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Cinco semanas después del inicio del conflicto, el avance militar de Rusia en Ucrania se ha ralentizado hasta mantenerse sin a penas nuevos avances. Este vídeo explica el punto actual en el que se encuentra la guerra y cuál podría ser el próximo paso del ejército de Vladímir Putin, presidente ruso. Además, desde que el mandatario anunció su incursión militar en el país vecino, los ataques han ido variando ante las dificultades que su ejército ha tenido para tomar ciudades clave como Kiev.

¿Cuáles son las intenciones del alto mando ruso? El periodista de EL PAÍS Óscar Gutiérrez, que cubre información internacional y está especializado en conflictos, analiza las posibles estrategias de Rusia en la guerra ante los problemas que ha encontrado en las últimas semanas para conseguir sus objetivos y los últimos anuncios del Kremlin de retirarse parcialmente de alguna de las zonas que ha atacado como la capital ucrania.

El pasado 25 de marzo el Gobierno de Putin anunció que sus tropas se reagruparían para focalizar sus ofensivas sobre la zona del Donbás, que lleva en conflicto desde 2014, y es una de las regiones más trascendentales en el enfrentamiento entre Ucrania y Rusia. Además, la negociación para la paz entre ambos países se saldó este martes con importantes avances como la intención del Ejecutivo ruso de reducir “drásticamente” sus ofensivas militares sobre Kiev.

Sin embargo, ¿son creíbles los anuncios del alto mando ruso? Gobiernos como el estadounidense o el ucranio recelan de las promesas militares del Kremlin. De hecho, este jueves se han registrado ataques sobre el norte de Ucrania a pesar de los compromisos adquiridos por Rusia ¿Hay retirada de tropas rusas? ¿Son un reagrupamiento para reforzarse? En este vídeo Gutiérrez profundiza en el contexto actual del conflicto y la posible respuesta de la resistencia ucrania ante los movimientos que el Kremlin ha anunciado.

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Las autoridades de Irpin, en las afueras al noroeste de Kiev, anunciaron en la noche del lunes que han recuperado el control de la localidad, escenario de feroces combates desde el comienzo de la guerra. Pero los bombardeos y el intercambio de fuego de artillería se mantiene todavía, según fuentes del Gobierno de Kiev. Las tropas del Ejército ruso se encuentran apenas a 800 metros de este enclave por el que los militares del Kremlin quisieron penetrar en la capital de Ucrania, confirmó un asesor del Ministerio del Interior.

El hecho de que Rusia se haya replegado o haya perdido terreno en diferentes zonas de Ucrania, entre ellos en los alrededores de la capital, es interpretado por el Ejército ucranio como que Moscú está intentando reforzarse para volver a atacar con más medios y preparación. El Kremlin, entienden fuentes del Ministerio de Defensa, sigue tratando de tomar el control de las ciudades de la exrepública soviética, incluida Kiev.

A tan solo cinco kilómetros de Irpin, un control de carretera impedía a los vehículos seguir avanzando a mediodía de este martes. Solo se permitía la salida de algunas ambulancias y furgonetas con personas que seguían siendo evacuadas de esa población. De fondo sonaban a cada rato las detonaciones. Junto al control de carretera, entre unos edificios, en un par de carpas, varios sanitarios prestaban atención a los vecinos evacuados. Una parte importante eran personas mayores y algunas necesitaban incluso silla de ruedas.

Un nutrido grupo de agentes de policía seguía de cerca el proceso de salida de quienes llegaban desde Irpin. De una de las ambulancias, descendió un joven cubierto de polvo y cansado. A cada movimiento se quejaba. Solo llevaba una bolsa de plástico con lo que parecía ser algo de pan y unos billetes en su mano izquierda. Tras sentarlo en una silla, varios agentes le cortaron con unas tijeras el pantalón vaquero mientras llegaban los sanitarios. Dentro, la tela aparecía cubierta de sangre seca junto a varias heridas en la pierna derecha. Al mismo, otros policías comprobaban de manera insistente su documentación. Una de las obsesiones de las Fuerzas de Seguridad de Ucrania es tratar de tener controlados a posibles prorrusos infiltrados o a soldados del Kremlin que se hayan quedado atrás en la retirada de sus compañeros en localidades como esta en la que han perdido sus posiciones.

Ese estancamiento de las tropas rusas se interpreta no solo como fruto del avance militar ucranio y de la recuperación de localidades clave como Irpin, sino también como el producto de las trabas logísticas del ejército ruso. De acuerdo con el Instituto de la Guerra de Estados Unidos (ISW en sus siglas en inglés), el Kremlin tiene dificultades para seguir reclutando soldados en Rusia y Moscú podría ser incapaz a corto plazo de proporcionar relevo para los militares que participan en operaciones de combate. Este instituto de estudios bélicos cree que es probable que el ejército ruso haya desplegado la mayor parte de sus tropas ya entrenadas en Ucrania y que puede tardar meses en disponer de otros militares suficientemente formados en combate. Eso no quiere decir que el Kremlin haya dejado de desplegar a más soldados en Ucrania, pero sí se ha observado, recalca el ISW, una “disminución significativa de la intensidad del tráfico desde las profundidades de la Federación Rusa”.

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El informe diario divulgado por el Ministerio de Defensa del Reino Unido a través de sus redes sociales, ha alertado también de que, a pesar de los avances de las fuerzas armadas ucranias en los alrededores de Kiev, “Rusia sigue representando una importante amenaza para la ciudad gracias a su capacidad de ataque”, un punto de vista compartido por el ISW, que ha constatado igualmente que las fuerzas rusas no han dado por el momento muestras de abandonar su objetivo de capturar Kiev, a pesar de que el Kremlin afirmó el pasado viernes que concentraría sus operaciones militares en la región oriental ucrania de Donbás.

Contraofensivas ucranias en todo el país

Este martes, han seguido los ataques rusos y las contraofensivas ucranias por todo el país, cuando la nueva ronda de negociaciones entre los equipos ucranio y ruso se ha celebrado en Estambul y ha logrado los avances más significativos hasta la fecha, con una propuesta ucrania concreta de renunciar a la membresía de la OTAN a cambio de garantías de seguridad de terceros países en acuerdos bilaterales, y que abre la puerta por primera vez a negociar el estatus de Crimea dentro de 15 años y de Donbás.

Tras la ronda de diálogo en Estambul, Alexandr Fomin, viceministro de Defensa ruso, ha anunciado que Moscú ha decidido “reducir drásticamente las operaciones militares” en las áreas de Kiev y Chernihiv, en el noreste del país no lejos de la frontera con Bielorrusia. Fomin ha asegurado que el objetivo de esta medida es avanzar en el diálogo y “aumentar la confianza mutua”. Ucrania ha tomado estas declaraciones con escepticismo, aunque lo cierto es que los analistas apuntan que con sus tropas estancadas y con los avances mucho más lentos y renqueantes, el Kremlin busca cambiar de estrategia.

Poco antes de sentarse a la mesa de diálogo, un ataque ruso ha destruido el edificio de la Administración regional de Mikolaiv, en el sur de Ucrania y una ciudad clave para la estrategia rusa de dominar el flanco sur del país y el mar Negro. Hay al menos siete muertos y varios heridos, según las autoridades locales. Las fuerzas de Vladímir Putin, que han puesto en la diana los Gobiernos locales —ya bombardearon la Administración de Járkov la primera semana de marzo—, intentaron destruir la sede del Gobernador de Mikolaiv el pasado lunes, pero el ataque terminó por alcanzar un hotel. El gobernador de Mikolaiv, el carismático Vitaly Kim, célebre por sus mensajes en las redes sociales y por su resistencia y la de la ciudad a la invasión, no estaba en el inmueble porque este martes ha dormido más de la cuenta, según comentó en las redes sociales.

