemmour, añadió: “Ya sabemos qué sucede con estas cosas: acabará en tándem”.

La campaña, aunque en tono menor, por momentos se enciende. Sucedió el domingo, durante un mitin de Zemmour en la explanada de Trocadero, en París, la multitud gritó: “Macron, asesino”. Zemmour no hizo nada para acallarla. Después alegó que no había oído los gritos.

“Hay dos hipótesis. La primera es la indignidad, y es la que me parece más creíble, no me parece una sorpresa”, reaccionó Macron en Dijon. “La segunda”, bromeó, “es el desconocimiento de una reforma muy importante del quinquenio (…). Ahora la seguridad social reembolsa las prótesis auditivas, las gafas y las prótesis dentales (…). Invito al candidato que oye mal a equiparse a un coste menor”.

Fue una excepción en una campaña en el que el presidente prefiere mantenerse en el pedestal de la jefatura de Estado: mientras sus rivales se pelean en debates televisivos o en los mítines, él participa en cumbres de la UE y de la OTAN, hablan con Putin y con Joe Biden. Mientras el presidente se ocupa de la paz y la guerra mundiales, sus rivales se patean Francia.

La estatura internacional es una ventaja. Y un inconveniente. ¿Cómo entusiasmar a Francia con tan pocos mítines y escasos actos públicos? ¿Cómo recobrar el entusiasmo de 2017? Entonces Macron era el cambio; ahora, es la continuidad. En tiempos de crisis, nada de experimentos: este es su mensaje.

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Angie Paola conoció a su novio francés por redes, él la visitó en Barranquilla y ahí la habría convencido de irse.

Angie Paola viajó a Francia a vivir con su novio a quien había conocido por redes, luego al parecer huyó del sujeto. Ahora ella está sin recursos y sin ayuda en ese país.

Noticias Barranquilla.

Angie Paola Rueda viajó desde el barrio Las Nieves en Barranquilla, el pasado 28 de enero a Audruicq (a 5 horas de París), Francia, a donde viviría con su novio Remi Waeterloot, a quien había conocido por Internet y quien la convenció de irse, tras una visita que realizó a Colombia.

Sobre el francés poco conoce su familia, aunque desde que la joven había desaparecido el 21 de marzo, han estado en contacto.

Él les dijo que ella, había salido a comprar algo y no regresó, y que por eso llamó a la policía allá para reportar la desaparición.

La familia de Angie Paola, de 19 años de edad, le confirmó a TuBarco Noticias Caribe este miércoles, que ya pudieron hablar con ella.

«A través de una vídeo llamada, como que le prestaron un celular porque ella no tiene, que no tiene plata», indicaron.

Una colombiana allá, le dijo a la hermana de la barranquillera que vio a Angie pidiendo ayuda en un restaurante para llegar a un albergue en París. «Que se veía muy mal, cansada y deshidratada».

Tiene una visa de turista por tres meses, ya han corrido dos y deberá encontrar una solución antes de que venza el documento migratorio.

Remi Waeterloot le dijo a la familia de Angie Paola en Barranquilla, que fue a buscarla en París pero dado que no la encontró, «que no la buscará más».

Ella, dejó su carrera de idiomas en la capital del Atlántico por irse al país europeo con el sujeto. Hasta ahora se desconoce con claridad qué pasó entre ellos, si la maltrató, la amenazó o si la tenía encerrada.

Ahora, su familia en Barranquilla está angustiada, tratando de establecer contactos y canales para ayudarla a volver a Colombia.

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La historia se repite: otra colombiana desaparecida en México, denuncian «nadie dice nada»

 

 





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¿Es candidato o presidente? No estaba claro, cuando este jueves por la tarde Emmanuel Macron apareció en un antiguo almacén industrial en Aubervilliers, al norte de París, si era una cosa, la otra, o ambas a la vez. En teoría, acudía como candidato para presentar a la prensa y al país el programa electoral para las elecciones presidenciales a dos vueltas, el 10 y el 24 de abril. En realidad, es imposible separar ambos papeles, el de aspirante a la reelección y el de jefe de Estado.

Todo cambió en estas elecciones el 24 de febrero, cuando Rusia invadió Ucrania. Después de décadas de paz, la guerra regresaba a Europa. Macron, al frente de un país armado con la bomba atómica, se disparó en los sondeos y consolidó su condición de favorito a repetir en el cargo.

“El proyecto que les presento está evidentemente anclado en nuestro momento, es decir, el del retorno de lo trágico en la Historia”, dijo Macron al inicio de una intervención de una hora y media, seguida de dos horas y media de preguntas de los periodistas.