Las tropas ucranias están lanzando a su vez una feroz contraofensiva en el frente sur, hacia Jersón, la única capital regional ocupada y la mayor conquista rusa. En el eje que une la castigada Chernihiv y Sumi, por donde los rusos han tratado de avanzar hacia Kiev desde el este, la contraofensiva ucrania también ha logrado detener a las tropas del Kremlin. Después de días de batalla en Brovari, Ucrania podría haber paralizado allí el avance ruso. Moscú no ha dado señales de reducir su ofensiva en el este de Ucrania ni sobre la ciudad de Mariupol, en el mar de Azov, donde sus tropas controlan ya varias zonas y desde donde ya realizan retransmisiones los medios de la órbita del Kremlin, que difunden imágenes de la localidad destruida, afirmando que todo es obra de los “nacionalistas” ucranios.

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Las Fuerzas Armadas de Ucrania no tienen suficientes recursos para formar y armar a los cientos de miles de personas que han querido alistarse para combatir al invasor ruso. El Ejército ucranio evita aportar cifras concretas sobre el total de soldados en activo, pero estimaciones de expertos consultados por EL PAÍS indican que estos serían hoy unos 500.000, el doble respecto a los que estaban en servicio justo antes de iniciarse el conflicto. Las autoridades ucranias optan ahora por distribuir a los voluntarios en otras áreas que no son las estrictamente militares.

Al inicio del conflicto, las Fuerzas Armadas de Ucrania contaban oficialmente con 250.000 profesionales en activo, de los cuales 190.000 eran militares. Sobre el papel, Ucrania tenía, además, cerca de 200.000 reservistas y voluntarios en las Fuerzas de Defensa Territorial, una división militarizada que se encarga de la protección y control local. Hay que sumar los 130.000 agentes de policía y batallones de origen paramilitar que estaban bajo el paraguas de la Guardia Nacional —el equivalente a la Guardia Civil— y ahora, con la ley marcial, a las órdenes del Ministerio de Defensa. Rusia tiene 900.000 soldados en servicio, medio millón de unidades policiales o paramilitares y dos millones de reservistas, según datos del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS).

Mijailo Samus, director del centro de estudios de defensa ucranio New Geopolitics, indica que el contingente movilizado por Ucrania es hoy mucho mayor que hace un mes: hay 300.000 veteranos de la guerra que provocó Rusia en 2014 en la región de Donbás (este del país) incorporados de inmediato a unidades en el frente. A ello hay que añadir 100.000 voluntarios más, según la prensa ucrania, que fueron aceptados en las Fuerzas de Defensa Territorial en las dos primeras semanas de la invasión. Estas unidades son fundamentales en los controles de carretera y de acceso a municipios, en la búsqueda de saboteadores rusos, pero también en el enfrentamiento armado, según explica Samus: “Las Defensas Territoriales fueron clave en el primer golpe contra Kiev, cuando operativos especiales rusos intentaron infiltrarse en la capital y tomar puestos estratégicos, porque son ágiles en la movilización y conocen mejor la ciudad”.

Hace un mes que la guerra azota a Ucrania y una de sus consecuencias inmediatas es la falta de munición y armamento para las fuerzas de defensa nacionales. Así lo ha hecho saber a sus aliados de la OTAN el presidente ucranio, Volodímir Zelenski. No solo lo advierte el gobernante. En primera línea de fuego, en Járkov, el miembro de las Fuerzas de Defensa Territorial Vlad Hrishenko confirma lo mismo en una entrevista telefónica: “Soldados ya tenemos muchos, lo que necesitamos es material de protección y armas”.

Hrishenko tiene 35 años y es uno de los 400.0000 ucranios que trabajaban en el extranjero y que han vuelto a su país por la guerra, según datos de la Guardia Estatal de Fronteras. Él estaba empleado desde hacía dos años como agente de seguridad en una compañía naviera de cruceros. La guerra le sorprendió en Panamá y pidió una excedencia para regresar a Ucrania. Está sirviendo en una unidad de patrullas de las Fuerzas de Defensa Territorial. Andrei Demchenko, portavoz de la Guardia Estatal de Fronteras, afirmó el pasado lunes en rueda de prensa que la mayoría de estas 400.000 personas son hombres que, una vez llegados a su provincia de origen, se han ofrecido para incorporarse a filas.

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Fuentes cercanas al Ministerio de Defensa aseguran que no son mayoría los que se ofrecen para incorporarse a filas una vez retornados a Ucrania, y que muchos regresan sobre todo para estar con sus familias. Se trataría de una exageración con una finalidad propagandística. Pese a ello, Samus está convencido de que hay una mayoría de hombres que están dispuestos a combatir. Su valoración se basa en encuestas previas a la invasión y en las que se estimaba que un 65% de los adultos decían que tomarían las armas en caso de ataque ruso. “Ahora seguro que son más”, opina, e ilustra que, aunque fueran solamente un 10% los hombres entre 18 y 60 años que se hubieran ofrecido como voluntarios, esto supondría un millón de potenciales combatientes. Los adultos en esta franja de edad no pueden abandonar el país ante la posibilidad de ser movilizados por el Ejército o requeridos para otras tareas de primera necesidad.


Anexionada por

Rusia en 2014

Nota: ¿Qué es control? Mantener influencia física sobre un área para evitar su uso por el enemigo. Puede lograrse ocupándola o dominándola con armas. No implica gobernanza ni legitimidad. Fuentes: Institute for the Study of War y American Enterprise Institute’s Critical Threats Project (para avances y zonas controladas); Inteligencia del Reino Unido (ciudades cercadas); EL PAÍS y otras fuentes (combates y bombardeos).

Anexionada por

Rusia en 2014

Nota: ¿Qué es control? Mantener influencia física sobre un área para evitar su uso por el enemigo. Puede lograrse ocupándola o dominándola con armas. No implica gobernanza ni legitimidad. Fuentes: Institute for the Study of War y American Enterprise Institute’s Critical Threats Project (para avances y zonas controladas); Inteligencia del Reino Unido (ciudades cercadas); EL PAÍS y otras fuentes (combates y bombardeos).

Anexionada por

Rusia en 2014

Nota: ¿Qué es control? Mantener influencia física sobre un área para evitar su uso por el enemigo. Puede lograrse ocupándola o dominándola con armas. No implica gobernanza ni legitimidad. Fuentes: Institute for the Study of War y American Enterprise Institute’s Critical Threats Project (para avances y zonas controladas); Inteligencia del Reino Unido (ciudades cercadas); EL PAÍS y otras fuentes (combates y bombardeos).

Andrei Shevchenko es un militar retirado y diplomático del Ministerio de Exteriores ucranio. Hasta 2021 era embajador en Canadá y ahora dirige el centro de prensa de su Gobierno en Lviv, la capital de la retaguardia ucrania. Shevchenko confirma que el reclutamiento se ha ralentizado, e incluso se ha frenado en seco en Kiev, porque ya se produjeron suficientes incorporaciones en los primeros compases del conflicto. “Lo que necesitamos ahora es un periodo de entrenamiento para los futuros relevos de unidades en el frente”, resume Shevchenko. “Lo que no haremos es, como hacen los rusos, enviar a la guerra a gente sin formación como carne de cañón”, destaca.