El programa de Macron es continuista, si es que puede hablarse de continuidad tras un quinquenio lleno de sobresaltos como la revuelta de los chalecos amarillos, la pandemia y la invasión rusa de Ucrania. Entre las medidas estrella figura la elevación de la edad de jubilación de los 62 años actuales a los 65 y la obligación, para los receptores del ingreso mínimo, de 15 a 20 horas de actividad semanal, formándose o trabajando.

A la pregunta sobre si estas propuestas confirman que, pese a su vocación centrista, tiende a la derecha, contestó aludiendo a Charles de Gaulle, padre de la Francia moderna. “En este tema”, declaró, “asumo ser bastante gaullista. El general decía: ‘Francia es de izquierdas cuando está a favor del movimiento, el cambio. Y necesita decisiones de derechas: el orden, el trabajo, el mérito’. En mi programa hay reformas y ambiciones con una inspiración que podría decirse que es de izquierdas, y otras de inspiración de derechas”.

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La presentación y la rueda de prensa de este jueves son un ejercicio muy francés. De todo candidato mínimamente creíble se exige un programa detallado. Y con una estimación del precio. El de Macron costará 50.000 millones de euros anuales hasta 2027, que deberían financiarse gracias el crecimiento económico y las reformas. También bajará impuestos por valor de 15.000 millones de euros.

Ucrania ha anulado la campaña electoral. Ya no se habla (casi) de otra cosa: la guerra y el impacto en los bolsillos. No hay debates entre los 12 candidatos —Macron se niega a participar— y los mítines son escasos. Las propuestas de la mayoría de candidatos se han vuelto inaudibles entre bombas rusas en Kiev o Mariupol y los millones de refugiados que huyen de Ucrania.

En este contexto insólito, solo la voz de Macron se escucha. Sus iniciativas internacionales. El diálogo fallido —pero al que no está dispuesto a renunciar— con el presidente ruso, Vladímir Putin. Las sanciones masivas de la Unión Europea, el envío de armamento a Ucrania y el regreso de una cierta idea de una Europa como potencia militar.

“No estamos en una lógica de fin de reino”, dice Frédéric Dabi, director general de Opinión del instituto demoscópico Ifop. “Estamos en una lógica de continuidad”. Y este el mensaje del presidente: en tiempos de crisis, nada de experimentos. “Ante lo imprevisible”, dijo, “ustedes tienen una cierta idea de cómo me comporto”.

Macron, si las elecciones se celebrasen hoy, sacaría en la primera vuelta un 30% de votos, según el último sondeo de Ifop. En segunda posición quedaría Marine Le Pen, líder del partido de extrema derecha Reagrupamiento Nacional, con un 17,5% de votos. Ambos se clasificarían para la segunda vuelta, según Ifop y el resto de sondeos. El duelo Macron-Le Pen sería una reedición del de 2017. Los sondeos indican que, como entonces, ganaría Macron.

Mientras que Macron ha salido beneficiado de la guerra en Ucrania y por el efecto de unión nacional, hay un damnificado inmediato: Éric Zemmour, el tertuliano televisivo de extrema derecha que en otoño irrumpió en la campaña como un torbellino y, en algunos momentos, creyó alcanzar la segunda vuelta de las elecciones.

La guerra de Ucrania ha dejado tocado a Zemmour. No había en Francia candidato más entusiasta con Putin que él. Ninguno ha caído tanto en los sondeos.

Ahora Zemmour ronda el 13% de votos, por detrás de Le Pen. Al mismo nivel, con variaciones dependiendo del sondeo, se sitúan la candidata de la derecha tradicional, Valerie Pécresse, y el primero en la izquierda, el veterano populista Jean-Luc Mélenchon. El ecologista Yannick Jadot obtendría, según Ifop, un 5%. La alcaldesa de París, la socialista Anne Hidalgo, un 2%, resultado que, si fuese el del 10 de abril, podría suponer la muerte de su partido.

Cuando llevaba más de una hora hablando y vio que entre los periodistas corría un murmullo de impaciencia, Macron interrumpió la lectura y sonrió: “¡Esto es un debate presidencial!”. “Al hacer esto”, añadió en alusión al discurso y la rueda de prensa, “me estoy comprometiendo para que el mandato sea claro”.

La protección es la palabra clave en el discurso macronista, también lo que él llama la emancipación: un liberalismo social, a la francesa. A ratos, más que un programa electoral sonaba ya a un programa de gobierno.

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Francia Márquez consulta interpartidista Pacto Histórico
Francia Márquez le ganó a Camilo Romero, a Alex Char y al mismo Sergio Fajardo, ya con recorrido de camino a la Casa de Nariño.