Entrenamiento militar sin armas

Maksim Kozitskii, jefe de la región militar de Lviv, aportó el pasado jueves en una conferencia de prensa una cifra que es sintomática de la movilización más allá del Ejército regular: la provincia ha aportado 30.000 nuevos soldados y cuenta, además, con 20.000 solicitudes para incorporarse a las Fuerzas de Defensa Territorial. Kozitskii reiteró que están destinando a los nuevos solicitantes a realizar entrenamiento militar sin armas, formación de primeros auxilios o preparación en sectores económicos estratégicos. El alcalde de Lviv, Andrei Sadovii, expuso que para los 200.000 desplazados que hay en la ciudad será necesario construir urgentemente nuevas viviendas. “Ahora hemos entrado en una nueva normalidad, ya hay suficientes soldados y lo que necesitamos es retomar la actividad productiva”, dijo el 15 de marzo a EL PAÍS Igor Shevchenko, director de relaciones internacionales de la Cámara de Comercio de Vinnitsia.

Medio centenar de reclutas cargados con petates esperaban el pasado sábado frente a la sede en Lviv de la Fiscalía Militar de la Región Occidental de Ucrania. Estas oficinas se han habilitado como uno de los centros de inscripción. Varios sargentos llamaban a los hombres en pelotones de ocho o diez para trasladarlos al centro de entrenamiento. Las colas de los reclutas que eran aceptados eran más largas a principios de marzo, según corroboró un oficial encargado de atender a la prensa.

Aquel mismo fin de semana, pero en Kiev, a 500 kilómetros de Lviv, Vladislav Greenberg completaba su primera semana de entrenamiento. Horas de maniobras y clases de práctica militar diarias, sin tiempo para nada más. Greenberg se incorporó a uno de los batallones de voluntarios de nuevo cuño que han sido regularizados desde 2014 en la Guardia Nacional y que ahora están en la esfera de las Fuerzas Armadas. Llegó desde Finlandia, donde está empleado como jardinero. Allí dejó a su mujer y a un hijo de cinco meses. “Mi mujer no me habla, cree que los he abandonado, pero no podía quedarme en casa mientras mi país ardía”, dice por teléfono este joven de 31 años durante una pausa de su instrucción, resoplando por el cansancio. Estará entrenando hasta que le destinen a combatir, a pocos kilómetros de su base. En el peor de los casos eso será en una o dos semanas, “como les ha sucedido a otros compañeros”, dice Greenberg con tono de preocupación. Sabe que cuanto más tiempo tenga de adiestramiento, más opciones tendrá de volver a casa.

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Una gran columna de humo se alza sobre una zona logística de Chaiky, a las afueras de Kiev. A media mañana del jueves, justo cuando arranca el segundo mes de guerra en la exrepública soviética, se escuchan intensas detonaciones en el lugar. Algunos de los militares ucranios que custodian la zona a unos metros de un retén de bomberos se muestran enervados por la situación. En primera línea de combate, a unos kilómetros de aquí, la estrategia del Ejército local sigue siendo golpear las columnas de suministro logístico de los rusos y tratar de rodear a sus tropas una vez desabastecidas, explica optimista a este periódico un portavoz militar en Kiev. Calcula que el Kremlin tiene desplegados unos 19.000 hombres en el noroeste de la capital ucrania, principal objetivo militar y político del presidente ruso, Vladímir Putin, desde que ordenó la invasión.

Un puñado de vecinos de las casas más próximas al polígono alcanzado por los proyectiles se paran apenas unos segundos mientras el sol queda por momentos eclipsado por la humareda. De inmediato siguen con su vida, como un hombre que no oculta que permanece en su casa junto a su mujer, sus hijos y sus nietos. No es el primer día que los continuos zambombazos son la banda sonora en estas calles de Petropavlivska Borschahivka, la localidad a la que pertenecen. Testigo privilegiado de los combates es la iglesia ortodoxa erigida en honor al nacimiento de la virgen María.

Las fuerzas de tierra que comanda el general Oleksandr Sirskii llevan días no solo impidiendo el avance de los rusos a las afueras de Kiev, sino que su intención es rodear la zona en la que se encuentran estancados en las disputadas localidades de Irpin, Gostomel, Bucha y Makariv con serios problemas logísticos, detalla Volodímir Fitio, uno de los portavoces del Ejército. La estrategia es cortar la llegada de apoyo a los rusos desde la retaguardia en forma de combustible, municiones o comida a la línea del frente.

Los mencionados son enclaves estratégicos que Rusia quiso tomar desde el principio como punta de lanza para meter a sus hombres en el centro de la capital. Los carros de combate del Kremlin llegaron hasta aquí muy pronto, apenas un par de días después de la invasión ordenada por Putin, pero lo que entonces parecía un progreso rápido y casi imposible de frenar se ha acabado estancando.

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El Ejército ruso “ha perdido el potencial de ataque, su estado moral y psicológico es bajo. Todo lo que pueden hacer ahora es saqueo, robar todo lo que pueden, destrozar todo lo que tocan”, afirma Fitio, que estima que hay unos 16.000 soldados rusos en la región noroeste de Kiev a los que hay que sumar unos 3.000 más dedicados a la defensa aérea y la logística. “Las Fuerzas Armadas ucranias intentan echar al enemigo de estas ciudades y sus alrededores y llevar a cabo una limpieza”, y “en el caso de que el enemigo decida atacar a Kiev, será parado y eliminado”. “Por ahora estamos intentando hacerles retroceder”, añade.

Ucrania está recibiendo ayuda desde el extranjero tanto en efectivos como en armamento, pero las autoridades prefieren que esos detalles se mantengan lejos del foco mediático. “Agradecemos a los países amigos el suministro de ayuda, que es muy necesaria. Pero no hay necesidad de hablar de ello”, ha comentado en Kiev este jueves Oleksandr Motuzianik, portavoz del Ministerio de Defensa, en una comparecencia pública.

Cadáveres abandonados

En Irpin, Bucha o Gostomel sigue habiendo estos días enfrentamientos, reconocen fuentes militares ucranias. No quieren referirse, sin embargo, a las bajas que están sufriendo las tropas locales, pero hablan de miles de rusos desperdigados por el campo de batalla cuyos cuerpos no están siendo recogidos.

“Necesitamos que el mundo vea cuántos cuerpos de los soldados rusos están tirados en los campos y que nadie quiere recogerlos”, comenta el portavoz militar, que incluso se refiere a “una catástrofe ecológica”, especialmente en la región de Sumy, donde no se retira ninguno. “La parte rusa no está interesada en recoger los cuerpos para que no se conozca el número real de los muertos y la parte ucraniana se ve obligada a hacer fosas comunes”, pero “no es siempre posible, porque no se puede hacer en las zonas del combate, ni tampoco es posible hacerlo en los territorios ocupados por las tropas rusas”.