Francia Márquez, quien incluso decidió votar en su tierra Suárez, se ha convertido en todo un fenómeno, e iría rumbo a la Vicepresidencia de Colombia.

Noticias Cauca.

Francia Márquez, la lideresa que salió de su comunidad en el Cauca por amenazas, ganó un nobel ambiental que le valió reconocimiento nacional e internacional, y que ha llegado este 13 de marzo a una consulta interpartidista a romper con los esquemas de maquinarias electorales, se ganó a pulso casi 800 mil votos.

739 mil votos y aunque quedan mesas por escrutar.

Le ganó a Camilo Romero, a Alex Char y al mismo Sergio Fajardo, ya con recorrido de camino a la Casa de Nariño.

Gustavo Petro, con quien se medía en la consulta por el Pacto Histórico obtuvo más de 4 millones de votos, pero Márquez se ha quedado con casi 800 mil.

Una fenómeno

Casi 800 mil votos, una cifra nada despreciable para quien aunque tenía el apoyo del Polo, no cuenta con grandes maquinarias.

El exalcalde de Bogotá y exsenador, ganó en el suroccidente colombiano; en el Valle del Cauca en casi todo el departamento, en Nariño igual y en el Cauca también, pero en Suárez, a Márquez la apoyaron.

«Aquí vine a mi tierra a encontrarme con mi gente», dijo este domingo desde Suárez, esa tierra golpeada por el conflicto armado, el casi olvido estatal y otros problemas sociales, de la que salió por amenazas pero donde creen, ella podría llevar algún cambio desde el gobierno central en Bogotá.

Nacida en 1982, en la vereda de Yolombó, perteneciente al corregimiento La Toma, Márquez, quiere que el país mire al Cauca.

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Si bien pueda que por ahora no como presidenta porque desistiría de la candidatura para respetar el Pacto Histórico, la Vicepresencia en fórmula con Petro sería la opción.

El análisis de los resultados durante la transmisión en alianza con El País Cali y el Q’ Hubo Cali:





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La líder ambiental Francia Márquez, en Medellín, Colombia, en febrero de 2022.
La líder ambiental Francia Márquez, en Medellín, Colombia, en febrero de 2022.JOAQUIN SARMIENTO (AFP)

Francia Márquez no ha hecho más que sonreír tras estas inéditas primarias. Aunque no ganó la consulta de la coalición de izquierda, el Pacto Histórico, donde arrasó como era de esperar Gustavo Petro, en su sede de campaña todo ha sido fiesta: “El pueblo no se rinde, carajo”, cantan y bailan con un estribillo que la ha hecho conocida y se entonaba durante las protestas sociales de 2021. No es para menos, la líder ambientalista se ha convertido en el fenómeno electoral colombiano.

Con casi el 97% de mesas de votación escrutadas, obtuvo 757.000 papeletas y se convirtió en la tercera aspirante más votada, por detrás de Gustavo Petro y Federico Gutiérrez, en la derecha. Márquez no solo superó en votos al exalcalde de Medellín Sergio Fajardo, tres veces candidato presidencial (que logró 701.000 en la consulta de centro), y dejó atrás a políticos con reconocimiento en el país como el exministro Alejandro Gaviria o el exgobernador de Boyacá Carlos Amaya, sino que logró crecer una campaña en apenas tres meses sin ser una figura reconocida en todo el país.

Con su votación, Márquez ha sido la representante de las mujeres en unas elecciones que adolecen de precandidatas, salvo Ingrid Betancourt, que se presenta por fuera de las coaliciones. La líder social es la que ha puesto en la agenda pública y los debates los asuntos centrales como la desigualdad económica de las mujeres y la despenalización del aborto, que apoya abiertamente. Ha sido reconocida por Angela María Robledo, reconocida feminista y antigua fórmula vicepresidencial de Petro en 2018: “Adelante mujer valiente”, escribió Robledo.

Nacida hace 40 años en La Toma, un pueblo de afrodescendientes del Cauca, denunció la minería ilegal de oro que estaba acabando con el río Ovejas y poniendo en riesgo de desplazamiento a multitud de habitantes, pues da sustento a 250.000 personas de su comunidad. Organizó a 80 mujeres locales y caminó con ellas durante 10 días y 350 kilómetros hasta Bogotá. Protagonizó una marcha de resistencia hasta el Parlamento de Colombia para hacerse escuchar y obtuvo el Premio The Goldman Environmental 2018, conocido como el Nobel ambiental.