Volodímir Fitio, uno de los portavoces del Ejército de Ucrania, este jueves en Kiev.
Volodímir Fitio, uno de los portavoces del Ejército de Ucrania, este jueves en Kiev.Luis de Vega

El pasado lunes el diario Komsomolskaya Pravda, un medio afín al Kremlin, publicó durante unos minutos que hasta el momento habían perdido la vida 9.861 militares rusos en la guerra de Ucrania y 16.153 habían resultado heridos. Las autoridades no han desmentido esas cifras, mientras que la dirección del tabloide asegura que aquel día fue pirateada la interfaz de su sitio web y alguien manipuló la pieza con “información inexacta”. Hasta el momento, Moscú solo ha informado oficialmente el pasado 2 de marzo de 498 muertos y 1.597 heridos en sus filas.

Volodímir Fitio reclama “apoyo internacional y de países miembros de la OTAN con armamento” y también: “Necesitamos que todos los negocios internacionales que todavía no han salido de Rusia, salgan del país y no paguen impuestos que financian las Fuerzas Armadas rusas y esta guerra”. El portavoz militar considera que si cae Ucrania, Putin pondrá en su punto de mira otros países europeos. “Y no será solo Polonia, irá hasta Alemania y aún más lejos”, pronostica.

Mientras, en las calles de Petropavlivska Borschahivka, bajo la columna de humo, los integrantes del cuerpo de defensa civil controlan la circulación y el tránsito de personas en los alrededores de la zona industrial atacada. Uno de ellos, Sasha, va con una mochila a la espalda y busca transporte hasta el centro de Kiev. Como muchos otros, tiene a su mujer y dos hijos en el oeste del país y, tras este mes de guerra con la defensa civil, ha decidido dar el salto al Ejército. Los zumbidos de misiles que rompen el cielo hacen al reportero maldecir mirando hacia arriba entre las risas de los presentes, que están más que habituados. “No pasa nada”, tranquilizan.

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Mariano García, en una imagen cedida por À Punt NTC
Mariano García, en una imagen cedida por À Punt NTC

El español Mariano García Calatayud, un valenciano residente en Jersón (sur de Ucrania) y del que se sospechaba que había sido arrestado por soldados rusos que controlan la zona, está a salvo, según informaron este jueves fuentes ucranias. El funcionario jubilado Mariano García, de 74 años, es conocido en Ucrania, país en el que reside desde hace siete años, como Mario.

“¡El conocido voluntario Mario está libre! Gracias a todos los que participaron”, escribió Vitali Bogdanov, un activista de Jersón, en Facebook, según informa Ukrinform. Según este activista, “los invasores se vieron sorprendidos por una llamada desde el extranjero de la Cruz Roja y ahora Mario se encuentra a salvo”.

El valenciano estaba desaparecido desde el 19 de marzo y el Ministerio de Asuntos Exteriores investigaba su paradero tras los avisos dados por sus familiares y amigos y después de que varios medios de comunicación denunciaran su posible arresto por parte de soldados rusos.

Según informaron fuentes diplomáticas el martes, la embajada española en Kiev, trasladada actualmente a Varsovia (Polonia), y los servicios de emergencia consular estaban “siguiendo atentamente este caso” e “investigando el paradero de Mario García Calatayud para esclarecer su situación”.

Este funcionario jubilado es natural de Carlet (Valencia), su pareja es ucrania y había expresado en varias entrevistas sus intenciones de ofrecer su ayuda como voluntario en las zonas en conflicto en Ucrania. También manifestó su disposición a empuñar un arma si era necesario para defender a su país de acogida de la invasión rusa.

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Los medios de comunicación de la región de Jersón y activistas le presentan en las redes sociales como voluntario con los ucranios en contra de la ofensiva rusa.

Según fuentes diplomáticas, García Calatayud fue uno de los españoles que rechazaron ser evacuados junto a otros ciudadanos en los convoyes organizados por la Embajada al inicio de la invasión rusa el pasado 24 de febrero.

El pasado jueves, el jubilado habló por última vez con su hermana. “Le dije que viniera, que volviera aquí, que con el peligro que hay. Y me dijo que de momento no, que estaba ayudando y no pensaba irse”, manifestó Vicenta García en declaraciones a la televisión valenciana À Punt.

El brigada municipal retirado ha explicado en varios medios que su interés por Ucrania se remonta a las enseñanzas de su padre relativas a la necesidad de ayudar a los más débiles y a cómo el pueblo ucranio dio un ejemplo de solidaridad acogiendo a miles de menores de familias republicanas durante la Guerra Civil española.

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La Marina ucrania asegura haber destruido este jueves un buque ruso de desembarco de tropas atracado en el puerto de Berdiansk, localidad al sur del país y actualmente bajo control del Ejército de Rusia. Un comunicado de la Marina ucrania sostiene que se trata del buque de desembarco Orsk de la Flota del mar Negro de la Armada Rusa. Cerca de la ciudad de Berdiansk se escucharon dos fuertes explosiones a las 6.40, hora local (una hora menos en la España peninsular). “El gran buque de desembarco Orsk de la Flota del mar Negro de los ocupantes”, ha afirmado el Ejército ucranio en su perfil de Twitter, “fue destruido en el puerto ruso capturado de Berdyansk. ¡Gloria a Ucrania!”.

Horas después de conocerse las primeras informaciones y de divulgarse en internet vídeos con las explosiones en el buque, el ministerio de Defensa ucranio, según recoge la agencia Reuters, ha confirmado el ataque así como el éxito del mismo. Ninguna fuente independiente ha podido constatar cómo se produjo el ataque o la causa de las explosiones y posterior fuego en el Orsk.

Según la agencia de noticias rusa Tass, que ha citado al canal de televisión Zvezda, del Ministerio de Defensa de Rusia, este buque de transporte de tropas y material militar, como vehículos blindados, perteneciente a la Flota del mar Negro fue el primero en atracar en Berdiansk el pasado lunes 21 de marzo.

Expertos en análisis de inteligencia han podido verificar las imágenes difundidas en redes sociales de la embarcación en llamas. No obstante, la información no ha sido confirmada por el Gobierno ruso, que no suele pronunciarse sobre sus bajas en combate.

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El puerto de Berdiansk, sobre el mar de Azov, tiene importancia estratégica para los invasores rusos como punto clave para hacer llegar municiones, material militar y soldados al sur de Ucrania. Berdiansk está 70 kilómetros al suroeste de Mariupol, ciudad actualmente sitiada por los rusos y donde se libran duros combates desde hace varios días.

En Berdiansk, con una población de 115.000 habitantes, las fuerzas invasoras han tenido que lidiar con protestas de la población civil. Desde el 24 de febrero Rusia libra una guerra de invasión contra Ucrania con fuertes bombardeos desde el aire y desde el mar y con fuertes ataques sd artillería. Los ataques no se han limitado a objetivos militares, sino también han afectado edificios residenciales así como a otros inmuebles que servían de refugio a la población.

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Como un David frente al Goliat que constituye el segundo Ejército del mundo, Ucrania ha logrado detener el avance de las tropas rusas. La resistencia ucrania ―“firme y bien coordinada,”según la ha definido el Ministerio de Defensa británico en su último informe― retiene en sus manos la mayor parte del territorio del país. Los avances de las tropas rusas de los últimos días, añade el texto elaborado por el espionaje británico, son “mínimos”. La invasión rusa está “estancada” y Moscú sigue sufriendo numerosas bajas. Sin embargo, el precio que paga Ucrania es cada vez más alto. En la madrugada del jueves, el servicio de emergencia de Ucrania informó de otro ataque sobre un edificio residencial en Kiev. En Chernihiv (norte) murieron 53 civiles solo este miércoles, según el gobernador de la región, Viacheslav Chaus. En Mariupol, asediada desde hace 13 días, Rusia bombardeó un teatro donde se refugiaban “cientos de civiles”, entre ellos muchos niños, según las autoridades ucranias.

El escaso avance de las tropas rusas ha forzado a Rusia a enviar más refuerzos al frente pasadas tres semanas del inicio de la guerra contra Ucrania. La pérdida de tropas y la resistencia ucrania han obligado al Kremlin a movilizar más combatientes pese al masivo despliegue con el que rodeó el país desde noviembre del pasado año, una operación a la que destinó, según los informes de inteligencia occidentales, más de la mitad de sus fuerzas armadas. Pese a ello, ahora ha llegado el turno de mover al terreno soldados de territorios ocupados en Georgia, mercenarios de Oriente Próximo y más reservas del lejano este de Rusia.

La información ha sido confirmada públicamente por personas próximas al Kremlin. “Nuestros muchachos van a Ucrania para acabar con los nazis que están aterrorizando a su gente”, escribió el pasado 15 de marzo en su canal de Telegram el expresidente de la autoproclamada República de Osetia del Sur, Eduard Kokoiti. El exmandatario del territorio reclamado por Georgia y que dio lugar a la guerra de 2008 acompañó su mensaje con imágenes de militares de la 4.ª Base de la Guardia Nacional en camino a Ucrania. “Están muy motivados, he hablado con muchos. ¡Van a vengar a nuestros hermanos! ¡Hay familiares y amigos de los que murieron en Ucrania!”, dijo Kokoiti.

Un informe del Ministerio de Defensa británico del mismo día apuntaba a que el Kremlin “está recolocando fuerzas de lugares tan lejanos como el Distrito Militar Este (en Siberia), Armenia y la Flota del Pacífico. Además, pretende utilizar aún más fuerzas irregulares de compañías militares privadas, Siria y otros mercenarios”.

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Tras ralentizar su ofensiva en el interior de Ucrania, Londres cree que Rusia “pretende utilizar estas fuerzas para mantener el territorio capturado y liberar su ejército para relanzar las operaciones paradas”. Además, considera que la “pérdida continua de personal dificultará a Rusia asegurar el territorio ocupado”.

El presidente ruso, Vladímir Putin, aprobó en una reunión del Consejo de Seguridad celebrada el pasado 11 de marzo que se reclutase a extranjeros para reforzar las operaciones en Ucrania, y el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, reconoció que su ejército barajaba enviar más de 16.000 mercenarios procedentes de Oriente Próximo.

El envío de tropas de otras regiones del mundo también podría ser un intento del Kremlin de reducir el impacto de las muertes en la sociedad rusa. “Serguéi Kuzhuguetóvich (Shoigú) habló principalmente de voluntarios de Oriente Próximo, Siria y otros países. No se habló de nuestros ciudadanos”, recalcó entonces el portavoz de Putin, Dmitri Peskov. “Eso no se ha comentado”, aclaró al preguntarle la prensa si el Kremlin también contemplaba movilizar voluntarios rusos para una campaña cuya motivación, según ha insistido Moscú todo este tiempo, era luchar contra un supuesto genocidio de la población que considera “prorrusa”.

7.000 bajas rusas

Estados Unidos calcula que 7.000 soldados rusos han muerto en Ucrania, según información de The New York Times. Entre 14.000 y 21.000 podrían estar heridos, de un total de 150.000 militares rusos que participan en la guerra. Eso podría significar que la mayoría de sus unidades de combate están bajo mínimos, incapaces de llevar a cabo acciones de combate.

Ucrania ha alertado, sin embargo, de que para seguir conteniendo a las tropas rusas, precisa de más armas. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha pedido más apoyo internacional con sanciones y armamento, incluidos sistemas de defensa aérea, armas y municiones para hacer frente al Ejército ruso. Sigue insistiendo además en reclamar el cierre del espacio aéreo de Ucrania, una medida descartada por la OTAN, que teme una confrontación militar directa con Rusia. “¿Cuántas personas más tiene que matar para que los líderes occidentales digan ‘sí’ a una zona de exclusión aérea o a darnos los aviones de combate que tanto necesitamos?”, deploró el mandatario este miércoles en su habitual discurso nocturno en la televisión de Ucrania.

Cientos de miles de civiles ucranios siguen, mientras tanto, atrapados en ciudades sometidas al hostigamiento de las tropas rusas. La vice primera ministra de Ucrania, Iryna Vereshchuk, ha afirmado este jueves que espera que se puedan abrir nueve corredores humanitarios para evacuar a la población de las ciudades sitiadas y sometidas a constantes bombardeos. Vereshchuk ha dicho que se prevé que una de las localidades en las que las autoridades esperan abrir un camino seguro para sacar a civiles es Mariupol, una urbe del sureste de Ucrania con salida al mar de Azov que contaba con unos 400.000 habitantes antes de la guerra.

Mariupol, precisamente, sufrió el miércoles uno de los peores ataques con el bombardeo de un teatro donde se refugiaban “cientos de civiles”, según las autoridades ucranias, y que tenía pintados dos grandes letreros en el suelo fuera del edificio donde se podía leer en ruso la palabra “Niños” escrita con grandes caracteres, ha revelado la empresa de satélites Maxar Technologies. La situación en la ciudad, que por primera vez esta semana pudo evacuar a unos 20.000 civiles, desde que comenzó el cerco de las tropas rusas hace más de dos semanas, ha sido descrita como “apocalíptica” por la Cruz Roja. Los residentes no tienen agua, electricidad ni calefacción y ya hace días que las autoridades locales informaron de que la escasa comida que quedaba se estaba agotando del todo.

Esta ciudad, convertida en el icono de los ataques a civiles en Ucrania, es clave para el Kremlin, pues es la última gran localidad en manos de Kiev con salida al mar de Azov y su captura permitiría a Moscú crear un corredor desde la región del Donbás, donde se encuentran las entidades separatistas prorrusas de Donetsk y Lugansk, hasta la península de Crimea, anexionada por Rusia en 2014 de forma ilegal tras un referéndum que la comunidad internacional no reconoce

Moscú sigue, mientras tanto, negando los ataques a civiles, a pesar de que las pruebas en su contra se acumulan. No solo en cuanto a los objetivos a los que se dirigen estos ataques -hospitales, escuelas, zonas residenciales- sino también en cuanto a los medios que utiliza, y entre las que se ha denunciado ya, por parte de Naciones Unidas y de organizaciones como Amnistía Internacional- el uso de armas que no permiten discriminar entre blancos militares y civiles, como las llamadas “bombas tontas” (sin sistema de guida inteligente) y municiones de racimo.

El miércoles, una delegación del Tribunal Penal Internacional (TPI), encabezada por su fiscal jefe, Karim Khan, viajó a Ucrania para investigar sobre el terreno la posible comisión de posibles crímenes de guerra y contra la humanidad en el país. Kahn declaró, ya en el país, que “los ataques deliberados contra civiles constituyen un crimen que perseguiremos”. La investigación del TPI se produce a instancias de 40 países miembros, una iniciativa hasta ahora inédita. Ni Ucrania ni Rusia son signatarios del Estatuto de Roma, la convención fundacional del TPI, por lo que en principio, quedan fuera de la jurisdicción de esta corte. Sin embargo, Kiev ha facultado al tribunal para que investigue los posibles crímenes cometidos desde 2014, con la anexión rusa de Crimea. El TPI sí podría perseguir a título individual al presidente ruso, Vladímir Putin, y a la cúpula del poder del Kremlin- de considerar que hay indicios suficientes para ello- lo que impediría al mandatario pisar ninguno de los 130 Estados que forman parte del Tribunal, a riesgo de ser detenido.