Ahora consiguió un logro de carácter nacional con su movimiento Soy porque Somos. Aunque obtuvo el 15% de los votos de la coalición de izquierda, donde el ganador indiscutible fue Gustavo Petro con el 80% (4,3 millones de votos), supo crecer sus apoyos en poco tiempo. De hecho, al menos la mitad de sus votos los conquistó en Bogotá. “Saludamos con alegría este gran paso. La votación que hemos obtenido ha sido super importante para el desafío que tenemos, ganar un proyecto de cambio y transformación que ponga la vida en el centro. Saludo a los nadies, a las nadies de Colombia, esos que nos acompañaron desde las montañas, llanuras y barrios de este país”, dijo en la tarima junto a Gustavo Petro.

La mujer, que es estudiante de Derecho y agricultora, se sumó al Pacto Histórico, donde se comprometieron públicamente a darle al segundo en la consulta la llave para acompañar a Petro como vicepresidente, pero en los últimos días voceros de la campaña dijeron que optarían por otro candidato a vicepresidente para acercar a sectores liberales. Recia y directa, ya había increpado a Petro cuando éste no incluyó a candidatos afro en los primeros lugares de las listas al Congreso. Petro lo admitió pero no cambió su decisión: “Francia Márquez tiene toda la razón a su reclamo. El colegio electoral del Pacto se voló el renglón étnico. Lo hizo por contradicciones internas de los partidos, pero supeditó un principio general: la inclusión de la diversidad étnica de Colombia”.

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La alta votación de esta líder ambiental envía un mensaje en un país donde cada día son asesinados líderes sociales. Colombia es precisamente uno de los países más peligrosos para quienes defienden el territorio y defienden el medio ambiente. Francia Márquez se ubica entre esos defensores.

Con ella en el segundo lugar, queda por verse si Petro mantiene su palabra y de paso restablece las relaciones con las feministas, uno de los flancos más débiles del candidato de la izquierda. Más allá de lo que decida Petro, Francia Márquez se ha instalado como la sorpresa política de un país que lleva años con repitiendo los mismos nombres.

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Francia Márquez, pre-candidate for the presidency for the Democratic Pole Party in the referendum of the historical pact, He spoke in Riohacha about the Guardianship that he had to establish to defend his right to political participation, due to the difficulty in accessing the advance resources provided by the State.

He maintains that there are no guarantees to carry out the electoral exercise through the disbursement of these resources, corresponding to the replacement of votes and this is one more barrier that he has had to overcome.

“We made the request and until now we have not been disbursed and that is a limitation for those of us who have not been in politics, for which we have not had a voice, what I feel is that it is one more barrier, of those barriers that put us to those of us who have never held a seat, with all that we remain firm,” said Márquez.

(Video: The hidden port for landing spacecraft in Colombia)

In this sense, the senator and president of this community Alexander López, who accompanies the candidate, assured that in the resolution of the National Electoral Council they were told that she had the right to 1,600 million pesos in advance, so they applied to the resource.

“We consulted the 16 insurance companies that this country has and they say that they do not have this type of items within the insurance companies. So it’s absurd,” López said.

Zuluaga or Uribe arrive to helicopters, boats, boats and whatever, these issues do not seem important and presidential candidates have been assassinated here

He explained that they don’t have money saved, or hidden to buy from anyone, they only need guarantees, what we do is with our resources.

“It is incredible what happens in this country that we have to go to a Guardianship action to be able to have the same rights.”

(See: Motorcycle taxi drivers posed as judges to collect millionaire salaries)

He also denounced that the pre-candidate does not have an adequate vehicle to move around Bogotá or in any other city to guarantee her safety since the Government does not pay attention to this.

“Zuluaaga or Uribe arrives to helicopters, boats, boats and whatever, these issues do not seem important and presidential candidates have been assassinated here,” López said.

In Riohacha, the pre-candidate held a public act to publicize her proposals for the presidency, in which the candidates for the Chamber for the Historical Pact Luis Fernando Lobo, Igor Díaz and Felix Rosanía, social leaders and supporters participated.

ELIANA MEJIA
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La marcha de las tropas internacionales que llevan nueve años combatiendo el avance yihadista en Malí ya es un hecho. Francia y sus aliados occidentales y africanos han anunciado este jueves la “retirada coordinada” del territorio maliense de sus efectivos de las operaciones Barkhane y Takuba y su traslado a otros países vecinos en los próximos meses, en vista de las dificultades cada vez mayores que las autoridades golpistas de Bamako ponen a su presencia. España no participa en estas operaciones pero sí lidera la misión europea de formación de las tropas malienses, EUTM-Malí, que continuará en el país, al menos de momento.

“Ante las múltiples obstrucciones de parte de las autoridades de transición malienses, Canadá y los Estados europeos que operan en la operación Barkhane y en el seno de la task force Takuba consideran que ya no se dan las condiciones políticas, operacionales y jurídicas para continuar de manera eficaz su compromiso militar actual en la lucha contra el terrorismo en Malí”, señalan los países afectados en un comunicado distribuido por Francia, que lidera las operaciones militares en el Sahel.

“No podemos continuar trabajando militarmente con unas autoridades de facto con las que no compartimos ni la estrategia ni sus objetivos. Es la situación en la que nos enfrentamos hoy en Malí”, ha abundado el presidente francés, Emmanuel Macron, en una rueda de prensa en el Elíseo.

La lucha contra el terrorismo no puede justificarlo todo, no debe, bajo pretexto de ser una prioridad absoluta, transformarse en un ejercicio de conservación indefinida del poder y tampoco puede justificar ni la escalada de la violencia ni el recurrir a mercenarios (…) cuyo ejercicio de la fuerza no está controlado por ninguna convención ni regla”, ha agregado en referencia a la creciente presencia de mercenarios de la empresa rusa Wagner en Malí, una situación denunciada con creciente preocupación por Europa.

No obstante, los países participantes en las misiones antiterroristas en el Sahel aseguran que están en “estrecha coordinación” con los países vecinos y reafirman en su comunicado conjunto su “voluntad de continuar implicados en la región, respetando sus procedimientos constitucionales respectivos”.

“Las amenazas en la región, las organizaciones terroristas Al Qaeda y el Estado Islámico, han querido hacer de África, especialmente del Sahel, una prioridad en su expansión (…) con una agenda internacional. Eso justifica nuestra presencia”, ha afirmado al respecto Macron.

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En este sentido, y “a petición de los socios africanos”, las fuerzas internacionales iniciarán “consultas políticas y militares” de inmediato con Níger y los países del Golfo de Guinea que ya han manifestado su interés en “continuar su acción conjunta contra el terrorismo en la región del Sahel” y que podrían alojar a las tropas salientes, en una operación que debería estar aclarada para junio de este año.

En total, en el Sahel hay, según el Elíseo, unas 25.000 fuerzas internacionales, de las que 4.300 son franceses, de ellos 2.400 en Malí en el marco de la operación antiyihadista Barkhane y Takuba, la task force de fuerzas especiales de varios países de la UE acordada en enero de 2020 y que apoya, bajo mando francés, a las fuerzas armadas malienses en operaciones antiterroristas en el país. Francia, que ha perdido en sus nueve años de operaciones en el Sahel a más de medio centenar de militares, ya recompuso su dispositivo en Malí en 2021, reduciendo su presencia militar en el norte del país y priorizando las operaciones de Takuba.

La salida de las fuerzas francesas obligará a revisar la presencia de la misión militar europea en Malí, incluida la participación de España y Alemania que, aunque no forman parte de Takuba, son los principales contribuyentes de la veterana misión EUTM-Malí, liderada por España y que instruye al Ejército maliense para enfrentarse a los terroristas. Ambos países se han mostrado dispuestos a revisar su presencia en Malí, aunque España no es muy partidaria de la retirada. Según ha indicado Macron, en los próximos meses, mientras se consolida la retirada de las fuerzas de Barkhane y Takuba, habrá que realizar un “trabajo de reflexión y evolución de los ejercicios EUTM y de Minusma” (la misión de estabilización de Mali de la ONU) que el mandatario galo no ha querido “prejuzgar” por el momento.

La marcha del grueso de las fuerzas internacionales de Malí era dada por segura desde que, en las pasadas semanas, Francia dio a entender que actuaría en este sentido, en vista del rápido deterioro de sus relaciones con las autoridades de Bamako, que a finales de enero expulsaron al embajador galo.

La decisión ha sido anunciada horas antes del comienzo en Bruselas de una Cumbre UE-Unión Africana y está firmada por además de Francia, Alemania, Bélgica, Benín, Canadá, Chad, Costa de Marfil, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Italia, Ghana, Mauritania, Níger, Portugal, República Checa, Rumania, Senegal, Suecia y Togo, así como el Consejo Europeo, la Comisión Europea, la Coalición por el Sahel y la Comisión de la Unión Africana. Sus máximos representantes habían participado la pasada noche en una cena informal organizada en el Elíseo por Macron para, precisamente, “coordinar” la decisión de salir de Malí, una maniobra que Francia no quiere que sea vista como una decisión unilateral.

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