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Andrei llega a pie y se abre paso entre el trasiego de furgonetas blancas, que cargan y descargan bolsas negras llenas, abultadas. El Instituto Forense de Mikolaiv está saturado. Su morgue está abarrotada. Los cuerpos de decenas de personas —la inmensa mayoría soldados ucranios, con uniformes ensangrentados y cuerpos muy jóvenes— yacen unos encima de otros en dos habitaciones del patio trasero, donde un olor dulzón lo impregna todo. Allí hay más bolsas negras. Algunas no tan abultadas contienen los restos carbonizados de alguien que hace poco respiraba, caminaba, bebía, reía, hablaba y fue alcanzado por una explosión. Andrei pregunta a los soldados que, fusil al hombro, revisan el proceso de carga y descarga. Al oficial al mando de la morgue. Al empleado que ayuda a cerrar las bolsas y cargar los cuerpos, siempre con un pitillo encendido en los labios. Busca a su amigo Dmitri, Dima. No está entre los identificados. Ni en el único ataúd del patio. Andrei abre una de las bolsas negras. Tampoco. Volverá por la tarde. O mañana. Con el trasiego de las furgonetas blancas y de algún coche fúnebre.

Mikolaiv, una importante ciudad portuaria del mar Negro conocida por sus astilleros, resiste una durísima ofensiva de las tropas de Vladímir Putin desde hace dos semanas. Encajonada en un estuario, la localidad es, tras la captura y ocupación de Jersón, la siguiente pieza que el Kremlin quiere dominar antes de lanzarse a por Odesa, el puerto más grande de Ucrania y una ciudad muy simbólica para el nacionalismo ruso. Las tropas ucranias han conseguido por ahora no solo evitar que las fuerzas de Moscú entren en la ciudad. También han recuperado el control del aeropuerto, que había caído en manos rusas. Han convertido la urbe en una suerte de escudo para repeler el avance del Kremlin.

Pero ante la falta de progreso, los soldados del Kremlin han emprendido una campaña de terror contra Mikolaiv, con bombardeos y fuego de artillería sobre zonas residenciales, como el que este domingo mató a 11 personas. Mientras, tropas ucranias y rusas libran duros combates en los alrededores de la ciudad, que ya solo tiene una vía de salida libre: hacia Odesa, la perla del mar Negro, la cotizada ciudad de un millón de habitantes situada a unos 120 kilómetros, que contiene la respiración y observa con atención a Mikolaiv.

La ciudad-escudo resiste, pero a un coste altísimo. No hay cifras oficiales aún de fallecidos verificadas, pero se cuentan por varias decenas. De sus 500.000 habitantes, el 40% se ha marchado por la guerra. Las clases, como en todo el país, se han suspendido. Los tranvías y los trolebuses están activos, pero los autobuses se han retirado. Ahora, con carteles pegados a los cristales con la palabra “niño” —como decenas de coches particulares— se emplean para las evacuaciones. Todo está cerrado, salvo algunos supermercados y las farmacias, donde ya empiezan a escasear algunos medicamentos.

En la calle del Instituto Forense hay otro comercio abierto: una tienda de coronas funerarias. Natalia lleva tres años trabajando allí. Toda la pandemia y la guerra. Está abrumada. Mientras atiende un pedido, su compañera, más veterana, comenta que jamás había visto una cosa igual. Ni en el peor momento de la crisis de coronavirus. Hace dos días, flores para dos hermanas adolescentes muertas por un bombardeo en su casa, explica. Al menos 90 menores han fallecido en todo el país, según la Defensora del Pueblo, desde que Putin, que sostiene que rusos y ucranios son “un mismo pueblo”, lanzó lo que llama “operación militar especial” para “desnazificar” Ucrania y proteger a la ciudadanía rusoparlante.

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En el hospital de Urgencias de Mikolaiv, una barricada recibe con la gráfica pintada de “Putin, que te den”. A la entrada, dos enfermeras comentan, en ruso, que no quieren que el Kremlin las salve. Están en una pausa y aprovechan para hacer la cola del cajero, que, como mucho, entrega el equivalente a 30 euros al día, por tarjeta de crédito. El centro, que da la primera respuesta a los heridos de toda la región, está lleno. De civiles y de militares. Heridas de metralla, contusiones graves, explosiones. El sábado ingresó un padre con su bebé. Un ataque aéreo alcanzó su casa y mató a la madre del chiquillo.

Víctimas mortales de la guerra en la morgue de Mikolaiv.
Víctimas mortales de la guerra en la morgue de Mikolaiv. María Sahuquillo

Naciones Unidas cifra en casi 600 los civiles muertos por la guerra en Ucrania, aunque advierte de que la cifra es inferior a la real. El Gobierno ucranio señala que unos 1.300 militares han perdido la vida desde el inicio de la invasión. Pero al observar la morgue de Mikolaiv es fácil pronosticar que el número será mayor. Es el día 19 de la guerra de Putin contra Ucrania.

“Nos bombardean no solo para dañar, también para tenernos ocupados”, dice el gobernador de la región de Mikolaiv, Vitali Kim, en la explanada del edificio de Gobernación. El lugar, que luce orgulloso un vehículo militar Tiger capturado a los rusos y que ahora se utiliza para patrullar la zona, está acordonado, rodeado de barricadas y protegido por varios controles de la Guardia Nacional. A lo lejos se escucha una explosión. “Ese no es nuestro”, comenta uno de los uniformados aguzando el oído, “cuidado porque este edifico es objetivo claro”.

Kim —un político y empresario de origen coreano que se ha alzado como un referente por sus fórmulas de comunicación en las redes sociales (al estilo del presidente Volodímir Zelenski) y por sus mensajes animando a la resistencia— señala que las tropas de Putin han cambiado de estrategia. Ya han ocupado pueblos que están a unos 20 kilómetros de distancia de Mikolaiv, pero han ralentizado su avance y ahora se lanzan contra las infraestructuras civiles, los suministros de calefacción, electricidad, gas.

“Están tratando de moverse hacia el oeste, también buscan cortar y rodear la ciudad porque han visto que no les dejaremos tomarla. Y mientras, bombardean carreteras para garantizarse la huida”, asegura el gobernador. Quieren garantizarse un asedio con ataques desde el aire, por tierra y quizá hasta por mar. Las fuerzas navales rusas han bloqueado la costa del mar Negro y han aislado Ucrania del comercio y el transporte marítimo.

Violetta Stadnichenko ha salido a dar una vuelta, comprar algo de comida y pasear a sus dos perros. Es profesora de idiomas y sigue dando clase a través de Zoom. Ahora tiene alumnos no solo repartidos por el país, desplazados por la guerra, sino refugiados: más de 2,5 millones de personas han tenido que huir de Ucrania, forzados por la guerra. La inmensa mayoría son mujeres y niños, ya que la ley marcial prohíbe a los varones de entre 18 y 60 años abandonar el país por si hay que reforzar las tropas.

Stadnichenko cuenta que mantener la rutina de las clases ayuda mucho a sus alumnos. Y a ella también. Sobre todo a no pensar. Solo interrumpe las clases un poco, y no siempre, cuando las sirenas que avisan de los ataques aéreos atruenan en la ciudad. Está profundamente decepcionada con la OTAN. Sobre todo por no imponer la zona de exclusión aérea que el presidente Zelenski ha reclamado y que la Alianza Atlántica y Estados Unidos ya han rechazado: “Ahora no solo nosotros, Ucrania, nos hemos dado cuenta de que no harán nada. Ni siquiera cerrar los cielos”.

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Las tropas rusas han entrado esta madrugada, en el octavo día de la ofensiva militar, en la estratégica ciudad de Jersón (unos 290.000 habitantes), en el sur del país, con puerto en el mar Negro. El alcalde del municipio, Igor Kolykhayev, aseguró en un comunicado que las tropas rusas habían entrado en la sede de Gobierno local y que estaban desplegadas por las calles, e hizo un llamamiento a los ciudadanos para que únicamente salgan de sus viviendas durante el día, de uno en uno o de dos en dos. “Hay visitantes armados en la sede del Ayuntamiento”, aseguró Kolykhayev. “No les he hecho ninguna promesa, solo les he pedido que no disparen a nadie”, añadió. Este jueves por la mañana, la información sobre si Rusia se ha hecho con el control total de la ciudad portuaria es contradictoria.

El Ministerio de Defensa ruso ha asegurado que sus tropas se han hecho con el control de la ciudad, informa Reuters, mientras el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha explicado en un vídeo que sus fuerzas siguen combatiendo en la urbe. “Hemos roto los planes del enemigo en una semana”. Unos planes, ha dicho Zelenski, que al Kremlin le ha llevado “años diseñar”. “Son mezquinos, odian a nuestro país y a nuestro pueblo”, ha protestado.

La conquista de Jersón facilitaría al Kremlin el ataque a Odesa, la otra gran ciudad del mar Negro, con 993.000 habitantes y, por tanto, el control de la salida al mar de Ucrania. Lo haría en unas aguas donde otros tres países tienen costas: Turquía, Rumania y Bulgaria. También abre el camino de las fuerzas rusas hacia Mykoláiv, una gran ciudad de medio millón de habitantes que ya está siendo atacada.

Las fuerzas rusas no han conseguido seguir avanzando hacia Kiev, pero en la madrugada de este jueves, alrededor de la una de la mañana, se han escuchado cuatro fuertes estallidos en el centro, mientras que horas antes otra fuerte detonación dañó una tubería que podría dejar sin calefacción a parte de la ciudad. La invasión rusa ha causado ya la muerte de 2.000 civiles, según los servicios de emergencia de Ucrania, en el mayor ataque a un Estado europeo desde 1945. En las últimas 24 horas, han perdido la vida 34 personas en la ciudad de Járkov como consecuencia de los duros ataques, según han informado este jueves esas mismas fuentes. La ONU cifró este miércoles las víctimas mortales en 227, aunque avisó de que los números podrían estar “subestimados”.

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Otro de los objetivos estratégicos de Putin es la gran localidad sureña de Mariupol, de 446.000 habitantes, ya casi rodeada por completo. Este jueves las autoridades locales han confirmado que se han agotado los suministros de agua y electricidad. Rusia ha bombardeado las subestaciones eléctricas de la ciudad y cortado así los suministros para facilitar el asedio. Es una ciudad con una estratégica industria naval, al noroeste de la península ucrania de Crimea, que Rusia se anexionó ilegalmente en 2014 y que el Kremlin ha utilizado como lanzadera en la invasión. El Ejército ruso, que atacaba la localidad desde hace varios días, entró este martes en la urbe y continúa con el asedio. Mariupol es una pieza preciada para Putin. Su toma le permitiría facilitar la construcción de un ansiado corredor que una Crimea y Donbás.

Resistencia

Desde que Estados Unidos publicara las imágenes de un enorme convoy ruso de más de 12 kilómetros a 60 kilómetros de Kiev, se esperaba que la caída de la capital fuera inminente. La inteligencia militar británica ha asegurado este jueves que el avance es lento, “progresa poco”, hacia Kiev. Esta situación se repite, según las mismas fuentes, en las ciudades de Járkov, Mariupol y Chernígov, que la inteligencia británica considera que siguen bajo control ucranio.

Una columna de humo se eleva desde un depósito de petróleo en Chernígov (Ucrania).
Una columna de humo se eleva desde un depósito de petróleo en Chernígov (Ucrania).Servicio de Emergencia de Ucrania (Reuters)

“La gran columna rusa que se dirige a Kiev sigue a 30 kilómetros del centro de la ciudad y se ha retrasado por la firme resistencia ucrania, problemas mecánicos y la congestión”, dice la Defensa británica. Esto significa que el convoy apenas ha avanzado en los últimos tres días. “Aunque los bombardeos rusos sobre Járkov, Mariupol y Chernígov han sido muy duros, las ciudades siguen bajo dominio ucranio y pese a que las tropas rusas han entrado en Jersón, la situación militar aún no está clara”.

Estados Unidos ha hecho un llamamiento a Rusia para que cese “de inmediato” el “derramamiento de sangre” y retire las tropas de Ucrania. Además, ha acusado a Moscú de lanzar una “guerra total contra la libertad de prensa y la verdad” bloqueando los medios de comunicación independientes y las redes sociales para evitar que los rusos escuchen las noticias de la invasión de Ucrania.

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Ofuscado por el lento avance de las tropas rusas, el presidente de Chechenia, Razmán Kadírov, dejó claro el pasado 27 de febrero cómo concibe que debería ser la ofensiva sobre Ucrania. “Pase lo que pase, en la guerra se mata y se destruye. Sin ello no se logra nada, por desgracia”, dijo el delfín de Vladímir Putin en el Cáucaso Norte, y advirtió de que si el pueblo ucranio no se rinde, “entonces debemos terminar lo que comenzamos, y de inmediato”.

El jefe supremo de la República de Chechenia, país de mayoría musulmana, ha aportado a la guerra la 46ª Brigada de la Guardia Nacional, fuerza que responde únicamente ante el presidente de la Federación de Rusia y no ante el Ministerio de Defensa. En concreto, se han desplegado dos batallones especializados en perseguir a los enemigos del régimen, el batallón Yug (Sur, en ruso) y el Sever (Norte), cuyos soldados son conocidos como los kadirovtsi, los leales al presidente checheno.

Para el Kremlin, las fuerzas chechenas tienen un aura especial que las diferencia del resto del Ejército. Primero, su población rusa digiere mejor sus pérdidas humanas tanto por su etnicidad como por ser de minoría musulmana. Esto último también hizo que cobrasen importancia en Siria desde 2017 para vigilar a la población. Y segundo, son veteranas de guerras como las dos chechenas, las de Oriente Medio y del este de Ucrania. Kadírov ha convertido estas fuerzas en su propia guardia pretoriana y desde la pacificación de la república han sido su arma para la represión de cualquier rastro opositor en la región.

La brutalidad de los kadirovtsi es conocida. Novaya Gazeta publicó una investigación el año pasado en la que localizó a al menos 12 personas ejecutadas por sus fuerzas de seguridad en una oleada de detenciones a finales de 2016. Uno de los miembros de las fuerzas especiales que participaron en aquella operación, Suleimán Gezmajmáyev, contó detalles sobre los interrogatorios. Según su relato, si un detenido “no confesaba, se volvía a intentar dos o tres horas después, hasta que confesaba o moría”. Entre otros instrumentos que empleaban, nombraba porras eléctricas, bates de goma y barriles de agua de 100 litros donde los detenidos eran sumergidos colgados desde el techo.

El Sever está curtido en combate. Las autoridades rusas confirmaron que había sido enviado a Siria en 2017, cuando el diario independiente Nóvaya Gazeta publicó que sus tropas habían recibido sendos manuales sobre cómo actuar en la república árabe. En concreto, cómo diferenciar a periodistas de espías y cómo identificar a oficiales de inteligencia, combatientes y mercenarios.

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Uno de los exmiembros más famosos de Sever es Zaur Dadáyev, segundo al mando del batallón que perpetró el asesinato del opositor Borís Nemtsov frente al Kremlin en 2015. Dadáyev fue condenado por el asesinato del político, una de las principales figuras contra la guerra entonces, aunque nunca se investigó quién ordenó el atentado.

Presencia en Ucrania

La primera prueba de la presencia de las fuerzas de la república del Cáucaso en Ucrania la reveló el propio Kadírov el 26 de febrero, cuando publicó en su perfil de Telegram un vídeo de un militar izando en la valla de un puesto de la Guardia Nacional de Ucrania una bandera chechena con el retrato de su padre, Ajmat Kadírov. “Alabado sea Alá. Den la bienvenida a Rusia”, escribió el mandatario. No especificó cuál era aquel lugar, aunque un vídeo de otro soldado en las mismas puertas indicó que sería Gostomel, a unos 25 kilómetros de Kiev.

Ese mismo día también circuló la información de que habrían muerto en Ucrania los comandantes Magomed Tusháyev, responsable de Sever, y Azor Bisáyev, de la OMON (un destacamento especial de la policía) de Ajmat-Grozni. Kadírov publicó en sus redes un vídeo en el que supuestamente conversaba con ellos por teléfono y decía que están “más vivos que todos los vivos, e incluso más vivos que los que difunden falsedades desde el sofá”. Además, afirmaba que no presentaban un rasguño y estaban dotados de suministros al completo.

Un día después, el presidente de Chechenia criticaba el lento avance de las Fuerzas Armadas rusas en Ucrania y urgía a “comenzar una operación a gran escala en todas las direcciones”. “Más de una vez he participado personalmente en tácticas y estrategias contra terroristas, he combatido en batallas, y en mi opinión los planes elegidos en Ucrania son demasiado lentos”, escribió en su perfil personal.

El líder checheno, que combatió junto con su padre contra las tropas rusas en la guerra de Chechenia de los noventa, ha difundido también otros vídeos donde se ve a sus tropas rezando en un claro de un bosque mientras un convoy de cientos de vehículos del Ejército ruso avanzaba lentamente.

El diario Chechnia Segódniya publicó que Kadírov habría enviado unos 12.000 hombres al frente, y el mandatario obligó al medio a retractarse. Aún no está claro si las unidades chechenas participarán en lo más duro de los combates, aunque según el periódico independiente Kavkazski Úzel (El Nudo del Cáucaso, en castellano) todo apunta a que sí. El diario, declarado agente extranjero por las autoridades rusas, tuvo acceso al coronel del Servicio Federal de Seguridad (FSB) y exdiputado de la Duma Estatal (el Parlamento ruso), Guennadi Gudkov. Según sus informaciones, el Ejército checheno participará en el asalto a Kiev, y su tarea podría ser la represión y las incursiones contra objetivos específicos. Kadírov ha anunciado este martes que han muerto dos de sus hombres en Ucrania y seis han resultado heridos.

Uno de los grandes enemigos de Kadírov es el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, que se ha negado a abandonar el país. El mandatario checheno afirmó a finales de enero que si él fuera el presidente ruso, “hace mucho que habría ocupado Ucrania, enviado allí tropas y restablecido el orden”. Y un día después de comenzar la invasión, reunió a miles de personas en Grozni y señaló directamente al presidente ucranio. “Señor Zelenski, el tiempo de las payasadas ha llegado a su fin. Ha llegado la hora de cumplir el deber con su pueblo para evitar consecuencias irreversibles. Hoy más que nunca es necesario implementar los acuerdos de Minsk”, amenazó Kadírov.

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Un helicóptero de ataque estadounidense Apache aterriza en el aeropuerto de Lielvarde, en Letonia, el pasado día 24.  (Latvia),
Un helicóptero de ataque estadounidense Apache aterriza en el aeropuerto de Lielvarde, en Letonia, el pasado día 24. (Latvia),TOMS KALNINS (EFE)

El Comité Militar de la OTAN —formado por los jefes de Estado Mayor de los 30 países aliados— celebrará hoy una reunión extraordinaria por vía telemática. El objetivo del encuentro —que sigue al celebrado el pasado viernes por los jefes de Estado y Gobierno de la Alianza Atlántica— es analizar la invasión de Ucrania por fuerzas rusas y la respuesta militar de la OTAN. Descartada una intervención directa en el conflicto —más allá de la donación de equipos militares al Gobierno de Kiev que están haciendo muchos países aliados—, los máximos responsables militares de la alianza estudiarán el refuerzo de su presencia en los países aliados más próximos a Rusia, para disuadir a Putin de cualquier agresión contra ellos.

El plan que está sobre la mesa de los mandos militares, y cuya puesta en práctica se acelerará con toda seguridad, consiste en extender hacia el sudeste de Europa los grupos multinacionales de combate (Battlegroups) que se formaron en 2017 en las tres repúblicas bálticas y Polonia dentro de la operación Presencia Adelantada Reforzada (EPF en sus siglas en inglés), como respuesta a la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014.

Además de reforzar los cuatro que ya existen, la OTAN quiere poner en marcha nuevos batallones multinacionales en Rumania, Bulgaria, Hungría y Eslovaquia. Francia se ha ofrecido a encabezar el nuevo grupo de combate de Rumania y, para acelerar su puesta en marcha, está previsto que envíe el batallón que estaba adscrito a la Fuerza de Reacción Rápida de la OTAN. Los mandos aliados han puesto en alerta la Fuerza Conjunta de Muy Alta Disponibilidad (VJTF son sus siglas en inglés) para el caso de que el conflicto de Ucrania se desborde. Las tropas que el presidente estadounidense Joe Biden ha prometido enviar a Europa del Este servirán para poner en marcha los nuevos grupos de combate, según las fuentes consultadas.

En el caso de España, la posibilidad que se plantea, aunque no hay ninguna resolución tomada, es reforzar su presencia en el batallón multinacional de Letonia, en el que actualmente cuenta con un contingente de 350 militares, además de seis carros de combate Leopardo y 15 blindados Pizarro. No obstante, aunque se produzca dicho incremento, el contingente más numeroso seguirá siendo el canadiense, que ostenta el mando del grupo de combate y va a duplicar su aportación.

Además, España cuenta con cuatro cazas Eurofighter en misión de policía aérea en Bulgaria hasta el 31 de marzo y otros seis en Lituania a partir del 1 de abril, así como tres buques en las flotas permanentes aliadas en el Mediterráneo Oriental. En conjunto, la actual contribución española al despliegue de la OTAN en el este de Europa suma casi 800 militares.

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